La perra de la casa (2)
La casa ya no es suya; es una jaula dorada donde cada paso en falso se paga con dolor. José ha tomado las riendas, y su hija no tiene escapatoria mientras su madre, ciega y confiada, sirve la cena a su propio verdugo.
Espero que os guste.
Veo como mi madre entra en el salón y al verme cambia completamente la cara: “Estás castigada, que lo sepas”.
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La sigo con la mirada mientras abandona el salón para cambiarse de ropa. En ese tiempo que no está presente, Jose aprovecha para tocar mis partes. Ahora mismo tengo la costura rozando el clítoris, si me pongo de pie, probablemente se me marque toda la raja.
- Vamos a ver, ahora me vas a explicar dónde estuviste ayer. - Dice mi madre entrando en el salón.
- Estuve con una amiga.
- ¿Por qué?
- Me escribió que tenía la casa sola y que si quería irme a dormir.
- Y te fuiste así, sin avisar.
- Sí.
- Vale, dame el móvil. - Se lo guarda en cuanto se lo doy. - Perfecto, estarás sin él hasta que a mí me dé la gana.
- Pero…
- Ni pero ni pera, si tú no avisas, yo tampoco. Además, estarás sin salir durante bastante tiempo.
- Vale, perdón mamá.
- He pensado que te ayude a cocinar también, para que no lo hagas tú sola. - Es la voz de Jose, el cual aprovecha para meter más mierda y acrecentar mi castigo.
- Uy, pues me parece bien, así aprendes y te enteras.
- Por cierto, he limpiado toda la casa. - Dice Jose llevándose todo el mérito.
- Ya he notado que estaba más limpio el suelo, muchas gracias amor. - Proceden a morrearse delante de mí como saludo.
-Bueno, voy a hacer la cena, tú, conmigo.
Me levanto siguiendo a mi madre dirección a la cocina. Desde que murió mi padre, está más estricta de lo normal, y ahora que está Jose en casa, más. Lo que antes era una simple regañina ahora es un castigo, y si me quejo, el castigo se amplía. Una vez en la cocina veo como mi madre apaga mi móvil y se lo guarda en el bolsillo, cualquier oportunidad de decirle a alguien sobre mi situación y poder recibir ayuda, se ha esfumado. “Lucía, ven un momento por favor, a ver si puedes ayudarme con esto” se escucha desde el pasillo, tiene una voz mucho más dulce que cuando estamos solos, dejo lo que estoy haciendo y voy hacia la voz, con la esperanza de que no sea algo para humillarme más. Llego a la habitación y me encuentro a Jose sentado en mi cama mirándome.
- Mira mi cama, has dejado arrugas.
- Lo sé, lo siento, es que no tenía tiempo.
- Lo sé, ¿qué?
- ¿Señor? - Digo confundida.
- Eso es.
- Pero, está mi mad… la Señora en casa, nos puede pillar.
- Si hablas bajito, no. Bueno, la cuestión es que has dejado la cama mal hecha, y eso conlleva un castigo por no obedecerme. Además del castigo por no limpiar las ventanas.
- Lo siento, Señor.
- Me da igual que lo sientas, arrodíllate y chúpame la polla rápido antes de que venga tu madre. Me apetece llenarte la boca de semen. Procura tragarte todo, porque lo que te salga no te lo vas a limpiar.
Me arrodillo entre sus piernas y meto su polla en mi boca, comienzo un mete-saca rítmico a la vez que masajeo sus huevos con una mano, ya he dicho que una novata no soy. “Tócate, pero sin correrte” me dice con la voz entrecortada. Meto mi mano por el pantalón alcanzando mi coño totalmente húmedo debido al roce del dichoso pantalón. Pasados unos minutos descarga todo el semen en mi boca sin avisar provocándome un respingo, cuando se queda a gusto se guarda el rabo y me da dos azotes.
- Ahora ve con tu madre. Ah y tienes prohibido comer, recuerda. Así que dile que no tienes hambre, y que tú nos servirás la comida, mientras cenamos, fregarás lo ensuciado para terminar con nuestros platos.
