Ana emputecida (5): Una pequeña confesión
Ella cruzó las piernas y él le soltó una bofetada. No era un castigo por la insolencia, sino un recordatorio de quién manda. Ana sabía que su cuerpo ya no le pertenecía, y que cada gota de su dignidad se medía en euros y obediencia.
1
Poco cambió en los meses siguientes, aparte de que tuve el detalle de comprar un cojín para que no se arrodillara sobre el suelo. Yo le abría para que entrara a trabajar y me solía quedar un rato, o me marchaba directamente. Ella estaba vendiendo su coño a buen ritmo, y no había fin de semana que no me ingresara 1.500€ como mínimo, así que poco a poco fui juntando bastante pasta.
Me la follaba de vez en cuando, siempre por la boca o por el culo. La idea de verla disfrutar mientras me follaba su coño me desagradaba. Además ella estaba tan resignada a su situación que llegaba a correrse mientras yo le reventaba el culo. Ella también sabía que no podía aspirar a más. Sabia que su coño era un agujero en venta y no tenía ningún valor para mí.
Cuando estaba cachondo, a cualquier hora del día o de la noche, le mandaba un wasap: “ven aquí zorra”. No tardaba mucho en llamar a mi puerta. Yo ni la hablaba. Le metía la polla en la boca, me corría cuando me daba la gana, y la echaba a la puta calle.
2
Había pasado casi un año desde el primer encuentro que he contado en estas líneas cuando la llamé un día a mi casa. Llegó en cosa de una hora. Era lo que solía tardar entre que se arreglaba y se limpiaba los agujeros correctamente. Le hice pasar a la sala. Estaba especialmente guapa ese día.
Llevaba una falda de tablas tipo escocesa pero muy corta, que apenas le tapaba el culo y una camisa blanca de manga corta bajo la cual se transparentaba un sujetador rojo de los que solo tapan la parte inferior de las tetas, de modo que los pezones quedan expuestos. Supuse que sus bragas serian también rojas, aunque no tardaría en verlas. Llevaba también unos calcetines casi hasta las rodillas, también rojos y unos zapatos planos. Por supuesto en el cuello lucía su collar de perrita. Raquel siempre lo llevaba puesto y sospecho que Ana también. Sus piernas y sus delgados brazos de piel muy blanca quedaban a la vista. Su cara estaba casi lavada, salvo por una raya de ojos negra y unos labios de un rojo intenso.
—Siéntate.—le dije mostrándole el sofá.
Ella lo hizo cruzando las piernas. Le solté una bofetada bastante fuerte. Me gustaba pegarla de vez en cuando solo para ponerla en su sitio, pero esa vez había un motivo.
—¿Cómo te atreves a cruzar las piernas delante de mí?
Las descruzó enseguida pidiendo perdón. Yo me senté frente a ella. Llevaba unas bragas rojas transparentes bastante bonitas.
—Explícame por qué. —le dije.
3
—¿Por qué? —Contestó dubitativa. No sabía a qué me refería.
—¿Por qué te dejas someter hasta el punto de venderte para mí?
Reflexionó un momento. Ya os he dicho que no tenía un pelo de tonta.
—Cuando dejamos de ser pareja, yo no me había dado cuenta pero seguía enamorada. Sé que me porté mal con usted, lo comprendí en cuanto no pude tenerle. Sigo enamorada ahora. Así que cuando usted me propuso comprarme no me costó mucho pensarlo. Mi única motivación es estar con usted y que me folle. No me gusta tener que venderme a otros, pero lo acepto si ese es el precio. Me puse a trabajar de puta con la esperanza de que usted me encontrara y tuve suerte: lo hizo enseguida. No me costó aceptar su propuesta de que trabajara para usted. Eso me permite disfrutar cuando usted me utiliza. Ya no soy una niña y no he encontrado otro hombre como usted.
Yo sonreí y esperé un rato a contestarle.
—Como puedes imaginar, yo no estoy enamorado de ti. Es muy difícil enamorarse de una puta barata que se abre de piernas cada fin de semana para que le metan la polla por cuatro duros. Para mí eres solo un entretenimiento. Te habrás dado cuenta que hace tiempo que no te follo el coño.
