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Dominaciónjul 2022

Políticamente incorrecto 3

Creía que podía jugar con ellos, demostrar que era dueña de su deseo. Pero el parque se vacía, la noche cae y la seguridad que irradiaba aquel hombre no era un juego. Ahora está desnuda, arrodillada, y la línea entre la vergüenza y el placer se ha borrado.

Wilmorgan12K vistas9.8· 9 votos
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Políticamente incorrecto

Capítulo 3

Sofía

No era capaz de asimilar como había llegado a esto. Para una única vez que me dejo llevar… Pensé que podía jugar con esos hombres. Que no pasaría nada. Que sería divertido ser como Natalia por una vez. Tontear con dos tíos guapos un rato y demostrar a mi novio que puedo tener al que quiera. Que debe dar gracias por estar con una mujer como yo. Una mujer empoderada que hace con los hombres lo que se le antoja. Pero me equivoqué. Ese hombre no era como otros. Irradia seguridad y fortaleza solo al contemplar su semblante. Eso mismo que me había llamado la atención de él, pero tonta de mí, no me di cuenta que era incompatible. No puedo jugar con un hombre dominante, él es experto en jugar con mujeres como yo.

Y ahora, por mi culpa, habíamos acabado así. Yo, desnuda y arrodillada en medio de aquel parque, con el tanga de mi compañera de trabajo balanceándose frente a mi rostro. Natalia a mi lado, igualmente arrodillada y desnuda, excepto por mi camiseta, que portaba sin servirle pues llevaba los pechos por fuera. Y Marcos… quien peor lo estaba pasando. Por intentar salvarnos del atolladero donde yo nos había metido, había acabado torturado por nosotras, las mismas que él quería ayudar. Y ahora estaba completa y ridículamente desnudo.

Me sentía muy culpable por haber seguido el juego a ese hombre. No tenía excusa. Me había gustado. Me excité a verle con esos aires de chulo. Pero no era eso lo peor. Estaba viendo a mi novio, desnudo y humillado, con la mínima expresión de su pene, como nunca antes lo había visto. Sabía que era culpa mía que estuviera así, que él solo quería alejarnos de esos hombres. Debía estar muriendo de vergüenza por ser humillado de tal manera delante de su novia y la amiga de esta. Lleno de rabia, al ver como esos hombres me habían tocado todo el cuerpo a su antojo delante de él, sin poder hacer nada. Enfadado conmigo por mi comportamiento hacia él. Y, aun así, sentía algo raro en mí. Supongo que serían los nervios por todo lo vivido… no lo puedo explicar. Era como si no me sintiera lo suficientemente mal. Como si una parte de mi tuviera curiosidad por qué más podía ocurrir esa noche. Creo que mi cabeza no daba para tantos sentimientos a la vez.

No me quedó otra cosa que hacer, que obedecer. Manteniendo mi pose sumisa, de rodillas con los talones en mis nalgas y las manos sobre mis muslos. Una pose, que sin habérmelo ordenado expresamente, era como si yo supiera que debía mantener para tenerle contento. Recogí con mi boca el tanga de mi amiga, sintiéndome sucia y humillada, pero con un hormigueo que no sabía si era ira, nervios o cualquier otra cosa.

Vi como con solo su mirada, mi novio se hizo atrás cobardemente. Una muestra más de la diferencia de un hombre a otro. Mi amado Marcos, un hombre guapo y fuerte del que estaba enamorada hasta la médula. No era ni la sombra de aquel hombre. Y su marcha entre nosotras, acariciándonos el pelo como si de sus perritas se tratase, no era más que la confirmación de ello.

Esa caricia era otra manera de humillarnos a los tres. O, mejor dicho, a las tres, como él mismo se había referido a nosotras. Eso éramos para ellos, unas zorras. Justo a lo que yo quería jugar al principio. A ser una zorra. Pero no tenía ni idea de la amplitud de ese término.

Con el tanga de Natalia aferrado por mis labios, continue con las instrucciones que él me había dado. Lo había dejado claro desde el principio. Le gustaban las zorras obedientes. Y lo había conseguido. Sin darme cuenta, mi mente había dejado de poner en duda sus palabras. Él hablaba y yo obedecía.

Por ello no pensé la razón por la que fui hacia mi novio a cuatro patas con el tanga de Natalia en mi boca. Solo lo hice, viendo como Marcos miraba estupefacto como dos mujeres desnudas se acercaban a él gateando. Natalia me había imitado, siguiendo sus órdenes. No sabía si la razón de que ella se comportara tan sumisa con ellos era el miedo o como yo, también sentía esa excitación extraña y pervertida.

Pero allí estábamos, las dos arrodilladas frente a mi novio desnudo. En otro momento para él seguramente sería un sueño tenerme así. Y más junto a una mujer como Natalia. Que por mucho que me cueste reconocerlo, es toda una belleza. Pero no era precisamente para hacerle una mamada a dos bocas. No… ni siquiera podríamos, aunque fuese esa nuestra intención. Aquella pena, como había dicho Natalia, no era suficiente para una lengua, menos para dos. En cambio, íbamos a hacer algo que lo convertiría en una zorra más.

