Aprendiendo que un maduro puede follarte muy bien
El último tren de la noche, la soledad del vagón y la mirada de un desconocido que no deja de observarla. Adela debería haberse alejado, pero el alcohol y la curiosidad la mantienen quieta mientras sus manos exploran lo prohibido.
Hola, saludos a todos,
Como en los relatos anteriores empiezo con una breve descripción sobre mí. Me llamo Adela, tengo 26 años, soy morena, de cabello largo y mido 1,58 m (soy más bien bajita). Hago ejercicio para cuidarme y estar en forma, gracias a a hacerlo puedo enorgullecerme de mi culito respingón. Mis tetas, aunque no son enormes, son bastante grandes (Talla 95C-D). También me gusta ir completamente depilada por comodidad.
Para el relato de hoy nos remontaremos a mis inicios en la universidad en septiembre de 2015. Yo empecé la universidad emocionada como mucha gente, había entrado a la carrera que quería bastante sobrada de nota, por fin cambiaba de ambiente e iba a empezar a estudiar en Barcelona, una ciudad más grande que donde yo había pasado toda mi vida. A todo eso se le sumaba que ya era adulta y como muchos jóvenes, creía que podía hacer lo que quisiera, aunque como la mayoría de estudiantes, seguía viviendo con mis padres y tenía que volver a mi pueblo después de ir a clase. Me matriculé en la universidad en el turno de tarde porque prefería llegar de noche a casa a tener que madrugar mucho, ya que entre pillar un autobús y un tren, vivía a más de una hora de transporte público de la universidad.
Los primeros días de clase sirvieron para empezar a conocer gente y empezar a formar grupos, pero todavía no había ningún grupo muy unido. A finales de mes son las fiestas de Barcelona, con los tipicos conciertos y demás y el día 24 de septiembre los colegios, institutos y Universidades cierran al ser un día festivo. Al tener un día festivo nada más empezar el curso, a mis compañeros de clase se les ocurrió que era buena idea aprovechar el 23 después de clases para ir a cenar, tomar algunas copas y conocernos mejor, ya que al día siguiente no tendríamos que ir a la universidad. Yo me apunté sin dudarlo.
Aquel día aparte de la ropa con la que fui a clases llevé otra muda para salir luego con mis compañeros. Al finalizar las clases fui al baño y me cambié. Me puse un Crop-top azul cielo, acanalado con escote en V y tirantes delgados, una falda plisada blancas y unas sandalias con un poco de tacón. Debajo de la falda llevaba unas bragas brasileñas blancas que no cubrían mis nalgas. También llevaba una chaqueta tejana, por si refrescaba por la noche. La ropa que llevaba antes y los apuntes de clase los dejé en una taquilla en la universidad para recogerlos el próximo día de clase.
Una vez cambiada, me uní al resto de mis compañeros y fuimos al típico bar de estudiantes, donde sirven copas y cervezas baratas, además de comidas. Comenzamos bastante pronto ya que las clases terminarons a las 19 de la tarde y el bar no estaba lejos de la facultad. Lo primero que hicimos fue jugar al típico yo nunca para empezar a conocernos todos un poco mejor. Después de algunos tragos y cuando ya empezamos a cenar, las normas del juego ya no eran las del yo nunca, y simplemente se trataba de ir haciendo preguntas para incitar a beber, también el tono de preguntas cambió, dejando de ser solo para conocernos y empezaba a buscar un poco de cotilleo, pasando de preguntar cuáles de los presenten estaban solteros a quién de los presentes se tiraría a alguien de clase, donde muchas personas, yo incluída, bebimos dada la valentía y la eliminación de filtros que concede el alcohol. Antes de las doce de la noche yo me tuve que ir, ya que tenía que coger el último tren para volver a casa, sabiendo también que a esa hora no tendría ningún bus que me acercase de la estación a casa. Así que me despedí de mis compañeros, me puse la chaqueta tejana y me fui a la estación de tren con una buena borrachera.
El tren estaba prácticamente vacío seguramente debido a las horas y que al ser las fiestas de la ciudad, la mayoría de gente iba en dirección a la ciudad no a salir de ella, así que me pude sentar sola sin nadie al lado. Como tenía que bajar en la última parada me confié y cerré los ojos un instante.
