Las refugiadas 3 - Partiendo hacia el infierno
El baño del aeropuerto se convierte en un escenario de degradación total. Mientras los pasajeros esperan, ella se arrodilla y traga, sabiendo que cada mirada ajena es parte del castigo. No es solo una despedida; es la entrega final de su cuerpo y su dignidad a las sombras del viaje.
Esta historia está en la tercera parte de una saga. Si no la has leído y quieres leerla los capítulos publicados están en:
Las Refugiadas 1: https://www.todorelatos.com/relato/195640/
Con un resumen en: https://www.todorelatos.com/relato/203840/
Las refugiadas 2: https://www.todorelatos.com/relato/203244/
Con un resumen en: https://www.todorelatos.com/relato/204059/
Naturalmente en el resumen te vas a perder todas las escenas de sexo.
Y en cuanto a los capítulos de esta parte:
Susana: https://www.todorelatos.com/relato/204105/
Pilar y Susana: https://www.todorelatos.com/relato/204178/
Susana y Pilar: https://www.todorelatos.com/relato/204712/
Contrataciones: https://www.todorelatos.com/relato/204860/
Carmen la lesbiana: https://www.todorelatos.com/relato/204992/
Sara la sumisa: https://www.todorelatos.com/relato/205057/
Ama y puta: https://www.todorelatos.com/relato/205363/
El inicio de los problemas: https://www.todorelatos.com/relato/205594/
La importancia de las tetas: https://www.todorelatos.com/relato/205705/
Reclutamiento: https://www.todorelatos.com/relato/205746/
La fuga de Nuria: https://www.todorelatos.com/relato/205825/
Las curas de Nuria: https://www.todorelatos.com/relato/205917/
El castigo de Nuria: https://www.todorelatos.com/relato/205972/
Pilar y Jonatan: https://www.todorelatos.com/relato/206003/ Corregido: https://www.todorelatos.com/relato/206119/
Pilar follada: https://www.todorelatos.com/relato/206040/
Pilar: https://www.todorelatos.com/relato/206148/
Fallas de fuego y sangre: https://www.todorelatos.com/relato/206192/
Despedida: https://www.todorelatos.com/relato/206268/
Y ahora os dejo con la historia:
Pedro estaba cansado. No había dormido nada. Todas querían ser voluntarias para «despedirse» de él. Eligió a Svetlana, a Vanessa y a Vera. Ya el día anterior se había despedido de Olha que quedó en casa de Susana, aunque le había dejado instrucciones de cosas a empezar a hacer si él no había vuelto el 20 de abril.
Ninguno de los cuatro había dormido esa noche. Sabía que era muy probable que «la conejita», como apodaban a Vera, hubiera quedado embarazada de su sexto retoño. No había vuelto a follar desde el día que lo hizo con él en su bienvenida. De seguir con la racha sería otra niña, lo cual no disgustaba del todo a Pedro. Apenas había podido vivir a medias la vida de su hijo Daniel (los cinco primeros años, hasta el accidente, estuvieron separados) y no había tenido noticias de su hija Susana hasta hacía unos meses. Sin embargo, sus sentimientos al respecto eran ambivalentes. Le apetecía mucho pervertirla desde muy pronto, pero sentía que tendría reparos a verla en manos de otro hombre, salvo quizá de su hijo Daniel. No tenía los mismos reparos respecto a ponerla en manos de cualquier mujer. Se alegraba mucho del lesbianismo de Susana, aunque a ella no le confesaría nunca por qué. Por otra parte, si era niño seria su guía y maestro, solo eso. Quedaban dieciocho días para el alta médica de Vanessa, pero Pedro decidió adelantarlo ya que no estaría dentro de dieciocho días. No obstante al acabar la noche le volvería a poner el cinturón de castidad. Pero Olha tenía instrucciones de empezar a prostituirla en breve, así humillar más a Cristian «¿Hasta dónde será capaz de llegar ese hombre en su humillación? —pensó Pedro— Si lo ha aguantado todo, a mi vuelta, le anunciaré que voy a hormonarlo y caparlo, a ver qué dice».