Y lo hicimos. Como si me leyera la mente, Natalia aferró el otro extremo del tanga con su boca. No podíamos hablar, pero no lo necesitábamos. Cada una de un extremo del elástico, estiramos la prenda y nos agachamos hacia los pies de mi novio. Notaba como el aire recorría mi ano y mi sexo. Lo que dejaba claro que estaba ofreciéndoles una visión total a Jacob y su amigo de lo más íntimo de mi cuerpo. Mientras, mi novio metía un pie y luego el otro, ayudándonos a vestirle con el tanga rosa de mi amiga.

Cada una a un lado de las piernas de Marcos, tiramos con nuestros dientes del elástico, subiendo la diminuta prenda. Es cierto que me sentía mal. Estaba ayudando a vestir a mi novio con el tanga de mi amiga. Si mi imaginación hubiera sido capaz alguna vez de pensar esto, seguro que me vería a mí misma llorando y suplicando. Pero no… me daba pena mi novio. Me sentía denigrada por estar completamente desnuda en medio de la calle… pero… no había lagrimas…

Cuando llegamos a las caderas de Marcos, soltamos el tanga. Entonces pude ver cómo le quedaba. Era patético. La prenda era muy pequeña y, aun así, le tapaba todo… De verdad que nunca había visto su miembro tan minúsculo. No es que tuviera un pollón, pero algo normal. Nunca había tenido quejas. No diré que nunca había fantaseado con una verga de película. Pero no porque necesitase más por su parte. Pero ahora… me sería difícil volver a verlo como un hombre viril.

Me sorprendí a mí misma pensando esto. Desechando a mi novio como hombre, cuando la culpa de que estuviera así era mía. Si yo no hubiera jugado con ellos… Si Marcos no hubiera tenido que plantarles cara… No tendría a mi novio convertido en un perdedor.

- ¡Pero por favor! ¡Que sexy! Te queda perfecto el tanguita, Marcos. – escuché a Jacob desde el banco.

- Y aún no hemos terminado. – dijo su amigo.

De repente sentí su mano en mi cabeza de nuevo. Acariciaba mi cabello como si fuera su mascota. De rodillas y desnuda, siendo acariciada por otro hombre delante de mi novio. No sé si llegaría a ser peor que llevar puesto el tanga de una mujer delante de todos. Pero a bien seguro, verme a los pies de ese hombre debía hundir a mi pobre novio.

No me atrevía a mirar a Marcos a los ojos. En cambio, los míos no se apartaban del tanga de Natalia tapando su cosita. Estaba hipnotizada, mientras me dejaba acariciar por aquel hombre, no podía levantar la mirada más allá de esa parte. Era lo menos erótico que podáis imaginar, pero a la vez, me hacía sentir una rara excitación. Mezcla de vergüenza ajena. Quizás celos porque llevase el tanga de mi amiga. Y no sé la razón, pero notaba calor entre mis muslos en medio de la brisa fresca de la noche.

- Pónselo. – me dijo, descolgando desde su mano mi sujetador.

Lo mínimo hubiera sido dudar. Sorprenderme por la orden y vacilar al menos. Pero no. Obedecí. Con mis manos cogí el sujetador y me puse en pie para terminar de feminizar a mi novio. Al levantarme, mis pechos rozaron la piel de Marcos. Estoy casi segura que lo hice sin querer, pero no lo sé. Comprobé lo erizados que estaban mis pezones al frotarse contra la piel de un hombre. Aunque me costase denominarlo así, pues también acaricié la suave tela del tanga con mi pecho izquierdo. Era una tormenta de sensaciones y sentimientos que no me permitían aclarar lo que mi mente y mi cuerpo estaban viviendo.

Mientras mi cerebro trataba de poner en orden todo esto, yo seguía con mi tarea. Marcos, sin un ápice de resistencia, me ayudó a ponerse mi sujetador. Tuve que estirar al máximo los tirantes para que llegase a cerrar a su espalda. Cosa que hice desde el frente, pegándome a él, juntando mis pechos a los suyos. Los mismos que ahora estaban cubiertos por el encaje blanco de mi sujetador. Me aparté al concluir, pues sabía que ahora tocaban las burlas. No se hicieron esperar. Riendo a carcajadas, piropeando y silbando como si de una mujer se tratase.

- ¡Falta un detalle! – dijo Jacob, saltando por detrás del banco.

El musculoso negro se adentró entre las sombras de los pinos, donde la luz de la luna no clareaba nada. Tardó un par de minutos, teniéndonos expectantes a los cuatro. Lo primero que vi fue su sonrisa. Señal inequívoca de que sería algo malo para mi novio.

