Xtories

Años 70. Vacaciones en Alemania (V) / (5)

Las clases particulares son solo la excusa; el verdadero examen ocurre entre las sábanas. Mientras la madre prepara el camino, la hija espera con el cuerpo dilatado y la mente dispuesta. No es solo sexo, es un juego de poder, olores y secretos que amenaza con desbordar los límites de la familia de acogida.

Galleyslave11K vistas9.4· 19 votos

Como he indicado en las partes anteriores de este relato, sigo en Alemania en una familia de acogida, muy diferente de la mía. Estoy dando “clase” a la hija adolescente de una familia amiga y la madre también me ha devorado. La madre de la familia de acogida no ha querido quedarse atrás. He descubierto que debo ser un fetichista.

Llegó el jueves, y se planteaba el tercer día de clase particular, último antes del examen. Nunca pensé que las clases me dejasen tan cansado. Llegue al colegio medio dormido y sorprendentemente no había clase. Debido al “extremo calor” de más de 27 grados, se suspendían las clases ese día (Hitzefrei, es real). Podríamos estar en el patio todo el día.

Estos no han vivido en Murcia en julio, pensé, estarían medio año sin clase. Nuestra coordinadora nos informó que habían organizado una bonita excursión durante la mañana a la Galería de Arte de Bremen a ver una exposición de arte moderno de cuadros y esculturas. Nos embargó un entusiasmo desmedido. Después iríamos al puerto fluvial a ver un velero vikingo antiguo. Metí mi mano en el bolsillo, palpé la braguita de Karin y pensé que aguantaría todo, por lo que vendría por la tarde.

La excursión resultó un rollo supino, al menos para mí. A las dos ya estaba yo en la puerta del colegio esperando a Renate. Me volvió a recoger del colegio y nos fuimos a su casa. Allí ya no hubo prolegómenos, sabíamos lo que iba a pasar.

Nos fuimos directos a la cama del matrimonio, iban a cambiar las sábanas ese día, por lo que así no quedarían vestigios sexuales que pudiesen alertar al señor Hebel de la cornamenta que ostentaba.

- Hoy ya estoy preparada, Jorge, esta mañana he comprado un plug anal y llevo todo el día con él metido y dándome crema cada rato para dilatarlo. Quiero notar ese pedazo de carne entrar y salir de mi culo.

- Encantado, Renate - contesté y pensé irónicamente para mí, ¡qué romántica es esta señora!

Nos tumbamos en la cama desnudos, yo de espaldas y ella se tiró a por mi pene y se puso a chuparlo para que estuviese bien tieso. Yo, por mi parte, me giré hasta colocar su sexo encima de mí y empecé a comerle el coño, y vi que, efectivamente sobresalía una bolita de su culo. Después de darle unos lametones a la vagina y al clítoris, tiré ligeramente del plug y empezó a salir un tubo de baquelita negro, de unos dos centímetros de diámetro, con forma cónica doble, es decir, primero se hacía aún más grande, llegando hasta más de tres centímetros y luego reducía hasta acabar en una punta roma.

- Mételo y sácalo unas cuantas veces para que se adapte el culete. Toma este bote de crema y echa un chorro antes.

Así lo hice y empecé a metérselo y poco a poco empezó a moverse con más soltura. Mi pene no terminaba de estar totalmente tieso, porque las maniobras que yo estaba realizando me tenían concentrado y sorprendido, por la novedad. Una vez que ya entraba con facilidad, y dado que tenía las manos ocupadas, una sujetándole el culo y la otra maniobrando con el consolador, me volví a comer los labios menores, que caían grandes, rugosos y rosados, de forma generosa hacia abajo. Los mordí ligeramente y los apreté con los labios y metiendo la lengua en el orificio, para pasar de vez en cuando por su clítoris, que había crecido también bastante, por la excitación que le provocaba su próximo sexo anal.

- Venga, vamos a por ello - dijo, levantándose y colocándose en el borde de la cama a cuatro patas. - ponte ahí de pie, quítame el plug y la metes lentamente. Pon un poco de crema otra vez.

