Mi historia como sumisa.
Óscar no solo quería su cuerpo, quería su vergüenza. Cada día era una nueva prueba de hasta dónde podía llegar su sumisión, desde las escaleras de la oficina hasta la sala de emergencias del hospital. ¿Hasta qué punto estaba dispuesta a llegar para complacer a su amo?
MI HISTORIA COMO SUMISA
LA NOCHE QUE ME REVENTÓ EL CULO
Al mes me mudé a su apartamento, una noche estábamos viendo un partido de fútbol, yo le voy a Heredia y Óscar a Saprisa, me dijo que el que ganara le ponía una penitencia al otro, yo acepté encantada y afortunadamente perdí, no hubiera sabido que penitencia ponerle, así que nos dormimos en paz, al día siguiente, cuál sería mi sorpresa, que mi penitencia era llevar un vestidito tan corto que me llegaba a la orilla de las nalgas, me puse muy nerviosa, pero la penitencia no terminaba ahí, no debía llevar ropa interior, no sé porque lo hice, pero me gustó mi castigo. Al llegar al edificio donde queda su oficina: -Perrita, no tomes el elevador vamos a ir subiendo las escaleras hasta el quinto nivel- a mí me subió un escalofrío por la espalda que al mismo tiempo hizo que se humedeciera mi rajita, empezamos a subir y era increíble la cantidad de hombres que se agrupaban atrás de mí, hasta sentí un par de nalgadas, incluso varias mujeres me censuraban escandalizadas por mi exhibición, fue una tortura deliciosa, esa noche me cogió recordando la cara que pusieron todos mis admiradores viéndome toda la panochita y el culito, fue tan rico que tuve una sucesión de orgasmos que llegaron a los diez, si mal no recuerdo.
A partir de ese día empezó mi largo camino hacia la perversión, sin darnos cuenta, Óscar aprovechaba mi instinto de exhibicionista para hacerme su sumisa, pero sin ponernos de acuerdo, todo fue sucediendo poco a poco y cada vez mis penitencias iban en aumento. Otra vez que perdí jugando piedra papel o tijera, me obligó a ponerme un vestido trasparente que por adelante tenía un diseño que tapaba parte de mis tetas, pero la parte de adelante quedaba transparentada, se me veía la línea de pelitos púbicos que acostumbro dejarme sobre mi rajita e igual iba la parte de atrás, transparentando mis nalguitas -Mañana irás vestida así a la oficina- Esto es demasiado, Óscar, tendría que ir del auto hacia la oficina ¡No lo haré! -Claro que lo harás, deja de quejarte o será peor- ¿Qué cosa puede ser peor? -Que te mande en transporte público, en autobús, pero voy a ser generoso contigo, aquí tienes para el taxi- Me quedé callada y al día siguiente abordé un taxi, el hombre no paraba de verme por el retrovisor, yo no me tapaba porque eso sería incumplir los deseos de mi amo, al bajar fue inmensa la cantidad de hombres que me seguían viéndome semidesnuda, los guardias de recepción murmuraban al verme pasar, por fin logré entrar a la oficina, no sabía si quería matarlo o comérmelo a besos, pero mi rajita me dio la respuesta, iba empapada. Nunca entendí porque no nos echaron del edificio.
Otro día que estábamos trabajando escribí algo mal en un informe y él aprovechó eso para ponerme un castigo -Vas a ir al sex shop, ese que queda a 10 cuadras de aquí, vas a ir caminando, compras un dildo de 25 centímetros y regresas caminando, pero el dildo debe ir a la vista de todos, no debe ir cubierto por una bolsa, ¿Entendiste putita?- Le dije que sí, ese día yo usaba un vestido naranja muy cortito, y cuando caminaba se me subía, así que fue un martirio delicioso caminar esas diez cuadras, ya para ese entonces no usaba ropa interior y siempre me ponía tacones; Compré el dildo y el vendedor me lo dio en una bolsa de papel, regresé las 10 cuadras y antes de entrar a la oficina, tiré la bolsa. -¿Cómo te fue?- Bien, cumplí todo lo que me ordenaste. En eso toma el teléfono y marca, puso el altavoz, luego de saludarse: -¿Viste pasar a una mujer rubia en un vestido naranja hace poco por ahí?- Sí, y no solo una vez, también la vi de regreso, era imposible dejar de ver a ese mujerón. -¿Llevaba algo en la mano?- La primera vez nada, pero de regreso traía una bolsa de papel. A mí se me fue el espíritu en ese momento, Óscar colgó y se me quedó mirando, me soltó una bofetada que yo supe que merecía por mentirosa. -Vas a volver al sex shop a cambiar el dildo, lo llevarás de ida y vuelta, sin bolsa, tienes que cambiarlo por uno más grande, le dirás al vendedor que ese tamaño no te va a satisfacer, que te lo cambie por uno más grande y vas sin dinero extra, así que tendrás que negociar con el vendedor la diferencia.