Volvió a saltar por encima del banco y fue directo hacia nosotros. Traía las manos escondidas tras su espalda, hasta que estuvo frente a Marcos. Entonces descubrió sus manos con sendas piñas en ellas. Entre risas puso una en cada copa del sujetador, dándole el relleno que le faltaba.

- No ibas a ser la única zorra sin tetas. – reía Jacob mientras tocaba las tetas falsas de mi novio.

- ¡Es perfecto! Ahora sí que eres toda una mujer Marquitos. – decía su amigo.

- Marcos la tetas duras. Puede ser tu nombre profesional. – se burlaba Jacob.

- Marcos… no. Mejor lo dejamos solo en Mar. Ya es una mujer, sería una falta de respeto tratarle como un hombre. – añadió él.

- Me parece genial. ¡Mar! ¿Que os parece chicas? ¿Os gusta el nombre de Mar?

- Si señor. – dijimos tanto Natalia como yo.

- ¿Y tú no contestas? Os he preguntado a todas. – le dijo a mi novio.

- Si… señor. – contestó él, casi sin voz.

- No, no, no. Tienes que hablar con la voz más aguda, no más bajito. Prueba otra vez. – dijo él, calmadamente como un maestro a un alumno.

- Si, señor. – dijo Marcos, algo más alto y patéticamente más agudo.

Las risas no cesaban. Al igual que no lo hacían las manos de Jacob sobre el sujetador que portaba mi novio. Se reía y magreaba humillándole. Haciéndole pasar por una zorra, como había hecho con nosotras antes. Nos animaban a reírnos. Natalia no tardó en hacerlo, primero con vergüenza, después no tanta. Debía obedecer. Y la risa es algo contagioso. Pronto estuvimos los cuatro riéndonos mientras mi novio era sobado por el negro.

- ¿Te gusta, Mar? ¿Te gusta cómo te las toco?- le decía Jacob.

- Contesta zorra. ¿Te pone cachonda que te toque las tetas?- insistió.

- Sí, señor. – contestó avergonzado y poniendo voz de mujer.

- Sí señor ¿qué? – dijo amenazante, apretando las piñas contra el pecho de mi novio.

- Si, señor. Me pone cachonda que me toque las tetas. – contestó, haciendo que las risas estallaran.

- A ver ese culito…- continuó Jacob, llevando sus manos al trasero de Marcos.

- No está mal… aunque me gusta más el de tu novia. Al menos el tuyo será virgen… Me encanta desvirgar culitos.

Estuve a punto de decir que mi culo también era virgen. No entendía cuál era la razón para dar ese dato. ¿Quizás quitar la atención de los hombres sobre Marcos? ¿Para evitarle más humillaciones? Sí, esa era la razón más digna. Porque si seguía pensando, podría llegar a la conclusión de que estaba celosa de los manoseos de aquel hombre a mi novio. De que no me hicieran caso a pesar de estar completamente desnuda y prefieran humillar a mi novio que jugar conmigo. No, eso no podía ser. Solo quería ayudar a Mar… a Marcos.

- Anda Natalia, ¿por qué no miras si a Mar le está gustando la idea? Seguro que ya ha mojado tu tanga. – ordenó él.

Jacob se puso detrás de Marcos, dejando así sitio a Natalia que poniéndose en pie fue a cumplir con la orden. Yo me mantuve inmóvil viendo como mi compañera de trabajo llevaba su mano a la entrepierna de mi novio. Era una situación inverosímil. Sabía que lo estaba haciendo bajo coacción. Pero eso no tranquilizaba mis celos. Estaba tocando lo que era mío. Ya no me importaba la humillación que Marcos estaba pasando. Ni siquiera que tuviera a un negro de dos metros detrás de él, agarrándolo de la cintura, amenazando con desvirgar su culo. En ese momento me sentía yo la agraviada, viendo como otra mujer manoseaba el paquete a mi novio. Por mucho que llevase su tanga puesto.

- ¿Y bien? ¿Se le pone dura o se moja?- preguntó él.

- Dura… no se le pone. Ni con mis caricias se le pone dura. Pero si parece mojado… - dijo Natalia, pausadamente mientras toqueteaba la polla flácida de mi novio.

La declaración de Natalia no podía ser más demoledora para Marcos. Ni con una mujer acariciándole reaccionaba su miembro. En cambio, para mí, aquellas palabras me aliviaron. Al menos Marcos mantenía su polla dormida a pesar de las caricias de ella. Me siento mal al confesarlo, pero debo ser sincera. Me produjo placer saber que Natalia no podía poner tiesa su colita, aunque aquello hundiera más en la miseria a mi pobre novio.

- Claro nena. Las zorritas os mojáis. Y Mar es una zorrita. Está deseando que estrene su culito. - dijo Jacob, comenzando a frotarse con Marcos.

