El Club de los pollones. 3
Javier llegó a la playa con el pecho marcado como 'hijo cornudo' y un pene encerrado en una jaula. Lo que esperaba ser una visita al chiringuito se convirtió en el escenario de su completa deshumanización, donde la única salida era arrodillarse y servir a quienes antes amó.
Hola. Muchas gracias por los comentarios a los relatos anteriores, tanto los positivos como los negativos que me ayudan a mejorar. En esta ocasión he decidido continuar con el relato anterior ya que creía que podía dar mucho más juego. Se recomienda leer los relatos anteriores, sobre todo la segunda parte, para tener una comprensión global de la historia. De todos modos, he intentando que esta tarcera parte pueda funcionar también de manera independiente, pero lo dicho, si os gusta os invito a leer tambien los capítulos anteriores. Este relato contiene pollas gigantes, tetas enormes, cornudos, y humillacion. Si es lo que te va, sigue leyendo. Si no, mejor pasa a otras historias que encajen mejor con tus gustos. Estás avisad@. Todos y todas los personajes son mayores de 18 años. La cuarta parte estará protaginizada por otro miembro del Club. Espero vuestros comentarios. ¡Que lo disfrutéis!
Javier recorrió el trayecto hacia el chiringuito con un brazo cruzado sobre el pecho, tratando de tapar la inscripción de “Hijo cornudo” pintado con rotulador por su ex, y tapando con la otra mano la jaula en la que estaba encerrada su minúsculo pene. En realidad eso no hacía más que llamar la atención sobre él al tratar de taparse en una playa nudista. Atraía las miradas de la gente con la que se cruzaba, y él, a su vez, comprobaba que casi todas las pollas de los hombres allí presentes, que lucían con la mayor naturalidad, eran más grandes que la suya. Vio que incluso había parejas follando, o montando tríos, allí mismo a plena luz del día. Alrededor de las cópulas se agrupaba la gente para disfrutar del espectáculo. Había gente que se masturbaba sin ningún tipo de rubor. Incluso habían algunos que grababan con sus móviles, supuso Javier que para disfrutarlo luego en privado en sus casas. ¡Que es donde hay que hacer esas guarradas, en privado, coño!, pensó Javier. Todo era rabia y envidia. A raíz de los sucesos de los dos últimos meses, dudaba que pudiera volver a complacer a una mujer…si es que alguna vez lo había conseguido.
Cuando llego a la barra del chiringuito y pidió, no tuvo más remedio qua abrir los brazos para recoger las bebidas. Entonces el chico y la chica tras la barra del chiringuito, que apenas pasaban de los veinte, pese a sus esfuerzos iniciales, no pudieron evitar partirse de risa. Y la chica, con rastas, vestimenta hippie, toda una preciosidad de pecho mediano, con los pezones perforados y multitud de tatuajes, desnuda de pies a cabeza, no pudo evitar preguntarle.
- ¿De verdad tu padre se está tirando a tu mujer?
Antes de que Javier pudiera decir que se metieran en sus asuntos y le dejaran en paz, intervino el otro camarero, bien delgado, fibroso y con aspecto de surfista, le pareció a Javier. Al girar la cabeza mientras atendía el otro lado de la barra, el camarero señaló la jaula antes de que Javier pudiera abrir la boca.
- A ver, Nuria. Tampoco es que se les pueda culpar.
- Ya no es mi pareja, ahora es la de mi padre - balbuceó Javier.
Los camareros no pudieron evitar volver a reír burlándose de Javier. Incluso la chica decidió llevar las cosas un poco más lejos.
-Mira.
Hizo girarse a su compañero, tan desnudo como ella, dejando al descubierto un buen pollón, grande y muy grueso. Un buen pedazo de rabo sin discusión alguna. El camarero puso los brazos en jarra, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, mirando a los ojos de Javier mientras su compañera jugaba con su polla.
- Espero que tu padre haga disfrutar a tu ex como Sergio me hace disfrutar a mí – dijo Nuria - A ti mientras tanto siempre te queda matarte a pajas.
Con el comentario, la camarera desató las carcajadas del resto de clientes.
Ambos camareros se dieron un largo beso e incluso Nuria se agacho un momento para darle un lametón rápido a la punta de la polla de Sergio. Lo que Javier no sabía aún es que los clientes en la barra no eran los únicos que habían contemplado la escena.
A unos veinte metros del chiringuito, había una mujer de aspecto oriental y curvas más que generosas tumbada cómodamente sobre un enorme pañuelo de playa. Tatuada y con piercings, llevando puestas tan solo unas gafas de sol, bebiendo un mojito y abierta de piernas mientras otra chica le comía el coño. Carmen no tardó en atar cabos. Había sido ella quien le había hablado a Sara de una cala escondida en aquella playa durante las cada vez más frecuentes visitas de la ex de Javier al Sex Shop del que la hispano oriental era encargada. Aquel hombre llevaba la frase “Hijo cornudo” escrita en el pecho y además cargaba con tres bebidas. La situación dejaba poco lugar a dudas, así que cuando aquel hombre paso a la altura de Carmen y su amiga, la belleza asiática decidió lanzarse.
