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Confesionesene 2023

Doña Korina - Parte 1

Korina siempre creyó que la vida era simple y tranquila, hasta que dos jóvenes pintores la miraron desde el andamio. Ahora, con su marido y su hijo lejos, ella decide dejar de ser la esposa fiel para convertirse en la mujer que su madre fue: prohibida, deseada y libre.

Korina10K vistas8.5· 8 votos
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Doña Korina -

Parte 1.

Nací en el 70, en Buenos Aires. Época muy convulsionada para nuestro País.

Me crié en una familia muy tradicional, donde a mi padre debía tratarlo de Usted. De otra manera sería una grave falta de respeto, y perdería la buena mirada de Dios.

Pero, la vida me mostraba otra cosa no tan pura y casta como me querían hacer creer.

Mi madre, feliz de su condición de ama de casa, tenía relaciones con varios hombres del barrio: comerciantes, vecinos, y hasta con el afilador de cuchillos que venía día por medio.

Los domingos íbamos a misa.

Veia a mi madre arrodillarse frente a la figura de la virgen y le rezaba un rosario completo.

Durante la semana también se arrodillaba para satisfacer a desconocidos.

En cambio mi padre, permanecía de pie con el periódico bajo el brazo, con cierta actitud de soberbia. Era Ateo.

Soy hija única, y nunca tuve un hermano para compartir todo lo que sabía sobre la hipocresía familiar.

A pesar de los malos ejemplos, mantuve mi virginidad hasta los 20 a.

Aunque andaba de novio, con mi actual marido, Alberto, desde hacía 3 años.

Despues de mi cumpleaños, Con Alberto nos habíamos distanciado, por celos de El, un par de meses.

En ese tiempo conocí a otro muchacho, Amigo de mi mejor Amiga (no recuerdo su nombre).

Y, no se si fue por rencor, pero tuve mi primera relación en el automovil de este nuevo novio..

La experiencia fue de lo peor:

Posiciones incómodas, falta de higiene, vergonzoso por la mirada de extraños, y para colmo falta de cuidados. Por suerte no quede embarazada.

Cuando llegue a casa de mis padres, con el estómago revuelto, extrañe el respeto y cariño de Alberto.

Esa misma noche lo llamé y retomamos la relación.

Al cumplir los 23 nos casamos, y en menos de un año nació mi único hijo, Hector.

Por muchos años fui una mujer fiel y feliz. Por mi mente no pasaba nada inmoral. Sobre todo porque no me quería parecer a mi madre.

Me dedicaba a criar a mi hijo, y a ser una buena esposa.

Creo que la vida es simple y tranquila si una se lo propone.

Con pocas cosas se puede ser feliz, sin necesidad de andar complicando la propia existencia en Busca de la adrenalina que da las aventuras.

No se si fue por aburrimiento, o por insatisfacción, pero en Febrero del 2020 me entregué a la lujuria con dos jóvenes de veinte tantos, pintores del edificio donde vivimos con mi familia:

Aquel día hacía calor, y volvía de hacer las compras. Aún me acuerdo: dos manzanas, medio kilo de pan y un paquete de fideos pappardelle.

Cuando llegue a la puerta de la torre, el guardia de seguridad me pidió que aguarde unos minutos hasta que los pintores retiren la estructura de un andamio.

No me gustó nada que me demoren, le explico al hombre de uniforme que tengo derecho al libre tránsito, y que no era mi culpa que trabajarán a la hora de mayor movimiento de los vecinos.

No se como hicieron, pero en un minuto tenia el paso libre.

Al llegar a mi departamento ordene la mercadería en la cocina, y cuando me disponía a limpiar, observo por el reflejo de mi ventana, a un muchacho (pintor) que estiraba el cuerpo para espiar dentro de mí hogar. Mi marido y mi hijo no estaban, cada uno de ellos se encontraban cumpliendo con sus obligaciones.

No me sentí amenazada por la mirada del irrespetuoso, al contrario, me sentía bien con mi feminidad.

Me fui al baño para mojarme el pelo, me saque el Vestido tul floreado, que uso para las compras y me deje la bombacha y las ojotas blancas. Quería divertirme un poco.

