La casera enviciada (3/4)
Llegó a cobrar el alquiler, pero solo se llevó la vergüenza desnuda. Ewan no quería dinero; quería probar hasta dónde podía llevarla. Y ella, temblando en la oscuridad del garaje, supo que no podría resistirse a la próxima visita.
La casera enviciada (3/4)
Para seguir el hilo del relato se debe leer los dos capítulos anterioeres
Capitulo 3.- Una nueva visita para cobrar
Quería desesperadamente olvidar todo el incidente que paso en su casa cuando fui a cobrarles la renta del alquiler, pero lo que más me molestó fue ‘el trato’ que había hecho con Ewan para detener el azote que me estaba dando... Decidí elaborar un plan inteligente para sacarme del apuro.
Les escribí una carta muy educada a ambos, disculpándome por mi comportamiento esa noche, pidiéndoles que me perdonaran y que también se olvidaran de todo lo que había sucedido… También escribí que me di cuenta de que, bajo el estrés, había hecho un trato con Ewan, y como era una mujer que mantenía su palabra, estaba dispuesta a ofrecerles un mes de alquiler gratis a cambio del trato.
Estaba muy segura de que iban a aceptar mi generosa oferta, dado que eran estudiantes con escasos recursos pero me quedé estupefacta cuando abrí mi correo unos días después y descubrí que me habían devuelto la carta, y en letra grande había escrito ‘No hay trato’.
Furiosa, cogí el teléfono para hablar con ellos, pero luego lo pensé mejor y colgué antes de terminar de marcar.
Finalmente llegó el momento en que debían de pagar el alquiler... Revisé mi cuenta bancaria, pero el pago no se había realizado… No me sorprendió… Tuve que esperar 2 días hasta recibir la llamada telefónica que sabía que era inevitable… Era Ewan, que me pidió que recogiera el alquiler en persona esa noche a las 20 h.
- “Preferiría no hacerlo”, respondí, pero para mí, mi voz carecía de convicción.
- “Pero lo harás… Eres, después de todo, una mujer de palabra... ¿No es así como lo pones en tu carta?”, respondió Ewan.
- “Sí, pero hice una oferta justa para...”
Intenté defender mi propuesta pero Ewan había colgado.
Intenté mantener la calme y me metí en la bañera con agua caliente para relajarme y aclararme la cabeza… Decidí ir y cobrar el alquiler… Era una mujer adulta y no permitía ser manipulada por un adolescente… Si me sentía fuerte, no me pasaría nada.
Aparqué mi Mercedes y caminé con confianza hasta la puerta, pero cuando estaba a punto de tocar empecé a sentir mariposas en mi estómago y fuertes latidos del corazón… Hice profundas respiraciones de aire fresco para tratar de estabilizarme… Estaba totalmente desprevenida cuando se abrió la puerta, ya que ni siquiera había tocado.
Era Ewan, vestido sólo con una bata de baño, y con su teléfono móvil en la oreja… Me hizo señas para que entrara y continuó su conversación por el móvil... Entré y me paré torpemente, consciente de que a pesar de que ni siquiera me había dicho una palabra, ya estaba ejerciendo su control.
Finalmente interrumpió su conversación y se dirigió a mí.
- “Desnúdate.”
Por un momento lo miré con la boca abierta y luego pregunté:
- “¿Perdón?”
- “Me escuchaste lo que dije... Desnúdate... Quítate toda la ropa... Todo… Incluyendo tu joyería.”
Estaba profundamente avergonzada... No sólo no me mostraba absolutamente ningún respeto, sino que también quien estaba hablando por teléfono podía escuchar claramente lo que me estaba diciendo y cómo me estaba tratando.
Me puse desafiante… Miré hacia el pasillo esperando que Anna apareciera y al menos me apoyase... La idea de ver su bonito cuerpo desnudo sería para mí, muy agradable… Odié admitirlo, pero era lo que deseaba… Sin embargo, a Anna no se la veía por ninguna parte.
- “No volveré a decírtelo”, me gritó... Su mirada me atravesó… Luego volvió a su conversación telefónica.
Me esforcé en no hacerle caso pero mis manos me traicionaron... Comenzaron a desabrochar los botones de mi ropa… Ahora era yo otra mujer, que despreciaba a esta mujer de 42 años que traicionaba todos sus ideales, toda su moral.
Pronto me quedé sólo con mi ropa interior... Quería desesperadamente detenerme allí, para retener algo de mi dignidad al menos… Pero, en cambio, respiré hondo, me quité el sostén y luego me quité las bragas.
No podía creer que realmente lo hubiera hecho… Entonces recordé su orden de quitarme las joyas, por lo tanto me quité mis pendientes y me quité los dos anillos que llevaba... Este acto sirvió para aumentar mi desnudez.
Mientras me desnudaba, Ewan me miró continuando su conversación.
Una vez que estuve desnuda, me moví nerviosa... Estaba avergonzada más allá de lo creíble, pero sabía que detrás de toda esta vergüenza había una carga sexual innegable moviéndose a través de mi cuerpo... Esto me asustó, ya que no lo entendía.
