Cuernos discretos IV - Fin
La ducha se convierte en un tribunal donde el agua fría no basta para enfriar la excitación de César. María no solo le lava el cuerpo, sino que desmonta sus mentiras y le exige que beba su humillación. ¿Está él listo para ser el cornudo que siempre fue, o la realidad de su deseo lo destruirá?
Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? Dijo María.
—Hola cariño, no paro de pensar en lo que ha pasado hoy, estoy entre confundido y muy excitado. Soltó todo seguido César.
—Sabes que no debes llamarme al trabajo. Tienes que estar tranquilo. A la noche hablamos, pero quiero que a las nueve de la noche estés desnudo en el plato de ducha. Te quiero cielo. María cortó la llamada.
Cuando María llegó a casa eran las ocho y media de la tarde. César estaba frente al televisor jugando a la consola.
—Hola cielo. Dijo mientras se acercaba a él y daba un beso en la frente a la par que acariciaba las sienes de su pareja.
—Cariño, estoy muy excitado y confundido con lo de esta tarde.
—Tranquilo cielo, a las nueve damos un paso más. Expresó mientras se dirigía al dormitorio. Allí se cambió de ropa y se puso un vestido corto para estar más cómoda.
César seguía jugando hasta que sonó la alarma de su móvil, eran las nueve menos diez minutos. Con cierta rabia y pereza pausó el juego. Quería jugar, pero a su vez el morbo de lo que tenía pensado hacer María podía doblegar su voluntad.
Fue al baño, se quitó la ropa, la dejó tirada en el suelo y a las nueve menos un minuto estaba de pie en el plato de ducha, desnudo.
—Veo que sigues siendo un desastre con la ropa cielo. Dijo María.—Te aplicaré un correctivo, por favor gírate y pásame el gel y la esponja. Quiero que te duches con agua fría, te vendrá bien por el calor que hace.
Él hizo lo indicado, los primeros chorros causaron cierta impresión en su cuerpo. Entregó el gel y la esponja y se giró. Con cuidado María frotaba la espalda de su amado.
—Sabes que te quiero mucho ¿verdad? No es necesario que respondas. Quiero contarte una historia real de nuestra vida, algo que sucedió al principio cuando estabas saliendo con Alicia y yo era la nueva del grupo por la que todos babeabais. Imagino que recuerdas la primera que nos enrollamos un día que tu novia no salió, te ofreciste a acompañarme hasta mi casa y en el coche nos besamos y me metiste mano. Ese día que hicimos cornuda a Alicia. ¿Lo recuerdas?
—Siii. Susurró él, sintiendo el placer de ser lavado por ella.
—En ese momento no te parecía mal que me comportará así. Los siguientes días me trataste como una mierda, ni siquiera me mirabas a la cara. Y todos menos Alicia y tú se dieron cuenta de cómo me acercaba a ti buscado tu atención.
—Perdona.
—Seguro que recuerdas un sábado que llegué tarde, todos habíais bebido un poco más de la cuenta y me presenté con un vestido corto y escotado. Llamaba mucho la atención al ser diciembre. Ese día estaba en casa llorando y me llamó Tito, aunque no lo creas Tito siempre ha estado ahí pendiente, quiere mi bien.
—Es un cabrón.
—Shssssss, tranquilo. Te decía que ese día me dijo como tenía que actuar si quería tenerte, me preguntó si te quería de verdad, por eso me dio unas indicaciones para que vinieras a mí, y así fue. Lo que no sabes es que por aquel entonces, hasta que no dejaste a tu novia, yo me veía con Jorge, sí tu mejor amigo.
—Zorra, te lo follaste.
—Shssss, calla tonto. Déjame que te cuente. No, no me lo follé, me folló durante unos meses, además le dije lo mucho que me gustaría ser Alicia. Jorge es un toro, me vino muy bien para sentirme deseada y bien follada. Volviendo a Tito quiero que sepas que fue muy considerado, y lo ha sido hasta hace bien poco. Algo ha debido pasar en su vida para que vuelva a ser ese Amo duro.
—Es un cabrón, quieres que te vuelva a follar, lo estás deseando zorra!!!
—Shssss, tranquilo, me quiere follar como todos los de la panda. El único que disfruta de esta situación en tu gran amigo Jorge.
—¿Te sigue follando?
—Nooo, Jorge ya no me folla. Te respeta y me respeta, cree que me dejé follar porque estaba triste y no conseguía estar contigo.
—¿Qué va a pasar a partir de ahora?
