Xtories
Orgíasabr 2023

La despedida de soltera de mi prima Ana - 16

Marta nunca imaginó que una despedida de soltera se convertiría en un confessionario de perversiones. Cuando el jefe de Ana abre la boca, la noche promete cruzar límites que ni siquiera la borrachera había osado tocar.

Chequeva9.1K vistas

La despedida de soltera de mi prima Ana:

16. El regreso: guiris ebrias y lluvia dorada.

El relato de Martín no nos pareció muy real, eso de las chicas que querían casarse vírgenes no nos convenció precisamente a nosotras las chicas.

Marta preguntó si nadie tenía historias más fuertes, de borrachera, de bondage, de dominación, cosas heavy. Luis le respondió que sí, que él había tenido una buena experiencia con guiris borrachas. Quedamos todos atentos a su relato.

-Pues sí, para celebrar que habíamos sacado la carrera, nos fuimos a la playa cinco amigos en un coche destartalado y allí ligamos con tres guiris la misma noche que llegamos.

Nada más llegar a la costa levantina ya de madrugada nos acercamos a la playa y encontramos tres chicas suecas muy pedos y que se bañaban desnudas. Al vernos, las tres con el agua por la cintura dejando ver sus pechos, se entrelazaron por los hombros y nos silbaron, las dos de las esquinas llevaban en la mano libre una botella de champán. Como íbamos vestidos nos quedamos en el borde del mar y las tres chicas muy parecidas, rubias, altas y esbeltas fueron saliendo del agua dejando ver sus esculturales cuerpos y sus pubis bien depilados.

Dejaron las botellas de champán sobre la arena y una de ellas, la más rubia, se tiró en mis brazos y me morreó desesperadamente. Otra, la más delgada, se paró en el borde de la playa con piernas y brazos abiertos para que dos de mis amigos se le abalanzaran y mientras uno le comía la boca el otro hacía lo propio con las tetas y ambos le magreaban coño y culo con las manos. La tercera, de labios carnosos, se arrodilló en la arena y en inglés y mediante señas parecía querer decir que mis otros dos amigos se bajasen los pantalones; lo hicieron y empezó a chuparles las pollas a los dos.

Mientras a la más delgada le chupaba el coño uno de mis amigos y las tetas otro, la mía me sacó la polla de los pantalones, me tumbó en la arena y se aplastó contra mí colocándome su coño en la boca y agarrándome y chupándome la polla.

Así estábamos cuando la de los labios carnosos gritó llamando a las otras, que dejaron lo que estaban haciendo y se fueron al agua. Allí las tres se abrazaron, se morrearon, se tocaron las tetas y se tantearon los coños. De repente se dieron la vuelta y nos enseñaron los culos, inclinaron el cuerpo hacia delante y se abrieron los coños como incitándonos a penetrarlas y allí que fuimos. Nos quitamos la ropa rápidamente y nos lanzamos al agua. Yo fui el más lento y cuando llegué hasta donde estaban las chicas ya estaban los tres coños ensartados por detrás. Así que a falta de raja los dos que llegamos los últimos penetramos las bocas de dos de ellas, aunque yo que se la metía a la del medio también tuve tiempo para probar la boca de la que estaba a la izquierda. Así estábamos cuando me di cuenta de que los tres folladores se cambiaban de coño; si los muy cabrones se fueron intercambiando de coño hasta que probaron los tres, con la complacencia de las suecas. Mi colega de al lado y yo hicimos lo mismo con las bocas de las chicas que solo gemían y a veces decían palabras ininteligibles, no sé si en sueco, en inglés o en una mezcla de los dos. Bueno pues los dos a los que nos mamaban, pedimos nuestro turno en los coños y pasamos al otro lado, ahora había un coño libre y todas las bocas ocupadas. Pero igual el colega y yo probamos los tres coños y los otros tres amigos las tres bocas suecas.