Ver a ese negro imponente frotar su verga contra las nalgas desnudas de mi novio era mejor que ver a Natalia magrearle la polla. Sentía pena por Marcos. ¿ Y si de verdad le iba a violar? Solo por el bulto que pude ver en sus pantalones, Jacob debía tener un misil entre las piernas. Mi mente imaginó la escena de cómo sería aquel falo negro. Lo largo y grueso que debería ser. Y dudo mucho que lo hiciese con cariño. Ese hombre no tenía pinta de ser de los que hacen el amor despacio y con sentimiento. Debía ser una locomotora sin control, sin contemplaciones para lo que, para él, solo era un agujero para su placer. Le destrozaría. Eso fue lo que me hizo hablar.

- Señor, mi culito también es virgen. – le dije a él. Mientras su amigo seguía frotándose con mi novio.

Habrá quien piense que esa no fue la razón. Que tendría que reconocer que ver como aquel impresionante negro frotaba su pollón con el culito desnudo de Marcos, mientras mi amiga continuaba acariciando la polla flácida escondida tras el tanga, era demasiado para mí. Que quizás me moría de celos. Que quería protagonismo. O simplemente, que estaba cachonda como una perra. Cada cual que tome la versión que más le guste.

- El mío también. – dijo rápidamente Natalia.

- Vaya, vaya… las perritas se pelean por unos buenos pollazos. – dijo Jacob, soltando las caderas de Marcos.

Puede que yo no tenga claro lo que quería en ese momento. Pero Natalia… esa sí que era una zorra. Yo lo hacía por salvar a mi novio de una violación. ¿Pero ella? ¿Por no dejarme sola? ¿Quizás era su manera de apoyar a una amiga? ¿De verdad estaba de mi lado? Si seguía toqueteando a mi novio mientras decía eso…

- Tienen razón, Jacob. Tenemos tres putitas. No nos centremos en la más fea. – dijo él.

Jacob dejó a mi novio y fue directo a por Natalia. Como un auténtico animal, cogió a mi amiga y la colgó en su hombro como si de un saco se tratase. Mientras magreaba su culo obscenamente, se fue de nuevo hacia el banco. Nosotros les seguimos por indicación de su amigo.

- Venga chicas. De rodillas. – Nos dijo soltando a Natalia en el suelo.

- Vamos, bajarme los pantalones zorritas. – ordenó Jacob.

Natalia y yo obedecimos, tirando ambas de sus pantalones descubriendo un bulto considerable bajo su ropa interior blanca. No pude evitarlo. Sabía que ese cerdo posiblemente nos violaría a las tres. Pero deseaba ver lo que escondía bajo esa tela. Llevé mis manos para descubrirlo y me encontré con las de Natalia. Mi amiga parecía igual de curiosa que yo.

- Compartir zorritas. Ahora le toca a Mar.

Frustración. Básicamente se puede resumir con esa palabra. Aquel cabrón prefería que fuese mi novio travestido quien le bajase los calzoncillos antes que yo. Sin darme cuenta, comencé a ver a Marcos como una rival.

Marcos se puso entre Natalia y yo para hacerlo. Si antes se había comportado sumiso, desde que estaba desnudo no tenía ni un destello de voluntad. No puedo saber que pasaba por su mente, si es que aun funcionaba. Solo podía ver cómo iba a descubrir la verga negra que amenazaba con follarle el culo.

Jacob se colocó bien cerca de él. Prácticamente tenía su paquete en la cara de mi novio. Este no hizo intención de apartarse, ya no era él. Le habían convertido en otra cosa. Marcos bajó lentamente, como antes nosotras hicimos con él. Pero en este caso, los centímetros aparecían uno tras otro, pareciendo que nunca veríamos el final de aquel monstruo de chocolate.

Cuando por fin llegó al glande, está saltó dando un bote al liberarse del elástico que lo atrapaba. Tan sorpresa fue para mí, al verla, como lo fue para Marcos cuando le golpeo en la mejilla. Jacob reía al ver nuestras caras. No sabía si tenía más abiertos los ojos o la boca. Solo estaba morcillona y ya era más grande que la de Marcos en erección.

- No seas ansiosa Mar. Se que la deseas. Pero esta polla merece divertirse con unas tetas de su categoría. – dijo Jacob, mientras pasaba su miembro por mi sujetador burlándose.

Con su mano apuntó su lanza de ébano hacia Natalia, señalando su objetivo. Quien ocupó el lugar de mi novio frente a él. No tardó en meterla entre los pechos de mi amiga. Aún sin estar erecta, la punta sobresalía por su canalillo. Ella apretó las tetas con sus manos y comenzó a pajearle moviendo sus pechos.

Marcos y yo mirábamos de cerca como Natalia le realizaba una cubana perfecta, que seguro no sería la primera que hacía. Volví a sentirme menospreciada. Primero mi novio y ahora mi compañera. Siempre era relegada a un segundo plano. Debía estar contenta de no tener que tocar al hombre que nos estaba agrediendo sexualmente. Debía… pero mi mente estaba divagando en cuanto más podría crecer y ensancharse aquella cosa.

