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Infidelidad inesperada en vacaciones con amigos

Ale siempre se había considerado el amigo fiel, el que no cruza líneas. Pero esa noche, en la habitación de Ana, la tentación no solo fue aceptada, sino exigida. Lo que empezó como una copa se convirtió en una traición que ninguno de los dos podría olvidar.

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Historia completamente real, solo cambio los nombres.

Para poner en contexto, me llamo Ale y junto a mis tres mejores amigos: Juan, Pedro y Javi, decidimos, como todos los veranos, alquilar un apartamento en una ciudad costera, para pasar una semana de vacaciones de verano. Somos unos chavales de 21 años y, después de estar encerrados durante mucho tiempo por la pandemia, estábamos con muchas ganas de fiesta y desmadre.

Soy el único de los cuatro que tiene novia, ellos iban con intención de follarse a, por lo menos, una cada uno, pero yo, lógicamente, siendo un chico muy fiel y llevando dos años con mi pareja, ni se me pasaba por la cabeza, además que, al ser ellos amigos también de mi novia, no me lo iban a permitir.

Llegamos y, justo después de hacer el check-in, decidimos dar una vuelta por el recinto para ver las instalaciones: piscina, sala recreativa, restaurante... Cuando ya íbamos hacia nuestra habitación para sacar la ropa de la maleta, vimos entrar en otra a un grupo de cuatro chicas. A mis amigos se les iluminaron los ojos, parecía que el destino lo había hecho a propósito. Decidimos que no era el momento de hablar con ellas aún y, después de ponernos el bañador fuimos a echar la tarde en la playa.

A la vuelta, pasamos por la piscina a bañarnos para quitarnos la arena de la playa y, justo ellas estaban yéndose hacia su habitación. No nos podíamos creer la mala suerte ya que, era la oportunidad perfecta para entablar conversación por fin. Lo "bueno" es que pudimos verlas en bikini y, nuestras ganas de conocerlas aumentaron... eran dos rubias y dos morenas, cuatro pibones tremendos, las rubias delgadas con cuerpo estilizado y las dos morenas con unos pechos tremendos y con muchas caderas, nos quedanos embobados. Nosotros no tenemos cuerpos mazados de gimnasio, pero si somos los cuatro bastante deportistas y, en mi opinión, bastante guapetes, teníamos opciones con ellas.

Justo después del baño decidimos ir a llamar por fin a su habitación pero, no había nadie, probablemente se habrían duchado ya para salir de fiesta por la noche.

Nosotros hicimos lo propio, nos pusimos nuestras mejores galas y nos fuimos a un chill-out convertido en discoteca al aire libre, muy típico de verano. Al llegar al sitio ocurrió lo que esperábamos y deseábamos, nuestras queridas vecinas estaban allí. Después de un par de copas y con la soltura que te da el estar "contentillo" por el alcohol, decidimos hablar con ellas. Les dijimos que las habíamos visto por el resort y, estuvimos preguntándonos qué de dónde éramos, que estudiábamos... estaban muy receptivas, quizás por el alcohol pero, parecía que ellas también estaban bastante contentas de conocernos. Como era de esperar, cada uno empezó a hablar más a solas con una de ellas. Por suerte para mi, solo una del grupo tenía novio, por lo que estuvimos hablando más agusto entre nosotros ya que, sabíamos que no iba a haber ningún interés sexual de por medio. Era una de las dos morenas, su nombre era Ana y, aunque soy un tío fiel, mientras hablábamos no podía evitar fijarme en ese escotazo tremendo que llevaba y calentarme un poco, pero sin intención de nada más.

Cada uno de mis amigos, menos yo obvio, se lió con su correspondiente "pareja" y al cerrar la discoteca, decidimos ir a nuestra habitación para terminar la noche. Allí la cosa se fue calentando, mi amigo Pedro se fue a la habitación con una de las rubias (Paula), mi amigo Juan se liaba en la terraza con la otra rubia (Celeste) y Javi prácticamente follando en el sofá del salón con la otra morena (Marta).

Para evitar ese panorama y dejarlos con un poco de intimidad, Ana me propuso ir a su habitación para tomarnos una última copa y hablar un poco. Lógicamente acepté ya que, no quería estar más allí mientras mis amigos follaban o hacían lo que fuese. Lógicamente con la situación y el alcohol estaba un poco cachondo pero, ni de coña se me pasó por la cabeza hacer nada.

Al llegar a su habitación, nos servimos una copa cada uno con la botella que llevé de mi cuarto y nos pusimos a hablar sobre nuestra vida y sobre la situación de la otra habitación. Todo parecía pintar normal pero, de repente, Ana me dijo:

- Oye Ale, ¿no te da cosa que ellos estén allí pasandolo bien y nosotros aquí cohibidos?

- Un poco... -respondí un poco sorprendido por la pregunta- pero bueno, creo que estamos acostumbrados ya al ser los únicos del grupo con pareja.