- Sí, Señor.
Vuelvo a la cocina donde me encuentro a mi madre cortando una cebolla dulce, ha decidido que hoy se cena ensalada, algo ligero y sano, qué pena que no podré comerla, ¡con el hambre que tengo! “Toma, ponte a cortar la lechuga” me dice al verme.
- Yo no ceno.
- ¿Por qué? - Sigue enfadada, está muy seria.
- Es que no tengo hambre, he merendado tarde.
- Pues allá tú, pero después no te quiero sentir en la cocina, si no quieres comer ahora es tu problema. - Ojalá pudiera comer, pero sé que, si lo hago, las consecuencias serán peores.
Terminamos de cortar las cosas para echarlas en la ensalada cuando Jose entra en la cocina y se sienta en la mesa presidiéndola. Es una cocina grande, por lo que tenemos la mesa en el centro de la estancia. En cuanto noto su presencia, me adelanto a mi madre y pongo la mesa: “Siéntate mamá, ya preparo yo la mesa y sirvo la cena”.
- No vas a conseguir que te levante el castigo, aunque me hagas la pelota. - Dice dejándome hacer y sentándose en la mesa, a un lado de Jose.
Dice la verdad, independientemente de lo que haga, no va a rebajar su castigo y tendré que cumplirlo, lo que ella no sabe es que esto no lo hago por gusto. Me acerco al armario para agarrar los platos y los pongo en la mesa, dejando mi hueco libre al igual que con los cubiertos. Dejo la fuente con la ensalada en el centro de la mesa y sirvo a cada plato la cantidad de comida que me indican.
- Tengo sed. - Dice Jose.
- Uy, perdón se me olvidaba, ¿qué queréis de beber?
- Con agua basta.
Saco la jarra de la nevera y llevo unos vasos también para volver a hacer como con la ensalada, servir cada vaso con agua. Al acabar de servir todo, me siento al otro lado de Jose, enfrente de mi madre, por indicación de él. A lo largo de la cena, Jose cruza las piernas debajo de la mesa de tal forma que acaricia mi coño con el pie que tiene sobre la otra pierna sin que mi madre se dé cuenta. De lo que si se da cuenta es de que no paro de moverme.
- ¿Qué te pasa? ¿Seguro que no quieres cenar?
- Se-seguro, no tengo hambre. - De tanto roce, me cuesta hablar.
- ¿Y por qué no te paras de mover?
- Es-es que me-me pica. - Cada vez que hablo, Jose aumenta la intensidad del frote.
- ¿El qué?
- Los muslos, no sé por-por qué. Ya-ya paro, perdón.
Sigo unos cuantos minutos más intentando controlarme hasta que mi madre se levanta a dejar las cosas en el fregadero cuando me vuelvo a levantar para quitárselo de las manos. Pregunto a Jose si ha terminado y con un leve asentimiento de cabeza me indica que puedo recoger su plato.
- Oye cariño, por qué no vamos a la cama a terminar lo que tenemos pendiente. - Le murmura Jose a mi madre con la suficiente claridad como para que le entienda.
- Pero tengo que fregar los platos, amor. Después.
- Ya se ocupa Lucía, ¿a qué sí?
- ¿Eh? Ah, sí, sí. No te preocupes mamá. - Digo dándoles la espalda y abriendo el grifo.
Sin decir nada más abandonan la cocina y se dirigen a la habitación y vuelven a escucharse los gemidos de mi madre exactamente igual que ayer. Ya no sé si lo hace por rutina o porque de verdad le apetece, yo creo que es más por la rutina y por no estar escuchando a Jose si hoy no follan, en fin.
Termino de lavar todo lo ensuciado y me dirijo a mi habitación, el único sitio donde puedo ser yo misma sin que alguien esté pendiente de mí. Estoy tan cansada, tanto física como mentalmente, por el día de hoy que ni me molesto en cambiarme de ropa ni nada, en cuanto entro y cierro la puerta, me tumbo en la cama como si fuese un cuerpo inerte, caigo dormida al momento.
