Familia VillaDuero. El padre de Luís Javier
Nunca imaginó que el hombre que debía tratar como un igual terminaría arrodillado a sus pies, lamiendo el suelo por su permiso. La boda los unirá por ley, pero esta noche, en la oscuridad, ella será su única ley.
Episodio 22
Emeterio es un hombre bastante particular, ha cosechado grandes éxitos empresariales, tiene fama de ser un tipo duro y exigente, temible para sus adversarios y competidores…un ganador en los negocios. También es el marido de Yolanda y es el padre de Luis Javier, el prometido de mi hija, mi futuro consuegro.
Es el hermano mayor de la familia Aguirre-Losada, conocida en la zona en por sus propiedades y negocios en el sector del vino. Mi hija Marta y su hijo Luis Javier se van a casar próximamente, y los padres hemos convenido que los preparativos de la boda los haremos nosotros con la particularidad de que, para los temas de ceremonias, invitaciones y demás, nos encargaremos él y yo, mientras que del convite y fiesta posterior se cuidan mi marido José y Yolanda, su esposa.
—Estoy contento por que tu hija Marta se haya fijado en Luis Javier. Soy su padre y no hablaré mal de él, se parece demasiado a mi, siempre trabajando y compitiendo consigo mismo. Necesita una mujer que lo saque de ahí y que lo haga sentir como un hombre.
—Con Marta como pareja no se aburrirá ni un momento, mi hija es un polvorin…aunque tienes que saber entenderla…es bastante dominante y mandona, y también bastante caprichosa.
—A mi ya me habría gustado tener una hembra así a mi lado. ¿Sabes…? Me llevo muy bien con mi esposa pero es todo tan predecible y tan conservador… En una época…estuve tentado a buscarme una amante…te lo confieso a ti porque te tengo mucha confianza— me pone su mano encima de la mia en señal de complicidad.
—Todavía estas a tiempo…y ahora tienes dinero y oportunidades— le replico.
—No se… es arriesgado y ya no estoy para ir por ahí como conquistador… en un par de años cumpliré los sesenta y las mujeres los prefieren más jóvenes o al menos más experimentados que yo… ¿Dónde iba a ir yo?... ir de putas no me apetece nada, y como seductor dejo bastante que desear.
—Emeterio… yo tengo una solución… si quieres… te la cuento.
—A ver cuéntame… mi querida consuegra me va a rescatar… ¡que bien!
—Lo que te voy a proponer debe quedar entre nosotros, nada de maridos ni esposas, yo tu y yo. ¿Okay?
Tras la aceptación de Emeterio dedicamos un rato mas a preparar la boda de nuestro hijos y luego le indico el camino para ir a la casa de mi amiga Manuela, que ya conocéis de alguno de los episodios anteriores. Emeterio duda ante la propuesta que le hago pues no se puede imaginar lo que puede suceder. Por suerte confía en mi y se deja conducir, la curiosidad puede mas que su precaución.
—Aquí vive una buena amiga mía, me presta su casa para mis aventuras— le digo causándole una agradable sorpresa pues no se esperaba que yo fuera la mujer que está empezando a descubrir.
—Quédate sentado en esta habitación, yo enseguida vuelvo… no toques nada… solamente quédate aquí y espera.
Lo dejo solo, cierro la puerta y me voy a preparar la sorpresa que tanto ansia tener. Le he alterado todos sus esquemas, donde creía tener una consuegra de lo más convencional y recatada, ha encontrado a alguien que le ha desatado sus fantasías más eróticas.
Abro la puerta lo suficiente para meter la mano y alcanzar el interruptor, apago la luz, a oscura entro en la habitación y le digo:
—Quédate donde estas… voy a encender la lamparita…tu no te muevas— lo hago y dejo que se maraville con lo que tiene delante.
Me he recogido el pelo en un moño alto, me he calzado una botas altas negras con un impresionante tacón y me he puesto unas bragas y un sujetador negros, y sobre el cuerpo varias correas de cuero, con tachuelas y adornos metálicos. En la mano, una vara recubierta de cuero para completar mi atuendo de domina.
—Julia… pero ¿esto que es?... no puede ser cierto…
—Chissssttssss… silencio…calla esa boca…aquí no tienes derecho a hablar…sólo si lo te lo ordeno o te lo permito… ¿has entendido?
—Me ha dejado boquiabierto… no me esperaba nada parecido…
Un golpe seco y enérgico sobre el brazo de Emeterio lo interrumpe drásticamente.
—He dicho que no tienes derecho a hablar…solo si te doy permiso. A partir de ahora aquí rigen mis reglas, tu eres un pelele que atiende a todos los requerimientos de su ama…¿entendido?... no… no digas nada… solo asiente con la cabeza… así… veo que ya lo entendiste.
