Hogwarts: La Orden del Fénix, parte 2
La Sala de Menesteres no solo esconde secretos mágicos, sino que se transforma en un redil de placer donde el deseo es la llave del poder. Harry y Neville, dos jóvenes con cargas emocionales distintas, descubren que la liberación de sus instintos es el único camino para dominar la magia oscura y superar sus miedos.
HOGWARTS: LA ORDEN DEL FÉNIX, parte 2
Sala de Menesteres
—¡Yo encontré un sitio! —había exclamado Neville Longbottom, que había llegado corriendo junto a Harry, Hermione y Ron. Con los años, el pequeño gordito y ansioso Neville se había convertido en un joven aún ansioso, pero muy alto, robusto, y hasta atractivo cuando no estaba nervioso o acobardado—. ¡Luna tenía razón, sí existe! ¡Encontré la Sala de Menesteres!
La Sala de Menesteres era un rumor, un salón secreto cuyas puertas solo se abrían para quien realmente lo necesitara, y cuyo interior se adaptaba mágicamente a sus necesidades y demandas con todo lo que fuera de menester. Neville había llegado allí tras escapar de las Inquisidoras Pansy Parkinson y Daphne Greengrass, y tras masturbarse allí gracias a varias revistas de fotos de ambas chicas en traje de baño, loción y un par de juguetes, corrió a avisarle a sus amigos que había encontrado un sitio para que el Ejército de Dumbledore entrenara.
Ejército de Dumbledore. Así fue como Hermione, Ron y los demás llamaron a su pequeño grupo que tenía por misiones tanto protegerse del equipo de Umbridge, como entrenar y mejorar sus habilidades mágicas, con la guía del profesor que habían elegido: Harry Potter.
El encantamiento de desarme, el aturdidor, la maldición explosiva, el hechizo catapulta y el de protección, todo lo que Harry sabía intentó enseñarlo a sus estudiantes, así como las versiones más avanzadas de ello, que había aprendido con los años. Incluso trató de enseñarles el encantamiento Patronus que les permitiría defenderse de los Dementores.
El problema era que, incluso si muchos de sus compañeros eran talentosos y habilidosos, aprender hechizos avanzados de una sola vez, en tan poco tiempo, no era nada fácil. Harry lo había logrado sencillamente porque había estado en situaciones críticas, donde la adrenalina había estado en su límite; además, había tenido maestros ideales.
—Bueno… podríamos hacer lo que hace la Orden —sugirió Ron, medio en serio medio en broma.
—¡Ronald Weasley! —exclamó Hermione, golpeándole el hombro con un libro—. No estamos para tonterías, esto es serio.
—Oye, pero funciona, ¿no? La Orden del Fénix usa ese hechizo de nuestro senil director, ¿cómo era? “¿Placer Comelón?”
—Solo tú lo podrías convertir en comida. Es Placere Communionem, y requiere que todos lo utilicen a la vez… N-no es que lo hubiera investigado porque quisiera, fue solo curiosidad, no me miren así —dijo Hermione, a la defensiva.
—Ron tiene razón. Contacto físico íntimo para aumentar nuestra destreza con la varita. Es válido, con un hechizo creado por el mismísimo Dumbledore —reflexionó Harry, el admirador número uno del anciano—. Estoy seguro de que los demás estarán de acuerdo…
Funcionó mejor de lo esperable desde el momento en que, todos juntos, exclamaron el encantamiento en voz alta. La Sala de Menesteres tenía una sub-sala principal donde los estudiantes entrenaban con todas las herramientas necesarias para un duelo mágico; y antes, durante, o después de cada práctica, si algún alumno lo necesitaba, podía irse a las habitaciones interiores privadas que se habían manifestado, para dar rienda suelta a su placer, solos o con sus compañeros, y así mejorar su capacidad mágica, lo que estaba rindiendo frutos.
Parvati y Padma Patil solían entrar antes de cada entrenamiento, juntas, y tras ello eran capaces de hacer estallar múltiples paredes con poco esfuerzo, gritando Bombarda. Seamus Finnigan había desarrollado una capacidad aún mayor, con Bombarda Máxima, y solo requería de diez minutos a solas con una estudiante al azar a la que seducía sin problemas. Luna ingresaba a las habitaciones a distintas horas, siempre con alumnos distintos (incluyendo a Ron y Hermione), y en dos semanas ya era capaz de generar un Patronus con forma de liebre. Y Ginny entraba sola después de cada práctica, sin decirle a nadie qué hacía allí, y poco después aprendió a lanzar el más poderoso Reducto que cualquiera de ellos hubiera visto. Desde luego, Hermione y Ron también habían mejorado muchísimo en sus habilidades, entrando juntos, por separado, y con otros estudiantes, y luego mostrando maestría extraordinaria en las clases con Harry.