Un azote en el culo me despierta dando un sobresalto. Abro los ojos, está la habitación a oscuras excepto por una linterna que apunta directamente a mi cara, cegándome totalmente. Después un tirón del pantalón hacia abajo me deja con mis partes otra vez al aire.
- Inspección rutinaria para ver si sigues sin ropa interior, además hay que lavarse. - Es la voz de Jose.
- ¿Eh?
- Tu madre está dormida así que no hagas ruido si no quieres que se despierte, ahora hay que lavarse, así que ya sabes, coge el cepillo y te limpias el coño por dentro.
- Pero. - Sigo completamente dormida.
- Vale, si no lo haces tú, lo hago yo. - Y sin previo aviso me tapa la boca con una mano para con la otra introducir de un empujón, mi cepillo en el coño, clavándome todas las cerdas en mis paredes vaginales, arañándolas y arrancándome quejidos de dolor amortiguados por la mano que hay sobre mi boca.
Está un rato más raspando por todos lados hasta que lo saca completamente y con un rápido movimiento lo introduce en mi boca hasta la campanilla, me viene más de una arcada: “Una vez limpia de abajo, hay que lavarse los dientes, como no tienes pasta de dientes, este es tu dentífrico, el propio flujo de tu coño” dice Jose con una sonrisa. Intento llevar la mano al cepillo para manejarlo yo, pero me lo impide: “Ah no, si antes no lo has hecho, ahora te lo hago yo”. Hace los mismos movimientos que con el coño, sin ningún tipo de cuidado pasa el cepillo por toda mi boca, raspándome las encías. Acaba y al sacar el cepillo no siento la boca y el coño me duele horrores.
- Muy bien, ya estás limpia, por la mañana te quiero despierta antes que nosotros y que nos tengas el desayuno preparado, café y tostadas, tú dirás que ya has desayunado. - Dice mientras se dirige a mi armario, lo abre y saca otro pantalón y una camiseta de tirantes, nada de ropa interior de nuevo. - Y te pones esto.
Me lo tira encima y se vuelve a la cama sin decir nada más, me dirijo al reloj que tengo sobre el escritorio y veo que son las 2:30 de la madrugada, mi madre se levanta a las 7 de la mañana, no voy a poder dormir nada.
Son las 7:30 de la mañana y volvemos a encontrarnos los tres en la cocina, en los mismos sitios que ayer a la hora de la cena, con el mismo pie de Jose rozando mi coño esta vez descubierto ya que los pantalones son cortos y muy anchos, lo suficiente como para que pueda meter los dedos y tocar mi coño en todo su recorrido. La camiseta es difícil de llevar ya que, al más mínimo movimiento, las tetas se asoman por el escote.
- Desde que te dije que estabas castigada, estás muy rara hija.
- No sé.
- Sea lo que sea, ya se te pasará. En fin, me voy, recuerda que no puedes salir, además, me llevo tu móvil.
- En casa me quedo. - Digo, la falta de descanso hace que me hable con frases muy cortas.
- Eso espero, adiós cariño. - Dice mi madre despidiéndose de Jose con un beso.
Abandona la casa y nos volvemos a quedar a solas Jose y yo. De un empujón con el pie me tira de la silla hacia al suelo y se levanta de su asiento para cogerme del pelo y arrastrarme hasta la habitación de mi madre.
- Desnúdate. - No hace falta que diga más y ya me estoy quitando la ropa, y como parece que se va a convertir en costumbre, comienzo a llorar de nuevo.
- A ver, ayer con tu madre no me corrí todo lo que quería así que ahora me la vas a chupar mientras te explico que harás hoy.
- Sí, Señor.
- No hace falta que me contestes con “Sí, Señor” a todo, lo haces y ya está.
No dije nada más y me aproximé a su entrepierna para “alimentarme” como ayer de ese miembro y su semen.
