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Dominaciónnov 2022

La revancha - 01 La herradura de plata

El collar de cuero guarda un secreto de sangre y sudor que Nuria acaba de desenterrar. Ahora, la madre debe decidir si volver a ser la yegua que corre por su lomo o si el tiempo ha borrado su capacidad de sufrir y gozar. La revancha no es solo una carrera, es una humillación programada.

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Acabas de volver del trabajo, cansada, sudorosa, te dejas caer en el sofá, entrecierras los ojos, acurrucas tu cabeza en mi cuerpo mientras de fondo oyes parlotear al televisor. Medio adormecida sonríes al notar mi mano juguetear con tus pechos. Te encanta que te toque, que te acaricie, que pellizque suavemente tus pezones…. Oyes a Nuria comentar que ha encontrado algo que le intriga, un collar de cuero negro con una pequeña herradura de plata colgando de una anilla.

Te levantas de un salto, tragas saliva, no puedes evitar sonrojarte, a tu lado sonrío divertido, hacía años que no veía este collar, aunque lo recuerdo perfectamente. Tú quieres zanjar el tema, le dices que no es nada, cosas viejas sin importancia, pero tus nervios, tus movimientos, tus palabras aceleradas te delatan, Nuria tiene 20 años, universitaria, lista como su madre, reconozco que ha salido a ti. Sabe que algo esconde aquel viejo collar, y yo tengo curiosidad por ver cómo le contarás la historia de aquel torneo, de aquel segundo puesto que conseguiste galopando como una potrilla en celo de apenas 21 años, sudorosa y con la fusta marcando una y otra vez tu lomo, mientras tus pechos se bamboleaban al ritmo de un trote salvaje y sensual.

Nuria se sienta ante ti, no quiere dejar el tema, quiere saber la historia del collar, tiene curiosidad y tu comportamiento aún acrecienta más su interés. Haces un largo silencio y mirándola a los ojos, le dices que hubo un tiempo en que tu placer no solo te llegaba con besos y caricias, me miras y cogiendo mi mano, la llevas hasta tu entrepierna, sigues hablando, mientras yo juego con el pelo rizado y oscuro de tu sexo. Cada vez más excitada, más segura de tus palabras, le cuentas que no solo deseabas mis manos en tu cuerpo, mi verga dentro de ti, sino que te excitaban otras cosas, otras sensaciones, y aquel viejo collar, condensa en un trozo de cuero, los días más intensos, dolorosos y a la vez los más placenteros de toda tu vida.

Nuria no deja de mirarte, sorprendida y a la vez animada por tu historia, la quiere conocer entera, tú me miras y yo asiento con la cabeza, Nuria es toda una mujer y no hay nada malo en que conozca nuestras aventuras. Te levantas y vas a buscar un DVD que guardamos en la habitación, la calidad de la cinta no es muy buena, ha pasado por varios formatos desde aquel lejano 1999 en que se grabó. Las imágenes retroceden en el tiempo, y allí estás tú, desnuda, orgullosa y altiva, sumisa y entregada, luciendo tus pechos marcados por el látigo, tu vientre, tus nalgas, la cámara va girando sin perder ningún detalle, se entretiene en tu culo atravesado por un consolador del que cuelga una larga cola de pelo negro. Pasea por la marca de fuego, que puse en tu nalga izquierda. Luego se fija en tu cara, sucia, embadurnada de sudor y semen reseco, que relames golosa mientras sonríes a la cámara, moviendo tu nariz pecosa y traviesa. En aquel instante aparezco yo, engarzo la correa a tu collar, tiro de tu cuello, te paseo entre la gente, algunos te acarician, otros palmean tu culo, sopesan tus ubres, miran tus dientes y van apostando, no estás sola, hay una decena más de hembras exhibidas, de yeguas dispuestas a luchar por aquella herradura de oro que hoy está en juego.

Empiezas a jadear mientras recuerdas, mientras miras aquellas imágenes, te beso y acaricio tus pechos, juego con tus pezones endurecidos, coges mi mano y la entras dentro de ti, empapada y caliente empiezas a masturbarte con ella, sin dejar de mirar la grabación, lo recuerdas en tu piel, como si fuera hoy… tenso tus correajes, ensarto hasta el fondo de tu sexo la barra de hierro que sirve para anclarte y estabilizar el sulky que voy a conducir. Las correas atan tus manos a las barras del carro, uno de los organizadores cuelga un par de campanillas en tus pechos, un tirón de tu correa te hace moverlos, bamboleas tus ubres para hacerlos sonar, luego lentamente te llevo hasta la salida, el corazón te palpita al máximo, todo tu cuerpo en tensión, aprietas con fuerza el bozal de cuero que llena tu boca, los dientes se clavan en él, y una vez encajonada junto al resto de animales miras a ambos lados, sudorosas y excitadas tus compañeras sueltan bufidos, mueven las patas, todas esperais impacientes el instante en que empiece la carrera.

La luz se pone en verde, y al instante la fusta marca de rojo tu lomo, tus pies desnudos se clavan en el suelo, y corres con todas tus fuerzas, tirando de este pequeño sulky al que estás anclada.

Nuria no pierde detalle, en la pantalla, jadeas, lloras, chillas, el látigo marca una y otra vez tu piel, te hace correr aún más, rabia y pundonor a partes iguales, a tu lado, otras hembras, otras yeguas igual de sumisas y valientes que tú, intentan avanzarte, pero poco a poco, todas van desistiendo, tan solo una lo consigue, el resto a pesar del látigo y los gritos de sus dueños van quedando atrás.