- ¿Javier?
El hijo cornudo se paró en seco. No conocía de nada a aquellas dos mujeres. La mujer que le comía el coño a Carmen se giró para mirar a aquel hombre. Recién cumplidos los 19, tenía un aspecto aniñado, con la cara pecosa y el pelo rizado, la nariz respingona y el pecho plano aunque con un culo de colosales proporciones. Carmen la reprendió en el acto.
-¿Te he dicho que pares, puta?
- No, Señora – y acto seguido ignoró a aquel hombre por completo para seguir comiendo el coño de su Ama oriental. Ahora era el turno de Javier para salir de dudas.
- Disculpe, ¿nos conocemos?
- No hasta ahora. Pero soy muy amiga de tu padre y de Sara.
Javier no pudo articular palabra. ¿Lo sabría? Carmen dio un buen sorbo a la pajita de su mojito mientras lanzaba un buen vistazo a la jaula de Javier por encima de sus gafas de sol.
- Sí, ahora todo cuadra. Me refiero a que con un pedazo de hembra como tu novia y con lo que le cuelga tu padre entre las piernas no es que se les pueda culpar, ¿verdad? Joder, ni siquiera puedes soñar con competir.
Sí, lo sabía. Javier paso de lívido a ponerse rojo como un tomate. Carmen prosiguió.
- La verdad, lo que habría dado por estar allí cuando descubriste el pastel.
Ese momento tuvo lugar hace dos meses. Víctor, el padre de Javier, y Sara le dieron muchas vueltas a cómo hacérselo saber a Javier, dado que lo más probable, si Víctor continuaba siendo fértil, es que
más temprano que tarde Sara acabara quedando embarazada. Decidieron esperar hasta que la prueba de embarazo diera positivo. Pero como suele pasar a menudo, los planes acaban saltando por los aires y al final todo se reduce a una mera cuestión de azar.
Aquel viernes por la tarde a Javier le cancelaron las dos últimas reuniones del día. Tenía ganas de volver a casa y proponerle a Sara una salida de cine y cena. Desde que les dieron las pruebas médicas que señalaban a Javier como estéril, la vida de pareja había sido cada vez más tensa. Javier descargaba toda su culpa en forma de agresividad contenida contra su mujer. Tratándola cada vez peor, como si fuera basura. Sara, por su parte, se mostraba cada vez más distante con su pareja y, de forma extraña, cosa que Javier no podía comprender, incluso…radiante. De todos modos, aunque todavía se querían, más por fuerza de costumbre, en base a lo felices que habían sido hasta el momento de la prueba, lo cierto es que el amor, la pasión entre los dos, se iba diluyendo a cada día que pasaba. La comunicación ya se había convertido en una guerra fría constante. Incluso Sara había rechazado los últimos avances de Javier en la cama sin la menor explicación.
Durante la cena pensaba decirle a Sara que había reconsiderado la fecundación in vitro, o incluso la adopción. En cuanto aparcó el coche en el garaje y entró, en la casa, escuchó los gritos de Sara desde la habitación de arriba. En un principio se alarmó, pero enseguida se dio cuenta de que eran gritos de…placer. ¿Sara se estaba masturbando? Si tenía juguetes, desde luego los tenía bien guardados dado que él no los había visto nunca. ¿Estaba viendo un vídeo porno con el sonido a todo volumen? Sara no era ninguna mojigata y habían visto porno antes juntos, de todos los géneros, pero si en algo se había fijado Javier es que su novia se excitaba especialmente con los vídeos interraciales o con los de pollas grandes en general. Los polvos tras la sesión de porno eran gloriosos, o al menos eso le parecían a él. Javier incluso llegó a fantasear con proponerle a su pareja hacer un trío con algún hombre bien dotado elegido al azar en alguna página de contactos. Nunca llegó a verbalizarlo, dejando la fantasía guardada en un cajón. No, Sara no era mojigata, pero la tenía por una chica convencional y poco aventurera en asuntos sexuales, ignorando que su novia se estaba follando a su jefe por lo menos un par de veces por semana para conseguir un ascenso que nunca llegaría, y que encima acabó en despido cuando la mujer de su jefe les pilló in fraganti. Poco sospechaba que su concepción sobre su novia iba a cambiar en cuanto subiese las escaleras, que recorrió en silencio para tratar de sorprenderla.
La sorpresa se la llevó él en cuanto llegó a la puerta de su habitación. La mayor de toda su vida. Sobre su cama estaba su padre, Víctor, follándose a su pareja a cuatro patas. Las embestidas eran brutales, acompañadas por los gritos de Sara. Su novia llevaba puestas medias hasta los muslos y un collar con letras doradas grabadas que Javier no podía leer bien desde donde estaba. El sudor hacia que reluciese todo su cuerpo, y las mejillas de su cara jamás habían estado tan encendidas. Gemía y gritaba en éxtasis, era la viva imagen del placer. Parecía exhausta. Víctor le azotaba el culo la follaba a bofetones, y ambas mejillas del culo estaban ya enrojecidas. El jubilado de 68 años también estaba perlado de sudor de la cabeza a los pies. Ambos estaba tan concentrados que ni siquiera se dieron cuenta de la presencia de Javier.
