HIPNOTIZADA. Capítulo 11
El silencio de la oficina se rompe con el sonido de la piel y el jadeo contenido. Anna sabe que ha cruzado una línea, pero no imagina que el castigo de su Ama será la llave para abrir una puerta que llevaba años cerrada.
Me acerqué despacio al escritorio sin dejar de mirar al suelo y sin dejar de unir los dedos índices entre sí. Me subí la falda y me bajé el tanga hasta los tobillos.
-Abre las piernas Anna.
Abrí las piernas dejando ver mi sexo y esperé el primer azote el cual vino después de una breve caricia en mi nalga izquierda. Sorprendentemente no fue para nada fuerte ni doloroso como esperaba. Después de ese vinieron otros más como ese y siguió subiendo la intensidad a medida que avanzaba. Notaba como el calor se centraba en esa zona y como su mano acariciaba una y otra vez la zona antes de azotarla. Paulatinamente, mi excitación comenzó a subir y mi sexo comenzaba a palpitar porque la señora Alisson acercaba sus dedos a él cada vez que me acariciaba.
Entonces una de esas veces bajó hasta mi coño y lo tocó con delicadeza masajeando suavemente mi clítoris mientras ponía su otra mano en mi espalda y sacaba de mi un pequeño gemido que yo no quería que saliera. Maldito cuerpo traicionero.
Sin darme cuenta, cada vez iba abriendo más mis piernas y sacando más mi culo hacia afuera como si con eso le estuviera pidiendo que me penetrara, mi cuerpo hablaba por sí solo.
La señora Alisson dejó de masajear mi clítoris y deslizó su dedo hasta la entrada de mi orificio, dio unos pequeños círculos antes de entrar y sin ton ni son entró de una vez provocando que volviera a gemir de placer.
-Estás muy mojada perrita, ¿tanto te ha gustado que te azote? -Preguntó mi Ama metiendo y sacando su dedo de mi coño sin pausa y despacio.
-Si, mi Ama, me ha gustado… mucho… -Dije con vergüenza mordiéndome el labio inferior.
-Muy bien, eso quiero, que te guste. -Dijo en tono de burla.
Mi Ama siguió follándome el coño un rato más, cada vez más rápido y cuando menos me lo esperé, empezó a meterme otro dedo que al principio me dolió un poco pero me adapté pronto y fue muy placentero. Se sentía muy bien tener dos dedos dentro y notar como salían enteros y volvían a entrar de golpe. Mi cuerpo desprendía mucho calor de la excitación, yo estaba al límite y mis gemidos fueron en aumento a consecuencia de que estaba a punto de culminar.
-Ni se te ocurra correrte. Vas a aguantarte mientras te follo, así que reprime ese orgasmo si no quieres sufrir de verdad. -Me advirtió una muy amenazante señora Alisson.
-Sí, mi… mi A...Ama… -Contesté entrecortada por la respiración.
¡No podía ser! ¿Era este su castigo por ver esos documentos? ¡Joder! ¡Estoy muy excitada! No creo poder aguantarlo, nunca he hecho esto, ¿cómo se hace?
Traté de concentrarme en el orgasmo, no en el placer sino en no sentirlo pero me era muy difícil por la excitación, así que tensé los músculos de la zona de la vagina para impedir cualquier sensación de placer y parecía que funcionaba, al menos un ochenta por ciento. Cada vez sentía menos placer aunque aún quedaba algo que si me desconcentraba volvía a subirme la excitación en un abrir y cerrar de ojos.
-Muy bien perrita, has aguantado muy bien, pero esto no termina aquí, vamos a seguir un ratito más.
De repente me sacó los dedos del coño y me ordenó que me pusiera en pie, quitó las pocas cosas que había en la mesa y me ordenó que me sentara sobre ella. Se colocó entre mis piernas y comenzó a desabotonar mi camisa, dejándome sólo con el sostén puesto. Me bajó la falda y terminó de quitar mi tanga. Subió sus manos hacia mi sujetador y lo bajó por debajo de mis pechos para poder tener acceso a ellos, retorciéndome los pezones y tirando de mi hacia ella mirándome a los ojos fijamente quedando a escasos centímetros de mi boca… Tan cerca de ella, de su aliento, de su aroma y no podía tomar contacto.