La noche completa había sido una orgia vainilla. Todo lo vainilla que podía ser teniendo en cuenta que uno de los cuatro disponía de todo el poder y las otras tres hacían su voluntad sin rechistar. Se había corrido tres veces en Vera, uno en cada agujero, dos en Svetlana, dejando su boca para otro uso, y uno en Vanessa. No le preocupaban Vanessa y Svetlana. La primera estaba tomando anticonceptivos desde el 16 de diciembre con el control sanitario de la doctora Melanie como complemento a la operación de arreglo coño y ano y desde finales de febrero, al acabar los tres meses prescritos, por orden suya como Amo mientras que Svetlana llevaba implantado un DIU. Además a Vanessa aún no podía darle por culo ya que pese a que su coño se había curado bien su ano no y aún sangraba cuando algo lo distendía, incluso el mero acto de cagar si llevaba varios días sin hacerlo, lo que lo había obligado a disponer que le introdujeran dos enemas diarios. Por el contrario, por cómo se había curado su coño había permitido que durante la noche Svetlana introdujese su pequeña mano completa en él sin causarle ningún desgarro. Después de su follada, eso sí, en la que él apenas notó presión. Quizá tendría que dedicarla a otros usos.
No tenía hambre, cuando no estaba follando, y también cuando sí, había estado mamando de los pechos de Vera hasta dejarlos secos y con los pezones completamente enrojecidos e irritados por la saliva. De hecho fue más eso que la no presión de Vanessa lo que facilitó que se corriese en su coño. Por la mañana introdujo una sonda en la uretra de Vanessa de forma que pudiera ponerle el cinturón de castidad de forma permanente. A continuación, se vistieron, bueno Pedro se puso un traje cómodo para viajar y Vanessa una mini falda de doce centímetros que dejaba al aire parte del cinturón y la goma de la sonda, y un minúsculo top que apenas cubría sus pechos. Y sus zapatos, Pedro eligió los que le compró Carmen de talla 36, un número menor del suyo, de 15 centímetros de tacón. Vanessa no había vuelto a calzar sus zapatillas desde que entró al servicio de Pedro: o iba descalza o con zapatos de tacón entre 12 y 18 centímetros, muchos de ellos de una talla menor, buscado que le apretasen y doliesen.
Cuando salieron Anastasia ya hacia una hora que había partido, llevada por Cristian. Este la dejó en la puerta de salidas con el equipaje y se fue hacia el hotel en cuyo aparcamiento dejó el coche. Pedro llegó y aparcó en el aeropuerto, busco la zona más alejada del aparcamiento para que fuese solitaria. Tenía tiempo de sobra. Echó el asiento hacia atrás y se desabrochó los pantalones.
—Una última de despedida. Echaré de menos esa boca de puta que tienes.
Vanessa se inclinó y empezó a mamársela. Se metió la verga en la boca hasta llegar a besarle los huevos. Estaba morcillona, pero aún no en situación de hacer su máxima presión. En todo caso, ahora, ya no le producía arcadas, solo las tenía si quería. O si Pedro se las pedía. Se la sacaba poco a poco dándole besos hasta llegar a quedarse solo con el glande en la boca, que era cuando ponía en marcha la lengua y lo lamia como un helado. Repitió tres o cuatro veces la jugada hasta que Pedro la cogió de la cabeza y la atrajo hacia sí. Ella sabía lo que él esperaba y obedeció. Se dejó mover la cabeza mientras apretaba al máximo los labios en la barra de carne que rodeaban y trataba de mantener la lengua lo más pegada posible a la misma.
Salieron del coche y abrió el maletero. Vanessa tuvo que sacar sola las dos pesadas maletas y la bolsa de mano que se puso en bandolera. Además, Pedro le prohibió usar las ruedas, por lo que tuvo que cogerlas del asa y alzarlas a peso. Llegaron a la terminal y Pedro escogió una de las colas de facturación más largas.