Finalmente, Ewan terminó su conversación y colgó el teléfono. Sus ojos me estudiaron de pies a cabeza.
- “Date una vuelta.”
Lentamente di vuelta completa… No podía creer que estaba permitiendo que este joven de 19 años estudiara mi cuerpo con todo detalle.
- “Tienes sobrepeso”, me dijo.
No esperaba que Ewan me dijera eso, pero desde luego lo que me dijo me dejó desconcertada.
- “Soy mucho mayor que tú... ¿Y Anna?”, respondí a la defensiva.
- “¿Cuántos años tienes?”
- “Treinta y nueve”, mentí... Una mujer que miente sobre su edad es algo natural.
- “Tu edad no es excusa para tener sobrepeso.”
Sentí ganas de decirle lo difícil que fue para mí tener que soportar un matrimonio roto y trabajar muchas horas dirigiendo un negocio… Sin embargo, sólo me mordí el labio inferior y permanecí en silencio.
- “¿Haces ejercicio?”, me preguntó.
- “No.”
- “¿Nada en absoluto?”, preguntó, casi incrédulo.
- “No… Soy una mujer bastante ocupada”... Me sentí un tanto ofendida por su interrogatorio.
- “Eso no es excusa... ¿Cuidas tu dieta?”
- “No... Supongo que no.”
Odiaba sus preguntas, principalmente porque eran saludables para mí… No hacía ejercicio, no comía bien y tenía sobrepeso para mi estatura y edad.
- “¿Cuánto pesas?”… Continuó preguntando.
- “No lo sé”, respondí secamente, y era la verdad… Había tenido demasiado miedo de subirme a la bascula durante mucho tiempo.
- “Hay una en el baño... Ve y pésate.”
Sintiéndome como una niña siendo regañado por su madre, corrí desnuda por el pasillo hasta el baño, me pesé… Me volví a pesar de nuevo por segunda vez para asegurarme del peso y luego volví donde estaba Ewan.
- “¿Bien?”, me preguntó.
- “65,3 kg”… No mentí.
- “¿Qué peso solías tener?”
- “54,5 kg”… La verdad duele... Para mi talla tenía casi 10 kg de sobrepeso… Me estaba volviendo flácida y mi peso aumentaba de manera alarmante.
- “Te daré un programa de ejercicios y una dieta para que la sigas... Si no pierdes peso, serás castigada... ¿Está claro?”
Abrí la boca con asombro… Sabía que tanto Anna como Ewan estaban estudiando educación física en la universidad, pero esto no le daba derecho a tratarme de esa manera.
Miré a Ewan, pero él sólo me devolvió la mirada.
- “¿Te ha quedado claro?, me preguntó.
Agaché la cabeza en señal de derrota y dije:
- “Sí, señor.”
- “Muy bien… Vamos… Estoy ansioso por resolver la pequeña ‘oferta’ que tenemos pendiente.”
Mi corazón comenzó a latir con temor, y nuevamente me sentí mareada y con náuseas... El miedo se notaba en mis ojos... Rápidamente me tapé la boca con las manos y corrí hacia el baño temiendo vomitar.
Afortunadamente no lo hice y finalmente logré calmar mis nervios... Tímidamente volví con Ewan, que no se había movido.
- “¿Estas mejor ahora?”, me preguntó, mostrando una pizca de preocupación por mi bienestar.
- “Sí, señor.”
Esperaba que fuese por el pasillo hacia la habitación, pero en cambio se fue en dirección opuesta... Confundida, lo seguí en silencio y fuimos hacia una puerta que iba al garaje y entramos en él.
Hacía frío y había humedad...Estaba lleno de muebles viejos y el suelo estaba sucio... Había prometido limpiarlo para mis jóvenes inquilinos para que pudieran usarlo para guardar su coche, pero no lo había hecho... Me sentí mal por no haber cumplido eso.
- “¿Prometiste o no limpiar este garaje para nosotros?”, me preguntó Ewan enfadado.
- “Prometo que lo haré de inmediato”, respondí agachando la cabeza.
- “Bien... Pero para reforzar tu conducta vergonzosa, serás castigada, aquí, entre el sucio desastre que hay.”
- “Por favor, no... Prometo que lo limpiaré mañana”, le dije mirando el desastre que había a mi alrededor.
- “Demasiado tarde para tus promesas... Date la vuelta”, me dijo Ewan recogiendo un rollo de cuerda del suelo.
Obedientemente me volví y me rodeó con la cuerda y la ató fuertemente alrededor de mi cintura, restringiendo mi respiración... Luego juntó mis manos y las ató a la parte posterior de mi cintura.
- “Abre las piernas.”
Obedecí y solté un grito de sorpresa cuando sentí a Ewan abrir los labios de mi coño y colocar la cuerda en el medio... Luego, la cuerda se enroscó alrededor de mí en la cintura, en la parte delantera... Él, la estiró todo lo que pudo y la ató allí... Mi coño quedó partido por la cuerda apretando mucho mi hendidura vaginal.
