Xtories
Dominaciónago 2022

Profesor y alumna

El cuero cruza el aire y el dolor se mezcla con el placer. Ella no es solo su alumna; es su sumisa, su juguete, su 'gatita'. Esta noche, la lección no termina en el salón: suben a la habitación, y la correa espera.

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Todo retumbó cuando se escuchó el latigazo de cuero sobre mi nalga izquierda. Me acordé de todas aquellas veces que había escrito mal alguna palabra a mi Profesor. Recordé las veces que pedí perdón y supe que no eran suficientes. Recordé cómo, mientras él dormía tras la mamada que le había dedicado aquella tarde, decidí pasarme el mando de la tele por mi mojado y chorreado coño. El cuero me dolió, pero el placer me recorrió desde el culo hasta la cabeza y las extremidades, atadas con aquellas esposas de metal. Agaché el cuerpo hacia el sofá y suspiré, encogí las nalgas y después las volví a abrir, pero seguía suspirando, y quería ver a mi Profesor, quería ver su cara, quería reconocer de nuevo el rostro de placer tras azotarla y Él se dio cuenta.

ZASSS!! Otro latigazo sobre la otra nalga y esta vez mi Profesor se puso de pie. Volví a gemir de placer y con un grito ahogado de dolor. Pero me encantaba, sentir el cuero, sentir a mi Profesor gemir. Me encantaba sentir cómo el culo se me iba poniendo más rojo y cómo la gruesa línea roja iba palpitando. Noté la palma entera de mi Profesor en las nalgas, me acarició y sentí calor, pero también presión. Cogía mis nalgas como si fueran dos pelotas blandas, las estrujaba como a Él le gustaba. Y lo siguiente no lo vi venir. Empecé a sentir los dedos de mi Profesor en la rajita. Desde el ano, atravesó con los dedos toda la parte inferior de mi entrepierna, llegando a los labios mayores, bien abiertos que chorreaban flujos sin parar, y restregó la mano entre los labios, con lentitud. Sintió otro pálpito, y otro, y otro, y otro más… Me estaba azotando el coño con la mano y yo gemía de placer, esta vez sólo placer. El Profesor me cogió de las coletas y me echó la cabeza hacia atrás, mientras que seguía repasando mi coño sucio con palmadas y pálpitos. “Quiero escucharte, sucia zorra, quiero escuchar los sonidos de tu boca ahora que no la llevas tapada, como buena gatita que eres. ¡Canta, zorra!”. Y canté, gemí más fuerte, mientras sentía mi cabeza hacia atrás, las manos atadas a la espalda, mi coño siendo golpeado por sus largos y delgados dedos desde atrás, en la postura de una buena perra en celo, una viciosa como pocas que hay, una sumisa sierva a su Profesor, una buena alumna de sobresaliente…

Y de repente paró. Tuve que limpiarle la mano a mi Profesor, al principio me resistí, sí había que chupar, yo preferiría chuparle la polla toda la noche, después del repaso que le estaba haciendo a mi cuerpo, siendo usada como su juguete sexual que era. Pero le relamí los dedos, me los metió en la boca y le babeé la mano, que ya estaba limpia, pero llena de babas. Me usó como paño de cocina, secándose entre mis tetas, que seguían tapadas con el dulce sujetador azul. Me preguntaba por qué no me había dejado las tetas libres, con lo que le gusta a Él verlas y acariciar sus pezones. Pero esa noche quería trabajar otra zona de su cuerpo, quería torturar su mente y su carne.