Las chicas se corrieron con gran estruendo sin que nadie las oyera gracias a que la playa estaba vacía a esas horas de la madrugada o si había alguien estaría de mirón, escondido sin decir nada. Nosotros ya estábamos a punto cuando ellas se zafaron de nuestras pollas y se quedaron de rodillas con el agua por la cintura y abrazándose y besándose. No pudimos hacer otra cosa que meneárnosla por encima de las cabezas de las suecas hasta que ellas se dieron cuenta y nos las chuparon con frenesí, las tres se metían las pollas en la boca, agarraban las otras con las manos y se dedicaban a pasarse pollas de una a otra hasta que las tres hubieron chupado todas. No aguantamos más, casi al unísono después de un último meneo y con las bocas de las guiris mirando hacia lo alto nos corrimos brutalmente soltando cantidad de leche que fue a parar a las caras y gargantas de las suecas. Los chorros caían sin cesar y dejamos bien pringadas las caras y llenas las bocas de estas tres suecas que se relamieron para a continuación lamerse y besarse y escupirse el semen unas a las otras, lo que hizo que las pollas se mantuviesen medio erguidas con este espectáculo. Uno de mis amigos les acercó las dos botellas de champan que todavía estaban por allí y ellas se las vaciaron en las caras y en las bocas limpiando el semen que pudiera quedar y otra vez se morrearon y se escupieron ahora el champán.

Como locas se metieron más dentro del mar y nosotros seguimos tras ellas magreándolas hasta que las pollas se levantaron otra vez del todo y las volvimos a follar dentro del agua. La noche fue larga y yo desperté por la mañana desnudo y tirado en la arena abrazado a una de las suecas mientras las otras y mis amigos nos rodeaban enzarzados unos encima de otros.

-Bueno no es para tanto, sentenció Marta.

El jefe de Ana, Laura y Elena, al que todavía no le han dado los archivos que fue a buscar, pide ser el siguiente en contar su historia que dice que esta sí que es fuerte y que espera que le ponga a Marta.

-Lo más heavy que a mí me ha pasado fue en una convención de operadores turísticos en París hace un par de años. Nos reunimos personas de muchos países del mundo durante unos días para hablar de la situación del sector; hay conferencias, presentaciones virtuales, viajes a lugares de interés, exposiciones, etc., pero al final siempre terminamos con una fiesta por todo lo alto en la que salimos todos por lo menos con una buena cogorza.

Y digo por lo menos porque por lo general la fiesta termina con buenas dosis de sexo. Siempre hay menos mujeres que hombres en las reuniones y muchas de ellas no asisten a la fiesta o porque se han ido antes de finalizar la convención o porque saben que es un ritual muy machista en el que los hombres quieren terminar la fiesta follando a lo grande, incluso se contratan prostitutas para tal menester.

Bueno pues en esta convención en París que os cuento no iba a ser menos y por supuesto hubo fiesta, borrachera general, prostitutas, folladera y algo más. Ya muy tarde, estaba hablando con una colega de California, con los cuarenta cumplidos, pero de muy buen ver, con carnes abundantes y apretadas; ella agarraba por el brazo a una azafata holandesa, como diez años menor, rubia, alta y esbelta, con la que al parecer había ligado. En un momento le digo que me disculpe que voy al baño, pero me sujeta por el brazo y me dice:

-yo también estoy que me meo; acompáñame que te voy a enseñar donde mear.

Sin más, la gringa se cuelga de mi brazo y del de la azafata y nos empuja hacia la puerta del salón donde estábamos. Nos ven dos mujeres colegas con las que había tratado durante las reuniones y tonteado en la fiesta, las dos entre los treinta y cuarenta, muy apetecibles, las dos francesas, pero una de ellas de la Guayana con rasgos latinos, y nos siguen. Por el camino agarran de la corbata y arrastran a un recepcionista, al parecer magrebí, que estaba por allí y con el que habían intimado en la fiesta. Cruzando la recepción del hotel nos ven dos colegas hombres, uno italiano y el otro de Malta, que están manoseando a dos de las prostitutas contratadas con aspecto de ser de algún país de Europa del este. No sé qué se imaginaron, pero nos siguen los cuatro.

La californiana nos lleva a la parte de atrás del hotel donde hay un jardín al aire libre rodeado por un seto alto de arbustos y allí me reta:

-apuesto a que meo más lejos que tú.

-¿Cómo, cómo, qué?

-Si, que el que mee más lejos gana y mea al otro.

Por esas cosas de la vida que no sabes porque las haces dije: -bueno.

