Tu madre, la puta de todos tempor 5 capítulo 9
En un almacén abandonado, cuatro mujeres se arrodillan ante un grupo de hombres que no buscan solo placer, sino dominación absoluta. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar la sumisión cuando el dolor y la humillación se convierten en el único lenguaje del deseo?
CAPITULO IX
CONTINUA LA SESION AHORA DE LAS CUATRO
Pablo se acercó y señalándola me dijo,
"¿Pero es que todo el mundo se va a follar a tu hermanita, menos nosotros?.
"Tío, es como es, con y cuando le apetece", le respondí.
Pero tenía razón. Con la cantidad de tiempo que pasábamos juntos, ya tenía que haberse dejado de hacer la dura con los chicos. Aplicaba a rajatabla el refrán, "Donde tengas la olla, no metas la polla".
Ahora se entretenían en escupirlas a la cara, acompañado de toda clase de insultos por su sexo y religión.
O estos tíos tenían su papel muy bien aprendido, o eran unos expertos en vejar, humillar y golpear a las mujeres.
Seguramente era una práctica habitual en sus culturas.
Lógicamente, todos querían follarse a las cuatro, así es que hicieron cuatro filas de seis cada una, con la incorporación de Rodrigo. Todos se pusieron los condones reglamentarios, y uno de ellos se tumbó en el suelo. Los otros integrantes de la fila llevaron cada uno a su puta sobre el que estaba tumbado, y este se la metió en el coño. Las dieron cuatro meneítos y el siguiente de la fila se encargó de follarla el culo. Delante, en su cara, cuatro de nosotros le dábamos de mamar.
Aquellas tías, iban a probar 30 pollas nuevas en medio día. Bueno en el caso de Paloma se quedaba en 25, ya que los demás ya la habíamos follado.
Los moros follaban como si les fuera la vida en ello, con embestidas seguidas usando todo el largo de sus pollas.
Aquello era un escándalo, entre los gritos de los tíos poniéndoles a parir, a los jadeos y gemidos de las putas, que sentían todos sus agujeros llenos, perforados.
Jessica, mención especial. La habían tocado tres negros, y yo no sé que comerán estos negros de pequeños, para tener casi todos, pollas descomunales. Empezaron dos para que se acostumbrara a tener los agujeros bien abiertos. Como ella era muy blanquita de piel, entre los dos negros parecía un helado de esos de gran bombón, de chocolate, vainilla y chocolate.
La estaban dando duro. Estos insultaban menos y follaban más. A ritmo, metiendo las pollas enteras en el cuerpo de Jessica, que por momentos se quedaba con los ojos en blanco, entre espasmos. De hecho, ella acompasaba el ritmo de su cuerpo con la follada de los negros, para facilitar la máxima penetración.
Lucía y María, estaban cobrando de lo lindo. Tenían al moro que mamaban, que además de metérsela entera en la boca cuando hacia el retroceso, las abofeteaba, el que estaba tumbado las estrujaba y mordía tetas y pezones, y el que las enculaba, no paraba de darle azotes en el culo. Lucia hacía tiempo que había dejado el lado ñoño, y disfrutaba como lo que era, una perra. Era evidente que aquellos tíos representaban un papel, y lo hacían a las mil maravillas. Antes de que se fueran habría que pedirles un contacto, por si les necesitábamos.
Estuvimos dándolas hasta las 14 horas en que ya el estómago nos reclamaba comida.
"Pedimos algo de comer?, pregunté en general.
Rodrigo se dirigió a uno de los moros. Debía ser su contacto, y volvió diciendo que ellos podían estar el tiempo que quisiéramos.
"Vaya pues tendríamos que pedir comida para 30. Para que estos puedan comer podíamos pedir unos pollos", les dije.
"Con patatas”, dijo Pablo.
"Sí, o ensalada", dijo Don Arturo.
"Y para beber, unas litronas para nosotros y agua para los moros y las perras
"Las perras no comen?", preguntó Jaime.
"Sí claro, pollas", dijo Rodrigo.
"Sí, además el pollo genera mucho hueso, seguro que pueden alimentarse con ellos", les dije.
"Vale pues llamo a un asador de pollos que hay enfrente del polígono, y lo pido. Y cuando estén, se acerca alguien a por ellos", dijo Rodrigo.
Al momento volvió Rodrigo.
