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Mía por despecho (Capítulo 3)

Ella llegó al hospital rota, pero él llegó al hospital furioso. No buscaba justicia, buscaba posesión. Y cuando la tuvo entre las sábanas, no fue a consolarla, sino a reclamarla con la violencia de quien sabe que ya no tiene nada que perder.

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Capítulo 3

No me quiso adelantar nada más y enseguida y a través de la web dispuse el cambio de destino y en el primer vuelo regresé a mi ciudad. Mi secretaria se encargó de enviar a mi agente de ventas a todos los viajes que tenía programados y a mí me dejó todo ese tiempo libre para poder atender a Eva como era debido.

A las diez de la mañana ya estaba entrando a la clínica donde se encontraba mi esposa y allí me estaba esperando Rocío, la cual tenía muy mala cara seguramente por no haber pegado ojo en toda la noche.

-Hola Rocío, gracias por darme el aviso. ¿Cómo se encuentra Eva? -Me interesé en primer lugar por su estado, luego ya vería qué era lo que había ocurrido para que ella estuviera hospitalizada.

-Ahora mismo está durmiendo porque le han administrado unos sedantes. Ella aparentemente está bien, pero cuando llegó aquí venía en muy malas condiciones. A mí me llamó alguien desde su móvil para darme la ubicación de donde se encontraba ella y cuando la recogimos mi marido y yo, estaba totalmente inconsciente y no ha podido decirnos nada.

-¿Donde la dejaron exactamente? -Le pregunté.

-Fue aquí al lado, estaba recostada sobre un banco de la alameda.

Tendría que hablar con el doctor que la atendía para que me diera su parte médico. Lo primero que hice en esos momentos fue ir a su habitación, aunque ella se encontraba aparentemente bien, se notaba que le habían golpeado la cara en sus dos mejillas. Los nudillos de sus dedos también se veían arañados y estaban amarillentos por algún desinfectante que le habrían administrado, seguro que Betadine o algo parecido. No pude seguir inspeccionando su cuerpo porque enseguida se presentó el doctor que venía a hablar conmigo.

-Es usted el marido de la paciente ¿Verdad? Yo soy el doctor Abel Fernández.

Le confirmé mi parentesco después de presentarme yo también a él.

-Por favor, dígame cómo se encuentra mi esposa. Ya veo que alguien la ha golpeado en la cara y también he visto los arañazos en los nudillos de su mano, además de ver que está sedada.

-Efectivamente está sedada, pero no creo que tarde mucho en despertarse. Su esposa llegó a urgencias totalmente inconsciente, seguro que debido a una gran ingesta de alcohol que triplicaba lo normal que puede resistir una persona como ella y también por unos altos índices de estupefacientes consumidos no hacía mucho tiempo. También tiene otros cardenales en los glúteos y los pechos, además de claros síntomas de haber sido penetrada por la vagina y por el conducto anal, en ambos hemos detectado restos de semen, que serán analizados siguiendo la normativa vigente, también hemos pasado aviso a la policía que seguramente se pondrán en contacto con ustedes.

-Ya... no sé qué decirle doctor, supongo que será mejor esperar a que ella pueda contarnos lo que sepa o recuerde al menos, no sé...

-Sí, no se preocupe, de momento estaremos pendiente de su evolución, pero tenga la tranquilidad de que ella se encuentra bien, además de que estamos muy pendientes del seguimiento que le hacemos.

Le agradecí todo lo que hizo por Eva antes de marcharse y me quedé con Rocío, esperando que mi esposa se despertara en breve.

-¿Hasta donde sabes sobre todo esto? -Le pregunté.

-Nosotras tuvimos nuestra clásica noche de chicas y ya sabes lo que pasa, ¿No? Fueron muchos los chicos que se acercaron para bailar con nosotras, tomarnos una copa y todo eso...

-Rocío, el viernes pasado pude ver como suele terminar vuestra noche de chicas, así que después de lo que ha pasado con ella, será mejor que no te andes por las ramas y me cuentes todo lo que sepas.

-No te voy a contar suposiciones mías, porque eso es de lo único que dispongo, será mejor que te lo cuente tu esposa cuando se despierte.

-Solo respóndeme a una cuestión que llevo haciéndome desde hace un buen rato, ¿Crees que lo que le han hecho a Eva esta noche podría ser obra de alguno de vuestros conocidos?

-No creo que ninguno de los que nos suelen acompañar en nuestras noches de chicas ha podido ser el que le ha hecho esto a Eva, lo veo imposible Gonzalo.