Sara llegó al orgasmo al mismo tiempo que Víctor. El coño de su novia rebosaba semen hasta el punto de que se acabó desparramando sobre las sábanas. ¿Lo han hecho sin condón? ¿Cómo era posible correrse tanto?, se preguntó Javier. Y además con la edad de su padre. Si Javier ya estaba petrificado, su cabeza ya voló por los aires cuando Víctor sacó su rabo del coño de Sara. Aquel pedazo de carne parecía no tener fin. Ahora comprendió porque su pareja había rechazado sus avances en la cama las últimas semanas. No, no es solo porque que todavía estuviera cabreada con él.. Espera…Javier…¿se estaba excitando? No, no podía ser, pensó el directivo de banca. Era imposible, aunque a decir verdad, no sabría definir exactamente como se sentía en aquel momento. Aún estaba en shock. Sara Cayó exhausta sobre la cama y antes de que Víctor cayera a su lado, ella le dijo algo que Javier no recordaba haber escuchado en meses.
-Te quiero.
-Y yo a ti, amor. – respondió Víctor. Ambos se fundieron en un beso largo y prolongado, fundiendo sus lenguas en una sola. No fue hasta que ambos estuvieron descansando sobre la cama cuando repararon en la presencia de Javier junto al quicio de la puerta.
-Joder- dijo Sara.
Se produjeron unos segundos de silencio entre los tres que parecieron una eternidad hasta que Víctor adoptó en el papel de padre.
- Creo que será mejor que bajemos todos a tener una charla en el salón.
-¿TENER UNA CHARLA? – bramó Javier - ¿PERO COMO PODÉIS TENER LOS SANTOS COJO…?
- Ahora, Javier – respondió Víctor sin alterar su tono de voz aunque clavando su mirada en la de su hijo. – baja al salón ahora.
Javier enmudeció. Y aunque sabía que tenía todo el derecho a explotar, sin saber muy bien porqué obedeció. Dio media vuelta, recorrió el pasillo y bajo las escaleras.
Sara estaba temblando. Víctor la abrazó. – Tranquila. Esto tenía que suceder tarde o temprano. Vamos.
- ¿Desnudos?
-Sí, desnudos.
- Por lo menos creo que debería quitarme el collar.
- No. – repuso tajante - el collar se queda.
Sentado en su sillón, Javier les vio bajar las escaleras como Dios les trajo al mundo, excepto por las medias y el collar de Sara. “Perra”, pudo al fin leer Javier. Era humillante…y a la vez, aunque no quería admitirlo, excitante. Víctor y Sara tomaron asiento en el sofá, uno junto al otro. Enfrente de Javier, que estaba punto de explotar de ira. Sara lo hizo con las piernas abiertas, recogiendo con los dedos el semen que fluía de su coño y chupándolos después.
- ¿Desde cuando está pasando esto? – preguntó con tonó agresivo Javier.
- Desde el mismo día en que recibiste los resultados médicos según los cuales eres esteril y te largaste hecho una furia. – contestó su padre con toda la tranquilidad del mundo. – dejando a tu pareja llorando y destrozada, por cierto.
- ¡Sí, claro! Ya veo lo destrozada que estaba. ¿Cómo habéis podido hacerme esto? ¡Sobre todo tú! – apuntó a su padre de forma inquisitiva - ¡A tu propio hijo!
- Te recomiendo que no juegues esa carta- replicó Víctor.
- ¡Qué coño de carta! ¡¿de que pollas estas hablando?!
- Estoy hablando de cosas que he callado durante mucho tiempo. Pero mi silencio llega hasta aquí y hasta ahora. Estoy hablando de la forma en la que te avergüenzas de mi por ser quien soy y venir de donde vengo, de la clase obrera. Estoy hablando de que no he podido pasear por mi barrio sin que se me cayese la cara de vergüenza por toda la gente honrada a la que has dejado en la calle firmando desahucios. Estoy hablando de que eres una persona egoísta que no tiene ningún tipo de empatía por los demás. No eres una buena persona. Nunca lo has sido, y me he preguntado durante muchos años en qué he podido fallar contigo. Pero la verdad es que no es responsabilidad mía, porque eres una persona adulta y solo tú eres responsable de tus actos. Estoy hablando de que no te mereces a Sara, que es una mujer extraordinaria a la que tratas como si fuera basura. La verdad, no sé como te aguanta, y deberías darle las gracias todos los días porque siga a tu lado. Además, ¿de verdad crees que puedes aspirar a una mujer así? – Víctor le dice todas estas cosas a su hijo clavándole una mirada encendida en llamas. Sara sigue recogiendo semen y tragándoselo con los dedos de una mano mientras que con la otra se está acariciando las tetas, llegando a chupárselas a si misma. Hacer todo eso frente a Javier la estaba poniendo cada vez más cachonda. Cuando no se chupa las tetas, se relame los labios.
