Xtories

Reconversiones cromáticas de una madura mística

Bajo el velo negro de la devoción y la autoridad burguesa, late un hambre insaciable que solo la crudeza de un marinero puede saciar. Cuando la procesión se detiene, la máscara cae y el deseo prohibido se convierte en una lucha de poder en la oscuridad del camarote.

Nexusman11K vistas10.0· 5 votos

Caminaba erguida y seria, su paso de procesión era el más elegante, vestido negro con pamela como toda la comitiva. Su estatura destacaba entre todas las feligresas. Iba justo detrás de la cofradía de la Virgen de los pilares sangrientos.

Doña Carmen de los rosales se había pasado toda la mañana en su hacienda dando instrucciones a los criados para ornamento de dicha Virgen pagada de su bolsillo -23.351 € más iva- y quería que todo estuviera perfecto. A sus 46 años pertenecía a una burguesía venida a menos, pero en su entorno aún conservaban tradición y dinero siendo ella y su marido los referentes en dichos círculos aristocráticos. Doña Carmen y don Vicente a sus 53 primaveras no habían tenido descencia. Don Vicente con los años había aumentado su patrimonio y su barriga en proporciones iguales. No obstante doña Carmen era la envidia de la zona por su esbelta figura aun siempre vistiendo de forma decorosa. No obstante su carácter y firmeza eran conocidos. Despota y explotadora hacia sus asalariados. No hacía más de tres días había despedido a una empleada doméstica por actos indecentes -practicaba topless y usaba tanga en la playa.

Zambo Sócrates miraba la procesión. Habían atracado en el muelle con el pequeño carguero el y su capitán de navío Evaristo Trompones, un veterano de los mares que a sus 60 años, con barba canosa y poco pelo, bajito y fornido. Evaristo había comprado la embarcación y contratado a Zambo, el cual conocía cuando estuvo en la naviera Soteras de capitán de barco. Habían venido desde Tonanina de la reina para transportar la Virgen de la cofradía a la mañana siguiente para un arreglo tras la procesión.

Zambo era un mulato de metro noventa, musculoso, rapado, con pendientes. Contaba 30 años. Evaristo lo había contratado en la otra naviera. Estaba recién salido de la cárcel, donde había pasado unas vacaciones de 6 años por asesinato en segundo grado. Evaristo quedó impresionado por sus dotes follamentisticas, era un auténtico revienta bragas. Dotado de una gran polla nada más salir de la trena se tiraba chicas a diario, Evaristo lo había visto en acción -su potencia de follada, velocidad de bombeo, cambio de ritmos- y quedó impresionado. Evaristo era un mirón y putero. Lo que no sabía es que Zambo se había follado a su hija -una casada de 30 años.

Zambo no apartaba la mirada penetrante a doña Carmen la cual se sentía observada, incluso cruzaban miradas.

- Vaya pueblo de mierda y encima tenemos que llevarnos ese armatoste a Cayo corto. Qué gilipollez toda esa gente tras eso.

- Es una tradición muy arraigada y doña Carmen es la presidenta y dueña de la cofradía. Tiene una buena hacienda. Es esa alta. No està nada mal.

- Parece una mojigata, pero tiene polvo -dijo Zambo.

- Aquí se comporta como tal, pero suele bajar por alguna que otra ciudad cercana y le suelen dar verga para dar y tomar, dicen algunos con los que he hablado fuera de este pueblo de mierda que cuando baja por la capital es una perra insaciable- esto último se lo dijo con confianza, habia visto a doña Carmen de caza en otros lugares y no se lo podía creer; sabía que Zambo mantendría la boca cerrada por esta información y Evaristo debía un favor a doña Carmen. Ya que años atrás en un fondeo de amarre cuando era capitán en otra compañía en este mismo lugar había propiciado un accidente mortal debido a un error suyo. El marido de doña Carmen, ordenada por esta, lo había sacado del apuro que le habría costado su retirada de galones y juicio. Gracias a ella quedó en nada.

- Quizás tenga oportunidad de...

- Desde hace tres años que saliste de la trena no paras. Se nota que allí no follabas.

- Si se follaba, si, aunque eran culos.

- Eras maricón ahí adentro.

- A falta de coños, buenos son los culos.

- No me digas que... aún...

- Pocas veces, por no perder la costumbre. Aunque a esos no los peto en los barcos.

- Claro, para que los otros no crean que eres...

- Los otros me la sudan. El capitán sabe que no tengo amigos.

