Hogwarts: Las Reliquias de la Muerte, parte 5
La guerra ha terminado, pero la batalla final se libra en la Sala de Menesteres. Harry y Ginny no buscan venganza, sino placer: proponen un intercambio carnal con sus antiguos enemigos para sellar la paz. ¿Podrán el odio y la lujuria coexistir en la misma cama?
Última parte del séptimo libro. Todo se resolverá aquí. Muchas gracias por haber leído hasta este punto, y les pido que esperen para un relato final, que publicaré durante esta semana. Un largo y delicioso epílogo que cerrará la saga.
HOGWARTS: LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE, parte 5
Sala de Menesteres
Si bien Harry había usado el fuego del fénix y los basiliscos de Tom Riddle para destruir su propio diario, y Hermione había aprovechado lo mismo para acabar con la copa, Dumbledore y Ron habían eliminado respectivamente el anillo y el relicario con un objeto mucho más especial: la espada de Godric Gryffindor. Lamentablemente, cada vez que destruían un Horrocrux, la espada desaparecía, y volvía a surgir cuando se le necesitaba.
Después de cambiarse sus sudadas ropas, ahora era Ginny Weasley quien poseía la espada, utilizándola para combatir contra la mismísima Bellatrix Lestrange, hasta que su madre, Molly Weasley, apareció para asesinar a la bruja psicópata definitivamente, vengando de esa manera a Sirius Black, acabando con la principal aliada de Voldemort, que combatía en otro sitio. El sable mágico no desapareció, la chica se encontró con su amado poco después, y juntos se dirigieron a la Sala de Menesteres para destruir la diadema de Rowena Ravenclaw, el que creían que era el último Horrocrux.
Sin embargo, en el lugar, se encontraron con Draco Malfoy y sus usuales secuaces, Vincent Crabbe, Gregory Goyle y Pansy Parkinson. Harry y Ginny se ocultaron detrás de unos estantes, espiando la curiosa conversación que estaban teniendo. O, más bien, la discusión…
—¿Te atreves a traicionarme, puta miserable? —dijo Draco, con la polla empalmada y los pantalones abajo, igual que sus dos compañeros, empujando a Pansy de espaldas al suelo, que cayó sobre unas escobas mágicas.
—¡No te estoy traicionando! Nunca me has echo caso de todos modos, no como deberías, ni menos con todo lo que te he dedicado —dijo Pansy. Harry y Ginny nunca habían visto tan frágil, inocente y delicada a la que era la puta oficial de Hogwarts. Tampoco la habían visto jamás usando su uniforme escolar como ahora… apropiadamente.
—¡Te follaste a la puta Weasley, y todo el mundo que andaba por el baño se enteró que querías unirte a… San POTTER! —escupió Malfoy al suelo.
Harry miró a Ginny, juicioso, y ésta se encogió de hombros. “Que conste que no me follé a ningún chico”, susurró antes de darle un beso en la mejilla a su novio.
—Te aseguro que él sería mucho mejor… ¿Sabes? Nunca me ha pagado por sexo, es uno de los pocos chicos con los que nunca he follado, pero he visto cómo me mira el culo, solo que es un caballero a diferencia de ti. Lo deseo, ¡quiero unirme a él porque he visto como quedan los que siguen tus pasos, y ya me harté de ser simplemente la abusona puta!
Draco le dio una bofetada ante las risas de Crabbe y Goyle, y la ira de Harry y Ginny, que estuvieron a punto de intervenir, con todo y espada, pero no lo hicieron solo porque querían obtener más información.
—Eres un cobarde que no se atreve a decir lo que piensa… ¡Estás igual que yo! Le tienes miedo al señor oscuro y no te atreves a hacer nada. —Pansy se puso de pie y le puso un dedo en el pecho—. Te daré solo una oportunidad más, Draco Malfoy. Haz crecer tus bolas, atrévete a desafiar a tus amos en lugar de ser un perro cobarde, y me entregaré a ti para siempre. De lo contrario, apenas vea a Harry Potter aceptaré la propuesta que su putita pelirroja me hizo en ese baño, y me uniré a sus juegos.