- ¡¿Tú me hablas de ser una mala persona? ¡¿Tú, que te estás follando a la prometida de tu hijo?! Y ella una “mujer extraordinaria”, claro. ¡Una santa! ¡Una santa que se está follando a mi propio padre! ¡Un pedazo de puta es lo que es!
Y fue en ese momento cuando Sara ya no pudo aguantar más y estalló. Se levantó del sofá y se dirigió al sillón en el que estaba sentado Javier. La corrida de Víctor fue fluyendo por sus piernas hasta marcar con los fluidos el camino.
- Levántate, Javier. – ordenó Sara.
- ¿Perdona? ¡Tú a mí no me das orde…!
- Levántate. Ya.
Javier se calló y lo hizo. Al igual que ya lo había hecho Víctor hace años, Sara estaba empezando a comprender la naturaleza sumisa de su pareja. Entonces Sara se arrodilló y empezó a desabrochar el cinturón de Javier. Mientras lo hacía giró la cabeza para hablar con su hasta entonces suegro.
- Víctor, ven aquí, por favor.
Víctor se levantó y llegó hasta donde estaba Sara. Padre e hijo mirándose frente a frente y Sara de rodillas en medio. Su novia le estaba desabrochando los pantalones a Javi, y entonces se los bajó hasta la rodilla junto a los calzoncillos. Por primera vez desde que era un bebé Víctor vio la polla de su hijo, la cual, dicho sea de paso, no se había desarrollado mucho desde entonces. Víctor no pudo evitar sonreír. Entonces Sara cogió con una mano el tremendo pollón de su suegro, y con un par de dedos el pene de su ya exnovio. Giró la vista hacia arriba mirando a Javi y grito a pleno pulmón.
-¡COMPARA!
Javier enmudeció. Tras unos segundos, volvió a subirse los pantalones y, derrotado, volvió a sentarse en el sillón.
-Además, hijo, ya no es tu novia. Ella misma ha elegido.
- Es…es – le costaba que le saliesen las palabras - ¿es por su polla? -
- No únicamente, Javi – dijo Sara mientras masturbaba a Víctor – Tu padre es un hombre bueno, cariñoso, amable y divertido. Justo todo lo que eras tú cuando me enamoré de ti. Me gustaría pensar en que ese hombre no ha desaparecido sino que aún está escondido ahí dentro, en alguna parte de ti, debajo de tanta mierda que cargas en tu mochila mientras no soñabas con otra cosa que escalar hasta la cima, pensando únicamente en el dinero y el poder. Pero lo cierto es que ahora mismo no te soporto, y tu padre y yo hemos desarrollado sentimientos el uno por el otro. Y además sí, no te mentiré. También es por su polla. De hecho, él me ha ensañado lo que es una verdadera polla de hombre, y no los pequeños penes de niño que me he follado hasta ahora. Joder, me hace sentir cosas con las que tú no puedes ni soñar.
Víctor y Sara volvieron a sentarse en el sofá, ella apoyando la cabeza en el hombro de su exsuegro mientras seguía masturbándole y su polla crecía más y más. Javi no sabía que decir. No hizo falta, ya lo hizo su padre.
- Te diré como van a ser las cosas a partir de ahora. En estos momentos, Sara y tú ya no sois pareja. Ahora ella es mía.
A Sara la excitó tanto oír eso, que además de masturbar a Víctor con las dos manos empezó a chupar su enorme glande. A Javi le sentó como una patada en el estómago.
- Largo…largo los dos ahora mismo de mi casa.
Turno de Sara – ¿Estás seguro, cariño? Te lo pregunto sobre todo porque tengo copias de todo el papeleo de la caja fuerte. De. Todo.
Javi volvió a enmudecer. Es lo que pasa cuando cuentas con documentos comprometedores que demuestran que has blanqueado dinero para gente muy poco recomendable. Víctor retomó la palabra.
-Sara quiere ser madre. Desgraciadamente tú no puedes hacer que eso ocurra, pero la cuestión es que yo sí puedo darle hijos. Unos hijos que al fin y al cabo tendrán tus mismos genes.
- Algunos más desarrollados que otros, todo hay que decirlo – dijo Sara con una sonrisa perversa.
- Yo no voy a vivir para siempre – continuó Víctor – y cada vez me queda menos. Si cambias y te conviertes de nuevo en una buena persona, lo cual deseo de verdad, Sara decidirá si quiere que seas el padre de sus hijos. Pero eso depende únicamente de ti. De momento coge tus cosas y múdate a mi cuarto. Y mañana irás a mi piso y traerás mis cosas. Te haré una lista. Ahora la habitación principal es de Sara y mía.
Sara cada vez estaba más cachonda, hasta el punto de que comenzó a acariciar su coño mientras con su mano ponía cada vez más dura la polla de Víctor. Javier cada vez se hacía más pequeño en el sillón.