-De acuerdo, pues ya está. Esperaré a que se despierte y pueda hablar con ella para ver si me entero de una puñetera vez.

-No te enfades con ella, que mira todo lo que ha debido sufrir. Déjalo si puedes hasta que esté más recuperada.

No le insistí más en que me aclarase algo de lo que había pasado y allí nos quedamos los dos a la espera de que ella diese señales de vida. La verdad es que no había tomado nada desde la cena de la noche anterior y no tuve más remedio que ir a la cafetería que estaba en la planta baja, a intentar reponer fuerzas y de camino relajarme de tanto agobio como sentía en esos momentos. No tardé más de media hora en volver, pero cuando lo hice ya estaba Rocío hablando con mi mujer, que más que hablar parecía que estaba tomando conciencia de donde se hallaba y hasta se la veía confusa mirando a todas partes. Entonces me vio llegar hacia ella y en vez de tranquilizarse, la vi que se ponía muy nerviosa, aunque desde luego no debería tener motivos porque mi cara lo único que mostraba era la lógica preocupación, para nada me sentía enfadado y menos con ella, al menos de momento.

-Acaba de despertar, -me decía su amiga-, he llamado a la enfermera para que avise al doctor, pero como puedes ver, Eva no está todavía para dar muchas explicaciones, yo creo que lo que necesita ahora mismo es mucho descanso.

-Sí, en eso estoy de acuerdo contigo, -le decía mientras me acercaba a la cama para darle un beso en la mejilla a mi esposa-, tranquila cielo, no te preocupes por nada, todo está bien, mi amor...

Ella se agarró a mi mano derecha que descansaba en el borde del colchón y no quería que la soltase en ningún momento, por lo que me quedé allí a su lado intentando que se relajase. Por el otro costado se le acercó su amiga Rocío para asirla de la otra mano y darle unos golpecitos en el dorso de la misma. Al poco llegó el doctor junto a la enfermera que nos pidió salirnos al pasillo mientras el médico le hacía un reconocimiento.

No tardó mucho en salir y llevándome a un aparte para tener algo más de intimidad, me dijo que físicamente mi esposa se encontraba bien, pero que psicológicamente igual podría necesitar ayuda para recuperarse y volver a su total normalidad. En cuanto al alta, prefería que se quedara allí hasta el día siguiente por si surgía algún tipo de complicaciones y en cuanto a que se le diese aviso a la policía para presentar una denuncia, le dije que no íbamos a poner ninguna hasta que yo no pudiera hablarlo con ella, siempre y cuando la viera preparada para hacerlo.

Esa tarde no tuvimos ni un momento de sosiego pues todas sus amigas vinieron a estar un rato con ella y creo que le vino muy bien, pues poco a poco fue cogiendo confianza en sí misma y notaba que iba mejorando por momentos. Esa noche se quedó su madre acompañándola y yo me pude ir a descansar muy agradecido, porque estaba hecho polvo por el día que había llevado.

Al día siguiente a media mañana hablé de nuevo con el doctor antes de que le diera el alta y me interesé sobre todo por las pruebas de semen que había tomado y me dijo que las había enviado a analizar, por si se necesitaba para un informe forense en algún proceso judicial.

Más tarde por fin pude llevarla a casa donde la noté nuevamente nerviosa, esperando algún interrogatorio por mi parte, pero yo no tenía prisa en conocer los detalles que ella seguía guardando, así que la dejé descansar y que se repusiera de los moratones tanto de la cara como de sus pechos y trasero, que solo pude verlos cuando yo mismo la llevé el primer día al jacuzzi, con sus sales de baño preferida y donde pude darme cuenta que por la intensidad de los mismos, era obvio que se debían más a unas agresiones que a unas nalgadas o tocamientos morbosos.

Pasé una semana muy pendiente de ella para que no se sintiera sola en ningún momento, también es cierto que su amiga Rocío y su madre, solían visitarla diariamente dándole mucho apoyo.

-Eva, cielo, necesitamos hablar sobre lo que ocurrió esa madrugada. Quiero que seas sincera conmigo y te prometo que no voy a hacer ningún juicio de valor sobre tu forma de proceder en esa noche y en todas las anteriores, que sabes que no me son ajenas.

-¿Qué quieres saber? -Más bien parecía que prefería que yo le fuese preguntando a que ella me relatara todo con detalle.

-¿Con quien te fuiste de la discoteca? -Quería ser directo, no venía a cuento que me andara por las ramas.

