Por culpa del congreso informático
Marisela nunca imaginó que perderse su vuelo la llevaría a la cama del marido de su mejor amiga. Con el tiempo infernal y el hotel lleno, la excusa era perfecta, pero la tentación era mucho más peligrosa. Esta noche, el secreto de su esterilidad y la pasión prohibida se encontrarán en una cama individual.
Nacho había llegado a Barcelona en viaje de regreso desde Berlín donde había tenido que asistir a un congreso de turismo encomendado por su empresa radicada en Palma de Mallorca. Había acudido días antes de la apertura del mismo y regreso cuando aquel acabó. Se encontraba algo cansado después de casi diez días fuera de casa. No pudo tomar el vuelo que tenía directo a Palma de Mallorca desde Berlín, teniendo que hacer escala en Barcelona, ya que no había vuelo directo hasta dentro de otros tres días. Por ello decidió tomar un vuelo a Barcelona, haciendo noche en la capital catalana y luego pode tomar un avión a Palma en la mañana siguiente. Había llamado, antes de salir, a un Hotel de Barcelona y había reservado una habitación, ya que sabía que había congreso informático en la ciudad, y que había dificultades para encontrar una habitación.
Tras aterrizar en el Prat, tomo un taxi hasta el Hotel donde se iba a hospedar. Durante el trayecto verificó que el tiempo estaba bastante lluvioso y a mitad del trayecto comenzó a llover intensamente. Como pudo logró acceder hasta el Hotel, y una vez dentro se sorprendió al comprobar la gran cantidad de personas que se agolpaban en la recepción del hotel, lo que suponía que tenía que iba a tener que esperar bastante para poder disponer de su habitación. Mientras estaba a la espera, escuchó que alguien le llamaba: ¿Nacho...?
El hombre se giró y observó a la persona que le llamaba, sorprendiéndose al comprobar que se trataba de una amiga íntima de su esposa. Marisela. ¿tu aquí?
Marisela que así se llamaba la mujer, era una señora casada, algo más joven que su esposa, y a la que Nacho conocía por ser amiga íntima de su mujer. Aunque nunca había tenido ningún tipo de encuentro distinto del saludo y algunas comidas juntos, era lo cierto, que desde siempre había sentido atracción por aquella mujer. No en vano, poseía un cuerpo esbelto y delgado, bastante bien cuidado, con unos pechos que se denotaban bastante pronunciados y un buen trasero, que podía distinguirse perfectamente pese a las vestimentas tan cerradas que acostumbrada a usar. Recordó que había tenido más de una corrida masturbatoria pensando en aquella hembra.
Conocía aquella mujer desde hacía unos años, constándole que era bastante sería, algo recatada, y bastante estricta en su forma de vestir. Aunque su mujer le había señalado que el carácter y apariencia de la misma venía dado por la presión e influencia del esposo. Nacho era consciente que Berto, que así se llamaba el marido de aquella, persona bastante mayor que Marisela, era un hombre muy conservador y de ideas bastante trasnochadas. Tanto, que en varias ocasiones había tenido más de un altercado con el mismo, especialmente cuando trataban temas sobre ideologías políticas o conductas sociales. Por ello, él intentaba evitarlo, pero se veía obligado acudir a las reuniones, ante la presión de su esposa.
Marisela, pese a la vestimenta que normalmente solía usar, le constaba que era una mujer bastante bien parecida, y realmente bella. Poseía un rostro casi cautivador y unos ojos negros muy llamativos. Jamás le indicó nada al respecto, pero no por ello dejaba de sentir atracción por aquella mujer. Sin embargo, era tan recatada vistiendo que apenas había podido detectar algunos rasgos de su físico.
Esa noche, se sorprendió al verla allí en la recepción de aquel hotel, y además sin su esposo. Le constaba que casi nunca viajaba sola, siempre lo hacia con su marido. Aquella portaba una maleta más bien pequeña, e iba vestida con un traje bastante bajo como acostumbrada a vestir, y sumamente ceñido al cuello. Pese a todo podía distinguirse su perfecta anotomía.
Hola Marisela, ¿qué haces en Barcelona? –le preguntó Nacho al tempo que unía su boca a la mejilla de la mujer como saludo.
¡No sabes lo que me alegra encontrarte aquí! Le contestó la mujer con cara de bastante preocupación, pero denotando que su presencia le había causado gran alegría.
Nacho supo entonces lo que ocurría, cuando la mujer le comentó algo angustiada: ¿Verás?, acabo de llegar de casa de mis padres desde Zaragoza. Pero he llegado tarde y he perdido mi vuelo a Palma. El siguiente vuelo no sale hasta mañana y me he visto obligada a tener que buscar un hotel para pasar la noche. Sin embargo, este es el tercer hotel, y no encuentro habitación. Y para colmo hace un tiempo infernal. Le comentó la mujer con cara de auténtica preocupación y amargura.
-Me supongo. ¡Es por la feria informática! Por estas fechas es casi imposible buscar plaza alojativa, salvo que la tengas reservada. Le contestó Nacho.
Aquella, entonces, con cierto nerviosismo le preguntó a Nacho: ¿Tienes habitación reservada?
Sí. Espero que me la hayan reservado, ya que la contraté desde Berlín. –le contesto el hombre.
La mujer entonces lo mira, y con agitación, le dice: Ay Nacho. No se como pedírtelo. Pero, me encuentro sumamente preocupada y, no sé dónde acudir. Has visto como está el tiempo fuera. Toma un respiro y añade: No debí venir sola. Yo apenas salgo sin mi marido y... Vuelve a detenerse, le mira a la cara y le pregunta: ¿Crees que podría pasar la noche en tu habitación?