Después de menos de un minuto, el glande de Jacob ya llegaba a la barbilla de Natalia. No podría decirlo exacto, pero bastante más de 20 centímetros seguro. Pero es que su anchura no era menos importante. Si casi sería el doble de larga que la de un hombre normal como Marcos, de gorda era mucho más. Si Natalia bajaba la cabeza podía chuparla. Pero no estaba segura si le entraría tan siquiera la punta en la boca.

Boca que, por cierto, ya tenía semi abierta. Podía ver como salivaba. Pero no era para menos. Tengo que reconocer que quería estar en su lugar. Repudiaba todo esto. Que dos hombres nos tratasen como un objeto. Que fuéramos un trozo de carne sin derecho a opinar. Eran unos violadores. Unos putos machistas que se pensaban que podían hacer con las mujeres lo que quisieran por su mayor fuerza física. Aunque no la hubieran usado con nosotras. Aunque no nos hubieran amenazado ni a Natalia ni a mí. Nos estaban obligando con sus actos. Les odiaba a muerte. Pero deseaba tener ese pollón en mis tetas y saborearlo con mi lengua.

No había explicación lógica para lo que me estaba ocurriendo. Estaba siendo víctima del acto más deplorable que una mujer puede sufrir. Y yo sufría por no vivirlo en mi piel.

- ¿Qué os parece si le damos una última oportunidad a Marcos y vemos si su pollita es capaz de ponerse dura? Así la comparamos con la de Jacob- dijo él.

- ¿Has traído la lupa? – se burló Jacob.

- Vamos Mar, levanta. Que tu novia te va a hacer una cubana. La última que te hará posiblemente. – dijo él.

Marcos se puso al lado de Jacob y yo de rodillas frente a él. Era una imagen lamentable. Jacob, dos metros de musculo, con una polla descomunal siendo pajeada por los pechos de Natalia. Y mi novio, con sujetador y tanga, frente a mí… Me sentía humillada. Natalia con semejante adonis y yo… con Mar…

Me instaron a comenzar. Bajé el tanga a mi novio y me encontré un caracol con dos huevos. Cuando tenía a mi amiga sentada en su cara la tenía bien dura y ahora que me tenía de rodillas tocándosela… nada. Con dos dedos comencé a pajearle intentando resucitar lo que parecía muerto.

- ¿Así es como le haces pajas a tu novio? ¿con dos dedos? Qué vergüenza de hombre. – dijo él.

No sabría decir a quien atacaban más las risas de esos cerdos. Viendo a Marcos así, yo diría que él no podía sufrir más vergüenza. En cambio, era yo, su novia, quien sentía una profunda decepción con él y conmigo misma. Estaba masturbando a mi novio delante de mi compañera de trabajo, con dos dedos. Y ni así lograba que se pusiera erecta. ¿Qué pensaría Natalia de mí, si mi novio tenia una mini picha y yo no era capaz de hacerla funcionar?

- Venga, con las tetas. Quiero ver qué tal se te da, por si me apetece probarlas. – dijo él.

Era absurdo. Ni siquiera podría ponerla entre mis pechos. Pero lo intenté. Alguna vez había tenido su pene entre mis pechos, aunque nunca le había masturbado de esa manera. Imité lo que Natalia hacía con Jacob. Pero la comparación era odiosa. Ella, con sus tetas grandes y duras, subiendo y bajando por aquel tronco marrón. Y yo, con mis pechos intentando agarrar aquella colita, sin ningún éxito. Veía como la polla de Jacob chocaba contra los labios de Natalia, para volver rápidamente hacia atrás, dejándola con ganas de saborearla. Para mí eso era imposible. Poco más que magrearle las tetas entre su cosita y sus huevos, con la esperanza de que creciese algo.

Quizás las patadas le habían hecho más daño de lo que pensaba. Miré a Marcos a la cara. Necesitaba saber porque no funcionaba. Y le descubrí mirando hacia Natalia con los ojos clavados en sus pechos. Fue la gota que colmó el vaso. Yo allí, desnuda de rodillas en la tierra de aquel parque. Volviéndome loca para ponerle duro el pito con mis tetas. Y él, mirando como a mi compañera le follan las tetas un negro. Lo dejé por imposible, apartando mis pechos de él, frustrada y rendida. Entonces vi como tenía el prepucio manchado de líquido preseminal. Era cierto lo que dijo Natalia, estaba mojado. No era capaz de tener una erección, pero si casi de correrse sin ella. Y todo mirando a mi compañera.

- ¿Qué pasa? ¿No sabes hacerlo, Sofia?- me preguntó él.

- Si, claro que sé. Pero con una polla de verdad. Esta no funciona. – le contesté, indignada con Marcos.

