La perversión me sedujo 5
Mientras estábamos comiendo, estábamos viendo la televisión las noticias que te echaban en ese momento, pero al terminarse la pusimos en un documental de animales sobre el mar. Entonces, sonó el teléfono de Patricia, que se levantó para…
Mientras estábamos comiendo, estábamos viendo la televisión las noticias que te echaban en ese momento, pero al terminarse la pusimos en un documental de animales sobre el mar. Entonces, sonó el teléfono de Patricia, que se levantó para cogerlo.
–¿Dígame? –preguntó Patricia.
–Hola, Patricia. –dijo la coordinadora responsable de sus prácticas de trabajo.
–Han rotado los turnos y al cambiarse una compañera, ha afectado a otras y una de ellas te ha afectado a ti, Patricia. –dijo la coordinadora.
–¿Entonces qué sucede? –dijo Patricia.
–Te toca el turno de noche de urología del hospital. –dijo la coordinadora.
–Antes me tocaba quirófano en urgencias, Berta. –dijo Patricia.
–Pues, lo siento, pero ha sucedido esto, y no puedo hacer nada. –dijo Berta.
–¿Y quienes se han visto afectadas por el cambio de plaza? –preguntó Patricia, con la mosca pegada en la oreja,
–Pues, Teresa, Serena, Mara, y Marta, que yo conozca, porque supongo que todas cambiarían su turno al renunciar una de ellas.
–¿Quién ocupará mi plaza? –preguntó Patricia.
–Creo que Serena, iría en tu lugar a la plaza que solicitaste.
–Entiendo. –dijo Patricia.
Patricia, se dio cuenta de lo que había sucedido. Esas tres zorras habían ido a la casa de Teresa, la habían humillado, tratado mal y ordenado que renunciara a su plaza, así cambio su turno por el de Serena para quitárselo a ella.
Diana seguramente estaba en otra parte del hospital, por lo que no le afectaría, mirando la lista en la página web oficial del estado, comprobó que Diana, no había tenido razones para intervenir, y Marta es otro daño colateral como yo.
Era muy sencillo, en cuanto le nombró quién iba a ocupar su sitio por los puntos que tenían sacados en el examen, descubrió todo el pastel. Quizás, se pensaban que se quedaría quieta o que sería tonta rematada, pero no fue así.
–Supongo que el destino es caprichoso, y nunca sabes lo que va a suceder. –dijo Patricia.
–¿Qué es lo que ha sucedido? –preguntó Sandra.
–Me han jodido, pero bien, Sandra. –respondió Patricia.
–Ha renunciado Teresa a su plaza, por eso, han rotado los turnos en las plazas, así que Serena ocupa mi lugar, y Teresa ocupa la de Sofia, y Marta ocupa la de Serena, y luego Mara ocupa la de Marta, y así todo en cadena. –dijo Patricia.
–¡Es una putada! –dijo Sandra.
–Pero no puedes llamar al director y exponer que como empiezas hoy, esa renuncia no es válida, porque está en el mismo día en el que comienzas. –dijo Sandra.
–Es ilegal todo el procedimiento que ha seguido tu coordinadora. –dijo Sandra.
–No pueden hacerte eso, aunque sea internamente. –dijo Sandra.
–Si, es verdad. Tienes mucha razón. –dijo Patricia.
–Voy a intentarlo. –dijo Patricia.
–Patricia Cogió el teléfono para dar la queja al director, explicándole todo lo que había sucedido. De forma que pasados unos minutos Patricia recibió otra llamada de la coordinadora disculpándose para comunicarlas a todas las afectadas, que no se admitía ese cambio de última hora, y que esa orden vino desde el director, así que restituyeron a cada una en su plaza.
Todos los planes de Serena y sus aliadas, habían fracasado, así que cuando recibió la llamada, tuvo que joderse e ir esta noche a urología como doctora en prácticas, mientras que ella, iba a ir a quirófano de urgencias, como doctora cirujana auxiliar, por lo que su sueldo sería igual de alto en las prácticas, pero sería más interesante cogiendo experiencia.
Eso no quería decir que no pudieran cambiar de destino, sino que, durante esos meses en prácticas, estarían ahí, hasta poder solicitar otro puesto.
–¡Ya me lo han solucionado, Sandra! –dijo Patricia, muy contenta.
–Y todo ha sido por el consejo que me has dado, porque me pilló por sorpresa y no supe cómo reaccionar en el momento. –dijo Patricia.
–Me alegra, que todo haya salido bien. –dijo Sandra.
–Es algo injusto, lo que te iban hacer. –dijo Sandra.
Ambas comenzamos a comer, mientras veíamos una película en la televisión, ya que ver las noticias de política de asesinatos, y toda clase de desastres, a veces era muy repetitivo y muy cansado.
–Entonces, al final ¿Comienzas esta noche? –preguntó Sandra.
–Sí, la verdad estoy nerviosa y un poco intranquila. –dijo Patricia.
–Tómate una tila, si ves que no te calmas. –dijo Sandra.
–Si, tienes razón. –dijo Patricia, un poco pensativa.
Yo me fui a la cocina para hacerme una manzanilla, pero a la misma vez le hice una tila para que se calmara los nervios. He de decir, que después de todo lo que le había pasado, muy centrada no podía estar.
Cuando volvió en sí, de estar como en otro lado, aunque su cuerpo estuviese ahí, se dio cuenta que tenía la tila en su lado y que yo estaba tomándome una manzanilla para aliviar la pesadez de la comida.
–¡Gracias, Sandra! –dijo Patricia.
–¡De nada, Patricia! –dijo Sandra.
Nada más tomarme la manzanilla, me fui a mi cuarto a ordenar mis cosas, e haciendo todas las tareas que tenía que hacer. Primero, ordené mi ropa sucia de la limpia para echarla al cesto, y prepararme la ropa que tenía que llevar para el trabajo ya fuese para el lunes o el miércoles.
No sabía si al final iba a ser el lunes o miércoles, cuando empezaría. Mi trabajo, no es que fuese muy importante como el de Patricia, en el que salvaban vidas, pero era interesante de otra manera.
Estaba haciendo las prácticas de periodismo, y seguramente tendría que tragar mucha mierda para ir ascendiendo, partiendo desde abajo. Yo no tenía contactos, por lo que debía labrarme mi futuro como mejor pudiera de acuerdo con la vida que me había dado el destino.
Patricia, se fue a su habitación para hacer sus cosas, pero antes vio el contenido de mis regalos, mirando todo lo que contenía mi pack de esclava.
–Si no lo ha ido a cambiar, es que le gusta y le atrae imaginarse siendo tratada de manera humillante, denigrante y se excita perdidamente como he percibido y he visto esta mañana, así que Sandra se excita y le pone cachonda experimentar la humillación, la denigración y someterla como una sumisa. –pensó Patricia., guardándoselo para ella misma.
Le quedaban unas horas para empezar el turno, por lo que estaba preparando sus cosas. Estaba yendo de su habitación al baño para ir preparándose, asearse, lavarse y arreglarse tanto las manos como lo pies. Mientras que yo, estaba metiendo mi ropa a la cesta de la ropa sucia, cuando pasé por delante de su habitación, viéndola muy ocupada, no quise molestarla.
Sin embargo, Patricia si me vio, por lo que me dijo.
–¿Estás poniendo la lavadora? –preguntó Patricia.
–Sí, ahora mismo la iba a poner, que estoy metiendo la ropa.
–¡Genial, entonces! –dijo Patricia.
–Iba a ponerla yo ahora, pero estoy ocupada con la manicura y la pedicura.
–No te preocupes, ¿Quieres que meta la tuya? –preguntó Sandra.
–Sí, se lavaría en nada de tiempo para que se seque antes de esta noche. –dijo Patricia.
De esta forma, pasé a su cuarto para coger la ropa sucia, mientras ella estaba preparándose para hacerse la pedicura. Sali para ir a la cocina para meterla en la lavadora.
Metí primero su ropa, porque no cabía todo junto, y cómo empezaba a trabajar esta noche. Quise que lo tuviese todo preparado y listo que se fuera limpia con el traje que eligiera para vestirse.
Detrás volví para ver cómo iba, por lo que pasé a su cuarto.
–¿Qué tal vas? –preguntó Sandra.
–Bueno, es lento. –respondió Patricia.
–Ya sabes que arreglarse las uñas no es un proceso tan rápido como parece. –dijo Patricia.
–¿Quieres que te ayude? –preguntó Sandra.
–Si quieres, me vendría muy bien, porque tengo que imprimir ahora los papeles que tengo de llevar y escribir algo de la solicitud que me ha pedido por teléfono la coordinadora. –respondió Patricia.
De esa forma, me puse de rodillas delante de ella, sacando la pasta de gel especial, mientras le daba unos masajes. Ella comenzó a excitarse y sentir placer en sus pies. Patricia, estaba flipando del masaje que le estaba dando e incluso, pensé o me pareció que soltó un gemido de placer.