La sensación de la cuerda mordiendo mis labios vaginales era dolorosa y sensible... Pero sabía que también estaba inflamando mi excitación... Estaba totalmente en manos de Ewan para que él hiciera conmigo lo que él quería... Era un cóctel exótico que nunca había experimentado antes.
Luego, Ewan me empujó hacia un sillón viejo y sucio que había perdido la mitad de su relleno.
- “Arrodíllate”, me ordenó señalando el sillón.
Sin dudarlo fui hacia el sillón, arrastrando los pies porque la cuerda me pellizcaba los labios vaginales cuando me movía... Me arrodillé sobre el asiento del sillón y descubrí que tenía que descansar la cabeza sobre el respaldo para mantener el equilibrio... Podía oler el olor rancio de los muebles viejos.
Esperé en silencio... Después de doblar la cintura, la cuerda tiraba aún más sobre mi ano y mi vagina... Cuanto más incómoda me sentía, más me excitaba... Procuré que Ewan no se diera cuenta... Vi de reojo a Ewan buscando algo, quizá para pegarme... Finalmente lo escuché dar un gruñido de aprobación... Contuve el aliento y pensé en el dolor que iba a causarme.
Cuando me golpeó con el trozo plano de madera que tenía en la mano, salté hacia adelante con dolor y casi caí sobre el respaldo del sillón.
Cuando trataba de volver a mi posición anterior, me golpeó por segunda vez... Lloré de dolor y me caí sobre el respaldo del sillón que estaba muy sucio, incapaz de evitarlo, porque mis manos estaban atadas detrás de mi espalda... Me quedé allí impotente, incapaz de levantarme, sollozando por el dolor en mis nalgas.
Las manos de Ewan me agarraron bruscamente de las cuerdas y me apartó del respaldo... Las cuerdas me apretaron dolorosamente mi coño... Estaba sucia y olía mal... Me colocó de nuevo en el sillón, con las nalgas elevadas... Me pegó duro dos veces más... Mi culo estaba ardiendo, y lloré mucho.
Entonces Ewan me agarró del brazo y me sacó bruscamente del sillón... Caí de rodillas en el sucio suelo del garaje... Cuando miré a Ewan, él había abierto la parte delantera de su bata de baño, dejando al descubierto su desnudez... Su pene estaba tieso... Sin decir una palabra, me cogió del pelo y me acercó a polla.
- “¡Hazlo!”, me ordenó.
Su tono era contundente... Tenía un control total sobre mí y esto obviamente le dio una gran satisfacción sexual.
Nunca antes había dado sexo oral... La idea de eso me desagradaba.. Pero ahora, atada, golpeada y excitada sexualmente, no dudé en meter su pene en mi boca... Mientras lo hacía, Ewan empujó su pene furiosamente en mi boca, manipuló mi cabeza tirando de mi pelo hacia atrás y hacia adelante.
Ewan gimió y sentí el sabor salado de su esperma eyaculando en mi boca... Me atraganté, pero logré tragarlo.
Ewan se retiró de mi boca y limpió la mezcla de esperma y saliva de su pene con su bata de baño... Sabía que un poco de esperma goteaba por mi mejilla... Me agarró del brazo y me puso de pie... Asumí erróneamente que mi terrible experiencia había terminado.
Ewan tenía otro trozo de soga en la mano y tiró un extremo sobre una viga... Ató un extremo a la cuerda que me ataba los brazos y luego tiró con fuerza del otro extremo... La cuerda me empujó hacia arriba.
- “Ponte de puntillas”, me ordenó.
Obedecí, estirándome lo más alto que pude... De nuevo, la cuerda se tensó, cortándome los labios vaginales y las nalgas y lastimándome las muñecas... Ewan ató la cuerda... Luché por mantenerme en pie.
- “Por favor, suéltame”, supliqué.
- “Cuando quiera, lo haré”, respondió con insensibilidad, antes de girar rápidamente y salir del garaje... Cerró la puerta y me quedé en la oscuridad.
Lloré rogando que volviera, pero me di cuenta de que era inútil... Tenía miedo pero intenté relajarme... Me di cuenta de que, a pesar de ser golpeada y atada, y de estar asustada por estar sola en el garaje, me excitaba sexualmente.
Presioné mi pelvis hacia abajo para que la cuerda se clavara aún más en mis labios vaginales y luego comencé a rotar de un lado a otro... A través del dolor, logré friccionar mi clítoris.
Estaba casi exhausta cuando finalmente sentí que podía correrme... Seguí friccionando y al final me corrí... Un grito de placer escapó de lo más profundo de mí.
Agotada, luché por mantenerme en pie... Cuando el placer disminuyó, me quedé sola con el dolor... Me había frotado en carne viva... Me dolían las piernas por el dolor de ser forzada a ponerme de puntillas.
El tiempo pasó y rogué en silencio a Ewan que regresara y me soltara.
Finalmente, la puerta del garaje se abrió y me alegró mucho ver a Ewan, parado allí, recién duchado y vestido... Sorprendentemente no estaba enojado... Soltó la cuerda que me conectaba a la viga... Ví que mis piernas no me sostenían y caí hacia Ewan.
