Xtories

Allí donde te halles, te volveré a encontrar. 1

Ramona solo quería un hijo para asegurar su futuro, pero al buscarlo en los brazos de otro, desató una furia que la destruiría. Pedro, humillado y ciego de celos, encontró consuelo en la única persona que le quedaba fiel, sin saber que ese acto cambiaría el destino de toda la hacienda. Lo que comenzó como un contrato frío terminó en una guerra silenciosa, donde el amor y el odio se confundieron en

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LA ESPERA

Tierra antigua, morada del hombre, madre del tiempo. Masa sólida y generosa. Muda testigo de pasión y entrega. Muchos han abierto sus puertas para sacar a la luz los tesoros que oculta. Tesoros de años, de inmensos secretos, de buenas y malas e incontables historias.

Muchos la han usado, han mancillado su honor, le han hecho mal sin ningún pudor y ella, en su infinita paciencia, los ha visto pasar acunando sus tragedias. Recurso finito de esperanza ciega que cree en el hombre y a él se entrega. Sufre su atropello, bendice su entrega, se compadece de la furia de sus pasiones desatadas y los cobija en su miseria.

Agotada y exhausta, sometida y pisoteada ella espera…espera…Lo espera

Enero de 2022

El fin de la noche la encuentra parada frente a la rampa de acceso y no se atreve a dar el paso definitivo. Teme que el pasado la golpee al volver al lugar donde lo vió por última vez.

Aunque también, la esperanza de recibir una señal, cualquier pequeño indicio que le indique la posibilidad de resolver la duda que la atormenta desde hace tantos años, la empuja hacia adelante.

Finalmente se decide, sacude su cabeza con determinación, cruza la rampa e ingresa a la vivienda. Para su asombro, lo que pensó encontrar destruído y en estado de abandono total luce impecable, como si el tiempo no hubiera pasado. Cada cosa está en su lugar como a él le gustaba.

Alguien se ha tomado la molestia de que sea así. Alguien o varios, reflexiona con una sonrisa, y rápidamente descarta la palabra molestia. Esto está hecho con amor. Le deben mucho y no se olvidan.

Con la punta de los dedos, repasa las paredes mientras recorre la estancia. Paulatinamente, el temor da paso a la nostalgia y de ahí a la esperanza hay solo un paso.

Llega al dormitorio y sobre la cama perfectamente vestida, encuentra dos rosas frescas sobre la almohada confirmando sus sospechas, se trata de una mujer.

Una roja, en el lugar en que él usualmente se acostaba. Pura pasión y adrenalina, tal como él lo era. Al otro lado una amarilla, simbolizando su alegría de vivir, el optimismo, la entrega y la energía con que se prodigaba. El regalo perfecto para la amada que se encontraba a su lado. Una rosa para celebrar la emoción de una profunda amistad o de un encuentro amoroso.

Se retira, cierra la puerta con respeto y entra en la zona de estar. Mira conmovida el largo sillón testigo de su último encuentro y abre temblando las puertas de la terracita sobre la laguna. Allí están los pañuelos. Anudados sobre la baranda y desgastados por el viento impiadoso y el salitre. Descoloridos por el sol de tantas mañanas, pero firmemente anudados. Resistiéndose a desaparecer.

La suave brisa del oeste que se cuela por la puerta de entrada los agita señando la laguna, el farallón y más allá el mar. Parecen indicar que la hora ha llegado. A su frente, el cielo se tiñe de rojo y lentamente el rey emerge de la profundidades iluminando todo a su paso.

Suspira recordando todas las veces que contempló el milagro desde ese mismo lugar. Si hubiera tenido coraje, solo un poco de coraje, todo hubiera sido tan distinto que tiembla de solo pensarlo.

De pronto recuerda por qué está allí y comienza a buscar. Busca una señal que confirme su esperanza, o el golpe final que derrumbe todos sus sueños. Tiene motivos para confiar, él ya se lo demostró con creces en su último encuentro. Pero no encuentra nada.

De pronto todo sucede, una enorme gaviota se posa sobre los pañuelos y la mira con curiosidad. No puede evitar que sus lágrimas se derramen caudalosamente sobre sus mejillas y se sostiene de la puerta para no caer de rodillas. Está conmovida.