- Vale, para empezar, hoy las sesiones de fotos y de grabación no las haremos ya que vas a estar todo el día castigada. No hiciste las ventanas como te ordené y la cama estaba mal hecha, aparte de que anoche te tuve que lavar yo con el cepillo porque tú no querías (eso es mentira, simplemente que estaba dormida y no me enteraba). Así que empezarás haciendo las ventanas, las quiero relucientes, que parezca que no hay ni cristal, y lo harás desnuda, si algún vecino te ve, te jodes. Después harás mi cama y quitarás todas las sábanas de tu cama dejando solo la bajera, estamos en verano por lo que no vas a pasar frío.
- Cuando acabes de hacer eso, volverás a aspirar la casa y te masturbarás en el sofá para mí hasta que yo te diga que pares, no te podrás correr, todo esto lo harás mientras eres castigada. Del castigo te enterarás en su momento, pero ten por seguro que no te va a gustar. Cuando lo crea oportuno pararás e iremos a tu habitación a realizar unos cuantos cambios que ya le hacen falta.
Yo escucho y escucho mientras lamo y lamo ese rabo que parece que voy a desgastar de tanto chupar. Ha follado mucho en toda su vida porque es capaz de controlar la corrida a la perfección.
- Y si fuera por mí, no comerías nada durante un tiempo, pero quiero que mantengas el tipo además de que no contraigas ninguna enfermedad, así que para ya que no quiero correrme en tu boca y vamos a la cocina.
En la cocina se dirige a la papelera mientras yo me mantengo en el umbral de la puerta atenta a sus movimientos. Con un gesto indica que me acerque.
- Como tienes que comer, vas a comer las sobras de ayer. - Me dice mientras vuelca la papelera en el suelo. - Ya puedes empezar a buscar los rastros de la ensalada de ayer, con la boca, las manos no puedes usarlas.
En cuanto agacho la cabeza me viene un olor a podredumbre asqueroso. Un vistazo rápido me hace identificar los restos de ensalada que quedaron ayer junto con comida más descompuesta debido al paso de los días. Abro la boca para coger un trozo de lechuga, pero antes de cogerla, un tirón del pelo me levanta la cabeza. Una polla se interpone entre la comida y mi boca y descarga ese líquido blanco por toda la basura.
- Ahora ya puedes comer, te faltaba la salsa jajaja. - Que gracioso…
Me como la ensalada con el semen de Jose por encima, literalmente la peor mezcla que he probado, pero, siendo sincera, he disfrutado la comida porque es el primer alimento sólido que entra a mi cuerpo en casi dos días y me moría de hambre.
- Muy bien, ahora antes de empezar con todo, tengo que irme, así que sígueme.
Le sigo hasta la habitación de mi madre de nuevo y se dirige al armario con candado para abrirlo y volver a encerrarme en esa jaula minúscula.
- Por favor, te juro que haré todo, no me encierres aquí.
- ¿Quién te ha dicho que hables, perra? - Me suelta un azote en el coño que me hace ver las estrellas. - No me fío de ti y así sé que no harás nada hasta que vuelva.
No dice nada más y me deja allí a oscuras e indefensa, no puedo hacer nada más que llorar y llorar, no sé cuánto tiempo estará fuera y eso es lo que más me preocupa, que se puede tirar todo el día fuera y yo aquí encerrada, llegaría mi madre y no me encontraría.
La espera se me hace eterna pero un ruido en la habitación hace que me ponga alerta, la luz vuelve a inundar la jaula y un latigazo me saca un grito desgarrador desde lo más profundo de mi ser.
- Vamos perra, ya es hora de que hagas las tareas, son las 11 y tienes dos horas, si en ese tiempo no haces todo lo que te he ordenado antes, el castigo será mucho mayor que este. -Otro latigazo. - Y no grites.
- Como puedes comprobar, este es tu castigo, he tenido que ir a comprar varias cosillas para poder educarte mejor. De momento estaré azotándote todo lo que me plazca y los contarás en alto diciendo “Gracias, Señor”. Vamos, manos a la obra.
