La Jefa
Verónica no busca corregir su trabajo, sino su sumisión. En el silencio de un baño de oficina, la jefa le demuestra quién manda, marcándolo con su esencia y obligándolo a aceptar su nuevo rol.
Me llamo David, a simple vista podría pasar desapercibido entre la gente, un chico de tantos…del montón como suele decirse. Sin embargo, entre las piernas tengo algo que me hace destacar…aunque no en el sentido que me gustaría, más bien justo en el contrario.
Cuando comenzó esta historia llevaba un tiempo tratando de abrirme paso profesionalmente en mi ámbito. No estaba siendo fácil, entre las negativas de algunas empresas, la no contestación directamente de otras o incluso la programación de citas y entrevistas que parecían ir bien, luego terminaban cancelándose. Todo esto hizo que mi autoestima, ya frágil por mi poca dotación (unos 10-11 cm en erección, aunque gruesa) se resintiese todavía más.
En uno de esos intentos, el responsable de una empresa que parecía estar muy interesada en mí, llegó a citarme para varias entrevistas. Cuando más ilusionado estaba, me comunicaron que querían que estuviese con ellos pero incorporándome de forma voluntaria, para quitarles trabajo a coste cero.
Al volver a mi casa, traté de asimilar lo que había pasado, pero solamente llegaba a la conclusión de no poder avanzar más en esa dirección. Comencé a buscar cualquier tipo de empleo que no tuviera nada que ver con “lo mío”.
Casi como una pequeña venganza o resignación terminé enviando mi curriculum a una de tantas ofertas que había visto esa noche. No parecían funciones demasiado difíciles, tareas administrativas y hablar ocasionalmente con clientes de la compañía que hubiesen tenido algún problema con los servicios que tenían contratados.
Total, por probar no pierdo nada - pensé mientras hacía click en el botón de enviar del correo.
Pasados un par de días recibí una llamada de un número desconocido. Extrañado respondí. Me citaban para una entrevista esa misma tarde, querían incorporar a un grupo de personas lo más rápidamente posible. Ni lo pensé, dije que sí.
Durante la entrevista me explicaron que era una mera formalidad, me querían dentro, pero que tendría que realizar una formación previa para conocer tanto los programas que iba a utilizar para las tareas administrativas y además, el producto de la empresa, por si tenía que comunicarme con los clientes que habían tenido algún tipo de incidencia. Tras algunas pruebas, el responsable de selección me dijo cuándo comenzaba la formación y la posterior incorporación al puesto de trabajo.
Se trataba de superar 2 semanas de formación intensiva antes de comenzar a trabajar. Durante esos días, aunque las personas seleccionadas hicimos muy buen grupo, algunas de ellas decidieron abandonar. Lo cierto es que había sido mucha información y presión en muy poco tiempo.
Finalmente, llegó el primer día de trabajo. Esa mañana, antes de salir de casa me miré en el espejo pensando lo mucho que había cambiado la situación. Iba a ser duro, pero tenía trabajo aunque no fuese de lo que estaba buscando.
Durante esos primeros días, al ver que estábamos tan nerviosos, intentaron tranquilizarnos al decirnos que íbamos a tener apoyo tanto de los chicos que nos habían formado como de nuestras coordinadoras y supervisoras.
No dudaba de sus buenas intenciones, pero cuando la primera semana estaba a punto de terminar, las responsables decidieron despedir a 2 compañeras. Eso hizo que el nerviosismo del resto del grupo aumentase más.
Al menos ya es viernes - pensé mientras miraba la hora en el ordenador - Al mismo tiempo, un mensaje de Verónica, mi supervisora, apareció en mi pantalla por el chat interno: David, pon tu sesión en modo supervisión y ven a mi despacho.
Mierda…- tomé aire, pausé mi sesión y comencé a caminar hacia su despacho tratando de cruzar la mirada con alguno de mis compañeros…nada.
Al cruzar la sala y verme por la cristalera, Verónica me hizo señas para que entrase. Estaba con Nadia, otra de mis compañeras.
Me asusté un poco, ya que al sentarme al lado de Nadia vi que estaba llorando.
Verónica, yo…
Vero, dime Vero.
Vero era una mujer a simple vista de lo más normal, seguramente por la calle no me habría fijado en ella, delgada, quizá demasiado para mi gusto, con el pelo liso castaño y unas gafas negras que parecían intentar que su intimidante mirada de ojos azul claro lo fuesen menos.
David te he mandado venir porque os veo muy nerviosos a todos, especialmente desde la mitad de la semana a Nadia y a ti. Quiero que os tranquilicéis, la habéis superado con creces, cualquier cosa que necesitéis, sabéis que estamos para apoyaros.