Después de tantos años tenía razón, la duda se despeja, está segura de que, de alguna extraña forma, él la ha enviado. Le está pidiendo que lo espere, que se volverán a encontrar.

Enero 1970

Montado sobre su caballo, Pedro Cascalleres recorre con la vista sus grandes extensiones de tierra. Es un hombre joven de complexión corpulenta. De rostro ennegrecido por el sol de su tierra, en el que solo se destacan sus profundos ojos grises. Ojos que observan preocupados los negros nubarrones que se insinúan desde el norte. Mientras tanto, permite que la noble bestia calme su sed en el pequeño hilo de agua en que se ha convertido el arroyo La ballenera.

Son tiempos malos, castiga la naturaleza en San Agustín, la gran estancia del sur a cuatrocientos kilómetros de la gran capital. Enero se ha presentado tórrido, la sequía es brutal y el viento del oeste seca las pieles y enardece los ánimos. Solo la proximidad del mar da algún respiro en las largas y agobiantes noches de estío.

La cosecha de girasol está lista para ser levantada y la gran sequedad castiga las almas. Para colmo de males, hoy es día de tormenta, el aire está electrificado y los ánimos tensos. La oleaginosa está madura y el futuro de la estancia está colgado de su cosecha, pero el temporal acecha, feroz, impiadoso, ávido de descargar sus electrificadas entrañas.

Llega la noche y todo el mundo duerme vestido, en cada cabaña la tensión es palpable. Noche de vigilia. Noche cerrada de malos presagios. Los relámpagos anuncian lo que se viene, el estampido de los truenos conmueve las almas y los primeros rayos descargan en el mar.

El aire se polariza, los vellos del cuerpo se erizan y una luz brillante flota sobre el camposanto. Noche de espectros. Las ancianas se persignan para ahuyentar la luz mala y los hombres mayores mascullan una oración mientras muerden la vaina de sus cuchillos.

El personal de la estancia se prepara en silencio, mantas, baldes y palas son sus herramientas. Cada refusilo eriza la piel y estruja el alma, la espera se hace eterna. Almas sacrificadas por amor a la tierra, cuerpos torturados por la feroz tarea y el magro beneficio.

Leales hasta la agonía, no dudan en brindar su apoyo por defender lo que sienten suyo más allá de lo que digan los papeles. Así lo sintieron sus padres y los que los precedieron.

De pronto, todo sucede. Un rayo inoportuno cae en medio del sembrado y el girasol prende como yesca. A un grito del capataz, la peonada, hombres y mujeres a la par, se lanza a combatir el fuego en lucha desigual. Mantas y palas aplastan las llamas, baldes de agua apagan los rescoldos y sombras humanas dejan su aliento en la fenomenal tarea.

Finalmente, tras largas horas de desigual lucha, en algún lugar del infinito los dioses se apiadan ante el brutal sacrificio y llega la ayuda, las nubes abren sus compuertas y la torrencial lluvia completa la tarea. La mayor parte de la cosecha se ha salvado, pero el precio ha sido demasiado alto.

Por la mañana, el joven Pedro recorre los puestos uno por uno, agradece la ayuda y atiende a los heridos. Al llegar al rancho de Antonio, un llanto destemplado le avisa de la desgracia, ni él ni María han regresado y la pequeña criatura recién nacida ha quedado abandonada.

Carga pesada la que le toca en suerte al joven patrón. Único heredero de tierras mal administradas, lucha contra la impotencia de siglos de explotación y abandono. Ninguna de sus ideas de modernización, ni los largos años de estudio lo han preparado para lo que presiente una lucha desigual.

Solo cuenta con el apoyo incondicional de su gente y hoy siente que les ha fallado. Respira hondo, toma coraje y entra en la humilde casa.

Conmovido y recordando los malos presagios, toma a la beba en sus brazos, la lleva al pequeño rancho de Juliana que recién ha parido y la deja a su cargo para que la cambie y alimente. Finalmente, sale con Julian, el esposo de la muchacha, a confirmar la tragedia.

Recorren el campo donde se libró la desigual pelea y los encuentran en medio de la quemazón, juntos y calcinados, apretujados en un postrer abrazo, buscando consuelo en medio de la desgracia.