Lamentablemente, Harry era el único que no había tenido tiempo de usar las instalaciones interiores de la Sala de Menesteres. Estaba siempre demasiado ocupado enseñando a mínimo cinco estudiantes, que iban rotando, y por lo tanto, siendo un muchacho responsable, solo podía limitarse a escuchar los gemidos lejanos de sus compañeros, o imaginar lo que sus compañeras hacían adentro cuando salían de las habitaciones con el cabello alborotado y rubor en las mejillas. Sus erecciones no podían más… Y en la que más se fijaba era en la chica que había intentado seducir, sin éxito, el año anterior: Cho Chang.
Un día, como muchos otros, Cho se quedó después de clase, llorando junto al retrato de Cedric Diggory que habían puesto en un muro, en su honor. Harry se acercó a ella, por honesta compasión, y le puso una mano en la espalda protegida por la capa azul y negra. Solo una chica, una pelirroja, se quedó más tiempo del debido, mirando a los dos antes de salir de la Sala de Menesteres con tristeza…
—¿Cómo estás? —preguntó Harry, que notó la presencia de cabello rojo detrás de él, pero algo le impedía pensar en ello—. Supe que Umbridge casi te atrapa el otro día…
—No fue nada —contestó la chica, sonriendo con tristeza, turnándose entre mirar la foto de Cedric y a Harry—. Todo esto lo vale. Estoy aprendiendo muchas cosas y es algo hot…, divertido, digo.
—Sí, imagino que sí.
—Oh, lo siento —se disculpó la chica, poniendo una mano en el pecho de Harry—. Sé que has estado muy ocupado enseñándonos y no has podido… um…
—Nah, está bien, solo me importa protegerlos. Cedric pensaba igual. —Inmediatamente después de decirlo, Harry sintió que su polla lo regañaba. ¿Por qué mierda se pondría a hablar del ex de Cho cuando se estaba empalmando con estar cerca de ella?
—¿Crees que él se hubiera unido al Ejército de Dumbledore?
—Claro que sí, fue un gran mago. Apuesto que… um, te divertías mucho con él.
—Sí… muy a menudo —dijo ella, bajando la mano por la camisa de Harry—, pero creo que solo lo hacía porque tú te demoraste un poco más en llegar a invitarme al baile. No, no pongas esa cara, claro que te vi allí mientras Cedric y yo... hacíamos cosas. Lo siento, no pude rechazarlo, pero tampoco te habría rechazado a ti.
—Lo entiendo bien. Lástima que me la pase enseñando. —Harry bajó la mano hacia la cintura de Cho, y ésta le indicó con la mirada que podía seguir bajando…
—Eres un gran profesor, Harry, se nota que tienes experiencia. Apuesto que puedes enseñarme muchas más cosas. Me encantaría ayudarte a que uses la Sala de Menesteres como corresponde, Harry. —Cho miró hacia arriba, donde sorpresivamente una ramita de muérdago estaba bajando desde el techo—. Mira. Muérdago. ¿Sabes lo que significa?
—¿Qué? Espera, ¿de dónde mierda salió esa pla…? —Harry no pudo completar la oración cuando Cho se colgó a su cuello y comenzó a devorarle la boca con un hambre y una pasión que solo podían provenir de una chica desesperada por afecto. Harry sabía eso, pero no por eso iba a perder la oportunidad de echar un buen polvo.
Mientras tanto, desde cierta distancia, junto a una de las habitaciones internas, Fred y George Weasley reían en silencio, satisfechos tras haber conjurado el muérdago para darle a su amigo el relajo que se merecía. Uno de ellos, sin embargo, tenía sus dudas.
—Oye, sé que es un buen morreo y todo, ¡joder!, ¡mira como se tocan, Fred!
—Sí… Esa Cho sí que sabe dónde tocar. Mira como le toca el culo a Harry, George.
—Está bien… pero sabes perfectamente que nuestra hermanita anda detrás de nuestro “profesor Potter”. ¿No deberíamos haberlos juntado a ellos mejor?