Me desperté al notar que dormida me había apoyado en alguien. Abrí los ojos me recoloqué y vi que estaba apoyada en un señor que debería tener poco más de 60 años, tenía una buena barriga cervezera, era bastante alto y ancho de espaldas, tenía el cabello corto y canoso, barba de unos días y olía un poco a sudor. Con la cabeza todavía dándome vueltas por las copas de antes, eché un vistazo en el panel en el que indica cual es la siguiente parada y leí que la siguiente era una que me sonaba que todavía estaba lejos de la mía, por lo que no debía de haberme dormido mucho rato. Al mismo tiempo vi que en el vagón solo estábamos aquel señor y yo, me di cuenta que él había decidido sentarse a mi lado a propósito. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue comprobar en los bolsillos de la chaqueta que no me hubiese robado nada, por suerte para mí, lo tenía todo. Es entonces cuando me di cuenta de que llevaba un buen rato mirándome el escote, probablemente desde que se subió al tren mientras yo estaba dormida. Al pensar en que le debería estar gustando mi escote, me sentí halagada y en vez de decirle algo, envalentonada por el alcohol, me quité la chaqueta para que pudiera tener unas mejores vistas. Al quitarme la chaqueta el tirante que tenía más cerca de él quedó algo caído y en lugar de recolocarlo, lo dejé como estaba. El señor era bastante descarado mirándome el escote, pero yo me hacía la distraída mirando por la ventana dejando que se deleitase todo lo que quisiera con las vistas.
Al cabo de pocos minutos, el señor disimuladamente puso su mano debajo de mi culo y empezó a acariciarlo tímidamente sobre mi falda. Poco a poco ya no solo me sentía halagada, sino también deseada, por lo que la situación me estaba excitando. Yo seguía haciéndome la distraída con el móvil, aunque esas caricias hicieron que me empezase a humedecerme. No me lo podía creer, estaba dejando que un señor desconocido me tocase, una cosa era dejar que mirase pero ahora ya le estaba permitiendo tocar. El señor al ver que yo no decía nada, aprovechó el traqueteo del tren para bajar la mano hasta tenerla debajo de mi pierna, teniendo contacto directo con mi piel y poco a poco volver a subirla por dentro de mi falda hasta tener su mano debajo de mi culo, ahora sin una falda ni nada que impidiera que me lo tocase bien y quedando mi falda ligeramente levantada. Aquel atrevimiento me hizo excitarme más, pensaba que sí que debía estar yo buena para que él quisiera jugársela de esa manera, pudiendo yo salir corriendo asustada, así que le premié tal atrevimiento dejándole tocar a gusto. El señor poco a poco empezaba a agarrarme del culo más descaradamente mientras yo seguía mirando por la ventana, gracias al reflejo con esta me di cuenta que el pecho que tenía el tirante caído estaba casi fuera del crop top y casi asomaba el pezón a fuera. Dudé unos instantes en recolocarlo, pero finalmente decidí dejarlo como estaba, al fin y al cabo nadie se iba a quejar. Llegó un punto en que oí al señor carraspear indicando que me iba a hablar.
- Buenas noches preciosa, ¿sabes cuantas paradas quedan para llegar a...? - me preguntó por una parada que estaba un poco antes que la mía, disimulando un poco más sus miradas y parando de toquetearme, dejando así su mano quieta bajo mi culo. El señor tenía la voz grave e iba a juego son su cuerpo.
- Uff... La verdad... Es que no lo sé - dije con una voz en la que me di cuenta que sonaba mucho más borracha de lo que yo creía estar - Ahora mismo la verdad es que me cuesta recordar bien el orden de las paradas ja, ja... - me reí.
- Uy... Suenas a estar cansada, claro, es ya tan tarde... - me dijo con un tono cariñoso y comprensivo.
- Bueno, algo cansada sí que estoy - dije intentando sonar más serena pero sin mucho éxito.
- ¿Cómo es que estás cogiendo el tren tan tarde? - Me preguntó inclinándose hacía mí mostrando interés.