Los demás estuvieron atentos a la conversación y se dispusieron a ver el espectáculo. La gringa estableció el lugar donde debíamos colocarnos, mandó a la azafata a que comprobase donde llegaban las meadas y dijo: -vamos.

Mientras yo me bajaba la bragueta y sacaba la chorra, ella se alzó la falda, se quitó las bragas, se puso en cuclillas inclinada hacia atrás y sujetada al suelo con una mano gritó:

-preparado, listo, ya y soltó un chorro larguísimo; pero el mío llegó más lejos.

Así que la californiana aceptó su derrota, se sentó en una de las sillas del jardín, se desabrochó la blusa, se quitó el sostén dejando ver un par de potentes senos, ordenó a la azafata que se sentase en el suelo entre sus piernas abiertas y me dijo:

-venga, méame.

Pues la meé, lancé un chorro de pis hacia sus tetas primero y después, como veía que abría mucho la boca, lo dirigí hacia allí. Mientras ella recibía mi líquido amarillo en boca y cuerpo, a su vez se meaba en la boca de la azafata soltándole un buen chorro.

En eso que las dos colegas francesas se agarraban el coño asegurando que también estaban que se meaban y no se lo piensan dos veces, se suben faldas, se quitan bragas, sientan sobre sus pantorrillas en el suelo al recepcionista y así de pie como estaban y abriendo sus conchas con los dedos, le sueltan ambas al magrebí un buen par de chorros de líquido abundante en la boca.

Los dos colegas hombres o se contagian de las ganas de mear o deciden emular lo que estaba pasando allí y con las dos meretrices de rodillas ante ellos, sacan sus pitos y las mean en las bocas y en las tetas todavía cubiertas por la ropa, haciendo oscilar sus chorros de un cuerpo al otro.

La gringa satisfecha ya de la rociada que le he dado me sienta en la silla y de espaldas a mí, sin más preámbulos y de un solo golpe se introduce mi polla hasta el fondo de su culo. La azafata se dedica a comerle el coño.

Las dos colegas francesas tumban en el suelo boca arriba al recepcionista y después de desnudarlo una se sienta en su polla y la otra en su boca, y van intercambiándose al ritmo que ellas mismas marcan.

Terminada la meada a las prostis, los dos colegas del sur de Europa se dedican a follarles bocas y gargantas, intercambiándose también en tal menester.

La gringa deja su lugar a la azafata, con lo cual también pruebo el apretado culo de la holandesa, y rescata al recepcionista de las colegas francesas, ofreciéndole el coño libre de la azafata, a la que penetramos los dos, él por delante, yo por detrás.

La gringa todavía con pis en su vejiga arrodilla en el suelo a las dos colegas, que siguen vestidas aunque sin bragas, y las mea con un potente chorro salido de su uretra para terminar apretando los rostros de las mismas contra su pubis y nalgas y recibir de ellas buenas lamidas en coño y culo.

En esto que los dos colegas hombres se tumban boca arriba y las prostis después de quitarse sus ropas mojadas se sientan cada una encima de uno, dándoles la espalda y metiéndose la polla de ellos por el culo y de esta forma y con el coño abierto se mean lanzando grandes chorros de pis que al verlos las colegas francesas se acercan para recibirlos en la boca. Después las prostis dejan su sitio a las colegas mujeres ya desnudas que se sientan encima de las pollas de los dos colegas, pasando las prostis a follar la boca de estos, con lo que cada uno tiene a una colega follándole la polla y a una prosti con el coño en su boca. Las cuatro se mean encima de ellos tal como están, desbordando el líquido las bocas de ellos y rebosando de los coños de ellas bien aferrados a los falos henchidos de los dos colegas del sur de Europa.

La gringa saca del bolso un arnés con polla de plástico, quita al recepcionista de encima de la azafata y le mete a esta el consolador en el coño mientras yo la sigo enculando y ella pajea al recepcionista. Al final levanta a la azafata y la pone a cuatro, se engancha el arnés y la penetra por el coño. El recepcionista de rodillas ante la azafata le pone su polla en la boca para que se la chupe y yo me colocó detrás de la gringa y la vuelvo a encular otra vez. Al recepcionista le entran ganas de mear y lo hace en la boca de la azafata.