—Sí señor. Hace ya cinco meses.
—Creo que usar tu culo y tu boca es suficiente. Veo como te corres a veces solo con que te rompa el culo. Así que no quiero que una cerda de tres al cuarto como tú crea que tengo algún interés en su coño. No vales más que el tiempo que tardo en usarte.
—No señor, solo soy una puta barata y me alegro de que use usted mi culo o mi boca cuando lo desee. —Las lágrimas empañaban sus ojos.
—Ven aquí guarra.
4
Se acercó a mí. Yo la cogí de la mano y la llevé al cuarto de baño. La metí en la ducha de un empujón.
—¡De rodillas puta! Y abre la boca.
Se arrodilló en el suelo y abrió la bola mirándome. Yo me saqué la polla, me paré delante de ella para mearla. No lo había hecho nunca, así que ella no sabía muy bien qué iba a pasar. Me miraba suplicante con la boca abierta.
Le solté un chorro directamente en la boca.
—¡Traga!
La boca se le llenaba de meados rápidamente, e intentaba tragarlos pero no le daba tiempo, así que le rebosaban y le caían por sus tetas y el resto del cuerpo. Me entretuve meándole bien la cara y el pelo y empapándole la camisa. La puse hecha un verdadero cromo. Cuando note que estaba terminando, empujé su cabeza hacia delante para metérsela en la boca y solté las últimas gotas dentro. Sin sacarla en ningún momento, la obligué a chupármela hasta ponerla bien dura.
Después le agarré del pelo y la levanté, arrastrándola hacia el inodoro. Metí su cabeza dentro, de modo que su culo quedaba bien expuesto y cerré la tapa sobre su cabeza. Le bajé las bonitas bragas rojas y le metí la polla en el culo de un empujón.
Me la follé, agarrándola de las caderas, de modo que su cabeza golpeaba contra el interior del inodoro con mis embestidas. Tardé un buen rato en correrme. Finalmente le solté un chorro dentro del culo y luego otro y otro. Apreté su cabeza dentro de la taza y tiré de la cadena.
Salí de la habitación y la dejé allí intentando recuperarse.
5
Al cabo de un momento apareció en la sala. Se había quitado la camisa y la falda, que supongo que seguían empapadas, así que iba en ropa interior. Le señalé mi polla, todavía fuera del pantalón. Obedientemente, se arrodilló frente a mí y empezó a limpiarla con su boca y su pelo, como yo le había enseñado. Cuando terminó, se quedó allí, mirando hacia el suelo
—¿M… me permite esperar un momento a que se seque mi ropa antes de marcharme?
—Está bien puta. ¿Te ha gustado que te meara encima?
Ella dudó…
—Sé sincera. Yo haré lo que me dé la gana de todos modos.
—No me importa que me mee encima, señor. Lo más difícil es tragarlo.
—Jajaja, pues te vas a tener que ir acostumbrando zorra, porque a mí me ha encantado.
—Sí señor…
Me detuve un momento a mirarla. Estaba hecha un asco. Aunque con ese sujetador que mostraba sus pezones duros todavía se le podía echar un polvo.
—Escucha Raquel. Hoy, como una excepción, te voy a dejar quedarte aquí a dormir. Mientras se secan tus cosas prepárame algo de cenar. Mañana tengo que madrugar bastante y tú también si quieres conservar tu trabajo de funcionaria.
Su cara se iluminó.
—Sí señor. Gracias señor.
6
Se fue a la cocina en ropa interior y se puso a cocinar para mí. Al cabo de un rato se acercó con una bandeja con dos platos y dos vasos. Había frito unas rodajas de merluza y sacado una tableta de chocolate de la nevera. Yo cogí su plato y lo puse en el suelo. Después me senté a cenar lo mío. No le di cubiertos y miré divertido como lo comía con las manos. Cuando terminé de cenar, me preparé para ir a la cama. A ella le puse un edredón en el suelo, al lado de mi cama. Saqué un rotulador permanente y escribí en su vientre “P U T A”.