-Nos fuimos tres chicas y tres chicos a casa de uno de ellos a tomarnos la última copa.

-¿Seis sin más o formando tres parejas? -Quise saber.

-Tres parejas... pero no creo que haga falta que te diga con quien me emparejaba yo. -Quiso cortar.

-Eva, cariño, no quiero que me ocultes nada, te juro que no te voy a reprochar si fuiste esa noche con tu amigo Vicente, Raúl o cualquier otro. Lo único que quiero saber al final de todo es quiénes fueron los que te hicieron todo ese daño y cómo pudieron llegar a ese extremo.

-Yo iba como pareja de Raúl esa noche... pero él no me hizo ningún daño. En esa casa se nos fue de las manos todo el alcohol que nos tomamos, pero nadie le hizo daño a ninguna chica.

No fue tanta la sorpresa por ser Raúl su pareja esa noche en vez de Vicente que era el habitual, algo me rondaba en mi subconsciente que ese cabrón se estaba acercando demasiado a mi novia, además de que la noche con Reme, fue ésta la que la llevó al mayor cabreo y era precisamente porque se iba con Raúl.

-Era la segunda vez que estuve con él, con Raúl, quiero decir, Gonzalo y te juro que lo siento. -Quiso apostillar esa aclaración, seguro que para que no pensara que era su follador principal.

-¿Consumisteis drogas con ellos? -Seguí preguntándole.

-No, ninguna droga, ni esa noche ni ninguna otra, yo nunca he consumido, solo algunos porros en raras ocasiones.

Primero me decía que nunca jamás y luego me confesaba que se fumaba unos porros, pero no hice ninguna alusión a esa incongruencia y seguimos con nuestra forma de proceder, yo le preguntaba y ella me respondía.

-Según el doctor, llegaste al hospital con semen en tus dos conductos, en la vagina y en el anal. ¿Eran de esos chicos que os acompañaron esa noche?

-En la vagina solo el de Raúl... -Me respondió después de pensárselo más de lo normal.

-Pero alguien te dejó restos dentro del otro conducto. -Le insistí.

-Allí solo tuve sexo dos veces con Raúl, la primera terminó en la vagina y la otra en el pecho, -insistió-, luego tuvimos una discusión entre nosotros y le pedí que me llevara a casa, pero en el camino seguíamos discutiendo y le dije que parase el vehículo que me iba a bajar y aunque en un principio no quería dejarme en mitad del camino, le llegué a gritar tanto que no tuvo más remedio que dejarme en una marquesina de no sé qué autobús.

-Está bien, ¿Ves como no pasa nada si me lo cuentas todo? -Le dije con mucho aplomo y ganas de cagarme en la puta de bastos-. ¿Qué pasó después?

-Quise llamar a un taxi para que me recogiera, pero en ese momento llegó un vehículo con dos chicos y se ofrecieron a traerme al centro. Sabía que no debía irme con ellos, pero estaba bastante bebida y no terminaba de aclararme. Poco después me vi dentro de ese coche en el asiento de atrás acompañada por uno de ellos, mientras el otro seguía conduciendo, aunque claramente no íbamos hacia el centro de la ciudad.

Parecía que había tomado carrerilla por lo que la animé a que siguiera con el relato de lo ocurrido con un asentimiento de mi cabeza y un gesto de mis manos.

-Ahí fue cuando empecé a ponerme nerviosa y les pedí que se dirigieran hacia el centro como me habían prometido, pero ellos decían que no fuera tonta, que lo íbamos a pasar muy bien los tres. El que iba a mi lado sacó una botella de vodka y a cada instante me obligaba a tomarme un trago y en medio de todos esos tragos me dio primero una pastilla y luego otras dos, aunque de eso ya no estoy muy segura que fueran dos, todo me es muy confuso a partir de ahí.

-¿Qué más puedes recordar? -Le pregunté.

-No lo sé, creo que me llevaron a un taller o eso me parecía, solo sé que me negaba a bajar del coche y el que conducía me pegó dos guantazos que me hicieron perder el conocimiento ya del todo. A partir de ahí no recuerdo nada de nada y cuando recobré el conocimiento estaba en la cama del hospital con Rocío a mi lado y enseguida llegaste tú.

-Si vieras a esos tipos, supongo que los podría identificar.

-Creo que sí, sobre todo al que estuvo sentado a mi lado, tendría unos treinta y cinco años, pelo muy abundante, peinado hacia atrás y bastante engominado, aunque se veía claramente que era muy rizado en las puntas, mucho más bajo que tú, yo creo que de 1,72 más o menos y tenía el dedo anular agarrotado, formando un ángulo recto.