–¡Das muy bien los masajes en los pies, Sandra! –dijo Patricia.
–¿Dónde has aprendido? –preguntó Patricia.
–¿Te acuerdas de la Sra. Pepi? –preguntó Sandra.
–Sí, me acuerdo, ¿Por qué las mencionas? –preguntó Patricia.
–No me caía muy bien que digamos. –respondió Patricia.
–Pues, abrió un centro de belleza en el pueblo, por lo que necesitaba gente para trabajar, que la llevaba con sus hijas –respondió Sandra.
–Estuve trabajando a media jornada en él, y además de cortar el pelo, era un centro de belleza y corte de pelo masculino, por lo que aprendí todo eso. –dijo Sandra.
–No tenía ni la menor idea, así que esos meses que me fui para ingresar en la universidad, tú estuviste trabajando. –dijo Patricia.
–Sí, unos 2 años. –dijo Sandra.
Primero fui al baño para coger una palanca con agua tibia para que no se quedara los pies. Fue metiendo los pies, mientras le daba masajes y limpiaba de suciedad sus pies.
Cuando estaba relajada fui sacando sus pies, y retirando la palancana, poniendo una toalla sobre mis rodillas, que estaba sentada sobre mis plantas de mis pies, puse sus pues para envolverlos en ella, para secarlos.
Entonces cogí la palancana para llevarla al baño y tirar su agua sucia, pero Patricia me dijo que la apartara para dejarla ahí, a un lado. De manera, que fui a por un recipiente más hondo para echar el gel hidratante, que rápidamente Patricia, metió sus pies para comenzar a moverlos y que sus pies quedaran envueltos por esa masa grisácea gelatinosa.
–Me gusta como lo haces, Sandra. –dijo Patricia.
–Me doy cuenta que pareces una profesional, o sea que, si buscaras trabajo a media jornada, podrías sacarte un buen dinero. –dijo Patricia.
–Si, es verdad, pero con el trabajo de prácticas que tengo todo el día, no creo que tuviese tiempo. –dijo Sandra.
La masa se endureció y entonces, le dije que moviera los pies para romperla, sacando los pies del recipiente para limpiarlos con agua tibia, que fui a recogerlo con la palancana.
Una vez que se los limpié, aparté la palancana y comencé a secárselos con otra toalla. Entonces con las herramientas para pedicura fui limpiando los pellejos y piel muerta que rodeaba las uñas, y entonces fui cortándolas rectas para dejárselas perfectamente.
Llegó la hora de dejarlas al natural o de pintarlas del color que deseara Patricia, así que, al finalizar de pasarle una toalla húmeda para limpiarle todos los bordes de esos restos de piel muerta, le pregunté.
–¿Te los dejo así al natural o deseas que te pintes las uñas de algún color Patricia? –preguntó Sandra.
–¡Quiero que me las pintes de color rojo, mira allí en el cajón tienes todos los colores! –dijo Patricia, dándome el esmalte.
–¡Tráeme el color rojo! –ordenó Patricia.
–Si, ahora mismo. –dijo Sandra, que fue al cajón para sacar los pintauñas y vio, además, una serie de consoladores y arneses que la pusieron roja.
Yo volvía para ponerme nuevamente de rodillas a sus pies, cuando ella volvió a hablar nuevamente.
–No te arrodilles todavía, ve a por el escabel que lo tienes ahí, y tráelo. –ordenó Patricia.
Yo fui a por el escabel y con paciencia pude ponérselo delante para que apoyara sus pies, donde ella los puso, preparada para que se las pintara.
–¡Ahora, arrodíllate y comienza a pintarme las uñas, Sandra! –ordenó Patricia, de manera imperativa como las anteriores frases.
Hubiese querido deciros que lo dejaba que no me hablara así, que no era su chacha, que encima que la estaba ayudando que no me tratara así, pero resulta que me estaba excitando y poniéndome cachonda perdida por cómo me había hablado y de esa manera, así que la obedecí, sumisamente guardando silencio.
Ella, se dio cuenta que no había abierto la boca, ni protestado, ni quejado, sino que la había obedecido sin protestar. Me miró las bragas que estaba vestida solamente con una camiseta y con unas bragas, y pudo ver una mancha en ellas, así que llegó, a darse cuenta que estaba excitándome y poniéndome cachonda perdida como una esclava sexual.
Cogí los separa dedos, y se los puse en los dos pies, para ponerme a pintarle las uñas, que con tranquilidad y despacito, se las pinté, dejándoselas perfectas.
Me acerque a sus pies para soplar en sus uñas para que se secaran más rápido, mientras que Patricia me observaba, dándose cuenta que era una buena esteticista, y que podría estar ganando muchísimo dinero.
–¿Te hago la manicura de las uñas de las manos Patricia? –preguntó Sandra.
–Por supuesto, a la misma vez aprovechó y me dejas divina. –dijo Patricia, contenta.
Comencé hacerle la manicura de igual forma que había hecho con sus pies, de forma diferente hasta que llegó el momento de elegir el color.
–¡Píntamelas de rojos, del mismo color para que vayan a juego Sandra! –ordenó Patricia.
–Vale, muy bien. –respondió Sandra.
–Me has dejado de fábula, Sandra. –dijo Patricia.
–De hecho, parece como si hubiese ido a un centro de la belleza y me hubiera hecho la manicura y pedicura una profesional. –dijo Patricia, contenta.
–Gracias, Sandra. –dijo Patricia, mientras soplaba en sus uñas de sus manos para que se secaran.
Entonces, fui retirando los separa dedos, y coloqué una toalla limpia en el suelo para que apoyara sus pies. Cogí el escabel y se lo dejé en el mismo sitio para volver a ponerme delante de ella.
–Ya está, Patricia. –dijo Sandra.
–He terminado, espero que te guste mi trabajo. –dijo Sandra.
–¡Está genial y estupendas! Es cómo, si hubiese ido al centro de estética de esta misma calle. –dijo Patricia.
–Además, gratis. –dijo Patricia, contentísima.
–Esta faceta tuya, no la conocía, pero claro eres dos años más joven que yo, y en esos dos años, has aprendido bien. –dijo Patricia.
–La verdad que, en esos dos años, y gracias a ese centro de belleza, lo use para hacer las prácticas del módulo de estética de formación profesional del centro de estudios del pueblo de al lado. –dijo Sandra.
–Pues, te ha quedado el trabajo muy bien. –dijo Patricia, mientras se le secaba.
–Bueno, ya te puedes ir a descansar. –dijo Patricia, yéndose al sofá para continuar mirando sus regalos.
–Muy bien. –dijo Sandra, siguiéndola detrás ir al salón, también.
Patricia, se puso unas sandalias para no estropearse las plantas de sus pies de la pedicura. Estuvo mirando sus regalos como yo, también.
Ella abrió la caja para ver una capa de color purpura roja, en el que había un traje de látex, con unos látigos, unas fustas, varios collares con cadenas y anillas para sus esclavos, con vibradores de diferentes tamaños enormes.
Otras cosas más que traía la caja, era unos sellos para marcar a los esclavos, con unas palas, unas cuerdas para inmovilizar al esclavo, una máquina de depilar. Vamos que venía muy completo todo hasta unas bridas de ponys, con unas correas, y unas especies de guantes para ponérselas a los esclavos con unas correas que se ataban en la boca, a la espalda y pasaban por el ano para sujetar al esclavo y convertirlo en un pony para su Ama con capucha y todo.
Ella estaba muy contenta con sus regalos, mientras que mi caja, era diferente. Llevaba un traje de sirvienta, de chacha, con collares y cadenas, con pulseras, tobilleras, y anillas. Luego venía un bozal para perros, unas bridas para ponys, con unos guantes, unas esposas de pies y manos, vibradores enormes y pequeños. Realmente, todo tipo de utensilios para una esclava sexual, lo mismo que el pack de Ama, que llevaba todo para ser Ama.
Entonces, me llevé los regalos a la habitación, mientras que fui a la lavadora, para sacar su ropa y meterla en la secadora de al lado, y poner la mía. No quise decir nada sobre las diferencias de los regalos, porque no surgió el tema.
Ella miraba los míos como yo miraba los suyos, no había nada que comentar, yo no me atrevía a decir nada para no complicarme la vida si me preguntaba una pregunta directa sobre mis gustos o algo así, que me dejara mal.
Y ella, no preguntaba porque era algo evidente, me había tratado de forma humillante, denigrante y me había excitado y me había puesto cachonda perdida. Se dio cuenta de ello que, si no era sumisa, tenía tendencias sumisas, pero no quiso meterse en la privacidad de mi sexualidad.
Solamente, esperaba no terminar como Teresa, que comenzó quien sabe cuándo a sentirse sumisa y a desear tanto ser humillada, denigrada y sometida, que un día tuvo que decírselo a una compañera por necesidad sexual.