- Ya lo sé -risa jocosa machota- anda que la tipa esa que te trajistes de Santo Fornulorio le dimos mandanga de la buena. Te lo agradezco mucho y sabes sacarle partido a tu pollaza, incluso te agradezco el detalle. Y hice una excepción ya que sabes que me gusta más verte petar que participar, pero la yegua me puso berraco. Y como se marchó, con su camiseta llena de manchas - más risas.

Había pasado hacia cuatro días. Zambo apareció con una chica medio borracha, iban abrazados. La chica no tendría más de 20 años, algo desgarbada y patosa potenciado por su estado de ebriedad. Era bajita y delgada, media melena con mechas. Evaristo nada más verlos subir fue a los camarotes de abajo -dos pequeños compartimentos-. Zambo no se había preocupado ni de cerrar la puerta.

Ya la tenía en pelota picada, ella de pie, el sentado en la cama, le tenía un dedo metido en el coño depilado con el cual empujaba y sondeaba al mismo tiempo que lo contorneaba. Después metió otro dedo. Se oía el chapoteo vaginal.

- Te gusta, ¿verdad? -dijo Zambo mirando a Evaristo situado en el marco de la puerta.

- ¡Ohhhhhhhhhh! ¡sí! -contestó ella estando de espaldas a Evaristo que ya se tocaba su paquete.

Zambo se quitó los pantalones y ella se puso en mamada. Zambo hizo señas a Evaristo para que le diera por atrás, la posición era óptima. Evaristo no pudo resistirse, ver ese culo pequeñajo y esas tetas como limones.

Necesitaba una descarga sexual y no se lo pensó. Polla en mano atacó el coño por la parte trasera. La chica se vio sorprendida y dió un grito. Zambo le atenazó la nuca y le hizo tragar polla. Evaristo empezó a bombearla, disfrutaba; sus bramidos de satisfacción lo confirmaban, sus ojos encendidos de ira volcánica y sus músculos faciales tensados. La chica se distendió y fue a la par recibiendo rabo y mamando cipotazo Zamboriano. Ella no había mirado atrás, ignoraba que un sesentón la empalaba, Evaristo incluso dio aceleración a sus mete-sacas, estaba en precorrida. No se había puesto forro, pero al tener una edad controlaba el posible deslefe vaginal muchas veces con el resultado de preñamiento. Es decir Evaristo tenía el control de su polla, entonces saco su polla y desvío la dirección de su glande en dirección a su cabez - la cual mamaba a Zambo - y lanzó un alarido largo y ronco. La chica dejó de chupar polla y en ese momento al girarse para mirar atrás recibió el impacto directo de lechada de Evaristo a la altura de los ojos. Evaristo en ese momento dió otro alarido como de hiena. Zambo por su parte al ver el espectáculo también - quizás fuera algo químico - escupió lefa que inclusive entró en las fosas nasales de la chica hasta las cejas. Su cara era un amasijo pegajoso de semen.

La chica no podia ver nada, se reincorporó como pudo, estaba desorientada con los ojos cerrados a causa de la pegajosa lefa, daba bandazos buscando algo con que limpiarse. Zambo se levantó y con el top rojo de la chica le limpió ojos y cara. Ellos dos salieron al pasillo de eslora. Zambo desnudo y aún empalmado. Evaristo se abrochaba los pantalones. Salió la chica, sus ojos estaban rojos, una gran mancha en su top; estaba pérdida. Zambo le indico la salida apuntado a la escalera. Al pasar em medio de ellos exclamó:

- ¡Hijoseputa! ¡encima hay un puto viejote! -dijo mirando al Evaristo.

- Veo que has quedado fuera de combate -contestó el capitán -. Pero bien que mojabas para hacerlo con un viejo -sl mísmo tiempo que se agarraba la polla encima del pantalón.

Al pasar entre ellos dos Zambo le gritó:

-¡Que pestilencia echas!

Carmen había visto al capitán, ese Evaristo junto con el fuerte mulato. No era santo de su devoción, pero él sabía cosas de su vida privada. Menos mal que lo sacó del aprieto del accidente en el muelle. Pensó que el día del accidente el hijoputa iba borracho. Pidió como favor a Vicente -su marido - que tomará cartas en el asunto. Sabía información suya -esto lo obvio.

Llegaron a la iglesia con la cofradía de la Virgen de los pilares sangrientos. El párroco le dió la enhorabuena y fue alabada por todos los feligreses. Ahora la Virgen sería transportada para una pequeña remodelación, luciría más. Le incomodaba haber hecho el encargo a Evaristo Trompones, pero eran cosas con las que tenía que lidiar. Ya se vio sorprendida hacia dos semanas en San Lucas del bajo, en un centro comercial. El chico la reconoció y fue tras ella suerte que le dió esquinazo. Quién iba a decir que habiéndolo conocido a 1000kms lo viera a 70 de su pueblo.