Las palabras de Vero me quitaron 500 kilos de encima, a pesar de su apariencia dura era una mujer muy dulce con nosotros. Sin embargo, que me dijera eso y ver a mi compañera llorar hizo que mis ojos también se humedeciesen.
En el caso de Nadia ya le he explicado lo que puede mejorar para que su trabajo sea más eficiente, tómate el descanso ahora y vuelve con ganas para el resto de la jornada, ¿de acuerdo?
Nadia salió del despacho y por la cristalera vi cómo bajaba a la zona de descanso principal. Vero aprovechó para comentarme a mí qué podía hacer.
David, en tu caso, me gusta cómo lo estás haciendo, es normal que os equivoquéis estos primeros días con los sistemas que manejamos, os iréis soltando poco a poco. Sin embargo… cuando has hablado con los clientes, aunque como te digo, me gusta en general lo que he escuchado… también he visto algo.
Gracias Vero, ¿algo?
Verás, quiero que lo escuches tú mismo - me dijo mientras me acercaba unos auriculares -
Vero puso la grabación en marcha mientras ambos nos mirábamos. Era una conversación normal, o eso creía yo. Cuando terminó, le devolví los auriculares y sin quitarme ojo de encima, arqueando las cejas me volvió a preguntar:
¿Y bien? ¿no te has dado cuenta?
Disculpa Vero no me…
Exacto. Eso mismo. Le has pedido perdón al cliente en una misma frase 5 veces. Empezaste muy bien y sin embargo, a medida que avanzaba la conversación te has ido haciendo pequeño, incluso sumiso.
Giré la cabeza a un lado y hacia arriba para que mis ojos no se humedeciesen más.
Te necesito como un león en las llamadas David y no como un…gatito.
Intenté responder, pero me vinieron a la cabeza de golpe tanto la ansiedad de la semana como todas las situaciones anteriores por las que había pasado para llegar a ese trabajo y alguna lágrima corrió por mis mejillas.
Joder…yo… lo siento - acerté a decir intentando secármelas -
Vero se quedó callada un momento antes de decir:
¿Te juegas mucho en esto? ¿Es importante para ti?
Asentí mientras nuevas lágrimas caían por mi cara, sin atreverme a mirar a mi supervisora a la cara.
Enfádate conmigo, reconduce la situación que has escuchado en esa llamada, vamos David.
Quería hacerlo, quería demostrarle que podía, pero solo acerté a decir frases inconexas con la voz entrecortada. Vero se tomó unos segundos y clavó de nuevo su mirada en mí, miró su reloj y suspiró.
Ven conmigo - dijo levantándose -
Me sequé como pude y la seguí por la puerta de emergencia, bajando por las escaleras hasta el piso de formación. Parecía desangelado ahora sin la vida de las semanas anteriores, como un desierto, sin nadie. Continuamos hasta la zona de los baños, tras una puerta cruzamos el pasillo y entré al servicio a refrescarme.
Mientras me aclaraba, Vero comenzó a contarme situaciones de su vida personal desde la puerta que sujetaba con el pie, intentando que me tranquilizase. Aunque, a decir verdad, su tono lo lograba, pero no estaba poniendo toda mi atención en lo que me decía.
Cuando levanté la mirada del grifo, la vi reflejada en el espejo, detrás de mí, con los brazos cruzados.
¿Ya estás mejor?
Creo que sí, grac…
Quítate los zapatos y bájate los pantalones
¿Perdón…?
¿No he sido lo suficientemente clara? Que te quites los zapatos y te bajes los pantalones
No, si, pero yo…
Ahora
El tono de Vero era dulce pero autoritario, no había notado un cambio drástico en ella, simplemente me transmitía una orden. No entendía lo que estaba pasando. Dudé un momento mirando la manilla de la puerta para salir de allí.
Ya David - dijo mientras comencé a descalzar uno de mis zapatos con ayuda del otro -
No sabía lo que pretendía pero por alguna razón hice caso a mi supervisora, dejé los zapatos debajo del lavabo y bajé mis pantalones.
Vero me miró por encima de las gafas con cierta incredulidad.
Todo
¿Qué…? Pero yo…
Vero volvió a suspirar y se acercó a mí, haciendo que me quitase los pantalones del todo y bajándome los calzoncillos.
Intenté poner las manos por delante como acto reflejo pero me las separó. Pude ver cómo tenía una media sonrisa.
