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Dominaciónmar 2023

Sandra

Juan siempre soñó con tenerla bajo su control, pero nunca imaginó que ella misma se ofrecería. Cuando la necesidad golpea más fuerte que el orgullo, la línea entre empleada y objeto se desdibuja. Esta vez, no hay salida, solo sumisión.

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- Necesito dinero

Siempre ha sido muy directa al expresarse, pero hoy su semblante la hace más contundente. Después de 10 años en la empresa esta es de las pocas veces que Juan se sorprende.

No es para menos. Siempre viste de manera elegante, formal. Hoy esa falda ceñida, a medio muslo o la blusa marcando su torneado busto y mostrando buena parte de él con un pronunciado escote la hace tremendamente atractiva. La chaqueta le da ese toque de distinción pero…. también las medias, ese brillo, con los tacones las piernas se alargan… Juan la escanea, casi a escondidas. Sabe de lo cortante que puede ser cuando siente algo de “indiscreción”... pero el morbo es inevitable. Siempre se ha sentido atraido por su empleada, alguna paja se ha hecho a su salud o imaginado que era a ella a quien follaba cuando lo hacía con su parienta. Después le entraba un cierto remordimiento: la gran amistad con su marido le llevó a ser su padrino de boda y contratarla cuando este se lo pidió.

Atractiva pero también eficaz, ni un retraso, ni un error, siempre correcta…. y ahora ¿que hacia ahÍ? ¿porqué?

- ¿Y eso? ¿quieres un adelanto?

- No. Necesito mucho

- A final de año, hay subida…

- Más

- Joder, tía ¿Cuánto necesitas?

- Trescientos mil

La cifra dejó estupefacto a Juan. La naturalidad con que la había soltado Sandra también

- Pero ¿Qué coño…? ¿Qué ha pasado?

- Rodolfo. Nos ha metido en un lío muy gordo. Lo vamos a perder todo

¿Era una broma? ¿una cámara oculta? El rostro impasible, serio pero inmutable, hacía dudar. Se espera que al comunicar un palo así la gente se desmorone, llore, grite, muestre su desesperación.

Pero, claro, Sandra no es así. Nunca lo ha sido.

- A ver, explícame…

- Hay poco que decir. Una puñetera inversión que no me consultó. Dos hipotecas, los ahorros y hasta la cuenta de sus padres… un desastre.

- Te veo muy entera

- Ya he pasado lo mío. Un finde de mierda. Sus padres aún no saben nada. Ni mi hija. ¿puedes ayudarme?

- Es mucha tela, Sandra… y precisamente ahora me pillas… es mucha tela, no puedo.

- Estoy dispuesta a lo que sea

Una frase contundente. Un aldabonazo que dejó momentáneamente sin palabras a Juan. ¿qué significaba eso? ¿lo que quería entender? Su rostro seguía impasible, pero su cuerpo, su manera de vestir en estos momentos…

- Sabes que esa frase se puede malinterpretar, ¿no?

- A lo que sea

Bajó la mirada al pronunciar de nuevo la frase. Un silencio incómodo se apoderó de la estancia. Los sueños libidinosos de Juan parecían más cerca que nunca. ¡Cuántas veces se había pajeado imaginandola de rodillas bajo el escritorio! Pero era la mujer de su amigo. Muy deseable, estaba…. está buenísima, pero…

- ¿Te prostituirias? - algo se removió en su pantalón y su pecho al pronunciar la pregunta

Otro silencio. Sandra levantó la mirada. Ya no era tan contundente, pero sí la frase, repetida.

- A lo que sea

- Joder, Sandra. Piénsatelo bien. ¿Sabes que estás diciendo?

- Necesito dinero. No puedo elegir

- Pero… Rodolfo…

- No sabe nada. No debe saber nada. A final de mes se va a Irlanda

¡La plataforma! De jóven ya se había ido. Antes y después de casarse. 6 meses en una plataforma petrolífera del Mar del Norte suponen una fuerte inyección de dinero. Mucho trabajo, muy pesado y mucho dinero.

- Pero necesito dinero ya…

- Te puedo prestar cincuenta mil, pero con tu sueldo…

- Súbemelo…

- A cuanto? 100 más, 200? tardaría en dev…

- Al doble

Un torbellino colapsaba los pensamientos de Juan. Al tiempo que algo en su pantalón crecía y hubo de poner la mano encima para calmarlo… Una puta. Su secretaria y amiga estaba ofreciéndose como puta, amante, sugar… Imposible de digerir. No así. No tan de golpe.

- A ver, Sandra, ¿me estás pidiendo que te duplique el sueldo a cambio de sexo?