Todo se remontaba al día que había estado en la ciudad con la excusa de una titularidad de tierras. Solía ir sola siempre. Esa noche como le pasaba siempre su intención era quedarse en la habitación, además ya era tarde, pero no podía controlarse. Se decía a si misma que ella, con una educación religiosa que se supone de Ia comportarse de forma correcta. Absorta en esos pensamientos fue salir de la ducha y salir su antagonista.

Se vistió con uno de sus vestidos de caza -negro con transparencias, medias de rejilla, escotada; tanga negro y sostén a juego también con transparencias-. Se puso las pinturas de guerra.

Era muy tarde -12:45- y bajó al bar del hotel que se alojaba esa noche. Siempre evitaba los mismos hoteles, era un cuatro estrellas. Nada del otro mundo. Solo dos camareros cerrando casi el bar charlando entre ellos.

-¿Se debe pasar mal sabiendo que tú mujer tiene esa enfermedad?

- Bueno, le dan quimioterapia, a sus 50 años aún puede aguantar -dice el barman-. Mis hijas la apoyan y ayudan mucho, son el soporte necesario a una familia unida. Por cierto vi a tu novia en el súper.

- Si, está de cajera.

En ese momento entró Carmen, doña Carmen; con un desafiante meneo de culo.

- ¡ Madre mía del santo cíelo! -dijo el camarero tras la barra- has visto eso, jefe.

- ¡Me cago en la hostia puta!, y eso que está noche no hemos servido ni dos copas en este turno. Está tipa busca rabo desesperada.

- Aún se puede tomar algo. ¿O ya cierran?

- Por supuesto, señora -contestó el Barman- siéntese mientras terminamos, tiene tiempo. Estamos haciendo caja y cargando las neveras ¿Qué quiere tomar?

- Un Grey Goose -dijo sentándose en un butacón.

El veterano camarero era corpulento. 55 años calvo. El camarero 21, delgado con cara de rata. El barman le sirvió la bebida. Sus ojos iban directo al vestido de Carmen.

- Aquí tiene. ¿Dispuesta a salir esta noche la señora?

- A las ocho tengo que estar en el aeropuerto -contestó abriéndose de piernas dejando a la vista muslos y tanga.

- Deduzco que busca polla.

- Deduce usted bien. Incluso más de una. Siempre es más apetecible esa fuerza juvenil -dijo desafiándolo con sorna y mirando al joven camarero.

- Carlitos. ¡Cierra la puerta del bar y pon las cortinas! -le ordenó al chico con una mirada directa y fría a ella mientras se desabrochaba los pantalones-. ¿Quiere tomarse antes el vodka? -preguntó con sus pantalones bajados agarrándose su polla empalmada.

- Veo que calientas motores -dijo ella dando un buen trago a la copa.

- ¿Qué es lo que sucede? - dijo el joven camarero al volver quedando estupefacto al ver como doña Carmen bebía y miraba como el barman se pajeaba delante de ella.

Carlitos, el camarero tenía el rostro enjuto y los ojos grises, fatigados. Ante la escena se desabrochó los pantalones y se los quitó, así como sus calzoncillos. Carmen detuvo su mirada hacia el joven. Echo una mirada a su aparato -tambien empalmado -. Se dijo a si misma que no eran machos del otro mundo, más bien dos matados, pero es lo que había.

Carmen atacó ambas pollas, mientras mamaba una pajeaba la otra. Ambos estaban de pie.

- ¡Vamos a currrarla ya! -dijo el barman ladeandole el tanga y bajando los tirantes de su vestido y sujetador quedando unos generosos pechosy al descubierto. Después le metió dos dedos en su coño.

Carmen empezó a jadear como una gata. El barman se quitó completamente los pantalones mientras el joven le introdujo cuatro dedos.

- Esto si es un coño como una cueva, ehh Carlitos.

- Si, y lleva engrase de cojones.

Carmen aullaba como una posesa. Estaba fuera de control.

-¡Déjame!-dijo el barman con la polla en la mano-. Entro a matar.

La abrió de piernas por sus tobillos y le clavó polla de una tacada. Empezó el mete-saca. Era un golpeteo rítmico. Su polla se hundía hasta los topes. Se pronosticaba una follada rápida, empezando a desencadenarse el clímax coital del barman empezando a bramar como un cerdo en el matadero.