"Ya está. He pedido 9 pollos en cuartos, 30 raciones de patatas, 5 litronas, y 30 botellas de 2,5 litros de agua, y ante el volumen del pedido, nos regala tres ensaladas, y lo traen en cuanto los tengan asados. Son 105 euros, ¿cómo lo pagamos? ", dijo Rodrigo.
" Pues quitando las perras y los moros, somos 8, tocaríamos a 15 euros cada uno en número redondo. Lo que sobra de propina", dijo Pablo.
Y todos nos rascamos el bolsillo y juntamos el dinero para pagar cuando llegaran.
Mientras, los moros seguían a lo suyo, que no era otra cosa que follarse a las cuatro putas.
Se ve que querían una corrida antes de comer, y se empleaban más a fondo todavía. Ahora habían cambiado las pollas en las bocas, por hacerlas lamerles el culo, o los pies, incluso las apoyaban la cabeza contra el suelo y se la pisaban con un pie, mientras dos las follaban a saco.
Se fueron corriendo y al quitarse los condones los fueron dejando todos juntos encima de la espalda de la puta en la que se habían corrido.
Cuando todos se corrieron, uno cogió a su puta del pelo, echándole la cabeza para atrás, todo lo que podía, mientras otro le habría la boca sin miramientos, y otro le metía los siete condones en la boca.
"Ahora puta, vas a masticar los condones hasta que extraigas de ellos toda la leche que tienen y la tragues. Solo entonces podrás escupirlos. Si alguno sale con leche aún, te matamos a ostias", le dijo el moro que les metía los condones.
Muy explícito y convincente el moraco.
Tenían tarea las cuatro. Pese a que los condones ya habían llevado un buen trajín follando ocho coños y ocho culos, les iba a costar romperlos y extraerles la leche.
Y allí estaban masticando como locas.
Paloma de vez en cuando me miraba, pero no adivinaba ningún reproche en su mirada.
La verdad es que era divertido ver a las cuatro menear las mandíbulas como locas.
Uno de los moros preguntó por un wáter, y a Rodrigo no se le ocurrió otra cosa que decirle
"Coño, méate dentro del culo de alguna puta".
El moro, satisfecho con la idea, se fue a por la primera que era Lucía, se la metió en el culo y estuvo un rato meando. Cuando terminó la sacó y se la puso en la boca a Lucía para que se la limpiara. Esta, con la boca llena de condones, hizo lo que pudo con la polla del moro.
A los otros les parecieron divertidos los urinarios portátiles y todos se animaron a usarlos.
Las putas recibieron seis meadas cada una en su recto e intestino, ya que Rodrigo también se animó en el culo de Paloma. Teniendo en cuenta que una meada normal puede rondar los 300ml. cada una había recibido 1,8 litros. Una lavativa a lo bestia.
Cuando terminaron los 24, Rodrigo les dijo,
"No dejéis escapar ni una gota, putas".
Teniendo en cuenta que el intestino absorbe más de un 80% del líquido que le llega, a poco que aguantaran las meadas absorberían gran parte de ellas.
Aquello resultaba todo super morboso.
Fueron echando condones vacíos. Uno comprobaba que estuvieran rotos y sin leche en su interior.
Estas ya estaban alimentadas.
No tardaron mucho en llegar los pollos. Los trajo, según Rodrigo, el propio dueño del asador.
Al entrar y ver el espectáculo, se quedó petrificado, comiéndose a todas con la mirada.
En ese momento las cuatro perras, estaban a cuatro patas esperando acontecimientos, y conteniendo los meados en sus intestinos.
Según nos contó Rodrigo, le preguntó si él podía quedarse, y que le contestó que como veía había pollas de sobra. Que otro día le avisaba.
Uno de los moros, se acercó a hablar con Rodrigo, y ambos se fueron hacia la ferretería.
Volvieron al momento con cuatro cubos y le dieron un cubo a cada una, ordenándolas vaciar en él sus culos.
Las putas se sentaron en el cubo, y no solo vaciaron sus intestinos, sino que las cuatro aprovecharon para vaciar sus vejigas también en él.
Cuando terminaron, las volvieron a mandar ponerse a cuatro patas y cambiaron entre ellas los cubos, de tal forma que el de Lucía fue a Paloma, el de Paloma a María, el de esta a Jessica y el de Jessica a Lucía.
