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Dominaciónoct 2023

El putito de la playa

El vestuario se vacía, pero la tensión se concentra en dos cuerpos desnudos. Él nunca imaginó que su curiosidad lo llevaría a arrodillarse, ni que la vergenza pudiera sentirse tan caliente. Esta vez, no hay vuelta atrás.

sumisito19K vistas9.3· 11 votos

Todo ocurrió hace varios veranos. Yo tenía unos 30 años y, como todos los veranos, estaba pasando mis vacaciones en la playa. Por aquel entonces jamás había pensado demasiado en tener experiencia sexual con hombres. Estaba de novio con una linda chica y, si bien sentía, como casi todo el mundo, curiosidad por mi propio sexo, nunca había pensado en avanzar por ese lado.

Todo eso cambió una tarde de mucho calor, en mi balneario de siempre. Yo estaba entrando al vestuario para hacer pis como tantas otras veces, pero cuando abrí la puerta y me dispuse a atravesar las duchas algo me shockeo como nunca: justo frente a mí, saliendo de una ducha, se encontraba un chico.

Si bien yo ya había visto a otros hombres desnudos en ese (y otros) vestuarios, jamás me había llamado la atención, pero aquello era distinto. Aquel chico, que tendría unos 18 años, se encontraba frente a mí, con su cuerpo mojado y una toalla al cuello, y lo que veía era increíble. Su cuerpo joven y de músculos marcados y piel brillosa me había hipnotizado casi tanto como la enorme pija que dormía entre sus muslos.

Siempre me acomplejó el tamaño de mi pequeño pene, y aquello me impresionó: su verga dormida era bastante más grande que la mía en su máxima expresión. Verlo así, sorpresivamente frente a mí me shockeo y no pude reaccionar. El chico me miró mientras yo miraba hipnotizado su enorme verga y sentía como la mía, en vez de ponerse dura por la calentura, se encogía aún más en mi traje de baño.

Es difícil explicar lo que sentí en ese momento. Fue una fuerte oleada de sorpresa y morbo, mezclada con una gran dosis de vergüenza y humillación. De solo verlo me sentía inferior, patético, frágil. Él, siendo tan solo un niño, era mucho más hombre que yo, simplemente superior.

Reaccioné como pude y me fui hacia los migitorios intentando disimular. Me bajé el traje de baño, tomé mi pequeña verga con dos dedos y comencé a hacer pis, sintiéndome profundamente avergonzado y confundido, y extrañamente excitado: sentía como el morbo me revolvía el estómago.

Cuando me dirigí a la salida no pude evitar mirar a las duchas y ahí lo vi de nuevo, secándose su perfecto cuerpo juvenil en uno de los bancos. Al día de hoy no podría explicar por qué lo hice, pero sentí la necesidad urgente de mostrarme frente a él, de sentirme a su merced, expuesto en toda mi inferioridad y patetismo. Si hubiera tenido más coraje directamente me habría arrodillado a sus pies, en el medio del vestuario,frente al resto de los hombres que se estaban duchando. Tuve que conformarme con quitarme el traje de baño y meterme en una de las duchas vacías, ya que era la única forma de permanecer allí así.

Esperé lo más que pude haciendo como que me estaba duchando, y sentía que él estaba haciendo lo mismo con su toalla. De a poco todos se fueron yendo y nos quedamos solos. El disimulo de ambos solo duró unos minutos más, minutos que se me hicieron eternos y llenos de tensión y miedo. Finalmente me animé a cerrar la ducha y salir. Él me estaba mirando y yo no supe cómo reaccionar. Me quedé de pie, desnudo y mojado frente a él.

Hola - me dijo como si le importara muy poco - soy Fede.

Hola, Julián.

¿No tenés toalla? - yo jamás había pensado en ese pequeño detalle

No - dije, como resignado.

¿Querés que te preste la mía? - me dijo mientras se la ajustaba en la cintura.

Si, gracias - contesté yo sin entender la situación.

Agarrala, usala tranquilo - me contestó él, mirándome fijo.