Se han ido acompañados, quizás en otra vida encuentren tierras mejores.

Mientras la peonada recoge los cuerpos y los prepara para el velatorio, Pedro vuelve a casa tiznado y derrotado. Ramona, su joven esposa, lo ve llegar y no entiende su desazón. No logra comprender la devoción de su marido por esa gentuza. No puede hacerle entender, que son solo piezas sacrificables en el tablero de su reino.

MARZO DE 1987

A pesar de su holgada vida, Ramona se sentía agobiada. No haber conseguido ser madre la tenía frustrada. Sabía que la única forma de pegarle un mordisco a la fortuna de su esposo y asegurar el porvenir de su familia era darle un hijo, pero no había podido lograrlo.

El ginecólogo amigo de su rancia familia venida a menos, le aseguraba que no era su problema, que ella era fértil y que posiblemente su esposo le miente al decirle que se había hecho estudios que decían lo contrario. Aunque él se los había enseñado, nada le aseguraba que no fueran falsos. Llevaba los últimos años dándole que te pego con su marido en sus días más fértiles y nada sucedía.

Convencida de que el problema era de Pedro, a mediados de año comenzó a pensar si no sería una buena idea buscar un amante que la fecunde. Un hombre que por su apariencia pueda darle un hijo y que Pedro no desconfíe.

Vaya si lo encontró.

Setiembre de 1987

Como todos los años a comienzos de septiembre, época de apareo, la estancia recibió a un nutrido grupo de veterinarios para recorrer los campos y seleccionar las vaquillonas que van a ser fecundadas. Llegaron con sus equipos y el personal necesario para la tarea y se alojaron en las mismas caravanas con las que se trasladaban.

El trabajo era siempre el mismo, salir al amanecer después de desayunar, separar a las hembras más saludables y fecundarlas con el semen de los machos seleccionados. Parar al mediodía para almorzar algo liviano, volver a partir y no retornar hasta la caída del sol, donde los espera una cena abundante para reponer fuerzas.

Este año en particular, llegaron diez equipos que se distribuyeron alrededor del hospedaje de los peones para disponer de baños y cocina y contrataron gente de la zona para que les cocine y realice las tareas de limpieza mientras ellos están en el campo.

Entre ellos llegó Nicasio, un robusto cocinero especializado en grandes eventos, que se alojó en una carpa de su propiedad, cerca de los veterinarios.

No tardó mucho Ramona en echarle el ojo al varón y empezar a merodear la cocina con cualquier excusa. Nicasio, un cuarentón moreno y corpulento, de complexión fuerte, no tardó en sentirse atraído por la voluptuosa figura de la hembra que lo rondaba alzada.

Bastó un encuentro no fortuito en la cocina, una de las tantas mañanas en que todo el personal se había desplegado campo afuera, para que la tormenta se desatara.

Ese día, Ramona ingresó en la dependencia justo en el momento que Nicasio terminaba de guardar sus herramientas de trabajo después de lavarlas. El personal de servicio se había dispersado después de retirar la vajilla y la cuadrilla había partido para continuar su tarea.

Decidida a llevar sus planes adelante, tomó la iniciativa

Buenas tardes Nicasio.

Buenas tardes señora, en qué puedo ayudarla.

En algo muy importante, y que te será beneficioso si sabes ser discreto y aceptas mis condiciones.- Le insinuó sinuosa y provocativa.

¿Y qué sería eso tan importante? Si se puede saber.

Algo nada difícil. Algo que hasta un bruto como tú puede hacer sin problemas. Darme un hijo.

Ante el presentimiento de que el azorado hombre aceptaba sus condiciones, lo tomó de la mano, lo llevó a la alacena y sin mediar besos ni palabras, se arrodilló sobre una pila de bolsas de harina. Se subió la larga pollera, se bajó las bragas y le ofreció la grupa mirándolo con lascivia y provocación.

¿Piensas quedarte ahí parado mirando o tienes una mejor idea?

Ante semejante espectáculo, que no dejaba lugar a dudas sobre lo que la hembra necesitaba, el galán encabritado se bajó pantalón e interiores y apuntando su enardecido falo a la húmeda gruta, la empaló sin miramientos.