Si como todo apuntaba iban a tener que hacer algo con el contenido de los cubos, el plan había sido endiablado, ya que lógicamente en los cubos había meado de los moros y heces y meado de otra perra.
Paloma me hizo una señal. Tenía que reportar. La llevé de nuevo a su móvil y llamó otra vez a las dependencias diciendo que seguían en misión.
Cuando terminó, me dijo,
"He perdido la cuenta de las veces que me he corrido. Jamás pensé que yo pudiera hacer lo que estoy haciendo".
"Pero que puta eres", le dije sonriendo y volviendo a dejarla con las otras.
Rodrigo y un par de moros estaban liando las manos de las otras mujeres con cinta americana. Lo hicieron con los puños cerrados, con lo que quedaban dos muñones. Como complemento les pusieron unas anillas grandecitas en el extremo del muñón. También firmemente sujetas con la cinta americana. Una vez las cuatro listas, las pusieron las dos manos en la espalda, sujetándolas con un candado por las anillas.
Alba que en todo momento seguía mirando por el negocio, le había preguntado a María, mientras yo estaba con Paloma, que como iban. Que si estaba cumpliendo sus fantasías.
María le dijo que fenomenal, que estaba totalmente encelada, que sin duda repetiría, y que veía a Lucía totalmente integrada, que había pasado del pánico del principio, a disfrutar como la que más de aquel trato tan humillante y vejatorio. Y le añadió al final,
"Creo que uno de los primeros hombres nos conoce perfectamente. A ver si consigues que se quite la máscara".
Vaya, había salido espabilada la buena de María.
"Pues el momento de la comida, es el perfecto para quitarnos las máscaras que estoy hasta el culo de llevarla. Haremos que Lucía interactúe con su papá", le dije a Alba.
Y así lo hicimos cuando nos sentamos los treinta a comernos los pollos, nos quitamos las máscaras. Jaime intentó ponerse de forma que, aunque las putas estaban cuatro patas con el culo hacia nosotros, si se volvían no le vieran.
Era divertido saber cuánto iban a durar en esa posición sin desplomarse de bruces, ya que, al tener las manos sujetas en la espalda, aguantaban todo el peso de sus cuerpos con los lumbares y dorsales.
Yo comí un poco de pollo y unas patatas, y me puse a jugar con las putas. Les hice hacer un trenecito comiéndose el coño.
Puse a Lucía la última a propósito. La primera, mi protegida, Paloma. Luego Jessica comiéndole el coño. María se lo comía a Jessica y Lucía a María.
Jaime tenía la polla a reventar de ver a su hija comerle el coño a la madre
"Ponte un poco de pollo en el prepucio. Vamos a hacer que tu hija se lo coma", le dije a Jaime.
"Como?, no, no no", dijo él.
"Tu mujer ya sabe que estás aquí por algún ruido que has emitido. Ahora le toca a Lucía enterarse", le dije.
"En serio?, ¿y no ha dicho nada?", preguntó.
"Que está gozando como una perra", le dije.
"Que puta", dijo él, "pero Lucía....".
"Póntelo que voy a por ella", le dije.
Casi a rastras, caminando solo con sus rodillas y sujeta por delante con la correa de su collar, la llevé al grupo de tíos, donde estaba Jaime. Ella le vio casi desde que la giré, y no le quitaba ojo de encima, ni a él ni a su polla.
"No hacen falta presentaciones", les dije, "puta comete el trozo de pollo que este señor tiene para ti, y luego cómele bien la polla", le dije a Lucía.
Lucía llegó a escasos milímetros de la polla de su padre. Con los dientes, cogió el trozo de pollo y se lo comió. Se quedó dubitativa, si mamaba su polla o no. Debió de pensar que a esas alturas seguro que a lo largo de la mañana ya se la había comido, y seguro que le había follado coño y culo.
Se aferró a su polla con firmeza, pero tenía la mirada perdida.
"Mira siempre a los ojos de quien mamas la polla, puta", le dije, "aumentara vuestra unión en el acto”.
Lucía lo hizo. Cada vez la mamaba con más intensidad, y si apartar sus ojos de los de su padre.
Este por su parte, no rehuía la marida, es más la cogió por la cabeza, y empezó a empujarla contra él.
A estas alturas, Lucía ya aceptaba todas las pollas a tope en su garganta.
Para nuestra sorpresa, después de un rato de mamarle, Lucia se levantó, separó sus piernas, se puso sobre su padre, y empezó a cabalgarle.