—Haz la cola. Yo me voy a tomar un café y cuando te toque me acerco. Recuerda no apoyar las maletas en el suelo.
Cuando más de media hora después le tocaba el turno apreció Pedro para facturar las maletas. Vanessa se alegró de librarse de ellas. No lo hizo de la bolsa de mano. Después se dirigieron al control de acceso a la zona de pasajeros. Por el camino Pedro decidió hacer una parada en el aseo.
Entraron en los baños y pedro tomó la bolsa de mano que Vanessa llevaba en bandolera.
—Gracias Amo.
—No me lo agradezcas. No quiero que me moje. Cuando salgamos la volverás a llevar tú hasta el control. Arrodíllate.
Él se bajó la bragueta y sacó su polla en medio de la sala. Ella no preguntó ni él la ordenó entrar en un cubículo. Abrió la boca y empezó a tragar tan pronto como él orinaba. Eran ya muchas horas de práctica con el botijo en estos tres meses. Cuando acabó metió la polla en su boca y procedió a succionar y limpiar los restos. Conforme pasaba la lengua por el cipote se le iba poniendo más duro. Pedro no la animó, pero tampoco se lo impidió. Ella siguió insistiendo hasta que consiguió una breve corrida, lógica después de la noche pasada y la que ya había tenido en el coche. Tras tragarse el semen recogió todos los restos de su verga hasta dejarla limpia, momento que Pedro la guardó dentro de sus calzoncillos y pantalón.
—Buena mamada —dijo aplaudiendo un pasajero que había entrado al baño—. Lástima no haber venido acompañado con mi novia como usted.
—No es mi novia —replicó Pedro—. Es una de mis putas.
—¿Puta? Por la ropa podría ser, pero necesitaría algo más para convencerme.
—Está castigada sin follar. Pero por veinte euros puede mamársela… Y se tragará su corrida.
—Bien. —Sacó la cartera y de ella un billete de veinte que le entregó a Pedro—. Pero antes necesito mear, si no, no sé qué saldrá.
—Adelante —Pedro señaló los urinarios colgados de la pared. Mientras él se dirigía a ellos guiñó el ojo a Vanessa.
—Gracias Amo por dejar que tome algo más de desayuno —comentó Vanessa.
Acabó de mear y se acercó sin haberla guardado. Vanesa se metió su verga, bastante menor que la de Pedro, en la boca y empezó a lamerla. Aún tenía el sabor acre de la orina. La limpió bien antes de empezar a succionar a fondo y en unos minutos acabó llenando su boca de un fluido espeso y pastoso mucho más abundante y amargo que el de Pedro. Se notaba que hacía tiempo que no había vaciado sus cojones. Limpió los restos y se puso en pie. Pedro le entregó la bolsa y salieron del baño.
—Creía que me iba a hacer beber los meados del desconocido —rompió ella el silencio.
—¿Te habría gustado?
—No. Pero si me lo hubiese ordenado lo habría hecho. Me lo habría bebido. Sabe que no me gusta la orina, pero sí el semen, aunque el de este parecía viejo, como si llevase mucho tiempo ahí.
—No todos tenemos la suerte de estar rodeados de putas siempre dispuesta a follar.
—Y hablando de follar —Golpeó el cinturón de castidad—… ¿Tengo que llevarlo mucho tiempo?
—Hasta que volvamos —respondió Pedro—, si lo hacemos pronto. Si no, el día veintidós de abril, como muy tarde, Olha te lo soltará y te enviará con mi amigo Juan Antonio.
—¿Por qué con él?
—Es dueño de un burdel. Allí trabajaras hasta mi vuelta.
»Por cierto. Le enviaré a Olha un wasap para que te entregue los 20 euros. No soy tu proxeneta…
—¿Mi qué?