Como puedo, camino a cuatro patas mientras voy recibiendo azotes en el culo y contándolos, cuando llego a la cocina a por las cosas para poder limpiar los cristales, ya llevo contados 10 azotes con su respectivo “Gracias, Señor”. Ya no me salen ni las lágrimas, me duele la garganta de tanto hablar y no beber nada, pero los azotes no cesan.
- Señor, pu-puedo, ayy, 11, Gracias Señor, ¿puedo beber agua?
- Cuando acabes todo lo que tienes que hacer. - Me da otro azote.
Va cambiando el lugar donde estrellar el látigo, a veces mi culo, a veces los muslos, la espalda… aunque de momento la zona más perjudicada es el culo. He de decir que es un látigo de 9 colas, por lo que lo que más daño hace es el extremo de cada cola, pero si lo llega a hacer con una paleta de madera tradicional, ya tendría el cuerpo completamente rojo. Ante la negativa de poder beber, agarro el cubo con la boca y me dirijo a las ventanas del salón para comenzar a limpiarlas.
- Quince, Gracias Señor.
Nunca he limpiado una ventana, no creo que sea muy complicado, pero me da miedo dejar rastro cuando se seque. Independientemente, intento hacerlo lo más rápido posible, ya me escuece el culo de tantos azotes recibidos. Me ha permitido ponerme de pie para poder limpiar la parte de arriba de la ventana.
- Señor, me-me está mirando el vecino. - Digo avergonzada cuando me doy cuenta.
- Sonríe y salúdale. - Recibo otro azote. Jose está colocado de tal forma que a él no se le ve y puede hacer lo que quiera sin correr el riesgo de que le pillen.
No me puedo creer que me diga eso, pero obedezco, pongo mi mejor sonrisa y muevo mi mano en un gesto de saludo. Veo como saca el móvil y empieza a grabar mientras yo sigo pasando la esponja por todo el cristal, ya no voy a poder mirar a la cara a mi vecino si nos encontramos.
- Estás tardando mucho. - El azote que recibo esta vez es con la mano, hasta el momento ha sido el que más me ha dolido.
Termino de limpiar las ventanas, tengo el culo completamente rojo y dolorido, no voy a poder sentarme en dos días yo creo. Además, Jose se ha aburrido del látigo y ha seguido con azotándome con la mano.
- Ahora a hacer la cama, tienes dos minutos. En cuanto entre por esa puerta quiero verla hecha. - Me dice dándome un último azote, que cuento y agradezco.
No tengo mucho tiempo, pero más que ayer, por lo que puedo hacerla mejor que ayer y que no quede ninguna arruga en ninguna sábana. Además, agradezco que se haya ido de la habitación porque así no recibo los azotes, llevo más de 30 azotes y ya no solo mi culo es el dolorido, sino que también mis muslos. No sé muy bien qué hacer ahora así que me vuelvo a poner de rodillas y espero a que venga a los pies de la cama.
- ¿A ver? Quita de ahí, voy a comprobar si has hecho bien la cama. - Dice mientras se acerca hacia ella, la verdad que se ve a simple vista que está bien hecha, pero él se acerca igualmente. Sin decir nada se va de la habitación y veo que entra en la mía, de ella escucho: “Vamos”.
Al entrar en mi habitación, me acerco a mi cama para quitar todas las sábanas como me ha ordenado. “Muy bien, ahora quédate encima de la cama” me dice mientras abre mi armario y saca los dos cajones donde guardo la ropa interior para después echarlos junto con las sábanas.
- Oye, eso es mío.
- No aprendes eh. - Un azote en el coño hace que casi me desmaye. Ahora sí que no puedo ni hablar.