Sobre las otras bolsas que eran de perfumes, lencería, anillos, pulseras y pendientes, como eran similares si lo comentamos. Pero lo dicho, me fui a poner mi ropa para luego decirle que la suya estaba secándose en la secadora.
–¡Ya acabo de poner mi ropa! –dijo Sandra.
–La tuya está en la secadora. –dijo Sandra.
–¡Vale, gracias, Sandra! –dijo Patricia.
–Hoy me va a dar tiempo, porque estás ayudando, así que voy a empezar a escribir la carta de solicitud de presentación para esta noche. –dijo Patricia.
–¡Vale, mucho ánimo Patricia! –dijo Sandra.
–Nada más terminar la secadora, saque su ropa para doblársela y meter la mía en la secadora, que acaba de terminar. De forma que, ya iban a estar toda la ropa sucia de ambas, limpias.
–Fue cuando entre en su habitación, dejándosela doblada encima de la cama, para irme, dejándola terminar eso que le había dicho.
El resto de la tarde transcurrió de manera tranquila, mientras Patricia estaba en su habitación, escribiendo sus papeles o lo que sea que le pidieran, yo estaba en la mía, pero al ir a la cocina a por un vaso de agua, vi los platos en la mesa, así que los lleve a la cocina, viendo que Patricia se había dejado comida en el plato, así que pensé que luego se lo comería o que lo metería en un táper de comida para la madrugada.
No le iba a dar tiempo, así que me puse hacer la cena, que era algo sencillo. Una ensalada, con unos filetes de solomillo que saqué del frigorífico, con unas croquetas con unas patatas, e incluí unos huevos con dos chorizos.
Entonces se lo metí en un táper, dejándoselo preparado, para que luego se lo llevara como merienda. Yo hasta el lunes o el miércoles no empezaba, no lo tenía claro. Supuse que me iban a enviar un mensaje diciéndomelo, pero como no había llegado aún, no lo esperaba para nada.
Después me fui al salón, a poner la televisión, mirando lo que estaban echando por la televisión, mientras miraba los regalos del Club Nocturno. Patricia, tenía que estar allí sobre las 22:00h hasta las 8:00h. La verdad que la lencería era muy bonita, junto con las pulseras o tobilleras, e incluso los anillos, que nunca me había puesto en los dedos de mis pies, se me antojaban ahora probármelos.
Pero me puse a ver una película se comenzaba ahora, que se llamaba Marea roja, creo que iba de submarinos, y que podía ser bélica, pero parecía interesante. Patricia salió de su habitación, como siempre, con una camiseta larga que le llegaba hasta el culo, con unas braguitas, y con unas sandalias.
–¿Qué estás viendo? –preguntó Patricia.
–Es Marea roja, una película de submarinos. –dijo Sandra.
–Está muy bien, la he visto, no te aburrirás. –dijo Patricia.
Eran las 19:40h así que todavía le quedaba tiempo, por lo que se sentó en el sillón a ver la película. Se iría a vestir sobre las 20:30h, para irse sobre las 21:00h para llegar a las 22:00h al hospital.
–Hoy me has ayudado mucho, Sandra. –dijo Patricia.
–Te devolveré el favor. –dijo Patricia.
–Lo hice por gusto. –dijo Sandra.
–Te vi muy liada, y quise ayudarte. –dijo Sandra.
Patricia se había sentado en su sillón, poniendo los pies encima de la mesa. De manera que sus pies estaban muy cerca de donde yo estaba. Por lo que cuando estaba viendo la película, sus pies estaban delante en la esquina derecha de abajo. No té que no paraba de mover los dedos, para atraer mi mirada, no sé si lo hacía aposta o si era una costumbre.
–Pues, gracias, eres toda una amiga y una super compañera de piso. –dijo Patricia, yéndose a por lo que le había quedado de la comida para meterlo en un táper, pero se encontró con el táper ya preparado.
–¿Me has preparado la merienda Sandra? –preguntó Patricia, contentísima.
–Si, te ha gustado la sorpresa. –dijo Sandra.
–Claro que sí, Sandra. –dijo Patricia.
–He supuesto qué durante el turno de noche, no se sí la cafetería estará abierta, así que seguramente sólo unas máquinas expendedoras, te vendría bien la comida. –dijo Sandra.
–Eres fantástica. –dijo Patricia, metiéndola en el bolso con los informes que le había pedido.
Patricia volvió a sentarse en el sillón con las piernas cruzadas, mientras balanceaba su chancla con su pie. Cogió caja para ponerse a ver lo que contenía dentro, diciendo cosa por cosa lo que había.
–La verdad que te han metido en la caja muchas cosas interesantes como unas bridas para la boca de la yegua que una Ama, quiera domar y montarla junto con unas sujeciones para mantener la boca abierta y sujetarla con unas correas. –dijo Patricia.
–Pero lo más interesante son los collares que te vienen con las cadenas, son muy finas, delicadas y con un diseño estilizado. Unas de color de plata y otras de color de oro. –dijo Patricia.
–Luego hasta tienes un traje de sirvienta, con plumero y todo, con zapatos de chacha, mantel. –dijo Patricia.
–Luego, te vienen varios tipos de vibradores unos pequeños que son de tamaño normal, pero los enormes son como las pollas descomunales de los negros. –dijo Patricia.
–También, vienen anillas para perforar los pezones y los labios vaginales en dos colores de oro y de plata, junto con los brazaletes y las pulseras. –dijo Patricia.
–Las esclavas deben de ir desnudas por la casa, siempre de rodillas a cuatro patas y en presencia de su Ama, hacer una reverencia y postrarse a sus pies. –dijo Patricia.
–Dormirán en el suelo a las patas de la cama de su Ama, comerán comida para perros que le dé su Ama, o la comida que sobre de su Ama. –dijo Patricia, que estaba leyendo las instrucciones.
–Lo cierto que es un pack muy completo. –dijo Patricia.
–Es una pena qué si no vas a usarlo, sería mejor que lo devolvieras a la tienda. –dijo Patricia.
–Lo digo porque seguro que habrá una chica que tenga tendencias de sumisa, y le encantaría ser domada, sometida y denigrada. –dijo Patricia.
–Además, porque en mi pack tengo collares, anillas, pulseras y vibradores para mis esclavas, y si te gusta serlo, te los pondría con gusto. –dijo Patricia.
–Pero es tu regalo, haz lo que quieras con él, pero ya que lo has aceptado y te lo has quedado deberías de probártelo. –dijo Patricia, yéndose para la habitación para prepararse para vestirse.
–¡Pasa una buena noche, Sandra! –dijo Patricia.
–Gracias, espero que tú también, pases una buena noche. –respondió Sandra.
–Patricia, salió de la habitación vestida sobre las 21:00h, así que se dirigió a la puerta para irse, mientras miraba como estaba leyendo las instrucciones que ella había estado leyéndolas.
Había cogido el manual de instrucciones para mirar el uso de todo aquello que me habían regalado, y estuve leyendo todo hasta que Patricia se fue y poco después, me cansé de la lectura. Estaba cogiendo y mirando todo, las pulseras, anillas, la cadena y el collar.
Sin duda, lo que me llamo más la atención era todo eso, pero los vibradores tenían que ser la leche, porque eran grandes y vibraban, así que les puse la carga.
Me miraba las manos y los pies, y pensaba que tenía unas uñas y una forma de los dedos muy bonitas. Tenía las uñas de las manos y la de los pies, muy bien cortadas, pero sin pintar, las llevaba al natural como ponía el libro de instrucciones de una esclava.
Entonces, con el calor que hacía, decidí quitarme la ropa para desnudarme. Realmente, cuando estaba en la residencia, cerraba la puerta y me desnudaba por el calor que hacía para estar más cómoda.
Fui a por la comida para ir cenando al ser ya las 21:45h, leyéndolo todo se me había pasado el telediario, por lo que fui haciendo zapping por los canales, hasta que vi un documental sobre el BDSM, el placer de la dominación y sumisión.
En el programa salía primeramente una Ama dominante que se llamaba Ama Lady Verónica, era de Madrid y practicaba todo tipo de juegos eróticos y fantasías, D/s, fetichismo, femdom, findom, sadomasoquismo, y toda clase de humillación y vejaciones de todo tipo.
En el documental la periodista mostraba a uno de sus esclavos, cómo lo tenía de rodillas con un collar al cuello, mientras se reía, escupiéndole en su cara y boca, durante la entrevista.
Luego, mostró una muestra de lo que practicaba en su mazmorra que estaba en el centro de Madrid, aparecía majestuosa con un látigo en la mano, que pronto comenzó a darle con el látigo fuertemente en el que los iba contando y dándole las gracias.
Pues, si no le dio unos 25 latigazos aproximadamente, no paró. Eso mismo impresionó a la periodista, pero luego fueron pasando a otras Amas, que iban dejando sus diferentes puntos de vista y opiniones.