Nacho se quedó petrificado ante aquella petición. No se esperaba una petición de aquella naturaleza, y menos de una mujer tan conservadora, rectada y estricta como aquella. Para colmo era la más íntima amiga de su esposa. No es que le molestara pasar la noche con aquella mujer, sino que, temía los comentarios si llegaba a saberse. Su esposa o el marido de aquella lo crucificarían. Además, le parecía algo extraño que aquella mujer tan tradicional, accediera a pasar la noche en su misma habitación. ¿Debía estar muy preocupada para hacerle una petición de aquella naturaleza? Aunque viendo la situación de la recepción del hotel y la imagen del tiempo afuera, ponía de los nervios a cualquiera. Era evidente que aquella mujer sola, que apenas salía sin su marido, se sentía ahora totalmente desamparada y se veía durmiendo en cualquier banco, o lugar cutre de la ciudad.
Por ello, tras pensarlo, le contesto: Bueno Marisela. No sé que decirte. ¿Has pensado en los comentarios si llega a saberse? ¡No quiero pensar cómo reaccionaría tu esposo!
La mujer enrojeció y le contesto:
le contestó al momento: Ay Nacho. ¿Acaso crees que no lo he pensado? Pero… me encuentro sumamente preocupada. No te lo pediría si así no fuera. Pero.. ¡te prometo que nadie lo sabrá!
El hombre se dio cuenta de que no podía negarse ante una situación como aquella. Ya se las arreglaría con su esposa, por lo que le contesto: -De acuerdo Marisela. Espera que me registre.
El recepcionista confirmó su reserva, pero le indicó al ver a su lado a la mujer: La habitación reservada es una individual, y, no le puedo ofrecer ninguna otra, ya que esta el hotel al completo”
-No se preocupe. Nos la apañaremos- le comento Nacho, ante aquel comentario, y mirando luego a la mujer.
-Lo siento Marisela. Solo disponemos de una cama individual. Como mi reserva estaba hecha para una sola persona, me reservaron una habitación con una cama individual. –le dijo Nacho a la mujer, ante la cara de auténtica angustia de la misma.
Marisela, jamás se había visto en una situación similar. Casi siempre había viajado con su esposo, y esta vez lo había hecho sola ya que su marido no podía, pero necesitaba visitar a su familia, ya que su madre estaba aquejada de una enfermedad crónica. Tenía pánico a quedarse dormida en un sillón del hotel o del aeropuerto, y tampoco podía buscar otro albergue ya que el tiempo fuera se había puesto infernal. Había tenido la suerte de encontrarse con el marido de su amiga, y que este tuviera una reserva. No obstante, saber que tendría que dormir en la misma cama con aquel hombre era algo que no se esperaba. Si dio cuenta de lo que aquello podría acarrerar. Jamás se había acostado con nadie y siempre había sido fiel a su esposo. Si su marido se llegar a enterar de ello, seguro que no atendería a sus razones y se divorciaría. Por ello, encogiéndose de hombros le contesto: -No podemos decir nada de esto a mi marido, ni siquiera a tu esposa.
- ¡Por supuesto! Le contesto Nacho. Si le llamas, dile que afortunadamente conseguiste una habitación para pasar la noche y que mañana vuelves a Palma. Ahora voy a llamar a casa le diré a mi esposa lo mismo. La habitación está registrada solo a mi nombre. “A mí que no me has visto”.
- Gracias Nacho. Le contesto ella.
Antes de subir a la habitación Nacho, le pregunto: ¿Me supongo que no habrá cenado. Mejor dejamos las maletas en la habitación y bajamos a cenar el restaurante. Ya has visto que salir fuera va a ser tarea complicada con este tiempo.
-si creo que es lo mejor.
Ambos subieron a la habitación en la sexta planta, y nada más entrar se percataron de lo reducido del espacio de aquella habitación. No solo era bastante pequeña, sino que poseía únicamente un baño con una ducha y una sola cama de 90. No había sino una silla, careciendo de sillón. Marisela se dio cuenta que iban a tener que dormir juntos en aquella estrecha cama. Si comentario, bajaron al restaurante a cenar.
Durante la cena, estuvieron hablando de su familia, y luego entraron en el tema de los hijos. Nacho tenía ya dos hijos, pero Marisela, pese a llevar casada unos cinco años, aún carecía de descendencia. El hombre le preguntó: ¿habéis pensado en tener hijos?
La mujer se ruborizo, y agachó un poco la cabeza. Tomó un buen sorbo del vino afrutado que habían solicitado para acompañar en la cena y, le contesto: -Nacho. No quiero que esto salga de esta mesa. ¡Por supuesto que tengo ganas de ser madre! Me muero por serlo, pero… de momento no se ha dado. Se detuvo, y como si le hubieran dado cuerda, Nacho observó como la mujer comenzó a hablar, explayándose y llevando a cabo comentarios de su vida íntima: he estado con ginecólogos especializados, y no tengo ningún problema, pero, Berto… ya sabes. Él es muy tozudo y… se niega a someterse a ninguna prueba. Sospecho que puede tener algún problema. Tiene problemas de próstata, y el ginecólogo me ha indicado que es posible que el conteo y vigor de sus espermatozoides no sea el adecuado.
Nacho, estaba escuchando atónito como aquella mujer le estaba relatando con pelos y señales, algo que jamás hubiera pensado escuchar de aquella mujer. Ni siquiera esas intimidades se la había contado a su esposa, o al menos, aquella jamás le había indicado nada al respecto. La mujer, siguió hablando del tema, hasta el punto de que el hombre detectó que, no haber sido madre hasta la fecha, le estaba ocasionando un grave trauma.. En el hablar de la mujer, detectaba su profundo pesar, y su escaso convencimiento de que su marido pudiera fecundarla. Estaba tan metida en la conversación que, tas una nueva copa de vino, le llegó a confesar que se trataba con un fármaco para favorecer la fertilidad, que tomaba días antes de la ovulación. Añadió que ello lo no conocía su esposo. Y le pidió que no debía decirlo a nadie, ni a su esposa.
Nacho, escuchando a la mujer y los derroteros de aquella conversación notó que se estaba excitando. Llevaba más de dos semanas sin sexo, y conocer la forma en que se estaba declarando aquella mujer, constató que su verga comenzó a endurecerse. No obstante, intento tranquilizarse diciéndole a la mujer: -Tranquila Marisela. Eres una mujer joven, y seguro que cuando menos lo esperes lo conseguirás.