Así lo hice, le eché un chorretón de crema y puse la punta de mi pene en la entrada de su culo. Empecé a empujar y no entraba tan fácil como en el coño. Empujé un poco más fuerte y se metió un poco.

- Despacio bitte. - se quejó.

- Es que costaba un poco y he empujado de más. Lo siento.

- Sigue metiéndola, pero cada vez que entres, sal un poco para que se vaya adaptando. Si ves que cuesta, le pones un poco de crema.

Así lo hice y poco a poco conseguí que entrase casi hasta el final. Entonces eché un poco más de crema y empecé a bombear, metiéndola hasta el final. La sensación era diferente a hacerlo por el coño, más apretadas las paredes contra mi pene, menos lubricación por falta del flujo natural que invade la vagina, pero mucho más morboso. Me pregunté qué sentiría ella al recibirla por el culo, si era parecido a hacerlo por el coño o era otra sensación diferente. En cualquier caso, yo no estaba dispuesto a meterme el plug ese por mi culo para comprobarlo. El caso es que seguí bombeando un rato y ella gemía, por lo que le debía estar dando placer.

- Sácala, vamos a cambiar de postura - me dijo

- Tu dirás - conteste y la saqué, saliendo con un poco de crema por toda ella.

Ella se tumbó entonces boca arriba y subió las piernas hasta tocar casi sus hombros con las rodillas, agarrando cada pierna con una mano. A la vista quedaron ambos agujeros, una vagina abierta como un pozo y un culo también dilatado.

- A ver, por donde la meto, que solo tengo una - le comenté

- Límpiatela con la toallita esta, la mojas un rato en la vagina y me la vuelves a meter por el culo.

- Joder que morbo - pensé y así lo hice.

Metí el pene en la vagina notando que entraba con mucha holgura porque estaba muy mojada y estuve unos minutos follándola por ahí. Luego la saqué y me dirigí al agujero que estaba más abajo y la volví a meter. La sensación era totalmente diferente. Empecé a bombear el culo y, haciendo un poco de malabarismos retorciendo la mano, porque mi propio cuerpo no me dejaba mucho espacio frente a la entrada de la vagina, le metí dos dedos hacia arriba por el coño intentando encontrar el punto que ya la había localizado en su hija, con la esperanza de que estuviera en un lugar semejante, y alargaba el dedo gordo intentando tocarle el clítoris. Hubiese querido agarrarle una teta con la otra mano, pero necesitaba un punto de apoyo para no caerme.

- Jorge, que de cosas me haces. Me gusta. Siiii, sigue, dame fuerte, sobre todo dame fuerte. Intenta llegar conmigo y lléname el culo de leche

En cuanto ella empezó a gemir de forma más ostensible, empecé a acelerar todos esos movimientos y poco después noté que al empujar los dedos de la mano más al fondo, había llegado a su zona más sensible y empezó a pegar pequeños gritos. Así estuve un rato, ella debía estar aguantando para disfrutar al máximo posible, pero llegó un momento que ya le vino el orgasmo y empezó a convulsionar, apretó el culo, cerró las piernas apoyándolas en mis hombros y me atrapo la mano, el pito y todo y unos segundos después empezó a correrse, echando liquido por el coño. Se relajó un poco y pude seguir moviéndome y llegué también, llenándole el culo de leche, soltando chorros mientras seguía moviéndome.

Por fin nos relajamos y la saqué. Empezó a fluir todo el esperma que había soltado, poniendo perdida la sabana de la cama. Desenganchamos la sábana de los lados y la utilizamos para limpiarnos y absorber todos los líquidos.

Después nos fuimos a la ducha y ella me limpió a fondo el pene, para, antes de terminar de ducharnos, hacerme una mamada de campeonato. Si el día anterior había conseguido dos corridas, esta vez tendrían que ser, al menos, tres.

Fuimos al cuarto y ella recogió la ropa de cama y se la llevó para meterla en la lavadora. Yo me vestí. En el suelo estaba el plug, que escondí en mi mano. Esperaba que no lo buscase. Lo llevé al baño, lo lavé bien y me lo guardé en el bolsillo.

