Sometidas y Humilladas. La Viuda Masoca II
La viuda de buena familia dejó a los niños en el colegio con una excusa laboral para cumplir su verdadera fantasía: ser usada y humillada por un desconocido. En la casa de sus padres, su dignidad se desmorona bajo el látigo y la orden de un hombre que no busca amor, sino transformación.
Hace ya mas de un año que publiqué la primera parte de la Viuda Masoca. Tenía un borrador de la continuación olvidado desde hace muchos meses, que he decidido recuperar. Quizá es algo corto, pero prefiero continuar en un relato aparte y dejar lo anterior básicamente como está. Quizá lo alterne con alguna otra historia paralela.
Como ya comenté en la introducción mis relatos tendrán siempre una base importante de realidad. Este describe uno de mis primeros encuentros bdsm gracias a internet. Por ahora es todo lo fiel que permite mi memoria. Si se alargara mucho, la cosa cambiariá.
La mamá viuda de buena familia, la informática de profesión que había dejado a los niños en el colegio y había puesto cualquier
excusa en el trabajo para dejarse follar y degradar por un desconocido en casa de sus padres, Apareció en pelotas y a cuatro patas.
“En pie, pon las manos detrás de la nuca, y separa las piernas”
Me tomé mi tiempo por primera vez para inspeccionar a la mujer desnuda mas allá de sus orificios. Tenía un cuerpo armónico, pero abandonado, no obeso ni mal formado. El clásico aspecto de la mujer casada y aburrida que ha perdido hace mucho las ganas de seducir, pero obviamente no las fantasías mas depravadas. Las tetas aún estaban razonablemente firmes, con unos pezones gordos, oscuros y duros que ya había pellizcado en el coche. Estiré de ellos hasta escuchar un grito ahogado, bamboleando las tetas arriba, abajo y en círculos. La viuda se retorcía entre la sorpresa, la humillación y el dolor. Entonces yo le preguntaba si eso era todo lo que aguantaba… “Estáte quieta, puta, No he hecho más que empezar. Las manos quietas en la nuca y si no aguantas quietecita seguirás un minuto más, y así hasta que aprendas”
La vez siguiente se conformó con emitir gritos guturales y retorcerse lo justo.
Bajé mi mano hasta el coño desnudo e hinchado e introduje bruscamente dos, tres y luego cuatro dedos en aquella cueva húmeda y hambrienta, que los devoró con facilidad. Incluso demasiada, pensaba yo, acostumbrado a los coños jóvenes de mis ex de entonces. La muy puta chorreaba de nuevo y cuando empecé a abofetear aquella vagina con la mano abierta se escuchaba el chasquido del fluido al salpicar. La hice lamer la mano y pasamos al ritual que había descrito en el email.
Me tumbé en la cama de los padres de aquella puta. No quería olvidar esto ni que ella lo olvidara. “Te voy a dar por el culo en la cama de papá y mamá, seguro que estarán orgullosos”, puta, ¿te gusta? - Si, señor..
“Pero ahora, Empieza lamiéndome los píes”, dije mientras volvía a tomar la fusta para dirigir los movimientos de mi animal.
La zorra empezó sin centrarse, hasta que con un par de fustazos entendió que la lengua debía recorrer despacio su itinerario entre los dedos de cada pie sin dejar un milímetro sin limpiar. Pareció que le estaba pillando el gusto, sumiéndose en una especie de nirvana lame-pies, perdiendo la noción del tiempo mientras lamia, besaba y saboreaba. Me di cuenta que la muy puta se motivaba frotándose el coño compulsivamente con una de sus manos. La visión de la mamá a cuatro patas rebajándose a desesperado animal en celo mientras saboreaba mis pies era tan patética que no quise prohibírselo.. Todo vestigio de su dignidad parecía haber desaparecido. Como debe ser.
Un nuevo fustazo la indicó que debía continuar hacia arriba.
Siguó lamiendo piernas arriba, yo notaba algo de precipitación y su respiración entrecortada. Había ansiedad en aquella puta viuda. La frené mientras subía decidida y, agarrándola del pelo, la obligué de nuevo a pausarse: Sólo huele, zorra. Olfateó los huevos, la polla y el culo a centímetros de la cara hasta que le permití seguir..
Entonces, ocurrió algo sorprendente, casi siniestro, que nunca he podido olvidar, noté como la boca de la puta viuda se lanzaba a devorar mis cojones con tal voracidad y violencia, que por primera vez sentí algo parecido a una sensación de alarma.. Como una auténtica lapa la mamá succionaba mis dos huevos uno tras otro, como queriendo engullirlos, y así pasaba el tiempo, sin despegarse ni un milímetro, como si aquella zorra hambrienta hubiese encontrado allí su hogar, su destino, el refugio para su rostro y su dignidad, y pudiera vivir para siempre de la esencia que extrajera del sudor de mis de mis pelotas.