—Ginny… ¿q-qué le propusiste a Pansy? —musitó Harry. Sí, de vez en cuando fantaseaba con Pansy, en especial después de que Hagrid le hablaba de cómo se la follaba en lugares públicos de la escuela, lo mismo que Dean o Seamus, que le pagaban para ello…, pero no por eso iba a…
—Venga, no te hagas el bobo, hasta yo he visto como la miras. Solo quise darle una ayudita ofreciéndole tu polla, y tu ganarás el supuesto “mejor culo de Hogwarts” por primera vez en los siete años de que la conoces. Y yo puedo tener un buen show, sabes que no me importa compartirte… tanto. Todos ganan.
—Mátala, Draco —susurró Goyle al oído de su líder—. Acaba con ella, y tendrás la fuerza para hacerlo lo mismo con Potter y su golfa.
Draco apuntó su varita al pecho de Pansy, y ésta se mantuvo impasible y desafiante. A Harry le estaba gustando bastante el lado más valiente de la muchacha que solo era conocida por cobrar por acostarse con todo el mundo.
Draco no se atrevió a disparar. A pesar de todas las cosas que había hecho, aún tenía algo de moral en su corazón. No fue lo mismo con sus dos amigos, que sí atacaron a Pansy hasta que Ginny surgió de las sombras con la espada de rubíes. Harry le siguió, y los ojos de la pareja se encontraron con los de Pansy, que pareció agradecerles en silencio. Un duelo de 3 vs 3 le siguió, pero las habilidades de Harry y Ginny eran ya superiores a las de cualquier mago de su edad. Crabbe conjuró un fuego infernal que no pudo controlar, y murió presa de su propio poder, al igual que Goyle. Draco intentó huir del fuego que estaba consumiendo toda la Sala de Menesteres… hasta que se detuvo. Encontró la diadema de Ravenclaw y se la arrojó a Ginny, que la cortó en dos en el aire con la espada de Gryffindor. Eso hizo a Harry darse cuenta que aún quedaba otro Horrocrux, Nagini, la serpiente de Voldemort… pero ya sus amigos se harían cargo de ello.
Ahora, los 4 magos sobrevivientes estaban en una habitación interna de la Sala de Menesteres, que se había creado para protegerlos del fuego. Trataban de recuperar el aliento mientras decidían, en silencio, qué iban a hacer el uno con el otro.
Harry encontró los ojos de Draco. Habían sido enemigos por muchos años, había demasiado odio entre ellos, pero parecían haber encontrado algo de respeto mutuo. Draco se estaba rebelando abiertamente contra Voldemort, y si bien no era probable que participara de la batalla, y en su lugar huyera, Harry quería mostrarle un signo de buena fé. Para eso, le habló a su novia.
—Ginny, te pediré algo que quizás no te guste, ¿crees que podrías…?
—Amor, creo que estamos pensando lo mismo. De hecho, dado que mi cuerpo te pertenece, quería pedirte permiso para felicitar a Draco por hacer algo bien al fin —dijo Ginny, ante la confusa mirada de Malfoy.
—Sí, hazlo, creo que esta vez se lo merece. Draco —dijo Harry, dirigiéndose esta vez a su rival—, te voy a prestar a Ginny, más te vale que la uses como ella se merece. No le tocarás ni un pelo que ella no quiera, ¿estamos claros?
—¿...Qué? ¿De qué estás hablando, Pott…? —Draco no pudo concluir la oración cuando Ginny lo jaló hacia ella, le dio un breve beso en los labios, y luego se arrodilló ante él, bajándole la cremallera—. ¿¡Qué diablos estás haciendo, Weasley!?
—Si solo pudieras mantener la boca callada, disfrutarías más de estas cosas, tarado —dijo Ginny, sacando el pene de Malfoy, no muy grueso ni largo, pero sin duda apetitoso, poblado de vello dorado. La pelirroja se dirigió a SU rival esta vez—. Pansy, te concederé tu deseo, te compartiré a mi novio, pero más te vale que lo trates bien.
Pansy estuvo perpleja por unos segundos, mientras Ginny se metía el rabo de Draco a la boca, y Harry se bajaba los pantalones, mostrando una inmensa erección que, no tan en secreto, la puta Slytherin siempre había deseado. Sí, iba a tener que compartirlo con unas cuantas chicas más, pero si podía jugar con ese gran pedazo de carne, todo lo valía. Tendría su premio tras siete años de salir con el llorón de su ex-novio, a quien le dedicó una mirada de repudio y una sonrisa arrogante antes de ponerse en cuatro patas y devorar el miembro de Potter.