Volví a la cocina y me puse de espalda al curioso para Baldear el piso. Mis senos rebotaban de un lado al otro y del medio de mis nalgas corrían gotas de sudor. Me puse nerviosa.

De repente pude ver que eran dos los pintores que estaban alzados. No mayores en edad que mi hijo.

El juego no duró mucho, en menos de 10 minutos dejé de entretenerlos, y me fui al living para comer una de las manzanas que había comprado.

Pense en la absurda escena y me reía sola. También pensé en mi marido y sentí culpa.

Me dormí.

Por suerte me desperté antes que llegara Hector. Me fui corriendo al baño y me volví a vestir.

Cuando llego mi marido me pidió que lo acompañará a caminar por la plaza, con tan mala suerte que me cruce con los pintores, que estaban acomodando sus herramientas.

Entre ellos hablaban en voz baja y uno me señalaba. Alberto no se dio cuenta de las insinuaciones que me estaban haciendo a sus espaldas.

Al regresar nos fuimos a cenar los fideos, y cuando nos acostamos quise hacerle el amor. Pero, como era de esperar se durmió por lo cansado que estaba.

Yo me desvele, y mientras miraba el cielo raso: fantaseaba con los pintores.

Me sorprendí lo que mi creatividad podía encender en mi.

El juego de hacerme ver con los pintores se había extendido por varios días. No sólo me limitaba hacerlo dentro de casa, también viajando en colectivo, comprando en los comercios o. Simplemente mientras paseaba por las calles. Cualquier mirada me venía bien, me hacía vibrar de una manera especial.

Por supuesto buscaba mi satisfacción en los brazos de mi marido, como último recurso me masturbaba en la ducha. Sin rollos, ni malestares morales.

No me di cuenta, hasta ese momento, que estaba sembrando la semilla de la infidelidad. Era evidente que sufría la crisis de los 50, y que cada día me parecía más a mi madre. Me encontraba con síntomas de menopausia no muy definidos, pero como había tomado la decisión de hacerlo con alguien fuera de matrimonio tome la precaución de empezar a tomar anticonceptivos. Y me preocupe por cuidar más mi cuerpo: dietas, ejercicios, depilaciones profundas y baños de crema.

Había enfocado mi atención en los hombres que me miraban, y mi imaginación hacia el resto: volaba a lugares de fantasía, con super machos con deseos de fecundar me. Quería estar lista para Ellos, y darles mi mejor versión de mi misma.

Estos tipos de pensamientos me dejaban cargada de tensión sexual, que tarde o temprano tendría que liberar.

Y, así Fue: Un miércoles por la mañana, del caluroso mes de febrero 2020. Me vesti con un solero celeste, abierto por delante son sujetador de abrojos. Y nada más. Ni siquiera me puse ropa interior, ni calzado.

Por dos noches había planificado ese exitante momento.

Los días miércoles mi marido e hijo se iban juntos al trabajo, y por las tardes hacían actividades físicas en un club a las afuera de la ciudad. Desde las 6 am hasta las 19 pm estaba totalmente sola..era mi mejor día libre.

_ por que no aprovecharlo? _ pensé a lo Maquiavelo.

A partir de las siete me senté en el balcón (tercer piso) y quede observando la llegada de la vieja camioneta blanca que traía a los pintores. Sabía que empezaban sus tareas temprano.

8: 04 entraron a la torre con todos sus bártulos, y Yo me encontraba toda transpirada y con la piel ardiendo por el sol de la mañana.

Tome mi pastilla anticonceptiva del día, y me puse un poco de desodorante en las axilas y en la parte interna de mis muslos.

Aun no sabía dónde provocar un encuentro. Dicen que a veces el universo te ayuda a cumplir tus deseos más intensos, y así fue.

Me vino a ver una vecina, que es la presidenta del consorcio, para pedirme que la ayude a definir la ubicación de unas nuevas plantas que alegrarán el espacio compartido con los vecinos. A parte me aconsejo que me pusiera más ropa, porque estaba muy provocativa (jiii)....