-Dilo.
La miré extrañada por su orden, no entendía que quería que dijera.
-¿De quién eres? -Volvió a preguntar con paciencia sin dejar de mirarme con profundidad a los ojos.
-Tuya mi Ama.
La señora Alisson se acercó más a mi boca rozando mis labios con los suyos, se quedó unos segundos quieta, como si estuviera dudando de si hacerlo o no y entonces deslizó una de sus manos y me introdujo ni nada más ni nada menos que tres dedos en mi sexo provocando que echara mi cabeza hacia atrás de placer.
-Túmbate.
Me tumbé en la mesa sin dejar de mirarla mordiéndome el labio inferior, sé que había estado a punto de besarme pero se contuvo, ¿por qué? ¿por qué un ama no besa a sus sumisas? La señora Claudia me besó, aunque bueno, ella no era mi ama.
Siguió entrando y saliendo de mí y cada vez más rápido, yo no podía parar de mover mi pelvis a su ritmo, quería más, quería sentirme completamente llena ahí abajo y ella lo sabía porque me introdujo un cuarto dedo. No podía negar que al principio fue algo doloroso pero rápidamente se convirtió en placer, en un deleitoso placer.
No quería que esto se acabara así que no pensé en correrme tan rápido sino en disfrutar lo que mi Ama me estaba dando, aunque bueno de todas formas para qué iba a pensar en venirme si mi Ama no quería. Llegué a un punto en que empecé a gemir muy fuerte, yo no suelo gemir tan fuerte, ni tan seguido por vergüenza pero estaba tan extremadamente excitada que ya no podía controlarme, ya me daba igual.
-Eso es, así te quiero, quiero que lo sueltes todo, que saques a esa putita que llevas dentro para mí Anna. -Dijo mi Ama mirándome lascivamente.
-Sí, mi Ama. -Le contesté mordiéndome el labio.
A lo que ella me respondió mordiéndose el labio también y entonces me metió el quinto dedo.
-¡Ah! ¿Mi Ama?
-Shhh, tranquila Anna, sé lo que hago.
Esto era bastante extraño a pesar de haberme metido el quinto dedo y de haberme dolido al entrar, al poco tiempo mi coño se adaptó de nuevo al nuevo dedo y volví a disfrutarlo.
Mi excitación era tan grande que sentía que iba a explotar en mil maravillas. Así que no me pude contener, ya lo había escuchado antes y probablemente era lo que mi Ama me quería hacer o tenía pensado hacer. Con vergüenza la miré a los ojos y le dije:
-Quiero más, por favor. -E instintivamente me volví a morder el labio.
-¿Quieres más? Sé más específica con lo que quieres Anna. -Dijo con una sonrisa burlona.
Esto que iba a decir pensé que no lo iba a decir en mi vida pero ahora mismo yo lo necesitaba.
-Quiero... sentirlo por completo, quiero… acordarme de esto por unos días. - Y me tapé la cara con ambas manos porque ya no soportaba mi vergüenza.
-Así se hará Anna.
Mi Ama comenzó a empujar su mano hacia mi coño e introducirla poco a poco, me dolía, sí, pero a la misma vez me excitaba mucho más, era una sensación casi indescriptible, sentirse dominada de esa forma, ahora mismo me sentía como una zorra y, sinceramente, me sentía muy bien sintiéndome así, ¡quién me lo iba a decir!
En poco tiempo tenía su puño completo metido dentro, lo dejó unos minutos dentro sin moverlo para que me adaptase y después comenzó a moverlo lentamente, necesitaba correrme. Esto era demasiado placer y no sabía si podía aguantar con mis piernas abiertas y todo eso metido en mi coño.
Tan grande era mi excitación que mis gemidos tenían que estar sonando por toda la casa y yo misma había empezado a acariciarme los pechos como si fuera ella las que los estuviera tocando. Estaba a punto, al borde, al límite cuando de repente paró y empezó a sacar su mano.