—Ginny está saliendo con Dean Thomas ahora, creo, así que polla no le falta. Además, Georgie, tienes que dejar que las cosas ocurran con naturalidad. Harry ya se dará cuenta de con quién tiene que estar. Nuestro trabajo ya está hecho. Por ejemplo, era simple cosa de tiempo para que las putitas de Parvati y Patil nos chuparan la polla. Cosas de gemelos, venga.
—¿Saben que estamos aquí, verdad? —preguntaron con sarcasmo las dos gemelas, a la vez, que en ese momento se encontraban de rodillas chupando los penes erectos de los gemelos Weasley junto a la puerta de la habitación.
—Tienes razón, Fred. Venga, llevemos a estas dos a la cama. Dejemos a los tórtolos solos. Además, aún tenemos que preparar los explosivos para arruinar la vida de Umbridge.
—Chicos, los van a expulsar —dijo Parvati, desnudándose rápidamente para meterse a la cama con George. Padma ya estaba empezando a masturbarse para encender motores.
—Y que conste que esa es la principal razón por las que estamos echando un polvo con ustedes, para que se larguen de la escuela en grande.
—¡Gracias! —exclamaron los gemelos, sonrientes, incapaces de captar el sarcasmo.
Cho saltó sobre Harry y abrazó su cuerpo con sus piernas, y el cuello con sus brazos, besándolo con más pasión y desenfreno que nadie antes. Harry se bajó los pantalones y Cho se quitó a duras penas la capa y la camisa, sin desear soltarse del chico. Miró hacia abajo y se encontró con su erección. La chica asiática sonrió y se relamió los labios.
—No sabía que tenías eso entre las piernas, Harry… Mmm, debí haber hecho mucho antes.
—Así es. Debiste. —Harry había estado haciendo mucho ejercicio durante los años, quisiera o no, con todos los desafíos físicos que enfrentaba. Le fue fácil tomar a Cho de las piernas y girarla mientras ella chillaba del susto, poniéndola cabeza abajo.
—¡Dios mío, Harry! ¡Tienes que avisarme de estas cosas! —Cho no discutió más, abrió la boca, y se metió con ganas la polla del muchacho a la boca. Tenía una habilidad particular para chupar, pasando la lengua en círculos rápidos alrededor del capullo mientras movía la cabeza lentamente, parecía una máquina para hacer algodón de azúcar—. Chuuuuuup… chuuuuuuup… chuuup
—Ohhhh, ohhh, Chooo, mmm, nunca me lo habían hecho así… —Harry decidió agradecerle. Le abrió las piernas y olió sus bragas empapadas—. Sniiif, qué rico… Vale, ¡bragas fuera!
En un 69 vertical, Harry y Cho se complacieron mutuamente en medio de la Sala de Menesteres, sin importarles si alguien regresaba y los descubría, ni siquiera si era la vieja Umbridge o alguno de los Inquisidores dirigidos por Draco, o… una pelirroja que apareció en la mente de Harry, y que rápidamente fue borrada. Estaba demasiado intoxicado con el aroma del coño que lamía como un animal, y Cho estaba practicando nuevas técnicas sensaciones con la polla en su boca.
Tras un rato, Harry bajó a Cho, y ésta tuvo que apoyarse con sus manos. Harry la tomó cual carretilla, le subió la falda negra, y la penetró, adaptándose perfectamente a la apertura vaginal, que liberó un par de chorritos de excitación, y luego unos cuantos más a medida que Harry la follaba en esa posición tan salvaje.
—Ay, aaaay, aaaaaaaay, ugghhh, uhhhhh, ¡qué bestia eres, Harry!
—¿Te molesta?
—¡NO! ¡Me encanta! Aaaayyyy, ughhhh, siento como si me estuvieras usando, como si tan solo fuera una muñeca barata que puedes usar como quieras mientras te deje satisfecho —la voz de Cho fue poniéndose más aguda a medida que iba hablando, y terminó en un largo chillido—, aay, aaaaaaaaaaaaaaaaaay, ahhhhhhhh, me encanta que me uses así, Harry, no te preocupes por mí, ni en qué posición me pongas, solo disfruta y folla a tu putitaaaaaahhhh, aaaahhhhh…
—¡Apuesto que nunca te follaron así!
—N-no… Cedric me hacía otras cosas ricas… —dijo Cho, con cierto tono de desafío que no pasó desapercibido para Harry.
—¡Golfa de mierda!
Harry la obedeció y la bajó aún más, sin dejar de follarla fuertemente. Cho terminó con el cuello torcido en el suelo, los brazos temblorosos intentando aguantar, las piernas tan abiertas que le dolían, y aún así, la asiática no podía dejar de correrse, liberando squirts sin parar al ser dominada por un Harry controlado por los celos que causaba el fantasma de Cedric.