- “¡Apestas!”, dijo con disgusto y se apartó.
Caí de rodillas al suelo y me empujó hacia adelante para que cayera de bruces al suelo sucio del garaje... Me soltó las muñecas y luego extrajo la cuerda de las nalgas y los labios... Estaba en carne viva y me dolía.
Jadeé cuando él me metió con fuerza varios dedos de su mano izquierda profundamente en mi vagina.
- “Jódeme los dedos”, ordenó.
Comencé a retorcerme lentamente sobre el sucio suelo del garaje... Era asqueroso, pero sus dedos me complacían y comencé a perder el control.
Pronto me moví de un lado a otro, rogándole a los dedos de Ewan que me follaran más fuerte... Era obsceno, pero otro intenso orgasmo se apoderó de mí y grité de placer.
Me quedé allí exhausta, y cuando finalmente tuve la fuerza suficiente para ponerme de pie, Ewan se había ido.
Bajé la vista a mi cuerpo desnudo... Estaba cubierto de sudor sucio y olía a descomposición, esperma y mis propios jugos.
Con cautela regresé a la casa... No había nadie... Rápidamente encontré mi ropa y me vestí... Al lado de la puerta había un sobre con mi nombre... Cogí el sobre y conduje rápidamente a mi casa... Una vez allí, me quedé en la bañera durante mucho tiempo, pensando con incredulidad ante lo que acababa de soportar.
Después de salir de la ducha, me envolví con una toalla y, mientras iba a preparar una muy necesaria taza de café, vi el sobre... Dentro estaba el dinero del alquiler, más una nota adjunta de varias páginas.
La nota decía:
‘Nos vemos dentro de dos semanas cuando vengas a cobrar el alquiler... He adjuntado tu programa de ejercicio más tu dieta... Te pesarás cuando venga a cobrar el alquiler... Mucho amor, Ewan.’
Me habían ofendido moral y emocionalmente… Mi cuerpo había sido golpeado y abusado sexualmente… Me había dicho que tenía sobrepeso… Debería haber estado rebosante de ira e indignación pero sorprendentemente no lo estaba... Estaba confundida... Sexualmente me sentía viva y estaba mucho más consciente de mi cuerpo que nunca.
Cuando me levanté de la cama al día siguiente, fui hacer la misma rutina de siempre: alimentar al gato, desayunar y conectarme en línea para verificar mi estado de cuenta... Pero, además, me sentí motivada para hacer algo de ejercicio, así que me puse mi equipo de correr y salí a correr.
Traté de decirme a mí misma que no estaba motivada por el ultimátum de Ewan, pero sabía en el fondo que él era la causa... Quería demostrarle que tenía fuerza de voluntad y, siendo sincera conmigo misma, quería evitar ser castigada por no perder peso.
También me sorprendió que la comida basura que había estado comiendo, de repente perdió su atractivo para mí… Me encontré estudiando el plan de dieta que me había dado y salí a comprar los alimentos correctos que necesitaría comer.
En una semana pude notar la pérdida de peso... Comencé a disfrutar al ver mi cuerpo en el espejo... Me corté el vello púbico y le hice una V perfecta… Incluso me afeité los labios vaginales, algo que nunca había hecho antes… Incluso comencé a masturbarme... Tal era mi nuevo nivel de sexualidad elevada.
Inicialmente me avergoncé de la necesidad de masturbarme, y lo hice por la noche, en la cama, con la luz apagada... Aunque traté de no pensar en ello, fantaseaba con ser atada, golpeada y, a veces, obligada a hacer actos sexuales.
Anna aparecía en mis fantasías... Una noche tuve el deseo de estar atada y me encontré yendo a mi garaje a buscar algo de cuerda... Una vez en el garaje me trajo recuerdos de mi sesión con Ewan... Me encontré quitándome el camisón quedando desnuda en el garaje... Luego encontré un trozo de cuerda y lo até a la cintura... Abriendo las piernas lo más que pude, separé mis labios y puse la cuerda, de la misma manera que Ewan lo había hecho.
Tiré de la cuerda con fuerza para que me cortara dolorosamente... Luego tiré el otro extremo sobre la viga que tenía arriba de mi cabeza, me puse de puntillas y me até en esa posición... Luego cerré los ojos, junté las manos detrás de la espalda y durante un largo rato disfruté de la sensación de estar atada.
Finalmente, comencé a mecerme de un lado a otro y sentí que mi excitación sexual aumentaba gradualmente dentro de mí... Cuando no pude soportarlo más, comencé a frotarme furiosamente con la mano, hasta que me corrí... Y seguí frotándome hasta que me corrí por segunda vez y luego una tercera... Esta fue la primera vez en mi vida que experimenté un orgasmo múltiple.
No podía creer lo rápido que pasaron las dos semanas, y el alquiler venció nuevamente... No tuve ninguna duda de que iba a ir a 20 Lombard Road y cobrar mi alquiler personalmente.