Se me cayeron dos pedazos de carne pequeños qué a pinchar con el tenedor, resbalaron en el plato y cayeron al suelo. Me quedé mirándolos un momento para cogerlos con un papel para tirarlos a la basura.
Pero estaba desnuda y viendo todas escenas del documental y habiendo estado leyendo todas esas normas e instrucciones, me dio por ponerme de rodillas y agacharme para comérmelos, mientras lamía el suelo donde habían caído.
Me quedé pensado en lo que había hecho, si estaba mal o bien, pero mi vagina estaba excitada y me puse cachonda perdida desde que Patricia se puso a jugar con las cosas de mi pack de sumisa, e iba hablando de todos esos juegos eróticos.
En ese momento, llamaron a la puerta, así que cuando me asomé al telefonillo, que tenemos uno con videocámara, vi a las tres, eran Natalia, Gloria y Estefanía, así que las abrí para dejarlas pasar.
Lógicamente, me puse las bragas junto con la camiseta que tenía para recibirlas.
–Hola, Sandra. –dijeron ellas.
–Hola, chicas. –dijo Sandra.
–¿Podemos pasar? –preguntó Natalia.
–Si claro, adelante. –dijo Sandra.
Ellas, entraron y se sentaron en el sofá, poniéndose cómodas, esperándome mientras cerraba la puerta.
–Bueno, ¿Y a qué se debe esta visita? –preguntó Sandra.
–¿No está Patricia? –preguntó Gloria.
–No, se fue al trabajo. –dijo Sandra.
–Es una lástima, porque íbamos a consultarla algunas cosas. –dijo Estefanía.
–No mientas, que lo que querías era hablar con Sandra, no con Patricia. –dijo Gloria.
–¿Pero, entonces qué es lo que sucede? –preguntó Sandra.
Pues que empezó por mí. –dijo Natalia.
–¿Qué es aquello que empezó por ti? –preguntó Sandra.
–Qué le ha empezado a excitarse como una sumisa. –dijo Estefanía.
–Además, todas elegimos la misma caja que tú, por lo que debes de tener una caja de esclava como nosotras. –dijo Natalia.
–Sí, tengo una caja de esclava, y esta mañana comencé a leer el manual de instrucciones y cotillear un poco lo que lleva. –dijo Sandra.
–¿Te has excitado y te has puesto perdidamente cachonda, imaginando esas escenas que vimos en el Club Nocturno o con Patricia cuando estaba con su esclava Teresa? –preguntó Gloria.
–La respuesta es sí, me he imaginado con escenas de ese tipo y con todo tipo de humillaciones y denigraciones. –dijo Sandra.
–¿Así qué no soy la única que está, sintiéndose rara? –preguntó Sandra.
–Todo comenzó conmigo, que me excité cuando vi a Patricia, humillando a Teresa. –dijo Natalia.
–Fui la única que no dije nada, porque sentí algo extraño. –dijo Natalia.
–Me excité y empecé a soltar fluidos vaginales y lógicamente al recibir la caja, empecé a imaginarme desnuda con todas esas cosas puestas. –dijo Natalia.
–¡Ajá! –dijo Sandra.
–Y la cosa no quedó ahí. –dijo Natalia.
–Esta tarde me eché una siesta, porque anoche no dormimos apenas con la fiesta, así que me levanté con sudores, excitación y con las bragas empapadas de mis fluidos vaginales. –confesó Natalia delante de todas.
–El caso que estaba muy cachonda y ya no lo pude detener. –dijo Natalia.
–¿Qué es lo que hiciste? –preguntó Estefanía.
Natalia se fue quitando la ropa, quedándose desnuda mostrando su cuerpo con un poco de timidez, pero se había puesto las anillas, el collar, las pulseras, las tobilleras y los vibradores.
–Me lo puse todo. –confesó Natalia, que no paraba de soltar fluidos vaginales, provocando que las demás se excitaran y se pusieran cachondas perdidas.
–¡Joder, Natalia! –dijo Sandra.
–La verdad que te ves muy mona con todo eso puesto, lo malo qué si te lo has puesto, es que vas en serio. –dijo Sandra.
–Y claro, por eso queríais hablar conmigo, por si yo al haber aceptado la misma caja de esclavas que vosotras, había hablado con ella sobre algo de esto. –dijo Sandra.
–Claro, por eso hemos venido. –dijo Gloria.
–Entonces, ¿No has hablado nada con Patricia? –preguntó Natalia.
–Hemos hablado del contenido de las cajas y de juegos eróticos. –dijo Sandra.
–Ha abierto su pack de Ama, y es estupendo, porque lleva de todo para ser Ama, y dominar a las esclavas y esclavos completamente. –dijo Sandra.
–Y luego, estuvo mirando el mío, –dijo Sandra.
–Pero os contaré lo que hizo a mí. –dijo Sandra.
–¡Sí, claro, cuéntanoslo! –dijo Estefanía, todo ilusionada y con ganas.
–Pero más que decirlo, os lo mostraré para que os hagáis una idea. –dijo Sandra.
–Creo que, si no lo sentís por vosotras mismas, no sabréis lo que es tener esa experiencia, porque una cosa es que os lo cuente, pero si lo vivís os encantará experimentarlo. –dijo Sandra.
–Haré todo como Patricia lo hizo, pero si queréis que innove añadiendo algo más que me hubiera gustado que me hiciese os lo hago. –dijo Sandra.
–Sí, estamos de acuerdo, Sandra. –dijeron ellas.
Me levanté poniéndome delante de ellas, que se levantaron a mi orden para mostrárselo. Entonces, metí la mano derecha debajo de la falda de Estefanía, metiéndole mis dedos y sacándoselos lentamente, mientras que, a la misma vez, metí mi mano izquierda a la vagina de Gloria, metiéndole mis dedos y sacándolos, mientras que Natalia, miraba de pie. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer las dos. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer las dos.
Entonces, la miré a la cara, diciéndole.
–¡Ponte de rodillas, abriéndote de piernas, con las manos detrás de la cabeza, y con la boca abierta, puta zorra! –ordenó Sandra.
–¡Y quiero que me nos mires, sin perder detalle, puta esclava de mierda! –ordenó Sandra, mientras le escupía en la cara y en la boca, una vez detrás de otra, humillándola físicamente.
–Eres una esclava y perra blanca, así que vamos obedéceme, esclava. –ordenó Sandra.
Natalia al escuchar ese tipo de insultos humillantes de forma imperativa y dándola ordenes, obedeció al instante, toda cachonda perdida y excitada. Se puso en la posición que le había ordenado, recibiendo los escupitinajos, mientras gemía de gusto y de placer.
Su nivel de intensidad de sus vibradores aumentó, provocándola unos gemidos de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Saque la mano izquierda de la vagina para darle un guantazo a Natalia, soltando ella un gemido de dolor y de placer al aumentar la intensidad de sus vibradores, que tenía metidos tanto en su ano como en su vagina.
Pasé a mi siguiente movimiento, restregándole mi mano por su cara hasta que llegó a su boca, comenzando a lamer y chupar mis dedos, que entraban y salía de su boca con su lengua lamiéndolos y chupándolos.
Deslicé mis dedos para dejar que lamiera mi palma de mi mano, para que disfrutase de la humillación y de la vejación, hasta que le di un par de guantazos en sus mejillas, dejándola gemir de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Volví a meterle la mano en la vagina de Gloria, para continuarla follando su sucio coño y apestoso, mientras Estefanía como Gloria, gemían como putas zorras, cayendo sus fluidos vaginales por sus muslos, con un movimiento metiendo y sacando mis dedos en sus coños. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Sandra, estaba follándose con sus dedos de sus manos las vaginas de sus dos amigas, forzándolas hasta meter las manos, que entraban y salían provocándolas que se corrieran de gusto y de placer, teniendo una serie de orgasmos consecutivos, que las estaban dejando locas perdidas de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
–Tú zorra, lame mi coño, esclava de mierda. –ordenó Sandra a Natalia, que metió su lengua en su vagina que emanaba fluidos vaginales por si sola de lo cachonda que estaba Sandra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Pon las manos detrás de la espalda, esclava! –ordenó Sandra.
Pero, Sandra continuaba metiéndoselas y sacándoselas con violencia hasta que volvieron a gemir de placer y de dolor, porque tener una mano entera dentro del coño, y parte del brazo era como una super polla de grandes dimensiones. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Entonces, comenzaron a correrse nuevamente, comenzando a jadear como unas perras en celo, hasta que se calmaron, pero Sandra continuaba follándoles sus coños, acostumbrándose sus vaginas al tamaño de su mano, hasta que le pillaron el gustillo por ser folladas, gimiendo de placer, ya que el dolor se había mezclado con el placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Sandra al finalizar el orgasmo, fue sacando sus manos para restregárselas por la cara de ellas, limpiándoselas de todos sus flujos vaginales. Pero ellas, seguían jadeando de placer por experimentar todas esas sensaciones nuevas, que tenían la boca abierta y sus lenguas fuera.