Lo único que podía escucharse en esas instancia eran tanto los gruñidos de placer de Draco y Harry, y los potentes y húmedos sonidos de succión de Ginny y Pansy en sus respectivos penes. Las dos chicas estaban enamoradas del sexo oral, y ambas admitirían abiertamente que no podían vivir cómodamente sin al menos comer polla una vez al día, razón por la cual ambas habían sufrido tanto mientras Harry estaba cazando Horrocruxes y Draco estaba en su mansión comiéndole las tetas a su madre. Ginny solo se había acostado con chicas durante ese tiempo, y Pansy rechazaba incluso altas cifras, con lo dolida que estaba. Ahora, ambas podían disfrutar de mamar, lamer, chupar, comer, succionar y saborear como deseaban. Harry y Draco no querían arruinar el momento con palabras, en especial cuando no tenían nada que decir más que gemir y otros sonidos guturales. Ginny y Pansy eran unas expertas, definitivamente.
Ginny llevaba puesto un top blanco de vuelos que dejaba al descubierto sus hombros y su cintura de una manera casual, pero sensual. Además, llevaba pantalones de jeans negros muy ajustados, que resaltaban la curvatura de su culito, y llevaba el cabello rojo amarrado en una cola de caballo que Draco tardó cinco minutos en tomar en su mano para guiar la felación de la muchacha.
Pansy había optado por una minifalda escocesa, ligueros, botas de taco alto, y un top deportivo verde para sus senos, y una camisa gris encima. Harry acariciaba su cabello negro con intensidad, casi tirando de su corte bob, cosa que a ella le fascinaba. Le gustaba estar en cuatro para chupar, pues su culo bajo la minifalda quedaba libre para un manoseo o penetración extra.
Ambas llegaron a coordinarse, realizando movimientos muy similares, chupando un rato, luego sacándose sus penes para lamerlos a lo largo, dar rápidas lamidas en su punta y beber gustosas las gotas de líquido preseminal que se les presentaban, para volver a metérselos en las bocas. Sus coños ardían y derramaban jugos mientras lamían también sus testículos, o cuando se sobaban el rostro contra sus troncos erectos. “Pene, pene, rico pene”, pensaba Ginny. “Polla, polla, deliciosa polla”, pensaba Pansy. Era todo lo que había en sus cabezas.
Ginny fue la primera en tomar la iniciativa. Estaba muy caliente, se puso se pie, se inclinó con las manos en una de las paredes, separó las piernas, y Draco acarició sus nalgas y sus piernas.
—¿Qué estás esperando? Bájame los pantalones —ordenó Ginny, y el rubio accedió. Los dejó a la altura de sus rodillas, y admiró sus bragas rojas de encaje, sensuales y delicadas, uno de tantos regalos de la profesora McGonagall para su Campeona de Quidditch.
—No sabes las ganas que te he tenido todos estos años, Weasley —sonrió Draco, y esta vez, sus palabras no tenían la malicia de antaño. Solo había lujuria en su voz.
—Potter, te necesito —rogó Pansy, apoyando la espalda contra el muro de junto y levantándose la minifalda para mostrar sus braguitas verdes, mucho más atrevidas y descaradas que las de Ginny, que ni siquiera cubrían enteramente su monte de venus de lo delgadas que eran—. No me hagas esperar y fóllame.
—Como quieras. Y cuando lo haga, te convertirás en mía —declaró Harry, dejándose llevar por el morbo y la lascivia, y Pansy asintió con gusto.
Draco acarició las nalgas de Ginny, bajó también sus bragas escarlata a las rodillas, y la penetró con agresividad. Harry corrió la ropa interior de Pansy para revelar su jugoso coño, la tomó de la parte inferior de las rodillas, y también entró en ella.
Draco penetraba a Ginny en posición de perrito de pie, lo cual le permitía ver cómo las ondas de sus embestidas en sus nalgas enviaban oleadas de placer a la chica. Primero se dejó llevar por sus instintos primarios, dándole de nalgadas, pero cuando pasaron los primeros minutos y Draco calmó su líbido, comenzó a jugar con sus manos. Teniéndolas libres, le fue fácil manosear las tetas de Ginny por sobre la delgada tela de su top, lo cual la hizo gemir más de lo que ella esperaba. Draco se pegó más a ella, tiró de su cola de caballo con una mano, y ella tuvo muchísimos problemas para controlar sus gemidos.