Marisela lo miro, algo sonrojada, y le contesto: -eso me dicen todos, pero yo ya he perdido las esperanzas. Y en ese momento, comenzó a sollozar cayéndole varias lagrimas por el rostro. Nacho instintivamente, le acarició la mano, intentando tranquilizarla, viendo como una corriente eléctrica le recorrió todo su cuerpo al sentir el intenso calor que emanaba del contacto con la mano de aquella mujer.
La mujer igualmente sintió un escalofrío al sentir la mano del marido de su amiga. No estaba acostumbrada a ser tocada por ninguna otro hombre que no fuera su marido. Esa noche se encontraba alterada, nerviosa, agitada, y tremendamente acalorada. Ella era consciente de que no se debía solo a la situación en que se encontraba. De hecho, antes de salir de casa de sus padres había comprobado que estaba cerca de sus días fértiles. De hecho, se había especializado en calcular con suma precisión su días de ovulación. Llevaba más de veinte días fuera de casa y sin contacto con su marido. Como pensaba llegar de vuelta ese mismo día, pensó que el reencuentro con su esposo podría fructificar en una encuentro sexual, por lo que optó por tomarse el fármaco que le había recetado el ginecólogo. Era consciente que cuando se lo tomaba, su cuerpo se revolucionaba, se acaloraba, y sentía la necesidad de ser tomada y poseída de inmediato. Por ello, el contacto con el marido de su amiga hizo el efecto de revolucionarla.
No en vano, el marido de su amiga siempre le había agradado como hombre, aunque jamás había habido ninguna mirada ni conversación al respecto con aquel. En ese momento, al saber que iba a dormir esa noche en la misma cama con aquel hombre, sin poder evitarlo la aceleró, y se notaba tremendamente excitada y en varias ocasiones percibió que había mojado su braga. ¡era una locura, jamás había sido infiel, pero en esos momento se encontraba excitada!
Nacho la miró y le dijo: ¿Te apetece una copa de licor? Al menos eso nos alegrará un poco, y ayudará a pasar la noche con este mal tiempo.
-Ay Nacho. No suelo tomar mucho alcohol. Luego le mira a la cara, se sonríe y le manifiesta: ¿Por qué no?... total, ¡nadie va a saberlo!.
Nacho se sonrió también, y pidió al camarero unas copas de licor que pronto comenzaron a degustar. A medida que iban bebiendo, Nacho observó que la mujer se iba acalorando aún más, y la notaba más distendida. Sentía como aquella hembra se estaba sofocando. En un momento dado le comentó: Si te siente mal no podemos ir a la habitación.
Ella le miro, se sonrojó al verificar que el hombre de había percatado de su sofoco y le contesto: -Uy Nacho, No estoy acostumbrada a beber. Creo que me estoy mareando un poco. Me encuentro un poco sofocada. Creo que será mejor que subamos a la habitación.
Nacho se incorporó y al ver que la mujer se tambaleaba un poco, la sujetó y la tomó de la cintura para que ella se apoyara en el mismo. La mujer, se sonrojó al sentir la mano del hombre abrazándola por la cintura, pero no obstante se dejó hacer ya que notaba que perdía el equilibrio.
Ya en el ascensor, el hombre continuó abrazándola. Marisela, percibía el brazo del marido de su amiga por la espalda y cintura, notando que era un brazo fornido, fuerte y firme. Sentía por otro lado la corpulencia física de aquel hombre, mucho mas alto que ella, y que la abrazaba con decisión. Pese a todo se sintió a gusto con aquel abrazo.
Tras atravesar la puerta, el hombre la llevó hasta que se sentara en la cama, y luego fue a cerrar la puerta. La mujer, como pudo fue hacia el baño. Al sentarse en el inodoro para orinar, comprobó que tenía todas sus bragas húmedas. Agitada, decidió salir. Al regresar observó que el marido de su amiga se había quitado su vestimenta y se encontraba solo con una camisilla de asillas y su reducido slip. Nacho nunca usaba pijama. La mujer al verlo con esas prendas se sonrojó, pero no dijo nada. Luego escuchó como el hombre le indicó: -voy un momento a lavarme los dientes y seguramente me duche. Si quieres puedes irte acostando. ¿quieres ducharte?
-Ay Nacho. No me aguanto mucho de pie. No me encuentro con fuerzas para meterme bajo la ducha. Lo dijo porque tampoco tenía claro que debiera ducharse sabiendo que estaba aquel hombre allí. Por otro lado, no tenía ni fuerzas para rebuscar en su maleta cualquier prenda incluso de dormir.
-Pues tranquila. Entra en la cama. Puedes escoger la parte que más te guste de la cama.
Marisela, pese a su cierto mareo, se dio cuenta que tenía que desvestirse. Tenía un camisón de dormir en la maleta, pero recordó que la dejó con la ropa sucia, ya que pensaba que llegaría esa noche a casa. Por ello, sin pensarlo mucho se despojó de su traje, quedándose únicamente con un sostén blanco y su braga bastante humeda. Nerviosa ante el hecho de que Nacho pudiera salir y la viera en ropa interior únicamente, se metió rápidamente en la cama intentado pegarse lo más que podía al extremo de uno de los lados de la cama. Sabía que debía haberse duchado, pero estaba tan nerviosa que optó por no hacerlo.
Nacho se metió bajo la ducha pensando en lo excitante de aquella situación. Pensar que iba a dormir con la amiga de su esposa era algo que no dejaba tranquilo a su pene, el cual pese al caer del agua, se mantenía con una buena erección. De hecho, tras secarse, al colocarse de nuevo el slip observó que de denotaba un tremendo bulto que no podía bajar. De todas formas, regresó a la habitación observando que la mujer estaba ya dentro de la cama, por lo que decidió hacer lo mismo. Marisela, observó como aquel salía del baño, enrojeciendo al comprobar el tremendo bulto del slip de aquel hombre que marcaba claramente el abultamiento de sus genitales.
Nacho abrió la sabana, y al instante se percató de que Marisela estaba solo en ropa interior. Su nabo se endureció aún más. Llevaba tanto tiempo sin sexo, y tener aquella mujer a su lado, hizo que su verga creciera hasta casi amenazar con romper el slip que llevaba.
