La revancha - 11 Noche de ponys
El látigo cruza el aire y el veterinario inspecciona cada centímetro de tu cuerpo como si fueras mercancía. No eres dueña de tu carne esta noche; eres un vehículo para el placer ajeno, marcada y usada hasta el agotamiento. ¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar para sentirte viva?
Pasan unos minutos, atada y marcada, esperas nerviosa e impaciente lo que te tengamos preparado, el dolor sigue intensamente vivo, quemándote, asándote. Nuria te dice que ahora os va a visitar el jefe del equipo veterinario que ha contratado Eva, no quiere que ninguna de vosotras sufra más daños de los necesarios y su palabra es ley, en cualquier momento el decide si podéis continuar o no. Con el mando levanta tu cruz, vuelves a estar erguida, él acaricia el rostro, te comenta que va a comprobar cómo estás, y si se esta noche tus dueños pueden usar tus agujeros. Sonrojada bajas la mirada, mientras te hace una revisión completa, mira tus ojos enrojecidos, te hace abrir la boca, va moviendo tus dientes, tu lengua. Estruja tus ubres, las mueve de lado a lado, las golpea la una contra la otra, pellizca tus pezones, tira de ellos, tragas saliva cuando empieza a mirar en tu coño, sus dedos entran en ti, humillada y caliente solo puedes tensar tus músculos, notas como toca tu vulva, pellizca tu clítoris, como entra una de sus manos hasta el fondo de tu sexo, y sin quitarla comenta que tienes un coño en perfectas condiciones, muy bien conservado para tu edad, incluso mojado y jugoso a pesar del castigo, saca sus dedos y se los limpia en tus mejillas. Con el mando vuelve a doblar tu cuerpo a 90 grados, sigue con su inspección, se pone un guante de látex, y entra su mano en tu culo, lloras de rabia mientras él va inspeccionándote, sientes sus dedos dentro de ti. Recorre tus muslos, tus patas, todo está perfecto. Te encorvas y chillas cuando moja la marca recién puesta, con un spray desinfectante. Tiemblas, suplicas, lloras mientras dejas caer tu cabeza. El habla con Nuria..., la felicita por la hembra que acaba de marcar, muy bien cuidada y perfecta para ser usada por cualquiera de sus agujeros, aunque hoy, por precaución, prefiere que solo te penetren por la boca, nada de vergas ni consoladores en tu parte trasera, como máximo pueden toquetearte el coño con los dedos. Con el mando vuelve a bajar tu cabeza, hasta que está a la altura de su cara, Se pone ante ti, y te dice que abras la boca, quiere comprobar que tal está tu paladar y tu garganta, al instante su verga entra hasta el fondo de tu paladar, mientras engulles, él te dice que estos días ira controlando como vas superando las distintas pruebas a las que tu ama decida someterte. Te atragantas con su corrida, engulles todo lo que puedes y el resto cae al suelo, cogiéndote por la barbilla limpia su verga en tus labios y tras despedirse de Nuria, se dirige a comprobar cómo está la yegua de Yoha.