- Sara…¿te gusta llevar ese collar? ¿te gusta que te traten como a una perra?
- Si lo hace tu padre, sí. Me pone muy cachonda. Porque no solo soy su novia, sino también su perra. Y me encanta.
- Además, hijo, no hay nada malo en que nos divirtamos mientras hacemos el trabajo, ¿verdad, cariño? – Sara y Víctor rieron.
- Ah, y otra cosa- dijo Sara – Al principio vamos a putearte un poco por haber sido tan capullo y para que sepas cual es tu lugar. Te mereces un castigo.
- Cierto – continúo Víctor – además, sospecho que algo de humillación te encantará y te sentará bien. Como cura de humildad. Y ahora, hijo, voy a follarme a tu ex. Si quieres puedes aprovechar para cambiar tus cosa de tu habitación a la habitación de invitados donde solía quedarme yo. O quedarte a mirar y matarte a pajas. O irte irte a la puta mierda, me la suda.
Dicho esto, Sara subió sobre la polla de su nuevo novio y comenzó a cabalgarlo.
-¡Hola!... ¿estás ahí? – dijo Carmen parada frente a Javier. Entonces el Hijo Cornudo volvió al momento presente.
- Imagino que estás con tu padre y tu ex prometida en aquella cala de allá, ¿no? – prosiguió Carmen. Mientras tanto, Rebeca, aquella joven que apenas sobrepasaba los 19 años y que antes comía con hambre el coño de Carmen hasta chorrear ella misma, recogía el pareo, las toallas, los bolsos de playa, y la neverita de playa. Hasta ahora Javier no había podido ver bien su rostro angelical cubierto de pecas, su pequeño tamaño y su enorme y apetecible trasero cuyas mejillas temblaban a cada movimiento. Si hubiese podido, Javier hubiera tenido una erección ante la vista de aquella espectacular rellenita oriental de pechos enormes operados, y de aquella diminuta preciosidad. Su jaula empezó a doler.
-Sí…sí – contestó Javier.
- Entonces te acompañamos. Deja que te ayudemos con las bebidas. – Los tres enfilan camino atravesando unas dunas.
- ¿De qué les conoces? – Se atrevió a preguntar Javier, aun sin estar seguro de querer saber la respuesta.
- Verás, trabajo en un Sex Shop donde tu padre y Sara compran sus juguetes, para ellos… y para ti – respondió Carmen echando un vistazo a la jaula de Javier – Con el tiempo Sara y yo nos estamos haciendo buenas amigas, y a veces algo más que eso. Créeme, poco a poco se está convirtiendo en una comecoños de primera.
-¿A dónde vamos, Ama? – la dulzura de la voz de Rebeca iba a juego con su cuerpo. Los tres avanzan hasta la cala. Ambas, una a cada lado de Javier, le acarician los huevos mientras caminan.
- A visitar a unos amigos, Rebeca, te encantará. Y bien Javier, Sara me ha contado que últimamente hay veces en las que te dejan entrar en la habitación y sentarte a mirar si estás callado como un buen chico.
- ¿De verdad te gusta mirar mientras tu padre se folla a tu ex? – pregunto inocente Rebeca.
- Oh, sí – responde Carmen como si Javier no estuviera presente – Le gusta cada vez más. Cuando se le permite, claro. Supongo que es más divertido que pajearse escuchando desde la habitación de al lado.
- No lo entiendo. Él parece joven – repuso Rebeca refiriéndose a Javier – ¿Cuanta diferencia de edad hay entre su ex y su padre?
- Unos 40 años, cielo.
- ¿Y qué ve ella en un viejo arrugado?
Javier sorbe nerviosamente su refresco, escuchando como las mujeres que le acompañaban conversaban relajadamente como si él no existiera mientras sobaban sus huevos. Su jaula dolía cada vez más.
- Viejo, sí – respondió Carmen a Rebeca – arrugado, un poco. Pero tiene un pedazo de rabo como posiblemente verás muy pocos en tu vida, mi pequeña zorra. Se llama Víctor. Y ya verás como se corre. Vas a flipar. Su objetivo es dejar embarazada a su nueva novia por que su ex, aquí presente, no puede.
Ambas rieron. Unos cuantos pasos más tarde, llegaron a la cala. Sara estaba cabalgando lentamente a Víctor, gimiendo y relamiéndose mientras jugaba con su melena. Parecía una leona en celo. Mientras el viejo sonreía y jugaba con las enorme tetas naturales de Sara, apretándolas, pellizcándoselas, mordiéndoselas en ocasiones. Las pelotas de Víctor estaban empapadas de los jugos que no paraba de chorrear Sara. Ya había perdido la cuenta de sus orgasmos.
- ¡Hola Víctor! ¡Hola Sara! – Dijeron Carmen y Rebeca al unisono, saludando con la mano mientras Javier permanecía en medio.
- ¡Hola chicas! – respondió Víctor girando la cabeza hacia las chicas. Sara ni siquiera respondió, relamiéndose los labios mientras aumentaba el ritmo de la cabalgada sobre el jubilado - ¿Quién es tu nueva amiga, Carmen?