No dejaba de mirarle los ojos ni un instante, y empezó a hablar con él.
"Venga cerdo, fóllame duro. Llevas años queriendo hacerlo", le dijo.
Jaime, sorprendido le dijo,
"No insultes a tu padre, puta", mientras le daba fuertes azotes en el culo.
"Así, cabrón demuestra que tienes huevos. ¿Te gusta ver como se follan a tu mujercita?", le preguntó.
"Sí, zorra, me encanta ver como se follan a mis dos putas", le dijo un Jaime desatado.
"Me ha encantado ver como vomitabas ante tu primera polla de verdad, como te enculaban y tu sin rechistar. Sabíamos que eras una puta, por eso tu madre te ha traído aquí, para que te muestres como realmente eres”, le añadió Jaime.
Lucía jadeaba con fuerza y frotaba sus tetas contra el pecho de Jaime.
María presenciaba todo en silencio, pero con cara de satisfacción.
No tardó Jaime en vaciarse en el coño de Lucía.
Los moros, expectantes ante la situación. No debían entender porqué ellos usaban condón, y Jaime no.
Cuando Lucía se levantó, una gran cantidad de semen salió de su coño. Esperemos que tomara algo, o al menos no estuviera en días fértiles, porque si no lo mismo Jaime tenía un hijo /nieto.
Los moros se estaban entreteniendo en tirarles los huesos de los pollos a las otras tres perras. Les conminaron a chuparlos y sacar toda la carne que pudieran, sino querían que fueran ellos quienes sacaran las carnes de sus huesos.
La amenaza era lo suficientemente fuerte como para obligar a las cuatro, lucia ya había vuelto, a intentar coger los huesos y chuparlos para sacar todo.
Era una odisea. Al no poder usar las manos, alguna se apoyaba en la nariz, otra en la cara...
Los moros lo pasaban en grande.
"Ehy!!, ehy!!!, putas, no queremos que os deshidratéis, beber del cubo que tenéis delante", les dijo Rodrigo.
Como era de esperar, no le hicieron caso, lo que cabreó a Rodrigo.
Hizo una señal a Don Arturo y dos moros y se fueron a por ellas.
Rodrigo se colocó detrás de Paloma, Don Arturo detrás de Lucía, y los dos moros detrás de Jessica y María.
"Separar las piernas, putas", les dijo Rodrigo.
Las cuatro obedecieron.
Los otros esperaban a ver que hacía Rodrigo.
Este dio un paso atrás, y lanzó una patada que estalló en el coño de Paloma. Esta se derrumbó en el suelo cayendo sobre sus tetas en un afán por evitar que su cara fuera la que impactara con el suelo.
Los otros imitaron a Rodrigo con el mismo resultado para las putas.
"Y ahora beber, cerdas", les dijo Rodrigo.
No tuvieron que repetirlo. Las cuatro metieron la cabeza en el cubo que les habían puesto delante y empezaron a beber.
Rodrigo se encargó de comprobar que efectivamente las cuatro bebían, superando sus ascos al líquido que bebían.
Seguimos tirándoles hueso, y diciéndoles de vez en cuando que bebieran.
Las putas cogían los huesos del sucio suelo con la boca, los chupaban y los tiraban otra vez. Todo esto dificultado al no poder usar las manos.
Aquello era demasiado excitante. Las erecciones se nos sucedían prácticamente de continuo.
Ahora Rodrigo hablaba con el moro de siempre.
Seguro que algo estaban tramando.
"A ver, putas, en pie y formar una fila", les dijo Rodrigo que se había erigido como organizador de aquello.
Las mujeres lo hicieron.
El moro, hablaba en árabe con sus compañeros, diciéndoles vete a saber el que, pero todos reían y dos se vistieron y salieron a la calle.
"Inclinaros hacia delante, a tocar el culo de la de delante con la nariz", dijo Rodrigo..
Habían quedado colocadas así, María, Paloma, Lucía y Jessica.
Tiró de la correa de María hacia abajo, para que se pusiera en la posición que había dicho. Las demás la imitaron. Así, quedaron las cuatro con las tetas colgando. Rodrigo se puso con María y el moro con Jessica.
Les ataron las tetas por separado. Con la cuerda de esparto por las bases y apretando bien la cuerda.
Dejaron un trozo de cuerda como de un metro, colgando de cada teta. Tiraron fuertemente de las cuerdas para levantarlas y asegurarse que no se soltaban.