- Vengo de tomar unas copas con mis compañeros de la uni y bueno... Se hizo algo tarde así que tuve que coger el último tren a casa.
- Oh... Que bien... - dijo con una sonrisa - Lo único malo de salir de copas es tener que volver a casa luego tan tarde...
- Uff y que lo digas... - le contesté con la cabeza todavía dándome algo de vueltas por el alcohol.
- ¿A ti te queda mucho para llegar? ¿En qué parada bajas? - me preguntó a la vez que volvió a acariciarme suavemente el culo.
- Buf... Me bajo en la última parada y además tengo una buena caminata desde la estación a casa, que ahora ya no hay autobuses... - dije cansada solo de pensarlo.
Estuvimos un rato charlando, me dijo que se llamaba Miguel y me estuvo preguntando sobre qué tal me iba en la universidad y demás temas similares, mientras él cada vez volvía a recuperar sus toqueteos de antes y yo intentaba disimular la excitación que estos me provocaban.
- Vaya, parece que la próxima es mi parada... - dijo al oir la voz que indica la siguiente parada al salir el tren de una.
- Que suerte... A mí aún me quedan un par... - le contesté algo triste al pensar en que Miguel me iba a dejar de toquetear y hacer compañía.
- Estaba yo pensando... - dijo haciendo una pausa - en que yo vivo cerca de la estación y si quieres, para no tener que caminar tú sola a estas horas, puedes venir a mi casa, pasar la noche ahí y ya mañana por la mañana volverte a tu casa.
La verdad es que la idea de ahorrarme el trayecto hasta casa me atraía, y aunque no me planteaba ir con Miguel más allá de lo que ya me había dejado, él había sido muy agradable a la par que yo había disfrutado de su compañía y seguía algo excitada.
- ¿No te importa acogerme esta noche? - le pregunté.
- Para nada, siempre es un placer acoger a una chica tan guapa - me dijo mirándome al escote.
Mandé un mensaje por el móvil a mis padres avisando que me quedaba a dormir en casa de una amiga y que volvería al día siguiente. Cuando se detuvo el tren, agarré la chaqueta, nos bajamos y me guió hasta su piso que verdaderamente no estaba lejos de la estación.
- Bienvenida a mi piso. - me dijo al entrar en su salón - Ponte cómoda dónde tú quieras y si necesitas algo dímelo. Por ahí tienes el baño por si te apetece darte una ducha antes de dormirte - dijo señalándome una puerta.
- Quizás una ducha no sea mala idea - dije pensando en que me ayudaría a calmar un poco la excitación del tren.
Me fui al baño, dentro me desnudé y me metí en el plato de ducha que estaba rodeado de una mampara corredera traslúcida. Me puse agua fría para calmar la excitación, pero ni la excitación ni los efectos del alcohol desaparecían. Al salir de la ducha me di cuenta que no tenía ninguna toalla.
- ¡Miguel! - grité - ¿Podrías traerme una toalla? - dije volviendo a entrar en el plato de ducha y cerrando la mampara
Al cabo de pocos segundos Miguel entró al baño.
- Ups, espero que no te importe que entre jeje - dijo mirando mi figura difuminada por la mampara - Aquí tienes la toalla - Abrió ligeramente la mampara para pasarme la toalla y se quedó dentro del baño.
- Muchas gracias, lo siento por haberte molestado, antes no pensé en pedírtela y me di cuenta ahora - dije enrollándome la toalla al cuerpo, la cual apenas cubría mis pechos y mi sexo.
Salí de la ducha y Miguel, ocupando la mayor parte del lavabo, seguía mirándome. El hecho de que él siguiera ahí intentando verme desnuda hizo que me siguiera excitando al sentirme deseada.
- No tranquila, yo también podría haberlo pensado antes... - dijo a modo de disculpas mirándome de arriba abajo solo tapada por la toalla. - ¿Te apetece que tomemos algo antes de dormir?
- Sí claro. - Respondí sin pensar en que yo ya llevaba unas cuantas copas de más.