Harry había decidido usarla, divertirse con ella si tanto le gustaba a la zorra. Se había follado a Cedric múltiples veces frente a él, ¿y ahora venía con que sabía de sus sentimientos? Harry tenía estima hacia Cedric, pero le demostraría a Cho Chang que era mucho mejor que él. Vaciaría su esperma en esa puta hasta que se desbordara… De pronto, nuevamente la imagen de una chica de ojos cafés apareció en su cabeza, haciéndole recordar lo ciego que era.
El muchacho, enfadado, tiró a la chica completamente al suelo y se montó encima de ella, escupiendo entre las nalgas de Cho para lubricarla, y apostando allí su polla reluciente.
—¿Eh? E-espera, Harry, ¡s-soy virgen por allí! N-ni siquiera Cedric me…
—Precisamente. Ni siquiera Cedric. —Harry deslizó dificultosamente su miembro en la puerta trasera de la muchacha, y comenzó a entrar, disfrutando de los espasmos orgásmicos de Cho, que era tan cachonda que se excitó aún más al darle su virginidad anal a Harry.
—S-sigue… oh, no puedo creer que se sienta tan… ¡Dios, es TAN GRANDE Y DURO! E-espera, un poco más lento… A-así… ¡¡¡ohhhhhh!!! ¡¡¡aaaaayyyy síiiiiiiiiiiiiiiii!!! ¿Ya está todo adentro?
—Aún no todo.
—¿Aún no todo? Dios mío, Harry, vas a partirme en dos con tu verga, so bruto, no voy a poder levantarme en días… a-a-ahhh… aaaaahhhhhhhhh… tus bolas están tocando mi coño, aay, ughhhh, ya estás todo adentro, eres enorme, Ced… ¡H-Harry! —se corrigió con un gesto falso de culpa. Era obvio que se había “equivocado” a propósito, Harry lo sabía, pero no impidió que se tensaran sus músculos y comenzara el bombeo anal más frenético y violento de su vida.
—¡Puta de mierda! ¡¡Ahhhh!! ¡¡Toma por culo!! ¡Di mi nombre, Cho!
—N-no… ahhhh, ahhhhhhh —Cho comenzó a babear. No podía admitir cuánto le estaba gustando por el culo, pero se hacía cada vez más difícil. Jamás había tenido una experiencia tan increíble en un polvo—. No lo séeeeehhhh
—¡Di mi nombre! —Harry le dio un par de fuertes nalgadas que le dejaron el culo rojo, y luego tiró de su cabello para poder besarle el cuello. La estaba venciendo en su juego—. ¡Dilo!
—¡H…! ¡Ha…! —No era que no quisiera decirlo. Estaba derrotada, corriéndose una u otra vez como la ninfómana más cerda, pero era incapaz de articular palabra.
—¡Dilo, zorra!
—¡Harry! ¡¡Harry!! ¡¡¡HARRY POTTER, Y NADIE ME HA FOLLADO MEJOR QUE TÚ!!!
—Eso quería escuchar, Ginny —dijo Harry, lo cual no fue oído por Cho, que estaba en medio del orgasmo más intenso de su vida.
El mismo Harry no se dio cuenta del nombre que había pronunciado hasta mucho después, cuando le llenó a Cho el culo de leche, se vistió, la dejó tirada bajo el muérdago, y salió de la Sala de Menesteres sintiéndose satisfecho…, pero también culpable.
Invernadero de la Profesora Sprout
Había un estudiante al que le estaba resultando particularmente difícil mejorar su destreza para defenderse de la magia oscura. Por un lado, Neville Longbottom tenía un pasado oscuro, dado que una bruja llamada Bellatrix Lestrange había torturado a sus padres con la maldición Cruciatus, que los había dejado en estado vegetativo. Pero, además, no era capaz de aprovechar bien la magia de la Sala de Menesteres. Si bien las chicas ya lo consideraban algo guapo, él era demasiado tímido e inseguro para invitarlas a alguna de las habitaciones. Tampoco gustaba masturbarse a solas, pues sentía que si una chica lo veía, se burlaría de él.
Hermione se reunió con algunas de sus compañeras del Ejército de Dumbledore en la biblioteca. Junto con Parvati, Padma, Luna, Cho y Ginny, las seis chicas decidieron que era momento de curar la inseguridad del dulce Neville.