-¿Te acuerdas del coche? -Volví a preguntarle.

-Sí, porque tú tuviste uno igual hace unos años, solo que éste era rojo y el tuyo era gris. ¿Sabes el que te digo?

Claro que lo sabía, porque el gris era el Toyota Corola que tuve efectivamente hasta hacía tres años.

-Imposible que recuerdes el camino que siguieron o algo del sitio donde te llegaron a agredir esos tipos.

-Raúl debe saber donde me dejó y a partir de ahí cuando me recogieron tomaron hacia la derecha por una carretera con muy poca circulación y muchos árboles. Del sitio es que ni puedo asegurar siquiera que era un taller.

-¿Algún otro detalle que se te venga a la cabeza?

-El que venía a mi lado se llamaba Gabi y el que conducía, Joaquín, bueno el otro le llamaba Juaqui.

-Está bien, de momento es suficiente por hoy, solo que si se te viene a la cabeza algún otro detalle que no me hayas contado, me lo dices inmediatamente.

-¿Pero es que piensas dar con ellos? -Me preguntó muy nerviosa.

-No, tranquila, solo que si me los encuentro algún día, por lo menos que pueda identificarlos como que eran ellos los que te agredieron.

-No vayas a hacer nada Gonzalo, por favor...

-Relájate, mi amor, ¿Qué voy a hacer yo, mujer?

Pero sí que hice, por supuesto que no me iba a quedar quieto ante lo que le hicieron a mi esposa y no solamente los dos capullos últimos, sino también el cabrón de Raúl por dejarla abandonada a media noche en una marquesina de un autobús. No servía para mí la excusa de que Eva le pidiera que la dejase allí.

Mi primera misión era entablar un primer contacto con él, pues era el único que sabía donde la había dejado esa noche y desde ahí averiguar más o menos el recorrido que me había descrito mi mujer, igual tenía suerte y localizaba el vehículo de esos dos desalmados.

Recurrí como siempre a mi amigo Carlos que se lo sabía todo y no sé como lo hizo, pero un rato después me estaba facilitando su número de teléfono y no tardé nada en ponerme en contacto con él.

-¿Sí, quién me llama? -Respondió cuando ya estaba a punto de colgar.

-Hola Raúl, soy Gonzalo. -Y como no daba ninguna señal, le tuve que aclarar-, sí, hombre, el marido de Eva.

-¡Eh...! Sí, claro, -reaccionó por fin, seguro que sorprendido-, ¿Qué tal Gonzalo?

-Pues mira, supongo que estarás enterado de lo ocurrido la noche del último viernes que estuviste con mi esposa, ¿Verdad? -Le entré por directo.

-Bueno, yo... solo estuve con el grupo de ella y sus amigas...

-Está bien, -le corté sus explicaciones-, lo cierto es que necesito hablar contigo para aclarar unas dudas que tenemos ella y yo.

-No sé qué te puedo yo aportar sobre lo que le pasó a tu mujer esa noche. -Me dijo algo esquivo.

-Para nosotros es esencial Raúl, si te parece nos vemos esta tarde a las ocho... -Entonces le di las señas de un conocido bar de copas ubicado en el centro.

-Está bien, allí estaré.

No sé cual de los dos cortó antes la conversación, pero al menos conseguí lo que yo buscaba y esa tarde a las ocho en punto me encontraba en la barra del pub esperando su llegada. Lo vi venir acompañado de su amigo Vicente, el cachas del fitness y primer follador en frecuencia de mi esposa. Comprendí enseguida que no se fiaba de mí y menos aún de mis intenciones y en eso no le faltaba razón, pues lo que más me apetecía en esos momentos en que le vi llegar, era darle unos cuantos jab, un buen uppercut y un directo a la cara para dejársela pegada al cogote.

-Hola Gonzalo, -me saludó rápidamente Vicente adelantándose a su amigo que se quedó prudentemente más atrás-, ¿Como está Eva? Espero que vuelva pronto por el fitness.

-Perdonadme que no os de la mano a ninguno de los dos, -les dije cuando Vicente intentó estrechármela-, ninguno desconocéis porqué no lo hago, las razones son obvias.

Ellos se quedaron muy serios, pero no alegaron nada por mi descortesía y a mí se me pasó por la cabeza aquello que se decía de que además de cabrón, apaleado. Luego ellos se pidieron unas bebidas y enseguida entramos en lo que a mí me interesaba.