Sin embargo, no estaba segura de cuándo iría... Decidí esperar hasta el día siguiente del que se debía el alquiler... Llamé nerviosa al número de móvil de Ewan y Anna.
Fue Anna quien respondió, y no estaba segura de cómo abordar el tema con ella por lo que le dije cortésmente.
- “Anna, veo que el alquiler no está pagado.”
- “¿De verdad no está pagado?”, me dijo intentando fingir sorpresa, pero estaba claro que no lo estaba.
- “Sí”, le dije de nuevo.
- ¿Y?”, respondió Anna con voz traviesa.
- ¿Puedo ir a recogerlo?, pregunté avergonzada.
- ¿Puede venir Lian y recogerlo?... ¿Qué le digo, Ewan?”, le preguntó a su compañero y escuché a Ewan reír brevemente en el fondo.
Después de una breve vacilación, Anna respondió:
- “Sí... Puedes venir Lian.”
- “¿Esta noche?”, pregunté, sintiendo los latidos de mi corazón ya acelerados, y respiré profundamente.
Nuevamente una breve vacilación mientras Anna consultaba.
- “No, mañana por la noche”... Y colgó.
Finalmente llegó el momento de ir... Me había duchado dos veces y me había cuidado mucho más de lo que normalmente lo hacía... Es muy difícil describir cómo me sentía... Temía la humillación y el dolor, pero también deseaba la humillación y el dolor... Ni siquiera podía entenderlo, pero sabía que lo necesitaba.
Cuando llamé a su puerta, el nerviosismo me tenía atrapada... A pesar de que respiraba profundamente, aún me sentía débil.
Anna abrió la puerta y mi primera reacción fue de decepción porque estaba completamente vestida, y no desnuda, o mejor aún, atada a su cama… Deseaba verla desnuda esta noche.
Anna me saludó con un abrazo y absorbí su agradable y fresco olor... Quería abrazarla con fuerza, pero mantuve mis deseos bajo control.
- “Ewan quiere que te desnudes”, me susurró al oído.
- “Tú también, espero”, le dije antes de darme cuenta... E inmediatamente me sentí avergonzada.
- “No, sólo tú”, respondió ella con una sonrisa antes de irse a la cocina, dejándome sola.
Por un momento me quedé allí, concentrándome en mi respiración... Hice tres profundas y luego me quité la ropa tan rápida como pude... Me resultaba muy difícil quitarme el sujetador y las bragas porque ocultan las partes más personales y privadas de una mujer.
Pronto estuve completamente desnuda y me quedé allí en un silencio incómodo... Muy nerviosa y parada esperando que aparecieran mis adolescentes inquilinos.
Fue Anna quien apareció primero, asomando la cabeza con curiosidad por la puerta de la cocina.
Por un momento pareció sorprendida de verme desnuda, como si no hubiera esperado que obedeciera tan mansamente… Sus jóvenes ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo varias veces como si estuviera tratando de memorizar cada característica de mi cuerpo... Fue especialmente vergonzoso para mí estar desnuda frente a una Anna completamente vestida.
- “Pon tus manos detrás de tu cuello”, me ordenó.
Su voz no era mucho más fuerte que un susurro... Le fruncí el ceño, sin saber por qué me estaba pidiendo que hiciera tal cosa.
Anna se apartó de la puerta y me demostró lo que quería decir con las manos detrás del cuello y los codos.
- “Y abre las piernas hasta que queden así”, mostrándome a que distancia las debía abrir.
- “¿Por qué?”... Me sorprendió su solicitud.
- “Porque a Ewan le gusta que me quede desnuda así... Él es así.”
Ella se rió como una niña antes de desaparecer de nuevo en la cocina.
Cuando lo hizo ella, me pareció muy natural, pero cuando lo hice yo me sentí incómoda y humillada y rápidamente bajé los brazos a mis costados y cerré las piernas... Era una pose para mostrar sumisión.
Me di cuenta de que esto era lo que estaba haciendo... Había venido esta noche a cobrar mi renta, pero también a presentarme a Ewan de forma sumisa... Así que apreté mis manos detrás de mi cuello, saqué los codos y abrí las piernas como Anna me había mostrado... Y esperé.
Me sentí sumamente expuesta y también muy sumisa... Me sentía muy excitada pero me di cuenta de que si alguien entraba por la puerta, se sorprendería muchísimo y me moriría de vergüenza... A pesar de ello me quedé así.
Anna asomó la cabeza por la puerta de nuevo, y al notar mi sumisa pose, me lanzó una gran sonrisa y me dio la señal de pulgares arriba... No pude evitar devolverle su sonrisa, aunque con timidez... Luego desapareció de nuevo en la cocina... Olía a comida, así que pensé que estaba preparando algún guiso.
Me preguntaba dónde estaba Ewan... Escuché atentamente pero no pude escuchar ningún otro ruido o movimiento.
Debí haber permanecido en mi pose desnuda y sumisa durante unos 15 minutos... Mis brazos se estaban cansando pero a pesar de ello mantuve la postura.
Finalmente escuché el ruido de un vehículo que se estacionaba afuera, y el ruido de alguien caminando hacia la puerta principal.