Tardé unos segundos en animarme. Me acerqué despacio a él y puse mis manos en su cintura, sujetando la toalla. Levanté mi vista y lo miré a los ojos. Luego deslicé mi mano debajo de su toalla por la abertura y acaricié su verga, que comenzó a ponerse dura en mis manos. Jamás había tocado una verga ajena. A comparación de la mia era inmensa, sujetarla, aún dormida, me humillaba. Era gorda, larga y pesada, mucho más que la mía estando dura.

Fede se dio cuenta que era nuevo en ello y puso una sonrisa maliciosa y lujuriosa, luego dejó caer la toalla. Ante mí reapareció aquella verga hermosa que me había hipnotizado y hecho sentir tan morbosamente extraño. La miré mientras la acariciaba despacio, como disfrutándola. Se sentía raro, me calentaba y me generaba oleadas de confusas sensaciones.

Dale - dijo Fede.

Y yo no necesité más que eso para ponerme, finalmente, de rodillas frente a él.

Habían pasado solo unos veinte minutos desde que era heterosexual, desde que jamás había siquiera imaginado cómo se sentiría agarrar una verga, y ahora estaba de rodillas frente al hermoso pendejo de 18 años que me había flechado en el medio de la playa.

Frente a mis ojos estaba su pija enorme, esa que me hacía sentir tan inferior.

Dale, putito - repitió él, generándome una fuerte oleada de morbosa humillación con sus palabras.

Yo la agarré con la mano, la acomodé y la bese. Luego volví a besarla, y luego de nuevo. Luego pasé la lengua, luego lo miré a los ojos. El me miraba fijo y lujurioso. Sin apartar la mirada pasé mi lengua por sus huevos. Repetí el movimiento pero esta vez subí por su tronco y cuando llegué a la cabeza me la metí en la boca.

Sin manos - ordenó.

Inmediatamente bajé mis manos y utilicé solo mi boca. Me la metí de a poco en la boca y, torpemente, la fui mamando. Sé que no lo hacía de maravillas, pero aquello me estaba calentando muchísimo, y dejaba la vida en hacerlo lo mejor posible.

De a poco a Fede le fue gustando y lo demostró acariciándome la cabeza como a un cachorrito. Sus caricias “tiernas” me calentaban más, y más dedicación y esmero ponía en satisfacerlo, comiéndome aquella tremenda poronga.

Me di cuenta que mi esmero estaba dando resultados cuando Fede se sentó en el banco y abrió las piernas. Me miró como lo contemplaba de rodillas, a sus pies, como si fuese un Dios, y sin dejar de mirarme se acarició la verga babeada despacio.

Vení, putito, seguí -me dijo

Obedecí, me acerqué a cuatro patas para colocarme entre sus piernas y volví a meterme su pija dura en la boquita y a chupar sin parar, utilizando también mi lengua. Lamí su tronco, sus huevos, su glande, estaba desesperado como un ternerito. La calentura era tanta que no pude contenerme, abrí mis piernas y comencé a pajearme.

Mis dedos jugaban frenéticamente con mi pequeño pito mientras seguía lamiendo aquel increíble pedazo de carne.

Fede reanudó sus caricias, que me generaban una mezcla de ternura, calentura y profunda humillación. Estaba de rodillas ante un chico de unos 18 años, en el medio de un vestuario de la playa, completamente desnudo, prendido a su enorme verga como una putita en celo, y masturbándome compulsivamente mientras lo hacía.

Dale, pajeate putito, te encanta mi verga - decía Fede mientras jugaba con mis cabellos y, de vez en cuando, controlaba mis movimientos.

Cuando recibí esa orden aumenté el ritmo de mi paja sin dejar de mamar.

Te pajeas con dos deditos jaja, que pijita chiquitita que tenés - se burlaba mi chico.

Eso hacía que me calentara más y más, y me masturbara cada vez más fuerte. Cuando sentí que estaba por acabar aumenté el ritmo de mi mamada. Me la fui metiendo cada vez más profundo, hasta creo que logré metérmela completa en la boca. Finalmente sentí los espasmos en la verga de Fede. Él se puso de pie. Yo me acomodé, abriendo más mis piernas para masturbarme más cómodo.