-¿Donde fue la fiesta que tuvisteis después de la discoteca? -Le pregunté sin más a Raúl.

-En casa de uno de los que nos acompañaban, pero me imagino que eso no tiene nada que ver con lo que le pasó luego a Eva. -Me respondió.

-Solo quiero saber por donde estaba esa casa, tampoco necesito que me digas la dirección exacta.

-Pertenece a la Urbanización de la Rosa. -Me respondió no dándole importancia a ese detalle.

-Supongo que desde ahí te dirigías a nuestra casa, ¿O tenías pensado recalar en otro lugar antes?

-No, era muy tarde y tenía la intención de dejarla en tu casa, -me contestó y entonces me lo soltó-, la otra vez ya estábamos allí.

El hijo de p... quiso cabrearme con ese epíteto que era una osadía por su parte y un insulto según la mía. Pero no le respondí a eso y seguí con mi interrogatorio.

-¿Cual fue el motivo de vuestra pelea, para que ella te pidiera que la llevases a casa?

-No te va a gustar que te responda a eso, mejor lo dejas estar y ya está.

-Prefiero saberlo y si no se lo pregunté a ella es porque ahora mismo lo que necesita es recuperarse y no remover lo ocurrido esa noche.

-Está bien, otra de las chicas era Reme, con la que me visteis la otra noche y lógicamente era normal que nos diésemos un morreo y no te cuento el cabreo que se pilló Eva, ayudada también por todos los pelotazos que se había bebido esa noche, no digo que no. Yo intenté quitarle importancia, pero ella se puso como una fiera pidiéndome que la llevara a su casa. La verdad es que ya nos íbamos a ir porque la fiesta se había acabado... ya sabes.

-Sí, lo sé, ella me contó lo que hicisteis en esa casa los dos, pues el hospital ha realizado las pruebas del ADN de todo el semen que se encontraron en su interior, por si hubiese un requerimiento en un posible sumario judicial... ya sabes tú también.

Ese detalle no le gustó demasiado y su cara llena de contrariedad así me lo confirmó. Pero ya no quería seguir con esas nimiedades, tenía que estar en lo que me interesaba y seguí preguntándole.

-¿Me puedes decir exactamente cual era la marquesina de autobús donde la dejaste? Eva no tiene ni idea.

Él parecía que tampoco lo tenía muy claro, porque se lo pensó unos segundos antes de responder.

-Sé cual era, pero así de memoria no sabría decirte, pues tampoco es que conozca para nada esa calle, supongo que tampoco tendrá mucha importancia en estos momentos.

-Sí la tiene y si es necesario, estaría bien que me acompañases en mi coche para decirme cual era.

-Pero Gonzalo, coño, pareces un policía, ¡Joder! ¿Cómo voy a ir contigo a ver donde se bajó de mi coche? Esa calle queda casi en un descampado.

Me lo estaba diciendo y más ganas me entraban de soltarle dos buenos puñetazos por dejarla en un sitio al que él mismo describía como “un descampado”. Me cago en la puta de oros.

-Que nos acompañe Vicente si es que no te fías de mí... -Le desafié con cara de mala leche.

-A ver si crees que Vicente ha venido conmigo porque te tenga miedo. -Se envalentonó.

-No pienso hacerte ningún daño, solo quiero saber donde está esa parada de autobús.

-La cosa se acaba ahí, -me dijo con determinación-, no respondo a ninguna pregunta más.

Al final vinieron los dos a esa parada y creo que hizo bien, pues cuando vi de verdad donde estaba, seguro que le hubiera matado a golpes al cabronazo ese, ¿Cómo se le ocurrió dejarla allí sola y de madrugada?

-¿Sabes la hora que era? -Fue mi última pregunta.

-Serían sobre las tres de la madrugada. -Me respondió.

-Eres un hijo de puta, ¿Cómo se te ocurrió dejarla aquí a esa hora tan intempestiva? -le dije.

Estaba tan enfadado que apretando los puños hice un amago de lanzarle un derechazo, pero Vicente que estaba muy alerta, se abrazó a mí por detrás para que no pudiera llevarlo a cabo.

-Tranquilo Gonzalo, ¡coño! Relájate ¡Joder! -Exclamaba a gritos el entrenador y primer follador de mi esposa.