Mi cuerpo me decía que huyera a un lugar seguro, pero aparté estos pensamientos y obstinadamente me obligué a mantener mi posición.
Recé para que fuera Ewan quien cruzara esa puerta, y no alguien como la madre de Anna, a la que conocí brevemente cuando Anna y Ewan firmaron el contrato de arrendamiento... Este pensamiento hizo que mi corazón latiera aún más fuerte.
La puerta se abrió... Nadie habló... Empecé a entrar en pánico... Creí incluso que iba a para salvarme la vergüenza que tenía.
Entonces Ewan apareció ante mi vista y dejé escapar un profundo suspiro de alivio, lo cual era un poco extraño dado el dolor y la humillación que seguramente me iba a infligir esta noche.
- “Buena chica”, me dijo mirándome con satisfacción.
- “Gracias, señor”, le respondí.
Igual de rápido desapareció por el pasillo y continué con mi terrible experiencia de espera... Mis hombros y brazos estaban entumecidos.
Ewan volvió y Anna lo siguió de cerca.
Inicialmente no pude distinguir lo que Ewan llevaba... Luego me sonrojé cuando me di cuenta de que era una bascula... La colocó en el suelo y me hizo un gesto en silencio para que me subiera a ella. Bajé los brazos y me subí.
- “¡Mantén tus brazos en alto!, gritó, sorprendiéndome tanto que retrocedí.
Avergonzada, levanté mis brazos cansados y junté mis manos detrás de mi cabeza, luego, por impulso, abrí las piernas como me había dicho Anna.
- “No seas tonta... ¿Cómo puedes ponerte en la balanza con las piernas abiertas?”, me regaño Ewan.
Apresuradamente cerré mis piernas y luego avancé hacia la balanza, con cuidado de asegurarme de mantener mis manos detrás de mi cabeza y mis codos hacia afuera.
Ewan miró la lectura en la balanza.
- “65 kilos... ¿Qué peso tenías?
- “67 kilos”, le dije con orgullo
- ¿Estás segura?... Pensé que pesabas menos”, me dijo con su mirada burlona.
- “No, pesaba 67 kilos... He estado haciendo ejercicio todos los días y siguiendo tu dieta”, respondí indignada.
- “¿Seguiste estrictamente mi dieta o no?, me preguntó Ewan.
- “La mayoría de las veces comí lo que pusiste en la dieta, pero algunos días tenía tanta hambre que me la salté un poco”, le respondí... Me di cuenta de que mi voz tenía un sonido patético.
- “Debes seguir la dieta al pie de la letra, ¿entendido?”
- “Sí, señor”, lloriqueé.
- “Serás castigada por no seguir la dieta, pero me alegra que hayas perdido 2 kilos.”
- “Sí, señor… Gracias, señor.”
Ewan hacia conmigo lo que quería... Era aterrador cómo me había entregado a él.
- “Ve y espéranos en el garaje... Y deja la luz apagada”, me ordenó.
Con la cabeza baja, me di la vuelta y salí corriendo hacia el garaje... Al día siguiente de mi última ‘visita’ había ordenado la limpieza del garaje... Cuando abrí la puerta, pude ver a través de la oscuridad que el garaje estaba ordenado, aunque todavía estaba húmedo ya que no había luz natural.
Cuando cerré la puerta, el garaje quedó en la oscuridad... A tientas, me alejé unos pasos de la puerta, aunque mantuve mis ojos en la delgada franja de luz que entraba por debajo de la puerta que conducía a la casa.
Luego puse mis manos detrás de mi cabeza y abrí mis piernas a lo que parecía el ancho correcto... Estaba asustada, tanto por la oscuridad como por el castigo que iba a recibir... Pero también sentí una oleada de excitación por todo mi cuerpo.
Mientras esperaba en la oscuridad, también me di cuenta de que me estaba necesitando usar el baño... Con la dieta que Ewan me puso tuve que beber grandes cantidades de agua, lo que significaba que tenía que orinar con mucha más frecuencia de lo normal.
Acababa de decidir hacer una carrera rápida hacia el baño cuando se abrió la puerta... Tanto Ewan como Anna estaban enmarcados por la luz de la puerta... Ewan encendió la luz y ambos se pararon frente a mí... Me di cuenta de que a pesar de las condiciones frías y húmedas del garaje, mi cuerpo estaba sudado
Ewan miró mi desnudez, aumentando mi ansiedad.
- “¿Estás mojada?”, me preguntó intencionadamente.
Contuve el aliento... Sabía que no podía mentir... Ya había sufrido las consecuencias de mentir... Aun así, era muy vergonzoso para mi tener que decir cómo me sentía.
Ewan alzó la ceja, esperando mi respuesta
- “Creo que podría estarlo”, admití tímidamente, mirando mis pies en el sucio piso del garaje.
- “¡¿Podrías estarlo?!... Supongo que tendré que comprobarlo”, dijo Ewan burlonamente.
Miré a Ewan, suplicando con los ojos, sacudiendo la cabeza de lado a lado.