Fede me tomó del cabello y comenzó a cogerme la boca a voluntad, hasta que finalmente sentí como su orgasmo se aproximaba. En ese momento me alejó de su pija y yo quedé con la boquita abierta, la lengua afuera y mirándolo a los ojos. El se masturbó en mi cara y comenzó a llenarla de generosos chorros de leche espesa. Jamás había probado, ni siquiera tocado demasiado, el semen. Y ahora estaba lloviendo sobre mi cara, resbalándo por mi piel con su consistencia viscosa y su olor particular. Varios chorros cayeron sobre mi lengua y dentro de mi boca.

Tragá, putito

Cada vez que me decía esto yo cerraba la boca, tragaba, y la volvía abrir y a sacar la lengua como perrito obediente.

Mientras Fede me marcaba con su leche mi cuerpo convulsionó, aquello era demasiado, un combo tremendamente morboso que me hizo acabar violentamente mientras Fede bañaba mi cara con su lechita.

Cuando terminó comenzó a refregar su verga por mi rostro, untando bien su leche en mi piel. Cada vez que le acercaba a mis labios, sin que me dijera nada, yo abría la boca y la recibía en mi interior, lamiendo hasta la última gota. Que putito me sentía, que inferior y que sumiso.

¿Te gusta mi verga, putito? - decía Fede mientras continuaba sujetándome del cabello y refregando su verga por mi cara

Si

¿Mucho?

Si, me encantaa - contesté mientras hacía patéticos intentos de atraparla en mi boca.

Tremendo putito sos…

Y tenía toda la razón. Desde el momento que lo había visto desnudo me había transformado en un putito, en SU PUTITO. Estaba completamente entregado a su voluntad y hubiera hecho cualquier cosa que me hubiese pedido, como si estar de rodillas mamándosela en un vestuario público no fuese suficiente…

Cuando terminó con su faena me miró desde su posición de privilegio, y yo lo miré desde el suelo, con ojos sumisos y suplicantes.

Abrí la boca - me ordenó. Obedecí.

Me escupió un generoso salivazo que aterrizó en mi lengua y me hizo tragarlo. Lo hice y me quedé quietito, mirándolo, como esperando su siguiente órden. ¿En qué momento me había transformado en aquel putito tan sumiso y patético, rendido a los pies de un niño? Un fuerte cachetazo me despertó de mis sueños.

Limpiá eso, antes de que alguien se de cuenta - me dijo, señalando mi charco de semen en el suelo.

Inmediatamente me puse en cuatro, acerqué mi cara al suelo y comencé a lamerlo. Fede estalló en carcajadas.

¡Tremendo puto resultaste! jaja, nunca te dije que lo tenías que comer.

Aquello me hizo sentir tan humillado que mi pito volvió a ponerse duro. No dejé de lamer. Fede se puso detrás de mi y comenzó a jugar con su pie en mi pito y mis huevos. Aquello era cada vez más degradante.

Cómo te gusta la leche, mariquita. Bueno, de ahora en más la vas a tomar siempre.

Su pie en mi miembro me estaba volviendo loco de dolorsa calentura. Necesitaba acabar nuevamente, pero a mi chico ya no le interesaba complacerme. Cuando terminé de limpiar el charco levanté la cabeza y vi como ya se había puesto su traje de baño y una musculosa. Aunque me humille admitirlo, aquello me puso triste.

Mientras él se peinaba, ya vestido, yo lo observaba, desnudo y caliente desde el suelo, desde donde acababa de lamer mi propia leche.

Nos vemos después, putito. - me dijo sin siquiera mirarme, abandonando el vestuario.

Entonces me encontré solo, desnudo, erecto, y con la cara y la boca llenas de leche, y me sentí el hombre más patético del mundo. Me metí en la ducha a lavarme, y mientras lo hacía no pude evitar masturbarme nuevamente, recordando todo lo que había sucedido.

Hacía apenas una hora yo era un muchacho común y corriente, que estaba de vacaciones y había entrado al vestuario a hacer pis, y ahora era un putito sumiso traga leche que había sido abusado a placer por un crío de 18 años con el doble de verga que yo.

Me masturbé frenéticamente hasta acabar y dejar que el agua se llevase mi semen y el de Fede. Salí de la ducha sintiéndome brutalmente humillado y avergonzado, solo para darme cuenta que no tenía toalla, y que ahora tampoco tenía traje de baño.

Y el verano recién había comenzado.

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