—Cariño, no tiene que pasar nada que tú no quieras. Me gustaría volver a ser esa chica sexual que está sometida a las perversiones de un Amo y Tito siempre lo fue. Nuestra relación es muy tranquila, y he observado que todo esto te tiene muy excitado. ¿Qué te gustaría que pasase?
—¿No podrías buscar un tío que te haga de Amo en un chat o fuera de Valladolid?
—Verás, el que Tito sea mi Amo lo hace más morboso, porque en cualquier momento puede presentarse sin ningún pretexto en la empresa y “jugar” conmigo. Además son muchos años y sabe lo que me gusta. Estando los tres de acuerdo puede venir a casa, ir yo a la suya, salir fuera los tres o solo él y yo de fin de semana. Sería muy morboso, ¿no crees?
A lo largo de la conversación María había estado acariciando la polla de su novio con mucha suavidad. En el instante que hizo la pregunta dejó de rozar con las yemas de sus dedos, y fue ahí cuando empezó a palpitar con mayor intensidad. María sabía que está muy excitado.
—Cariño, dime que es lo que quieres, tu polla ya me lo ha dicho. Suéltalo, sin miedo, esto es para ti y para mi.
—Sigue por favor.
—Dilo cariño. Susurraba María a César en la oreja. No tengas miedo.
—María no me hagas esto por favor.
María, empleó mucha suavidad y lentitud, recorrió desde de la base de la polla hasta el glande con la yema el dedo índice de su mano derecha y aplicando un poco de presión con la uña, a la vez que susurraba a su oído.
—Cariño, ya se lo que te gusta. Podría ser mala, pero quiero que te sueltes conmigo, me he abierto contigo a todos los niveles, sabes mis más oscuras fantasías. Solo te pido que seas sincero conmigo.
—¡Diiiooos, qué gusto! No puedo María, de verdad. Lo siento mucho. Pero sigue por favor.
Ahí María paró, se quitó el vestido con la atenta mirada de su novio. Estaba desnuda, hizo que César se pusiera de rodillas.
—Cielo te voy a lavar el pelo, quiero que estés relajado.
—Te voy a comer el coño mientras me lo lavas.
—No cariño, no vas a hacer nada. Manos atrás, que nos conocemos.
Con calma empezó a aplicar el champú sobre el pelo de su pareja, masajeaba el cuero cabelludo y el chico empezó a gimotear.
—Eso es suéltate un poco hijo, que está visto que te reprimes mucho.
—No es eso cielo, me da cosa.
Estuvo un rato más lavando el pelo de su amado, y cuando vio que su labor había finalizado cogió la alcachofa de la ducha, abrió el agua y cuando el agua era tibia, tirando a caliente empezó a aclarar el pelo. Retrocedió medio paso.
—¿Qué tal mi amor?
—Muy bien, muchas gracias.
—Tranquilo, tu polla sigue en pie de guerra y esta noche no hay fiesta.
—¿Y eso?
—No eres sincero conmigo, me he abierto a ti. De hecho mírame el coño, ¿te gusta?
—Mucho, ¿puedo comerlo?
—Puedes olerlo, pero sin tocarme.
El joven acercó su nariz al pubis de su novia, ella abrió un poco las piernas y empezó a mear en la cara de su novio, este se alejó, pero ella agarró el pelo y lo volvió a situar en el lugar que quería.
—María, ¿qué coño haces?
—Abrirme más a ti, cerdo reprimido. Abre la boca, si no voy a poder disfrutar de mi sexualidad como me gustaría con un buen Amo te convertiré en un sumiso afeminado.
—No, por favor. No puedo hacerlo.
—¿Seguro?, acercó un poco más la cabeza y sintió como la lengua de él se quería hacer paso en su interior y se lo permitió.
—¡Qué buen come coño vas a ser! Sigue cerdo reprimido, sigue. Aahhhh.
César se esmeraba en dar placer a su novia, estaba muy excitado, su polla se contraía de forma involuntaria. Ahí seguía procurando satisfacer a María cuando recibió la meada de su novia en la boca, ya todo le dio igual.
—Eso es, bébeme cerdo. Bebe. Creo que ya estás listo para ser todo un cornudo y un buen sumiso, porque aunque no lo digas en el fondo eso te excita ¿verdad?
—Glup, glup, ji quero. Balbuceaba el joven con la polla a reventar.
Cuando María terminó de mear, le hizo ponerse de pie y se situó tras él, apretó sus pechos contra la espalada y con la mano izquierda comenzó a masturbarlo.
