La revancha - 02 Superando la prueba inicial
Sabe que el dolor es el precio de su pertenencia. Con el cuerpo agotado y la mente rota, cada escalón es una batalla contra la rendición. Pero cuando el castigo termina, la verdadera prueba apenas comienza.
De pie, inmóvil, con las manos sobre la cabeza y las piernas separadas esperas, nerviosa, excitada, mil sensaciones que te llevan una y otra vez al límite, voy a buscar algunas cosas, mientras, le digo a Nuria, que vaya azotándote un poco, para que entres en calor. Ella me mira y me preguntas como y donde, te doy una bofetada y te ordeno que se lo digas tú, sonrió al oír su pregunta: ¿Mama, por donde empiezo?, coges aire y le dices, por mi culo, golpes fuertes y en las dos nalgas. El látigo silba un poco y apenas golpea tu piel, te oigo gritarle –Mas fuerte!!!, el látigo silba y enrojece, ahora sí, tu nalga derecha. Nuria envalentonada sigue azotándote, mientras tú, callada te muerdes los labios, al poco ella decide probar en tu espalda, el dolor se hace más intenso cuando la punta del látigo gira e impacta en uno de tus pechos, la niña aprende rápido. Cuando vuelvo, hace poco que te ha hecho girar, ahora son tus tetas las que reciben los latigazos. Le digo que pare, tú levantas la cara, y con tu rostro empapado en sudor y tus labios temblando, sumisa y obediente le das las gracias.
Te ato las manos a la espalda y te cuento la prueba a la que te vamos a someter, vivimos en una casa aislada con jardín en una urbanización tranquila, la casa tiene sótano, planta baja, primer piso y desván, iras corriendo por las escaleras, cinco viajes subiendo y bajando desde el desván hasta el sótano, en total serán unos 450 escalones, quieres quejarte pero un bofetada te hace callar, luego sigo hablando, te muestro un viejo conocido tuyo, un consolador doble en forma de U, que usaba para entrenarte y que llena por completo tu culo y tu coño, quieres protestar, pero callas al instante, no quieres más bofetadas. Nuria te coge por los sobacos y yo te levanto una pata, entro el aparato en tu coño, se desliza entre tus jugos sin ningún tipo de problema, sonríes traviesa y excitada mientras te relames los labios, pero ahora toca tu trasero, tensando el aparato entro la otra verga en tu culo, chillas de dolor, mientras el cuero rígido te penetra más y más. Lloras, gimes, insultas, mientras te mueves y te retuerces, solo los brazos de Nuria agarrándote impiden caerte.
Cuando te calmas un poco, te pongo un arnés en la cabeza, abres la boca y coloco el mordedor que llevaras entre tus dientes, lo muerdes con rabia mientras nos miras desafiante. Solo queda el detalle de los cascabeles, que con un par de pinzas cocodrilo pongo en tus pechos, chillas cuando el hierro dentado se clava en tus pezones, Nuria te suelta, y caes al suelo entre lágrimas y mocos. ¡Arriba!!!, oyes mi voz, y lentamente te levantas, con las patas separadas, doblada de dolor, babeando, llorando, intentando suplicar en tu boca abierta. Nuria no quiere perder nada de tu prueba y cogiendo su móvil empieza a grabarte, le gusta recrearse en tu cara, en tu sudor, en las marcas que el látigo ha dejado en tu piel. Tirando de tus cabellos te llevo medio a rastras hasta el desván, aquí va a empezar tu prueba. Levanto tu cara con mi pulgar en tu barbilla y te enseño un cronometro, por cada minuto que tardes, recibirás un latigazo de castigo, al instante oyes el click y el tiempo empieza a contar.
