Quisiera
Solo un instante bastaría para robarle el ser y perderse en su piel. Si el tiempo se detuviera, ¿te atreverías a entregarme por completo?
Quisiera
Quisiera tener tú cuerpo, por sólo un instante, sólo un momento para que te entregues al amor y así intentar robar tú ser.
Por solo un instante te quisiera tener, disfrutar el placer de ver tu cuerpo desnudo, sentir con mis labios tu piel, sentir tu pecho en el mío, acariciar lentamente tu espalda, dibujar sutilmente con mi dedo corazones en tus pechos, oler centímetro a centímetro tu aroma, besar tu boca, tu cuello, suavemente, lentamente besar tus senos, recorrerlos con mi lengua, besar tus pezones y apretarlos con dulzura, que mi boca siga disfrutando de tu piel, besando tu vientre sintiendo con mis labios su calor ya que arde de pasión, bajar, bajar hasta tu sexo, sentir como tu piel se estremece al saberme cerca de ese lugar destinado al placer, besarlo tibiamente, buscar con mi lengua su interior, gozar con el sabor de tu excitación, intentando entrar más y más dentro de él, con mi lengua subiendo y bajando procurando obtener como respuesta un gemido, juguetear con tu clítoris, besarlo, y desde esta posición mirar tus ojos buscando en tu rostro la figura del amor.
Subir nuevamente hasta mirar frente a frente tus ojos, besar tu boca con pasión, intentando demostrar con ese beso la alegría de saberte por solo un instante mía, separar tus piernas, dirigir mi sexo al tuyo, entrar muy lentamente en ti, ver como poco a poco mi sexo se pierde dentro del tuyo, lentamente, suavemente, sintiendo el roce de nuestros cuerpos, el contacto con el calor de la pasión, con el calor de tu interior, y luego comenzar con un lento pero prolongado vaivén, apretar tus caderas, intentando acercarte más a mi, intentando entrar más aun en ti, movernos al compás de nuestro amor, gozar con el roce de nuestros cuerpos lubricados con nuestra transpiración, aferrarme a tus pechos, apretarlos, siguiendo con un incesante y cada vez más rápido entrar y salir, obtener de tu boca una y otra vez tus gemidos y unirlos a los míos, en señal de una batalla de dos corazones y una sola piel.
Explotar los dos al unísono, desencadenado una seguidilla de espasmos de placer, y yacer sobre tu cuerpo, agotado, tembloroso y besarte, besarte y besarte, peinar con mis manos tu pelo y besarte, besarte y besarte, pidiendo que no te esfumes, que no te vayas, por temor a que sólo sea un sueño.
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