Pero no todo salió como Ramona lo había planeado, el macho resultó ser un follador experimentado de notable aguante y lo que ella pensó sería un trámite rápido, se convirtió en una cópula feroz, que antes de llenarle las entrañas le arrancó una cadena de orgasmos que la dejó desfallecida.

Orgullosa y agotada tras reprimir cualquier exclamación que denotara placer o sumisión, se subió las bragas y se retiró sin siquiera agradecer a su fugaz amante.

Nicasio la vio partir tambaleante y orgullosa y se sonrió, sabía que la había marcado. La yegua iba a volver por más. Estaba convencido de que ese encuentro sería solo el comienzo de una larga historia, Ya tendría tiempo de domarla. Si jugaba bien sus cartas, su vida cambiaría para siempre.

No podía imaginar cuánta razón tenía.

Diciembre de 1987

A sus cuarenta años, Pedro Cascallares tampoco se sentía completo al no haber podido engendrar descendencia. A pesar de que todos los estudios que le hicieron a la pareja dieron bien, el destino se empeñaba en negarles un hijo. Esta desgraciada circunstancia le había acarreado el menosprecio de su familia y lo que era peor, la humillación permanente a que lo sometía su esposa acusándolo por el fracaso.

De que le servía ser el único propietario de toda la hacienda si no dejaba herederos. No le era ajeno el manejo de Ramona y sus hermanos en pos de asegurarse ser los destinatarios de su riqueza si algo le sucediera y eso le hacía estar atento. No sería el primero al que le adelantaran el viaje a tierras mejores si se descuidaba, era mucho lo que estaba en juego.

Para colmo, su otrora fogosa mujer, de la noche a la mañana se había vuelto sexualmente inapetente. No le cabía ninguna duda de que el ganado estaba abrevando en otra fuente y si eso se confirmaba, todo sería más peligroso.

Ramona llevaba bien puestos sus treinta y seis años, estaba fuerte y tentadora. Sus amplias caderas y turgentes ubres era una invitación al pecado, muchos hombres habían matado por menos.

Para colmo de males, en los últimos tiempos la convivencia se había vuelto insoportable y la sensación de estar rodeado de enemigos en confabulación permanente no se le quitaba.

Desde la cena de Fin de año, aquella en que su esposa pasada de alcohol se fué de lengua provocándolo y amenazando con buscarse un macho de verdad, había tomado cartas en el asunto. Si le daban tiempo para llevar adelante lo que tenía pensado, más de uno iba a quedar trasquilado.

Había puesto en marcha un plan para modernizar sus tierras en el que no había cabida para ambiciones desmedidas, el recurso era finito y había que administrarlo con humildad y sabiduría.

Marzo de 1988

Soledad está preocupada, lleva unos cuantos días sin sentirse bien y teme que la patrona se de cuenta. Sabe que, de todas las cosas que la arpía no debería enterarse, su problema de salud es lo de menos, pero así y todo, teme por su reacción si llegara a verla sí.

Va y viene con la escoba, persiguiendo a las hojas que el viento se empeña en poner lejos de su alcance mientras masculla entre dientes.

Esa mujer insoportable, no duda en hacerle pagar a los demás todas sus frustraciones. Con razón el patrón está siempre de mal humor, no es para menos, vivir con semejante bruja debe ser un infierno. Ni los encontronazos con Nicasio la calman, mira que hay que ser estúpida para tener a semejante macho disponible en casa y jugársela por echar un polvo con un peón. No es que Don Pedro sea un santo, pero lo de ella es descarado, si hasta se turna la peonada para espiar la jodienda. No se que va a pasar el día que el patrón se canse.

Reflexiona Sole mientras sale corriendo al baño otra vez, se arrodilla frente a la taza y larga lo que ya no le queda en el estómago. Arcada tras arcada, solo logra expulsar un poco de saliva con gusto a bilis.

Hace un par de semanas que está así. Además siente las tetas hinchadas, le duelen los pezones y anda alzada todo el día. Desde que se la folló el patrón no se siente bien. Así y todo no ve la hora de repetir.

Esperar los días en que la hija de puta se hace empotrar por el cocinero se me hace insoportable. Si supiera la puta que mi culo le salvó la vida, otra sería la historia.