Poco a poco vas recuperando el aliento, el dolor se va haciendo más soportable, Eva acaricia tu lomo y os dice que esta noche no os van a castigar, ya se encargaran de satisfacer a los invitados las 8 perritas subastadas. Pero hasta la madrugada, os quedareis aquí atadas, y quien quiera, podrá usar vuestras bocas o juguetear en vuestro coño. Apenas pasan unos minutos, y alguien pone su verga en tu boca, agarra tu nuca y empieza a moverte, tú con la cara sucia de la anterior mamada, lames, besas, engulles, hasta que aquella verga se vacía entre tus labios y se limpia en tu cara También oyes como Zuleia satisface a algún admirador, tragas verga tras verga, tu cara sucia, pringosa se va llenando de semen de distintos dueños, a algunos les gusta dibujar en tus mejillas, tu nariz, otros simplemente quieren desfogar su deseo en tu boca. Pasadas las doce de la noche, oyes gemir a Zuleia, alguien ha enderezado su cruz y le está tocando el coño, se entretiene excitándola, ella nota que se va a correr, y justo en el último instante un pellizco rompe su placer, otra vez la mano la toca, la acaricia, ella no quiere correrse, intenta evitarlo, aquellos dedos solo juegan con ella, solo quieren llevarla al límite, para pellizcarla una y otra vez. La noche va pasando, las dos sois magreadas, besadas, abofeteadas, La oyes gemir, gruñir, jadear, por fin aquella mano ha decidido dejar que se corra, y ella como una cerda abre la boca, esperando sentir entre sus labios aquellos dedos que la han hecho gozar, o tal vez con suerte la verga de su desconocido. Le mira desafiante, con la boca abierta, con ronchas blancas pegadas por toda su cara, el suelo sucio de los restos que han ido cayendo de sus mejillas, de sus pechos. Decenas de amos han pasado por su boca, pero ella quiere al dueño de aquellos dedos, de aquellas manos, al final el desconocido, con el mando, vuelve a bajarla a la altura de su cara, la agarra por su melena, y entra su verga entre sus labios anchos y gruesos, ella no deja de besar, de lamer, de engullir, de exprimir con su boca aquel trozo de carne ancha, dura y larga... orgullosa, nota como se corre en su lengua, entre sus dientes, como su esperma le golpea el paladar, baja por su garganta, lo relame, lo saborea, quiere sentirlo, disfrutarlo, olerlo, quiere más, mucho más, pero él se va, sin decir nada, ni un beso, ni una caricia, simplemente la quería usar y lo ha hecho. Igual que ella, tú también tienes las mandíbulas doloridas, la cara embadurnada con varias capas de blanco, y tu coño irritado de tantas manos que han pasado por él.
Finalmente de madrugada, con el mando te levanto, intentas sonreír mientras me miras con tu cara pringosa, acerco a Vane, para que te limpie con la lengua, yo me pongo tras de ti, acaricio tu culo inflamado, recorro con mi lengua tu espalda, hasta llegar a tu cuello, giras la cabeza, te encantas mis besos, mis pequeños mordiscos en los lóbulos de tus orejas, mientras, la boca de Vane no deja de relamerte, de limpiarte. Abres la boca, ramalazos de placer recorren tu sexo, mientras yo sigo engordando mi verga, Vane sumisa se acerca a mi, y engullendo mi verga traga todo el deseo que tú me estas provocando. Luego sigue limpiándote, notas su lengua en tu boca, en tu cuello, en tus pechos, jadeas, gruñes y gimes mientras te corres con mis manos y su boca. Me gusta ver la marca de Nuria, junto a la mía, dos nalgas, dos dueños y una sola esclava. A tu lado, Zuleia nos mira, Vane también la besa, luego empieza a limpiarla, acaricia su piel, juega con sus pechos, Vane le muestra orgullosa las marcas que el látigo ha dibujado en su cuerpo, las marcas que hoy he puesto en ella, mientras me excitabais con los hierros quemando vuestra piel.
Llegan Nuria y Yoha, os desatan, os ayudamos a levantaros, te fallan las piernas, agarrada a mí, poco a poco vas recuperando la fuerza, me gusta sentir tus pechos pegados a mi cuerpo, besar tus labios, mirar estos ojos cansados y a la vez orgullosos y satisfechos. El veterinario nos ha dicho que os vayamos poniendo algo de desinfectante cada pocas horas, con el spray mojo tu herida, chillas, te retuerces de dolor. Yoha moja la marca de su madre, también ella grita y aprieta sus puños. Algo más recuperadas, os llevamos hasta el establo, por hoy ya habéis terminado, ahora a dormir y a descansar que mañana os esperan nuevas pruebas con las que excitarnos. Por el camino oímos gritos, los golpes secos de los látigos, pequeños grupos disfrutando de las perritas. Pasamos cerca de María Guadalupe, abierta de piernas, con un par de consoladores inmensos saliendo de su coño y de su culo, su cara sucia, buscando alguna de las vergas que la rodean, nos mira y sonríe relamiéndose sus labios empapados en semen, al momento alguien tira de sus cabellos, otra verga espera turno para vaciarse en ella. En otro rincón 4 amas azotan de forma acompasada a Shanga, que atada y abierta de patas llora mientras se muerde los labios para no gritar.