Para ello, una noche, Luna lo llevó sin decir una sola palabra al Invernadero favorito de la Profesora Sprout, donde se realizaban las clases de Herbología. A esa hora, ya ningún alumno tenía clases, y no fue difícil entrar incluso a oscuras. Filch tampoco andaba por esos lares, fuera de colegio, era el lugar perfecto para darle la sorpresa al muchacho.
—Luna, ¿podrías decirme, por favor, qué estamos haciendo aquí? —preguntó por enésima vez.
—Lumos Máxima —rezó Luna, y un montón de luces mágicas se encendieron. Bajas, sensuales, iluminando lo suficiente el Invernadero para que Neville pudiera ver, pero no lo suficiente para que algún curioso de afuera supiera que había alguien adentro.
El premio era el siguiente: cinco chicas vestidas al estilo de los “Breastaurants” de Estados Unidos, como Hooters, solo que… para él. Estaban abrazadas una al lado de la otra en cadena, moderadamente maquillas, con una pierna doblada en postura sexy, y con miradas que indicaban perversiones. Todas llevaban zapatillas deportivas, calcetines blancos, y el cabello cayendo en cascada sobre sus senos. Lucían shorts diminutos, casi calzones, de colores rojos los de Hermione, Ginny y Parvati, y azules los de Padma y Cho. En las ceñidas camisetas blancas y sin mangas se leía el nombre “NEVILLE”, junto a una imagen de unos labios y una banana. Después de que Neville pestañeó 10 veces, sin poder creer lo que veía, Luna se unió a las chicas luciendo el mismo “uniforme” de las demás, con los mini-shorts azules de Ravenclaw.
—¿Q-q-qué…? ¿Qué es esto-to…? —tartamudeó Neville, casi cayéndose de espaldas.
—Neville, eres muy tímido, pero también muy lindo —dijo Hermione, acercándose al muchacho, que hacía lo posible por no mirar el generoso escote de la chica.
—Queremos quitarte esa timidez —dijo Parvati.
—Y este parece el lugar adecuado para ti —dijo Padma, siguiendo a su hermana.
—Por esta noche, Neville, somos tuyas —añadió Luna, juntando las manos para que sus brazos extendidos incrementaran el tamaño de su ya gigantesco busto.
—Así que elige, Neville. ¿Quieres comerte una leona apasionada de Gryffindor que se muere por comerte…? —preguntó Ginny, que junto a Hermione y Parvati tiraron de su camiseta, mostrando el asomo de uno de sus senos, todo muy bien ensayado y coordinado.
—¿...O una avecita de Ravenclaw que te llevará al cielo para que veas estrellas? —concluyó Cho la presentación, y junto con Padma y Luna se acariciaron mutuamente las piernas.
—Y-yo… yo… —Neville intentó concentrarse con todas sus fuerzas. Su cuerpo estaba a punto de desmayarse, pero debía resistir. Lo más probable era que la situación fuera un sueño febril; Hermione había dicho que esas seis damas lo consideraban guapo, eso era evidencia más que suficiente para saber que era un sueño.y los sueños tenían un final inesperado, así que debía aprovechar la oportunidad. Jamás se volvería a dar algo así, así que sacó pecho e intentó poner su voz grave—. Quiero una… l-leo… ¡ejem! ¡una leona primero!
—Sus deseos son órdenes, amo —dijeron las tres chicas Gryffindor con una pequeña reverencia, y corrieron hacia él.
Mientras Parvati y Ginny le tomaban una de cada brazo y le besaban los bíceps, los hombros y el pecho, Hermione se puso de rodillas, mostrándole al nervioso muchacho una de sus más perfectas y brillantes sonrisas. Le bajó la cremallera de los pantalones, y se preparó para lo que fuera. Si no había tenido ni siquiera novia, quizás tampoco tenía mucha confianza en lo que tenía entre las piernas… Ninguna de las chicas se esperaba lo que había allí.
El miembro fálico de Neville Longbottom era un pene circuncidado excepcionalmente grueso, más que cualquiera de sus compañeros, y también bastante largo, con dos testículos enormes y un capullo rosadito y húmedo. Hermione no podía creer lo que veía, y se acercó tanto al pene de Neville que se lo terminó frotando contra las mejillas.
—Neville… por todos los cielos, Neville, ¿cómo es que te guardaste esto tanto tiempo? Mmmm, snif, sniiiiif, tiene un olor muy fuerte…
—Perdona, no me he bañado todavía esta noche y…
—No te disculpes, cari, me fascina este aroma —dijo Hermione, jugueteando con su verga con los dedos mientras las otras chicas seguían embobadas mirando el león despierto del tímido niño—. ¿Dónde quieres ponerlo, cariño?