Noche tras noche recrea la escena del granero de dos meses atrás. Ramona arrodillada sobre un fardo de alfalfa, con la pollera volcada sobre su espalda y las bragas por las rodillas, mientras tras ella, el bruto de Nicasio le folla el chumino con desesperación. En su feroz cópula, la hembra ignora que su esposo la espía por la ventana con lágrimas en los ojos y la escopeta apoyada sobre el alfeizar.

Sole descubrió todo el entripado de casualidad, conoce al patrón desde que era una niña y su gente trabajó siempre para la familia. Un buen hombre que no dudó en cobijarla en su hogar cuando quedó huérfana en la quemazón. La mala era la puta.

Esa tarde, mientras volvía de recoger los huevos del gallinero, lo vio salir furioso de la casa con el arma en la mano y tuvo un mal presentimiento. Hacía rato que la patrona follaba con Nicasio y cada vez se cuidaban menos, no sería raro que el hombre los haya descubierto.

Lo vió llegar al granero, asomarse por la ventana y dar un paso atrás de la impresión. Luego observó con desesperación como levantó la escopeta y apuntó durante un rato, para finalmente bajarla, dejarla en el piso y aferrado al alféizar con las manos como garfios, ponerse a llorar en silencio. Sin dejar de mirar hipnotizado lo que fuera que pasaba adentro.

Antes de que el hombre haga una locura, Soledad se acercó en silencio, retiró la escopeta del alcance de su mano y lo abrazó por la espalda. Acariciando su torso mientras le pedía en un susurro que se calmara, fue bajando suavemente el brazo hasta encontrarse en su vientre con una sorprendente erección que excedía el cinturón.

Sin dudarlo, soltó uno a uno los botones de la bragueta y sacó a la luz al enardecido falo, procediendo a masturbarlo suavemente mientras le susurraba al oído que se calmara. Un viejo instinto de hembra la guiaba en su tarea.

Poco a poco fue bajando el ritmo para intentar sacarlo de su posición y llevárselo a la casa para que se calme. Pero cuando creía tenerlo dominado, el hombre, con una velocidad impropia de su tamaño, tiró de ella con violencia y volcándola quebrada sobre la ventana le bajó pantalón y bragas y tapándole la boca con su mano, la empotró salvajemente llevándose por delante su virginidad, sin dejar de mirar con furia a la pareja infiel que copulaba.

Con esa sabiduría innata de la gente simple, la muchacha aguantó el envite con entereza, relajó su vientre y dejó que el hombre se descargara, mordiendo con fiereza su mano en el hombro en el momento cumbre.

Cuando Pedro se calmó y vio las piernas ensangrentadas de Soledad, comprendió espantado lo que había hecho, se asustó tanto, que olvidando la traición de su esposa, tomó a la muchacha en brazos y se la llevó a la casa de servicio donde vivía.

La desnudó con cariño en el pequeño baño, abrió la ducha, templó el agua y con una suavidad impropia de su rudeza, procedió a lavarla de cuerpo entero. Después de aclararla la secó con esmero y volviendo a tomarla en sus brazos la depositó suavemente en la cama.

Con una profunda angustia por todo lo sucedido, le acarició la cara con cariño y depositó un tierno beso en su frente con lágrimas en los ojos pidiéndole perdón. Cuando estaba por levantarse, Sole se colgó de su cuello y lo besó en los labios. Amaba a ese hombre más que a su vida misma.

Asombrado ante la muestra de tan puro cariño, Pedro se dejó llevar y sin saber como, se encontró desnudo en la cama de la muchacha, copulando con dulzura sin dejar de besarla.

A esa tarde siguieron otras no tan dulces, donde la pasión se los llevaba por delante, logrando dejar en un segundo plano la traición de Ramona. En un acuerdo no escrito, cada tarde en la que su desleal mujer se encontraba con su amante, Pedro la pasaba con Soledad.

Hasta que todo se desmadró.

Abril de 1988

La huída

Ramona se siente plena y satisfecha. A pesar de que su objetivo de quedar embarazada aún no se cumple, las fogosas tardes compartidas con su amante la tienen por las nubes.

Sin embargo, su felicidad no es completa, algo no anda bien. Su esposo, antes molesto por su poca predisposición al sexo ya no la busca en la cama, y eso, además de ser peligroso para sus planes, la tiene intrigada.