Salimos los dos del baño, yo todavía con solo la toalla alrededor de mi cuerpo. Fuimos al salón, me senté en el sofá y Miguel me trajo un vaso de whisky con hielo.
- Bebe, ya verás que te gustará - dijo con otro vaso para él en la mano y sentándose a mi lado.
Le di un buen trago al vaso, saboreando ese líquido que al tragar notaba como hacía arder mi garganta, generando una sensación de calor en mi cuerpo.
- Uff... Sí que está bueno sí... - logré decir.
- Ja, ja, ja... - se reía Miguel - y dime, ¿una chica tan guapa como tú tiene novio? - me preguntó acaricando mi brazo con el dorso de la mano.
- Buff... Que va... Tenía uno, pero hace medio año lo dejamos, no nos tomábamos muy en serio la relación, ¿sabes? - le di un trago al whisky. - Es que acabamos poniéndonos los cuernos el uno al otro y vimos que no tenía sentido seguir una relación que no queríamos estar. Pero bueno, yo estoy bien eh, solo que no me veía estando con una sola persona... - dije dando demasiadas explicaciones.
- jajaja, bueno, son cosas normales de juventud... No tienes que preocuparte por ello... - dijo en tono comprensivo - Es normal que quieras estar con más gente...
Le di otro trago al whisky dejando el vaso vacío.
- Es que no se... Saliendo de fiesta o cuando quedaba con otros chicos, pues me apetecía mucho acostarme con ellos y no quería... - me detuve intentando pensando una manera de terminar la frase - Pues... no hacerlo con ellos... - sentencié finalmente.
Actualmente, recordando la conversación, la verdad es que creo que en ese momento se me debía notar mucho que había bebido. Además, seguía excitada y Miguel no dejaba de acariciarme el brazo, encima, cuando bebo me excito con nada.
- Pues claro, es que ya tan joven solo poder hacerlo con uno... - me respondió Miguel -A esta edad tienes que probarlo con todo tipo de hombres y disfrutar... Más aún con ese cuerpo... - dijo volviendo a darle un repaso con la mirada a mi cuerpo, subiendo desde mis piernas hasta llegar a mirarme a la cara.
- ¿Sí? ¿Tú crees? Bueno, por ejemplo antes en el tren noté como me tocabas el culo y dejé que me lo tocaras - confesé - pero no sé, me apetecía, claro, con novio eso no debería hacerlo, pero estando soltera si me apetece...
- Vaya... Con que te diste cuenta... - dijo dejando de acariciarme el brazo para bajar su mano y ponerla bajo mi culo y agarrármelo firmemente. - Claro, si te apetece hacer esas cosas, hazlas y déjate llevar... - al decir eso empezó a darme besos por el cuello.
Aquellos besos por el cuello hicieron que me encendiese completamente, mi vagina estaba totalmente lubricada, yo cerré los ojos y en ese momento mi cabeza se desconectó diafrutando de los besos. Con la mano que tenía libre, Miguel tiró de mi toalla y me desnudó, dejando mi cuerpo al aire y siguió dándome besos por el cuello mientras me agarraba de una de mis nalgas y una de mis tetas. Cuando volví en mí, intenté apartarme un poco, pensando en la diferencia y solo logré que dejara de darme besos.
- ¿Qué ocurre? - me preguntó.
- No se si esto está bien... - dije dudando.
- Vamos... Si te está gustando, mira la húmeda que estás... - dijo soltando mi teta y acariciándome los labios vaginales. - Ya te lo dije, déjate llevar...
Volvió a darme besos por el cuello ahora empezando a introducir dos de sus gruesos dedos dentro de mí.
- Ahh... - gemí suavemente.
- Ves... ¿Que hay de malo en disfrutar? - dijo convenciéndome de que debía dejarme disfrutar si me apetecía.
Miguel me tumbó sobre el sofá, sin sacar los dedos de dentro de mí. Conmigo tumbada empezó a chuparme los pezones, turnándolos cada poco rato en su boca. Con tanta excitación, Miguel no tardó en hacerme llegar al orgasmo.
- Mmmm... Sii... - gemí al correrme.