Como puedes empiezas a correr, Nuria muy profesional ella, no deja de grabarte, y tu espatarrada casi no te puedes mover, hace demasiado tiempo que no estás acostumbrada a aquellas vergas dentro de ti, sin manos también te cuesta mantener el equilibrio, pero no te piensas rendir, y resoplando, babeando y clavando los dientes en el cuero, vas bajando escalón tras escalón, finalmente llegas al sótano, respiras un instante, y otra vez hacia arriba, el sudor empapa tu cuerpo, tu boca se reseca, los escalones se te hacen eternos, al llegar arriba, notas que tus piernas tiemblan de cansancio y agotamiento, vuelves a bajar, te da miedo caerte, pero no te rindes, tienes 44 años, pero tu corazón y tu pundonor siguen siendo los de aquella joven yegua de 21. Rebozada en sudor, sigues bajando, apenas si puedes abrir los ojos bañados en el sudor salado de tu frente, de pronto un traspiés te hace caer, chillas de dolor cuando el consolador de tu culo se clava aún más dentro de ti, el reborde del escalón golpea de lleno en tus nalgas, te saldrá un buen moratón. Nuria ante ti, sigue grabando tu dolor, tu miedo, tu rabia y tu fuerza. Intentas levantarte, pero agotada y sin manos es complicado, al final es Nuria quien tira de tus pezones pinzados y te pone en pie te muerdes los labios y a trompicones, de lado a lado, sigues superando escalones, el suelo patina con tu sudor y tus babas, pero vuelves a llegar al sótano, coges aire, miras hacia arriba y otra vez a subir, Nuria graba tu cara, tu mirada, medio desmayada, con la cara desencajada, los ojos rojos de tanto sudor. Al llegar al primer piso, caes primero de rodillas y luego golpeas el suelo con tus tetas, ya no tienes fuerzas ni para chillar, ahora soy yo quien agarrándote de un hombro te levanto, y tras un par de bofetadas te ordeno que sigas, que no te pares. Como puedes vas avanzando, en uno de los recodos te apoyas un instante en la pared, Nuria retuerce otra vez tus pezones, no es hora de descansar, no te has de dejar vencer. Gruñes, berreas, y vuelves a los escalones, solo quedan 20, una autentica eternidad para una yegua en tus condiciones. Cada escalón es un infierno, pero no te rindes, vuelves a caer de rodillas, casi caes escaleras abajo, y otra vez soy yo, quien cogiéndote del pelo, te levanto, me miras agotada, sucia y llena de mocos, Nuria azota tu culo para que reacciones, y tú vuelves a subir un escalón, luego otro y otro más, A falta de cinco escalones, otra caída y tus pechos parando el golpe, vencida y sin fuerzas te meas, el líquido moja el consolador y baja por tus piernas, Nuria, vuelve a levantarte, moja sus dedos en el charco que has dejado en el suelo, y te restriega la orina por la cara, la nariz… Enfadada mueves tu cabeza, te sueltas de ella y vuelves a tus escalones, solo quedan 3, y entre gruñidos consigues llegar hasta arriba, allí caes sobre tus pechos, destrozada, sedienta y exhausta, la prueba ha sido brutal, y nos ha demostrado que te falta mucho, muchísimo para poder competir, pero tus ganas, tu rabia y tu orgullo, nos hacen pensar que vale la pena intentarlo.
Te giramos, Nuria quiere grabar tu cara, empapada en sudor, mocos, lágrimas y orina, tienes el cuerpo dolorido y agotado, pero miras el reloj y se te hace un nudo en la garganta, han sido 30 minutos de suplicio, serán 30 latigazos sobre tu piel. Dócil y obediente notas como levanto una de tus patas, te arranco el consolador que te penetra. el aire fresco entra en tu coño y en tu culo, esta sensación te gusta. Luego te quito el bozal, escupes y tragas saliva, por fin puedes cerrar la boca, sigues quieta en el suelo, acaricio tus pechos amoratados por las caídas, es la hora de quitarte los cascabeles, chillas y te retuerces de dolor cuando la sangre vuelve a circular por tus pezones, Nuria te los masajea un poco, no dejas de sollozar e hipear. También tienes golpes en las rodillas y en el culo. Como puedes te giras y restriegas tu cara en las botas de Nuria, ella te sonríe y tú le das las gracias, ha sido ella la que te ha hecho terminar la prueba, una de las veces que has caído, cuando agotada, vencida y hundida casi habías decidido abandonar, te ha levantado por los pezones, te los ha retorcido hasta hacerte aullar de dolor y mirándote a los ojos te ha dicho que ni se te ocurriera rendirte, quiere verte ganar a Zuleia y quiere ser ella, quien tire de tus riendas.