En el establo te dejas caer sobre un viejo camastro, estás dolorida, agotada, exhausta,, te doy un beso y te dejo dormir. Cuando voy a salir, Zuleia coge mi mano, sonríe, no puede casi moverse, pero su excitación crece más y más, y no podrá dormir si alguien no la calma. Me acuesto boca arriba, ella de rodillas va engullendo mi verga, va endureciéndola, hasta que vuelve a estar lista para saciar a una hembra como ella. Me mira sonriendo y lentamente sube a la cama, la noto sobre mi cuerpo, clavándose, empalándose en mi verga que se desliza en su sexo mojado y caliente. Se deja caer, me gusta notar sus pechos pegados a mi pecho, no deja de besarme, de buscar mi boca, mi lengua, mientras se mueve al compás de mis movimientos, mis manos recorren su espalda, llegan a su nalga, da un pequeño grito cuando toco su herida, su marca, al momento busco otros rincones de su piel. Tú en tu camastro te giras, medio dormida sonríes, contenta y satisfecha de que también cuide de tu amiga.
Tras correrse, queda agotada sobre mi cuerpo, siento su respiración junto a mi boca, el palpitar de su corazón junto a mi pecho, el sudor de su piel, en pocos instantes se duerme satisfecha y relajada. Con cuidado me levanto, el día acaba y no tardará en amanecer, nuevas pruebas, nuevos castigos y placeres para las dos “mamás” más sensuales y calientes que jamás he conocido.
Poco a poco las distintas hembras van llegando al establo, en el suelo, sobre el heno van buscando un rincón, doloridas, azotadas, rebosando semen por sus agujeros, todas satisfechas de haber venido, tan solo Xan dudó por un instante en seguir, pensó en la palabra de seguridad que la devolvería a su vida metódica y previsible, pero vio a Gladys en cuclillas, empapada en sudor, cabalgando sobre la verga de uno de sus amos, sus brazos separados, cada mano cogida a una verga, un látigo golpeando sus pechos y otro su espalda. Chillaba, gritaba, gemía, oleadas de placer y dolor entremezcladas que no dejaban de hacerla vibrar y gozar.
Temblaba a cada nuevo azote mientras con sus músculos estrujaba aquella tranca dentro de ella. En aquel momento quien compro a Xan, la puso a 4 patas, volvió a atarle los tobillos a sus muslos, ella sintió el peso de su dueño sobre su lomo, y el dolor de una espuela golpeándole la nalga, tiró de sus cabellos y la llevo junto a Rocio, otro golpe de espuela les hizo empezar a correr entre la maleza, doloridas, con el culo levantado, asustadas intentaban correr en la oscuridad, pinchándose las palmas de las manos, sus rodillas ensangrentadas, sus pechos rozando algunas zarzas. Sus jinetes las jaleaban, les gritaban, Xan intentaba avanzar a la gaditana, que con las piernas temblando, con el doloroso pendular de sus pechos y con aquella fusta que seguía golpeándole las nalgas, avanzaba más y más. Las espuelas le hicieron sacar su instinto, solo quería correr, ganar, los gritos no cesaban, su dueño se tumbó sobre su espalda, agarrado a sus pechos, pellizcaba con rabia sus pezones, mientras le mordía la oreja y la insultaba.