—No te corras todavía, no tienes mi permiso futuro cornudo.
—Ah, ah, ah. No pares por favor.
María separó un poco su cuerpo y con la mano derecha acarició las nalgas de su novio, con mucha delicadeza fue buscando el orificio anal.
—María, por ahí no por favor.
Haciendo oídos sordos, con cierta dureza y presión metió el dedo corazón de su mano derecha.
—Ya está cielo, felicidades. Dijo a la par que su mano izquierda soltaba la polla.
La polla de César expulsaba el semen acumulado la excitación había llegado a su clímax.
—¿Te atreves a ahora?
—María, tengo mucho miedo de adentrarme en ese mucho y que me dejes por otro.
—Tranquilo, eso no pasara siempre que sepas comunicarte bien conmigo y veo que te cuesta.
La polla había soltado todo, pero se mantenía erecta por la sensación de tener un dedo metido en su culo.
—Cariño, venga, tú puedes.
—María, vive el sexo como quieras y con quien quieras, pero no me dejes.
—¿Estás convencido? Preguntó mientras hacía más presión con su dedo en el culo de su novio.
—Síííííííííí
—¿Sí qué? Mi amor. Soltó sacando el dedo y haciendo algo de daño a su chico.
—Haz lo que quieras, por mí podemos seguir así pero sin que veas a Tito. Puedes coquetear con quien quieras pero sin hacer nada y luego me lo cuentas como si hubieses hecho algo.
—Se acabó César.
María se lavó las piernas y el pubis en la ducha mientras su novio estaba en shock. Al salir de la ducha cogió una de las toallas para secarse.
—María, ¿qué ha pasado? ¿Qué se ha acabado?
—El hacer el tonto contigo, volvemos a la rutina y listo.
—A mí me gusta que estés así y que me provoques de esta manera.
—¡Como siempre, tú ante todo! Eres un puto crío. Las relaciones se terminan por la falta de comunicación entre otras cosas. Piensas que soy una puta y una zorra por querer vivir la sexualidad desde el punto que más me satisface.
—María no es eso, me gusta esta faceta tuya de hotwife, pero sin que folles con otros.
—¿Sabes lo que me dijo en una ocasión Tito?
—Ese cabrón te diría cualquier cosa.
—Ese cabrón, como tú lo llamas, me dijo que si no fuera por mi necesidad de tener pareja podría estar con quien me diese la gana cada día. Y que si me lo propusiese podría tener una pareja que accediera a que tuviese aventuras con otros chicos y que le gustaría. De hecho, ese cabrón como tú dices, quiso presentarme a un cornudo consentidor que lo único que quería era tener una pareja como yo. Pero como estaba contigo rechacé el conocer a ese chico.
—¡Qué cerdo!
—Ese cerdo se ha preocupado por mi bienestar desde que me conoció, y aun estando contigo me ha solucionado algún que otro problema. Está más pendiente de mí que tú.
—Porque te quiere follar o dominar.
—Porque es así con las personas a las que quiere, otra cosa es ese lado oscuro que tiene, pero pregunta a sus amistades, o a mi amiga Laura. Me lo estás poniendo muy fácil hoy para mandarte a la mierda.
—Es lo que ese cabrón quiere.
—No te equivoques, es lo que quieres tú. Necesitas sentirte humillado para que luego te consuele, ¿verdad?
—Mira María, hoy el ambiente está muy caldeado, creo que lo mejor es que me vaya unos días donde mi madre.
—¡Si sales por esa puerta no vuelvas! Los problemas se solucionan hablando, no huyendo de ellos.
César que se había secado con una toalla en el baño, se puso un pijama y se fue a la cama. María al contrario, se fue al salón y se puso a revisar el móvil. En él encontró varios mensajes de Whatsapp.
Pero se puso a escribir uno en concreto a Tito que decía: “Vaya lío que se ha formado en casa, es incapaz de dejarme avanzar, le gusta mi lado oscuro pero solo si va enfocado a su placer y son historias imaginarias”.
Con la tensión de la discusión María dirigió su mano derecha a su entrepierna y comenzó a masturbarse, tardó poco en llegar al orgasmo. Se tapó con la manta que había en el sofá y se quedó dormida.
María con el paso de los días volvió a las rutinas de su vida, Tito solo estaba presente en su vida profesional y con cada vez menos contacto. César entre el trabajo, la videoconsola y sus masturbaciones ya tenía su vida hecha.
María sigue yendo a Madrid una vez al mes para liberarse y disfrutar del sexo.
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