Conociendo a Diosa Laira (I)
La cafetería estaba llena, pero para Benito solo existía ella. Laura no era una chica cualquiera; era su Diosa, y esta vez no había pantalla que los separara. Tres pruebas. Tres minutos. Si fallaba, desaparecía de su vida para siempre. Si acertaba, entregaba su cuerpo, su dinero y su dignidad.
Conociendo a Diosa Laura (I)
Estoy nervioso, mucho. He quedado por primera vez en un encuentro real con quien hasta ahora era mi diosa virtual. No negaré que a mi edad (algo más de 50) me sentía inseguro y vulnerable.
Así me había hecho sentir Diosa Laura, una chica de 19 años que, tras someterme virtualmente durante unas semanas, había decidido someterme en la realidad.
Contacté con ella en todorelatos, vi su correo y me dio un presentimiento que sabía cierto (y así fue): sabía que debía contactar con ella. Nunca me equivoqué.
Su respuesta inicial fue: “no soy una niña fácil, soy exigente. Con unas necesidades que no todos pueden satisfacer”. En ese preciso instante, lo jure, supe que mi misión era satisfacerla en todo. Dije bien: En todo.
Así que estuvimos, el día que le escribí, como 7 horas –no exagero- conectados. Le hice una serie de promesas –todas cumplidas- y una serie de propuestas –todas aceptadas-.
Ella es muy bella –como supe ahora que la iba a ver-, inteligente, nominalmente sumisa –pero con una gran vena dominante, pues la psique hace rotar los roles-, también muy alta -1’72-, pechos discretos, cabello castaño y ojos marrones.
Cuando vi su correo tuve un pálpito, cuando le escribí tuve un presentimiento, cuando me respondió tuve una certeza. Por eso, como suelo, llegué puntual. Era una cafetería céntrica y populosa. Me pedí una caña y me senté a esperar.
Perdonen, no me he presentado. Soy Benito, 54. Sencillo pero atractivo –dicen las jóvenes, a las que suelo gustar-, maduro pero afable, ingenuo pero inteligente, muy alto, con barbas. Socialmente bien situado, me gusta leer, tomar cañas y…el BDSM. Pero recién estaba tanteando esto último, hasta que llegó ella.
En efecto, llegó ella. Ya iba por la segunda caña cuando, como habíamos acabado, formuló la contraseña:
-Ave María Purísima.
-¡Señorita Laura!- de un salto me puse de pie, le di dos besos, le invité a sentarse y le hice un gesto al camarero para que le atendiese –le trajo el zumo que ella le pidió.
Con mucho disimulo –y no sin nervios- vi sus muy bellas facciones, su estilo sencillo y de buen gusto, su gesto tranquilo…su mirada fija e intimidatoria –no pude evitar tener una erección, lo que sin duda advirtió-:
-¿Llevas ahí la pistola o es que te alegras de verte?
-Eso lo dijo Mae West en no sé qué película.
-Oh, que chico tan culto y cinéfilo.
-Perdone, no he pretendido ser pedante.
-Y dime, Benito: ¿estás listo para pasar la prueba que te permitirá ser mi sumiso real?
-Sí.
-Sí qué.
-Sí, señorita Laura, estoy dispuesto a pasar la prueba para ser su sumiso real.
-¿Y por qué deseas serlo, perrito?
-Porque desde que supe de su existencia he querido ser su sumiso, porque usted me excita y me intimida, porque me excita esto, y porque desde que decidí salir del armario del BDSM es usted la única persona que me atrae de veras.
-Ah, qué tierno –dijo, en tono irónico y burlesco-. Pero ya sabes, perrito, que soy muy exigente y deseo siempre ser complacida.
-Sabe, ama, que estoy listo.
-Oh, que viejo tan sensible y servicial, porque eres un puto viejo, jajajaja. Mis padres son más jóvenes que tú, jajaja. Dime, perrito: ¿qué se siente al ser el juguete de una chica morbosa, lista y guapa de 19?
-Pues me excita, me da algo de vergüenza…me gusta reconocerme inferior a Usted. Yo sólo deseo complacerla.
-¿En todo lo que yo deseo?
-En todos sus deseos y caprichos, Diosa Laura.
-¿Y si no te gustan mis deseos?
-Señorita, aquí lo único importante es lo que le guste a Usted. Y si para ello, debo sufrir, llorar, sangrar, mentir o arruinarme, sea a buena hora.
-Mmm…me gusta, cachorrito…vas a darme mucho, pero que mucho placer.
-Estoy a la orden, mi ama.
-Bueno, no nos enrollemos más. Vamos a empezar la prueba. ¿Listo, cachorrito?
-Listo, mi Diosa –dije, con la voz quebradiza, nervioso y dispuesto a pasar la prueba con nota.
Diosa Laura, supongo que para acojonar al personal, sonrió, hizo una mueca con la boca, se recostó ligeramente sobre su silla, cruzó las piernas con solemnidad calculada, respiró hondo y, tras unos segundos que me parecieron eternos, en los que me miró fijamente en silencio –lo cual me dejó cohibido, a la defensiva y sin ser capaz más que ascarme la nariz, me dijo, con mucha calma y seguridad en sí misma:
-A ver, viejo, son tres pruebas, si las pasas me propones lo que me comentaste de la cuadra. Si fracasas sólo en una, te levantas y te vas, olvidándote de mí para siempre –no pude evitar un pellizco de angustia cuando dijo esto último-. ¿Preparado, cachorro?