-No, por favor… mi Ama… -Supliqué jadeando y notando como se creaba un vació en mi coño.
-¿Acaso te lo mereces? Le has faltado al respeto a Claudia, te has autolesionado aunque haya sido un rasguño has dejado que tu mente te controle, te has dejado besar, te has quemado con el sol y encima te he pillado leyendo algo que no es de tu incumbencia. ¿Algo que objetar?
-Lo sé, lo sé, pero… - Me atreví a replicar por el sentimiento de deseo que tenía.
-¿Te sientes frustrada Anna? -Asentí con la cabeza. -Pues así me he sentido yo estando lejos sin poder hacer nada. Ahora apóyate de nuevo en la mesa y abre tus piernas. Ahora vuelvo.
Me bajé de la mesa y me puse en la posición que me indicó. Anduve esperando unos cinco minutos cuando la vi aparecer con un plug anal.
-No, por favor, eso no…
-Oh, sí, no creas que va a ser un viaje placentero mala sumisa.
“Mala sumisa”, esas palabras excavaron un hoyo en mi corazón y se enterraron ahí. ¿De verdad me he portado tan mal? Soy un absoluto desastre pero no me voy a dejar vencer por haberlo hecho mal esta vez, voy a mejorar y le voy a demostrar cuanto mejor lo puedo hacer. Seré la mejor sumisa que haya tenido jamás.
La señora Alisson arrastró flujo de mi coño hacia mi ano y empezó a meter la puntita del plug, empece a quejarme porque me dolía y me dio un azote bastante fuerte, lo que hizo que mi coño volviera a palpitar ya que lo había dejado bastante excitado.
-Deja de quejarte, eres una llorona.
-Perdón mi Ama.
Creo que nunca me iba a acostumbrar a la penetración anal. Siguió moviendo la punta del plug introduciendo y sacando esta hasta que sin esperármelo lo metió todo y yo dí un grito de dolor.
-Eso es para que vuelvas a quejarte otra vez. Ahora ven, me voy a sentar en la silla del escritorio a hacer el papeleo y mientras tú me vas a comer el coño hasta que yo me corra o simplemente ya no tenga más ganas.
La señora Alisson se quitó sus vaqueros y su tanga rosa claro y se sentó en el borde de la silla con las piernas abiertas. Yo me coloqué debajo del escritorio de rodillas y esperé su orden. Mi cara estaba frente a su coño, estaba deseando hacerlo, proporcionarle placer, aunque realmente me encontraba demasiado excitada y esto me iba a provocar mucho más, tengo que olvidarme de que al menos por hoy no podré satisfacerme.
Comencé a lamerle el coño a mi Ama después de que me diera la orden, me llevé un chasco al no escucharla gemir de primeras al hundir mi lengua en él, al notarla en su coño pero seguí motivada dispuesta a darle todo el placer que yo podía darle.
Me encantaba darle placer, notar cómo mi lengua se deslizaba tan fácilmente por su coño, saborearlo, olerlo… Pero me estaba sintiendo frustrada, no la estaba oyendo gemir, ni un sólo sonido de placer, absolutamente nada y me estaba impacientando.
No sé cuanto rato me tuvo lamiendo su coño ya que yo no controlaba muy bien el tiempo, sólo sé que ya me dolía la mandíbula y la lengua, hasta que me ordenó que parase porque había terminado de preparar los despidos. Me quedé parada aún de rodillas que las tenía muy doloridas por la posición cuando me habló de nuevo.
-Ve a tu habitación a ducharte y obviamente no puedes sacarte el plug hasta nuevo aviso, solamente si necesitas ir al baño. -Me avisó.
-Sí mi Ama. -Contesté.
-Eso es todo. Yo también me iré al ducharme, me has babeado toda.
Salió por la puerta haciéndome sentir una inútil. No gimió. No se corrió. Ni un sólo movimiento de sus piernas. Nada. ¡Qué consternación!