Cogiéndote por los hombros te ayudamos a bajar al primer piso. Allí intentas sonreír, ves las correas colgando de las 4 argollas que hay en techo y suelo, recuerdas que al poco de vivir aquí, fuiste tú quien me pidió que las pusiera allí, por si algún día nos apetecía “jugar”. Como una muñeca de trapo, dejas que te atemos en cruz, aprietas las manos a los correajes del techo, y con tus tobillos muy separados, intentas aguantar el equilibrio como puedes, Me acerco a ti con una botella de agua, al verla, abres la boca y sacas la lengua mientras suplicas con tu mirada que te dejemos beber. Levantándote la cabeza, voy dejando caer el agua en tu rostro, en tu boca, como puedes vas tragando, mientras que el resto refresca tus mejillas, tu cuello, moja tus pechos, sigue bajando por tu vientre, empapa tu vello rizado y oscuro, hasta caer y chapotear en el suelo. Te veo tan sedienta, que hago lo mismo con otra botella, el agua sigue mojándote, mientras engulles todo lo que puedes, al terminar sigues mirándome, pero de momento no vas a beber más. Acariciando tu cara te digo que hoy estamos contentos contigo, así que seremos generosos, y dado que Nuria ya te ha dado algunos azotes antes de empezar, tan solo te castigaremos con otros 15, es el primer día y estamos muy orgullosos de ti, estas palabras resuenan dentro de ti, y te dan la fuerza y el pundonor para tensar tu cuerpo, levantar la mirada e intentar aguantar en pie, el castigo.
Nuria sigue grabando, una hora larga de película que sin duda nos hará disfrutar de muy buenos momentos cuando lo veamos solos o con amigos, le digo que ponga la cámara en un trípode, quiero enseñarle a castigarte, primero con la pala, el primer golpe te lo doy en tu nalga derecha, que enrojece al instante, Nuria lo intenta en la izquierda, y también te hace gruñir de dolor. Luego le indico tus tetas, cojo una de tus pechos y lo voy estrujando como si fuera a ordeñarte, al final tan solo sobresalen de mi mano el pezón y la aureola, le digo que golpee fuerte, se oye el Pam seco y duro y tu chillido de dolor, suelto tu teta, y hago lo mismo con la otra, Nuria animada golpea con todas sus fuerzas, el dolor hace que pierdas el equilibrio quedando colgada de tus muñecas. Nuria suelta uno de tus tobillos y te levanta la pierna, el golpe en la planta de tu pie hace que vuelvas a chillar, te suelta el otro tobillo y un nuevo golpe te vence, lloras, suplicas entre lágrimas y mocos, el castigo no cesa, y cuando quedan solo 5 golpes, la animo a que vuelva al látigo, a ver si es capaz de acertar en tu coño, ella acepta el reto, yo vuelvo a atar tus tobillos bien separados y le explico que golpee de abajo a arriba, lo intenta, pero el primer golpe apenas si te toca, nerviosa el segundo solo golpea una de tus piernas. Está nerviosa, enfadada. Levantas la cabeza y le dices que pare un momento que la vas a ayudar, sin dejar de mirarla le dices que respire tranquilamente, que se tome su tiempo, no hay prisa, tu coño no se va a ir a ningún sitio, que calcule bien la trayectoria, el látigo ha de subir recto entre tus piernas, ella saca la lengua, siempre que se concentra lo hace, el golpe toca de refilón tu vulva, el dolor es intenso, pero aún ha de mejorar, entre sollozos vuelves a animarla, tu coño enrojecido está ardiendo, ella vuelve a probar, el golpe ahora te da de lleno, tensas tus correas, te retuerces de dolor, chillas y babeas, pero aún queda un azote, y lo quieres perfecto, cuando te azote en público, que lo hará, quieres estar orgullosa de ella, quieres que sea la mejor. Tragas saliva y mirándola a los ojos le dices que se concentre, que respire hondo y que lance el látigo con toda su fuerza. Ella te sonríe, tú también a ella, espera un instante, cierras los ojos y aprietas los puños, oyes el silbar del látigo en el aire, y un dolor tan intenso en tu vulva que te meas entre aullidos y gritos, se te nubla la cabeza y medio desmayada quedas colgando de tus correas, ella corre a abrazarse a ti y te llena de besos, Tu poco a poco vas recuperando el aliento y la miras satisfecha, orgullosa de ti y de ella, y yo orgulloso de las dos.
Tras terminar el castigo, Nuria vuelve a grabarte, meada, azotada y encadenada, tragas saliva, intentas enderezarte un poco mientras oyes como Nuria conecta con Yoha, al otro lado de la pantalla la chica tiene cogido por el pelo a Zuleia, a 4 patas con el lomo y culo azotado, un inmenso consolador sobresale de entre sus nalgas y sus tetas están dolorosamente tensadas con sus pezones pinzados y un par de pesas colgando en cada uno de ellos, un tiron de sus cabellos hace que levante la cara, y a pesar de sus ojos llorosos y su cuerpo castigado, sigues viendo en ella a tu rival, a la mujer de mirada felina y cuerpo fibroso que hace años te ganó, ella te mira desafiante, y tras respirar hondo acepta el reto. Tú aprietas tus dientes y tensando todo tu cuerpo encadenado y azotado, levantas la cabeza y también aceptas la revancha.