—Mmmmm, mmmmmmm, ahhhhhh
—Eres una buena putita, Weasley, ugggh, muy buena…
—¿Quieres callarte de una buena vez y solo follarme? Mmmm, ohhhh qué bien se siente, tira de mi cabello, asíii, asíiiiiiiiii.
—Me callaré solo si tú te callas —dijo Draco, que llevó una de sus manos a la boca de Ginny, y ésta abrió los labios por instinto, comenzando a chupar y lamer sus dedos, imaginándose que eran la polla de Harry.
—Slurp sluuuuurp, chuuuuup, sí, me gusta, ¿y qué? chup, chuuuup, chupchup, mmmm, fóllame más, dame de nalgadas, agárrame fuerte las tetas, ahógame con tus dedos, tira de mi cabello, mmmmm, ahhhhh, ahhhh, méteme mano también en el coño…
—¿Cuántas manos crees que tengo, Weasley? —protestó Draco, aumentando la intensidad de sus embestidas en el coño de Ginny, disfrutando cómo se movían sus nalgas.
—Toma turnos entonces, Malfoy, ¡pero hazlo, que esta es la única oportunidad que tendrás conmigo! ¡¡Ahhh, ahhhh, ahhhhhh!!
Mientras tanto, Harry tenía una perspectiva ideal para contemplar cómo entraba su pene entre los labios mayores abiertos y empapados de Pansy, que besaba a veces su pecho, y otras lamía su cuello, deleitándose en el aroma que el Elegido despedía. ¿Cómo pudo controlarse tantos años de pedirle una follada, solo porque Draco lo odiaba? Considerando cómo la penetraba, ¡hasta lo habría hecho gratis!
—¡¡Ahhh, ahh, ahhh, ahhh qué ricoooo!! Potter, tu pene es increíble, se mueve muy bien, toca mi punto G y todo lo demás muy rápido y fuerte y rico y ahhhhhhhh
—Ughh uhhh, aahhhh, sí, estoy de acuerdo en que se siente muy bien ohhhhh —gimió Harry, abriendo la camisa de la muchacha, bajándole el sujetador de putilla y contemplando sus pequeñas pero hermosas tetas, con sus durísimos pezones que se apresuró a lamer.
—Ahhhhh, ahhhh, cómeme las tetas eso esssss… —Una pizca de inseguridad muy inusual, pero cada vez más recurrente desde que Draco y ella habían terminado le azotó la mente, en especial tras ver los pechos de Ginny colgando mientras Malfoy la penetraba—. No te… ¿no te molesta que sean algo pequeños?
Harry fue golpeado con ternura por aquella chica que tanto se había burlado de él junto con sus amigos, durante tantos años. ¿Desde cuándo se ruborizaba así, como ahora?
—¿De qué estás hablando?
—Con la pasta que gano perfectamente pude haberlos agrandado, pero ahhh, ahhhh, —gimió Pansy cuando Harry aumentó la intensidad—, mmmmm, no se si habría sido…
—Tienes unos senos increíbles, Pansy, ahhh, ahhh, ohh, ufff, en tu caso no importa el tamaño, te ves muy sexy… en especial cuando tu fuerte está en otro lado…
Harry bajó a Pansy, y con fuerza la puso a cuatro patas en el suelo. Por instinto, Pansy se levantó un poco la minifalda y empezó a menear el culo como una buena perrita, mientras su rubor aún crecía en sus mejillas.
—Si bien encuentro adorable lo que haces, también es cierto que no es como tú. Pansy Parkinson, te deseo como eres. —Harry se puso detrás de ella y apuntó a su coño, admirando el mejor culo de Hogwarts. La tomó como si fuera una carretilla antes de penetrarla.
—Oh, por los dioses… mmm…
Harry se sentía lleno de energía y seguridad, como si destruir los Horrocruxes, dañar a Voldemort, y la perspectiva de que su muerte podía avecinarse le dieran un impulso monstruoso a su líbido.
—Te quiero como una golfilla cachonda, una hija de puta atrevida, una putita orgullosa, una zorra sin escrúpulos que solo desea pollas y bañarse en lefa. ¿Puedes hacerlo?