Rodrigo pasó a Paloma, y el moro a Lucía, repitiendo la operación. Las cuerdas se tenían que clavar en sus carnes, o al menos erosionar la piel.
Una vez las cuatro con las tetas atadas, aparecieron los moros que habían salido con cuatro postes cuadrados de madera. Calculando a simple vista debían de ser de 7 x 7 de cuadrado y algo más de un metro de longitud. Pesarían como tres kilos cada uno.
Rodrigo y el moro de siempre, trajeron una taladradora y unas argollas con rosca.
Hicieron dos agujeros a cada poste, a pocos centímetros de cada extremo.
Apuntaron las argollas en los agujeros y otros moros se encargaron de atornillarlas en las maderas.
Una vez las maderas listas, ataron cada cuerda de las tetas de las mujeres a las argollas de las tablas. Usaron la suficiente cuerda, para que el poste quedara colgando de sus tetas.
Ostia, aquello era salvaje. Las tetas se les habían estirado a las cuatro un montón, pero aún se le iban a estirar más.
Las unieron a las cuatro por los collares, en el orden que estaban.
Rodrigo cogió la correa de María, y tiró de ella hacia la calle.
Aquello si que no me lo esperaba, es cierto que la parte de atrás es como un pequeño patio y alrededor solo hay descampado, pero es arriesgado sacarlas.
Alba volvió a hacerme una señal con la mano al notar mi inquietud, de que me calmara.
Lo hice.
Después de algunos esfuerzos, las cuatro consiguieron salir a la calle. Se les atravesaban los postes en la puerta, y tenían que ingeniárselas para solo con su torso girar el poste un poco para poder pasar la puerta.
Fuera vi una carretilla elevadora, era diésel y levantaba 3,5 toneladas, según ponía.
No la había visto antes, y si la habían traído los moros con los cuatro postes, era el típico ejemplo de "matar moscas a cañonazos".
Una vez las cuatro fuera, Rodrigo les dijo,
"Atención putas, trotar sobre el sitio". A la vez lo hacia el para que no les quedara duras de a lo que se refería.
Aquel movimiento, pese a no ser muy intenso, hacía que los postes se balancearan para un lado y para el otro, tirando tras de sí, sus tetas.
Las tuvo así un rato y luego las grito,
"A correr putas", tirando de María hacia adelante y arrastrando a las demás con ellas.
Aquello ya era más serio. El poste se balanceada de lado a lado estirando sus tetas cada vez más. Las caras de las cuatro, empezaba a reflejar bastante dolor, pero no podían parar o caerían al suelo arrastrando a las demás con ella.
Corrieron hasta el final del patio, ida y vuelta. No hay que olvidar que iban descalzas, por lo que además de sus tetas, sus pies también estaban sufriendo lo suyo.
Ya de vuelta, varios moros se acercaron a ellas. Unos las sujetaban por el collar, y otros cogieron los postes de cada una lo levantaron por encima de sus cabezas, y los lanzaron hacia abajo con todas sus fuerzas. Ahora si las cuatro lanzaron un grito largo casi al unísono.
Lo repitieron varias veces.
"Lo vamos a hacer hasta que se os arranquen las tetas, putas infieles", les decían.
Seguramente eso sabían que no podían hacerlo, pero es cierto que las ataduras de las tetas se habían clavado visiblemente en la base de sus tetas, pero faltaba el toque final.
Arrancaron la carretilla elevadora, y la acercaron de estaban las putas. El que la manejaba, sacó las palas al máximo.
Los moros levantaron los postes hasta una altura en la que podían pasar las palas de la carretilla.
Los postes quedaron reposando sobre las palas de la carretilla. Dos en cada pala.
Todos mantuvimos la respiración. Aquello tenía pinta de ser algo muy fuerte.
Y lo fue.
El que manejaba la carretilla, fue levantando las palas, con lo que levantaba también los postes.
Las fue levantando lentamente. Las putas no tuvieron otra que irse elevando a la vez, se ponían de puntillas, intentando no quedar suspendidas en el aire.
Pero no podían evitar lo inevitable. Al final perdieron el contacto con el suelo. Coño, estaban colgando de las tetas.
Lanzaron un aullido las cuatro cuando se sintieron colgando de ellas. Luego se quedaron inertes, como desmayadas, con la cabeza hacia atrás, pero sin chillar ni nada.