- Bueno… Parece que no le quita ojo a las tetas de tu amiga. O quizás es a la polla de mi amigo… Mejor déjalo, ayuda a Natalia que es mucho trabajo para una zorra sola.

Había atacado a mi novio cruelmente, pero al menos había servido para abandonar su inservible pene y probar aquel increíble falo. O eso creía yo. Él me ordenó colocarme detrás de Natalia y ser yo quien apretase sus tetas contra el pene de Jacob. Según él, así las dos colaboraríamos en la cubana. Y Natalia tendría las manos libres para otras cosas.

No entendía la razón por la que siempre me tocaba la peor parte a mí. Podríamos turnarnos para atender a Jacob. O pajearle yo con mis tetas a él. Pero no, tenía que estar detrás de Natalia, sujetándole las tetas para que aquel negro enorme se las follase tranquilamente.

Debía sentirme agradecida por no ser la protagonista de aquella agresión. Eso me decía mi cabeza, pero más abajo la opinión era otra. Tanto variaba mi percepción de aquello, que el roce de la suave piel de Natalia y los empujones del bruto de Jacob, me estaban empezando a excitar.

Jacob ordenó a Natalia que le tocara con sus manos ya que estaban libres. Y como siempre, obedeció. Comenzó a acariciar su pecho, primero por encima de la camiseta. Hasta que este levantó su ropa para dejar su musculado torso al descubierto. Yo no quitaba ojo de la escena, viendo a aquel hermoso negro junto a mi novio vestido de mujer.

Las manos de Natalia bajaban por su pecho hacia su abdomen, haciéndome sufrir por no poder palpar aquella tableta de chocolate negro. Siguieron bajando hacia sus huevos kínder, que debían ser el formato XL de la marca. Jacob se afanaba en follarse las tetas de Natalia, mientras esta acariciaba con mimo sus cojones, como queriendo despertar a sus habitantes para que salieran hacia nosotras.

Sin darme cuenta, mis manos comenzaron a acariciar y apretar los pechos de mi amiga con fuerza. Jamás me había sentido atraída por una mujer. Y seguramente no era eso lo que me ocurría. Solo la escena porno que estaba viviendo con aquel mandingo superdotado era la causante de mi indeseada excitación. El caso es que ya estaba acariciando los pezones de Natalia, sintiendo su dureza con las yemas de mis dedos.

Poco a poco mi pecho pasó de rozarse a fundirse con la espalda de mi compañera. Ella debía notar mis pezones también. Y ese pensamiento me calentó aún más. Por una parte, deseaba tener una mano libre para llevarla a mi entrepierna, pero por otra no quería soltar las tetazas de mi amiga.

No puedo decir en qué momento comencé, pero me sorprendí a mí misma frotándome con el culo de Natalia. Notaba mi humedad y buscaba desesperada como aliviar mi frustración con lo que fuese. Y las suaves nalgas de mi compañera me estaban dando un placer indescriptible.

Me sentía humillada y vejada. Ya no por ellos, sino por mí. Mi cuerpo me traicionaba y me hacía hacer algo que me repugnaba. Estaba frotándome con otra mujer, además sin su consentimiento. Mientras ella era obligada a masajear los testículos de un hombre e intentaba sin éxito, llevarse su enorme falo a la boca. Me estaba aprovechando de su indefensión. Me daba asco a mí misma, quería parar todo aquello. Pero sentía mucho placer frotando mi coño como una perra contra su culo.

Por un instante me vino a la mente si Natalia se daría cuenta de lo que estaba haciendo. Una vergüenza enorme me inundó. Me sentía sucia, una guarra sin moral. Estaba aprovechándome de mi amiga en el peor momento de su vida. Y mi libido no dejaba de aumentar al darme cuenta de lo pervertida que podía llegar a ser.

- Que escena más bonita las dos ahí juntitas. ¿Te gustan las tetas de tu amiga, Sofí?

No me atrevía a contestar. Él, que nos miraba tranquilamente sin pensamiento de intervenir, mientras su amigo Jacob disfrutaba de los pechos de Natalia. Me asombraba su autocontrol. Podía hacernos lo que quisiera y en cambio se mantenía al margen. Seguramente planeando la siguiente jugada. El negro me ponía muy cachonda por su físico, pero su amigo, no solo era atractivo. Tenía una mente pervertida y morbosa. Me tenía cautivada no saber que sería lo siguiente. No me atreví a contestar con palabras, lo hice con hechos. Apretando con fuerza las duras tetas de mi compañera y redoblando los movimientos de mi pubis sobre su trasero.

- Supongo que eso es un sí. Parece que tu novio no es el único al que le pone Natalia.

Por más que me molestase reconocerlo, era así. A Marcos le ponía mi compañera. Puto cerdo salido. Yo sabía que a mi no. Me estaba calentando la situación. Tener la polla más grande que había visto nunca tan cerca. No saber que más podría vivir esa noche. Pero no era por Natalia. No era lesbiana. No me gustaban las mujeres. Aunque buscase desesperadamente frotar mi clítoris en el culo de una. No me gustaba. No estaba bien. Solo estaba cachonda.

