Si tú no lo quieres, yo sí
Ella no busca amor, solo placer sin ataduras. Cuando la curiosidad se cruza con el deseo, la línea entre lo público y lo privado se difumina contra el capó de un coche, donde cada gemido es un secreto compartido con el viento.
Me llamo Helena, tengo 29 años y soy de España. Soy una mujer normalita, ni muy atractiva ni demasiado poco, pero tengo carita de inocente y eso me viene muy bien, porque me ayuda a esconder la pequeña zorrita que llevo dentro.
Me gusta mezclar en mis historias la realidad con la ficción, escribiendo cosas que me sucedieron y otras que me habría gustado, aunque no pasaran. Pero esta es una ocasión especial, así que en mi primer relato voy a contar una situación con mucha más realidad que ficción.
Tendría yo diecimuchos o veintipocos, estaba empezando a descubrir las marabillas del sexo y, después de romper con mi primer novio, pasaba por una etapa de desmelene y desenfreno. Me aficioné a hablar con hombres a través de chats y llegué a quedar con alguno de ellos. Por desgracia, la mayoría fueron un mal polvo en el coche o una follada rápida en el baño de un centro comercial, así que me aburrí rápido de aquello. Necesitaba encontrar a alguien con quien follar frecuentemente, sólo eso, y que pudiera dedicarme el tiempo que necesitaba para que disfrutáramos ambos.
Un día estaba hablando con una amiga de nuestros distintos ligues y ella me habló de Pablo. Era un chico que estaba muy interesado en ella, algo mayor que nosotras y, a juzgar por las fotos que me enseñó, muy guapo. Dejé pasar el tema, pero desde ese día no podía dejar de pensar en ese Pablo. Poco a poco le fui tirando de la lengua a mi amiga para que me fuese contando algo más de él, hasta que un día le pregunté medio en broma si, al no querer ella nada con él, si le podía dar mi número, que igual tenía suerte y me alegraba una tarde o dos. Para mi sorpresa accedió y me dijo que le daría mi numero, aunque yo no creía que él me fuera a hablar.
Unos días después, Pablo me escribió. Me contó que mi amiga le había hablado mucho de mí y que tenía mucha curiosidad por conocerme, así que le había pedido mi número para hablar conmigo. Qué casualidad, le dije, yo también tenía curiosidad por conocerte.
Hablamos durante un par de semanas de tonterías, lo típico: a qué te dedicas, te gusta el cine, cuál es tu serie favorita... Hasta que una noche estaba yo algo tontorrona porque llevaba varias semanas de sequía y me apeteció presionarlo un poco, a ver como respondía. Le envié una foto sugerente, no demasiado explícita y que podía pasar perfectamente por algo accidental si resultaba que él no estaba por la labor de seguirme el rollo.
En la foto salía la tele donde se veía una película de la que me había hablado el día anterior y que usé de excusa. En la parte de abajo se podían ver mis piernas desnudas y, en el reflejo de la pantalla, se podía intuir que el resto de mi cuerpo tampoco estaba demasiado cubierto. Él me respondió preguntándome qué me estaba pareciendo la película y al final del mensaje añadió: "bonitas piernas". Bien, funcionó.
Me disculpé fingiendo que había sido un accidente a la vez que le preguntaba, "bromeando" si le había gustado verme casi sin ropa. Su respuesta me calentó más de lo que ya estaba:
"Preferiría que ese fuese mi sofá, pero sí, tienes unas piernas muy bonitas"
Decidí ir con todo y le respondí:
"Y para que me quieres a mí y a mis piernas en tu sofá?"
"Para poder colarme entre ellas, tiene pinta de ser muy cómodo".
Definitivamente, estábamos en la misma página.
Seguimos hablando un rato, la película olvidada en la tele. Él me envió una foto sin camiseta, yo le respondí con una en la que se me veían los hombros desnudos y el principio de mis tetas. Seguimos hablando mientras la conversación subía de todo y acabamos masturbándonos mientras nos enviábamos audios entrecortados gimiendo y susurrando las ganas que nos teníamos. Yo me corrí con los dedos enterrados en mi coño chorreante con su voz jadeándome al oído las ganas que tenía de follarme.
Al día siguiente quedamos para vernos. La excusa era "tomar algo", pero después de lo de la noche anterior los dos sabíamos lo que iba a pasar. Nos encontramos en un bar y nos tomamos una cerveza juntos, entre miradas pícaras y toqueteos. Yo estaba cachondísima y él, a juzgar por el bulto en sus pantalones, no estaba mucho mejor.
Salimos del bar y se ofreció a llevarme en su coche.
-Si me dices por dónde vives, puedo acercarte-, me dijo nada más salir. Me acerqué a él, me puse de puntillas y le susurré al oído: -Quiero acabar lo de ayer. Se me ocurre el sitio perfecto, y no es mi casa.