Sandra pasó los dedos por delante de la boca, y ambas comenzaron a chupar sus dedos, con sus lenguas hasta a lamer la mano, que como tenían las uñas cortadas, se excitaban más aún. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Después de unos minutos largos, mientras las putas zorras lamían mis manos, dejándomelas limpias como autómatas, la puta esclava de Natalia me hizo que me corriera de placer, mientras ella, lamía y chupaba mis fluidos vaginales, hasta que comencé a tener una serie de orgasmos seguidos que me hizo sentirme muy bien. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Empecé a bajas mis manos para que las dos se fueran arrodillándose al lado de la esclava de Natalia, que estaba entre ellas. De forma que las tenía de rodillas, lamiéndome las manos, chupándome los dedos hasta que limpiaron todos sus fluidos de mis manos.
–¡Trágatelo todo, esclava! –ordenó Sandra.
Comencé a correrme en la boca de la esclava, mientras ella lamía y se tragaba todos mis fluidos, haciéndome sentir en la gloria. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Teniendo a Gloria y a Estefanía, lamiéndome mis manos de forma continua una y otra vez como autómatas, manteniéndose cachondas perdidas, mientras sus fluidos vaginales caían por sus piernas.
Entonces, comencé a tener un squirt tragándoselo Natalia, lo que podía, pero me giré a ambos lados soltándoselo en sus bocas y caras de Gloria y Estefanía-, gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Entonces, Sandra se sentó en el sofá jadeando como una perra en celo del placer que había sentido con ellas, mientras ellas jadeando de placer y chorreando sus fluidos por sus vaginas, cayendo por sus piernas al suelo, estando de rodillas con las manos a la espalda, abiertas de piernas.
Se quedaron sin moverse, aguantando sus jadeos y gemidos de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Tanto Gloria como Estefanía, mantenían la postura, mientras chorreaban sus fluidos por sus muslos, viéndoselo claramente humilladas y vejadas ante su amiga Sandra.
–¿Os ha gustado lo que me hizo Patricia? –preguntó Sandra, jadeando de placer, mientras sus fluidos continuaban cayendo por sus piernas, pero yo tampoco estaba tan entera ya que mis fluidos vaginales caían por mis piernas, también.
–La verdad que nos ha gustado. –dijeron las tres, jadeando de placer y de gusto, pero querían más.
–Necesitamos más, seguimos cachondas perdidas, Sandra. –dijeron ellas.
Ahora, habiendo experimentado todo eso, deseaban más sexo salvaje y sin control, por lo que Estefanía se puso a lamer el coño de Sandra, que Sandra estaba sentada con sus piernas abiertas.
–Y gloria, se subía al sofá, abierta de piernas, puso su coño en la boca de Sandra, que comenzó a lamérselo al instante, mientras Estefanía, le había quitado las braguitas y la camiseta a Sandra, desnudándola, pocos segundos antes.
A Sandra, le estaban dando de su propia medicina, cogiéndola Gloria por las muñecas para llevárselas detrás de la cabeza, mientras Sandra le lamía y chupaba su coño. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Gloría comenzó a correrse de forma que Sandra iba tragándoselo todos sus fluidos vaginales y lamiendo su coño. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
En ese momento, Sandra comenzó a correrse, teniendo una serie de orgasmos sucesivos que hizo que Estefanía fuese tragándoselo todos sus fluidos vaginales, mientras Sandra seguía comiéndole el coño a Gloria. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Gloria ocupó el lugar de Estefanía y ésta ocupó su lugar, de forma que ahora era Gloria la que se puso a chuparle el coño a Sandra, mientras que a Estefanía le chupaba y le lamía el coño Sandra, gimiendo las tres de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Esto era una putada para Natalia, así que se metió entre las piernas de Estefanía para lamerle su coño y chupárselo, entre gemidos que soltaba ésta de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Después de unos veinte a media hora de esa forma todas, explotaron varias veces, corriéndose de placer y de lujuria. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Detrás de estar jadeando de placer, con sudores por todo el cuerpo, y todas siendo unas putas zorras de mierda más salidas que unas perras en celo, empezaron a relajarse, ya que ahora venía el bajón.
–¡Ha sido una pasada, chicas! –dijo Gloria, jadeando con su respiración, tratando de coger aire, mientras gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Ya te digo yo que sí. –dijo Estefanía, con una sonrisa estúpida en su cara, y gimiendo de placer al estar Natalia lamiéndola su coño. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–No me esperaba que todo fuese a suceder así, de esta manera. –dijo Natalia, que al tener sus vibradores metidos en su vagina y en su ano, seguía sintiendo placer con gemidos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–Estos vibradores que llevas metida en tanto en tu vagina como en tu ano, no paran de darte placer Natalia. –dijo Sandra.
–Es una buena observación. –dijo Estefanía.
–Sí, tías. Hemos tenido un placer lésbico que nunca pensé que tuviera. –dijo Gloria.
–Si claro con la mente tan cerrada que tenías, Gloria, no pensamos ninguna de las dos que lamieses el coño a otra tía. –dijo Estefanía.
–Si, ha sido una pasada. –dijo Sandra.
–Aunque me sigo considerando heterosexual y que me gusta más una polla que un coño. –dijo Sandra.
–Pues nosotras, pensamos lo mismo. –dijeron las demás, mientras se reían de risa. –¡Ja, ja, ja! –reían las cuatro.
–Habéis venido para hablar con Patricia, ¿Qué vais hacer al final? –preguntó Sandra.
–Creo que, si damos el paso, y aceptamos que somos sumisas, tendremos que hacerle la reverencia y confesárselo, y que pase lo que quiera que pase. –dijo Estefanía.
–Supongo que sí. –dijo Gloria.
–Pero ¿No os gustaría sentiros de verdad, humilladas, vejadas y denigradas si os sometiera Patricia? –preguntó Natalia.
–Hemos disfrutado hoy, pero nos da morbo la verdad que lo sepa y que nos trate mal como a Teresa. –dijo Gloria.
–Lo que tenéis que hacer es aceptarlo y poneros el collar como yo. –dijo Natalia.
–Patricia, es una Ama temible. –dijo Gloria.
–¡Qué asusta y que da miedo! –dijo Natalia.
–Me he puesto cachonda perdida al pensar en ella, e incluso ahora, estoy soltando fluidos vaginales como una perra en celo. –dijo Estefanía.
–Patricia me hizo la misma broma, pero no en serio como yo a vosotras, pero si os dais cuenta, habéis seguido mis ordenes sumisamente. –dijo Sandra.
–Si, es verdad y totalmente cierto. –dijo Natalia.
–Lo único que no hemos hecho y que no nos has ordenado hacer, es besar tus pies. –dijo Estefanía.
–¿Queréis besármelos, lamerlos y chuparlos? –preguntó Sandra.
–Pero los tengo sucios de andar por la casa, tengo las uñas cortadas y al natural sin pitármelas.
–¿En serio? –preguntaron ellas.
–Sí. –dijo Sandra.
–Así las llevan las esclavas. –dijo Estefanía.
–Vale. –respondieron las tres, poniéndose de rodillas ante Sandra y comenzaron a besar sus pies para seguir lamiéndoselos, y chupándoselos hasta que ella levantó sus plantas y las tres lamían la suciedad de ellas y chupaban cada dedo hasta dejarla los pies limpios totalmente.
Habían limpiado sus pies hacía rato, pero continuaban lamiéndoselos como autómatas, porque lo estaban disfrutando y sintiendo placer, mientras soltaban sus fluidos vaginales hasta correrse de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Sandra estaba en la gloria, recibiendo el mejor masaje que se le ponía dar a una chica en sus pies, que era lamérselos y chupárselos.
–¡Qué gusto, chicas! –dijo Sandra, soltando un gemido de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Esto hizo que Sandra, comenzara a soltar fluidos vaginales, poniéndose cachonda perdida, ya que los pies es una zona muy erógena en la mujer.
Natalia, se puso cachonda, ya había lamido sus pies suficientemente, así que se dio la vuelta poniendo su vagina en la boca de Sandra y su boca en la vagina de Sandra, para que ambas comenzaron a lamerse sus vaginas, y a chupárselas, soltando unos gemidos de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Mientras que Estefanía y Gloria lamían sus pies, que ya deberían de estar limpios, pero la necesidad sexual las hizo esclavas lamedoras y chupadoras de pies. Durante unos veinte minutos estuvieron lamiendo, mientras ambas soltaban sus fluidos vaginales, corriéndose de placer hasta que las dos comenzaron a tener una serie de orgasmos consecutivos que les hizo tener un squirt, corriéndose en sus bocas, que ambas lamían, chupaban y se lo tragaban.