A la mañana siguiente, te desperezas en la cama, medio adormecida recuerdas la noche que hemos pasado, te encanta pensar en cuando limpié tus heridas, cuando masajeé con aceite balsámico cada centímetro de tu cuerpo, te acaricias tu piel empapada de mí, recuerdas mi boca besando y pellizcando tus pezones, mis manos jugando en tu entrepierna, mojándose en tu placer cada vez más intenso, mis labios recorriendo tu rostro, tan solo el dolor de los latigazos y las caídas,te recordaba tu condición de esclava, pero el placer que sentías superaba cualquier sufrimiento. Golosa te enroscaste entre mis piernas, engullendo mi verga hasta el fondo de tu garganta, mientras yo acariciaba tus cabellos, eres mi perrita traviesa y marrana, pero ayer preferí tus pechos, de rodillas sobre tu vientre empecé a mover mi verga entre tus tetas azotadas, y tu estrujándolas, la envolviste con ellas, te movías, gruñías, deslizabas tus ubres, mientras esperabas ansiosa mi corrida, levantas la cara, abres la boca, sacas la lengua, esperas, deseas este chorro blanco, espeso y caliente que baña tus labios, moja tus mejillas, tu nariz, toda tu cara y tu cuello. Sientes mi corrida caliente y espesa en tu rostro, sonríes, me miras sensual y traviesa, relamiéndote, buscando con tu lengua, cualquier resto de mi placer, mientras mis dedos dentro de ti, te premian con un orgasmo intenso y brutal.
Sigues retozando en la cama, no quieres levantarte, no quiere volver a la realidad, miras el reloj, son casi las 12, suspiras y te levantas, no encuentras ni tu ropa, ni tus sandalias, vienes desnuda al comedor, sentado en el sofá te sonrió, Nuria te saluda desde la cocina, estás nerviosa, sabes que algo te espera. Te digo que te pongas de rodillas, vamos a explicarte las condiciones de tu doma, antes te recuerdo que en cualquier momento, lugar o situación siempre está la palabra mágica que si pronuncias 3 veces seguidas terminará con todo, y te volverá a convertir en la discreta y atenta esposa que has sido durante estos años. Nuria te dice que la digas, es importante que la recuerdes, tú con voz clara repites 3 veces la palabra “vainilla”. A partir de ahora si la vuelves a pronunciar, todo se termina, Asientes con la cabeza. Noto tus nervios, empiezas a sudar, mientras esperas inquieta nuestras condiciones
Primera condición; Excepto para ir a trabajar, siempre iras desnuda, vecinos, amigos, repartidores… ya se irán acostumbrando a verte en cueros. Tragas saliva y aceptas. Segunda; Dormirás en el patio, en una caseta para perros, junto a uno de los arboles hemos puesto una argolla, tendrás unos dos metros de cuerda. Tercero, cada mañana, antes de ir a la universidad, Nuria te lavará con la manguera, un cubo de agua, y un par de estropajos, luego te dejará una toalla y la ropa y soltará tu correa para que puedas ir a trabajar. Asientes con la cabeza, Cuarto, al salir del trabajo te esperaré yo, te llevare a hacer ejercicio, a endurecer tus patas y a recordarte que solo eres una potranca a medio domar. No te atreves ni a preguntar cómo lo haré. Quinto, comerás tu pienso y harás tus necesidades siempre delante de nosotros, pero si te portas bien, tal vez te dejemos roer los restos de nuestra comida. Habrá más normas, pero estas son las principales. Te decimos si quieres preguntar algo, y mirando al suelo nos pides si puedes masturbarte, sonrió y te pregunto ¿ahora? sonrojada mueves la cabeza diciendo que sí. El miedo, la humillación, la vergüenza de imaginar lo que te espera, te han puesto tan caliente que eres incapaz de contenerte ni un minuto más. Nuria va a la cocina y te tira un plátano de tamaño considerable, lo coges y lo metes en tu agujero, tus piernas se aferran a él. Y entre gruñidos y gemidos te corres como la perra que te encanta ser…
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