Un rato después apareció Karin. Me dio un beso, se fue la ducha y volvió con una camiseta larga con zonas de encaje trasparente. Debajo no llevaba nada. Se sentó sobre mi pierna y me restregó el coño, dejándome la pierna mojada.

- Llevo todo el día caliente, como ahora. - dijo, y abriendo la mano, me enseñó una braguita pequeña y bastante mojada. - aún está húmeda - dijo.

- Esto requiere un catador experto - le contesté con cachondeo, poniendo la pose de un sumiller con la nariz para arriba. La tomé entre mis dedos y, en efecto, aún estaba húmeda.

Me la acerque a la nariz y realmente desprendía olor de mujer excitada, que me resultó muy agradable y apetecible.

- Bien, aceptada. Aquí tienes la de ayer, que me ha acompañado toda la noche y hoy todo el día.

- Me alegro de que me recuerdes por la noche. Vengo ahora sin las bragas para que me empieces la dilatación del culo. Hoy quiero probar eso, porque tú sabes cómo hacerlo y prepararme.

- Un placer, Karin. - dije y saqué el plug del otro bolsillo. Ella puso cara de asombro.

- ¿De dónde has sacado eso? - me preguntó

- No te lo voy a decir, es secreto del artista - le contesté

- Bueno vamos al cuarto y empezamos. Mama, voy un momento al cuarto y ahora volvemos. - le dijo a Renate.

Fuimos a su cuarto y le eché crema y empecé a darle masaje con el dedo en el culo. Luego puse un chorro de crema adicional y le empecé a meter la punta del plug, aunque solo un centímetro, sacándolo y volviendo a meterlo cada vez un par de milímetros más. Cuando su madre nos llamó para comer, se lo saqué y se puso una braga con una compresa para no ir manchando todo de crema.

Una vez que comimos, nos volvimos al cuarto y estuvimos un rato lubricándole el culo y tratando de meterle el plug. Al cabo de media hora lo conseguimos y se coló dentro. Decidimos dejarlo ahí y empezar a estudiar funciones, haciendo un descanso cada media hora para seguir lubricando y meterlo y sacarlo un par de veces. Así pasamos la tarde. Ella estaba muy mojada y no paraba de moverse por la sensación del plug.

Al caer la tarde salí a beber agua y encontré a Renate en la cocina. Me acerqué a ella por detrás y le puse la mano en el culo, y apretándole los cachetes, le dije al oído:

- Renate, hoy necesito un poco más de tiempo con Karin. Te agradecería si tardaras poco más en volver, por favor.

- Vale, me acercaré a comprar algunas cosas. ¿Con una hora bastará? - me preguntó, dándose la vuelta y mirándome.

- Bueno, pero si es algo más, mejor, hoy quiero ir despacio - le dije.

- Oye, ¿te has guardado tú el plug anal? - me preguntó intrigada

- Si, lo he lavado bien y le voy a dar un buen uso, si tú me dejas - le contesté

- Trátala bien, Jorge. Con mucho cariño, bitte. Sin prisas. Confío en ti - me dijo, mirándome a los ojos, con la certeza de dónde iba a acabar el plug esa tarde. Luego, me dio un pico. Ambos sabíamos que hablaba de Karin.

Volví al cuarto y seguimos estudiando. Poco después, y tal como había quedado con ella, Renate entro en el cuarto diciendo que se iba a comprar algunas cosas al centro comercial de la universidad y que aprovecharía para correr alrededor del lago de la universidad y que volvería más tarde.

- Jorge, hoy mamá va a tardar más de una hora en volver, tenemos que aprovechar. - dijo ingenuamente, sin darse cuenta de que todo era un montaje.

- Tú lo tienes que saber, por lo que ha dicho. Venga vamos a ver si has dilatado suficiente.

Nos desnudamos y yo me tumbé en la cama, ella encima como siempre y estuvimos comiéndonos mutuamente, pero yo ya jugando con el plug. Luego ella se sentó encima, coloco el pene con la mano en la entrada de su vagina y dijo:

- Vamos a ver qué se siente con tu bicho metido y, a la vez, el plug detrás. - dejándose caer lentamente e introduciéndose mi pene hasta el fondo.