Mientras me recupero, veo como sigue trasteando en mi armario y poniéndole candados a todos los cajones donde guardo la ropa y las demás cosas. Ya ni mi armario me pertenece. Vuelvo a llorar desconsolada: “Me da igual que llores, es más, cada vez me gusta más que llores. Como puedes ver, he puesto candados en todos los cajones para que así no puedas vestirte a no ser que yo te proporcione la ropa. Vamos al salón que te falta masturbarte”.
Me falta aspirar la casa también, pero no quiero contradecirle en nada más y hablar lo necesario. Me bajo de la cama dejando toda la ropa interior en el suelo y echando una última mirada a mi querido armario con cerraduras. En el sofá me siento y abro las piernas mostrando mi coño, aparte de rojo está totalmente seco.
- Escúpete.
Un escupitajo aterriza sobre mi monte de venus y lo bajo hasta la raja para mojarlo un poco y que no me duela tanto. No me apetece nada, pero llevo mis manos igualmente hasta el clítoris y comienzo a frotarlo. Introduzco dos dedos con cuidado para que no se resienta mucho esa zona y procedo a “follarme” con ellos.
- Sé sincera, te gusta.
- No, Señor.
- Pues tu cuerpo dice otra cosa. - Normal, llevo masturbándome diez minutos.
Ahora es él el que me penetra con sus dedos y masajea mi clítoris, lo hace con suavidad, no quiere que se me vaya el calentón. Cuando escucha cómo chapotea, retira las manos dejándome a punto de correr, así llevo una semana.
- Señor, por favor, deje que me corra.
- ¿Qué consigo a cambio?
- ¿Cómo?
- Algo tendré que conseguir a cambio, aunque… ya tengo todo lo que quiero de ti. Hagamos una cosa: te voy a dar 30 segundos para que te corras (me sobran 20). Ahora, si decides correrte, yo haré otra cosa de la cual te enterarás después de la corrida. Si no te corres, todo seguirá como hasta ahora.
- Pero…
- Estás tardando demasiado en decidir perra, vamos, una cosa u otra.
No digo nada y sin moverme ni un milímetro llevo mi mano de nuevo al coño, al mínimo contacto ya estoy retorciéndome y gimiendo como nunca. Hay algo que me asusta y es que no sé si el desencadenante de que me haya corrido ha sido el tocarme o el saber que podía correrme. Llevar una semana sin poder correrte es algo que no había experimentado nunca y por eso ahora están tanto mis piernas como el sofá empapados.
- Muy bien, ahora prosigamos. Ponte a cuatro patas.
Con las piernas temblando, pero feliz, me pongo como me dice y él me coloca de espaldas, entregando mi coño brillante. Sigo en mi éxtasis cuando algo que no es una mano roza mi coño, en ese momento pego un bote que hace que me dé la vuelta y me ponga de pie. Ahora sé a qué se refería con algo a cambio, me encuentro a Jose con los pantalones quitados y con su polla totalmente empalmada apuntando hacia mí.
- No, no, no, no, no. - Digo llorando.
- Me da igual lo que digas, ha llegado el momento de que yo también disfrute perra.
En un arrebato de valentía me zafo de él y salgo corriendo para tener algún objeto entre nosotros dos y que no pueda cogerme. Saldría a la calle, pero estoy completamente desnuda y no puedo ponerme ninguna ropa.
- VEN AQUÍ, como no obedezcas será mucho peor. - Está muy enfadado.
No puedo hacer lo que me dice, hasta ahora sí he podido porque eran cosas “menores”, pero ahora lo que quiere es follarme, no puedo. Intenta agarrarme, pero doy un paso hacia atrás, busco una salida y la única puerta que veo abierta es la del pasillo. Salgo a correr hacia allí y entro en mi habitación cerrando la puerta. No sé qué he hecho, Jose es mucho más fuerte y grande que yo y en cuanto alcanza mi puerta, un empujón me desplaza hacia el centro de la habitación justo encima de las sábanas.
- Lo peor que has podido hacer, perra.