Cuando llegamos al restaurante de comida vegana y vegetariana Terrazen me sorprendí mucho porque su decorado era muy sencillo y yo pensaba que la señora Alisson solía frecuentar sitios con decoraciones más sofisticadas dado su elevado poder adquisitivo. Cualquier persona de cualquier nivel social podía comer aquí y no es que yo tenga algo en contra, simplemente me pareció curioso.
Nos sentamos en la mesa que estaba más apartada y miramos los menús, todo lo que había tenía muy buena pinta así que decidí pedirme lo mismo que la señora Allison, una especialidad de Kara Age Donburi que era pollo vegano con salsa kara-age casera, arroz integral y ensalada de pollo más una hamburguesa de pescado.
Durante la espera hablamos de mi comportamiento en la mansión de Barcelona, de por qué había dejado que mi mente me controlara de esa forma tan repentina después de tantos años de control. Quizás nunca había sopesado la idea de volver a ser tocada de la misma manera o de forma parecida, con ese deseo que me provoca rechazo y al no haberlo meditado tanto no supe reaccionar bien.
La señora Alisson mantenía los codos apoyados en la mesa y los dedos de las manos entrelazados mirándome fija y sonrientemente. Su mirada era dulce y tierna a la vez lo que me provocaba cierta timidez al hablar porque no es que no me gustara verla mirarme así, es que ella no solía hacerlo y me desconcertaba.
-Señora Alisson… ¿Puedo preguntarle algo? -Pregunté nerviosa.
-Sí, claro Anna. -Dijo amablemente.
-Sé que no es de mi incumbencia pero… ¿por qué tiene problemas en su empresa? -Mi corazón ante mi pregunta latía ante un ritmo casi desbocado porque no sabía cual iba a ser su reacción.
-Digamos que un grupo de empleados de la empresa de Ámsterdam no quieren que yo sea la dueña o la jefa absoluta y están formando revuelos y minihuelgas, molestando incluso a otros compañeros que no participan en sus cometidos, a otros que sí quieren trabajar. -Terminó de decir dando un sorbo a su vaso de agua con gas.
-Pero, ¿por qué? No lo entiendo, no creo que tú les hayas hecho nada malo.
-A ver Anna, es complicado, hay otras personas detrás manejando los hilos y causando estragos, pero ellos se dejan manejar y comprar como quieren, así que no tengo más remedio que despedirlos.
-¿Otras personas detrás? ¿Quienes querrían hacerte daño? -Pregunté sorprendida.
-Creo que ya te he dado mucha información por hoy, no te la mereces, como tampoco te mereces que estemos cenando hoy aquí juntas, así que disfruta de este pequeño regalo.
-Gracias mi Ama. -Contesté agachando mi mirada ante sus ojos escrutadores.
-Bueno, aquí está ya la comida. -Dijo mirando hacia la camarera que traía nuestros platos.
El Kara Age Donburi se veía delicioso y olía muy bien, fue aún mucho más delicioso cuando lo probé.
-¿Te gusta Anna?
-Sí, está muy bueno.
-Me alegro de que te guste, estos días que estemos en Ámsterdam comerás lo que yo cocine, no te vas a morir por no comer carne unos días.
-No me importa no comer carne unos días si la que cocinas eres tú. -No sé cómo me atreví a decir eso. Mis mejillas debieron ponerse muy coloradas porque noté cómo el calor se me concentró en toda esa zona. -Perdón, mi Ama.
-No tienes por qué pedir perdón. Me encantará hacerlo. -Dijo sonriendo otra vez.
-Mi Ama, ¿a qué hora sueles levantarte?
-A las 7 de la mañana, para salir a correr y gestionar cosas desde el despacho o pasarme directamente por la empresa, ¿por qué Anna?
-Es solo… por curiosidad, por si me necesitas a esa hora, nada más. -Dije nerviosa. La verdad es que quería levantarme a hacerle el desayuno todos los días.
-Bueno, puede que te necesite para algún polvo mañanero. -Dijo con una sonrisa burlona, a lo que yo volví a ponerme roja. -¿Sueles beber, Anna?
- En raras ocasiones, en alguna fiesta o cuando hay algo que celebrar.¿Por qué lo preguntas señora Alisson?