- Por ejemplo… Sí. Lo que quieras. Dispuesta a todo.

- ¿Sabes chica? Estás buenísima. Te echaría un polvo ahora mismo, tengo la polla a reventar con esta conversación… pero vamos a calmarnos. Vete a casa. Mañana a las 8 nos vemos. Reflexiona. Yo también lo haré. Es muy fuerte lo que dices. Te tengo muchas ganas, lo confieso, pero no voy a meterme en líos. Tú tampoco deberías. Meditalo. Pensaremos alternativas y… mañana…

- Vale. Pero estoy decidida. Lo he pensado ya mucho. Si no eres tú, buscaré…

- Va. Calla ya. Mañana a las 8

Inevitable. Cualquier premisa, cualquier pensamiento, pasaba por la previa de una paja. Pasó el cerrojo a la puerta del despacho y su mano alivió el torbellino de pensamientos. ¡Joder, si no eran más que las 11! Todo el día por delante.

Un día en el que la mente no lograba centrarse y aún tres pajas más… la última en el aseo de casa, mientras su mujer dormía. El no pudo pegar ojo.

A las siete y cuarto ya había llegado al despacho, sorprendió a la limpiadora, nunca le había visto tan pronto. Le disculpó de su tarea pidiéndole que limpiase al día siguiente. Debía prepararse mentalmente. Solo esperaba que Sandra se lo hubiese pensado, porque lo que había pensado él podía ser demoledor para ella. Seguramente solucionaría su falta de liquidez, justificaría el aumento… pero sería muy duro para ella.

Desde las ocho menos cuarto sus ojos no se despegaron del relojito de la mesa. Cada minuto parecía una eternidad. A las ocho y diez se sintió aliviado “se lo habrá pensado mejor”... seguía mirando el reloj pero cada vez más centrado en la faena. Aunque le venían ramalazos de lo que podía haber sido. Y quince, diecisiete… ahora una pajita para calmar el ánimo.

Pero no le dió tiempo. Ocho y diecinueve. Ahí estaba Sandra. Aun más impresionante. O se lo parecía. Parecía que el sujetador le hacía mayor el pecho, que la falda mostraba más sus espectaculares muslos, maquillada, muy atractiva... y sus manos entrelazadas delante, moviendo los dedos con escaso control.

- Acepto

No era la palabra que esperaba. De todas las opciones que se le habían ocurrido en las pasadas horas no era ninguna que hubiese imaginado.

- ¿Aceptas? ¿Qué? No te he hecho ninguna propuesta aún

- Lo que quieras. Lo que digas. Lo acepto. Sí.

- Mira Sandra, le he dado muchas vueltas y te voy a ser muy sincero. No quiero una puta, ni una amante. Nunca he pagado por sexo y, además, me saldrías carísima. No puedo permitirmelo. Pero hay una opción, podemos probar y, si todo va bien, compensaremos tu aumento de sueldo en la empresa

- Acepto

- No corras tanto. Aún no te he dicho. Vas a ser la puta de la empresa.

Sandra abrió los ojos como platos. ¿qué significaba eso?

- Serás una scort, lo que llaman una acompañante de lujo. Una parte de los gastos de representación se nos van en regalos a los buenos clientes: cenas o… clubes. Tú puedes ser ese “regalo de empresa”

- ¿Quieres que me acueste con los clientes? - El semblante de sandra mutaba entre el asombre y un cierto enfado

- Eso ya depende de tu habilidad. Si reducimos esos gastos podré justificar tu aumento sino… no se me ocurre otra.

- Juan, no puedes hacerme eso.

- Mira chica, no soy yo quien se ha ofrecido a abrirse de piernas por dinero…

- Pero eso… cualquiera…

- ¿Que más da que te folle uno muchas veces que muchos de vez en cuando?

- Juan, no…

- Hace un momento me decias que aceptabas todo y ahora…

- Pero…

- Va. Déjalo. ¿No decías que buscarías otro? Pues vale… suerte

Se hizo el desentendido, miraba los papeles sobre su mesa como si los leyera, como si se enterara de que iban… esperaba su respuesta. Que se marchara. O se quedara.

El silencio fue breve pero parecía inacabable.

- Acepto

La polla de Juan tomó vida propia. Si el flujo le había humedecido los calzoncillos hasta notar una pequeña mancha en el pantalón, ahora pugnaba por salir de su encierro, que su dueño pronunciase un “ven y chúpamela” y hundirse en esa boca hasta vaciarse.

- Tengo unas ganas locas de follarte, pero no me fío de tu lealtad, de tu sinceridad, de que te arrepientas… así que he pensado una prueba

- ¿Qué prueba?