- ¡¿No querías rabo?! ¡toma! ¡toma! ¡toma!

- ¡Dame cabronazo de mierda!

Empezó a dar las últimas embestidas. Carlitos miraba de pie pajeándose a ratos. No quería correrse sin meter rabo a la maduraca. El barman no pudo evitar terminar adentro con resoplidos y convulsiones, ella le tenía agarradas sus peludas nalgas. Podía oírse el flujo vaginal y espermatozoidal. Terminó con un poderoso ¡ohhhhhhhhhh! y quedó a su lado tendido en el largo butacón con su polla goteando.

-Dios jefe, eres de eyaculación precoz. Le tenías ganas.

-¡Remátala! -dijo mirándola a ella algo jadeante y de su coño salía lefa.

-Si has acabado dentro.

-No decías que nunca habías enculado. Ahora puedes debutar.

Doña Carmen estaba absorta, era tratada como género a usar. Lo bueno es que le ponía cachonda.

-Anda ven nene - dijo ella cogiendo semen de su coño y llevándolo a su zona anal para colocarse en el suelo en posición perruna, abrirse las nalgas con sus manos quedando un culo a la vista ya explorado y pontificadon por su magnitud. El joven entró cipote con pasión, pero no había tanto engrase como en el otro boquete y como había visto en el porno escupió en el -al volver a centrar su polla en el agujero vio que su glande llevaba restos de leche de su jefe- y esta vez sí clavó. Apreció que la gruta era más contraída que la vaginal y lo puso cachondo -por fin podría fardar que había enculado- dando bombeos de menos a más. Era un ritmo irregular con paradas. Intento mete-sacas con arranques potentes, aunque se desequilibraba. Quería ser gallardo ante el barman. Carmen se frotaba el lechado coño. El chico empezó a suspirar rápido con bufidos nasales, su frente estaba perlada de sudor, echando chispas de furor por los ojos y con voz temblorosa dijo:

-M... me vo... voy a...a... corre... correr.

El coño de Carmen estaba goteando flujos y lefa. Carlitos tras un aullido dio las últimas estocadas, sus músculos estaban tensos, en cada una de ellas soltaba una descarga lechal. Los conductos anal y vaginal estaban a rebosar de semen. Ni tan siquiera se había quitado ninguna prenda.

Carlitos estaba jadeante tumbado boca arriba todo sudoroso en el suelo con su polla empalmada y goteando; el barman sentado con la polla semiflacida; doña Carmen apuró su Vodka.

- Hoy a invitado la casa -dijo el barman en tono bravucón-. Y de complemento dos buenos rabos.

Ella se levantó y se ajustó el vestido -su tanga estaba manchado de lechada-. Cogió el monedero de su bolso saco calderilla y la tiró al suelo.

-Me gusta pagar por la calidad que obtengo.

Al pasar por recepción el conserje de noche le dió las buenas noches. Ella ni tan siquiera lo miro.

- ¡Vaya puta puerca!

Con la misma frialdad seis horas después pagó al mismo conserje sin apenas saludarlo.

La procesión habia terminado, la Virgen de los pilares sangrientos fue llevada al carguero. Fue una tarea ardua y requería mucho esmnero y cuidados por su fragilidad. Casi anochecia y la Virgen de los pilares sangrientos quedó en una caja amarrada a babor. Zambo apoyado en el puente de mando fumando miraba los preparativos del viaje. Doña Carmen aún vestía de negro. Una vez ya amarrada la Virgen de los pilares sangrientos doña Carmen se puso de acuerdos con el capitán para el concerniente papeleo eclesiastico y estadístico y dio órdenes tajantes para cualguier eventualidad a los obreros que la ubicaron y sujetaron. Reían y fumaban los operarios. Doña Carmen los miraba con desprecio. Al terminar bajó junto al capitán a su apestosa oficina. Zambo se había duchado,iba con solo con una toalla, doña Carmen al volver a subir no pudo evitar cruzar la mirada con él, en el pasillo cuando se cruzaron. Evaristo aún estaba en la oficina, había sido invitado al convite de la cofradía. Zambo sabía que Evaristo no desaprovecharía la oportunidad de emborracharse. Zambo dejó la puerta del habitáculo que daba al pasillo abierta. Al volver a pasar doña Carmen no pudo evitar volver a mirar en el camarote de Zambo, el cual estaba tumbado y se pajeaba. Su mandíbula estaba apretada y su mirada hacia doña Carmen era puro fuego.