—En… en tus… t-te…
—¿Mis tetas? ¿Quieres que te haga una rusa con mis senos, Neville? —inquirió Hermione, resaltando sus enormes senos con ayuda de sus brazos y su sensual escote. La muchacha no esperó respuesta, y guardó el pene de Neville debajo de su top blanco, arropándolo con sus senos, y comenzando a moverlos lujuriosamente—. Mmmm, Neville… tu pene es enorme, es como si estuviera hecho para mis tetas, jijiji.
—Ohhh, ohhh, no quiero despertar, Hermione Granger me está haciendo una rusa —susurró Neville, ganándose unas risitas cómplices de Padma y Cho, que junto con Luna esperaban a un lado acariciándose las tetas por encima de la camiseta, imaginando que eran ellas las que le hacían la paja rusa.
Mientras tanto, Ginny y Parvati seguían besando el cuerpo de Neville. De un momento a otro, Parvati estaba ocupada de su cuello, y Ginny estaba de puntillas chupando el lóbulo de la oreja del chico, susurrándole guarradas.
—Te veo respirar fuerte… muy acelerado, ¿vas a correrte, chico malo?
—Ohhhh, ohhhhhhhhhhh
—Mmm, Neville, te sientes muy caliente entre mis pechos —dijo Hermione, apretando más sus manos contra los lados de sus pechos para presionar más el pene entre medio—. Venga, no te cortes, échalo toooodo aquí en mis gomas, Neville.
—¿Vas a eyacular en las tetas de mi amiga? —continuó susurrando Ginny al oído de Neville, con Parvati lamiendo libidinosamente el cuello del muchacho—. Mmmmm, qué rico, después quiero que lo hagas en mi cara, me muero por echarme tu crema facial.
—Ohh, ohh, ohh… ughhh… ¡¡¡OHHHHHHHHHHHHHH!!! —gritó Neville, estallando debajo de la camiseta de Hermione, tiñiéndola de un blanco amarillento mientras ella reía como una niña pequeña, feliz de haberle causado tal orgasmo.
—¡Madre mía, Neville, qué corrida! ¡Mis tetas no pueden contener tanto, jijiji!
Después de unos segundos, sin embargo, las chicas notaron lo raro de todo el asunto. Se habían acostado con varios hombres y sabían perfectamente el proceso que ocurría tras un orgasmo. El pene se ponía flácido y requería de un tiempo para volver a prepararse. Las seis chicas estaban preparadas con juegos y prácticas con las plantas del invernadero mientras esperaban…, pero no imaginaban que él muchacho iba a continuar empalmado, tal vez incluso más que antes.
—¿N-no necesitas un descanso? —preguntó Luna, confundida. Pensaba haber aprendido bastante ya del sexo ¡y ahora le cambiaban del libreto!
—¿Descanso? No lo sé… Es un sueño, ¿no? ¿Por qué necesitaría descansar?
Ginny se puso de rodillas, impulsada por la lujuria, tomó la verga de Neville y comenzó a chupársela con ganas, mientras las otras chicas volvían a tocarse por encima de la ropa, en especial Hermione, que se restregaba la eyaculación de Neville por las tetas.
—Ohhh, ohhhhh, ohhhhhhhh… t-también soñaba porque la hermana de Ron me la chupara… ¡es una muy sexy pelirroja! ¡Es una diosa fogosa! ¡Me encantan las pelirrojas! —exclamó Neville, poniendo la mano sobre la cabeza de la muchacha, que estaba excitadísima ante los piropos.
—Chup, chup, chup, chup, chupchupchup, ¿qué esperaaaas? —preguntó Ginny, lamiendo, chupando y besando el largo y especialmente el ancho de aquel grueso cipote que tan bien sabía. Hermione tenía razón en que el olor fuerte era cautivador—. Acaba, chup, chup, dame de beber tu lefa caliente, chupchupchupchupchup…
—Ohhhh, ahhhh, ughhh… —Neville dio unos pequeños golpecitos en la cabeza de la muchacha, anunciado que iba a llegar al clímax de nuevo, pero ella se negó a dejar ir la polla en su boca. Quería que disparara en su garganta, y así lo hizo el chico, con cuatro chorros de semen que ella comenzó a tragar rápidamente, ahogándose en ese líquido delicioso—. ¡SÍIIIIIIII!