Empapada en sudor, castigada y dolorida aceleraba más y más, las dudas y el miedo se convirtieron en instinto, en adrenalina, en un placer sumiso que mojaba su coño y excitaba su mente. Adelanto a su rival, las espuelas no cesaban de golpearla, su dueño estrujaba cada vez más sus tetas, azotaba su culo, mordía su oreja, y ella seguía adelante, cada vez acompasando mejor rodillas y manos. Un traspiés hizo que cayera de bruces, sus pechos pararon el golpe, su dueño saltó de ella y con un patada en su culo, la hizo girar, y otra vez a correr, también Rocio había caído un par de veces, y tras casi un kilómetro de carrera, llena de moratones, con raspones ensangrentados por el cuerpo, y con sus nalgas ardiendo por los golpes de las espuelas, cruzó la meta, un nuevo correazo la hizo caer, golpeando con sus tetas el suelo, de una patada su dueño la giró, miro su piel rebozada en tierra y sudor, su boca abierta buscando algo de aire, su rostro desencajado por el esfuerzo. Corto la cuerda que unía sus muslos a sus tobillos y la penetró hasta el fondo de un solo golpe, Xan le agarro con fuerza sus nalgas y se clavó aún más en aquella verga, él no dejaba de moverse, de morderle las tetas, ella arañaba con rabia sus nalgas, su espalda, ambos gritaban, gemían. Con sus contracciones Xan exprimía más y más aquella tranca, mientras su boca se llenaba con la lengua se su dueño y arqueándose entre espasmos de placer gozaba de aquella verga que hoy era suya. Su amo la sacó de su coño y sentándose en sus tetas le levanto la cara tirando de su nuca, Xan la engullo hasta el fondo, bebía de su placer y del de él, marrana y golosa, sus manos no dejaban de restregar aquella vara embadurnada de tierra, jugos y semen. Sucia y relamiéndose la boca, quería más, mucho más, su dueño estaba orgulloso de haberla adquirido, y ella lo estaba de sí misma, de haber roto sus barreras, sus miedos, sus convencionalismos, y entregarse entera a su placer y al de su amo. Ahora, en el establo sola, tumbada en el suelo, con las patas abiertas, no deja de masturbarse recordando cada jadeo, cada golpe de espuela, cada instante intenso y vital, vivido como hembra y como esclava. Cada pony tenía su historia, su placer y su dolor, y todas terminaron durmiéndose con una sonrisa en los labios y sus manos en su sexo.
Poco a poco, el silencio va llenando el lugar, agotadas, exhaustas, duermen por los distintos rincones del establo.
Se abre el portón y la luz intensa de un sol de verano, os despierta, entre focos que no dejan de mostraros, os patean, tiran de vuestros cabellos, azotan vuestros pechos, hasta que todas estáis despiertas y sin tiempo a saber qué pasa, os echan por encima 4 o 5 cubos con restos de comida, es vuestro desayuno, corréis a recoger del suelo lo que podéis, un trozo de carne a medio roer, unas rebanadas de pan duro, un resto de hamburguesa que ha caído en la paja. Tú enroscada en un rincón estás peleándote con un trozo de pizza lleno de tierra y paja, Zuleia rebusca en un hueso algunos trozos de carne. Apenas pasan 10 minutos, cuando nuevamente los azotes resuenan en vuestra piel, hora de salir. Dejáis lo que estabais comiendo y estrujadas como un rebaño os sacan al patio, ahora es Xan quien chilla cuando el látigo impacta en su coño. Llorando, cayendo, corriendo, llegáis ante la casa. Os ordenan que os abráis bien de patas y pongáis las manos sobre la cabeza, un chorro de agua helada moja vuestra piel, Maria, Hanna y Xan no estaban atentas y el golpe las hace caer al suelo, al momento se levantan, y vuelven a sentir el agua por toda su piel. Tú estás temblando, tiritando, mientras el chorro entra en tu coño, se arremolina dentro y sale con fuerza hacia tus patas. Zuleia también tiembla, os ordenan girar y el agua ahora moja vuestros culos, espaldas, cabellos y hombros, Te muerdes los labios cuando impacta en tu marca, en tu N de fuego, también Zuleia intenta no gritar, mientras el agua va limpiándola. Tras unos diez minutos remojándoos, cierran las mangueras. Ahora toca secaros, os dejamos abiertas de patas, con las manos en la cabeza, inmóviles bajo un sol que arde sobre vosotras.
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