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Dominaciónsept 2023

Cena de chicas: La sesión-Epi(15)

Cada mes, las paredes de esa casa guardan secretos que solo se revelan cuando la puerta se cierra. Allí, bajo la mirada fría de J, las mujeres no son dueñas de sus cuerpos, sino herramientas que deben demostrar su valor a través del dolor y la obediencia absoluta. Esta noche, el precio de la sumisión se paga con sangre, sudor y vergüenza.

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Los encuentros mensuales no eran ciertamente cenas. Los alimentos sólo podían distraernos de su verdadero objetivo que era alimentar el sexo, la mente y el alma de esas mujeres que habían sido reclutadas para formar esa cuadra. En BDSM se llama cuadra a un conjunto de sumisas pertenecientes al mismo Amo.

J, que era como se hacía llamar el Amo del que no conocían su identidad real, había tenido que modificar ligeramente el término considerando una cuadra como el conjunto de esclavas que gestionaba normalmente juntas por lo que se convertirán en «hermanas de cuerda», como él disponía de varios grupos de mujeres se consideraba poseedor de varias cuadras.

De hecho los encuentros eran mensuales para permitir reunir a sus cuatro cuadras una vez por mes y dedicar el resto de los días a trabajar con algunas sumisas específicas, investigar con ellas o simplemente descansar de tan pesada carga.

Marisa, como doméstica, era la única que tenía conocimiento de las múltiples cuadras de su Señor, pero su deber de confidencialidad ocultaba a cada una de sus cuadras la existencia del resto. Las anteriores domésticas tampoco podían decir nada ya que cuando J decidía prescindir de ellas, tras ayudar en los primeros días a la doma de sus sucesoras, simplemente las vendía para que siguieran prestando los servicios para los que las había educado.

Así, tras la revista de rigor de sus hembras, comenzaba el verdadero contenido de estos encuentros o sesiones. El principal objetivo era revisar los progresos de sus putas en su camino hacia la sumisión total desarrollando juegos y sometiendo a sus hembras a humillaciones cada vez más sofisticadas.

Normalmente en la revisión se castigaba a un par de mujeres que, como parte de su castigo, eran excluidas de su participación en el resto de la sesión.

Tras estos castigos rutinarios, la doméstica retiraba los antifaces a las mujeres que continuaban esperando. Las seis mujeres pasan al salón contiguo desprendiéndose de sus vestidos que dejan colgados en los percheros disponibles al efecto. J les espera en su sillón alrededor del cual se colocan de rodillas en situación de espera. Marisa se sitúa de pie en una de las esquinas del salón.

J se dirige a Epi para que relate cómo ha conseguido reunir los 2.100 € con los que había contribuido. Los servicios anales que le habían sido asignados eran difíciles de realizar en las zonas de prostitución tradicionales, pues su precio de 50 € estaba muy por debajo del precio de mercado y era considerado una competencia desleal por las profesionales.

Epi nos contó que se había inscrito en un grupo swinger de Facebook. Como estos grupos son un verdadero campo de nabos es fácil reclutar hombres. Tras indicar su fantasía de hacer una fiesta sólo anal con varios hombres no faltaron voluntarios que le contactaron por privado; la oferta y la oportunidad de follar a una negra tan hermosa atraía a muchos machos. A estos les iba indicando qué deberían hacer una aportación de 50 € en concepto de gastos. Organizó una primera sesión en un parque con los más atrevidos. Estos ocho sementales se encargaron de romperle el culo y quedando satisfechos no tuvieron problema en realizar su aportación. Luego ella publicó en el mismo grupo parte del material gráfico del encuentro que junto con los comentarios de los participantes facilitó organizar otras dos sesiones semanales por las que pasaron más de cuarenta rabos que dilataron sus esfínteres.

Con orgullo se arrodilló delante del Amo para agradecerle la oportunidad y mostrarle lo dilatada que estaba. El Amo dijo a la doméstica «Trae el dildo XXXL». Marisa obedeció y colocó ese consolador gigantesco enfrente de Epi que no sin esfuerzo comenzó a insertarlo en su culo. A un gesto suyo Brenda tomó una vara delgada y comenzó a azotar sus nalgas hasta que el dildo hizo fondo. En este momento el Amo dio permiso a Epi para correrse, lo que hizo dejando un gran charco ante ella.

El Amo satisfecho dijo que se retirara y llamó a Laura para que recogiera del suelo los flujos que su hermana de cuerda había dejado. Lo hizo con gran eficacia lamiéndolos del suelo mientras frotaba sus tetas cargadas de leche por el piso.