- Oh, este bomboncito, este lindo y dulce pedazo de puta se llama Rebeca. Y por lo que se ve, está encantada de conocerte. – dijo Carmen. A Rebeca parecía que estaban a punto de salírsele los ojos de las orbitas al ver las enormes pelotas encharcadas de Víctor. Al ver como Sara saltaba una y otra vez sobre el enorme tronco de Víctor, que salía al descubierto para desaparecer luego una y otra vez en las entrañas de su nueva novia. Sin darse cuenta, los dedos de Rebeca empezaron a frotar su coño mojado. Y entonces:
- ¡AH! ¡AAAH! ¡AAAAAAAAAAH! ¡ME CORRO! ¡ME CORROOOO! ¡ME CORROOOOOOO! ¡AAAAAAAAAAAH!
Sara explotó en un increíble orgasmo que la dejó caer exhausta encima del pecho del anciano. Esta vez Víctor no le dio la toalla ni su propio brazo a morder para que no hiciera ruido. Esta vez quería que Javier lo oyese. Carmen sonrió, Rebeca seguía masturbándose, y Javier era otra historia. Si bien al principio de su vida como cornudo había sentido rabia y humillación, progresivamente iba ganando dentro de sí mismo la excitación de ver a Sara satisfecha como él nunca había podido hacerlo. Era una sensación, de alguna manera…reconfortante. Su pequeño pene goteaba liquido preseminal dentro de su jaula. Los gritos descontrolados de Sara atrajeron a los primeros mirones, que se apostaron en las dunas de alrededor.
- Muy bien, cariño, muy bien. - Víctor beso la frente sudorosa de Sara, que trataba de recobrar el aliento acostada en el pecho de su nueva pareja – Pero yo aún no me he corrido.
Sara se levantó, con sus piernas temblando y empapadas de sus propios fluidos, y retrocedió hasta recostarse situando la cara a la altura de la entrepierna de Víctor, aplastando sus gigantescas tetas sobre el pareo en el que ambos estaban tumbados. Lamía sus huevos al tiempo que trataba de pajear a su amor sin que su mano llegase a rodear sin éxito toda la circunferencia de su polla. Víctor giró la mirada hacia Carmen – Carmen, cielo, ¿te importaría echarle una mano a Sara, por favor?
- Claro – Carmen se mojó tan solo con la petición – Rebeca, cariño, ¿te importaría ocuparte de nuestro nuevo amigo?
- Ven – Rebeca cogió a Javier de la mano y lo llevo a sentarse sobre una roca a pocos metros de distancia, cargando con la neverita de playa y sentándose ella detrás de él. Desde allí gozaban de una maravillosa vista frontal del espectáculo. Carmen le alcanzó su mojito a Víctor y le dio otro a Sara, que prácticamente se lo bebió de un par de tragos para evitar la deshidratación que le provocaban la sudoración y el esfuerzo. Carmen se recostó a su lado, sus grandiosas tetas también aplastadas por el pareo, y probó el mojito de la boca y la lengua de Sara. Después de apoyar el vaso, ambas se turnaron para chupar los huevos y pajear y chupar la polla de Víctor, interrumpiendo su actividad por algún que otro morreo ocasional. Víctor por su parte, con la cabeza cómodamente apoyada en una toalla que hacía las veces de cojín, y los brazos tras la cabeza, disfrutaba tanto de la mamada como de verlas a las dos, sonriendo de felicidad.
- ¿Ves? Seguro que has soñado alguna vez con dos diosas así adorando tu polla. Pero lo cierto es que eso nunca pasará, porque no tienes ninguna polla que merezca ser adorada. No eres más que una mierda patética. Un jodido perdedor que disfruta viendo como su padre se tira a su ex. – susurraba Rebeca con una voz, juvenil, aterciopelada y dulce como la miel al oído de Javier, de vez en cuando comiéndole la oreja. Mientras se masturbaba tras él, con la otra mano le sobaba a los cojones a esa persona que había conocido no hacía ni cinco minutos. Así hasta que la muñequita de pelo rizado notó que el líquido preseminal no paraba de gotearle de su pequeño pene. Entonces miró directamente a los ojos de Víctor, y preguntó al jubilado. - ¿Puedo?
Por toda respuesta, Víctor rebuscó en el interior de la bolsa de playa a su lado, sacó las llaves de la jaula y se las lanzó a Rebeca, que las cazó al vuelo. Rebeca seguía susurrando al oído de Javier al tiempo que le quitaba la jaula. - ¿Ves, cerdito? No hay razón para que no nos divirtamos todos aquí. Tú también.
Javier respiró aliviado. Era la primera vez que se le permitía prescindir de su jaula fuera de casa.
- ¿Qué se dice, cerdito? – preguntó Rebeca.
Javier no supo que responder.
Rebeca dejo de chupar y lamer de forma juguetona la oreja de Javier, y entonces la mordió. Con la fuerza suficiente para que Javier notase el dolor, pero sin querer hacerle verdadero daño. Javier reaccionó en el acto:
-¡Aaaah! ¡Gracias, gracias!