—¿Por qué no lo descubres tú mismo metiéndome esa polla hasta el fondo de mis entrañas? Elige el agujero que quieras, lléname de pene y hazme gozar como me merezco, Potter.
Desde luego, Harry eligió su culo, su enviciante ojete, y entró hasta que ella empezó a gritar de placer mientras él la trataba como una carretilla, entrando y saliendo rápidamente, dándole de nalgadas como una puta orgullosa como ella necesitaba.
Mientras tanto, Ginny se había recostado de espaldas, y Draco le levantó las piernas hacia arriba. Cruzó una por delante de la otra, y cuando la penetró, notó lo estrecho que estaba su coño. Ginny, que estaba acostumbrada al tamaño de Harry, pudo sentirse en el cielo en esa posición de sus pies en tijeras, mientras Malfoy manoseaba sus tetas por debajo del crop-top, y ella se deleitaba chupando sus propios dedos como si fueran una piruleta.
—Mmmmmmm, mmmmmmmmmmmmmmm, mmmmm, ¡¡¡mmmmmm!!!
—¿Ahora no me odias tanto eh?
—Mmmm, solo cállate un tanto, solo hago esto para que dejes de tratar mal a mi novioohhh, mmm, mi cuerpo solo le pertenece a él, aaaah, ahhhhhhhhhh
—No creo que sirva que me insultes así, no tengo intenciones de follarme a una Weasley de nuevo, ughhhh, ohhh, solo te estoy usando ahora para saciar mi curiosidad ahhh
—Ojalá pudieras creerte esas palabras… porque para mí… mmmm, mmm, eres solo una polla.
Ginny le dio una bofetada, y desde abajo, con una habilidad increíble, comenzó a “penetrarse” en el pene de Malfoy, que se calló de lo impresionado que estaba. Se dio cuenta de que no tenía en el control, ni nunca más lo haría. Estaba a merced de Ginny Weasley, que gemía como si usara su pene como un dildo, en lugar de pertenecerle a una persona.
Cuando Malfoy se corrió en un vórtice de placer, y cayó de espaldas, ella siguió montándolo un buen rato hasta que ella misma se sació, gimiendo de gusto cuando el orgasmo recorrió su cuerpo. Después, se dirigió a un lado, se sentó en el suelo, y comenzó a masturbarse mirando a Harry follar el culo de Pansy.
—Eso es, dale duro, amor, ¡dale duro a esa golfa de mierda! ¡Aaaahhhh!
—Debo admitir que tienes mucha suerte, Weasley, tu novio es increíiiible, ahhhh, está haciendo maravillas en mi ojete —dijo Pansy, con las tetas y el rostro en el suelo, sodomizada por Harry.
—Te dije que te haría ver estrellas, y debo decir que tu ex novio no estuvo nada mal tampoco, me hizo acabar de gusto, pero no tanto como Harry, mmmm, mmmmmmm —gemía Ginny, salida, acariciándose rápidamente el clítoris mientras se metía dos dedos en el coño—. Tal como acordamos, te lo prestaré, pero solo cuando yo, o en su defecto Hermione y Luna, no lo estén usando… o en caso de que estemos las cuatro juntas, mmmmmm… de solo imaginarlo…
—Sí, qué guarro, cuatro putitas descaradas y zorras baratas para Potter, debe sentirse genial ser usadas por él como coños, bocas y culos de placer, mmmm, ¡¡¡AHHH, ME CORRO!!!
—Yo también me correré, ¡te voy a llenar el ano de lefa, Parkinson!
—Haz que desborde mi amor, quiero ver como le cae la leche desde ese culo usado —dijo Ginny, que casi al instante comenzó a sufrir sus famosos squirt, lanzando un sinfín de chorros de fluidos vaginales a todos lados, incluyendo al cuerpo de Pansy, que recibió como una buena puta, junto con la abundante corrida de Harry en su ojete, tanta que lo sintió en todo su cuerpo, un orgasmo que la recorrió entera.
Harry tardó un rato en salirse del culo de Pansy, dado lo grande que tenía la polla, y cuando lo hizo, un abundante chorro lechoso cayó desde sus nalgas hacia el suelo, a pesar de lo mucho que había entrado a sus entrañas.