La cama era tan estrecha, que sintió perfectamente el calor del cuerpo de la mujer a su lado. El hombre, se giró hacia ella y le preguntó: ¿te encuentras mejor?
Ella se giró igualmente, colocándose boca arriba en la cama, sintiendo claramente el cuerpo del hombre a su lado. Algo sonrojada le contesto: -sí. ¡creo que la copa me sofocó!.
Nacho la miró fijamente a la cara durante unos momentos. La mujer, se agitó ante aquella mirada tan intrigante y en parte seductora, y le pregunto: ¿Por qué me miras así?
El hombre le contesto: ¡Estaba contemplando que eres una mujer muy bella! ¡Tu marido debía tenerte en un pedestal!
La mujer enrojeció ante aquella galantería que no se esperaba, y agitada le contesto: -Ay Nacho… no debes decirme esas cosas. Sabes que soy una mujer casada…Luego, se detiene, y le devuelve la mirada preguntándole: ¿de verdad crees que soy guapa?
Él la sonríe y le contesta: guapísima. Tienes un rostro bellísimo. ¿Sabes que esos ojos siempre me han cautivado? Nunca te lo había dicho por que tampoco había tenido la ocasión.
Ay, Nacho. Me vas a hacer sonrojar.…le contesto aquella. La mujer se comenzaba a sentir nuevamente excitada. Miraba el torso casi desnudo del marido de su amiga a su lado en la cama, y veía los músculos de sus brazos, y percibía como su vagina se mojada. ¡Era evidente que el fármaco la estaba volviendo loca!.
Nacho, la continuó observando, visualizando su cuerpo, o lo que podía ver de él, y añadió: ¿Lo que no entiendo es como usas esas ropas tan anticuadas? Seguro que debes tener un cuerpo divino, y la vestimenta que usas no llega apreciar tu preciosa anatomía.
-¡Nacho….me estas sorprendiendo!. Le contesto ruborizada, añadiendo: mi esposo se enfada si llevó alguna vestimenta que pueda dejar a la vista algo de mis pechos o mis piernas. Ya lo conoces es muy…
-pues es una verdadera pena. Porque eres una mujer muy hermosa, y deberías poder mostrarte como eres.
Ella, le mira y le pregunta: ¿y como sabes que soy hermosa? ¿Ni que me hubieras visto…?
-por supuesto que no te he visto. Pero deduzco que si lo eres. Seguro que debes tener unos pechos algo voluminosos, y firmes ¿me equivoco? Le preguntó aquel queriendo ser un poco mas incisivo.
-¡Oh Nacho!… ¿que preguntas son esas…? Oh Dios. No debemos estar hablando de esto…. Vuelve a mirar al rosto del hombre mostrando su tremenda excitación y el intenso color rojizo de sus mejillas, y añade: ¿No pretenderás que te muestre mis pechos para comprobarlo?
Nacho, aprovechando aquella respuesta le contesta sonriendo: Por supuesto que no… pero, ¿confieso que me gustaría enormemente verte sin esas vestimentas?. ¡Seguro que, en ropa interior, así como estas ahora debes ser una preciosidad!
-Pero… Nacho. ¿Cómo se te ocurre? Ella, nerviosa por el derrotero de aquella conversación se gira de lado, como sonrojada, nerviosa, sin saber cómo reaccionar.
Nacho, estaba bastante excitado, y sin poder contenerse tocó el brazo de la mujer y le dijo: perdona Marisela. No quiero ofenderte, Perdona si te he ofendido. ¡No sé qué me pasa! Pero, debes comprenderlo…. tenerte a mi lado, así… no se… ¡será que llevó más de dos semanas sin estar con mi mujer y me encuentro bastante excitado!
-Oh Nacho… No me digas eso……. Oh joder no debía haber venido… ¡esto es una locura! Le contesto agitada y nerviosa.
Nacho, la tomó nuevamente por el brazo y la hizo girarse boca arriba, y tomándola en forma de abrazo exclama: Marisela. ¡Se que es una auténtica locura!. Pero ahora mismo, siento unos deseos enorme de tomarte, hacerte mía, hacerte disfrutar toda la noche…¿has visto como me tienes? le dijo, al tiempo que pegaba a ella su verga para que la mujer sintiera su nabo en plena erección.
-¡Nacho por favor…! exclamo asustada, especialmente al sentir la daga del mismo… no puede ser… ¿no pretenderás violarme?…. oh, joder tengo que salir de aquí.. no debía haberte pedido esto…. Y sumamente alterada, se levanta de la cama.
Una vez fuera, comprueba que se había puesto en evidencia ante el hombre que ahora la estaba viendo solo con su sostén y su braga. Observó la cara de admiración del hombre, que se fue transformando en el típico rostro de macho depredador.
La mujer, al darse cuenta de que estaba casi desnuda ante el hombre, instintivamente volvió a meterse en la cama para evitar ser observada, oh no me mires así… oh Dios….
Nacho, no se detuvo y la volvió abrazar. Con decisión la tomó, con una ligereza asombrosa, dado su gran corpulencia con respecto a la mujer, atrayéndola, hasta hacerla recostar encima de su propio cuerpo. Observo la cara asustada y excitante de la mujer, enardeciéndolo de tal modo que, sin poder contenerse, le planto un beso en la boca. Marisela, se vio sorprendida, intentó reaccionar, pero sin saber cómo ni porque entreabrió sus boca y respondió al beso del marido de su amiga. Cuando por fin de percató de la realidad, se separó intentando soltarse del abrazo del hombre, pero Nacho la volvió a besar en la boca ardientemente. Ella hizo un gesto y logró morderle el labio superior.
-oh ¡me has mordido…! ¡Vaya gatita! -Marisela observó que al hombre le brotaba unas gotas de sangre por el labio superior. En el fondo le entró como una sensación de satisfacción, pero también de temor ante la reacción que podía tomar el mismo.
-oh déjame… suéltame... – exclamo, mientras intentaba soltarse del abrazo del hombre. Añadiendo… déjame…. voy a gritar… ¡diré que me intentas violar…!
