Verano, deporte y testosterona 3ª parte.
Roberto exige justicia sexual: quiere vivir la misma experiencia que su esposa. El plan parece perfecto hasta que la posesividad de una de las invitadas cruza la línea de la cortesía y desata la furia de quien lo organizó.
-Bien espero de Ti, a pesar de tu error, fidelidad-dijo Roberto.
- Me perdonas entonces-exclamó Catalina.
-Estoy molesto con tu error-dijo Roberto-. Pero, pero, puedes subsanarlo…
-Que deseas sexo, eso no es problema-preguntó Catalina.
-No, deseo tener la misma experiencia que Tú-respondió Roberto-. Quiero organizar en algún lugar una orgía entre los cuatro.
-Amor, no sé si accederán Ellas-respondió Cata.
-No pasa nada, tú inténtalo, sino es con ellas dos, con una o buscamos alguien más que se sume a la fiesta-dijo Roberto.
-Hablas en serio amor, o te estás riendo de mí-preguntó Cata.
-No, no me río, tengo el mismo derecho que Tú, a disfrutar de dos mujeres igual que Tú, siempre que tu participes-Roberto-.No es lo justo, lo que te propongo-preguntó Roberto.
- Pues sí, sí que es justo, yo tomé la iniciativa, yo tengo que intentar arreglarlo, trato hecho-asintió Catalina.
- Supongo que el sí o el no, no será tan difícil conseguirlo para ti-preguntó Roberto.
El caso es que una semana después todos estaban de acuerdo en montarse un cuarteto. Roberto estaba haciendo las gestiones para o bien hacerlo en el apartamento de sus padres o pedir un bungalow prestado a un amigo en el sur de Gran Canaria.
El día señalado era un Domingo a las diez y media de la mañana, los primeros en llegar evidentemente los anfitriones casi a las diez, quince minutos más tarde llegó Esther y a las diez y treinta con total precisión como si se tratase de un reloj suizo llegó Cristina. Roberto le sirvió una copa a Cristina y ésta le pidió por favor que se sentase junto a Ella, así lo hizo y comenzaron a hablar por separado Roberto y Cristina y Cata con Esther, así estuvieron apenas quince minutos, cuando de repente Cristina tira manos al paquete de Roberto y le dice ésta: “Saca la polla de una vez, que yo, ya estoy caliente y Tú estás empalmado desde hace rato, se te nota en el bañador” Roberto se cortó un poco, pero lo cierto es que se bajó el bañador y el rabo reaccionó como un resorte, tomo su máxima expresión de manera inmediata, Cristina se puso a cuatro patas y comenzó a mamarle la verga con mucha suavidad. A Catalina se le notaba algo cabreada y celosa pero el juego ya Ella lo había aceptado y ya, lo único que quedaba era disfrutar.
Cata tampoco se cortó y empezó a morrearse con Esther, los gemidos continuos de Roberto llamaban la atención de todos, sobre todo de Cata. Esther se puso de rodillas y comenzó a dar suaves lengüetazos sobre la vulva de Cata, de vez en cuando le metía un par de dedos lo que producía muchísimo placer extra en Cata. Ésta se dio la vuelta y Esther le untó un poco de saliva en la puerta del culo para posteriormente meterle dos dedos, así fue, la calentura de Cata fue a más para desembocar en un brutal orgasmo.
Cristina le enfunda un condón a Roberto, se le monta encima y comienza una carrera loca como tal amazona, pareciese cabalgar hasta los confines del mundo. De vez en cuando empujaba la cabeza de Roberto para que le comiera los pezones, éste aguantaba como un valiente para no correrse, los temblores tras los gemidos de Cristina eran brutales, por un momento paró y disfrutó de tan grandísimo placer, descabalgó y comenzó a comerle la polla a Roberto con muchísima violencia sin quitarle el condón, cuando lo creyó oportuno, volvió a montarse encima, los gemidos se producían con más frecuencia, eran algo desconcertantes, se había corrido uno, dos, tres o cuatro, Roberto lo desconocía, lo que si es cierto es que se bajó y le dijo. “Métemela en el culo y da me fuerte”
Así lo hizo Roberto, bombeo con muchísima violencia, aguantaba la respiración para no correrse pero ya le era casi imposible. Sacó el nabo de aquel agujero, al tiempo que Cristina se dio la vuelta para que la regara con toda su leche, Cristiana la extendió por sus mamas y cara, tomaron descanso.
Mientras tanto Catalina comía los pezones de Esther y masajeaba la vulva de ésta, las dos se morreaban pero pronto Esther separó su boca y comenzó a gimotear, pocos segundos después los temblores y las convulsiones de Esther eran muy evidentes, sus ojos quedaron en blanco, segundos después de haberse corrido.
Cruzaban miradas todos, Cristina sostenía la flácida verga de Roberto, mientras Catalina tenía las manos sobre la rodilla de Esther. El crono se paró, nadie sabía bien como seguir o nadie quería lanzarse, Esther menos, ya se había dado cuenta del malestar de Cata, Cristina era algo egoísta y nadie incluso Catalina quería joder el invento, menos aun cuando todos estaban a gusto.
Después de unos pocos segundos Catalina se pone de rodillas y comienza a chupársela a Roberto, casi de inmediato la picha se puso dura. Cuando más a gusto estaba Catalina, Cristina le quita el rabo de su novio y se la comienza a menear, Cata se encochinó*.
- “Eres una egoísta de mierda”-respondió Catalina.
- “No te enfades mujer” con naturalidad -contestó Cristina-. Tú te lo comes cuando quieres, yo un rabo como éste, no me lo como a veces ni en meses”
Cata, no quiso joder la fiesta y los dejó a Ellos a lo suyo. Esther y Cata se colocaron en posición de sesenta y nueve y comenzaron a saborear los dulces manjares que manaban sus coños, estaban ambas muy, muy calientes, de hecho Cata se corrió después de unos pocos segundos, paró para disfrutar de aquel estratosférico momento. No hizo esperar mucho a Esther y continuó con una comida de coño realizada con una maestría brutal.
Cristina se había colocado a cuatro patas, Roberto le dio unos suaves lengüetazos al culo de ésta para clavársela, así lo hizo, de un arreón la polla se la clavó. Comenzó dándoles unas embestidas brutales y un par de nalgadas que hacían la delicias de ésta y que producían aún mayor placer en Roberto ya que cerraba sus dos nalgas y sus labios vaginales apretaban al órgano reproductor, produciendo un gustiridín extra. Así estuvo un buen rato Roberto ante la atenta mirada de Cata y Esther, de buenas a primeras le dijo Cristina:
-“Sácala-. Tanto placer me ha nublado la vista, estoy mareada, por favor, termina, o sácala”
Así lo hizo Roberto, se la sacó y la pringó nuevamente, Cristina quedó tirada sobre el sillón, estaba totalmente extasiada. Roberto se acercó a su novia para darle un beso, Catalina le apartó la cara, estaba furiosa y a la vez muy celosa por el comportamiento de Cristina y por la pasividad de Roberto.
Todo se fue calmando durante el asadero* de carne, al llegar la noche los cuerpos pedían más guerra, se colocaron como parejas Esther y Cristina y Catalina con su amado.
Estuvieron practicando sexo hasta que el cuerpo aguantó, los cuerpos quedaron tirados sobre los sillones, necesitaban descanso para continuar el día siguiente.
*Encochinarse: Palabra canaria que significa enfadarse de una manera muy extrema.
*Asadero: Palabra muy usada en Gran Canaria, El equivalente en la Península Ibérica es barbacoa.
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