- Llevas razón y, ¿te soy sincera? -me dijo Ana colocando su mano sobre mi pierna- estoy un poco harta de siempre la misma situación, estoy muy cachonda y joder, no creo que pase nada porque nos dejemos llevar un poco sin que nadie se entere, ¿no?

Me quedé completamente loco porque, no me esperaba para nada ese giro, era una chica espectacular, si por mi fuera me la follaba ahí mismo sin pensármelo pero, jamás le había puesto los cuernos a mi novia y no lo veía nada bien.

Al verme dubitativo, sin darme tiempo a articular una respuesta, comenzó a comerme la boca como si no hubiera un mañana, yo me deje llevar, nuestras lenguas no paraban de cruzarse y yo no podía estar más cachondo, se liaba mucho mejor que me novia y, experimentar la sensación de lo prohibido, de estar los dos siendo infieles, me ponia a mil.

De repente, ella paró y dijo:

- Joder, Ale, esto no está nada bien -dijo en tono de arrepentimiento- pero estoy muy caliente.

- Nadie se enterará de esto pero, tampoco quiero cruzar más rayas, seguimos liándonos y lo dejamos solo en eso -respondí.

Volví a comerle la boca y ella, pareció volver a convencerse más o menos. Cada vez que su lengua rozaba la mía, notaba como nos poníamos más y más cachondos, ella se sentó encima mía en el sofá y comenzó a refregar su culo sin parar por mi paquete.

Cachondo perdido, le bajé el top que llevaba y sus tetas saltaron hacia mi cara, a ella pareció no molestarle y yo, me excité una barbaridad, eran grandes, preciosas y, sin pensarlo se las empecé a comer. Ella gemía tímidamente mientras me daba tirones de pelo y arqueaba la espalda, lo intercalábamos con besos muy calientes. Le saqué los pantalones y comencé a rozar su coño y su clítoris, estaba empapada.

- ¡Méteme los dedos ya! -me dijo con una voz de zorra tremenda- quiero follar contigo, me da igual mi novio, quiero pasármelo bien.

A mi eso que me dijo me excitó una barbaridad, no recuerdo haber estado nunca tan cachondo. La masturbé mientras le comía la boca y ella gemía muchísimo mientras me arañaba la espalda y me pedía más.

- ¿Te gusta zorra? -le dije con voz dura.

- ¡Siii! -jadeó- no pares cabrón, quiero correrme.

- Vas a ser mi puta lo que queda de noche -le dije mientras le cogía del cuello.

- ¿Me vas a follar? -me pidió casi explotando de placer.

- ¿Tienes condón?- le pregunté.

- Me da igual el condón -me dijo mientras metía su lengua en mi boca- sácala antes de correrte y punto.

Le saqué los dos del coño, ella me agarró la mano y me los chupó, seguidamente bajo, se puso de rodillas y me hizo la mejor mamada que me han hecho nunca. Se la metía entera en la boca y aguantaba hasta la arcada, sus movimientos con la lengua me dejaban tocando el cielo, era espectacular.

Entonces la agarré y la tiré al sofá para empezar a follarmela.

- ¡Espera! -exclamó- voy a cerrar con pestillo por si acaso, nadie puede vernos.

Se levantó desnuda a cerrar la puerta, yo la observaba desde el sofá y no podía evitar masturbarme mientras le miraba el espectacular culo que tenía. No me podía creer lo que estaba haciendo pero, jamás había estado tan cachondo, no quería parar.

Me empujó y me sentó en el sofá, se puso encima mía y se metió mi polla en el coño, estaba tan mojada que entró como cuchillo en mantequilla, sin apenas esfuerzo. Comenzó a cabalgarme rápidamente y ambos gemíamos, era increíble. Mientras, le comía las tetas que botaban una barbaridad, ella gozaba como si no hubiera mañana.

- ¡Quiero que te corras dentro mía! -jadeó- ya mañana veremos que hacemos, ahora mismo me da igual.

No puedo no cumplir los deseos de una dama, la saqué de su coño, la llevé hacía la cama y la tumbé boca arriba, coloqué sus piernas sobre mis hombros y comencé a taladrarla. Ver estas tetas hacia arriba y hacia abajo y esa cara preciosa, con los ojos en blanco y gimiendo del gusto, me excitaba como nada.

- Pídeme por favor que me corra dentro, si no la saco -dije.

- Ni se te ocurra sacarla cabrón -respondió con voz de puta- quiero me te corras dentro y me des toda la leche.

Empecé a follarla muy rápido y los dos gemíamos del gusto de forma increíble. Y de repente... nos corrimos los dos a la vez, fue increíble, dejamos la cama empapada y acabamos sudando muchísimo. Nos besamos y juramos con el caletón que repetiríamos otro día antes de irnos.

Nos duchamos y quitamos las sábanas empapadas de sus flujos y de los míos para no dejar evidencias.

A la mañana siguiente, hablando por WhatsApp con mi novia, le conté que hice la noche anterior con mis amigos, le conté todo lo que pasó hasta llegar al apartamento, lo ocurrido quedará solo entre Ana y yo.