El hombre entonces, algo irritado, la tomó con extrema rudeza, girándola hasta colocarla boca arriba sobre la cama. Luego se abrió paso entre las piernas de la misma, colocando las suyas entre aquellas. La mujer se asustó diciendo: oh pero que haces., oh voy a gritar… suéltame…
Pero el hombre le dice: ¿quieres gritar? Hazlo… ¿qué crees que dirán cuando nos vean aquí en la misma cama? Y,… ¿Qué pensará tu marido?
La mujer se dio cuenta de que tenía razón. En cierto modo, decayó sus quejas. Sabía que en cierto sentido era culpa de ella. Luego le pregunto: ¿Qué pretendes hacerme?
Nacho en entonces, viendo un cierto sometimiento de aquella mujer, le dijo: ¡solo hacerte el amor!... ¡Yo no he buscado esta situación! Pero ahora, teniéndote a mi lado, en la misma cama,…”no puedo evitar desearte”. Me has puesto el pene como un misil. Se que no debo hacerlo…. Pero tenerte aquí a mi lado…… ¡necesito clavarte mi polla, y poseerte totalmente!…..¿sé que en el fondo tu tambien lo estas deseando?
-estás loco…oh…..¡me vas a perder!. No podemos…. Le contesto aquella tenuemente ante las palabras del marido de su amiga. En el fondo, sabía que ella misma había provocado aquella situación al solicitarse quedarse en la misma habitación del aquel. ¡Había sido una ingenua si pensaba que aquello no iba a tener consecuencias! Pero…pese a todo, tal y como se habían desarrollado los hechos, en el fondo, ansiaba ser poseída por aquel hombre. Había detectado el tremendo bulto que mostraba en el slip que calzaba el marido de su amiga, y en su interior, se notaba tan acalorada que anhelaba ver el mismo. Presentía que el marido de su amiga debía calzar un pene bastante más dimensionado que el de su esposo.
Pero, no obstante, intento detenerlo diciendo: Nacho por favor… ¡De verdad! No puedo hacerlo, no quiero ser infiel a mi esposo. Y,… además, se calló durante unos momentos, y luego continuo: -… ¡Ya te dije que no me cuido!. ¡Creo estar en mis días fértiles! Si lo hago…. puedo quedar embarazada.
Nacho se quedó algo desconcertado ante aquella nueva confesión de la amiga de su esposa, pero al propio tiempo, la noticia de que la mujer podía estar ovulando lo enardeció más. En lugar de hacerlo desistir, esa noticia lo soliviantó más. Ahora, sus ganas de poseer aquella hembra se vieron incrementadas: -lo entiendo. Pero ¡ardo en deseos por poseerte esta noche. ¡Necesito hacerte mía, que sientas como te atravieso con mi polla! Te, prometo que te haré pasar una noche inmemorable.
Ver la decisión del hombre de poseerla, y comprobar la petulancia del bulto del slip del mismo, que parecía aumentar de tamaño por momentos, dando la apariencia de querer romper la pequeña prenda, terminó de excitar a la mujer. Viendo que era inevitable, y que el hombre estaba decidido a hacerla suya le pregunto: - ¿tienes condones?
Nacho, observó con satisfacción el cambio de actitud de la mujer, pero solicitarle unos condones, lo dejó indeciso. Jamás los había usado. Por ello le contesto: lo siento Marisela, ¡yo nunca los uso!. Y, a esta hora de la noche, ¿no pretenderás que vaya a una farmacia a buscarlos?
Ella en el fondo lo sabía, pero le contesto: Ay Nacho. Por eso debemos acostarnos y dormir.
El hombre le dijo: Si quieres pudo hacer la marcha atrás y correrme fuera,… pero “esta noche serás mía”
-La marcha atrás. Eso me da mucho miedo. Solo con tu liquido preseminal puedes dejarme embarazada. ¡es peligroso! – le contesto aquella.
-Me da lo mismo Marisela. Si quedas embarazada “es lo que estas buscando” ¿no? Le contesto con decisión el hombre, y decidió a poseerla de todas todas.
-Pero ¿tú no eres mi esposo? - exclamo ella casi asustada ante la pretensión del hombre.
El hombre totalmente enfadado de tanta palabrería, le terminó diciendo: ¿quizás el destino te ha puesto en mis manos? Por lo que me has contado, ¡sabes que tu marido nunca de dejará embarazada! ¿Puede que yo sea tu solución?
La mujer se quedó alucinada: ¿qué dices…? ¿no pretenderás embarazarme?
El hombre entonces se fue colocando encima de la mujer buscando su boca. Pese a su oposición comenzó a darle pequeños besos por todo el cuello, pasando por sus orejas, hombros, mientras le sujetaba las manos con las suyas. Pronto fue bajando hasta llegar cerca del canalillo de los pechos de aquella, aun cubiertos por el sostén, levantando los primeros gemidos de Mariela. Con cierta habilidad, logró retirar momentáneamente unas de las manos y tirar del tirante del sostén descubriendo el hombro izquierdo, y dejando a medio descubrir el pecho de igual lado de la misma. Tras volver a depositar su mano sobre la de la mujer para evitar que se opusiera, su boca fue lamiendo parte del pecho de aquella, hasta que con la misma barbilla tiró hacia abajo, logrando descubrir por primera vez el seno izquierdo de la amiga de su esposa.
oh no.. ahí no ooo exclamo aquella al sentir como la ávida boca del hombre se iba acercando hasta terminar por alojarse sobre el abultado pezón negruzco. Un estremecimiento recorrió su cuerpo al sentir como aquella boca varonil succionaba el pezón, haciéndola gemir entrecortadamente. Pronto, la boca del hombre llegó a engullir una parte del pecho, como si quiera querer acapararlo totalmente, sorbiendo, como si pretendiera extraer leche del interior del seno.