- Buen cerdito – dijo Rebeca. Poder dominar a un hombre mucho mayor que ella la tenía cada vez más cachonda, pero aún no era suficiente. En aquel momento, vieron desde donde estaban que Carmen le decía algo a Sara al oído, esta asintió con una sonrisa, y las dos se dieron un beso y se lamieron una a la otra a la cara bañándose la una a la otra en saliva. En aquel momento Sara se sentó entonces en la cara de Víctor, a quien encantaba comer el coño y probar los fluidos de su novia. Carmen, por su parte, abrió su propio coño tanto como le fue posible para ir introduciendo poco a poco la polla del jubilado dentro de sí misma. Adoptó la posición de vaquera inversa para poder ver a Rebeca y a Javier. Si conocía bien a uno de sus nuevos juguetes tanto como creía, la pequeña y dulce Rebeca ya estaría torturando al perdedor cornudo. Así hasta que Carmen se ensartó la polla de Víctor hasta los huevos, sin poder evitar un fuerte gemido al hacerlo. Desde las dunas se escuchaban vítores. Carmen comenzó a mover las caderas.
- Mira como follan, Javier. Escucha los vítores. Eso es follar, no lo que siempre has creído que hacías tú. ¿Has escuchado alguna vez a Sara gritar al correrse haciéndolo contigo? ¿De verdad crees que se ha llegado a correr alguna vez contigo? Pobre, lo que habrá tenido que fingir – continuó Rebeca mientras jugaba con la polla y los huevos de Javier muy lentamente – Así que tu padre va a dejar embarazada a Sara porque tú nunca pudiste. Pero ¿cómo sabes que no lo ha hecho ya? Quiero decir que ya llevan meses jodiendo como conejos. ¿Sabes? Creo que solo te enterarás cuando se le note el bombo. Joder, tiene que ser una maravilla follar a una embarazada, tan preciosas, tan radiantes, tan llenas de vida. Es algo que ya no podrás hacer claro, pero si te dejan mirar y te liberan siempre podrás hacerte una paja, jajaja.
Javier llevaba más de dos semanas sin correrse, y entre la dulzura de las palabras de Rebeca, como jugueteaba con su oreja con su lengua, como le daba besos por el cuello, como sobaba lentamente su polla y sus cojones, estaba casi al borde. La postadolescente lo notó, rápidamente dejó de sobar las partes del cornudo, abrió la nevera de playa, sacó un cubito de hielo y se lo aplicó al glande. La erección desapareció en el acto mientras Javier sentía como pequeños pinchazos de dolor en la punta de su pequeño rabo. Ella dejó de masturbarse y le tapo la boca para que no gritase. Una vez bajó la erección por completo, Rebeca devolvió el cubito al vaso y volvió a sobar el paquete del cornudo.
- Por favor…por favor – suplicó Javier – déjame correrme. Necesito correrme.
- Esa decisión no me corresponde a mí, cerdito – respondió Rebeca – sino a ellas.
Carmen aceleraba cada vez más el movimiento de sus caderas. Los gemidos aumentaban a la vez que los de Sara, que se iba a correr en la cara de Víctor en cualquier momento. Sara sobaba y apretujaba desde atrás las enormes tetas de Carmen, falsas y no tan grandes como las suyas, pero grandiosas al fin y al cabo, acelerando el orgasmo de Carmen.
- Tu padre parece en buena forma, pero claro, a su edad ya se tiene más pasado que futuro – continuaba Rebeca - ¿Qué pasará cuando ya no esté? Puede que Sara te deje cuidar a tus hermanastros como si fueran tus hijos pero, ¿y si no?. También puede que busque a un hombre de verdad. Con su cuerpazo los tendrá haciendo cola, aunque para ella ya tendrán que cumplir con cierto requisito. No solo económico, sino también un requisito en particular ENORME. Ya me entiendes. Quiero decir, después de haber probado a tu padre, ¿quién en su sano juicio querría volver a…esto? – la joven apretó entonces el minúsculo pene de Javier.
Fue cuando Sara alcanzó los pezones de Carmen, los apretó y comenzó a estirar de las anillas que perforaban su pezones, cuando la chino española ya no pudo más. Y Sara tampoco. Ambas se corrieron a la vez con un grito al unisono que arrancó aplausos desde las dunas. Víctor saco la cara de debajo de Sara.
-Ahora yo – Dijo el jubilado. Al intentar quitarse de encima tanto Carmen como a Sara ambas supieron lo que pretendía, y se pusieron de rodillas una junto a la otra. Mientras ambas chupaban y pajeaban la polla del padre de Javier, ya en pie, este sacó un móvil de la bolsa de playa, miró a Rebeca, que a su vez le devolvió la mirada. Le lanzó un móvil que esta recogió haciendo gala de unos reflejos felinos. – Rebeca, cariño, ¿os importaría grabar este momento?
- Ya le has oído – dijo Rebeca pasándole el móvil a Javier – graba, cerdito.
