Tarde de tormenta
La lluvia los atrapó en la calle, pero fue solo el preámbulo. Cuando cruzaron el umbral de su puerta, la excusa de secarse se desvaneció ante la urgencia de tocarse. Ya no había tiempo para palabras, solo para sentir cómo la tormenta interior los consumía a ambos.
Un relámpago cegador, seguido del inconfundible tintineo rítmico de la lluvia, marcaron el inicio de la tormenta. Con una sonrisa burlona me replicaste: "¿Te da miedo un poquito de lluvia?". Tras lo cual, avanzaste hasta adentrarte completamente en la lluvia. Al instante y sin dudarlo, me uní a ti y comenzamos a jugar y reír bajo la lluvia. Pasamos la tarde intercambiando caricias y miradas de las que sólo la lluvia fue testigo. Barcelona, la ciudad que nunca duerme, era nuestra y no íbamos a desperdiciar la oportunidad que nos brindaba el destino. Las seis, las siete, las ocho... Las horas fueron volando a tu lado, hasta que, sin darnos cuenta, acabamos a escasos bloques de tu portal. "¿Quieres entrar a cambiarte?", preguntaste. "Vas demasiado mojado y empieza a hacer frio. No quiero que luego me culpes si coges una pulmonía...", insististe. Yo buscaba cualquier excusa para que la tarde no acabara y seguir a tu lado. Acepté la invitación intentando ocultar torpemente mi felicidad. Una tímida sonrisa me traicionó en el último momento. Al levantar la mirada observé que no era el único sonriendo y que tus mejillas habían adquirido ese color carmesí tan adorable. Sin cruzar palabra me cogiste de la mano y tirando de mi, cruzamos el humbral del portal. Me guiaste hasta tu cuarto en la más profunda oscuridad. Una vez allí, encendiste una lámpara y me dejaste solo mientras buscabas algo que pudiera servirme. Fui quitándome la ropa mojada poco a poco y me percaté del frio que realmente tenía. "Encima tenía razón...", pensé suspirando. Pero no iba a darte la satisfacción de admitirlo. En ese instante, caí en la cuenta de que estaba totalmente desnudo en tu cuarto, lo que provocó dos sensaciones encontradas: vergüenza y excitación. Al minuto oí la puerta y me giré nervioso y para mi sorpresa, ahí estabas tú, hermosa y radiante. La luz tenue de la mesita acariciaba cada una de las curvas de tu desnudo cuerpo. Tu pelo mojado caía sobre tus hombros y lograba tapar tímidamente tus pechos. "¿Quieres una foto?", preguntaste sacándome del trance en el que estaba sumido. "¿Qu...qué?", logré balbucear mientras subía la mirada hasta tus ojos. "¿Así que también te pones nervioso?", respondiste con malicia mientras te acercabas a mi. "Tranquilo, solo me la quité porque estaba empapada, pero veo por tu mirada que no hay queja", dijiste divertida mientras dabas una vuelta sobre ti misma. Esto hizo que acabaras muy cerca de mi y cuando nuestras miradas se cruzaron, casi pude oír a tus ojos diciendo: "¿Y ahora qué...?" Mi mano izquierda empezó a recorrer tu espalda y cuando alcanzó la altura de tu cadera tiré de ti y nuestros labios se fundieron en uno. Tus dedos se enredaron en mi pelo mientras nuestras lenguas bailaban pegadas. Rodeándote con ambas manos, alcé tu cuerpo sobre el mío, lo que provocó que ambos cayéramos sobre tu cama. Eso no nos detuvo. Tus labios buscaban los míos y yo no era quien para negárselos. Mis manos acariciaban cada centímetro de piel que tenían al alcance. "Cierra lo ojos", susurré mientras mis labios y lengua recorrían tu oreja, en dirección a tu cuello. Noté como tu cuerpo iba reaccionando a cada roce.