Oh Nacho noo oooo
Nacho, al descubrir el seno de la mujer, se dio cuenta de la firmeza del mismo, y del abultado pezón. Su excitación aumento. Pronto, hizo lo mismo con el otro pecho, dejando al descubierto los dos senos de la mujer, quien poco o nada hizo para evitarlo. Marisela observó como aquel acto “mamatorio de sus pechos” por parte del marido de su amiga, la estaba calentando al máximo, mientras se revolvía en la cama, sintiendo como al hombre succionaba sin parar los pezones pasando de una a otro, alternativamente.
Mayor excitación le entró cuando observó que el hombre dejo sus pechos para ir bajando hasta alcanzar su ombligo. Luego la agarró por las caderas, y fue bajando con su lengua hasta acercase al monte de Venus, aún cubierto por la braga. Al instante, Marisela comprobó como la lengua del varón, pasaba por encima de su braguita, concretamente por donde se localizaba la raja de su vagina. No se lo esperaba, por lo que la hizo suspierar intentando cerrar sus piernas: oh.. pero que haces o.. nooo.. que vas hacer… ooo
En ese momento la mujer se percató de que el hombre pretendía hacer algo que jamás su marido le había hecho: comerle el coño. Siempre le habían hecho creer que aquello era indecente y asqueroso, pero ahora su excitación era tal que, ansiaba sentir la boca del hombre sobre los labios de su vagina. Solo pensarlo, gran cantidad de jugos emanaron de su vagina. Ella le miraba ansiosa, y con los ojos como platos, observando como el hombre lamia los inglés, para irse acercando a los laterales de su braguita. No tardó mucho para que aquel, separando a un lado aquella prenda, lograra dejar a la vista la vagina de la mujer. Nacho se sorprendió al comprobar la gran cantidad de vello que poseía la misma, que hasta impedía divisar los labios vaginales. Tras avanzar con su propia boca por entre el bosque de vellos, localizó los labios vaginales que al instante abrió con una de sus manos, visualizando el interior de aquella hermosa cueva. Oh Nacho… que vas hacer..ooo.. ahí no….,
Sin responderle el hombre olió el coño de la mujer, aspirando el mismo, impregnándose de olor a hembra en celo, viendo como su nabo crecía ante la visión de aquella vagina. Pronto su lengua dio los primeras lamidas a los labios vaginales, para luego pasarla en forma de brocha a lo largo de toda la ranura, de arriba abajo, levantando los gemidos y suspiros entrecortados de la mujer: oh Nacho ooo…. Nooo oooo
Marisela estaba sintiendo por primera vez la boca de un hombre en su panocha. La ávida lengua del marido de su amiga le estaba llevando a otro mundo, sentía una excitación que jamás había sentido, mientras la lengua del hombre no dejaba ningún resquicio de su concha por lamer, alternándola con pequeños chupeteos, levantando gritos de placer en la misma. Sin poder remediarlo, observó cómo se fraguaba un orgasmo, que se incrementó cuando el hombre logró alcanzar el clítoris, bastante abultado, y lo tomó entre sus labios. Eso fue el punto clave para que la mujer comenzara a agitarse, tomando la cabeza del hombre entre sus manos y tirando de ella para acercar la más y más a su raja. Luego inicio unos movimientos que la llevaron a una autentica convulsión, mientras restregaba toda su raja contra la boca del marido de su amiga, para dejarse ir, viendo como emanaban de su vagina gran cantidad de flujo y su primera corrida. Ooo. Me vengo ooo nooooo iiiiiii
Marisela jamás había percibido un orgasmo semejante. Es más, rara vez podía terminar su orgasmo con su marido, pero ahora descubría otra forma de hacer el amor. Quedó como extenuada, mientras retiraba las manos de la cabeza del hombre, y observa el rostro del mismo. Comprobó que gran parte de sus fluidos se hallaban dispersos por la cara del mismo y por los labios. Era evidente que se había corrido en la propia boca del mismo.
Al momento observó como el hombre, esta vez con cierta delicadeza, tomaba sus bragas por los laterales, tiraba de ella y se las sacaba por los pies. Pese a su vergüenza, aquella dejó sus piernas abiertas mostrándole todo su coño al hombre. Luego comprobó como aquel se incorporaba, y llevaba sus manos a los laterales de su slip, y al instante se los bajo. Ante los ojos de la mujer aparecieron unos desmesurado genitales. Se quedó casi de piedra: el marido de su amiga enarbolaba entre sus piernas, un tremendo pene, que se le antojó extremadamente largo y no menos grueso. Nada que ver con el raquítico pene de su esposo. Aquel instrumento parecía el de un mandingo. Le habían hablado de penes grandes, de los de raza negra en plan de broma, y ella nunca de lo había creído, pero ahora, tenía ante su vista, y cerca de su vagina, un enorme sable, que por las grandes venas que recorría el mismo, se le antojaba muy gruesa. Observó igualmente los testículos del hombre, que colgaban, y se percató de que era igualmente proporcionados al tamaño de su pene. No pudo por menos que exclamar: ¡oh Dios mío si que es grande!… ‘oh Nacho….¿no pretenderás meterme todo eso…?. ¡Soy bastante estrecha… eso no me entrará!
Nacho sonrió orgulloso de sus tremendos genitales, y le respondió: veo que te gustan. Claro que te la comerás toda. Cuando la tengas dentro vas a disfrutar de verdad.
-pero… me reventarás. ¡es demasiado grande! exclamo excitada aquella.
No te preocupes. quizás te cueste un poco al principio, pero tu vagina se adaptará al tamaño de mi pene. Verás lo que vas a disfrutar.
Y mientras hablaba, tomaba su cipote en su mano, manoseándola para ponerla en forma. Luego se fue agachando hasta colocarse entre las piernas de la mujer, acercando su nabo hasta alcanzar los labios vaginales de aquella mujer. Con excitación, le dio unos brochazos por toda la raja, embadurnando el glande con los propios fluidos de la hembra, para luego presionar un poco viendo cómo se abría la vagina y su verga de iba alojando más de una cuarta parte dentro de aquella mujer.