Por supuesto, el resto caía por el cuerpo y churreaba por los pies de Sandra, provocando una excitación monumental a Gloria y a Estefanía que bebían sus flujos vaginales, lamiendo y chupando de sus pies. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Eso provocó que tanto Gloria como Estefanía, se tocaran con sus dedos, metiéndoselos y sacándoselos, follándose con sus dedos con un movimiento rápido y profundo hasta que introdujeron sus manos para follarse a sí mismas sus propios coños, haciendo que se corrieran como perras en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Se quedaron todas tiradas por el suelo, agotadas completamente, jadeando y cogiendo aire, debido a todo el esfuerzo que habían hecho, las había dejado echas polvo, completamente.
Todas estaban desnudas, manchadas de corridas, orina, squirt por todos sus cuerpos y habían manchado el suelo con sus fluidos vaginales. Pero, aun así, seguían excitándose y poniéndose cachondas, con sus cuerpos ardiendo con un fuego interno que no se podía apagar.
Estaban muy cerda, así que una empezó a besar a la otra, y la otra respondió a ese beso. Cuando se dieron cuenta, estaban besándose besos con lengua profundos, mientras continuaban con besos por el cuello, sus pechos, pegando lamidas y chupando el pezón, mientras pegaban un gemido de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Más bien, era como una orgía de placer entre chicas lascivas y lujuria, todo lleno de sexo carnal. Estaban liándose por parejas, pegándose lametones por todos sus cuerpos, lamiendo sus fluidos vaginales y comenzando a tener tanta excitación que volvían a correrse una y otra vez.
Comenzaron a lamerse sus vaginas mutuamente entre ellas en parejas de dos, hasta que se cambiaban. El placer era tan extremo que los gemidos se escuchaban altos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Se pusieron a hacerse las tijeras entre ellas y a restregarse con las patas de la mesa como si fueran perras en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Realmente, estaban muy cachondas y sus cuerpos ardían. Sandra entro en la habitación de Vanesa y estuvo mirando en sus cajones hasta que vio unos consoladores de gran tamaño, y mirando en la habitación de Patricia, encontró otros consoladores, por lo que se los dio una a una para que todas se follaran con ellos.
Afortunadamente, encontró, varios arneses que encajaron bien con esos consoladores dobles. Sea como fuese, dos tenían que ser las activas y la otra dos pasivas, y luego turnarse.
Estefanía se puso el arnés con la polla descomunal qué al ser doble, se la metía en su vagina, y Sandra estaba a cuatro patas como una perra, sacando el culo, así que fue a por ella, y se la metió de golpe, pegando un gran grito de dolor, mientras la comenzaba a follar, que al tenerla ella metida, comenzaba a follarse ella misma. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
Y Gloria con el arnés puesto se la metió de golpe a Natalia, que pegó un gran grito de dolor, porque eran unas pollas más grandes que los vibradores que se había sacado para ser follada. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.
El movimiento era armonioso, porque las pollas entraban en ambos sentidos, vibrando ambos lados, por lo que la que follaba, era follada, también. En este caso, Gloria lo tenía más fácil, porque cogía de la cadena para tirar del cuello a Natalia, haciéndola que arqueara su espalda para hincársela más profundamente, mientras pegaba un gran grito de dolor hasta que se fue convirtiendo en grito de placer con gemidos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Estefanía cogió la correa de un pantalón que había en la mesa y ató con la correa al cuello de Sandra, tirándola hacia atrás, comenzó arqueándole la espalda, clavándosela más profundamente, mientras chillaba de dolor, que poco a poco se convirtió en placer, gimiendo como una puta perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Todas después de estar unos veinte minutos follándose, comenzaron a correrse mutuamente, teniendo varios orgasmos consecutivos, mientras las pollas iban entrando y saliendo, para clavar e hincarse más fuerte y más profundamente.
–¡Vamos, Putas zorras! –decían Estefanía y Gloria.
–¡Correros, muy bien, putas guarras! –decían ellas.
–¿Os gusta que os follen duro, zorras de mierda? –decían las dos, mientras ellas misma estaban corriéndose por la doble polla que entraba en sus coños y en el de Sandra y de Natalia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Vamos, decidlo, putas esclavas! –decían ellas.
–Si, nos gusta ser folladas, no paréis. –decían las dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Folladnos más fuerte! –decían ellas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Entonces, sus folladas comenzaron a ser más fuertes reventándolas sus coños, mientras las pollas descomunales entraban hasta el fondo de sus entrañas, hincándoselas bien hondo, provocándolas una serie de orgasmos consecutivos que hicieron que se corriera de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Pero, tan pronto como sacaron sus pollas de sus coños, se las clavaron por el culo, metiéndoselas toda de golpe, pegando un gran grito de dolor que pare´cia que las partían en dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Las pollas descomunales iban entrando cada vez más hasta que se las hincaron hasta el fondo. El movimiento se hizo constantes, entrando y saliendo las pollas de forma constante. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Al principio quisieron escapar, pero con la correa, tirando de su cuello, y arqueándole su espalda estaba bien cogida, así que Sandra como Natalia, estaban siendo bien domadas, mientras las rompían su ano. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
El movimiento se convirtió en constante, monótono y regular, de forma que ese dolor comenzó a desaparecer para sentir un placer desconocido analmente, fue cuando comenzaron a gemir de placer y de gusto por ser enculadas las dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
Tanto Sandra como Natalia y sus folladoras, comenzaron a correrse de placer y de gusto hasta soltando fluidos por el suelo como perras en celo, y gimiendo como unas putas zorras esclavas y perras blancas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Hasta que se corriendo Estefanía y Gloria, gimiendo de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Estefanía y Gloria, hicieron una cosa más, que estaban seguras que lo disfrutarían. Les sacaron la polla de su ano para darse la vuelta y metérsela por la boca para limpiarlas de la suciedad de sus fluidos vaginales y anales.
Estefanía, tiraba de la correa acercándola más y soltándola, mientras la follaba la boca, metiéndosela más cada vez hasta que se la metió entera, pasando su garganta.
–¡Poned las manos a la espalda, putas esclavas! –ordenó Estefanía.
Tanto Sandra como Natalia, las pusieron mientras sus bocas eran folladas hasta que, durante unos veinte minutos, se acostumbraron a que les follaran sus bocas, no oponiendo resistencia hasta que la follada se volvió más fuerte hasta que ellas se corrieron nuevamente por sus coños.
Pero, la sensación de poder momentáneo fue maravillosa para ellas, ya que eso se lo habían hecho a ellas, dos tíos, y querían que sus amigas lo experimentaran para que aprendieran a que les follaran sus bocas los tíos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Seguían follándolas sus bocas con una fuerza que ellas, ya se dejaban sin poner resistencia, sintiendo mucho placer por ser folladas por sus bocas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de dolor.
Hasta que tuvieron Gloria y Estefanía sus orgasmos consecutivos, dejando que las pollas salieran de las bocas de Sandra como Natalia, que comenzaron a jadear tomando aire y descansando de la experiencia.
Pero Estefanía tiro de la correa, haciendo que Sandra la siguiera a cuatro patas como su perra, dándole vueltas por la casa de un lado al otro. Sin embargo, Gloria había repetido lo mismo que Estefanía, paseando por toda la casa a Natalia como si fuera su perra, hasta que ambas pusieron las vaginas en la boca de ambas para mearlas dentro de forma continua, mientras las esclavas se tragaban toda la orina.
Fue cuando Estefanía como Gloria, caminaron al sofá y al sillón para sentarse, teniendo de rodillas a Sandra y a Natalia, con las manos detrás de la espalda.
–Las miradas a nuestros pies, esclavas. –dijeron ellas.
Estefanía estaba más activa que pasiva, así que puso sus pies en la boca de Sandra haciendo que esta los besara, y comenzara a lamérselos, para poco después tener sus pies en su cara restregándoselos, mientras Sandra los lamía y chupaba como una perra en celo.
De igual modo, Natalia le lamía los pies a Gloria imitándola hasta que ambas les dejaron sus pies limpios, totalmente.
No pudieron evitarlo y comenzaron a correrse como putas zorras que eran. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.
–¿Os ha gustado a las dos? –preguntó Estefanía.
–Ha sido mi fantasía desde que me dieron el pack de esclava. –dijo Estefanía, que se puso de rodillas, y le dijo a Sandra.
–¡Por favor, házmelo a mí, igual! –suplico Estefanía, besando sus pies.
–Muy bien, esclavas. –dijeron ellas.
De forma que esta vez Sandra y Natalia, hicieron lo mismo que había hecho ellas, de manera que las tuvieron paseando por la casa como a perra hasta que las mearon en sus bocas, completándose el ciclo de perversión.
Fue cuando todas explotaron de cansancio después de tanto sexo lésbico que se quedaron quietas descansando, mientras cogían aire por la boca, jadeando de placer.
–Un novio mío antes de romper, me folló la boca así, de esta manera. –dijo Estefanía.