—Mmmm, gulp, gulp —se oyó la garganta de Ginny, tragando, mientras sensualmente se limpiaba los labios con los dedos—. ¡Qué delicia! ¡Qué bien sabe cuándo se están guardando! Ahora sí vas a descansar N… ¡¡Neville!!
No tenía sentido. Las chicas estaban en shock ante la erección magnánima de Longbottom, que cerraba los ojos y respiraba como si durmiera. Todas pudieron llegar fácilmente a la conclusión increíble: Neville estaba tan convencido de que estaba dormido, y que no quería despertar, que estaba doblando de alguna manera la realidad, siendo capaz de mantenerse perfectamente empalmado, sin contar cuantas veces eyaculara.
—Necesito saber cómo funciona —dijo Luna, dándole la espalda al chico, inclinándose sobre una mesita, y corriendo sus shorts a un ladito para que pudiera verse su hermoso coño. Sin ganas de desaprovecharlo, las otras dos Ravenclaw hicieron lo mismo.
—Elige un coñito, Neville, y usa a tu putita favorita como quieras, estamos todas abiertas para ti, y solo para ti —dijo Cho, sumisa y guarrilla como siempre. Cho, Luna y Padma estaban entregadas y cachondas, deseosas de ser elegidas por el monstruo de cabeza rosada de Neville. Éste terminó eligiendo la de al medio, la única chica que siempre había sido buena con él.
—¡¡Ayyyy, Neville!! —gritó Luna, al ser penetrada por el muchacho. Había sido desvirgada hace poco por Hermione, pero ya era toda una golfa maestra—. ¡¡Qué bueno!! ¡¡¡Es muy grande y caliente y precioso, aaaaayyyyyyyyyyy!!!
Hermione y Ginny no se aguantaron, y comenzaron a masturbarse ante la escena. Las gemelas le subieron a Cho la camiseta y empezaron a lamer y chupar sus tetas mientras miraban. Neville era bastante torpe, pero también bastante intenso para follar, por lo que su inexperiencia era compensada por su fuerza y desenfreno.
—¿Así se siente follar? Ohh, ohhhh, ohhhhhhh, ¡cómo deseo hacerlo cuando despierte!
—¿Cuál es tu sueño, Nevilleeeehhhh, ahhh, ahhh, ayy, ayyy, ay, ay? —gemía Luna, con la voz entrecortada por cada embestida.
—Que Luna Lovegood me despierte con una mamada, y luego se siente en mi pene… C-creo que me estoy enamorando de ella, ohhh, ahhh
Luna se ruborizó, sonrió misteriosamente, se arregló el sedoso y hermoso cabello rubio hacia adelante, y permitió que Neville se inclinara sobre ella y le lamiera la curvatura de la espalda. Él aumentó la velocidad, su verga se convirtió en una borrasca contra el coño de la niña soñadora, y cuando no pudo aguantar más, Longbottom estalló.
—¡¡¡AHHHH!!! N-Neville, ahhh, ayyy, ¡te estás corriendo dentro mío! —Luna estaba muy excitada, era primera vez que eyaculaban en su vagina. Luego le pediría ayuda a alguien para evitar un embarazo… quizás. Tenía cierto morbo el creer que podía pasar la otra opción…
Desde luego, Neville continuaba empalmado, con el capullo de su falo reluciente de esperma y fluidos vaginales. Esta vez, las gemelas Patil tomaron cartas en el asunto, recostaron a Neville sobre una mesa tras apartar las plantas, y se ubicaron una a cada lado. Gracias a su excepcional elasticidad y natural aptitud atlética, no les fue difícil cruzar las piernas abiertas una con la otra, de tal manera que los coños de ambas hicieron un “emparedado” con la erección de Neville al medio.
Las gemelas se tomaron de la mano y comenzaron a menearse, frotando sus intimidades entre sí, a la vez que estimulaban al tímido muchacho.
—OHHHHH, esto es… g-guau… ¡es como si sus vaginas se besaran!
—Jejejeje, ¡eres súper adorable! ¡Ahh, ahh, ahh, ahh! —gemía Parvati con cada movimiento erótico de su sensual cintura.
—Hacemos tijeras todas las noches cuando estamos en casa, ¡hacerlo con una polla en medio es algo nuevo y muy bueno! —exclamó Padma, acercándose precozmente al orgasmo, al igual que su gemela. La polla de Neville tenía poderosas venas que, al rozar con sus chuminos mojados, generaban una fricción espectacular, que las tenía vueltas locas.