Ginny se acercó a Harry, acarició su pecho y le ayudó a vestirse. Aún había que destruir a Nagini, derrotar a los Mortífagos, salvar a sus amigos, y matar a Voldemort. Harry le preguntó a Ginny dónde estaba la espada, pero ésta dijo que había desaparecido mientras follaba con Malfoy. Eso significaba que iba a necesitar, al menos, la Varita de Saúco, la más poderosa varita del mundo, pero Voldemort la poseía… aunque no le respondía bien. Harry había aprendido que la Varita cambiaba de dueño constantemente, tras las batallas. Probablemente no le respondía bien a Voldemort porque al anterior dueño, Dumbledore, lo había asesinado Snape en la Torre de Astronomía, no Voldemort…
Cuando Harry y sus amigos se reunieron, descubrieron que lamentablemente Fred Weasley, Nymphadora Tonks y Remus Lupin habían fallecido en batalla, y llegaron a donde Snape estaba, Voldemort y Nagini lo atacaron fatalmente. Antes de morir, Snape le confió a Harry sus más preciadas memorias…
Afueras de Hogwarts
En sus recuerdos, un joven Severus Snape de segundo año acababa de ser atacado por James Potter, Remus Lupin, Sirius Black y otros. Estaba junto al Sauce Boxeador, llorando amargamente, cuando una figura apareció en el horizonte. Una chica de su edad, máximo trece, de fogoso cabello rojo y unos verdes hermosos como esmeraldas. A pesar de su edad, tenía curvas marcadas debajo de su uniforme escolar, con piernas largas bajo la minifalda roja, una corbata del mismo color, camisa blanca, y una capucha oscura por encima.
—¿James y los otros te estuvieron molestando de nuevo, Severus? —preguntó la niña, con voz dulce, arrodillándose junto a él.
—Yo no sé cómo puedes ser amiga de ellos, Lily —le reprendió Snape. Lily. Lily Potter, la madre de Harry, cuando todavía era Lily Evans.
—No lo soy. Somos de la misma Casa, simplemente. Y venga, no son tan malos, tú también jodes con ellos a veces —dijo ella, risueña. Severus no podía molestarse con ella. Era demasiado hermosa, adorable y, sí, también sensual para su edad.
—No tanto como ellos a mí.
—Oh, no te pongas así… —Lily se sentó a horcajadas sobre el regazo de Severus, con las piernas a los lados de las suyas, y el culito adolescente firmemente sobre su bulto ya erecto—. Si necesitas que te ponga de mejor ánimo solo tienes que pedirlo.
—Ya te dije que no podemos hacer estas cosas… —rezongó Snape, a pesar de su creciente erección, que tocaba con a veces con la entrepierna, y otras con las nalgas de Lily—. No tenemos edad para estas cosas. No tenemos idea.
—Por eso es que debemos aprender. —Lily desabrochó el cinturón de Severus, le abrió la cremallera, y tocó su dureza con los dedos—. El otro día te gustó cuando te toqué, pero escuché a James y Sirius hablar de que se sentía muy, muy bien para los hombres cuando se hacía con la boca. Mmm, me pregunto si será verdad.
—Lily, no es apropiado… —dijo Snape, poco convencido, mientras la muchacha iniciaba sus caricias usuales a lo largo del tronco serpentino del miembro del Slytherin—. Además, estamos en un lugar abierto, ¿qué ocurrirá si nos ven?
—Nunca nadie anda por aquí tan cerca del Sauce. Además, nadie va a detenerme. —Lily, como en ocasiones anteriores, llevó los dedos de Snape a su entrepierna, y tocó el rincón que se sentía más rico—. ¿Ves? Me estoy mojando mucho. Siempre que me tocas, y que yo te toco, más me convenzo de que algo así no debería estar prohibido. Mmm… sí, así. Mmmmmmm.
—L-Lily… ughhh… —dijo él, expectante, cuando Lily dejó de masturbarlo, se hizo hacia abajo, se dobló, y apoyó el rostro contra el bulto de Severus, oliendo intensamente sus genitales—. Mmmm, huele bien. Siempre he querido probar cómo sabe uno.