Así que ahí voy de regreso, dildo en mano, cuando ya había caminado unas 5 cuadras: -¡Te agarraron en la mentira, mamita!- Yo caminé más rápido, pero antes de entrar a mi destino me di cuenta que una inmensa cantidad de hombres iban detrás de mí como perros en celo -Hola, quiero cambiar el dildo por uno más grande porque este no creo que me deje satisfecha- Tengo otros más grandes, pero son más caros. -Ese es el problema, que no tengo más dinero, ¿Cómo podemos negociar para que me de uno más grande sin que me cueste más? El vendedor mi miró desnudándome con la mirada. -Por una buena mamada se lo cambio- Le dije que no y me jugué el todo por el todo, me di la vuelta como para irme. -¡No se vaya! Por lo menos déjeme verla desnuda- Me quité el vestido, él fue por el dildo más grande, salió del mostrador y me tocó las tetas, me las magreaba hasta producirme dolor, luego se fue directo a mis nalgas y me las sabroseó todo lo que quiso, cuando se sacó la verga me puse el vestido de prisa y salí corriendo, la jauría de perros me acompañó en mi viaje de regreso, ¡serían como las tres de la tarde, un día entre semana en medio de San José! Óscar al verme llegar, sonrió, ¿Dónde quedó aquel hombre tímido que yo tuve que seducir? Ahora era mi dueño y yo feliz de serlo. ¿Qué más me pondría a hacer?
Recuerdo que un día me pidió ponerme un vestidito muy sensual, para variar, casi enseñaba el culo y las tetas y por supuesto a estas alturas, ya no tenía ropa interior porque no la usaba, me fui acostumbrando a llegar vestida como puta a la oficina, sabía que eso a Óscar le daba placer y a mí me excitaba todo lo que me pedía, una vez me llevó a una cena con un cliente, pero como cosa extraña me pidió que me pusiera un hilo, le encantaba mostrarme como su trofeo, como su perra, como su puta y para que el cliente firmara: -Si le pido a mi perrita que se quite el hilo, aquí mismo y lo deje sobre la mesa ¿Firmarías?- Mejor aún, si se lo quito yo puedes contar con mi firma. El cliente se metió bajo la mesa y no solo me lo quitó, también me metió un dedo en la puchita y lo oímos relamerse el dedo, por supuesto, firmó. Otra vez me llevó a un congreso de Bienes Raíces y Óscar y otro agente se disputaban a un cliente muy codiciado, como no se ponían de acuerdo Óscar le propuso que me podía besar si aceptaba dejarle el cliente -Acepto si además me deja que la manoseé desnuda- nos fuimos a una bodega vacía, me desnudaron entre los dos y mientras el agente me gozó cuanto le dio la gana, Óscar se masturbaba como quinceañero.
Una tarde estaba con alguien y me llamó a la oficina, al cliente se le salieron los ojos al verme totalmente, ya que en la recepción, solo disfrutó de verme las tetas, -Jéssica ¿Qué te parece que el señor no quiere firmar el contrato?- ¿Por qué no lo firma señor? ¿Qué puedo hacer para que lo haga? -Pues lo firmo si te desnudas- Óscar me vio sonriente, por complacerlo me quité toda la ropa, Óscar le dio el contrato, pero cuando estaba a punto de hacerlo: -Pero antes de firmarlo me gustaría que me mamaras la verga- Volteé a ver a mi jefecito y él solo subió los hombros como dándome a entender que lo dejaba a mi decisión, me hinqué en medio de sus piernas y empecé a mamarle la picha, cuando estaba a punto de terminar: -Firme y le permito que acabe en mi boca- Él firmo y me llenó la garganta de semen.