Raúl retrocedió también unos pasos, por lo que con esa maniobra y el agarre que me hacía Vicente, terminaron por hacer que mis ganas de dejarlo KO se hicieran imposible. Poco a poco me fui relajando y le hice un gesto a Vicente para hacerle saber que abandonaba mis intenciones, al menos de momento. Ya no hablamos más, los dejé en el centro y yo me fui a mi casa.

Eva estaba ya bastante recuperada y yo la observaba cuando no me miraba y no podía creer que mi esposa, el amor de mi vida, me estuviera poniendo los cuernos con su ex y encima sintiendo celos porque el cabrón besaba a otra en la orgía que se montaron ese viernes por la noche. Claro que yo me estaba montando en esos momentos, otra fiesta parecida con el matrimonio inglés. Y ahora a quien tenía que reclamarle yo, es que...

-Espero que no tengas en mente volver a disfrutar de otra noche de chicas en un buen tiempo. -Le dije, quizás ofuscado por el encuentro de esa tarde con sus dos folladores principales.

-No estoy yo en estos momentos para más fiestas, cariño, ahora lo único que deseo es estar contigo todo el tiempo que pueda, pero tú volverás enseguida a tus viajes y yo tendré que rehacer mi vida después de lo ocurrido, no voy a estar encerrada aquí en casa rumiando mis males.

-Procuraré estar en casa los fines de semana, es cuestión de organizarme mejor los viajes. -Le ofrecí, pues ella llevaba toda la razón.

Después la acompañé a la comisaría, donde teníamos que presentarnos a cumplir con la cita que habíamos acordado. Allí ella relató prácticamente lo mismo que me contó a mí y quedaron en que investigarían lo ocurrido y que nos tendrían al tanto.

Desde que ocurrió aquella agresión, Eva no me facilitaba que me acercara con intenciones de hacer el amor con ella, al menos, hasta el momento y ya había pasado un tiempo prudencial desde aquello. Yo la comprendía y por supuesto que me hacía cargo de su falta de apetito sexual.

-¿Cómo estás, mi amor? -Le preguntaba una noche ya acostados en la cama, mientras le acariciaba su pelo y los hombros desde atrás.

-Estoy mucho mejor, -me respondió al tiempo que su mano acariciaba la que yo tenía en su hombro en esos momentos.

-¿Quieres que salgamos mañana a cenar y luego ir a tomar algo por ahí?

No sé que fue lo que le pasó, pero enseguida se encogió sobre sí misma y comenzó a emitir unos sollozos muy quedos.

-Eva, cielo, ¿Qué te ocurre? Dime que te pasa, mi amor. -Me alarmó no saber el motivo de su llanto.

Intenté hacerla girar hacia mí, pero mis intentos eran en vano, pues ella se encogía aún más y sollozaba más fuerte. Esta forma de proceder le duró varios minutos y yo no sabía como reconfortarla, pues ella no me daba ningún indicio de lo que le estaba pasando por su mente. Al final logré que se fuera girando hacia mí y sin querer mirarme a la cara, se abrazó a mi cuello y siguió gimiendo cara contra cara.

-Te... te estás portando demasiado bien conmigo... -consiguió susurrarme al oído-, yo... no te merezco Gonzalo, llevo un tiempo que no me porto bien y te he sido infiel muchas veces.

-Sí, ya me contaste lo que hiciste con Raúl, no hace falta que le des más vueltas, cielo. Yo tampoco me he portado muy bien contigo que digamos. Déjalo, anda preciosa, no quiero que me ocultes tu cara, deja que te pueda dar un beso, mi amor.

Ella pudo entonces separarse de mí lo suficiente para poder darme un beso corto, pero enseguida recuperó la posición anterior, volviendo a enterrar su rostro en mi cuello.

-Yo... no ha sido solo con Raúl... -volvió a susurrarme al oído-, quiero contártelo todo y verás que me he portado como una... infiel, no sé si me vas a dejar... no sé... llevo días dándole vueltas a la cabeza y me he convencido que te lo tengo que contar todo.

Cuando terminó de decirme ésto, se apretó más contra mí y muchas lágrimas surcaron sus mejillas, llegando a humedecerme la mía.

-Yo no te he exigido nada, mi amor, -intenté tranquilizarla-, piénsalo más detenidamente si te parece y entonces me cuentas lo que quieras, pero de ninguna manera voy a dejarte, cielo, eso nunca.

Su cabeza negaba reiteradamente y sus sollozos continuaban sin detenerse en ningún instante, incluso arreciaban cada vez que intentaba relajarla. Estaba claro que un sentimiento de culpabilidad la invadía desde la noche de la agresión y al parecer la única manera de reconciliarse conmigo, según ella claro, era la de confesarme todos sus pecados como si yo fuese un cura sentado en su confesionario.