- ¡Cómele el cuello a la tetona! – Gritó Jacob.

No dude. No podía hacerlo. Tenía que obedecerles para que no nos hicieran nada. ¿verdad? Lo hice al segundo. Sin dejar mi movimiento, llevé mis labios al cuello de mi amiga y comencé a besar suavemente. Si ya estaba excitada, ahora sentía que me iba a derretir. Por primera vez dejé de mirar la verga de Jacob y cerré los ojos. Los besos pasaron a suaves lamidas. Las fui intercalando con profundos besos bien húmedos. Me pareció notar como Natalia sacaba su culo, como buscando mi roce. No dejé escapar la oportunidad. Notaba mi clítoris super hinchado. Comencé a jadear. No quería hacerlo, pero no podía evitarlo.

Me iba a ir. Las embestidas de aquel rabo negro en las tetas que yo sujetaba. Mi lengua recorriendo su cuello, ya brillante por mi saliva. Y mi coñito, tan mojado que notaba como resbalaba por sus suaves glúteos. Iba a tener un orgasmo delante de todos. Me iba a correr frotándome con el culo de mi compañera de trabajo…

En ese momento, Natalia dio un respingo de sorpresa. Me asusté y paré. Abrí los ojos en el momento justo para ver como aquel monstruo de un solo ojo disparaba desde el escote de mi amiga hacia su cara. No lo pensé. Solo un acto reflejo me hizo apretar bien fuerte las calientes tetas de Natalia contra aquella polla palpitante y moverlas de arriba abajo con todas mis fuerzas. Seguramente tan fuerte que le haría daño a mi amiga, me daba igual. Era como si un instinto animal me obligase a proporcionar todo el placer posible a aquel macho que nos iba a bendecir con su esperma. Y así fue. Después del primer disparo, llego un jadeo rudo y grave enunciando un segundo, más cuantioso si cabe. Fue directo a la carita de mi amiga. Mi paja con sus pechos continuó, exprimiendo un tercero y un cuarto, llegando a salpicar mi propia mejilla. Natalia estaba cubierta, tanto cara como pechos, podía ver como goteaba desde su barbilla hacia sus senos. Nos había bañado a las dos con su poderosa verga negra.

Su ronco grito animal fue descendiendo. Y yo acompasé mis movimientos a sus necesidades. Nunca me había sentido tan complaciente. Me había enfadado más de una vez con Marcos por no avisar al correrse. Y en cambio, este negro se había corrido en nuestras caras y mi única preocupación era procurarle el mayor placer posible.

Ni siquiera pensé en el mío. Tenía mi orgasmo en puertas. Podía sentir como iba a escapar. Y en cambio, había dejado de frotarme para centrarme en su corrida. Me sentía cachonda y frustrada. Notaba como palpitaba mi coño. Pero fui feliz al ver a Jacob tener su orgasmo. Aun cuando yo moría por el mío.

- Habéis quedado preciosas. Esto se merece inmortalizarlo. – dijo su amigo, apuntándonos con un móvil.

- Espera, espera. Que el autor debe firmar su obra. – interrumpió Jacob.

Sosteniendo su venosa extremidad con su mano derecha, como si de una pluma se tratase, pasó el capullo de su polla por nuestras caritas que aún permanecían juntas. Ni siquiera había soltado los pechos de mi compañera. Ambas dejamos que aquel enorme hombre nos firmase la cara con su semen. Y de paso, se limpiase en nosotras. Jamás nadie me había usado tan vulgarmente. Y tal era mi excitación, que me estaba gustando.

El flash empezó a iluminarnos desde que su pene se acercó a nosotras, hasta después de firmada su obra de arte. Sabía lo que eso conllevaba. Tendría fotos mías desnuda y con la cara cubierta de semen. Me daba miedo donde podrían acabar esas fotos. Todo era una locura.

- ¡Sonreír!

Y nosotras sonreímos para la foto.

- ¡Decir lefazo!

- ¡Lefazo! – al unisonó lo dijimos.

- Ahora un besito.

Mire a mi amiga. Después de todo lo que habíamos pasado, un beso… era una tontería. Me sonrió, dándome su aprobación y nos besamos. Noté entonces el sabor de la corrida de Jacob en sus labios. Su cara estaba cubierta, era normal que su boca también. Quizás un besito era solo eso. Un piquito en los labios y ya. Y creo que esa era mi intención. Pero debió ser Natalia quien me instó a continuar. Pasando de saborear sus labios a su lengua. Oliendo el semen de su cara y manchando la mía con ello. Diría que la noche se iluminó al probar sus labios, pero no era más que el flash del móvil, seguramente grabándonos en video.