Otra vez fue con una clienta, al igual que los anteriores a ella no le parecían del todo las condiciones del contrato, pero me percaté cuando la señora entró a la oficina, la manera lujuriosa en que me vio, así que sin que Óscar me llamara entré a la oficina -¿Les puedo ofrecer algo de tomar?- Ella se levantó con la boca abierta -Mira Óscar, si me dejas hacer un jueguecito pervertido, firmo, pero debemos incluir a tu asistente en mi juego y nadie puede decir que no- Por mí no se preocupe, señora, estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me ordene. -Así me gusta preciosa, quiero ver cómo le mamas la verga a tu jefe- Nos fuimos al sofá, Óscar se sentó en un extremo, me puse en cuatro sobre el sofá y empecé a mamarle la pija, de pronto siento que la señora me estaba besando las nalgas, luego me empezó a lamer toda la vagina y se prendió de mi clítoris como una becerra, no aguanté más y me vine en su cara con un delicioso squirt, luego nos acomodó para que yo le chupara la vagina mientras ella le mamaba la picha a Óscar, a mí no me gustaban las mujeres, pero al ver la cara morbosa de mi jefecito, procedí a mamársela, le olía a meados, pero igual, le metía la lengua en la vagina, le lengüeteaba el clítoris, le metí dos dedos en la raja peluda mientras ella se degustaba con los 30 centímetros de verga de Óscar, por un momento llegué a pensar que me darían celos, pero al ver que Óscar disfrutaba, aprendí que yo había nacido para complacer a ese hombre, a los pocos minutos, la señora se vino en mi boca y Óscar en la de ella, ella firmó y salió satisfecha con la boca olorosa a venidas masculino y femenina.
Mis relaciones lésbicas fueron muy variadas, con Óscar tuve muchísimo sexo con otra mujeres, habían dos chicas con las que a él le gustaba que tuviera sexo lésbico, porque al igual que yo, ellas hacían squirt muy abundante y a Óscar le gustaba ver cómo les comía la panocha a las dos hasta que me bañaban toda la cara, era tanto fluido que me resbalaba por las tetas y el resto de mi cuerpo, hasta ahí todo eso era normal entre nosotras, pero no, tenía que humillarme: Una noche nos invitó a cenar a un restaurante de lujo con una de estas chicas, cuando habíamos terminado de cenar -Putita, quiero que vayas con Gloria al baño, le comes su panochita hasta que se venga en ti, pero no quiero que te seques ni te limpies, te quiero ver de vuelta empapada de sus fluidos.
Así que nos dirigimos a los baños, la cara de Gloria tenía una sonrisa de satisfacción, sabía que nunca Óscar le pediría algo así a ella, yo tenía que ser la puta, la humillada, a la que usaran; en el camino pensé en proponerle que no hiciéramos nada, que yo me echaría agua y él no lo notaría, pero la cabrona de Gloria al nada más entrar, me zampó en uno de los privados, me hincó con violencia, se subió el vestido y tirándome del pelo me puso a que le mamara la cuquita, ella movía la pelvis como para que yo entendiera donde le gustaba más sentir mi lengua y mi boca, a esas alturas ya me fascinaba mamar panochas; Gloria me zangoloteaba del pelo y me decía que le metiera la lengua en la vagina, que le chupara el culo, que le estimulara el clítoris, en eso me agarró la cabeza con sus dos manos y una catarata de su acabada me bañó la cara; salimos de los servicios, yo llevaba un vestido blanco y se notaba que iba toda mojada, se me transparentaban los pezones erectos, Óscar nos hizo sentarnos para esperar a que le trajeran la cuenta, ahí estaba yo, sumisa con aquel olor a panocha en mi boca, la gente me miraba asombrada, con el maquillaje corrido, el pelo desarreglado y con cara de quien quiere ser cogida en ese mismo momento, salimos del restaurante y yo dejé un camino de gotas por donde pasaba. Pero así era mi amo y siempre me mantenía a la expectativa de cuál iba a ser su siguiente orden, eso me mantenía con la adrenalina muy subida. Nunca imaginé que, al conocer a Óscar, mi vida diera un giro de 360 grados, ya el haber sido desnudista en Canadá era suficiente para mí, pero el destino me tenía preparado el camino de sumisa y la suerte de haber vivido intensamente toda mi sexualidad.
Tengo cuatro piercing, uno en cada pezón, otro en mi ombligo y el último en el capuchón del clítoris, me los he cambiado frecuentemente, más el del clítoris, siempre me ha dado mucho morbo tener a un tipo en medio de mis piernas cambiándomelo, viendo como suda sin quererlo, percatándome de su enorme erección bajo su pantalón, haciéndose el muy profesional, disimulando su cara de excitación, me encanta provocar a los que me ponen piercing y nunca voy con el mismo, siempre voy con la excusa de que me da miedo cambiármelo sola, por supuesto que podría hacerlo, pero entonces me perdería del placer del tipo que hunde su cara entre mis piernas con el pretexto de hacer su trabajo de la mejor forma, casi todos acercan tanto su cara a mi panocha que puedo sentir su aliento en mi intimidad. La última vez que me lo cambié, me metí un plug anal de joya en mi culito, el tipo que me lo cambió era totalmente diferente a los otros que parecían los tipos malos de una película de cholos, tipos en camiseta, con jeans ajustados, generalmente fornidos, llenos de tatuajes y piercing en las orejas, la nariz y quien sabe dónde más. Este era un tipo delgadito, como de cuarenta años, con lentes y vestía formalmente, es decir, camisa de vestir y pantalón de corduroy; cuándo le dije cuál era el motivo de mi visita él me extendió una bata, pero yo hice como que no me daba cuenta que me la estaba dando y desnuda me acosté boca arriba sobre la camilla.