No quise agobiarla con más frases para relajarla, pues ya me repetiría y opté porque se fuera relajando ella sola por su cuenta y esta vez conseguí mi objetivo, pues poco a poco dejó de llorar y comenzó a buscar un diálogo conmigo donde me contaría todo lo que se le pasaba por su cabeza. Ella se separó lo suficiente como para quedar frente a mí, tratando de ocultarme su mirada.

-Puede que si vamos a tomar una copa nos encontremos a mi grupo de chicas y los chicos que se suelen acercar... incluso Raúl puede que también ande por allí.

-Si estás conmigo no tienes nada que temer, debes sentirte segura a mi lado, cielo.

-El que va más veces es Vicente, que precisamente me ha llamado hoy para animarme a ir al fitness de nuevo.

Asentí y hasta me daba miedo seguir oyendo lo que ella empezaba a contarme.

-Con Vicente me he ido siempre que coincidíamos en la discoteca...

-Ya... ¿Con él te acuestas en el propio fitness...? -Le susurré, porque los dos hablábamos muy bajito.

-En el fitness dispone de un cuarto pequeño para cambiarse, aparte de los vestuarios de los chicos.

-¿Allí lo hacéis entonces? -Insistí para salir de dudas.

-Sí, bueno, solo un par de veces en los dos años que llevo allí. -Me aclaró.

-Y sobre los otros, ¿Algún habitual?

-Las dos veces que me he ido con Raúl, además he estado con tres chicos y entre ellos está Martín, el más joven con el que he repetido alguna vez, es que tiene 25 años, figúrate y es muy guapo y simpático. Siempre que he salido con uno de éstos últimos, lo he hecho en compañía de otras chicas del grupo, nunca sola... en realidad, la primera vez con Raúl nos vinimos aquí a nuestra casa, ya te he dicho que no quiero esconderte nada. Cuando me marcho con Vicente, nos vamos a su apartamento.

Ella daba por terminada sus explicaciones y volvió a abrazarse a mí, no sé si buscando que la perdonase ante todas esas vejaciones que me había hecho, pero yo seguía con lo mismo, osea, que seguramente tardaría más de media hora en comentarle todas mis cuitas, mucho más fuertes que eso de echar un polvo y adiós, porque la verdad es que había semanas que me acostaba hasta con tres mujeres distintas y... estaban las dos hermanas en Roma, el matrimonio inglés, dos más en México, dos chicas bisexuales o medio lesbianas, la madurita en Roma... en fin, que no sé qué cuentas le iba a pedir yo, si debería ser al revés, tendría que pedirle todas las disculpas del mundo por lo que hacía durante mis viajes.

La cuestión es que yo tenía muchas ganas de echar un polvo, que ya me tocaba ¡Joder! Además que mi rabo estaba como un garrote, no sé si por tanto tiempo sin mojar el churro o si también tenía algo de culpa todo lo que ella me había contado. Entonces volvimos a besarnos y mis manos se fueron a sus preciosas tetas, muy accesibles al estar tapadas solo con el fino camisón. Con un pequeño esfuerzo, la coloqué sobre mí para hacerle saber como se encontraba de erecto mi pene y ella primero estuvo retraída, pero luego fue tomando confianza, hasta que entre beso y beso, fue restregando su pubis encima de mi cipote y ya no lo pudimos parar ninguno de los dos.

-Te voy a follar, cielo, te la voy a clavar hasta que te salga el capullo por la garganta, es lo que te mereces por cabrona y por puta. Ven ponte a cuatro que sabes lo mucho que me gusta.

Ella se deshizo del camisón y las braguitas, para terminar colocándose en la postura que le pedí. Yo también me había desprendido de mi bóxer y no tardé en penetrarla en un segundo intento, pues el primero lo tuve que abortar al ver lo poco lubricado que tenía el coño, teniendo que emplear algo de saliva para solucionar el problemilla.

-¿Te gusta mi polla, cielo? -Le pregunté cuando ya le había dado unos buenos pollazos.

-Síííí... sí me gusta... la tuya es la mejor, dame... dameee...

Desde luego que parecía que ahora sí que podía hacer comparaciones, bastantes diría yo con todo lo que se había metido la muy zorra.

-¿Piensas seguir puteándome por ahí? -Le aticé una nalgada para acompañar esa pregunta.