—Tu chulo. Lo que ganes zorreando es tuyo, igual que las demás. Sé que lo harías gratis por follar, pero en el burdel de Juan Antonio cobraras, aunque él sí se quedará su parte.
—Sí Amo. Gracias, Amo.
—Sin embargo, como comprenderás, hoy no te puedo entregar estos veinte euros pues podrías gastarlos.
Llegaron a la cola del control de accesos. Esta vez Pedro hizo la cola con ella, aunque le dejó la bolsa y no la tomó hasta el momento de entrar. Tras tomar la bolsa le entregó un móvil y el tique del aparcamiento.
—En el móvil tienes la ruta hasta el hotel donde te espera Cristian. Como no llevas dinero tendrás que ir andando. Además, el móvil controlará que hagas la ruta sin atajar.
Ella lo tomó y salió en contra de la dirección de la cola. Pedro se acercó a la cinta, puso la maleta y vacío los bolsillos en la bandeja, así como el cinturón. Pasó el arco de control. Recogió sus cosas y se encaminó a la puerta de despegue.
Vanessa salió de la terminal y fue bordeándola hasta un camino de grava. Este se alejaba del aeropuerto y se dirigía al cercano pueblo. Era incomodo caminar por allí con los tacones, pero peor sería hacerlo descalza. Tras andar algo más de cuatro kilómetros llegó al hotel. En el móvil tenía indicada la habitación así que pasó lo más rápido posible por delante de recepción. Como uno de los recepcionistas salió de detrás del mostrador decidió no esperarse al ascensor y empezó a subir por las escaleras. En cuanto dio el primer giro echó a correr. Llegó al cuarto piso echando el resuello. Llamó con urgencia a la cuatrocientos seis. Vio llegar la recepcionista y mirar por el pasillo cuando la puerta se abría. Entró sin mirar.
—¡Estas toda sudada y resollando! —constató Cristian—, como si acabases de follar.
—¡Ojalá! —replicó ella—. El recepcionista me ha seguido y he tenido que subir corriendo la escalera.
—Sí. Amo Pedro esperaba que pasase eso. —Le entregó la llave del coche y un tique—. La llave y el tique del parking. Tú tendrás para mí el del aeropuerto, ¿no?
—Toma —le entregó el del móvil—. Lo que no tengo es la llave —cayó en la cuenta—. ¡Se la ha llevado Amo Pedro!
—Yo llevo la de reserva. Vístete. —Señaló la cama donde estaban sus zapatos negros de conducir, los únicos con solo cuatro centímetros de tacón y suela fina, y su uniforme de choferesa junto con una peluca rubia que ocultaría su pelo teñido de verde—. Me llevarás al aeropuerto y luego te vas a casa.
Miró de arriba abajo a su novio. No lo había hecho al entrar ni mientras hablaban. Ya no lo hacía mucho. No desde que no follaban. No vestía el taje de chofer sino un traje de chaqueta granate. Se había dejado crecer el pelo, que cuando conocieron a Pedro llevaba a lo militar.
Se cambió y bajaron directos al garaje. Ella pagó en la máquina y sacó el coche pasando por delante de las cámaras. Lo llevó al aeropuerto y lo dejó en la terminal de salidas. Él únicamente llevaba una bolsa de mano de cuero azul. Remoloneo por la zona de facturación y cuando vio que nadie parecía seguirle entró en el baño en uno de los cubículos. Abrió la bolsa y sacó una peluca larga y barba postiza pelirroja, un pantalón negro y una chaqueta sport a cuadros. Dio la vuelta a la bolsa de mano que pasó de ser cuero azul a una bolsa deportiva de lona blanca con el logo de Adidas. Guardó el traje granate y la corbata. Para terminar, quitó el protector y se fijó la barba, el bigote y la peluca. Salió convertido en otro hombre. Bajó a la planta de llegadas y salió a aparcamiento. Pago en caja y se encaminó al coche de Pedro.
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