Empezó su movimiento de vaivén y yo notaba que en una determinada posición mi pene chocaba contra algo diferente a otros días. Ella estaba más excitada que otros días. Así estuvimos dándole al badajo, con mi mano en clítoris y con mi boca alternando una teta u otra. Al cabo de un rato Karin estaba muy excitada y quería ya probar. Se puso en posición perrito en el suelo y le saque lentamente el plug. Su culo joven se había dilatado perfectamente y entonces puse un chorro de crema y empecé a meterla. Al llegar a la mitad, dijo:

- Despacio Jorge, me duele. Mas bien me tira.

- Venga, no la meto más, de momento - y me quedo moviéndome en esta posición.

Al cabo de un ratito de meterla y sacarla hasta la mitad, le volví a echar crema y lo intenté de nuevo. Tras un momento de pequeño atasco, entro toda ella sin que se quejase. Estuve bombeando un rato y empezó a aparecer una espuma alrededor del tronco de mi pene. Cuando ya se movía con facilidad, cambiamos de postura.

Nos subimos a la cama y pusimos una toalla debajo. Yo me tumbé en la cama recostado contra el cabecero y ella se puso de espaldas a mí, con las piernas flexionadas y se dejó caer lentamente. Yo le agarre de la cintura para dirigirla. Así se metió el pene de nuevo en el culo y empezó a subir y bajar por sus propios medios, moviéndose según mas le satisfacía. Al cabo de un rato tuvo su esperado orgasmo y yo me relajé y me corrí en su culo llenándoselo de leche. Luego la saque y nos limpiamos con la toalla.

Como no me había quedado yo contento con el orgasmo que ella había tenido, la tumbé de espaldas en la cama y me puse entre sus piernas, comiéndole el sexo y metiéndole dos dedos “en busca del punto perdido”. El dedo gordo de la otra mano se lo metí en el culo y se lo movía con facilidad dentro. Así, al cabo de unos minutos después de haberle localizado su punto de máximo placer, ella se corrió con fuertes espasmos y gemidos, poniendo la toalla empapada de flujo, después de haberme puesto la cara y las manos empapadas.

Cuando acabamos, ella estaba feliz.

- Me ha gustado mucho, es diferente pero muy excitante y morboso. He tenido un orgasmo diferente por el culo y luego me ha encantado el otro también. - me dijo. - vamos a ducharnos que puede volver mi madre, pero antes tengo, perdón, tenemos que ir al baño a hacer pis y que siga cayendo lo que me queda en el culo.

- No Karin, le dije, vamos a ducharnos juntos y lo haces ahí, porque yo también necesito hacerlo.

Nos duchamos juntos, ella empezó a hacer pis de pie y yo le puse la mano debajo y recibí todo. Luego lo hice yo y ella me la sujetaba con una mano y ponía la otra enfrente. Era una absoluta guarrada, pero nos excitaba y por qué iba a estar mal algo que nos apetecía hacer a ambos. Luego estuvimos lavándonos a fondo el uno al otro, el cuerpo, las piernas y lavándole yo a ella el culo y ella restregando bien mi pene. Como vio que volvía a estar un poco dura, me masturbó en la ducha con la mano con el jabón, llegando yo ya con cierta prisa y con el poco esperma que me quedaba. Nos terminamos de enjuagar, nos salimos de la ducha y nos secamos el uno al otro.

Una vez secos, yo me vestí de nuevo y ella se puso una camiseta larga y ancha y una braguita más grande y otra compresa que retuviera posibles fluidos que salieran por descontrol del esfínter.

- Gracias Jorge, haces que el sexo contigo sea agradable y tierno. Además te preocupas de que yo me lo pase bien - me dijo, abrazándome y dándome un beso largo moviendo la lengua en todas direcciones. - Te prometo que voy a hacer mi mayor esfuerzo para aprobar mañana.

- Tengo plena confianza en ti. Somos un equipo - le dije.

- El siguiente examen es el próximo miércoles y es el examen final de historia, sobre el siglo 19. Yo ya la había dado por suspendida, pero quizás ahora, con tu ayuda, pueda aprobarla. - dijo, enseñándome el libro de clase.