...Para ello tendría que pedirle a los pintores que me ayuden a mover las grandes macetas y las bolsas de tierra por el ascensor de servicio.

Organice para que los más jóvenes fueran y vinieran con la tierra y que los tres mayores (para colmo uno de ellos se llamaba Alberto, y me disparaba ráfagas de culpas) acomodaran las plantas lejos de la pared y que cuidarán el tema de los drenajes para no manchar los pisos.

Javier, el más joven del grupo, había venido vestido de jugador de fútbol. Remera, pantalón corto y zapatillas blancas inmaculada sin medias. Me gustaba su rápido andar y la tensión de sus músculos al levantar las bolsas.

Cuando se sentaba a descansar, por el costado del pantalón se le escapaba un testiculo depilado; No era de piel blanca, más bien café con leche.

El otro muchacho, Brian, se me insinuó. Era más decidido y dejaba ver por el bulto de su entrepierna que me quería montar. Los dos muchachos eran muy parecidos, después me enteré que eran primos.

Ambos no pasaban del metro setenta de altura, tenían cabello negro muy corto y ojos marrones.

Al principio reaccione de mala manera para hacerme respetar. Los chicos se asustaron y aceleraron el trabajo.

Baje a mi departamento y busque una botella de gaseosa fría. Se las lleve.

Tomaron con ganas y fueron muy agradecidos. Sabiendo que Yo tenía el control, les rogue disculpas por mi enojo y les pedí que confiaran en mi para lo que sea.

De nuevo Brian tomo la iniciativa y me confesó que estaba enamorado de mi.

Javier también me dijo lo mismo.

Me reí a carcajadas, pero ellos no. Tenían miedo que los haga hechar.

Le pregunte a Brian que era lo que le gustaba y me contó que soñaba con mis senos.

Abrí mi solero y saque mi pecho derecho hacia fuera. Mis pezones se habían estirado como la punta de un dedo.

Le pedí a Brian que lo bese. Se acercó despacio y me succiono como un bebé. Para que Javier no quede afuera le ofrecí el otro seno y, también se engancho.

La fuerza que hacían los dos me empujaba para atrás, caminaba como cangreja amamantando a dos criaturas. La pared del tanque de agua evito que me cayera al piso. Los muchachos tenían los pantalones por la rodilla y los miembros duros.

Se notaba que eran parientes, sus penes eran identicos: cortos, oscuros y bastante más ancho que el promedio.

Torpemente deseaban penetrar me. Y, como no soltaban las tetas, los masturbe con la mano.

Eyacularon mis piernas, y parte de mi vestido....Les limpie las pelotas con agua de la pileta de lavar, le subí los pantalones tal cual como madre, y me fui a mi departamento. Acalorada y con mucha taquicardia, busque el tensiometro y me medí la presión. Estaba un poca alta.

Después de la ducha y de poner mi ropa en remojo, me acosté en la cama de mi hijo para calmar mi tensión. Mi cabeza no paraba de pensar y mi corazón de emocionarse.

Al lado mío estaba el oso de peluche (Yogui) relleno de alpiste, juguete que le compramos a nuestro hijo cuando cumplió los dos años.

Los brazos de Yogui eran bastante largos y anchos. Nunca me había percatado de lo útil que podrían ser.

En el tacho de ropa sucia tenía un par de medias que iría a lavar esa misma tarde.

Con uno de los calcetines enfunde el brazo izquierdo del oso. De pie, Y sin salir del lavadero me fui penetrando hasta que explote en varios violentos orgasmos. Las piernas se me doblaban, y me tuve que agarrar de una repisa, que se vino al piso.

Como nunca, había sentido tanta fuerza explosiva al terminar. Fue algo indescriptible y revelador.

Había descubierto un placer nuevo, que iba más allá de un simple orgasmo.

Creo que la combinación de la fantasía con lo prohibido eleva mi emoción a los máximos niveles del placer. Se, que moralmente este mal. Pero, en el fondo siento que mi Amor a la familia sigue intacto.

Es cuestión de puntos de vista:

Tal vez, ahora entienda un poco más a mi Madre.

Continúa..

Korina Alejandra

Buenos Aires