-Cuando hay algo que celebrar… ¿qué te parece si celebramos que ya eres oficialmente mi sumisa?
De primeras, su pregunta debió alegrarme pero al pensarlo nuevamente me entristeció un poco, ¿es que no me consideraba su sumisa de verdad?
-¿Anna? ¿Por qué no contestas?
-Pensaba que… yo era ya su sumisa oficial… -Dije jugando con el vaso de agua.
-No te lo tomes como algo personal, pensé que saldrías huyendo con mi disciplina, autoritarismo y severidad y encima viene Claudia que es un poco más de lo mismo y a pesar de ser nueva en esto, aguantas el tipo… me has impresionado Anna y por eso quiero celebrarlo. Tú y yo solas, esto sí es personal. ¿Qué me dices? -Dijo guiñándome un ojo, lo que me hizo sentir mejor y más segura.
-De acuerdo. -Contesté sonriente y feliz.
Todo momento que pueda pasar con ella me va a encantar.
-Tengo un armario con una variedad de bebidas en el salón, en el congelador tengo hielo y si eres más de bebidas modernas podemos comprar algún refresco.
-No entiendo mucho de bebidas, me dejaré guiar por lo que me recomiendes y lo que tengas.
-Entonces, cuando viniste a mi fiesta ¿qué bebiste?
-Lo que me recomendó el camarero que la verdad no recuerdo que era, pero estaba muy bueno porque me bebí unas cuantas copas.
-Bueno, ya veremos lo que queda por allí, terminemos de comer.
Cuando terminamos de comer y salimos del restaurante me fijé en que ya era de noche pero la ciudad estaba muy bien iluminada y lucía muy bonita. No me había dado cuenta por donde habíamos cogido pero ahora estábamos transitando por un camino muy recto.
-¿Hacia dónde vamos mi Ama?
-Voy a enseñarte la Plaza Dam que nos pilla cerca ¿te apetece?
La miré emocionada, me gustaba hacer cosas con ella y compartir tiempo con ella, quizás esto parecía una tontería pero ella me estaba dedicando tiempo y yo lo agradecía.
-Claro que sí, mi Ama. -Dije con una cálida voz.
Cuando llegamos a la Plaza Dam había gente paseando por ella y otras personas haciendo fotos al Palacio Real, también a la Iglesia Nueva y al monumento Nacional. Me llamó la atención el Museo de Cera de Madame Tussauds, el cual ya estaba cerrado pero al que la gente también le hacía fotos. Al parecer este museo representaba grandes personalidades del cine, de la música, del deporte, de la monarquía, etc, y parecían tan reales que te llegabas a creer que eran personas de verdad.
-¿Te está gustando lo que has visto de Ámsterdam?
-Sí, mi Ama, me está encantando. -Y si es contigo me encanta más.
-Estaremos pocos días aquí y podremos visitar pocas cosas pero te traeré a sitios que me gustan para que los veas. Ahora te voy a llevar a un bar para que tomemos algo antes de ir a casa.
-Sí, mi Ama.
El bar que mi Ama me dijo estaba muy cerca, se llamaba Twentyseven y este no era nada comparado con el Terrazen que era donde habíamos comido, no era nada sencillo sino todo lo contrario, muy lujoso y diseñado según mi Ama por Wim van de Oudeweetering, un diseñador bastante conocido en Ámsterdam y que era muy bueno en su trabajo. Realmente el interior era espectacular con hermosos sofás de terciopelo agrupados en torno a mesitas de madera barnizadas iluminadas con velas. Una gran barra hecha de ónix brillante detrás de la cual había un camarero muy sonriente y amable atendiendo a la señora Alisson.
Mi Ama vino caminando despacio hacia el sofá más apartado en el que estábamos sentadas y se sentó cruzando las piernas dejando entre ver su… espera… ¿eso es… su coño?
Su risita hizo que me ruborizara más.
-¿Acaso crees que me iba a poner algo habiéndome dejado el coño tan… mojado? -Preguntó tocándose el pelo y haciéndose rizos con él mirándome provocativa.