Yo abrí el libro viendo los capítulos de ese siglo y empezaba con el final de la Revolución Francesa y Napoleón, pasando por el colapso del mundo corporativo, la revolución burguesa de 1848/49, la revolución industrial que culminó con la lucha de clases y las teorías de Marx y Engels, finalizando con todo lo de Otto von Bismarck y Guillermo I, que trajo la modernidad, pero también la crisis que desencadenó la primera guerra mundial.

- Karin, esto es un tostón inmenso y solo tenemos cinco días. ¿Tú sabes la cantidad de guarrerías y braguitas usadas que te puede costar mi ayuda con semejante muermo? - le pregunté con cara de niño malo.

- ¿Y cómo crees tú que deberíamos estudiar esto? - pregunto preocupada.

- Pues haciendo un resumen esquemático de cada capítulo, con lo más importante y aprendiéndote solo eso y luego ya le metes paja para rellenar. - Le indiqué.

- Cariño, tú me haces los resúmenes de cada capítulo y yo te los pago en carne. ¿te parece? Eso al margen de que te vaya dando tus objetos favoritos perfectamente impregnados para que el nene pueda dormir bien y siga haciéndome resúmenes.

- No me parecen suficientes los pagos en carne, porque ambos disfrutamos por igual, pero los objetos van a tener que ser realmente valiosos - le aclaré.

- Te puedes llevar ya el libro para hacerme el primer resumen. Yo mañana no tengo historia y así tengo una disculpa para verte.

- ¿Tú crees que puedo llevarme un libro tan aburrido, solo por unas braguitas de ayer, por muy bien ambientadas que estén?

- No tengo otra cosa, pero, ummm…, déjame pensar - y salió corriendo, volviendo unos segundos después con otras bragas en la mano. - Son de mi madre, seguro que también te valen de inspiración y tendrán su morbo.

- Vale, - dije y comprobé que eran las que Renate había llevado todo el día junto al plug pensando en nuestro polvo. Olían muy fuerte - Los objetos de hoy ya están, pero falta algo más, no es suficiente - le dije, de broma, a ver qué se le ocurría.

- Bueno, estoy pensando, - dijo Karin - tengo una amiga de clase, Stephany, que tiene el mismo examen y que estaría encantada de utilizar tus resúmenes. Tengo que preguntarle. Pero eso sí, tu al final eres solo mío, ¿vale?

- Lo vemos, pero tendré que conocer a tu amiga Stephany. - dije, empezando a encontrarme mal, por la presión que le estaba metiendo.

- Es muy guapa y te va a gustar. Además, nos entendemos bien. Quedamos mañana a las tres después de clase en la puerta de mi colegio. A mamá le digo que me voy a estudiar con ella y nos vamos a su casa. Sus padres se van siempre los viernes al mediodía de fin de semana a la casa que tienen en la isla de Sylt y tenemos la casa todo el fin de semana para nosotros tres… y los resúmenes.

- Me vale - le dije totalmente confundido. No pensé que llegáramos tan lejos y me sentía mal. Me estaba poniendo a su amiga en bandeja, por unos putos resúmenes que pensaba haberle hecho de todas formas y además encantado.

- Además, siempre hemos fantaseado con hacerlo juntas con un tío y tú eres la persona perfecta para ello. Me apetece probar. - dijo, lo que me quitó el mal rollo de pensar que la estaba chantajeando.

- Vale, hablaré con los Sauer, porque el sábado querrán ir al lago, como la semana pasada.

- Bueno, lo vemos. También podemos ir los tres en bicicleta desde la casa de Stephany.

- Pues quedamos así.

Al rato llegó Renate, se duchó y cenamos. Durante la cena la madre pregunto a su hija qué tal se encontraba. Debía estar preocupada por si algo había ido mal con el plug. Karin le dijo que estaba muy bien, que había pasado una tarde muy agradable conmigo. Renate me miró a los ojos y asintió levemente, en señal de conformidad y de que se quedaba más tranquila.

Luego Karin le contó el plan a su madre, y esta no puso objeción, siempre que a los padres de Stephany no les importara que ella fuera a estudiar allí.