- “¿No quieres que lo haga?”, me preguntó, todavía sonriendo.
- “No, señor”... Hice un puchero, sacudiendo la cabeza.
- “Bueno, ya me conoces, lo complaciente que soy... En este caso, tendremos que pedirle a Anna que te revise'', sonrió con picardía.
- “No, señor... Por favor, señor... Anna, no”, supliqué.
Miré a Anna... Ella estaba sonriendo y me quedó claro que no iba a obtener ningún apoyo de ella... Intentaría al menos retrasar esto y le dije:
- “Por favor, necesito desesperadamente ir al baño... Seré rápida, lo prometo.”
Era verdad... La ansiedad aumentaba mi necesidad de orinar... Me quité las manos de la nuca y di un par de pasos rápidos hacia la puerta.
- “¿Te di permiso para ir a cualquier parte?”, gritó Ewan, haciéndome parar en seco.
- “No, pero necesito ir al baño, desesperadamente”, repetí de nuevo suplicando.
- “Vuelve a su posición ahora mismo... Te acabas de ganar un castigo extra.”
Agaché la cabeza en señal de derrota y volví a donde había estado parada... Junté las manos detrás del cuello y abrí las piernas... Podía sentir una lágrima rodando por mi mejilla.
Ewan susurró algo al oído de Anna, y lo que le dijo hizo que ella me mirara y lamiera sus labios... Un escalofrío recorrió mi columna vertebral... Siempre había considerado a Anna como una víctima, como yo, y me dolía saber que ahora ella era la agresora.
Anna se puso detrás de mí... Estaba tan cerca que podía sentir su aliento en la nuca... Olía muy bien, lo que me hizo sentir avergonzada porque yo debía oler a sudor.
- “¡Separa más tus piernas!”, ronroneó en mi oído.
¡Obedecí!
- “¡Más separadas!”, ronroneó de nuevo.
Separé mis pies aún más... Recé para que no saliera orina de mi vejiga.
Sentí como Anna pasó un dedo provocativamente por mi columna y, lentamente, entre mis nalgas... Cuando su dedo tocó ligeramente mi coño, gemí en voz alta, por una combinación de vergüenza y excitación.
- “¿Alguna vez te ha tocado una mujer antes?”, susurró en mi oído.
- “No”, respondí sinceramente.
- “¿Te gusta cómo te toco?, me dijo tocándome de nuevo mi coño, esta vea con más presión.
Estaba avergonzada porque otra mujer me estaba tocando íntimamente, pero esta vergüenza sólo sirvió para alimentar mis fuegos internos.
- “Sí me gusta”, respondí sonrojándome.
Luego, sin previo aviso, su dedo se deslizó profundamente en mi vagina... Estaba tan mojada y abierta que no encontró resistencia.
Ella retiró su mano y la puso justo frente a mi cara... Mis jugos brillaban claramente en su dedo... Y también claramente podía oler mi aroma sexual.
- “Creo que sabemos la respuesta”, continuó susurrándome al oído en su estilo totalmente erótico y excitante mientras mi respiración se intensificaba por momentos.
Ewan me observó disfrutando del espectáculo íntimo que le estaba ofreciendo.
- “¿No crees que deberías limpiar mi dedo?”, me dijo sosteniendo el dedo más cerca de mi boca.
Increíblemente abrí la boca y engullí su dedo, chupando fuerte, saboreando mis propios jugos en mi boca.
En silencio, retiró el dedo y un momento después sentí que me rozaba mis labios vaginales... Gruñí de nuevo y doblé las rodillas, tratando de empujarme sobre su dedo.
- “Estas caliente, pequeña perra, ¿no es así?
Presioné más fuerte, y fui recompensada sintiendo como dos de sus dedos me los metía profundamente en mi vagina.
Mis caderas comenzaron a girar hacia adelante y hacia atrás y pude sentir rápidamente cómo me llegaba un orgasmo... Creo que nunca me había sentido tan excitada.
Comencé a respirar en jadeos cortos y aumenté mis empujes de cadera en sus dedos, pero para mi consternación, ella los quitó.
- “¡Nooooo!”, grité angustiada.
Me quedé allí, jadeando, tratando de controlar mis caderas... Quería desesperadamente llegar al orgasmo.
Justo cuando comencé a controlar mi cuerpo, ella volvió a meterme sus dedos en mi coño... Esta vez fueron tres dedos.
Me sentí muy llena... Mi cuerpo reaccionó al instante y rápidamente comenzó a buscar el orgasmo... Mis caderas se doblaban y estaba presionando mi pelvis hacia abajo tan fuerte como podía sobre los dedos intrusos.
Pero justo cuando estaba a punto de correrme, retiró cruelmente sus dedos nuevamente.
Lloré de frustración e incliné mis rodillas aún más, tratando de buscar sus dedos... Pero me di cuenta de que había hecho demasiada presión sobre mi vejiga al abrir tanto las piernas y empujar hacia abajo, que a pesar de intentar apretar mis músculos con fuerza, la orina comenzó a salir de mí... Era demasiado tarde para pensar en llegar al baño.