-Señorita ¿Está segura que no quiere ponerse la bata?- ¿Qué bata? Dije yo desentendida. -Esta que le di, pero usted no se dio cuenta y se acostó des… nuda- Ay que pena, de verdad que no me di cuenta, pero de todas maneras ya me vio desnuda, a no ser que le incomode. -No tenga pena, el cliente siempre tiene la razón, como dicen- Y soltó una risita estúpida; ahí empezó mi juego perverso, morboso, lujurioso; al pobre hombre le temblaban las manos, yo con toda la intención malsana, cuando ya había elegido el repuesto, abrí las piernas y acomodé las plantas de mis pies a la altura de mis rodillas con lo cual tenía una perfecta visión del plug metido en mi culo; tosió varias veces y tragó saliva como para agarrar valor: -Señorita, perdone que le pregunte, pero ese objeto que usted lleva ¿No se lo quiere quitar? No vaya a ser que la lastime a la hora de hacer el cambio- No puedo, es que al salir de aquí voy a ir a culiar con mi novio y él me tiene prohibido quitármelo. -No se preocupe, seré muy cuidadoso- empezó su trabajo y efectivamente lo hizo con mucho cuidado, lo que a otros les tomaba unos minutos a él le costó el triple y yo gozaba como a una niña a la que le regalan un helado de fresa y chocolate, cuando terminó su trabajo, me agaché sin doblar las piernas para recoger mi vestido, de esa manera tuvo una visión privilegiada de todo mi culo y mi rajita abierta y mojada, me vestí y le pagué -Muchas gracias por su trabajo- Le apreté la verga y salí presurosa.
Ya se había gastado una fortuna regalándome vestiditos sensuales, algunos dirían que, hasta vulgares, pero a mí me volvía loca complacerlo en todo, llegó a regalarme unos 150 pares de zapatos y botas y unos mil vestidos, juro que no exagero; pero como que esa aventura del dildo le dio otras ideas más cabronas, me llevaba cualquier cantidad de juguetes sexuales, bolitas chinas, plugs anales, vibradores, en fin, yo era su esclava y mi amo estaba dispuesto a hacérmelo saber. Como que una idea lo llevó a otra, una noche que jugaba con las bolitas chinas en mi vagina y con el plug en mi ano: -¿No crees que ya es hora que te reviente el culo?- Pero si ya probamos como tres veces y no se puede, no me entra. -Pero este plug que te acabo de meter es el más grande del mercado, yo creo que ahora sí te voy a poder culiar- me llenó el ano de lubricante, se puso otro poco en la cabeza de su picha y empezó a metérmela, cuando lograba meterme la cabeza, era lo más que aguantaba, lloraba muerta de dolor, pero era un dolor inaguantable, nada de placer, al principio él era muy cuidadoso, se quedaba quieto para que yo me acostumbrara a su tamaño, una vez que dejaba de llorar me la seguí metiendo, yo me metí las colchas a la boca para ahogar mi dolor y él, hiper caliente me la dejó ir, yo pegué un grito digno de María Callas; ¡Me rajó el culo! ¡Me unió la vagina al recto!
Me llevó al hospital bañada en sangre para que me cocieran ahí: -Dígame señorita- Me dijo el doctor -¿Cómo fue que le ocurrió ese accidente?- Ay doctor me muero de la vergüenza ¿Usted no se imagina nada? -No importa lo que yo imagine, la ciencia exige hechos no supuestos- Es que… mi pareja quería practicar sexo… anal… y me rompió el… -Tal parece que le hubieran introducido un objeto muy grueso para romperle la piel que divide el recto y la vagina- Así fue doctor, Óscar la tiene muy larga y muy gruesa, le mide como 30 centímetros y es del grosor de una lata de Coca Cola. -Solo así se explica lo que le ocurrió, la voy a dejar unos días internada hasta que cicatrice bien la herida- Lo peor es que todos los médicos y enfermeras venían a ver a la perra que le habían desgarrado el culo. Mentira, eso no fue lo peor, a los dos meses volví a ingresar al mismo hospital y por las mismas causas, para colmo de males me atendió el mismo doctor ¿Qué explicación coherente podía dar? Más que era una puta a la cual le encantaba que le rajaran el culo.
CONTINUARÁ.
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