—Tú duermes ahí. En cuanto suene el despertador quiero que metas la cabeza bajo mis sábanas y me chupes la polla. Hasta que no te hayas tragado mi corrida no saldrás de aquí. No te duches ni te laves en todo el día. Quiero que sigas apestando hasta que salgas de trabajar. Vendrás aquí directamente para que compruebe que me has obedecido.
—Sí señor.
Nos tumbamos los dos, yo cómodamente en mi cama y ella acurrucada sobre el suelo tapándose como podía con el edredón. Apagué la luz y mientras intentaba dormirme escuchaba sus sollozos. Estaba llorando lo más silenciosamente posible. Yo me dormí tranquilamente arrullado por ese sonido.
7
A las seis de la mañana sonó el despertador. Noté como ella rebuscaba mi polla entre las sábanas. Cuando la encontró se la metió entera en la boca. Todavía no estaba dura. Yo agarré su cabeza y la apreté contra mí con la polla dentro y esperé a que creciera hasta llenarle toda la boca hasta la garganta. Después empecé a mover su cabeza a mi antojo para follármela. Mientras tanto le magreaba el culo que sobresalía entre las sábanas.
—Chupa más rápido puta. ¿Así haces con tus clientes? Vaya mierda de mamada. No me extraña que no vuelvan. No vales ni para puta.
Ella se esforzaba todo lo que podía, metiéndosela muy dentro y moviéndose cada vez mas rápido. Lo cierto es que lo hacía muy bien, pero yo no quería decírselo. Cuando vi que me corría, empujé su cabeza hacia mí y me corrí directamente en su garganta. Después la aparté de un manotazo y arrastrándola del pelo, la saqué de la cama.
—Fuera zorra. Voy a a arreglarme para ir al trabajo. Tú te vestirás cuando yo termine. Ve haciéndome el desayuno.
y 8
Cuando acabe de prepararme para salir de casa, ella ya estaba vestida. Con su ropa de puta a primera hora de la mañana estaba mucho más ridícula que la noche anterior. Una faldita que apenas le tapaba el culo, sus tetas expuestas bajo la camisa semitransparente, y la palabra “puta” que yo había escrito en su vientre la noche anterior y que se podía leer perfectamente.
Se puso el abrigo que había traído para tapar su vergüenza, una especie de capa sin botones que tenía que agarrar con las manos para cerrársela por delante.
—¿Sabes lo que tienes que hacer hoy?
—Sí señor. Iré a trabajar sin ducharme para apestar a meados, y cuando salga de trabajar pasaré por aquí para que usted me supervise.
—Eso es. Llama antes de venir, no vaya a ser que esté con alguien. Y procura tener los agujeros limpios y preparados cuando vengas. Es posible que me apetezca follarte, si no te meo encima otra vez para que te vayas acostumbrando.
—Sí señor.
—Ahora lárgate puta.
Salió por la puerta en silencio y mirando al suelo.
Al pasar por mi lado, yo la paré agarrándola del pelo y le escupí en la cara.
—Largo.
Relatos similares
- Dominación
Siete (2)
La puerta se cierra y el calor se vuelve insoportable. No hay sillas, no hay ropa, solo siete cuerpos desnudos y un viejo que decide quién merece…
Comparte:Dominacion masculinaBdsm plenoDespedida sexual
- Hetero: Infidelidad
Historias de chat: Descubriendo vicios
Eva creía que solo buscaba compañía en la pantalla, pero el desconocido del otro lado tenía otros planes. No era una invitación, era una orden.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaDespedida sexual
- Dominación
Terminé siendo la puta del salon parte 3 (1)
El maletero se cierra y la oscuridad la envuelve. No hay escape, solo la cadena que tira de su cuello y la certeza de que esta noche no será una…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Mi chofer...su sumisa 2
La doctora Íngrid siempre creyó que su posición la protegía. Pero Julian tiene otros planes para su orgullo.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaDespedida sexual
- Dominación
Educando a Marta I
Marta siempre tuvo la última palabra, hasta que él diseñó la trampa perfecta. Ahora, en la soledad de su finca, la soberbia se convierte en sumisión…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
Mi amo se presenta en casa y obliga a mi marido
La puerta se abre y el doctor entra, pero no para curarla. Para someterla. Con su marido mirando, Aroa descubre que su 'tratamiento' es una orden de…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaDespedida sexual