Al notar que me había corrido, Miguel se quitó la camiseta, dejando al descubierto su gran barriga y su pecho cubierto de vello canoso. Luego se bajó los pantalones, dejándome ver una de las pollas más grandes que recuerdo haber visto nunca. Además toda la zona de alrededor de su polla estaba recubierta de vello canoso. Miguel me hizo incorporarme, me agarró de la cabeza y con su mano me empujó hacia su polla. Abrí la boca y empecé a chuparsela mientras él marcaba un ritmo rápido empujádome la cabeza. No podía tragarme entera su polla, pocas veces me ha pasado que no logré metermela entera, también tenía un sabor salado por el sudor y estaba soltando mucho líquido preseminal.
- Así... Así... - dijo disfrutando de mi boca.
Comerme aquella polla me ponía mucho, ese tamaño, junto al vello, la barriga y la diferencia de edad formaban una combinación que nunca había visto y que me encendían haciéndome chupársela con ganas. Empecé a ayudarme de mis manos para masturbarle también y repartir mi saliva por toda la polla. Él soltaba gemidos deleitándose de mi mamada. Yo estuve un rato chupando y masturbando pero me frenó.
- Ahora que ya está bien lubricada mi polla, voy a follarte como nunca te han follado. - Me dijo volviendo a tumbarme bocarriba en el sofá.
Miguel me abrió las piernas y se colocó sobre mí. Sentía su barriga haciéndome presión contra el sofá. Apuntó su polla contra mi coño y de un empujón me la metió. Aquel empujón me dolió pero a la vez me excitó sobremanera.
- Dios... Esto sí que es un coño bien prieto... - Dijo Miguel cogiendo ritmo al embestirme.
Notaba cada embestida de Miguel con mucha fuerza, su polla me llenaba y me hacía gemir de placer. Yo contraía mi vagina, haciendo que aún lo sintiera más apretado. Gracias a que yo estaba muy lubricada por la excitación y a mi mamada de antes, su polla entraba y salía de mi vagina con facilidad a pesar de que mi sexo se contraía alrededor del suyo. Miguel empezó a besarme metiéndome su lengua dentro de mi boca a la vez sentía su cuerpo sudoroso sobre el mío. Mientras me besaba amasaba mis tetas y pellizcaba mis pezones. Aquella mezcla de sensaciones me llevó a un punto donde no podía parar de desear su polla y que me llenase de su semen. Cuando paró de besarme, pasó su boca de mis labios a uno de mis pezones, lo succionó con ganas hasta quedarse satisfecho y pasar al otro, haciendo lo mismo con él.
- No solo tienes un buen coño y un buen culo, sino que tienes también unas tetas impresionantes - me alabó Miguel.
El deseo de Miguel hacía aumentar el mío.
Empecé a notar como mi vagina temblaba, avecinando mi clímax.
- Aaahhh... Siii...- excmamé tras una fuerte acometida con la que me corrí.
- Jeje, sí que estás disfrutando sí... - me dijo al notar mi orgasmo. - Vamos, ahora me tocará correrme a mí.
Saco su polla de dentro de mí, se puso de pie y me puso a cuatro patas al borde del sofá. Miguel se puso tras de mí, me agarró de las caderas y volvió a follarme con fuerza, agarrándome de mis caderas para follarme bien hasta el fondo. Desde siempre esa ha sido mi posición favorita, a cuatro patas es en la manera en la que mejor siento una polla dentro mí, y la de Miguel la sentía enorme, perforándome con furia. Aún seguía sintiendo la vagina sensible tras el orgasmo anterior, pero sus violentas acometidas, que me volvían loca, me volvían a acercar a un nuevo orgasmo.
- ¡SIGUE, SIGUE, QUE ME CORRO OTRA VEZ! - le grité extasiada.
Miguel aumentó aún más la fuerza de sus embestidas y me hizo acabar otra vez. Al correrme mi vagina exprimió su polla.
- ¡JODER! - exclamó Miguel.
De repente empezó a correrse dentro de mí y su semen caliente empezó a llenarme. Extasiado y sin aliento dejó caer su peso ligeramente sobre mí.
- Uuff... Tu coño de repente... Me apretó y... me hizo correrme de golpe... - me dijo Miguel jadeando sofocado.
