Teresa, mi vecina, me ayuda a superarlo (Vl).
Miguel no se enfada cuando descubre que su esposa está aprendiendo a satisfacer a otro hombre; al contrario, decide ser el arquitecto de su propia decepción. Ahora, cada noche es una oportunidad para observar cómo Teresa despierta los deseos reprimidos de Jacinto, mientras él disfruta en silencio de las consecuencias.
Desde hace un par de meses mi vida ha dado un cambio radical. Teresa y yo vivíamos una placida etapa de pareja sin sobresaltos ni episodios destacables. Nuestros hijos, ya independizados, habían dejado el hogar inmerso en una tranquila rutina. Nuestra relación se basaba en el afecto mutuo y muchos años de convivencia. Nuestras relaciones sexuales eran escasas e igualmente tranquilas y predecibles, hasta que un día todo cambió.
Yo estaba en la cama, con el laptop sobre las piernas, mirando aquí y allá, noticias deportivas, videos de YouTube sobre bricolaje y demás. Ese día no buscaba nada en concreto, simplemente curioseaba. Tras pinchar en varios enlaces de publicidad me encontré en una pagina de relatos eróticos, elegí uno al azar y enseguida me sumergí en un episodio que enviaba una jovencita. En él se describía como un hombre maduro la seducía y la obligaba a hacerle una paja en el autobús estando rodeados de gente.
Lo relataba tan bien que no podía dejar de leer, quería saber como terminaba la historia, sin darme cuenta estaba viviendo en primera persona lo que allí se contaba, era una sensación nueva…placentera.
—¿Qué estas leyendo?...se te ve muy interesado— me pregunta Teresa al venir del baño donde estaba preparándose para dormir como hacia cada noche.
—Nada, nada importante…un articulo sobre el teletrabajo— le miento descaradamente.
—Pues debe ser muy interesante porque te la ha puesto dura— me dice señalando el bulto que se marca en el calzón.
Acto seguido se echa sobre la cama a mi lado, comienza a tocarme la pierna acercando progresivamente su mano hasta mi entrepierna.
—Tu sigue leyendo…yo voy a ver que se puede sacar de esto…hacia mucho tiempo que no estaba tan bien— me dice manoseando sin pudor por encima de la tela.
Teresa siempre ha sido una mujer muy recatada, de las de antes, de las que apagan la luz y raramente toman la iniciativa. Yo tampoco soy un hombre lanzado e imaginativo, por lo que nuestra vida sexual ha caído en una rutina sin alicientes. Hoy me está sorprendiendo, no solo no le ha molestado encontrarme excitado mirando la pantalla, sino que además, ha tomado la iniciativa.
Finjo que sigo leyendo el relato y me acomodo para dejarle espacio cómodo para que siga tocándome la polla. Cuando ya me la ha puesto muy dura, me quita el calzón y la acaricia dulcemente. Unos minutos mas tarde me está haciendo una paja excelente. Nunca había sido así…Teresa siempre se mostraba reacia a tomar la iniciativa…sus movimientos eran torpes y sin gracia. A menudo, yo le tenia que indicar como hacerlo y la mayoría de las veces terminábamos pasando a otra cosa.
Hoy es diferente. Me tiene bien agarrado, su mano sabe cuando subir y cuando bajar, cuando apretar y cuando aflojar… incluso sabe llevar el ritmo, acelerando y parando para mi deleite.
—¿te gusta así?...¿que tal lo hago?— me pegunta sin dejar de machacarme los huevos con su puño cerrado alrededor de mi polla.
—Si, si….muy bien— respondo sin atreverme a preguntar de donde le han venido estas habilidades, aunque intuyo que debe haber visto como se hace en una pagina porno que tanto abundan.
Me ha pillado tan de sorpresa que con pocos meneos consigue que me corra como un bendito. Las gotas de leche caen sobre mi vientre, la verga empieza a desinflarse lentamente. Teresa sigue tocándome como si ella quisiera más, sigue acariciándome y me provoca un regusto excelente.
—¿Sabes?...me ha venido a la cabeza nuestro vecino Jacinto…¡que duro debe ser estar solo a estas edades!...me da mucha pena…deberíamos buscarle una “novia” para que se desahogue un poco. Menos mal que nos tiene a nosotros para ayudarle debemos encontrar alguien adecuado
—cuando voy a su casa para ayudarle con la tareas domesticas no parece que lo esté pasando demasiado mal… el hace su vida y todavía se acuerda de Flora— me contesta mientras me masajea los huevos, la verga ya se ha relajado.
—Pues yo creo que lo debe estar pasando mal. Voy a ver si le encuentro una buena mujer para que le haga compañía—insisto en la idea
—Mejor no te metas en sus cosas…no sabemos como se va a tomar— dice Teresa que sabe bien de que va la cosa.
Por aquel entonces yo no sabía que llevaba varias semanas convertida en su pupila…aprendiendo a hacer unas pajas estupendas para satisfacer al hombre mas exigente, y está claro que el resultado era más que aceptable.
—Tu déjame a mi, ya verás como lo animo a salir con alguna de nuestras amistades— me acomodo en la cama, preparo la almohada y me pongo a dormir relajado y satisfecho.
…Mi vecino solitario necesita un empujoncito.