Pese a estar tremendamente lubricada, se dio cuenta que no estaba acostumbrada a sentir una verga tan abultada. No había sido madre, por lo que la abertura de su vagina era la propia para el pene de su marido. Nacho de dio cuenta que el pene del marido de aquella mujer debía ser bastante pequeño. Oh.. despacio… oh que grande…me vas a abrir mucho… oo
El hombre alongó un poco su cuerpo sobre el de la mujer, alcanzó sus pechos y comenzó a lamerlos, sorbiendo los pezones, logrando una mejor relajación de aquella, que aprovechó para de un golpe de riñones alojarle gran parte de su cipote. El alarido de la mujer se escuchó en toda la habitación y seguro que en las colindantes: oooo nooooo
Marisela comprobó como aquella enorme barrena invadía su cueva haciéndola abrirse al máximo. Sentía como el enorme pene del hombre se iba abriendo camino, forzando las paredes de su vagina, no acostumbrada a una falo de aquella dimensiones, y que amenazaba con romperla por dentro. En un momento pensó que aquel cipote la iba a dañar por dentro. Notaba el enorme grosor de la misma, sus palpitaciones, y era como si le estuvieran clavando una estaca en su coño.
-oh no sácala… oh Nacho me rompes oo nooo
Pero Nacho no la dejó reaccionar, y sacándola un poco, se la volvió a clavar, terminando por alojarle completamente su tremendo falo en la vagina de la amiga de su mujer. ¡Ahora tenía ensartada aquella preciosa hembra!
La mujer al sentir la totalidad del falo del hombre dentro de su vagina pensó que se iba asfixiar, era como si la hubieran atravesado totalmente. Al quedar un momento el hombre dentro de ella sin sacarla percibió la dureza de aquel pene, su magnitud y hasta podía sentir la rugosidad de las venas. Se sentía completamente llena. Nunca su vagina había alojado un instrumento tan enorme.
Por su parte, Nacho se dio cuenta del intenso calor que desprendía el coño de aquella tremenda hembra. Ello le confirmo que aquella mujer podía estar ciertamente ovulando. Era como una intensa caldera en ebullición. Eso más le enardeció, y tras dejar que aquella se fuera acostumbrado al tamaño de su pene, decidió continuar, realizando cortos movimientos de salir y volver a entrar dentro de aquella cueva, comprobando como poco a poco, la vagina de la mujer se iba dilatando, permitiendo el acceso de su verga. Constató que los movimientos de entrada y salida de su pene los realizaba con mayor facilidad y las paredes de la vagina no intentaban oprimir su instrumento como al inicio. Observó la cara de la mujer viendo que las fracciones de su cara iban cambiando y se iba relajando.
Marisela, constató como su vagina se relajaba y ahora comenzaba a disfrutar de las penetraciones de aquel tremendo falo. Sentía como entraba y salía el pene del marido de su amiga de su vagina. Oh Nacho… oh.. joder me tienes totalmente abierta… ooo
El hombre continuó metiendo la verga una y otra vez. Al tener tan cerca la cara de la mujer se acercó y sin poder contenerse volvió a besar a la misma. La mujer estaba tan receptiva, que esta vez aceptó los labios del hombre, y pronto sus manos abrazaron el cuerpo del otro, entrelazándose, mientras el hombre no cesaba de perforar una y otra vez la caliente vagina. Sus lenguas se entrelazaban en un ataque de auténtica y frenética locura de pasión. Oh Nacho..ohhh.. me llenas.. oh sigue siii
-¿te gusta mi polla Marisela?. ¡No pensé que estuvieras tan buena! Uhhh
-ogg si… sigue….me vas abrir toda… pero sigue. ¡joder que polla tienes cabronazo! Oh sigue asiiiiii…dame…
Enardecido por los besos, el hombre comenzó una frenética penetración, perforando sin parar aquel caldoso coño, levantando gemidos y gritos de pasión de la mujer, mientras observaba como la misma enterraba sus uñas en su espalda con furor, al tiempo que cruzaba sus piernas por detrás de la cintura del hombre para sentir más profundamente las penetraciones del semental. Entre las fricciones de la tremenda daga, el calor de su cuerpo y de su coño, y los apasionados besos, fueron decisivos para que la mujer alcanzara el orgasmo. Y a este le siguió un segundo casi instantáneo, dejando a la mujer casi agotada.
Nacho permitió que aquella se recuperara, mientras permanecía con toda su cipote dentro de la misma, completamente ensartada. Al ver que se recuperaba, le dijo: ¡Marisela! No pensé que estuvieras tan buena…¡tienes un coño delicioso!.
-¡Oh Nacho… al final lo has conseguido!. Me… me he corrido como nunca. ¿Nunca me habían metido algo tan grande? Pero,… reconozco que jamás me había corrido de esta forma.
El hombre algo enaltecido, le comenta: El pene de tu marido no debe ser muy grande ¿verdad? Lo digo porque me he parecido que eres bastante estrecha. Daba la impresión cuanto de que aún no hubieras sido desvirgada.
La mujer enrojece un poco y le contesta: - Es cierto. Mi esposo tiene un pene bastante delgado y nada comparado con el que tu calzas. Cuando me vuelva a penetrar ni siquiera lo voy a sentir. ¡Me tienes toda abierta!
Nacho, mientras le hablaba, la besaba de vez en cuando, al tiempo que la comenzó de nuevo a bombear, realizando penetraciones constantes, percibiendo la mujer que el pene del esposo de su amiga continuaba totalmente erecto dentro de ella. Pronto aquellas penetraciones se fueron intensificando hasta el punto de que la mujer se dio cuenta que el falo del hombre se hinchaba. Lo que le llevó a deducir que estaba a punto de venirse. Por ello le dijo: ¿no pretenderás correrte dentro?
El hombre la miró a los ojos, al tiempo que le contestaba: ¡tienes el coño ardiendo! ¡Parece que tuvieras fuego dentro!
-ya te dije que estoy ovulando. ¡!Oh Nacho… estoy en el mejor momento! Por eso tienes que salirte. Le comentó la mujer mientras era penetrada.
-Es evidente que estas ovulando. Tu coño es una caldera. Necesitas que te apague ese fuego. ¿En el fondo ansias sentir mi leche fluir dentro de ti?. ¿no es cierto? Le dijo el hombre casi al oído, para calentar más a la mujer.