Evaristo ya estaba completamente borracho al terminar la cena. Doña Carmen no podía dejar de pensar en ese fornido mulato. Sabía por Evaristo que estaba en el barco, ya que ella se había preocupado que la Virgen de los pilares sangrientos no quedara a merced de cualguier robo. Doña Carmen pronunció un discurso elocuente en el banquete donde todos los feligreses aplaudieron.

Media hora más tarde doña Carmen con la excusa de comprobar que la Virgen de los pilares sangrientos estaba en el carguero se encaminó al muelle sola. Solo pensaba en esa pollaza empalmada. Podía con ella, iba a entregarse a coño abierto.

Ya olía el salitre del solitario muelle, sin nadie en las inmediaciones, su taconeo resonaba sobre el tablado del atracadero.

Zambo esperaba en la eslora. Había bajado la pasarela. Estaba completamente desnudo. Su piel marmórea brillaba a la luz de la luna. Doña Carmen lo vio. Al saberse observado se dió unas sacudidas a la pollaza.Al subir a la pasarela vio como Zambo bajo a su camarote. Su culo era perfecto, sus espaldas anchas. Un animal perfecto.

Ella iba a entregarse. Bajó al pequeño camarote, había una litera, olía a sudor, a macho a sexo. El estaba tumbado. No se esperaba que hubiera sensibilidad ni delicadeza. Ella se desnudó y atacó su polla enorme con la boca. Zambo atenazó su nuca y le hizo tragar medio sable. Le entraron arcadas, babeaba. Al soltarla busco aire. Las primeras palabras de Zambo fueron:

- ¡Puta! ¡cómeme mis huevos!

Empezó a succionarle los testículos uno por uno. Zambo empezó a ronronear fuerte. Se sentía y sabía que era el dominador.

En un cambio brusco de posición le cogió las piernas por los tobillos y la abrió de par en par, con sus pulgares abrió su coño. En los ojos de ella brillaba un intenso gozo. Estaba mojada. Zambo de una pequeña cómoda saco un frasco de lubricante y se empapo su mano. Doña Carmen aún no se encontraba en situación de comprender con claridad lo que pretendía y ella misma se sorprendió de haber llegado a a tal extremo de perder el control viniendo. Zambo junto sus dedos y los introdujo poco a poco en su coño.

- ¡¿Pero que haces?!

- ¿No te han hecho nunca un Fisting? ¿Qué dices, vieja? -al mismo tiempo que introdujo los dedos hasta los nudillos.

Doña Carmen sentía incomodidad y placer al mismo tiempo con muecas y apretando los dientes.

- ¿No has preñado nunca, vieja?-dijo Zambo.

- ¡A ti que te importa, hijo'eputa!

Entonces Zambo le introdujo todo el puño. La cara de ella se tensó, apretaba las mandíbulas de su boca salieron gemidos. Dos o tres veces extendió los brazos en señal de incomodidad doblando las rodillas, de incorporaba acto seguido para volver a estirarlas, estrellaba los pies contra el colchón y volvía a plegar las rodillas pero se erguía de nuevo. Su respiración se aceleraba a cada instante a través de gemidos. Su cara estaba sudorosa, sus ojos cerrados. Sollozó dejando escapar gritos agudos y entrecortados. Al sacar el puño aún podían oírse los jadeos convulsivos de Carmen. Pero este silencio duró solo unos segundos ya que le metió polla comenzando de nuevo a gemir. Ella le gritó un chorro de palabras incomprensibles. Él le vociferaba en plena cara:

-¡Puta! ¡no eres más que una puta vieja! ¡toma rabo! ¡por puta!

Los dedos de ella se clavaban en las nalgas de Zambo como unas tenazas; luego, sobre toda la escena, con un graznido seco, se cernía el desasosiego. El bombeo de la polla de Zambo resonaba con un redoble sordo. El coño de doña Carmen chapoteaba llegando al punto máximo. En medio de gritos ahogados y exclamaciones esquirtó, dejó empapada la polla de Zambo. Zambo se reincorporó y puso su culo restregándoselo sobre su boca. De pronto puso su polla en la boca de ella hasta la campanilla y deslefó dentro de su tráquea

Lo que tenía que suceder ya había sucedido. Ella se ahogaba, buscaba aire. Por fin pudo respirar.

Tres meses después doña Carmen era reconocida como hija ilustre por el obispo.

Nota aclaratoria:

Quizás podría haber una continuación de la historia si los lectores lo estiman necesario.