La de California se cansa de follar a la azafata, se quita el arnés, me tumba en el suelo y se me encarama encima; el recepcionista no pierde el tiempo y encula a la gringa que ya tiene mi polla en el chocho. La azafata de pie, se arrima la boca del recepcionista al coño, primero para recibir buenas lamidas de él y luego para mearle en la boca en desquite a la meada anterior de él. Por fin la gringa decide hacer un 69 con la azafata en el suelo y ella encima, el recepcionista se va del lado de la azafata para follarle el culo mientras la gringa le chupa el coño y yo enculo a la gringa que asfixia a la azafata con su coño en la boca. Las dos mujeres se mean una a la otra, lo que aprovechamos el recepcionista y yo para echarles otro chorrito en las bocas, hasta que la californiana se levanta y me lleva agarrado de la polla hasta el otro grupo, dejando a azafata y recepcionista primero besándose y pajeándose y después haciendo un 69. Lo primero que hace la gringa es mearse en las bocas de prosti y colega francesa que están follándose al colega italiano, yo la imito y me meo en las bocas de prosti y colega guayanesa que follan al colega maltés.

Descabalgan las cuatro mujeres, las dos francesas y las dos europeas del este y agarrándome de polla y huevos consiguen sentarme en el suelo y se ponen a mearme las cuatro, me llueve pis por todas partes, en el rostro, en la cabeza, en el cuerpo, quedo más mojado que después de salir de la ducha. Los dos colegas del sur de Europa hacen lo mismo con la gringa, le dirigen dos buenos chorros a la boca que ella engulle con gusto, para a continuación tumbados en suelo hacerle una doble penetración, el maltés se la enchufa en el coño, el italiano en el culo. Yo consigo zafarme de los meados de las cuatro mujeres y las pongo a cuatro, una al lado de otra y las voy enculando, primero una del este, después la otra, sigo con la francesa europea y dejo para el final a la guayanesa que era la que más me gustaba. Pero la gringa me grita desesperada quiere que se la meta en la boca para completar el airtight. La complazco dejando a las otras cuatro chupándose el coño unas a otras.

A todo esto, la azafata y el recepcionista están follando tumbados en el césped dando vueltas sobre el mismo de tal forma que unas veces ella está encima de él y otras debajo y se besan apasionadamente como si estuvieran enamorados.

Nos jode un poco esto la verdad, por lo que les llamamos para que vengan con nosotros y les ponemos inmediatamente a chupar los coños de las colegas francesas y de las prostis del este, mientras yo cambio la boca de la californiana por el culo de la holandesa. Francesas y europeas del este se van corriendo y descargando sus fluidos en las bocas de nuestros dos más jóvenes compañeros de follada. Yo me corro dentro del culo de la holandesa y la gringa ordena a las dos del este que le chupen la leche que emana del ano y que se la den a ella en la boca, para después de saborearla un poco se la escupe en la boca de la azafata que se la traga.

Los dos colegas italiano y maltés que le están dando dp a la de California descargan en sus agujeros y ahora son las dos colegas francesa y guayanesa las que rebañan la leche de culo y coño de la gringa y se la dan a la misma en la boca, que vuelve a escupirla en la boca de la azafata, que se la traga otra vez. La californiana ya libre de pollas en sus agujeros se frota el clítoris con afán y descarga una lluvia de fluidos en la boca de la azafata, mientras chupa la polla del recepcionista hasta que este, descarga la leche en su boca, leche que vuelve a escupir a la azafata, que se la traga nuevamente.

El magrebí por su parte lame como poseído el coño de la holandesa hasta que esta se corre y se quedan tumbados en el suelo abrazados y besándose. Tanto cariño nos irrita, así que les rodeamos y las cinco mujeres y los tres hombres que estamos allí, apuntamos nuestras uretras hacia ellos y les inundamos de meados desde la cabeza a los pies. Veo como ellos también se mean no sé si de vergüenza o de placer.

Desde entonces no he vuelto a una Convención, concluyó el jefe de Ana.

-Tengo que probar eso de la lluvia dorada, siguió Marta.

-¿Te apuntas Ana?

Continúa en