Luego Llegó Karl y me llevó en el coche hasta la casa de los Sauer.

Herr Otto Sauer volvía a tener turno de noche. Eso me preocupó, visto lo del día anterior.

Le conté a Frau Hanna Sauer el plan, que me iba mañana viernes desde clase a casa de una amiga de Karin para hacer unos resúmenes de historia e intentar el milagro de que aprobasen. También le dije lo de acudir en bici con Karin el sábado al lago. No le pareció mal, pero dijo:

- El permiso te va a costar un pequeño esfuerzo más. - dijo, poniendo cara de salida.

- Frau Sauer, hoy estoy agotado. No puedo más. ¿Lo dejamos para otro día? - le contesté y como demostración saqué las dos braguitas de mi bolsillo, la de Karin y la de Renate y se las enseñé.

- ¿Y eso? ¿Dos? Pero oye, espera, estas son de Renate, que las conozco bien. Que puta, se me ha adelantado. No me digas que me vas a dejar hoy sin mi ración, porque acabas de hacérselo a mi amiga. - dijo, y poniendo cara de puta y añadió - ya tendré yo una conversación con ella. Por cierto, ¿me vas a seguir follando llamándome Frau Sauer o pasas ya a llamarme Hanna?

Intentando justificar mi cansancio había incrementado la lujuria de Hanna. Ahora ya me podía dar por follado. Se fue a ver si los niños dormían y una vez comprobado, se fue al salón y llamó por teléfono a Renate. Estuvieron charlando unos minutos, riéndose y comentando sobre mí. Luego vino a la cocina, me llevó de la mano a su dormitorio y cerró la puerta, poniendo el cerrojo.

- Este lo pusimos cuando los niños eran pequeños, para que tuviéramos cierta tranquilidad Otto y yo. Realmente no sé por qué sigue puesto, pero hoy va a ser útil.

A continuación, se quitó la ropa y completamente desnuda, me quitó la ropa a mí. Mi pene estaba ya bastante activo y se lo metió en la boca y empezó a chuparlo con deleite.

- Cuanto hace que no me como una - dijo en un descanso, y siguió haciéndolo con una maestría excepcional.

Al cabo de un rato, lo dejó. Se tumbó en la cama y me dijo

- No recuerdo la última vez que me lo comieron bien. Me lo ha recomendado Renate, y me ha dicho que lo haces muy bien. Por favor, cómemelo entero.

Me puse entre sus piernas y me puse a pasarle la lengua por los labios de coño, meterle la lengua en la vagina y moverla en todas direcciones. Tenía un coño grande. Luego le metí dos dedos por la vagina, y me fui de nuevo “en busca del punto perdido”. También le metí un dedo por el culo. Así estuve chupándole el clítoris y follándomela con los dos dedos. Ella gemía y decía que le estaba gustando mucho. Debí acercarme a ese punto G, porque en un momento se quedó un poco más rígida y luego se relajó corriéndose con grandes espasmos y soltando un montón de flujo.

Luego me hizo tumbarme a mi y me hizo acabar con una mamada grandiosa, tragándose todo lo que solté.

Al acabar nos pusimos de pie, yo fui recogiendo mi ropa del suelo y cuando me di la vuelta, vi que me miraba burlona mordiéndose la punta de la lengua y que tenía colgando de su dedo índice su braga, ofreciéndomela. La tomé por no hacer un feo, pero no me atraía nada. No nos habíamos ni besado y llevábamos dos polvos. Era solo sexo en bruto, por morbo y sin adornos.

Me di un breve baño y por fin me fui a la cama porque estaba muy cansado, con muchas eyaculaciones en una tarde. Tumbado me acerqué de forma alternativa las tres braguitas a la nariz, como sopesando la situación. Definitivamente Karin me gustaba. Follarme a la madre y a Hanna había tenido su morbo, pero era solo sexo por morbo. Con Karin se añadían otros sentimientos. Realmente no sabía si me estaba quedando con ella. Dejé la braguita de Renate y la de Hanna en el cajón y, aspirando el olor de las de Karin, me dormí.