Dejó de tirarme de las coletas y se colocó de nuevo detrás. “Mírame”. Y lo miré. Había soltado el cinturón, pero esto no había acabado. Las dos líneas gruesas seguían palpitando, pero Él no tenía suficiente. Ese culo seguía demasiado blanco para Él. Y con la última parte del cinturón, la extrema opuesta a la hebilla, la alzó con maestría y empezó a azotarme. “No dejes de mirarme, y canta para mí”. Seguía mirándolo, seguía mirando ese rostro de auténtico Dominante. Esa expresión que le cambiaba cuando disfrutaba de las mamadas que le hacía a buenas y deshoras. Y con cada latigazo de cuero, gemía y chillaba, como la buena puta que era. Cuando terminó, se acercó a mi. Estaba exhausta y me acarició con ganas. Su culo esparcía dolor por la sala, y con sus manos me aliviaba. “Tienes el culo bien rojo, apenas se distinguen las dos líneas que te hice al principio, ¿te gustaron?”. Apenas podía contestar, seguía respirando sofocada.

Alumna: Sí, Profe, me gusta todo lo que me haces (con voz vibrante y tambaleante)

Profe: ¿Si? ¿Crees que mereces esto o mereces más?

Alumna: Merezco lo que tú desees, por mi bien y por tu placer.

Profe: Así es, ya veo que te he educado bien, vas camino de Matrícula, jovencita.

Alumna: Me alegro Profesor.

Me quitó las esposas y las dejó libres. Las muñecas también las tenía marcadas con unas pequeñas líneas rojas, tras la fuerza que hice en cada suspiro que soltaba por la boca en mitad del castigo. Me quitó también las braguitas, húmedas y no tan mojadas como su coño, que seguía esparciendo flujos.

Profe: Mira que te gusta chorrear, y mira cómo están las bragas. Sucias y húmedas. Recógelas (su voz era penetrante, la ponía nerviosa, pero le encantaba)

Apoyé mis manos en el sofá y a cuatro patas me dirigí al suelo. El Profesor se puso de pie y me observaba desde gran altura. Agaché la cabeza y cogí las braguitas con la boca y miré al Profesor. “Llévalas hasta la lavadora y vuelves con la correa”. Así lo hice y así empecé a gatear hasta llegar a la cocina. Sentía la mirada clavada en su culo desnudo. Sentía cómo me miraba con deseo, con ganas de follarme ahí mismo, pero sabía que antes de llegar a eso, tenía que dejársela bien comida. Dejé las braguitas en la lavadora e intenté coger la correa del taburete. No conseguía cogerla, y su Profesor estaba a la espera. Intenté alzar la cabeza y también ayudarme con mis patitas a intentar “trepar” por el taburete, pero su Profesor rechistó. “No, no, no…, esta noche ya sabes cómo tienes que caminar, así que no intentes nada”. Y lo intenté de nuevo, sin alzarse, moviendo la cabeza para que cayera el mango de la cadena… Lo conseguí al rato. Y sonreí. Cogí el mango del suelo yle llevé la correa a mi Profesor, que la esperaba con la mano abierta. Cogió la cadena y yo me quedé de rodillas a la espera de las nuevas órdenes. El Profesor me puso el collar y sonó la chapita que citaba el nombre de “sucky”. Estiró una vez que estaba puesta y me paseó hasta la escalera. Cogió su maletín metálico lleno de juguetes (yo ya había visto algunos que había sacado anteriormente de ahí) y lo dispuso para llevárselo arriba. Sonreí. Me colocó el mango de la correa en la boca y me ordenó. “Sube, yo voy detrás para que no te pierdas”. La gatita rio en silencio y pensó “y para que no pierdas ningún detalle tú tampoco, Profesor”.

Al llegar arriba, a la habitación principal, el Profesor se sentó en el sillón, con los vaqueros desabrochados y los brazos en los costados de aquel mueble cómodo y orejero. Yo esperaba, de rodillas junto a la cama. “Ven aquí”. Y así me acerqué a Él, sonriendo. Me coloqué entre las piernas y Él cogió la correa. “Te voy a dejar usar las manos un ratito, sé que te gusta jugar con ella, pero después ya sabes lo que toca. Vamos, hora de cenar, zorrita”.

Espero que tenga tan buena aceptación como la primera parte, si es así espero vuestras críticas, y así continuaré con la historia