-Yo… creí… que…
-Creíste que no me gustó, ¿verdad? -Asentí con mi cabeza mordiéndome el labio inferior sin dejar de apartar la mirada de debajo de su falda, a lo que ella me capturó la barbilla y me hizo mirarla a los ojos. -Tengo muchas formas de castigarte Anna, mientras más mía seas más fácil será doblegarte ante mis caprichos, mis deseos y mis castigos.
En ese momento nuestras miradas se mantuvieron durante unos segundos, unos segundos que fueron fuego para ambas, lo pude notar por cómo me miraba y porque se mordió su labio, ella quería, pero algo se lo impedía, ¿pero el qué? No puedo más… voy a besarla.
Y justo en ese momento en el que decidí romper las reglas vino el camarero con una botella de Highland Park 40 y dos copas donde servirnos la botella.
La señora Alisson me miraba de reojo, lo sabía porque podía verla dentro de mi campo visual, ella creía que yo creía que estaba mirando al camarero pero sabía que me estaba observando. Por un momento, noté que ella estaba un poco asustada pero se calmó rápidamente cuando empezamos a hablar.
-¿Te gusta esta bebida Anna? -Preguntó mirando y meciendo su copa.
-Sí, es un sabor distinto de lo que he probado, sabe como a caramelo y frutos secos, aunque me viene olor a toffe.
-Sí, es exactamente igual que lo que me parece a mi, es una de mis favoritas, en casa creo que tengo tres de estas, sólo las uso en ocasiones especiales. - Volvió a decir mirando su copa nuevamente. -¿Por qué decidiste ser mi sumisa Anna?
Su pregunta casi me hizo ahogar en mi propio trago.
-Es complicado señora Alisson…
-Quiero saberlo. -Seguía mirando su copa. Sé de ti, investigué sobre ti… y tuvimos una entrada un poco… fuerte. Podrías haberme rechazado después del trato que te di y de lo que sufriste en tu pasado. ¿Por qué? - Me miró a los ojos.
-No lo sé, fue algo extraño. Esa primera toma de contacto fue un castigo, una disciplina que me impusiste por algo malo que hice, no fue que quisieras abusar de tu poder para tocarme sexualmente, quizás eso marcara la diferencia y quizás a pesar de que yo haya manejado mi vida más o menos bien unos años yo necesitara una mano dura, alguien que vele por mi, alguien con quien pueda compartir mi propio peso.
-Así que necesitas mano dura… tranquila, lo tendrás, aunque eso ya lo sabes que no dejo pasar ni una. Por cierto, ¿como va tu culito?
-Pues estoy bastante incómoda pero no tengo permiso para quejarme, ¿verdad? - Dije desafiante.
-No, no lo tienes y cuida tu tono sino quieres que te ponga otro más grande que llevo en el bolso.
Mis ojos se abrieron como platos y casi me vuelvo a ahogar otra vez con la bebida.
-Bebes muy rápido Anna.
-Es que está muy bueno.
-Me da igual, bebe más despacio.
-Sí, mi Ama.
Cuando se nos acabó la copa, mi Ama me volvió a llenar la copa y la suya. Estuvimos hablando de los sitios que más frecuentaba en Ámsterdam y de lo que le gustaba estar aquí. También anduvimos hablando de otras empresas que tenía en Francia, Los Ángeles y Londres. La conversación nos dio para acabar la botella entera.
Cuando la acabamos llamamos al camarero para que nos cobrara y la sorpresa que me llevé cuando vi lo que valía la botella, era súper caro. Claro era un bar de lujo, aquí vendría la gente adinerada que se podría permitir tales cantidades.
Mi Ama llamó a un taxi porque estaba un poco a gusto y no podía conducir así.
-Mañana vendremos a por el coche. -Me dijo mientras esperábamos al taxi.
Cuando llegamos a la casa, mi Ama me ordenó que me pusiera cómoda así que me quité la ropa y me quedé en tanga y sujetador, ella por su parte se quedó con su camisa negra y su falda negra.
Nos quedamos en el sofá del salón sirviéndonos unas copas de la misma bebida que en la del bar.