- Ahora, limpiaros. La una a la otra. No podéis ir así de guarras. – dijo él.

Por un momento dude. No tenia nada con lo que limpiar la cara de Natalia. Nuestros bolsos habían quedado en el banco, bajo su poder. Fue mi compañera quien dio el primer paso aclarándome lo que quería aquel pervertido. O, mejor dicho, el primer lengüetazo. Quedé paralizada mientras lamía mi cara limpiando los restos de semen de Jacob. Notaba sus pezones clavándose en mis pechos. Casi jugando con los míos a una batalla por ver quien los tenía más erectos. Su lengua pasaba suavemente por mi mejilla para volver a su boca, saboreando lo que había recogido para volver a mi barbilla a por más. Eran pequeñas lamidas, suaves, casi con cariño. Como un animal limpiando a otro.

Eso es lo que éramos. Dos animales. Dos perras, o dos zorras, al antojo de aquel hombre. Sí, el hombre que me había hecho comportarme como una niñata, fue quien orquestó todo. Era un sinfín de ideas, todas depravadas y humillantes. Jacob me había excitado muchísimo. Era un hombre fuerte y guapo, con una herramienta como la que jamás había visto. Pero había sido él, el hombre sin nombre, quien de verdad tenia mi mente en coma. Estaba haciendo cosas que jamás hubiera imaginado. Y mucho menos permitido. Y me ponía cachonda con todas ellas.

Natalia terminó y fue mi turno. En mi cabeza daban vueltas las palabras: asco, venérea, degradación, orgullo… pero mi cuerpo no tenia en cuenta sus preocupaciones. Mientras mi conciencia de mujer sabía que aquello era una violación y una humillación total a todo lo que yo aprobaba. Mis muslos ya eran un mar de flujos y mis pezones querían atravesar la piel de los pechos de mi amiga. Llena de asco, pero desbordada de morbo, llevé mi lengua a su cara y recogí todo lo que pude de su mejilla con una larga lamida de abajo arriba.

Al llevar aquello dentro de mi boca, dejé de pensar. Disfruté del sabor amargo que aquel negrazo nos había regalado. Mis manos fueron a las caderas de Natalia y volví a por más. Comencé a lamer poco a poco toda su cara, hasta que llegué a sus labios. Sin quererlo, acabe besando de nuevo a mi compañera. ¡No me gustan las mujeres! Gritaba mi cabeza. Pero mi lengua estaba jugando con la suya mientras nuestros pechos se apretaban obscenamente entre ellos.

- Esto es increíble. – dijo Jacob.

- Pues sí. Tenemos un material estupendo aquí. – dijo él.

Dejamos de besarnos y vi como seguían grabándonos. Ni siquiera la luz del móvil me había hecho recordar que todo aquello estaba siendo filmado. Un golpe de realidad me trajo de vuelta. Solté las caderas de mi compañera y miré avergonzada a mi novio. Bajo el tanga, su polla estaba completamente erecta. Lo que no había conseguido yo con mis tetas, lo hizo el ver a su novia llena de semen de otro hombre. No fui la única que se percató de esto.

- Vaya, vaya. Parece que te gusta que se corran encima de tu chica. Eres un pervertido. Te pone cachondo una buena polla, igual que a ella. – dijo Jacob.

- No seas duro con Mar. Es normal que este cachonda viendo como su novia disfruta y ella no. ¿ Te gustaría correrte a ti también, Mar? – le dijo su amigo a mi novio.

- Si, señor. Mucho. Me encantaría. – dijo Marcos, fingiendo patéticamente voz de mujer.

- La verdad es que a mi también me apetece disfrutar. Y se me ocurre algo para hacerlo más interesante. Aunque necesitaremos la ayuda de tu novia. Solo si ella quiere, claro. Si no le apetece y quiere acabar esto aquí… puede hacerlo. ¿Qué dices Sophie?

Esa frase era como un arma de doble filo. Mi lado sensato y racional me alertaba de que sería la victima de más abusos. Lo otro… aquello que no sabía cómo llamar, calentaba mis mejillas, endurecía mis pezones y mojaba mis muslos. Mi cuerpo estaba fuera de control. Me estaba traicionando a mí misma. Y no sabía qué hacer para detenerlo.

Aquel hombre me intrigaba y excitaba a partes iguales. Era el momento de confiar en su palabra y terminar con toda aquella locura. Me estaba dando a elegir. Y si era la mitad de hombre de lo que alardeaba, cumpliría lo que había dicho. De una pondría fin a aquello.

Aunque mi cuerpo quisiera más. Aunque desease hacerle disfrutar a él. Tenía la oportunidad y el deber de zanjar todas las humillaciones por las que estábamos pasando las tres. No iba a ser cómplice en una nueva degradación de mi novio ni una agresión sexual más hacia nosotras.

- Sí, señor. Lo que usted quiera. – contesté.

- No me equivocaba contigo pequeña.

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