–Estas pollas son descomunales, pero si en el futuro os encontráis con un hombre que os quiera follar la boca, en lugar de chuparle la polla, estaréis preparadas para ello. –dijo Estefanía.
–Al principio, fue duro y extraño. –dijeron ambas.
–Pero luego, ya te acostumbrabas y te gustaba que te follaran la boca. Además, sentías placer corriéndote, así que ha sido una experiencia sin palabras. –dijo Sandra.
–Si, es una locura que un hombre nos haga eso. –dijo Natalia.
–Pero ya lo estoy deseando que lo haga. –dijo Natalia.
–Ahora nos toca a nosotras, disfrutar como perras –dijo Estefanía.
De esta manera, repitieron todo, pero a la inversa. Sandra y Natalia se pusieron los arneses con las pollas que se metían en sus vaginas de forma que comenzaron a chascar los dedos.
–¡Vamos, zorras! –dijo Sandra.
–Poneros a cuatro patas como las perras esclavas que sois, zorra. –ordenó Sandra.
Tanto Estefanía como Gloria, se pusieron de rodillas a cuatro patas pegando la cabeza junto con sus brazos pegados al suelo. De manera que sacaron su culo para que las encularan y se las follaran bien duro.
Sandra junto con Natalia, comenzaron a follarlas, metiéndolas las pollas de manera fuerte y de un solo golpe hasta hincárselas a la dos, pegando un gran grito de dolor, que según el movimiento constante se fueron acostumbrando hasta comenzar a sentir placer, gimiendo como unas putas zorras. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Natalia tiraba de la correa que estaba atada al cuello de Gloria, de manera que no se podía ir hacia adelante para evitar la entrada de esa polla descomunal, hincándosela más fuerte y con violencia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Sandra, le había puesto la correa sujeta al cuello de Estefanía, tirando de ella, para hincársela más fuerte y con más violencia hasta hacerla gemir de locura por las salvajadas de las folladas que le estaba haciendo Sandra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Las cuatro comenzaron a correrse una detrás de otra, teniendo una serie de orgasmos consecutivos que las hacían gemir de dolor y de placer como unas putas zorras salidas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Pero en el momento, último de la corrida de ellas, se las sacaron de sus vaginas para devolvérselas a las dos, metiéndoselas por el culo, de un solo golpe hasta el fondo, pegando un gran dolor y un gran grito, parecía como si las partieran en dos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Estuvieron follándolas su culo durante más de media hora, acostumbrándose su orificio al tamaño de esa gigantesca polla que tenía Patricia en su cuarto y que Vanesa, tenía otra igual. Pero ellas, gemía de placer ya una vez acostumbradas al dolor de la entrada de esa polla negra descomunal, que la estaban follando por el culo, enculándolas con fuerza y de manera bestial. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Hasta que ambas volvían a correrse, teniendo un orgasmo que hizo que soltaran sus fluidos vaginales por sus piernas, manchando el suelo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Y al mismo tiempo, se corrieron Sandra y Natalia, teniendo otro orgasmo y soltando sus fluidos como perras en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían de dolor las putas zorras. –¡Mmm, Mmmm, Mmmm! –gemían de placer las putas zorras.
Se quedaron todas muy bien folladas y reventadas analmente, tanto que sus culos les dolían bastante ya que creían que, durante esa noche, y algunas más les dolería si se sentaban o si caminaban por la calle.
Todas se quedaron de rodillas a cuatro patas, porque como no podían sentarse por las enculadas que habían recibido, se pusieron a lamer el suelo sus fluidos vaginales, a lamer las pollas, metiéndosela en sus bocas ellas mismas, y lamerse entre ellas para asearse como putas perras que eran.
–¡Ha sido sublime! –dijo Estefanía.
–Una experiencia nueva ya que no había estado nunca con mujeres. –dijo Estefanía.
–Ni nosotras. –dijeron las demás.
–Voy a devolver las pollas descomunales y los arneses a sus lugares para que no se den cuenta Patricia como Vanesa que las hemos cogido. –dijo Sandra.
Sandra cogió una de las pollas con la boca como cuando un perro coge un hueso y se lo llevaba a cuatro patas hacía la habitación de Patricia. Las demás se excitaron de verlo, así que Natalia cogió la otra polla negra descomunal con su boca e imitó a Sandra, para que Gloria y Estefanía, cogieran los arneses con sus bocas y los llevaran cada una a su habitación.
Desde luego, fue todo un puntazo, porque se excitaron e iban moviendo sus culos, aunque les dolía su ano. Seguramente, si hubiese sido un hombre, no lo hubieran permitido, pero al ser mujeres las cuatro, se confiaron las unas a las otras, y paso lo que tenía que pasar, que fueron más bestias que los hombres.
–No me lo esperaba, pero me ha encantado. –dijo Estefanía.
–Aunque creo que Sandra, me has enculado con ganas, porque tengo un dolor de culo que vamos que parece como si me sentara sobre mil chinchetas a la vez. –dijo Estefanía.
–Me pasa igual, tengo el culo como una pandereta. –dijo Sandra.
–Yo votaría por ponernos de pie como personas humanas, pero creo que no dolerá un poco más, así que estando de rodillas a cuatro patas, creo que es la mejor posición hasta que se nos pase. –dijo Gloria.
–Y la idea de pasear como perras, para llevar las cosas de Patricia como de Vanesa ha sido un puntazo. –dijo Gloria.
–Me he puesto cachonda hasta excitarme tanto que he repetido lo que ha hecho Sandra. –dijo Estefanía.
–Yo al estar acompañada, me he excitado mucho, por lo que me ha dado morbo hacerlo, repitiendo lo mismo que vosotras. –dijo Natalia.
Después de ver el Club nocturno, y las escenas de Patricia con Teresa, se me ocurrió la idea de hacer lo mismo que ella. –dijo Estefanía.
–¿Cuándo viene Patricia? –preguntó Natalia, algo preocupada por si aparecía por esa puerta y la veía así, como una esclava y perra blanca, con su collar y su cadena puestas.
–Hasta las 8:00h de la mañana no vendrá, Natalia. –dijo Sandra.
–Por cierto, tienes unos pies muy bonitos, además de ricos y sabrosos. –dijo Gloria.
–No era fetichista y no tenía ninguna atracción hacía ellos, pero ahora creo que adoro el placer de lamerlos y chuparlos. –dijo Gloria.
–Sí, es cierto. –dijeron las otras.
–Es porque ya os está gustando y os está seduciendo el morbo y la excitación de ser esclavas y perras blancas. –dijo Natalia.
–Sí, creo que llevas toda la razón. –dijo Estefanía.
–Pero ¿Por qué repites la coletilla de blanca? –preguntó Gloria.
–Es porque se lo escuché decir a Patricia con Teresa, ya que como ella es negra, le gusta decírselo a su esclava al ser blanca y ella negra. –respondió Natalia.
–Reconoce que te gustaría postrarte a los pies de Patricia. –dijo Estefanía.
–Si, me vuelvo loca sólo imaginarme que entra por esa puerta y me ve de esta manera. Y que me ordene arrodillarme ante ella como su esclava. –respondió Natalia, ya toda desatada.
–Pero, aunque nos sintamos sumisas, si no nos somete y nos domina ninguna Ama, no seremos esclavas sexuales. Sólo estamos jugando un rato como chiquillas. –dijo Estefanía.
–¿Qué tal es llevar puesto el collar con la cadena, las anillas y las pulseras Natalia? –preguntó Sandra.
–Pues, te acostumbras, lo llevo puesto unas horas, lo que más excita son los vibradores que controlan tu placer. –dijo Natalia.
–¿Cómo que tu placer? –preguntó Gloria.
–Os pensáis que vibran todo el rato y ya está, pero no es verdad. –dijo Natalia.
–Me tiene muy sumisa, obediente y servicial, excitándome todo el rato, porque va regulando su intensidad, según me excito o no, de manera que si yo me excito depende del nivel de excitación, el vibrador aumenta su intensidad, haciéndome correrme de placer, aumentando y disminuyendo la intensidad. –dijo Natalia.
–Pues, son la caña esos vibradores de esclavas o sumisas como prefieras llamarnos. –dijo Estefanía.
–Nosotras, no nos hemos puesto aún nada del pack de esclavas. –dijeron ellas.
–Sientes un gustillo en el coño y estás constantemente, corriéndote si piensas en ello todo el rato como si no lo haces. –dijo Natalia.
–Si, creo que venir a ti, esta noche ha sido una buena idea, porque hemos experimentado algo similar a lo que sería estar con una Ama, y nos hemos atrevido a follarnos mutuamente y comportarnos como unas putas zorras salvajes. –dijo Estefanía.
–Y luego, estamos hablándolo entre nosotras sin ningún problema. –dijo Gloria.
–Aquí, tengo el manual de sumisa, si queréis lo voy leyendo y lo comentamos. –dijo Sandra.
–Voy a leer las instrucciones para que sepamos lo que es ser una esclava. –dijo Sandra.