Una mañana de finales de verano amaneció con dolores de vientre y observó consternada que una vez más, sus planes de ser madre no se cumplían. Estaba menstruando.

Resignada, se dirigió a la cocina para avisarle a su amante que estaba indispuesta. No es que le molestase fornicar con la regla, y mucho menos al salvaje de Nicasio, pero los primeros días siempre estaba dolorida.

Después de unos cuantos achuchones y una mamada de compensación, emprendió la vuelta a su casa con una sonrisa en el rostro. Nunca terminaba de asombrarse de la fogosidad de su amante.

Estaba llegando a su morada, cuando observó a su esposo enfilar hacia la casa de servicio. Intrigada y ligeramente preocupada lo siguió, y vió con horror como la chiquilla se colgaba de su cuello y lo besaba con devoción, para luego tomarlo de la mano y llevarlo adentro.

No necesitaba ser adivina para imaginar lo que sucedía. Tremendamente alarmada y comprendiendo que todos sus planes estaban a punto de fracasar, salió corriendo a buscar a su amante.

Entró a la cocina a la carrera y se sentó frente a Nicasio agitada y tremendamente acalorada. Sin percatarse que Juliana y la ayudante de cocina estaban en la despensa guardando la encomienda recién llegada del mercado.

El hombretón la vió llegar, e interpretando mal la situación, bramó una carcajada y se dirigió hacia ella.

Ja ja ja, te has quedado caliente y vienes por mas.

No seas estúpido, siéntate y escúchame. Tenemos un problema grave, mi esposo se está follando a Soledad.

Ja ja ja. Entonces no es tan estúpido el cornudo. ¿Cual es el problema, acaso tú no haces lo mismo?

El problema es que Soledad es una hembra joven. Si se encapricha con ella me va a dar una patada en el culo y todo se irá la mierda. Yo me quedo en la calle y tú sin tu coño preferido. Esa puta tiene que desaparecer.

¿Y cómo piensas hacerlo?

Ese va ser tu problema, hasta que esa puta no desaparezca, no me vuelves a tocar.

Y sin decir una palabra más, volvió a su casa dejando al hombre preocupado y a las dos improvisadas testigos muy asustadas.

Mientras la ayudante de cocina se quedó paralizada por el miedo, Juliana corrió desesperada en busca de su hija adoptiva. Entró a la casa de servicio a la carrera y encontró a Soledad tirada en la cama con una cara de satisfacción, que delataba lo sucedido entre esas paredes.

Cambia esa cara de puta satisfecha y ayúdame a juntar tus cosas.

No le gustaba insultar a su hija, pero estaba muy asustada.

¿Qué te pasa mamá, estás loca?

Pasa que la patrona sabe lo tuyo y lo de su esposo y si no te apuras, vas a terminar fornicando con Satanás.

Pusieron las pocas pertenencias de Soledad en su pequeña maleta y salieron disparadas para el ranchito de Juliana. Al anochecer, acompañada de su esposo Julián, tomaron el camino del despeñadero y cruzando una tranquera, se introdujeron en La ballenera, la estancia vecina., donde luego de caminar un par de kilómetros, llegaron al rancho de Jazmín, una amiga de la infancia de Juliana que recién había parido. La muchacha, al oír toda la historia, no tuvo ningún problema en cobijar a Soledad, ya que su familia gozaba de la confianza de los patrones de la estancia luego de generaciones de trabajar esas tierras.

No tardó más de una semana Jazmín en descubrir el estado de preñez de la hija de su amiga. Sabía lo que eso representaba y el peligro que corría la muchacha. Diez días más tarde la presentó al capataz como a una sobrina que venía a cuidar al recién nacido Ramón. El hombre, sabiendo que eso liberaba a Jazmin para reincorporarse antes al trabajo, aceptó de inmediato.

Octubre de 1988

La búsqueda

Soledad ha desaparecido y nadie sabe dónde está. Han pasado seis meses, Pedro ha recorrido cada rincón de la estancia, ha interrogado a todo su personal y no ha averiguado nada. O no saben, o no quieren soltar prenda. Son muy fuertes los códigos de lealtad entre la peonada.