-¡Nooo...! Creo que no, cielo... solo quiero tu polla... aaahhh... sigueee...

-¿Vas a seguir follando con Raúl, so puta?

-¡Nooo...! No sé... estoy a punto, mi amor... más fuerte... aaaggg...

-¿Y al fitness, vas a volver al fitness de Vicente?

-¡Sííí... digo noooo...! Me estás confundiendo y me voy a correr yaaa... uhmmm... sííí... aaaggg...

En esos momentos comenzó a convulsionarse mientras yo le dejaba ir otro par de azotes en sus nalgas, dejándose caer ella sobre el colchón al no poder sostenerse a cuatro patas y yo me fui hacia abajo con ella procurando no salirme de su coño, ya lo haría más tarde cuando nos corriésemos los dos al unísono.

-Qué cabrón eres... me susurró con los labios pegados a la sábana, me preguntas cuando estoy en otro mundo... eso no se hace... -Me acusaba y se reía al mismo tiempo.

-Pues vete preparando que ahora voy a por tu segundo orgasmo, a ver que soy capaz de sacarte mientras te corres. -La amenacé soltando otras risas.

-A ti te da igual lo que he hecho y lo que pueda hacer en un futuro, parece que me estás diciendo que sigamos con lo que estamos haciendo cada uno por su parte, pero te juro que estoy dispuesta a rectificar si lo haces tú también.

-Después lo hablamos, ahora date la vuelta que te voy a follar en misionero y ya sabes, me aprietas con tus piernas sobre mi culo, a ver si puedo traspasarte de lado a lado.

No quiso hacerlo de inmediato, porque al parecer echaba de menos una buena mamada y eso fue lo que me hizo hasta que la tuve que parar para poderla follar en condiciones. Entonces sí que me obedeció estirándose a todo lo largo del colchón, con las piernas flexionadas por las rodillas y bien abiertas para que no errara la clavada y en cuanto se la metí me echó las piernas sobre mi culo para completar mi petición.

-¿Vas a seguir viajando también en los fines de semana? -Me preguntó la muy guarra cuando estaba en lo mejor de la follada.

-¿Quééé...? Tendré que hacerlo, no tengo más remedio.

-¿Por las zorras que te tiras, cabrón?

-¡Nooo... que va! Es por el negocio, mi vida, por nuestro negocio. No puedo seguir ausentándome, cielo.

-¿Te vas a follar a las hermanas o a las lesbianas? - Y yo no sabía si la había entendido bien.

¡Coño! ¿Quién le había dado esa información? Pensé cuando sus palabras buscaron acomodo en mi cerebro.

Ahora estaba en un verdadero aprieto y eso en medio de todas esas penetraciones... no respondí y me defendí arreciando en el fragor de la batalla, logrando un receso en sus acusaciones mientras ella se volvía a correr como la puta que era.

-Aaaggg... me corrooo... ahyyy... joderrr... uhmmm...

Yo también estaba a punto de venirme, pero ella me pidió que se lo echara en la boca y así lo hice.

-Saca la lengua y deja que me corra sobre ella, putita, haz bien tu trabajo que verás lo que te voy a soltar... ufff... uhmmm... toma zorraaa... toma... uhmmm... qué gusto coñooo...

No dejé de pajearme hasta que le dejé ir todos esos chorros de lefa y al final ella se tragó mi pene para sacarme los últimos goterones y de camino limpiármelo bien. Al final yo salí inmaculado de ese polvo y ella hecha un adefesio con todo ese esperma chorreándole por la cara, las tetas y el propio pelo que también se llevó lo suyo.

-Mira como me has puesto... no sé de donde sacas tanta leche.

-No creo que sea el ganador después de tantos como te estás tirando. -Le afirmé.

Ella me miró directamente a los ojos y al ver mi risa en ellos no pudo evitar una carcajada.

-Pues aunque no te lo creas, ninguno echa tanto como tú, Martín es el que más se te asemeja, pero tampoco llega a tanto.

-¿El simpático? -Le pregunté con otras risas.

-Sí, ese, el joven, guapo y simpático Martín. -Me confirmó.

Y luego sin decirme nada más se agarró a mi cuello y me dio un buen morreo, que creo que lo hizo para ponerme tan cerdo de lefa como ya estaba ella.

Nos encontrábamos muy cansados y dejamos la conversación sobre lo que Eva me confesó y lo que deberíamos hacer en el futuro para otro día. Nos aseamos los dos y en diez minutos estábamos durmiendo como lirones.