Javier dudó hasta que vio como Rebeca abría de nuevo la neverita y volvía a echar mano de un cubito de hielo. No hizo falta decir más. Mientras Javier grababa Rebeca le masturbaba cada vez más rápido a la vez que se masturbaba furiosamente a si misma. Hasta que se dio cuenta de que el hijo cornudo no aguantaría mucho más, y dijo en voz alta – Está a punto.
Sara dejó de lamer la polla de Víctor, giró la cabeza hacia donde estaban su ex y la pequeña sádica y dijo tajante - No.
Víctor levantó la vista hacia su hijo y Rebeca, sonrió y se encogió de hombros. Él también estaba a punto. Rebeca pensó que había algo mucho más divertido que impedir que Javier se corriera. Entonces Víctor se corrió, descargando sus pelotas a través de su monstruosa manguera sobre las caras, las tetas y las bocas abiertas de Carmen y Sara. En cuanto Javier empezó a correrse, Sara le apretó con fuerza los cojones. Javier no sentía mas que dolor mientras sus gotas de semen caían sobre la arena. Rebeca había arruinado su orgasmo. Al tiempo que apretaba, Rebeca volvió a susurrar dulcemente en el oído de Javier – Sigue grabando o te juro que te arranco las pelotas.
Mientras el pequeño pene de Javier goteaba poco a poco sobre la arena, como un grifo mal cerrado, la corrida de su padre parecía no tener fin. Tanto Sara como Carmen estaban cubiertas de semen. Cuando el jubilado acabó, ambas, locas de lujuria, tragaron la lefa que había en sus bocas, se lamieron una a la otra el semen de su cara y de sus tetas, y se pasaron el semen una a la otra con morreos ardientes, mientras la multitud apostada en las dunas aplaudía y grababa también con sus respectivos teléfonos móviles. La visión de Carmen y Sara limpiándose la una a la otra con sus lenguas hizo que Rebeca se recostase y estallase también en un poderoso orgasmo que por poco la deja sin sentido. Orgasmo durante el que salieron de su coño chorros a presión que bañaron la espalda de Javier. Sí, la pequeña zorra era una squirter, y gritaba como poseída, provocando las risas de Carmen, Sara y Víctor, y una nueva oleada de aplausos desde las dunas.
Carmen pensó que tal vez deberían haber cobrado entrada, pero que en cualquier caso, aquel día habría gente que se pajearía o follaría con su pareja viendo el vídeo del espectáculo que habían ofrecido. Puede que incluso ya lo estuvieran subiendo a algunas páginas porno, pero eso a Carmen no le importaba lo más mínimo. Seguro que a Rebeca tampoco. No sabía si a Víctor y a Sara también les daría igual, aunque prefirió no decir nada. Ellos también sabían que había gente alrededor, también escucharon los vítores y aplausos, y sin embargo nada de eso les detuvo. Y la verdad, le importaba una mierda lo que le pareciese a Javier. Si no se hubiera convertido en un gilipollas y hubiera tratado a Sara como si fuera basura, nada de esto hubiera sucedido.
Una vez pasados unos minutos para reponerse, disuelta ya la multitud a su alrededor, los cinco fueron a tomar un baño tan reparador como refrescante. A principios de verano, el agua estaba a una temperatura estupenda, así como el calor aún no era abrasador. Cuando recogieron todos sus bártulos, volvieron a encerrar a Javier en su jaula, aunque en esta ocasión le permitieron ponerse una camiseta y un bañador para ocultar su jaula y el rótulo sobre su pecho para recorrer la distancia hasta el coche. Antes de despedirse de Carmen y Rebeca, que marchaban en su propio coche, Rebeca rogó a Víctor y Sara, con la voz y actitud de una niña pequeña pidiendo un helado, si además de cornudo de la pareja Javier podría también ser su esclavo. Porfa, porfa, porfa, porfa, no paraba de repetir.
- Lo pensaremos – contestó Víctor.
-Aunque ambos sabemos que la respuesta seguramente será que sí – añadió Sara guiñando un ojo.
Su primer esclavo, pensó Carmen, con solo 19 años. Sintió una punzada de orgullo por su joven mascota al encender el motor, mientras Rebeca lamía el helado que Carmen le había comprado en el chiringuito antes de partir.
Javier conducía durante el trayecto. En el asiento de atrás, las gráciles manos de Sara jugaba con el pollón de Víctor, sacándolo por encima del bañador de su novio 40 años mayor que ella. Nunca podía tener suficiente de esa polla. Víctor estaba bien cómodo con los brazos extendidos sobre los asientos, disfrutando del toque de Sara. Sara miraba la puesta de sol por la ventanilla mientras recorrían la carretera de la costa. La mujer le dio un beso a su novio antes de recostar la cabeza en su hombro, y el la abrazó y empezó a acariciarle el pelo. Ayer mismo habían recibido la noticia que hoy estaban celebrando. El predictor había dado positivo. Sara jamás había soñado con ser tan feliz.
Continuará…
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