No tardó mucho Nicasio en aprovechar la fortuita circunstancia y sin decírselo expresamente a ella, dejaba intuir frente a Ramona que sus órdenes habían sido cumplidas, por lo que exigía holgada recompensa, ya no se conformaba con un polvo furtivo en la cocina.

Feliz por la novedad y agradecida con su amante, Ramona hace acondicionar a espaldas de su marido un ranchito abandonado frente a la laguna salada de Mar Chiquita y lo convierte en su nido de adulterio. Para que él no se entere, ha empleado para su construcción a personal de La ballenera en sus horas libres, entre ellos al esposo de Jazmín.

Un cálido cuarto con vistas a la laguna, un baño cómodo y una pequeña cocina es todo lo que necesita para los encuentros con su amante. Lo estrenan una semana después de finalizada la temporada de fecundación de la hacienda, esta vez sin apuros ni necesidad de esconderse, ya que Pedro ha subido a la capital y tienen todo el fin de semana para ellos.

El encuentro es un choque de trenes, lo que había sido negado ahora es permitido y se funden en un beso apasionado, por primera vez en sus muchos encuentros.

Van perdiendo la ropa a los tirones mientras avanzan hacia el dormitorio y al caer sobre la cama, se fusionan como un solo cuerpo. Poco tardan en comerse mutuamente en un sesenta y nueve explosivo y acaban por primera vez, uno en la boca del otro.

Mientras tanto, el rumor de la descarada traición se ha expandido y llega a los oídos de la ayudante de cocina, que indignada, no ha podido contenerse y le cuenta a sus amigas la escena de la que fue involuntario testigo. Poco a poco, en la medida que Sole no aparece, la indignación del personal va en aumento.

Juliana calla, la vida de su nieto está en juego, pero al enterarse de los encuentros de los amantes en La saladita, finalmente estalla. El niño vino de cadera y la matrona no ha podido hacer nada. Soledad ha muerto en el parto y ya nada la detiene.

Noviembre de 1988

Pedro sostiene al pequeño niño en sus brazos y no puede creerlo. Gruesas lágrimas corren por sus mejillas producto de la emoción y del recuerdo de la hermosa niña que tanto quiso.

Sabe que debe protegerlo, si se supiera que es hijo suyo correría un gran peligro, hay mucho buitre tras sus tierras y un heredero es mala noticia. Los culpables ya han pagado y sus restos se retuercen enterrados dos metros bajo el chiquero de los cerdos, pero no es suficiente.

Poco han sufrido los amantes por todo el mal que habían causado, apenas si pudieron enterarse de que se morían, cuando el enardecido esposo interrumpió la infiel cópula machete en mano.

Nadie notó la ausencia de la pareja, el romance era conocido por toda la peonada y los dieron por fugados. A pesar de la insistencia de los hermanos de Ramona, la policía cerró el caso sin investigar demasiado.

Pedro sabe que necesita asegurar el futuro del niño, se lo debe a Soledad. Con todo el dolor de su corazón, lo inscribe como hijo de Jazmín y su esposo con el nombre de Antonio, para evitar represalias. Desde ese día lo verá crecer de lejos, ni siquiera acepta ser su padrino, tarea que queda a cargo de Juliana y su esposo.

Al no tener parientes de sangre, Pedro testamenta a favor de Toño, lo reconoce como su hijo y lo hace heredero de todas sus posesiones, así como también, crea un fideicomiso que le asegura los estudios universitarios. También deja expresas instrucciones sobre cómo deben contárselo al niño.

Este sobre permanecerá cerrado en posesión de la notaría y sólo se abrirá en caso de su fallecimiento. Mientras tanto, dejará que el niño crezca feliz junto a sus hermanos, aunque le desgarre el alma.

Al salir de la notaría mira al cielo nublado y susurra unas plegarias

Mi niña querida, no sabes cuanto te extraño. Dame fuerzas para luchar, es mucho lo que queda por hacer y temo desfallecer si no te siento cerca. Ayúdame a que nuestro niño encuentre un mundo mejor.

En ese momento las nubes se abren y un tibio rayo de sol le pone brillo a sus lágrimas. Con una sonrisa, el rudo hombre seca sus ojos con el antebrazo y solo atina a murmurar…

Gracias amor mío.

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