- “¡Ella se orinó en mi mano!”, grito Anna horrorizada.
Esto solo sirvió para aumentar mi frustración... Seguí apretando mis músculos, esperando poder detener el goteo de orina, pero fue una causa perdida... El goteo pasó a ser un flujo constante, bajando por mis piernas y llegando a mis pies.
- “Abre bien las piernas”, me ordeno Ewan.
Incluso en mi momento de abyecta frustración, Ewan ejerció su control sobre mí y obedecí.
Abrí mis piernas de par en par, y con eso perdí toda capacidad de controlar mi vejiga... La orina brotó de mí como una fuente y chapoteó ruidosamente en el suelo del garaje... Nunca había orinado de pie, y de hecho no había pensado hacerlo jamás.
Después de lo que me pareció una eternidad, el flujo disminuyó, se redujo a un goteo y luego se detuvo... Estaba rodeada por un charco de orina y mis pies estaban mojados.
Cuando finalmente miré a Ewan, sus ojos estaban llenos de excitación... Parecía haber disfrutado mi depravada exhibición.
- “Lo siento mucho”, me disculpé, apenada y humillada.
- “Ponte de rodillas”, fue la respuesta de Ewan.
Comenzó a abrir la bragueta de sus jeans y sacó su pene completamente erecto.
Su orden me avergonzó, ya que Anna estaba presente... Me arrodillé en el charco de mi propia orina... Ewan tomó mi cabeza bruscamente y empujó su pene erecto profundamente en mi boca... Me follo de forma furiosa y justo cuando iba a correrse la sacó de mi boca, disparando su esperma sobre mi cuello y mis pechos.
Ewan se apartó de mí y se subió la cremallera... Luego me dijo:
- “¡Levántate!”
Ewan me señaló hacia el centro del garaje, donde noté por primera vez que había dos cuerdas colgando de las vigas.
- “Abre las piernas y extienda los brazos hacia delante.''
Hice lo que me ordenó y ató cuerdas que colgaban del techo a mis muñecas... Al mismo tiempo, Anna había recogido un manojo de cuerdas de la esquina del garaje y estaba atando dos de ellas a mis tobillos.
Luego Anna le entregó a Ewan otra soga que me ató fuertemente alrededor de la cintura y a continuación la tiró bruscamente a través de mis labios vaginales, y la ató de la misma manera que me había hecho anteriormente.
Tras hacer esto, Anna cogió la última cuerda, apretándola fuertemente contra mis pechos antes de atarla en la parte posterior... La cuerda me cortaba los dos pechos por la mitad.
Las cuerdas atadas a mis tobillos estaban atadas a lados opuestos del garaje, por lo que mis piernas quedaban abiertas a la fuerza... Luego, Ewan y Anna cogieron las cuerdas atadas a mis muñecas y las colocaron sobre las vigas.
Mientras ambos tiraban de las cuerdas, mis brazos estaban siendo estirados hacia arriba y separados... Continuaron tirando y mis brazos comenzaron a soportar mi peso... Mis dedos de los pies estaban tocando el suelo... Era doloroso, pero apreté los dientes e intenté tomar mi castigo con determinación... Cuando las cuerdas quedaron tensas quedé totalmente abierta y me di cuenta de que no podía moverme.
Noté que Ewan caminaba hacia la puerta y luego regresaba en unos momentos con el látigo... Los escalofríos subieron por mi columna vertebral
- “Iba a ahorrarte el látigo, pero creo que te lo mereces, ¿verdad?”, me preguntó Ewan.
‘No estaba muy segura de por qué me lo merecía... ¿Fue porque me quedé indecisa cuando me preguntó si mi coño estaba mojado, o tal vez fue porque me había orinado en el suelo?’, pensé.
Independientemente, sabía que sería inútil discutir esto.
- “Sí, señor”, respondí en un susurro.
El primer golpe fue muy por encima de mis nalgas y grité de dolor... El segundo golpe fue en mis muslos, y esto fue aún más doloroso... El tercer golpe del látigo también fue en mis muslos... A estas alturas ya estaba sollozando.
Los siguientes tres golpes fueron al ras en mis nalgas... El dolor era increíble y le rogaba que se detuviera... Haría cualquier cosa por que se detuviera.
- “Estos son los seis latigazos que te iba a dar... Ahora recibirás el castigo extra que te prometí... Creo que dos latigazos más estaría bien... A Ewan le encantaba ejercer su control total sobre mí.
Gruñí y supliqué porque no me azotase más.
- “Pídeme que te dé dos azotes más”, exigió Ewan.
- “Por favor, no me des más azotes”, supliqué
- “¡Pídemelo”, repitió enojado.
Entre sollozos me las arreglé para decir:
- “Por favor, azótenme dos veces más, señor.”
El látigo cayó sobre mis desafortunados glúteos dos veces más y casi me desmayo por el dolor.
Mis jóvenes inquilinos salieron del garaje y apagaron la luz cuando cerraron la puerta... Y yo, lloré en la oscuridad.
Continuará....
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