-Se que me noto muy caliente... Oh Nacho…si te corres dentro seguro que me embarazas. Tienes que hacerlo fuera….No sea loco…
- Uh Marisela, llevó más de dos semanas sin follar. “Te juro que tengo los huevos cargados, y mi semen debe estar bastante espeso”.
-estás loco Nacho… luego le mira fijamente a los ojos y le dice: Oh cabronazo… lo veo en tus ojos… ¡quieres preñarme!... ¡quieres preñar a la amiga de tu mujer…¿es eso lo que pretendes? ¿verdad? Le preguntó la mujer, asustada al comprobar las intenciones del marido de su amiga. Por las expresiones de la cara de aquel, la mujer dedujo que aquel no tenía intención de sacarla. ¡Joder se va a correr dentro!,. No solo notaba el endurecimiento del pene del mismo, sino que la tenía bien sujeta, que apenas podía moverse, mientas no dejaba de clavar y enterrar su falo en su coño una y otra vez,... No Nacho… tienes que salirte…. ¡no seas loco!...
Pero Nacho, sin dejar de penetrarla, le termino por decir: -Nunca tendrás una oportunidad mejor que esta para quedar embarazada. Sabes que tu marido jamás lo conseguirá. Es más..l… “seguro que, si te preño, al final él lo aceptará de buen agrado”.
La mujer no se creía lo que estaba escuchando. El marido de su amiga estaba decidido a embarazarla. Y ella era consciente de que, por la dureza de su pene, y el tamaño de sus testículos, era manifiesto que aquel semental podía dejarla “embarazada”. Pese a saber que era una locura, dudo. Su excitación se incrementó. Era consciente de que su marido jamás la iba a embarazar. Pero… ¡ser preñada por el marido de su amiga no estaba dentro de sus planes hasta ahora! Aunque sin mucha convicción, intentó demostrar su oposición exclamando: -Oh Nacho… no lo hagas…no cometas locuras… ¡que luego nos arrepentiremos!
Pero el hombre, lejos de hacerle caso, la comenzó a penetrar con gran ferocidad, notando como su tremendo falo se endurecía aún más dentro de la vagina de la mujer, y percibía el torrente de semen ascender rápidamente por el interior de su pene buscando una pronta salida. Sabía que aquella mujer dudaba, pero el no. El tenía claro lo que quería hacer: “tenía la firme intención de embarazarla”. Quería sembrar su semilla dentro de la misma. Quería que el hijo de aquella mujer fuera suyo. A medida que veía como emergía su semen, notaba el intenso calor de la vagina de la mujer, que le instaba a venirse dentro. Y, mientras lo pensaba, sintió como la primera lechada salía disparada dentro de la vagina de la amiga de su esposa: oh si Marisela…ya me viene… te voy a dar lo que deseas…. Ohh siiii oooo..… siii ahí va….ooo
¡Oh no Nacho ooo!...…¡oh cabrón…lo estás haciendo!.. ooo siento tu leche. oh joder me vas a embarazar ooo…. La mujer cuando sintió los primeros chorros de semen dentro de su vagina, intentó evitarlo, pero sin muchas fuerzas. Luego sintió el segundo y tercer lechazo, convenciéndose que ya era inevitable. Ya nada podía hacer. El marido de su íntima amiga se estaba viviendo dentro de ella. Ante ello, decidió entregarse, y se abrió totalmente para sentir como aquel semental regaba una y otra vez su ardiente vagina. Sentía el semen del mismo fluir dentro de su vagina,….y era tan copioso que era probable que la llenara.
No se parecía en nada a las eyaculaciones de su marido. El marido de su amiga parecía que tenía un surtidor en el pene, ya que fluía sin para torrentes de espeso semen. Era tan espeso y de tanta cantidad quedó convencida que ¡esta vez si iba a ser fecundada! ¡Iba a ser fertilizada por el marido de su amiga! ¡que locura!
La mujer se pego lo mas que pudo al hombre, como si deseara que aquel depositara su semen lo más profundo posible. Y era evidente que así estaba ocurriendo. No solo era abundante la corrida, sino que, dada la longitud del falo del marido de su amiga, aquella daga le llegaba hasta cerca del útero. Aquel semental estaba depositando sus espermatozoides tan profundamente, que la mujer estaba convencida de que sus óvulos serían esta vez fertilizados. En el fondo, se sintió satisfecha. Quizás esa fuera su única forma de ser madre.
Cuando por fin el hombre acabo de escupir semen, la mujer miró al marido de su amiga, y sintió la necesidad de besarlo nuevamente en los labios. Nunca en su vida había tenido tres orgasmos, ni los había disfrutado tanto. Tampoco su coño había sido regado tan copiosamente como lo había hecho el marido de su amiga. Realmente estaba satisfecha de aquella infidelidad.
El hombre al propio tiempo le respondía diciendo: Marisela. Reconozco que ha sido uno de mis mejores polvos. Eres una mujer especial,… y he disfrutado mucho follandote. ¿Has visto cuanta leche tenía? llevaba días sin hacerlo.
Le decía, mientras procedía a retirar su verga del coño de la mujer.
Marisela observó su vagina, tremendamente abierta, con los labios vaginales bastante enrojecidos e inflamados, y con restos de semen emanando de su interior. Al ver la tremenda abertura de su coño exclamo: Oh Nacho… has visto como me los has abierto… joder Berto se va a dar cuenta… Uf……¡me has llenado!...” seguro que me has embarazado”.
El hombre sonriendo le contesto: ¡Aún me queda bastante semen dentro! ¿No te creas que esto ha acabado? ¡Ten por seguro que voy a estar follandote toda la noche!
-¿de verdad…? ¡te creo capaz! le contestó aquella sonriéndole por primera vez, mientras se abrazaba al mismo, y se recostaban con intención de descansar un poco.
En el fondo se sentía satisfecha, y percibía que aquel hombre iba a cumplir su palabra y la iba a follar más veces en la noche. Era su primera infidelidad, pero tampoco se arrepentía.
CONTINUARA
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