En este punto es donde tengo que contar que soy un poco exhibicionista. Me gusta follar en público, el riesgo de que te vean, la excitación si lo hacen, probar sitios y posturas nuevas. Al pobre chico lo cogí por sorpresa, pero cuando le conté mi idea no pareció quejarse.
-Estás segura de que quieres hacerlo aquí?-, me preguntó con algo de duda, aparcando el coche. Estábamos en un pequeño descampado, en la entrada de un bosque, que yo sabía que se usaba frecuentemente como picadero. Me giré en mi asiento y le cogí la cara para que me mirara.
-Llevo días muriéndome de ganas y no hay nada que me apetezca más ahora mismo que salir de este coche y que me empotres contra el capó.
Casi ni me diera tiempo a acabar la frase y ya lo tenía pegado a mi, besándome y metiéndome la lengua en la boca mientras sus manos me agarraban las tetas y me las apretaba sobre la ropa.
-Me pone muy cachondo que seas tan directa- me soltó y salió del coche. Lo seguí.
-Quiero comprobar lo cachondo que estás - le dije mientras me apoyaba en el capó del coche y le metía la mano en los pantalones. Le saqué la polla dura y húmeda, me arrodillé y me la metí en la boca.
-Joder, nena, menuda boca tienes. Mmmmm así me gusta, chúpamela así, quieto tocar tu garganta con mi polla.
Me la metí lo más profundo que pude una y otra vez, succionando la punta al sacarla y metiéndomela otra vez hasta el fondo, hasta que el me agarró del pelo y me la sacó.
-Como sigas así me voy a correr en tu boca y hoy no pienso irme de aquí sin follarte.
Me ayudó a levantarme y se lanzó de nuevo a comerme la boca mientras me tocaba por todas partes. Me desabrochó la camisa y me sacó las tetas del sujetador, me pellizcó los pezones y metió una rodilla entre mis piernas para presionar mi coño caliente y empapado.
-Date la vuelta-, me dijo. Obedecí con las piernas temblando y me recosté sobre el coche, haciendo que mis tetas se apretaran contra la carrocería fría. Abrí las piernas lo que me permitió mi pantalón aún abrochado y levanté el culo en una invitación para tocarme.
-Te gusto así, con las piernas abiertas para ti.
-Oh, sí, nena, no sabes las ganas que tenía de esto- me bajó los pantalones y pegó su polla a mi culo, frotándose contra mí. Se apartó un momento para rescatar un condón del bolsillo de sus pantalones y se lo puso. Agradecí mentalmente no tener que pedírselo.
-A qué esperas entonces? Quiero tu polla dentro.
-Tú mandas- me agarró de las caderas y me la metió despacio, dejándome acostumbrarme a él-. Si te duele avísame.
-Estoy bien, tranquilo- sonreí relajada. Su polla estaba entrando suave en mí y haciéndome sentir muy bien.
-Te gusta?
-Mmmm sí -gemí, agarrándome mejor al coche-. Más rápido, por favor.
-Estás deliciosa, nena. Me encanta como entra en tu coño mojado- aceleró el ritmo mientras gemía.
-Joder, sí, así- apoyé la frente en el coche, mi cuerpo moviéndose al ritmo de sus embestidas. Me agarré las tetas para pellizcarme los pezones fríos. Pablo aumentó el ritmo, bombeándome más fuerte y haciendo que me agarrase otra vez al coche, mientras mis tetas botaban.
-Te gusta así? Lo prefires duro, verdad? Eres de las que parece modosita y luego le gusta que se la follen por detrás en público- me siguió follando sin compasión, metiéndome la polla hasta los huevos y haciéndome gemir desesperada.
-Mmmmm me encanta, sigue hablándome así!
-Oh, te gusta que te hable sucio? Qué quieres oír? Lo apretado que está tu coño?
-Mmm sí, te gusta mi coño?
-Me encanta, nena, apretado y mojado.
-Te gusta lo zorra que soy?-en ese punto casi deliraba y me solté completamente
-Quieres oír eso?
-Sí, por favor, dímelo! Dime lo guarra que soy?
-Oh, nena, mírate, suplicando por que te llame zorra. Sí, lo eres, una pequeña zorrita a la que le gusta que la folle duro y le recuerde que es una guarra
-Mmmm joder me voy a correr si sigues así- me retorcí sobre el coche y bajé una mano para tocarme, pero me lo impidió.
-Tu coño es mío hoy- deslizó una mano hasta mi clítoris y me lo acarició mientras seguía follándome.
Gemí con fuerza, lloriqueé y le supliqué que no parara. Su polla siguió bombeándome hasta que gruñó, se apretó contra mí y se corrió dentro. No dejó de mover los dedos sobre mi clítoris y lo seguí podo después, gritando de placer y derrumbándome contra el coche. Él me dió la vuelta y me abrazó, besandome y acariciándome la piel expuesta.
-Sí, tienes unas piernas preciosas.
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