Tu pulso y tu respiración se iba acelerando más y más mientras mordía tu cuello con cariño y rabia. Mis manos mientras tanto iban jugando con tus dos bellas cimas, queriendo alcanzar su cumbre. Estas reaccionaron al instante mientras un suspiro se escapaba de tus labios. Al escucharlo y deslizandome hacia abajo, mis labios ocuparon el lugar que mis manos poseían y estas continuaron su viaje hasta rozar tu entrepierna. Una leve elevación de cadera facilitó mi entrada y que mis dedos empezaran a hacer magia con el regalo que tenias entre las piernas. La música que salía de labios iba en crescendo y con cada suspiro mi tempo iba en aumento. Tu cuerpo empezaba a cobrar vida propia y se movía sin obedecer tus mandatos. Cada vez más rápido, cada vez más intenso. Tu respiración y tu pulso estaban fuera de control. Vi en tu mirada el deseo de explotar y decidí probarlo. Dejé caer mi cuerpo hasta quedarme colocado justo debajo de tu sexo. Mi mano derecha continuaba con su magia mientras mi boca y lengua probaban el manjar que brotaba de ti. "Dios, dios, dios...", era lo único que lograbas balbucear entre respiraciones aceleradas. Ambas manos agarraban mi pelo mientras tus caderas realizaban un vaivén cada vez más frenético. De repente y con grito sordo, todo tu cuerpo se tensó y tembló. Caíste rendida a mi lado y con una sonrisa de pura satisfacción, contemplaste mi cuerpo desnudo, yacente sobre tu cama. Despacio fuiste besando mi cuerpo hasta llegar a mi oído, donde susurraste suavemente con tono burlón: “Siempre firme en mi presencia, es una orden”. Tras lo cual te deslizaste sobre mi y empezaste a besar con delicadeza la belleza de mi alma, que comenzaba a crecer ante ti. Al verlo, la recogiste orgullosa entre tus labios y con tu boca ayudaste a que siguiera creciendo fuerte. Mi cadera iba acompasándose al tempo que marcabas como si de un baile bien coreografiado se tratara. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte, cada vez más caliente. Mi mano intentaba sujetar tu pelo queriendo marcar el ritmo, pero te revelabas aumentándolo hasta niveles que provocaban el caos en mi. Solo con una mirada y sin cruzar palabra te detuviste y sonreiste orgullosa. "Ahora es mi turno", es todo lo que pude escuchar antes de notar cómo te subías sobre mi para comprobar y disfrutar de lo que habías creado.
Relatos similares
- Sexo con maduros
Estando de comparas encontre un semental de saldo.
El timbre de la tienda suena por última vez, pero él no piensa irse. Con una mirada que atraviesa la tela y unas manos que ya saben su nombre, el…
Comparte:Heterosexual generalPrimera vezDeseo reprimido
- Parodias
Sex in Tokio - 3 (5)
Shinji no puede evitar que su cuerpo reaccione ante el recuerdo de sus superiores, pero el verdadero peligro lo espera en los vestidores: Rei…
Comparte:Heterosexual generalPrimera vezDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
El vecino
Sabe que su marido duerme al otro lado de la pared. Sabe que su vecino la observa. Y esta noche, con la ventana abierta, la frontera entre la…
Comparte:Heterosexual generalPoder y controlDeseo reprimido
- Hetero: General
Duelo de palabras (1)
Ella solo quería relajarse, pero él la miraba como si ya la hubiera desnudado. Ahora, entre el agua y la toalla, la lucha por el control ha…
Comparte:Primera vezDeseo reprimidoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
El cumpleaños de la amiga de mi novia
La mirada fija en su espalda y el roce de sus caderas contra las suyas en la pista de baile no son coincidencia.
Comparte:Primera vezDeseo reprimidoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La cena del idiota. Penitencias
La ruleta gira y la noche se vuelve insoportable. No es solo sexo, es humillación, celos y secretos que saltan por los aires.
Comparte:Heterosexual generalPoder y controlDeseo reprimido