-Sí, mi Diosa –dije, algo ansioso por las ganas de pasar las pruebas.
-Bien. Esto promete, me voy a divertir. Primera prueba: quiero que te quites los zapatos y los calcetines, te pones de rodillas y me besas los pies, luego coges un calcetín y lo mojas en la cerveza del vaso, luego te bebes media cerveza, te pones los calcetines y los zapatos, y te vuelves a sentar. Tienes un minuto y el tiempo empieza…¡ya! Uno. Dos. Tres…
Ni me lo pensé, era una cafetería más bien grande con no demasiada gente en ese momento. Lo mejor era hacerlo rápido. Así que me postré, le besé los pies, me quité zapatos y calcetines –ella estaba exultante de Su poder, sonriente y feliz de sentirse obedecida-, metí el calcetín en la cerveza, bebí, me puse calcetines y zapatos y me senté. Entonces, pude escuchar:
-48,49, 50…¡muy bien cachorrito! ¡Muy bien! –al decir esto, con su mano derecha acarició mi pelo y mi mentón como el dueño acaricia a su perro, que era lo que yo era-. Segunda prueba: Quiero tu cartera. ¡Ya!
Dudé, pero obedecí. Se la di. Ella la cogió y la abrió. El pen-drive pequeño que había en el monedero lo tiró en mi cerveza, tomó los billetes –había como 47 euros-, se los guardó, tomó el DNI y también se los guardó.
No me atreví a reclamar –prefería se sumiso indocumentado que vainilla con papeles-.
-Bien, basurita. Llevas 2 de 2. Tercera y última prueba: te vas al baño, cierras la puerta, te la sacas, te la machacas, te corres, te quitas los calzoncillos, los metes en esta bolsa –me dio una en ese momento-, vuelves sin calzoncillos y, ante mí, los lames por la parte de mi corrida.
No me iba a costar trabajo. Su modo de ordenar me excitaba. Pero, cuando me disponía a irme al baño, ella me estimuló: con mucho disimulo –tampoco había tanta gente en el bar- introdujo su mano en mi boca, mientras me susurraba azúcar letal con un tono que casi me asustó:
-Muuy bieeen, chico obediente…lo estás haciendo muy bien…con el tiempo llegarás a ser mi esclavo…sexual…mm…-sus ojos me turbaban al mirar tan fijamente, su voz era puro azúcar-.
Mi polla se puso al rojo vivo, ella siguió envenenándome:
-Serás arruinado, pondrás tus bienes a mi nombre, venderás tu culo para pagarme las copas con mis amigas…serás mi esclavo doméstico y sexual…
De pronto calló. Con un gesto autoritario y seguro de si señalo al wc. Excuso decir que todo fue muy rápido. Volví en pocos minutos. Y, calculando que no llamaría la atención, saqué los calzoncillos de la bolsa y los chupé. Me dio asco, pero era la voluntad de mi diosa.
-Muy bien, cerdito. Has pasado las 3 pruebas. Eres mi sumiso real.
-Gracias, ama –respondí, henchido de mí, por haber estado a la altura-. Y cuando desee, me somete a las pruebas de…¡esclavo real!
-Shssss…no corras tanto, perro…cada cosa a su momento. De momento, explícame lo de la cuadra, ahora que estás a mi servicio.
-Verá, ama. Tengo una estrategia, que ya le contaré, para que Usted tenga un grupo de sirvientes, esclavos y adoradores para que Su vida sea cómoda.
-A ver. Explica eso.
-Cazaré para usted empresarios que pondrás sus cuartos para usted, tío cachas que le someterán para colmar Sus tendencias sumisas, chicas que se enamoraran de usted y que se pelearán por pasar la noche en el suelo de su habitación y despertarla lamiendo con vocación Su coño, sirvientes domésticos, esclavos sexuales, amantes del cashmeet y del findom. Los arruinará, los pondrá a competir por usted, lo que quiera…
-Mm..me gusta. ¿De cuánta gente estamos hablando?
-De unas 20, señorita.
-Muy bien, me gusta. Quiero un informe más concreto y detallado, y me explicas la estrategia de cacería.
-Sí, Señorita Laura. En 3 días le habrá llegado. Una sola pregunta más.
-Dime, cachorro.
-Yo la adoro. ¿Qué pasa si ya no me necesita porque le sobran los sirvientes, y es joven, rica y perversa?
-Pues que te abandonaré, tras sacarte los cuartos, manipular tus emociones y confundir tu raciocinio…o te vendo en vida tu cuerpo a la ciencia, y con eso me pago un crucero por el Adriático, jajajjaja. Pero toma, perro, tu DNI y tus 47 euros.
Esta historia es ficticia…por el momento. Los personajes son reales. Yo, Benito, soy real y soy como transmito aquí. Mi Ama, Laura, es real y es como transmito aquí.
Ella subió este relato a todorelatos, y yo se la escribí por encargo. Ella va a tener, con mi apoyo, Su cuadra.
Interesados e interesadas parar ingresa a dicha cuadra, escribidle a [email protected]. Le contáis quíénes sois y por qué os queréis incorporar. Quién sabe. A lo mejor acabáis a Sus pies. Como yo.
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