- Vas a comerle la polla a Rubén

- ¡¡A Rubén!! ¿por qué…?

- Considéralo un favor personal que le hago. Hace más de un año que no moja. Desde que lo dejó la parienta. Es una obra de caridad por tu parte… bueno, tampoco porque vas a cobrar bien.

- A Rubén, no. Me conoce…

- Todos en esta empresa te conocen. Es preferible a algun desconocido. Al menos para mí. ¿Qué? ¿Sigues con tu “acepto”?

- Si… Acepto - por primera vez, el rostro de Sandra mostraba su debilidad. Su carácter estricto era de aceptada sumisión

- Él aún no sabe nada. Le voy a llamar para que no piense que es una broma. Claro que lo mismo no quiere… Bueno, te explico. Te va a grabar.

- Noooo. Fotos no.

- Fotos no… te va a grabar. Grabará tu cara mientras le pides que te deje chuparle la polla…

- No, por favor…

-… te grabará pidiéndole que te deje comerle la polla, luego como te pones de rodillas, le abres el pantalon y se la chupas hasta que se corra

- No, por favor, eso…

- En la boca o en la cara… donde prefieras. Y no dejes de mirar el móvil. Es mi garantía de que no me harás ninguna jugarreta.

- Juan, yo no…

- Mira Sandra, os aprecio mucho, a tí y a Rodolfo, lo sabes. Pero no me voy a meter en un lío por ésto. Una persona desesperada es capaz de cualquier cosa…. y no voy a arriesgarme. Ni por tí ni por nadie.

Cabeza gacha. Las manos crispadas, pero su semblante no reflejaba la rabia interior. Era de sometimiento.

- La decisión es tuya. O Rubén o te vas a casa a buscar otra solución.

- Vale

- Ok - Juan cogió el teléfono - Rubén? Sí. Juan. ¿tienes mucho lío? ¿te acuerdas la de veces que hemos bromeado con tener a Sandra de rodillas…? qué ganas, ¿eh? ¿y si te digo que va para allá a comerte la polla? No…. ¿broma? Cómo va a ser una broma?

(A Sandra): vamos. Está en el almacen del segundo piso. Vete al aseo y espéralo allí. Cuando acabéis vuelve (Al teléfono): Va para allá. Te espera en el aseo del segundo piso… o la esperas tú, quien llegue antes… Que noooo, que no bromeo, no es ninguna coña. ya te explicaré. Solo hazle caso. Eso sí, has de grabarlo, llevas el móvil encima espero. Pues eso. Tiene instrucciones de mirar a la cámar… Oye, en serio, si no quieres no pasa nada. En cuanto te pida que la dejes chupartela le dices que no y…. jajajaja… ya me extrañaría… en la boca o en la cara. Si se lo echas en la cara que no se limpie… que sí, que ya te explico. Que tiene un problemilla y esta es la mejor… ¡joder que pesado! Dile que no quieres que le chupe y listos… No olvides enviarme el video… desde que te lo pide hasta que te corras. Joder! tú mismo. Pero si lo haces quiero el video de inmediato en mi móvil. A tomar..!

Cumplió. Cumplieron los dos. A los 15 minutos llegó el aviso del video. Ella había llegado primero. Le esperaba de rodillas. “¿puedo chupártela?”

Antes de acabar de ver el video apareció en la puerta. Sobre el suéter unas gotas. No había podido tragarla toda.

Ahora sí. Todo el morbo del mundo se desató en la polla de Juan. Su turno. ¿que se desnude? ¿follarla inclinada sobre la mesa? ¿que se pusiera bajo la mesa a…?

Lo primero la mirada. Sumisa pero lastimera. No. Recordó que tenía un fular en el cajón. Era un pañuelo, serviría igualmente… no quería miradas de reproche. Aún no, quizás…

Le extendió el pañuelo

- Tápate los ojos

Puede que también fuese un alivio para ella. No mirarle. Imaginar que era otro a quien… no su amigo.

Se decidió por el sueño de todo oficinista. De rodillas bajo la mesa, pero primero desnuda. Tocó todo, lo importante, tetas, culo… metió un par de dedos en su boca y la condujo a ciegas bajo la mesa. Ella debía liberar el “monstruo” metérselo en la boca. Mientras Juan acababa de ver el video. Y una nueva maldad le vino a la cabeza

- María ¿puedes venir un momento?

- Nooo… por fa… María no

- Calla y chupa. No puede verte a menos que saques los pies bajo la mesa.

El ruido de la puerta al abrirse le aceleró el pulso. Dejó de mamar pero una mano en su cabeza le indicó que siguiera.