Continúo echándome hacia atrás, llorando y suplicando hasta que mi espalda toca la pared, no tengo salida. Me agarra de un tobillo tirando hacia él para después agarrarme las muñecas y amarrarlas con un tanga que coge del suelo. “O te quedas quieta y lo hacemos por las buenas, o lo hacemos por las malas, te aconsejo por las buenas” me amenaza. No puedo hacer nada, estoy totalmente bloqueada, no quiero ni mirar.
Vuelvo a notar la punta de su rabo en mis partes y me viene el arrebato de valentía de nuevo, comienzo a soltar patadas con el fin de alejarle de mí. Pongo los pies en su cintura y empujo, consiguiendo que caiga de culo en el suelo. Se abalanza sobre mí, dándome bofetones y dejándome la cara marcada. Con su mano derecha agarra mi pezón y lo retuerce arrancándome un grito: “Ahora te vas a enterar, quédate quieta” me dice. En un abrir y cerrar de ojos abandona la habitación y vuelve con esposas.
Me agarra por la cintura y me tira sobre la cama boca abajo, coge mis manos que siguen atadas con el tanga y las esposa a mi espalda, con mis piernas lo que hace es esposar cada una a una pata de la cama, de forma que no puedo cerrar las piernas y expongo mi coño.
- Lo iba a hacer con cuidado para que pudieses soportar la humillación, pero se ve que te va la marcha. - Dice esto mientras eleva mi cintura para que su polla quede a la altura, pone las manos sobre mi cabeza y la empuja contra el colchón. No puedo respirar bien.
Lo que siento después es como algo grueso entra entero en mi cavidad vaginal, para luego salir y volver a entrar. Jose está follándome con todas sus fuerzas, rebotando sus pelotas en mí. No soy virgen, ya he follado antes, pero nunca antes había sido violada, siempre que lo he hecho ha sido desde el amor, el cariño y el respeto, y aquí no siento nada de eso. Mantiene el ritmo durante minutos, dilatando más y más mi coño. No puedo parar de llorar, en cuanto noto los espasmos típicos de la llegada del semen hablo como puedo.
- Por, por favor, dentro no, donde sea menos dentro. - Digo entre lágrimas.
- No te preocupes, no tengo idea de correrme dentro. - Sale de dentro de mí y noto su semen denso y caliente aterrizar en mis nalgas.
- Ya hemos estrenado un agujero, nos queda el otro. - Y con su dedo índice acaricia la entrada de mi ano.
Aprieto las nalgas entre sí para intentar ocultar ese agujero que provoca una carcajada de Jose.
- No va a ser hoy jajajaja, relájate y límpiame la polla, cada vez que te folle tendrás que limpiármela luego, recuerda eso.
Me la introduzco en la boca como puedo cuando me desata los pies para limpiar todo rastro de flujo que y semen.
- Quedan 10 min para que llegue tu madre, a lo tonto se nos ha ido todo el día. - Sin avisar se guarda el rabo en los pantalones y abre un candado de mi armario. - Toma, ve a ducharte y ponte esto, sal de la ducha antes de que llegue tu madre.
Me tira un vestido corto que saca de mi armario y me dirijo a la ducha. Una vez dentro, me rompo en pedazos, me acurruco en el plato de ducha y lloro y lloro. Estoy cinco minutos así hasta que entra Jose sin avisar, ya cambiado para cuando llegue mi madre: “Date prisa perra, tienes que salir antes de que llegue tu madre, así que no llores tanto”. Me recompongo y me ducho sin lavarme el pelo, poniendo especial atención en mi coño para quitar todo rastro de la follada de Jose.
En cuanto me siento en el suelo a los pies de Jose, suena la puerta de la calle, pego un salto para sentarme al lado de él y se escucha a mi madre: “Holaa”. Saludamos y mi madre desaparece por el pasillo.
- No has aspirado la casa, eso conlleva un castigo, aparte de las hostias que me has dado obviamente. - Me susurra. Giro mi cabeza para mirarle y me encuentro con una sonrisa maquiavélica que hace que quiera morirme.
CONTINUARÁ…
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