- Wow... Tu polla se sentía genial... - logré decirle yo también sin habla.
Después de ese polvo Miguel me llevó a su habitación y nos tumbamos en su cama haciendo la cucharita. Yo coloqué el cabello hacia un lado, dejando mi espalda al descubierto y la parte superior de mi cuello también para que no le molestase durante la noche. No tardé en dormirme entre sus brazos, cansada por el sexo y todavía bajo los efectos del alcohol.
A la mañana siguiente, me desperté al sentir como algo que estaba rozando repetidamente los labios de mi vagina me hacía humedecerme, mientras también notaba besos por mi nuca.
- Uy... ¿Qué haces? - dije en voz alta mientras abría todavía los ojos.
- Darte los buenos días de la mejor forma - Me respondió con voz casi susurrante.
Todavía estábamos haciendo la cucharita y Miguel me penetró suavemente, envolviendo mi cuerpo entre sus brazos y apretándome contra el suyo. Volver a notar su polla llenándome dentro de mí me hizo despertarme del todo y soltar un gemido al sentirla bien profundo. Comenzó clavándomela suavemente y haciendo empujones sin sacarla mucho de dentro de mí.
- Ves, esta es la mejor manera de despertarse - me dijo entre besos.
- Sii... - logré responderle gozando del momento.
Mientras él me follaba, empezó a amasarme una de mis tetas y a jugar con el pezón. Yo en cambio, apretaba mis piernas y mi vagina para que la notase bien prieta. Poco a poco Miguel empezó a clavarmela más fuerte pero sin aumentar el ritmo. Además, estaba siendo muy adulador, no dejaba de alabar mi cuerpo y decir que le encantaba entre los besos que me daba, y eso me ponía aún más. Sentirme deseada es de las cosas que más me pueden excitar y Miguel era muy bueno en hacerme sentir deseada.
- Si es que tienes un cuerpazo... Uff... - susurró en mi oreja con la respiración agitada - mira que tetas más buenas tienes... - dijo amasándome una.
Ya no solo su polla y su magreo me estaban deleitando, sino también sus palabras. Miguel soltó mi pecho para hábilmente empezar a frotarme el clítoris. No tardé en volver a sentir el cosquilleo que avisa que el orgasmo es inminente. Al sentir el cosquilleo mi vagina se contrajo aún más, exprimiendo bien su polla.
- Mmm... Sii... - gemí corriéndome.
Al correrme yo Miguel hizo lo mismo dentro de mí, volviendo a sentir una vez más su caliente semen dentro de mí.
- Joder... Si es que tienes un coñito... - dijo jadeando con su polla aún dentro.
Tardó unos minutos en sacar la polla de dentro de mí, yo tampoco quería que la sacase, me quedé bien a gusto.
Una vez ya satisfechos, cuando nos levantamos me dirigí al baño a recoger mi ropa, ya que me la había dejado ahí el día anterior. Me vestí, me despedí de Miguel y me fui. Al salir por la puerta y dirigirme a la estación a coger el tren para volver a casa, empecé a pensar en lo que había hecho. Me había dejado manusear borracha por un señor desconocido que me debía sacar 40 años por lo menos, luego me había ido a su casa a dormir y había terminado acostándome con él y sin usar condón, dejando que se corriese dentro de mí. No era la primera vez que lo hacía sin condón, pero siempre había sido con conocidos. Por suerte, des de hacía ya unos años, tomaba cada día la píldora anticonceptiva por temas hormonales, así que no me preocupé en exceso. Cada vez que pensaba más en lo que había pasado más sorprendida de mí misma me quedaba, aún así, en ningún momento me arrepentí de lo que había hecho, pues había disfrutado mucho.
De aquella experiencia aprendí que un hombre maduro me puede satisfacer incluso mejor que muchos jóvenes, es por ello que desde entonces me he vuelto a acostar con más hombres maduros. Pero lo más importante que aprendí es que no tengo que reprimirme si me apetece tener sexo, que puedo disfrutar libremente de mi cuerpo y un buen orgasmo es el mejor regalo que me puedo hacer.
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