—Te voy a decir las reglas… presta atención.. si te equivocas recibirás tu castigo. A lo que yo te diga responde: Lo acepto si quieres continuar— y le doy un golpecito con la vara en la cara para marcar el terreno.
—¿Aceptas que sea tu ama, que te mande y que haga contigo lo que me de la gana?
—Si, acepto.
—¿Aceptas que lo que aquí suceda nunca será revelado a nadie más?
—Si, acepto.
—¿aceptas que me obedecerás en todo lo que te ordene, siempre que no se ponga en riesgo tu integridad física, aunque te sientas humillado y maltratado por mi o por quien yo diga?
—Si, acepto.
—Si te quieres retirar o ves que no puedes aguantar, entonces dirás en voz alta “por la boda”, y entonces haremos un paréntesis…¿lo aceptas?
—Si, acepto.
—Desnúdate… por completo…y ponte ahí en el suelo como si fueras un perito— le ordeno enseñándole la vara en gesto amenazador, a lo que don Emeterio responde rápidamente desprendiéndose de su ropa lleno de excitación y curiosidad.
Es un hombre regordete, de estatura media, con pelo por todo el cuerpo, barriguita y algo calvete. No es mi tipo aunque en esta ocasión el morbo supera el atractivo físico, tengo a mis pies el futuro suegro de mi hija, un tiburón de los negocios y un afamado benefactor de la sociedad que se muere por recibir unos cuantos azotes de mi vara y la dominación de su nueva ama.
—Veo que se te ha puesto bien dura…te gusta que sea tu ama y que te diga lo que puedes hacer y lo que no ¿verdad?— le digo poniendo la vara apoyada su barriga para a continuación hacerla resbalar hasta el encuentro de su polla.
—Uhmmmm…. Si mi ama… como me pone esta situación— me dice volviendo la cara hacia mi
—No te he dado permiso para hablar… silencio… — le doy con la vara dos veces en las nalgas bien duro haciendo enrojecer la piel.
—Por ser el primer día… no te voy a castigar mucho…a cambio…me tienes que lamer los zapatos…deja caer tu baba encima, con la lengua la repartes y luego la vas recogiendo con los labios como si estuvieses dando besitos a la bota…¿lo has entendido?...pues venga…hazlo.
Mientras lo hace paso la vara por la espalda haciéndole ver que en cualquier momento le puede venir un golpe si no hace correctamente lo que le ordena. También la meto entre las piernas, resiguiendo la raja del culo y punteando sobre sus huevos y la verga. Mi consuegro esta fuera de si, nunca había experimentado algo así y esta muy excitado por la experiencia.
—Mira lo que tengo para ti…póntelo ahora mismo…tienes que estar ciego para disfrutarlo al máximo— le digo acercándole un antifaz que le va a tapar completamente los ojos.
Me mira dubitativo, no se atreve a preguntar por las posibles consecuencias, y finalmente obedece y se lo ajusta hasta quedar completamente ciego.
—Levanta, apóyate en mi brazo que vamos a cambiar de habitación.
Lo conduzco a la habitación contigua, hago que se arrodille y ponga las manos a la espalda y que se espere hasta recibir órdenes.
—Abre la boca…mas… saca un poco la lengua…eso es…y ahora ve inclinando poco a poco la espalda a ver lo que encuentras…así… despacio…poco a poco.
Emeterio está bastante nervioso, se nota que no está acostumbrado a que le manden, y la oscuridad a que esta sometido junto a la incertidumbre de lo que pueda encontrar no le ayudan. Lo que sus labios van a encontrar son los pelos del coño de mi amiga Manuela. Ella se ha sentado en un silloncito bajo que tiene en su dormitorio, se ha abierto de piernas y queda a la espera de que mi sumiso le coma el coño.
No es la primera vez que colaboro con mi amiga Manuela, hemos vivido juntas muchas aventuras desde que éramos dos jovencitas hasta ahora que ya somos dos mujeres maduras con bastantes horas de vuelo. Su casa nos ha servido de lugar de encuentros y por nuestras manos han pasado jovencitos y maduros, alguna mocita y alguna casada desencantada también. Lo le toca a ella que le coman bien el coño y mi consuegro es un buen candidato.
—Ya puedes empezar a lamer ese manjar que tienes delante…no te preguntes de quien es…eso no importa… solo tienes que sacar la lengua y lamer, llenarla de babas y luego succionar suavemente… eso si… no quiero verte utilizar las manos… ¿entendido?... pues venga empieza…tienes que conseguir que se corra en tu boca.