—No está bien, Lily, debemos detenernos… Ughhh… Oh…
—Lick. Lick. Mmmm —gimió Lily, tras darle unas cuantas lamidas a la punta del capullo de su amigo—. Es salado. Me gusta. Ahora me lo meteré enteramente a la boca, según Sirius es lo mejor que le puede pasar a los hombres. Slurp. Chup. Chup, chup, chup, chup, chup…
—Ahhhh… Lily, se siente mucho mejor que con los dedos…
—Chupchupchupchup —se oía la lengua y la boca de Lily subiendo y bajando por el miembro erecto de Sirius, acostumbrándose poco a poco a su tamaño, disfrutando de la acción, descubriendo que, a pesar de que el placer se suponía que lo recibía el muchacho, ella también se estaba excitando mucho—. Mmmm, chupchupchup, chup, chup, no pensé que me divertiría tanto chupando un pene. Si se siente mejor que con mis dedos, entonces de seguro si tú haces algo similar con mi cosita, será mejor que con tus dedos.
—P-pero… no quiero que pares —dijo Snape, recostado junto al árbol, a pesar de que sí tenía ganas de probar el tesoro oculto de su amiga.
—Habrá que hacerlo al mismo tiempo entonces, porque yo tampoco quiero dejar de mamarte la polla. —Lily sonrió y soltó una risita boba después de hablar—. Jiji, así la llaman los adultos, qué bien suena. Polla. Pooooolla. Quiero polla, jaja.
Usando la creatividad y el más puro instinto sexual, Severus se recostó en la hierba, y Lily sobre él, en posición inversa, con su entrepierna a la altura del rostro de Severus, y la polla de éste aún taladrando la garganta de su amiga. Ambos comenzaron a mover la cabeza con cierta torpeza, y luego con un poco más de destreza y comodidad. Sin saber que le decían así, los dos adolescentes estaban realizando un 69, lamiendo los genitales del otro, sin comprender a cabalidad por qué se sentía tan bien, pero disfrutando cada momento.
Lily trataba el pene de Severus como un juguete. Le gustaba mucho besar y chupar distintas partes del mismo, o experimentar con distintas maneras de usar los labios y la lengua, para ver cómo reaccionaba su amante. También comprobó hasta dónde podía llegar el pene de Severus en su garganta, y aunque le causó arcadas, también le agarró cierto gustillo cuando se “ahogaba”. Su virgen coñito se mojaba mucho cuando lo hacía.
En tanto, Severus experimentó con muchas zonas de la vagina de la pelirroja. Primero intentó lamer su entrada vaginal, pero cuando tocó un bultito de carne en la parte superior, y notó lo mucho que Lily se había estremecido, supo enseguida que se trataba del famoso clítoris. Allí fue donde apuntó la mayoría de sus caricias, y cuando pequeños hilillos de fluido comenzaron a caer sobre su nariz ganchuda y su lengua serpentina, supo que estaba haciendo un buen trabajo.
—Mmmmm, S-Severus, se siente bien ahí, chup, chup, chup, chup
—Tú también lo haces muy bien, ohhhhh… o-oh no, me…
—Mmm, quiero hacer esto mucho más, es genial, chup, chup, chup, te voy a chupar la polla mucho más rápido, ¡prepárate!
—L-Lily, espera…
—Chupchupchupchupchupchup
Al final ocurrió lo inevitable. Cuando Lily más estaba disfrutando de la actividad, Severus Snape se corrió con fuertes espasmos en la boca de la niña, que inicialmente se espantó con el líquido cremoso y caliente que salió del miembro de Snape directo a su garganta. La chica escupió parte del mismo, por instinto, pero cuando no pudo evitar tragar parte de la leche… sonrió. Algo se abrió en la mente de Lily Evans, un nuevo mundo contenido en aquel sabor extravagante y fascinante. Algo prohibido, pero sumamente interesante. Delicioso.
Lamentablemente, el pene de Snape quedó flácido. No tenía más energías para ponerlo en forma de nuevo, y aunque el muchacho estaba deprimido por la situación, Lily lo reconfortó, le dijo que lo había disfrutado, y se fue dando saltos de la zona, mientras Severus pensaba que no quería volver a vivir eso. Iba a hacerla disfrutar, ¡no volvería a quedar como tonto!