–¡Vale! –dijeron todas.
–Debéis de estar desnudas con todo puesto en casa. Siempre mirareis a los pies o al suelo cuando estéis en presencia de una Ama/o. –dijo Sandra.
–Si os encontráis con una Ama/o, inclinaréis la cabeza haciéndoles una reverencia en señal de respeto, obediencia y sumisión. –dijo Sandra.
–En casa, comeréis en un cuenco en el suelo como perras, y beberéis agua de otro cuenco. Comeréis comida para perros o las sobras de tu Ama. –dijo Sandra.
–Y si vivís con una Ama, comeréis su comida masticada y sus sobras, lamerle su coño después de orinar para limpiárselo. –dijo Sandra.
–Si desea orinar en encima vuestra o beberla o si decide defecar, sois sus esclavas y la obedeceréis. –dijo Sandra.
–Dormiréis en el suelo a las patas de su cama, en unas mantas. –dijo Sandra.
–Si por la calle, alguien os reconoce como esclavas, les diréis la verdad de lo que sois, haciéndole una reverencia. –dijo Sandra.
–Sobre las uñas de los pies y de las manos, cortadas y rectas, sin pintarlas, salvo que vuestra Ama os ordena pintároslas, podéis sino nada al natural.
–Primero es vuestra Ama y después vosotras. –dijo Sandra.
–Las esclavas no piensan, sólo obedecen a su Ama y dueña. –dijo Sandra.
–Su placer, es vuestro placer como sus esclavas y perras. –dijo Sandra.
–Es lo que pone en el libro de instrucciones del pack de esclavas. –dijo Sandra.
Tal y como lo contó, las excitó muchísimo, y se pusieron cachondas perdidas, incluida ella.
–Pufff….¿Y cuándo vaya a ver a mi madre, a mis hermanas y hermanos? –preguntó Natalia.
–Supongo que lo tendrás que ocultar, porque como esclava debes de llevarlo a todas horas y sólo con el permiso de tu Ama y dueña, te los puedes quitar, y durante la ducha para lavarlos, pero ponértelos inmediatamente. –dijo Gloria.
–Porque es el signo del rol de esclava. –dijo Natalia.
–¿Visteis a Teresa en la tienda? –preguntó Estefanía.
–Sí, la vimos. –dijeron ellas.
–Ya sabéis como fue su sometiendo público, humillante, vejatorio y denigrante. –dijo Natalia.
–Pensad en el Club Nocturno, se pueden hacer sesiones de BDSM, pagando y se puede trabajar en él, como empleada. –dijo Sandra.
–Luego dentro del pack de sumisa, viene un contacto de la Ama que te vende el pack, al ponértelo, debes de notificarlo, tributar 30 euros/mes, y entrar en sus perfiles y regístrate como su esclava y perra blanca. –dijo Natalia.
–Te dará ordenes diarias y semanales con mensajes de WhatsApp, y otras redes, te humillará y de denigrará. –dijo Natalia.
–Si, todo es cierto y verdad. –dijeron las tres.
–Es otra opción claro. –dijo Gloria.
–Y contárselo a alguien, debe de ser duro, de hecho, lo hemos experimentado contigo, pero sabíamos que tu sabías del tema y nos conocíamos. –dijo Natalia.
–Afortunadamente, vivimos las tres juntas, así que podemos hacer la mayoría de todas esas cosas, menos algunas. –dijo Gloria.
–Lo peor lo tienes tú, Sandra. –dijo Estefanía.
–¿Por qué? –preguntó Natalia.
–Porque vive con una Ama, y si descubre que es sumisa o tiene tendencias sumisas, pues mal asunto porque no hay marcha atrás. –dijo Estefanía.
–Además, debe de dar un miedo y un cague de cojones. –dijo Estefanía.
–A mí, me da miedo ya con sólo mirarla, al descubrir que es Ama, da miedo. –dijo Natalia.
–Y mucho respeto y seriedad. –dijo Gloria.
–Impone mucho y es fría cuando trató a Teresa, es distante y calculadora. –dijo Sandra.
–Esta mañana cuando me hizo eso, luego se fue al baño a lavarse las manos, como si nada, estaba fría como un tempano, distante y era como si me denigrara y me humillara tratándome de esa manera a la distancia. –dijo Sandra.
–Pero, sin embargo, todo eso que me hizo me excitaba y me ponía cachonda perdida. –dijo Sandra.
–Es lógico, estás experimentando la sexualidad desde otro punto de vista que antes desconocíamos, así que es natural que experimentes, lo sientas y disfrutes. –dijo Estefanía.
–Ves, es lo que decimos que da mucho miedo contarle nada, porque mira lo que le sucedió a Teresa, se atrevió a decírselo y mira como se ve ahora. –dijo Gloria.
–Pero, muy es feliz, siendo su esclava y perra blanca. –dijo Natalia.
–La he visto salir a comprar y lleva el collar junto con las anillas. –dijo Natalia.
–Míranos a nosotras cuando ha jugado Sandra con nosotras, nos ha excitado y nos ha sometido, la hemos obedecido en todo, sumisamente. –dijo Natalia.
–Cuando nos crucemos con Patricia por la escalera, veremos qué haremos, porque es Ama, y si se da cuenta, y no queremos decirlo. –dijo Gloria.
–Las cosas no van así. –dijo Natalia.
–Una vez que te has convertido en una esclava, ya no hay marcha atrás, si ves a una Ama/o, la saludas haciéndola la reverencia mostrándote como esclava y perra blanca que eres para identificarte ante ella como esclava. –dijo Natalia.
–Y aceptando que eres inferior a ella, poniéndote de rodillas si te lo ordena en señal de obediencia, respeto y sumisión. –dijo Gloria
–Entiendo. –dijo Estefanía.
–Incluso, ponerte de rodillas a sus pies para besárselos en señal de obediencia, respeto y sumisión. –dijo Natalia, que se había leído el libro del manual de esclava.
–Es cómo un protocolo dentro del juego erótico que todos deben de seguir para jugar claro, seriamente y que da mucho morbo. –dijo Gloria.
–Y si no te gusta, pues no seas ni Ama ni sumisa. –dijo Estefanía.
–Porque nadie te obliga hacerlo, todo es voluntario y por mutuo acuerdo. –dijo Estefanía.
–¿Y tú que vas hacer, Natalia? –preguntó Estefanía.
–¿Sobre qué? –preguntó Natalia.
–Ya que te has puesto el collar con la cadena, las pulseras, los brazaletes, los anillos de los pies, los vibradores hasta te has puesto las anillas perforándote los pezones y los labios vaginales. –dijo Estefanía.
–¿Piensas seguir, mostrándote como una esclava y perra blanca ante otras Amas que se cruces con ellas o que conozcas? –preguntó Gloria.
–No lo había, pensado, me dejé llevar por la excitación. –dijo Natalia.
–Piensa lo que vas hacer, pues es un tema muy delicado. –dijo Gloria.
–Lo sé. –dijo Natalia.
–Claro, no es lo mismo ponértelo, jugar un rato con alguien con el que le guste esto, y luego, te lo quitas cuando ha pasado el momento. –dijo Estefanía.
–O te gusta mucho, y decides jugar más tiempo, y llevar ese estilo de vida. –dijo Sandra.
–De todas formas, tienes a la Ama Anisa, de pack de sumisa, que dice qué al comprarlo y ponértelo, que debes de registrarte en su web, como su esclava, que te adiestrará online con órdenes y le debes de pagar un tributo mensual de 30 euros.
–Si es verdad, voy a leerlo. –dijo Natalia.
–Bueno se está haciendo tarde, así que nos vamos a tener que ir a casa. –dijo Estefanía.
–Sí, es verdad ya son las 3:50h de la mañana, y dentro de poco amanecerá. –dijo Gloria.
–Faltan por lo menos unas tres horas, sobre las 6:00h a 7:00h. –dijo Natalia.
–Siempre podéis quedaron de rodillas a cuatro patas con las piernas abiertas y las manos detrás de la cabeza, mirando al suelo hasta que, entre Patricia, y le dais esa sorpresa. –dijo Sandra.
–Puff,…No hay valor para hacer eso. –dijeron todas.
–Todas se volvieron a vestir, con sus ropas manchadas de sus fluidos vaginales, restos de orina y squirt.
–Bueno, hasta luego chicas, que descanséis. –dijo Sandra, despidiéndolas.
–Nos vemos, en otro momento para hablar de esto. –dijo Estefanía.
–Si, por si sucede algo nuevo. –dijo Natalia.
–¡Hasta luego, chicas! –dijo Sandra.
–¡Hasta luego, Sandra! –respondieron ellas.
Sandra cerró la puerta para ponerse a recoger la mesa y limpiar un poco todo el salón para irse a dormir. Cogió sus bragas, su camiseta y sujetador para meterlo en el cesto de la ropa sucia para apagar las luces del salón e irse a la cama.
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