Yo me sentía un poco mareada pero me sentía muy tranquila y con calorcito por el cuerpo, que era refrescado por el aire acondicionado que había puesto la señora Alisson.
La señora Alisson mientras bebía en su copa me miraba a los ojos de una forma pasional lo que provocaba en mi unos deseos enormes de que me hiciera suya, de estar entre sus brazos, de que me tocara y acariciara toda sin dejar ni una sola parte de mi cuerpo sin rozar.
-Sabes Anna, desde tu primer libro “El éxtasis de Efren” te he seguido los pasos, me gusta leer libros eróticos aunque sean entre hombres y mujeres, pero en tu caso yo sabía que tú no eras hetero. Algo me decía que escribías porque era lo que se vendía pero que no era tu definición.
-Ni siquiera yo lo tenía claro en ese momento mi Ama, escribiendo buscaba mi identidad pero no lo lograba, hasta que poco a poco me di cuenta de que lo que escribía no me llamaba la atención cuando empecé a escribir mini relatos lésbicos para mi. Aún así, sentía que me faltaba algo y empecé a indagar y encontré el BDSM, y entonces, empecé a sentir otras sensaciones en mi cuerpo, por eso fui a la fiesta aquella noche.
-Y entonces diste con la mujer más cruel que hay sobre la faz de la tierra. -Dijo riéndose.
-No lo creo, creo que dentro de esa capa de rigidez se esconde una mujer muy amorosa. -Dije mirándola a los ojos envalentonada por el alcohol.
Ella sin embargo miraba su copa, haciendo círculos con su dedo índice por el borde superior de esta.
-¿Por qué parece pensativa señora Alisson?
-Porque fue mi marido quien me trajo a Ámsterdam la primera vez y a tantos otros lugares.
-Y… ¿Lo extraña? -Pregunté inquieta por saber su respuesta, inquieta por saber si seguía amando a su marido y si era esa la razón por la que no se comprometía con nadie.
-No, para nada. Roberts era un hombre muy bueno pero nunca pude amarle. Simplemente, nunca he viajado a ningún lugar con alguien con quien yo haya querido. Bueno… nunca, ahora he viajado con una sumisa que me importa. -Dijo mirándome a los ojos.
Le sostuve la mirada porque para mi este era un momento importante, la señora Alisson se estaba abriendo a mi un poquito y me estaba diciendo que yo era importante para ella, mi yo interior ahora mismo estaba de fiesta un parque de atracciones. El alcohol se me había subido a las mejillas.
El pecho de la señora Alisson se veía agitado por la respiración y su mirada ya no era igual que la de antes, era de pasión y deseo y lo único que nos separaba de unirnos en un desesperado beso era su indecisión.
Sin pensarlo más, solté la copa en la mesa que tenía al lado del sofá y me abalancé con mis labios sobre sus labios, aferrándome con mis manos a su cara sin importarme cual fuera mi castigo ni cuan duro fuera a ser, necesitaba sentir sus labios, su sabor, oler su perfume tan de cerca. Ella se quedó quieta por unos instantes, pero de repente me estrechó contra su cuerpo acariciando mi espalda y mi culo, apretando este entre sus manos.
Los besos eran apasionados, deseosos como si hubiéramos esperado cien años para hacer esto.
-Mi Ama… lo siento… -Dije entre besos.
-Shhh… cállate gatita.
Enredé mis dedos entre su pelo, su suave pelo. Pude saborear su boca que sabía a caramelo por la bebida, ¡Dios! ¡Besaba tan bien! Empezó a meter su lengua en mi boca y explorarla con ella, jugueteando con mi lengua.
-Deja tu boca quieta. -Me ordenó.
Siguió hurgando con su lengua mi boca, lamiendo mis labios y metiendo y sacando su lengua.
-Por favor… -Supliqué. Quería seguir besándola.
-No.
Aunque me estaba torturando sin dejarme besarla me estaba gustando que me follara de esa manera la boca, mientras me miraba con sus ojos penetrantes y me advertía con ellos de que no se me ocurriera cerrar la boca y juntar mis labios con los suyos.
-Vámonos a mi habitación.
-Sí, mi Ama.
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