Severus practicó con un montón de brujería, creando hechizos y rituales para que sus proezas sexuales estuvieran al máximo. Durante aquel segundo año de Hogwarts, rechazó cortésmente los avances y las intenciones de Lily, pues no quería decepcionarla. Practicó y practicó para darle la mejor experiencia sexual de su vida, ser el amante perfecto (tal como eventualmente sería en el futuro, como Hermione comprobaría). No le importó sufrir a manos de los abusones de James y sus amigos, ya obtendría us venganza.
Fue entonces cuando, la primera semana del tercer año de Hogwarts, Severus corrió hacia la Choza de los Gritos. Sabía que allí encontraría a Lily, a solas, pues sabía de la curiosidad de ésta por investigarla a pesar de que estaba prohibido. Le demostraría lo que había aprendido. Severus entró a la cabaña y recorrió los corredores en la oscuridad.
—Mmmmm, mmmmm, ahhh, oh James, qué ricoooooo —escuchó que alguien gemía.
—¿Imagino que ya no te duele, nena? Jajaja, ¡toma entonces, toma! —dijo alguien más. Una voz masculina que Severus conocía bien. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y los puños de ira.
—Noooo, no me dueleeee, ahhhh, ahhhhhh, me encanta, me fascina cómo me metes tu peneee, ¡no puedo creer que la primera vez sea tan ricooooo! ¡¡Ahhh síiiiii!!
Dos adolescentes de trece, sin sus uniformes escolares, completamente desnudos, estaban teniendo sexo al otro extremo del corredor, en la oscuridad, apoyados contra uno de los muros. Él tenía cabello negro, anteojos, un cuerpo viril y atlético. Ella era pequeña, pelirroja, de piel blanca y curvas prometedoras. Lily Evans se había entregado al imbécil de James Potter.
—Uff, uff, pensé que ya te habías acostado con Quejicus
—Mmmm, ahhh, ya te dije que no le llames así, James, ¡y claro que no! Es mi amigo, y creo que no está preparado para estas cosas ahhhh
—¿Y qué opinas de eso?
—¡Que es mucho de lo que se pierde! Mmmm, oh cielos, ¡tu pene está tocando todo en mi interior, me está volviendo loca! ¡Creo que voy a correrme!
Severus escuchaba todo eso mientras se masturbaba patéticamente, mirándolos con su brujería en la oscuridad. Podría haber intervenido y destruir a James, pero eso solo habría arruinado la velada de Lily, a quien amaba con locura.
Desde ese momento, Severus Snape comenzó su cruzada de acostarse con todas las profesoras, alumnas y demás mujeres del staff de Hogwarts. Odió todo lo que James hizo, y amó todo lo que Lily amó. Por ello, protegió a su hijo, Harry Potter, de todos los males que encontró, a pesar de cuánto lo odiaba también. Por él también sacrificó su honor cuando asesinó a Albus Dumbledore, por petición de éste, para que Harry tuviera una oportunidad en el futuro para matar a Voldemort.
Así fue que Harry destruyó el Diario de Tom Riddle, Dumbledore el Anillo del padre de Voldemort, Ron el Relicario de Salazar Slytherin, Hermione la Copa de Helga Hufflepuff, Ginny la Diadema de Rowena Ravenclaw, Neville decapitó a la serpiente Nagini con la Espada de Gryffindor, y Harry eventualmente destruyó también a Voldemort, con ayuda de sus amigos, incluyendo al propio Severus Snape y sus memorias.
El último año de Harry en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería concluyó. Ni él ni Ron se graduaron, pues habían estado demasiado ocupados destruyendo al Señor Oscuro, pero de todos modos comenzaron su entrenamiento como Aurores. Hermione, en cambio, sí tomó otro año, y se graduó con honores junto a sus amigas Ginny Weasley y Luna Lovegood. Junto a Pansy Parkinson, las cuatro chicas se reunieron una noche en Hogsmeade para resolver ciertos términos en relación a cierto compromiso que habían realizado con Harry Potter, el hombre más seguro de sí mismo que habían conocido, y que estaban más que dispuestas, felices y cachondas de tomar, de por vida. Decidieron que le pertenecían al mago que había destruido al Señor Oscuro.
Y así… dos décadas pasaron…
Continuará...
En Hogwarts: EPÍLOGO. Protagonizado por las cuatro chicas con más escenas durante la historia: Hermione (30 escenas), Ginny (15), Luna (7) y Pansy (7), el harem de Harry Potter.
No se lo pierdan.
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