—¿A ti te gusta el futbol? Hoy juegan la final. ¿quieres venir a ver el partido a casa?. Teresa no estará…ha quedado para salir con unas amigas de compras y cenará fuera— le digo a Jacinto al encontrarnos en el rellano junto al ascensor.
—No quisiera ser una molestia— me responde muy discreto.
—¡qué dices hombre!... es más divertido ver el partido con más gente. Ven nos tomamos una cervezas y encargamos una pizza. Una tarde de hombreeeees, jejeje…hace tiempo que no me siento tan bien y me apetece que vengas a casa…¡vamos anímate!
—¿a qué hora es?— pregunta en voz baja como si le costase aceptar la invitación.
—A las 8. Te espero…no llegues tarde…si tienes camiseta, bufanda o gorra te las puedes traer…lo pasaremos bien.
Jacinto es una buena persona, me gusta ofrecerme para que encuentre distracción y que salga de una puta vez de este largo retiro.
Empieza el partido, abrimos unas cervezas y entre jugada y jugada voy tirándole de la lengua para averiguar cómo le gustan las mujeres, en qué situación anímica se encuentra y que espera encontrar. En mitad de la segunda parte, cuando el partido esta mas interesante, se presenta en casa mi mujer. El encuentro con sus amigas se ha durado menos de lo esperado y ya la tengo de vuelta.
—Voy a darme una ducha— dice sin interrumpir el espectáculo desapareciendo rápidamente hacia las habitaciones y yo vuelvo a la carga con mi objetivo.
—Teresa tiene varias amigas con las que harías buena pareja. Encuentros discretos, cada cual en su casa y sin malos rollos. Algunas están divorciadas y una es viuda. Y si te apetece el morbo, también hay alguna casada que le gusta echar algún polvete con alguien discreto como tu…¿te animas?
—No insistas…todavía no estoy preparado. Necesito más tiempo— me confiesa apesadumbrado
Entra en escena Teresa. Vine con el pelo húmedo, envuelta en una bata para mujer sin mangas que está hecha de tela ligera y cómoda. Tiene botones en la parte delantera con un canesú que da amplitud y gran comodidad.
Le va bastante ajustada al cuerpo por lo que sus generosas curvas quedan resaltadas. Lo dos botones de la parte superior no los tiene abotonados, cualquiera diría que las tetas están a punto de salir fuera. A mi vecino Jacinto se le ilumina la cara, abre los ojos sorprendido por tan hermosa aparición…no hace falta que yo siga preguntando…a mi vecino mi mujer le hace tilín.
Mi vecino está fuera de si, se come a Teresa con los ojos, sus buenas tetas lo tienen embobado. Estoy seguro que a su edad todavía se debe hacer buenas pajas viendo a mi mujer ir en su casa de un lado para otro mientras le hace las tareas domésticas.
Ella sin dar importancia a su presencia, se pone a cocina y a poner la mesa para la cena.
—Te quedas a cenar ¿no? — pregunta de forma protocolaria sin espera que haya un no por respuesta.
Se mueve con soltura, va de un sitio a otro regalándonos la vista al ver su cuerpo rellenito y sexy, libre en la total intimidad del hogar.
Mi vecino no cabe dentro de su pantalón y yo disfruto viendo su nerviosismo y sus deseos reprimidos.
Termina el partido, hoy hemos perdido y no hay tiempo para lamentaciones. Mejor nos vamos a cenar lo que Teresa ha preparado en un santiamén para los tres.
Hace unos días nos visitaron nuestros amigos, Elena y su pareja José. El que ella fuera en silla de ruedas no mermó en absoluto su sentido del humor, y tuvieron la desfachatez de masturbarse mutuamente ante nosotros. Con disimulo, por debajo de la mesa…con mucho morbo. Yo fingí no darme cuenta de nada, mientras que Jacinto y Teresa estaban muy pendientes de lo que acontecía bajo el mantel.
Mientras damos buena cuenta de unas empanadas y unas croquetas que Teresa ha puesto a la mesa, suelto la pregunta bomba:
¿os acordáis el otro día? Elena y Jose son una pareja muy especial…sobre todo ella…¡menuda caña!
¡Que gente tan divertida!...¿a que te lo pasaste bien?— le pregunto a Jacinto sabiendo que él no quiso perderse detalle de lo que sucedía ajo la mesa y de las caras que iban poniendo mientras se masturbaban.
—Si, si…una mujer muy interesante y divertida— dice convencido.
Hace unos minutos me he sacado la polla, he buscado la mano de Teresa bajo la mesa y la he atraído hacia mi entrepierna. Quiero que me haga una paja…con disimulo, en presencia de nuestro vecino…Si nos descubre se dará cuenta que debe buscarse la vida para tener a alguien a su lado. Si no se da cuenta querrá indicar que todavía anda por la vida algo distraído, y tenemos la obligación de despertarlo.
Nota de Jacinto:
Me gusta que mi vecino Miguel este tan animado y satisfecho con el comportamiento de su esposa. Mientras siga así no hay ningun temor por ser descubiertos. Teresa seguirá aprendiendo a hacer cosas maravillosas mientras disfruta como una perrita, y yo daré rienda suelta a todas mis fantasías.
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