—¡Esto es mucho mejor que masturbarse! ¡¡Ahhhh!! ¡Voy a correrme en gemelas! ¿P-puedo?
—¡Báñanos de lefa caliente! Ahhh, ahhh, ahhh, ¡échalo todo sobre nuestros cuerpecitos!
—¡Cúbrenos con tu crema blanca y pegajosa! Mmm, mmmm, síiii, ¡hasta la última gota!
Con otro sonido gutural, Neville volvió a explotar, y su eyaculación fue como un volcán, cuya lava se desparramó sobre las piernas y las candentes cinturas de las gemelas, que se frotaron mutuamente un rato más hasta que ellas también alcanzaron su segundo orgasmo compartido.
Cho subió a la mesa y se apuntó la verga erecta de Neville en su entrada trasera. Desde el momento en que Harry le estrenó el culo, no había parado de follar analmente, y si no tenía con quién hacerlo, usaba todo tipo de juguetes e instrumentos. Se había obsesionado con introducirse cosas en el recto, y Neville no fue la excepción. Cho se dejó caer, sentándose sobre Neville, comenzando a montarlo casi de inmediato mientras el joven aullaba de placer.
—¡Está en su otro hoyito! ¡¡Esto es el mejor sueño de mi vida!! ¡¡¡UNA CHICA ME ESTÁ MONTANDO CON SU TRASERO!!!
—D-dime guarradas, Neville, por favor… Inténtalo, bebé, dime todas las guarradas que se te ocurran —suplicó Cho, que se había vuelto fan del “dirty talking” también.
—N-no sé… ¿Es eso correcto? Uhhh, ahhh, ohhh…
—Este es tu sueño, Neville, ¿no te acuerdas? No te cortes, dime todo lo sucio que se te ocurra, trátame como tu… ¡tu sucia perra! ¡tu china puta! ¡¡¡AHhhhh!!! ¡Trátame como tu furcia asiática!
—P-puta… ¡P-perra! —tartamudeó Neville, pero Cho le exigió más a gritos—. ¡Z-zorra! ¡Sucia! ¡Cerda de mierda! ¡Golfa cachonda! ¡¡¡Guarra comepollas, igual que todas ustedes!!!
Las otras chicas escucharon mientras se masturbaban, metiéndose los dedos en la boca, el coño y/o el culo, alcanzando múltiples orgasmos.
—¡Sí, somos todas come-pollas! ¡Todas para ti!
—Somos tu harem, Neville, puedes hacernos lo que quieras cada vez que te pongas cachondo.
—Si tienes ganas, sólo pidenos y con gusto echaremos un polvo. ¡Somos tus putas personales!
—¡Tu harem está siempre empapadas para ti, somos de libre uso, úsanos cuando se te apetezca!
—Me corro, ¡me corro, zorra! ¡¡¡ME CORRO EN EL CULO DE LA PUTITA DE HARRY!!!
—¡Me estás llenando el ano de lefa, ahhhhhh! ¡¡Está hirviendo, me muerooooo!!
Neville se bajó de la mesa, mareado, confundido por no haber aún despertado, a pesar de que solía terminar antes de la “mejor parte”. Se preguntó si eso aún estaba por llegar, pues Hermione Granger, Luna Lovegood, Ginny Weasley, Cho Chang, Parvati Patil y Padma Patil estaban todas frente a él, en posición de perrito en el suelo, meneando los culos hacia él, invitándolo a elegir a quién penetrar, por el agujero que desease.
Se preguntó si, quizás, no era un sueño. Si era así, entonces podía hacer lo que quisiera. Sacó su varita, y con facilidad disparó el Expelliarmus que tan difícil había sido, sobre unas herramientas de Sprout que salieron volando. Neville sonrió. Miró los seis culos y se preparó para elegir.
Continuará...
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El mundo se acaba, pero para Lucas solo comienza el verdadero juego. En una isla aislada, la civilización cae para dar paso a un orden donde la…
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- Hetero: Infidelidad
Guerra de celos
La cena de negocios era solo el escenario; el verdadero juego comenzaba cuando bajaron las luces.
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- Hetero: Infidelidad
El semental de mi vecino (final)
La puerta se cerró y el silencio de la casa fue roto por la presencia de un joven que no debería estar allí.
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- Dominación
Siete (2)
La puerta se cierra y el calor se vuelve insoportable. No hay sillas, no hay ropa, solo siete cuerpos desnudos y un viejo que decide quién merece…
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