- ¿sabes si Raul esta en el almacén?... No, bueno, déjalo, si acaso ya le llamo yo. Pero ya que estás aquí… ¿puedes sacarme una relación de los pedidos de los últimos tres meses? Con el nombre del cliente y el importe es suficiente. Gracias

No llegó a traspasar la puerta. Por lo que no puedo ver la ropa plegada sobre el archivador.

- Eres un cabrón…

- Sigue chupando… no, mejor. Ve a cerrar la puerta, María no la ha cerrado del todo y lo mismo vuelve..

- Estoy desnuda!

- Lo se… eso le da más morbo al asunto. Vamos, cierra y pon el cerrojo que quiero follarte.

- No, no veo. El pañuelo...

- Vale, puedes levantarlo pero lo justo para cerrar la puerta y pillar tus bragas. Te las metes en la boca, te inclinas sobre el escritorio y ya no te hace falta ver nada más.

Fueron movimientos rápidos, precipitados… hasta tomar las bragas en las manos. Miró suplicante a Juan.

- A la mesa

Se giró hacia ella… Una última mirada a Juan, a su polla animada por la mano

- Tápate los ojos y cómete las bragas… inclínate. Será rápido. Espero que tomes algo porque no tengo condones

No respondió. Lo que Juan asumió como afirmación. Solo dió un respingo al notar la punta de la polla moverse entre su culo y el coño

- Gggnnnnn el culo no!! - hubo de librarse de las bragas para poder decirlo

- El culo otro día. No creas que me quedaré sin probarlo. Hoy voy muy quemado y estoy a punto… sería un desperdicio. Cómete las bragas

Entró suave, hasta el fondo. Apenas lubricada pero la lentitud en que la fue incrustando le permitió acomodarse, salvo algún movimiento de incomodidad….

Dentro-fuera-dentro-fuera y al quinto vaivén la enterró de golpe en sus entrañas, tomándola por las caderas. Un grito ahogado y luego un murmullo, un lamento mientras ambos sentían cada chorro inundar la vagina.

- No te muevas - Salió de ese acogedor coño y se deleitaba mirándola, esas gotas cayendo del espacio que había ocupado, esas piernas firmes, ese culo prieto, las tetas aplastadas sobre la mesa.

Seguramente ella sollozaba, pero la sensación de poder era inmensa, ya no le conmovía. Su polla se resistía a relajarse. Ya no era el palo que atravesó a su amiga pero mantenía la compostura. Otra vuelta de tuerca. Rodeó la mesa y se posicionó frente a su cabeza.

Rechazó su primera intención: tirarle del pelo para levantarle la cabeza, ya habría tiempo de ello, le quitó las bragas mordidas de la boca, la tomó de las mejillas y posicionó su polla frente a los labios

- Chupa

Ya daba igual. Las lágrimas que bajaban de la venda tampoco hicieron mella. O sí, porque la polla fue perdiendo consistencia.

La abandonó. Oyó cómo cerraba su pantalón. No se atrevió a moverse siquiera cuando notó que dejaba su ropa junto a la mesa. Esperaba órdenes.

- Vístete

Le oyó abrir la puerta y cerrarla. Se quitó la venda. Estaba sola. Se vistió mientras su cabeza era una mezcla de vergüenza, rabia, impotencia… resignación. Se enjugó las lágrimas con el pañuelo y lo volvió a dejar en el cajón de donde había salido

Abrió la puerta despacio. No vio a nadie. Si iba hacia la izquierda se toparía con María, a la derecha hacia el almacén… o la calle. La elección era clara.

Quedaba toda la jornada por delante pero no se sentía con ánimos de ir a su mesa, debería cruzar frente María y… no. Ni siquiera dando un rodeo. Mañana será otro día. “Hablaremos” pensó.

Tampoco podía volver a casa. Su marido se extrañaría. Deambuló por las calles, en un escaparate descubrió las manchas del suéter, no se había enterado al ponerselo, entró en un aseo a intentar limpiarlo, secarlo.

Le invadió la sensación de que su vida se había roto. En realidad se rompió el jueves cuando Roberto le confesó el desastre. El viernes aguantó en el trabajo esperando que todo fuese un mal sueño… pero por la tarde comprobó que el desastre era incluso mayor de lo que creía.

¿Y ahora? Puta. Alguna vez había jugado con Roberto a hacer de “pilingui”... pero ésto era real. Más de lo que pensaba. Incluso creyó que Juan… ¡A la mierda! Todo se había ido a la mierda. Su mundo a la mierda, su dignidad a la mierda… y poco faltaba para que su familia, su hija, sus padres.

Rompió a llorar en el banco del paseo. Algún transeúnte la miró… pero nadie se atrevió a preguntar. Todos tenemos nuestros problemas.