Por un momento que pareció eterno, de esos detalles que permanecen indelebles en la memoria, se me pasó por la cabeza que acababa de conocer a aquel animal succionador, que tenía mis cojones atrapados entre las fauces de la que podía ser una loca peligrosa.. Entonces, le dije que parara, y ante la falta de respuesta, de forma instintiva, apoyé la planta de un pie sobre su frente e hice presión hasta que aquellos labios y lengua, que habían hecho ventosa, se separaron de mis pelotas.
Abofeteé aquella cara babeante mientras le decía que parase cuando yo lo ordenaba..
-No le escuchaba, señor-
Era creíble. La dejé recuperar el control unos segundos y continuó chupándome la polla y comiéndome el culo como si fuese lo único que tuviera en la cabeza desde que contactamos, o posiblemente mucho antes.
Por aquel entonces no recuerdo que las comidas de culo estuvieran tan al día como hoy, al menos entre heteros. Ahora vas a un porno-tube y está plagado de gente lamiendo ojetes como si no hubiera un mañana, en parte porque el porno degradante ha ganado cada vez más adeptos y el personal, que es imitativo, se ha dado a ello como a una nueva moda.
La primera vez que me llamó la atención fue en la universidad, un compañero, adicto a las putas de pago, -si, en mi diccionario solo una minoría de putas son de pago- hablaba de lo bien que se lo hacía un zorrón: ‘Te deja nuevo’, me decía. Para él era algo puramente hedonístico, pero a mi me interesó mas después, dentro del mundillo BDSM, por su componente importante de humillación.
Sé que durante todo el proceso una voz gutural profiriendo obscenidades salía de mi de cuando en cuando diciéndole a mi animal la clase de puta que era y en lo que la iba a convertir, pero dudo que fuese nada muy coherente. De cuando en cuando la sujetaba del pelo para separar aquella cara brillante, ensalivada, esos labios que ya comenzaban a estar hinchados e irritados de tanto mamar, de mi culo y la miraba a los ojos.
Es en esas pausas, en los silencios, cuando se deja a la mente procesar aquello que está ocurriendo, donde radica la auténtica dominación y humillación.
Mientras la puta es usada, o castigada, llega un punto en que en cierto modo se evade de aquello que es, simplemente fluye, su cerebro instintivo o reptiliano domina su mente. Es un hermoso placer sádico transformar una mujer en simple hembra, en animal, hacerla perder todas las capas de protección de su educación, desnudarla de sus armas femeninas y transformarla en obediente animal… Pero lo es aún mas obligarla a aceptar aquello en lo que se está convirtiendo, a procesarlo, a admitirlo. Y eso ocurre en aquellas pausas… Y luego, mucho después, en sus camas en solitario cuando se masturban recordando su degradación.
“¿Que es lo que eres?”
-Su puta, señor
“Eres mi guarra comeculos, y te quiero lista cuando quiera venir para vaciar mis cojones,
entendido?”
-Si, señor, usted es mi Amo y hace lo que quiera conmigo
-“zorra!”
Un escupitajo en la cara y el animal es dirigido hacia mis sobacos, última escala en el ritual preliminar que le había descrito en mi email casi al pie de la letra.
Hice trabajar a la zorra obligándola a cabalgar sobre mi polla. Sus movimientos eran torpes, necesitó ser motivada constantemente con azotes en el culo y bofetones en la cara y tetas para mantener el ritmo. Sin embargo, los chillidos de la puta cuando mis huevos rebotaban en cada salto me proporcionaban un placer diferente y morboso que compensaba su torpeza e iban mas allá del puro placer físico. Era cierto lo de que la viuda era multiorgásmica, y hacerla correrse sin parar pasó a ser uno de mis objetivos sádicos. No quiero engañar a nadie, cuando después he reflexionado sobre cómo se corría esta zorra sin parar no he sentido un orgullo especial de macho alfa, o algo así, siempre estuve convencido de que cualquier neanderthal hubiera sido capaz de hacerla encadenar orgasmos una vez llegados a ese punto, el mérito estaba en todo el proceso anterior.. luego me di cuenta de que aquello era valido para prácticamente cualquier puta.
Hacía mucho tiempo que mi perra había desconectado totalmente su razonamiento y su voluntad.. Era como si todo lo anterior, que no comenzaba en aquella habitación, sino semanas antes desde el primer email, hubiese servido para programarla y aquellas corridas acompañadas de abundantes fluidos fueran la droga con la que suprimir todo vestigio de dignidad, pudor, y autocontrol.
Luego supe que todo aquello tenía explicaciones psicológicas e incluso químicas, pero no quisiera cortar el rollo a mis lectores con ellas..
Continuará…
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