El moro que conducía la carretilla, recorrió con ellas el patio en círculo, dando un par de vueltas. Luego las fue bajando. Cuando ya tocaban de puntillas el suelo, todas lo hicieron, sintiendo seguro un gran alivio. Llegaron hasta a poner la planta entera en el suelo, y en ese momento, las volvió a subir, pero esta vez, a toda velocidad, casi pegando un tirón de ellas.
Y emprendió otro recorrido por el patio, esta vez bajándolas y subiéndolas. De regreso, las dejó en la puerta del almacén.
Rodrigo y otros tres moros, las soltaron las tetas de los postes, y les desataron las tetas.
Les dieron un masaje supongo que para activar la circulación. Alguna tenia las tetas muy moradas.
Paloma me buscó con la mirada. No sé si quería reportar otra vez, o quería matarme también otra vez.
Me acerque a ella, y me la lleve para el móvil.
“Estáis locos perdidos”, me dijo.
“Te juro que esto ha sido improvisado. No lo sabíamos hasta que lo han hecho”, le dije disculpándome, “perdona si te ha molestado”.
“Claro que me ha molestado, mira”, me dijo cogiéndome con los muñones la mano y llevándosela a su coño.
Estaba chorreando.
“Me molesta que me hagáis todas las perrerías que os da la gana, y que yo me corra como una cerda. Me molesta ser tan puta, tan guarra…., pero me encanta”, me dijo.
Esta tía estaba loca. La marque al número de antes, y habló con alguien diciendo que todo en orden, que seguían en la operación”.
“No llamas a tu maridito?”, le pregunte.
“Quieres encularme otra vez mientras hablo con él?”, me preguntó.
“No, esta vez me gustaría follarte mientras lo haces”, le dije.
“Pues venga”, dijo ella.
La recosté en un montón de cajas que había allí, y se la metí, a la vez que la morreaba con ganas.
Ella me respondía con las mimas ganas.
Marque al marido y la dije,
“Le hago videollamada?”.
“Te mato, me dijo, y él me mata a mí”, me contestó ella.
“Entonces mejor no”, dije yo poniéndole el móvil en la oreja.
Me fije en sus tetas, unas ligeras marcas de las cuerdas, pero sin lesiones.
Empezó a hablar con él, y yo a darle con fuerza, a la vez que la masajeaba el clítoris con ganas.
Tenía que hacerla gemir o jadear mientras hablaba con él.
Con lo mojada que estaba el chapoteo en la follada, era inevitable. Yo le dibujaba con los labios,
“Puta, zorra”.
Me miraba con cara de ternera degollada. Solo podía hablar de forma entrecortada con el marido, y como antes la cobertura tenía la culpa.
Cuando vi que se despedía, colgué, pero seguí follándola.
"No consigo hacerte jadear bien mientras hablas con él", le dije.
"Me vuelves loca tío", me decía ella, "Dame con todas tus ganas".
Y lo hice hasta que me corrí dentro de su coño. Ella me acompañó en la corrida.
Joder, nos compenetrábamos muy bien. Era la primera vez que la tenía cara a cara. La otra vez fue en el fuck hole, y no es lo mismo.
"Venga, puta", le dije, "te esperan un puñado de pollas que quieren reventarte".
"Bufff", dijo ella. "A saco, que me den a saco y sin goma".
"Pero Paloma,...", empecé a decirle.
"Sin goma, si no se lo dices tú, se lo digo yo", me recalcó.
"Está bien, tú sabrás", le dije.
Cuando nos reunimos con los otros les dije,
"Chicos, a esta puta sin goma".
El que hacía de contacto dijo,
"Pues todas sin goma. Que reciban leche mora en sus entrañas".
Pues ya está. Todas sin goma y a tomar por culo.
A las otras tres les habían quitado la cinta americana de las manos, y las tenían a cuatro patas bebiendo de su cubo.
Yo le quité la cinta a Paloma, y le dije haz lo que hacen las otras".
Y sumisamente se puso a cuatro patas delante de su cubo, y empezó a beber.
Es increíble lo que puede llegar a hacer una tía cuando se pone muy cerda.
Los moros empezaron otra vez con su carrusel de folladas, siempre tres pollas dentro de las putas. Y ahora sin condón. Me atrevería a decir que a las zorras les gustaba más así, asumiendo los riesgos.
CONTINUARA
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