Manuela y yo intercambiamos un amplia sonrisa de complicidad, pongo la vara entre las nalgas de Emeterio y le doy un pequeño empujón, haciéndole ver que si no se esfuerza puede meterse en su culo virgen… aquí todo esta permitido y él sabe que su ama no se anda con tonterías, se estremece y aprieta el culo para protegerse, una sonora palmada sobre la nalga hace que libere la vara.
—Chupa…chupa bien ese manjar que te he puesto delante…sácale sus jugos…quiero ver como te correan por los labios y la barbilla— le apremio para que se esfuerce más en su tarea.
Mientras mi consuegro se esfuerza en comerle el coño a mi amiga, yo me toco con muchas ganas, imaginando la cara que pondría su comedida esposa, siempre tan en su sitio tan recatada, al verlo asi arrodillado frente a un coño bien jugoso de una desconocida y atendiendo a pies juntillas las ordenes que le doy.
Mi amiga es especialista en tener unos buenos squirts y ya me está haciendo señas, tras media hora de lametones sobre su vulva, está deseando soltar un buen chorro… queremos que sea una sorpresa para nuestro “siervo” y lo debemos preparar…
—Emeterio, prepárate a recibir tu premio…has hecho una buena comida de coño… un poco torpe al principio pero has ido mejorando poco a poco— le pongo la vara atravesando la frente y le obligo a que separe la cabeza manteniéndola a una corta distancia.
Tiene los labios hinchados y el alrededor de la boca esta todo humedecido y lleno de babas mezcla de saliva y los jugos de mi amiga. Me hace señas, aprieta la pelvis y sale del coño un chorro de flujo que impacta justo en la cara del “lamedor”. Este sorprendido se olvida de mi prohibición de utilizar las manos y se trata de limpiar la cara.
—No…no…las manos detrás… ponte como estabas…que hay más…— le digo guiándolo con la vara para que ocupe su lugar justo enfrente de mi amiga.
Obedece y enseguida sale otro chorrito que ahora moja su pecho y deja sus pelos chorreando. Al sentir este nuevo impacto, veo como mi querido siervo se corre como un bendito sin necesidad de meneársela, ni de meterla en ningún sitio. La excitación y el morbo han sido suficientes para llevarlo al clímax. Se le dibuja una amplia sonrisa, que inesperado placer experimenta al verse usado de esta manera tan guarra.
Le doy con la vara sobre la nalga, una vez…otra y una tercera haciéndole volver al cara para pedir un poco de clemencia…estos golpes le ha dolido, no se los esperaba y le han cortado el rollo que llevaba.
—¿Quién te ha dado permiso para correrte?... esas cosas solo la puedo decidir yo…¿entiendes? me has fallado…y has hecho enfadar a tu dueña…estoy pensando que castigo ponerte por haberte saltado las normas… tienes que aprender quien manda aquí... y que las trasgresiones de las reglas tienen sus consecuencias.
—De momento ya puedes empezar a lamer el suelo hasta dejarlo limpio y sin rastro del flujo de mi amiga. ¿estas conforme que mereces un castigo?
—Si ama Julia… lo siento…lo siento mucho…haré lo que me ordenes sin rechistar
—Está bien… cállate y haz lo que te he dicho.
Emeterio, de rodillas en el suelo inclina su cuerpo hasta dejar el suelo al alcance de la lengua, y empieza a lamer tal como le he indicado. Mientras lo hace le paso la vara por el costado, por la barriga, entre las piernas, por la raja del culo…me recreo en la amenaza…él sabe que le puede caer un golpe en cualquier momento… esto le asusta y también le pone cachondo… va a ser un buen sumiso para mí.
Después de unos minutos lamiendo el suelo, me acerco para que siga con mis botas como si fuera un perrito. El muy cabrón se ha vuelto a poner duro…la experiencia le está gustando mucho más de lo que yo esperaba… auguro que vamos a tener una relación muy fructífera.
—Te has portado bien…me has obedecido y te has ganado un pequeño premio— le digo poniéndole la vara debajo de la barbilla para obligarle a levantar la cabeza.
Antes tengo un instante para mirar a Manuela para compartir su complicidad sobre lo que va a suceder.
—Levanta el cuerpo, mira al frente, las manos en las caderas en jarra… quieto… no te muevas…
Cuando su expectación es máxima, llega su regalo en forma de un potente chorro de pis que impacta sobre su pecho y que lo moja por completo… barriga, entrepierna y muslos. Pone la misma cara que quien recibe una gran e inesperada noticia… y se vuelve a correr en medio de una honda satisfacción.
Yo me vacío completamente encima de él ante la mirada atenta de mi amiga Manuela. Luego, mientras dejamos que Emeterio se dé una ducha, nos regocijamos en nuestra perversión imaginando ya lo que le haremos la próxima vez.
Deverano.
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