A menos de cien metros de la llegada, ves que no vas a ganar, Zuleia una hermosa hembra africana, es mucho más fuerte que tú, sus zancadas son espectaculares y tú entre bufidos y gemidos tan solo puedes mantenerte a pocos metros de ella, esperas que caiga, que se agote, que se hunda, pero solo puedes chillar de rabia cuando la ves cruzar la meta en primer lugar, tras ella eres tu quien cruza la línea, un fuerte tirón de tus correas te hace detener, el sudor empapa tu piel, tus pechos se mueven sensuales al ritmo acelerado de tu corazón. Tu lomo y tus nalgas arden con las tiras rojas que la fusta ha dibujado en ti, toda tu piel brilla de sudor, un sudor salado que empapa y quema tus azotes, me miras, decepcionada, enfadada, querías ganas, ofrecerme tu premio, tu victoria, pero no me importa, tú eres mi premio, agarrándote de las correas acerco tu hocico a mi cara, me gusta besarte, relamer tu piel morena, aunque esté sucia de sudor y lágrimas, mordisqueo tus labios, juego con tu nariz respingona, me excita cada poro de tu piel y cada rincón de tu cuerpo desnudo y entregado.

Al poco rato, termina la grabación, quedas en silencio, mirando a Nuria, y es ella quien pregunta, si hubo revancha, le decimos que no, el tiempo pasó, un año después llego ella, y la sumisión extrema se guardó en el mismo cajón, donde debería haber estado este collar. Suena el móvil de nuestra hija, y sonriendo dice que se va, que ha quedado. Tú me miras traviesa como siempre, y me preguntas si recuerdas dónde guardamos aquella vieja fusta, quieres que te castigue, te has corrido como una cerda delante de nuestra hija ensuciando el sofá y mordiéndote los labios para no gemir, mientras Nuria miraba como galopabas desnuda y castigada en la pantalla…

Pasan unos días, Nuria llega un viernes con una sonrisa misteriosa en los labios, nos dice que nos sentemos, tiene algo que contarnos. Explica que a través de Internet localizó a Zuleia, ahora es administrativa de una empresa de turismo, está divorciada y tiene una hija, Yoha. Nuria contactó con ella, Yoha le conto que también ella vio junto a su madre un video parecido, personalizado en ella, como el tuyo lo está contigo. Disfrutó con la victoria de su madre, y también con lo excitada y caliente que se puso, hacía años que no la veía tan satisfecha, tan excitada y orgullosa. Nuria se calla un instante y te mira, tú nerviosa le gritas – Bueno, ¿y que más? Nuria se toma su tiempo, antes de decir que las dos chicas han decidido haceros el regalo del día de la madre, ni es el día, ni falta que hace, el regalo es la revancha de la carrera, 21 años después, ellas dos lo organizaran todo. Y mirando el reloj, dice que, ahora mismo, Yoha se lo estará contando a su madre.

Te levantas y te niegas en redondo, tienes casi 45 años y ni tu cuerpo, ni tu fuerza es la de antes, Nuria te dice que tampoco Zuleia tiene 20 años, las dos tenéis más o menos la misma edad, y las dos tenéis las mismas ganas de ganar, mientras, yo empiezo a acariciar tu cuerpo, a juguetear con tu sexo, está empapado, caliente, excitado, no puedes evitar correrte entre mis dedos, nunca has podido y ahora mucho menos. Sonrío y le digo a Nuria, que tu aceptas el reto, sigues siendo la perra caliente y sumisa de hace 20 años, y digas lo que digas, tu coño dice lo contrario, y solo de imaginarlo ya vuelves a desear mucho más que unos dedos dentro de ti. Nuria se acerca y también pone su mano en tu sexo, tu aprietas los puños, humillada y sonrojada, mi mano y la de ella, se mueven y se empapan dentro de ti, y bajando la cabeza, sin mirarnos, dices que obedecerás lo que tus dueños te ordenemos, sea lo que sea.

¡Desnúdate!!!, al instante dejas caer tu vestido, tu sujetador, te quitas las bragas y los zapatos. Separas tus piernas y pones las manos sobre tu cabeza levantando al máximo los codos. Me gustas, me excitas cada día más, levanto tu cara, miro tus ojos grandes y oscuros, tus labios jugosos siempre listos para que mi lengua pueda besarte hasta el fondo de tu boca, tu nariz respingona, tus mejillas, tus cabellos largos, algo menos que hace veinte años, entonces te llegaban a media espalda, y hoy solo caen sobre tus hombros, con mis manos agarro tus pechos, intentas ocultar una sonrisa de orgullo, de satisfacción mientras se endurecen tus pezones, Sonrojada notas que es Nuria quien apriete tus nalgas, quien pone un par de dedos en tu culo, en tu coño, luego se entretiene en tus músculos, sin ser deportista, estás bastante en forma, eres cartera y te pasas el día calle arriba, calle abajo.

Me miras traviesa cuando pellizco suavemente tus pechos, grandes y algo caídos, pero todavía fuertes y apetecibles, te sobran algunos kilos, tampoco demasiados, tus nalgas siguen redondas y listas para el castigo, se conservan sensuales y hermosas, un par de azotes en tu culo te hacen sonreír, te sientes fuerte y hermosa, y cada instante que pasa estás más convencida de que puedes ganar a Zuleia. Nuri va a llamar a Yoha, pero lo digo que espere, antes hemos de decidir si merece la pena adiestrarte. Bajas la mirada y respiras hondo, sabes que ahora te toca demostrarnos que eres capaz de sufrir como lo hacías hace 20 años…