Así que esto era…vaya vaya… - El equipo de coordinación estaba comentando estos días que te veían muy nervioso…y ahora entiendo de dónde venía tanta inseguridad. Esta…cosita es el origen de todo ¿cierto? - dijo buscando mi mirada.
Avergonzado, continué mirando al suelo hasta que ella me levantó la barbilla.
No te preocupes, ¿qué os dije antes?
Que nos ayudaríais en todo lo que podáis
Eso es David. Si no puedo hacer un león de ti, entonces serás el mejor gatito.
Sin entender muy bien qué quería decir, Vero se remangó su falda negra y comenzó a quitarse las bragas y con un “Póntelas” seco me las ofreció.
Me dolía la cabeza y mis ojos volvían a estar húmedos, solo quería irme a casa, pero alargué la mano, las cogí y empecé a ponerme sus bragas.
David, ¿has parado ya hoy para comer?
N..no, aunque no creo que me entrase nada la verdad…
Bueno, eso podemos arreglarlo - dijo pasando el dedo corazón por encima de la zona de sus bragas tras la que había vuelto a esconder mi “vergüenza”.
Vero me empujó al otro lado del baño hacia los inodoros, me metió en uno y cerró la puerta. Puso sus manos en mis hombros para que me sentase, estaba frío y la tela de su ropa interior casi no me cubría nada de carne.
Dejó caer su falda al suelo del baño y haciéndome un gesto para que me inclinase me dijo
Ahora pórtate como un buen gatito y lame
Llevaba casi 2 años sin tener relaciones con mujeres y tener delante de mí aquel coño tendría que haber sido un premio, un regalo, que no estaba viendo así. Era muy bonito. Saqué mi lengua y comencé a dar lametones a sus labios, a besarlos y chuparlos…desprendía mucho calor y se notaba una gran humedad.
Vero acariciaba mi cabeza y hacía movimientos pélvicos y otras veces empujaba mi cara contra ella.
Así David, parece que para esto si que tienes talento, buen gatito, sigue lamiendo…
En mis anteriores relaciones, aunque escasas, era cierto que me habían dicho que les gustaba mucho cómo lo hacía, supongo que para compensar otras…carencias. Comencé a jugar con su clítoris, a chuparlo, darle presión, lamerlo…notando como su respiración se agitaba y cada vez cogía mi pelo con más fuerza y trataba de juntar mi cara todo lo posible contra su sexo.
Cuando estaba muy agitada y frotándose contra mis labios, trataba de respirar haciéndoselo ver, pero sus jadeos quedaban por encima de mis intentos por coger aire
Shh shh, tranquilo gatito, cómelo todo eso es…
Mientras Vero me sujetaba la cabeza y me decía eso, noté como se contraía y me inundaba la boca su corrida
Por fin, se separó de mí, recuperando la respiración normal mientras se volvía a abrochar la falda. Salimos del baño y me vi en el espejo, me sentía ridículo con sus bragas, recogí mi ropa y me di la vuelta para quitármelas y ponerme mis cosas pero Vero me paró.
Estás mucho mejor así, déjatelas el resto del día ¿entendido? - dijo pasando un dedo por mi barbilla, todavía manchada con su flujo.
Tómate el descanso ahora y el resto de la jornada quiero que hagas equipo con Nadia y os ayudéis
S..si Vero, gracias
Después disfruta del fin de semana, recarga las pilas y ven el lunes con ganas. Te necesito con energía, tengo…grandes planes para ti y esa cosita que tienes, me ha despertado mucha curiosidad, hacía mucho tiempo que no me encontraba a alguien tan…especial.
¿Especial?
Claro que sí gatito, los chicos como tú pueden hacer disfrutar mucho a las mujeres como yo pero…de otras formas
P..pero yo…
Pero nada, os dije que os cuidaría y eso estoy haciendo. Necesitas que te guíe y eso es justo lo que voy a hacer con todos pero contigo…
¿Conmigo…?
Contigo especialmente, es un reto personal. Quería comprobar lo que había intuido y necesitas mi tutela. Tienes mucho potencial, sí, eso es. Me vas a ser muy útil - me dijo acariciándome la mejilla antes de salir del baño.
Cuando me quedé solo me miré al espejo. Me sentía ridículo con sus bragas puestas. No me atreví a quitármelas. Me puse los pantalones y los zapatos y guardé mis calzoncillos en el bolsillo.
Sin atreverme a mirarme de nuevo, bajé la cabeza y una gota de su corrida chocó contra el suelo. Me acerqué a lavarme de nuevo y miré el reloj. Todavía quedaban 2 horas de trabajo para hacer equipo con Nadia.
Bueno, al menos es viernes - me dije antes de salir del baño - y tengo trabajo.
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