Vida y... muerte. (45/46)
La noche en la estancia dejó marcas que ninguna pastilla antiinflamatoria borrará. Mientras Karina planea su futuro y Julia lidia con el caos familiar, José María descubre que la lealtad tiene un precio alto y que algunos problemas requieren soluciones definitivas, no negociaciones.
FINDE GENIAL - PROBLEMAS. (45).
Si bien es cierto que quedé destruido, en mi haber y apelando a mi ego puedo decir que, al final, no fue un “sueño compartido” fue un “desmayo compartido”. Bajamos a desayunar como a las diez de la mañana y, aunque nos dijeron que también se habían levantado tarde, a los dos nos dio la impresión de que nos estaban esperando y, en cierto modo, las sonrisas y las alusiones jocosas nos corroboraron lo que esperábamos. Sólo nos salvamos de las bromas de Ángel y de Alfredo porque el “abuelo postizo” lo había llevado al nene al nene para que se largara solo con el pony.
Esto lo corroboré enseguida porque, si bien reconozco que las bromas entre hombres para con otro hombre son jodidas, las de las mujeres para con otra mujer son terribles, punzantes, incisivas, sarcásticas y la pareja hombre de la mujer objeto de las bromas es mejor que desaparezca rápido de la escena en cuestión, eso fue lo que sucedió, en medio de las risas femeninas me “evaporé” para buscar a Alfredo y a Ángel. Estaban dentro de un corral chico y el nene resplandecía de felicidad andando solo sobre el caballito mientras Alfredo le iba enseñando.
Buen día José María, jajaja, veo que se “escapó” rápido, yo me lo traje a Ángel cuando vi la que se iba a montar allí adentro, son terribles cuando se juntan, jajaja, -me dijo Alfredo riendo con ganas-
Ni me cuente Alfredo, apenas si llegué a tomar dos mates antes de huir despavorido, jajaja.
Buen día tío, ya aprendí a andar solo y muevo las riendas para que doble o frene, -gritó Ángel demostrando sus recién adquiridos conocimientos y lo felicité por ello-.
Luego de un rato de estar allí Alfredo me preguntó si lo podía acompañar al galpón-habitación donde vivían seis de los trabajadores rurales fijos de la Estancia. “Hay uno de los muchachos que tiene un viejo revólver de la época de cowboys, no funciona y me gustaría que lo revisara, ¿podrá ser?”, -dijo esperanzado en una respuesta positiva-… Le contesté que no era Armero, pero que podríamos verlo, yo sabía que si era un arma seguramente me interesaría y nos fuimos los tres, con Ángel montado en su “brioso corcel”.
En el enorme galpón tenían montado diversos compartimentos separados por cortinados gruesos, por un lado, los dormitorios con dos baños adosados, un estar en que había un televisor grande y tres sillones y la cocina, enorme con una mesa larga y varias sillas, estaba separada del resto por un tabique de material. Todavía estaban trabajando con los chanchos y no quise entrar, tampoco quise que lo hiciera Ángel y Alfredo optó por llamarlo a los gritos al trabajador. Éste salió enseguida junto a otro, eran los únicos que estaban en ese momento y por el delantal manchado de sangre era indudable lo que hacían, el dueño del arma fue el único que se quedó con nosotros.
Buen día Arturo, lo molesto porque quería ver si le puede mostrar el revólver que tiene al señor José María, él conoce de armas y le puede decir si anda o no.
Buen día patrón, no me molesta para nada, buen día señor, enseguida se lo traigo, de paso le aviso que ya le mandé la cabeza del chancho al Taxidermista, me dijo que le va a poner el juego de colmillos del otro chancho más joven pues son más grandes y no están rotos, según él va a quedar un lindo trofeo, -expresó-.
Gracias Arturo… Mandé a fabricar un trofeo porque nunca hubo un chacho tan grande en la zona, si la patrona no se enoja veré de ponerlo en el living, jajaja, -expresó dirigiéndose a mí cuando el hombre fue a buscar el arma-.
Acá está, es viejito, pero no sé si anda porque no tengo balas y las del 38 largo, medio que le bailan y son más largas, -me dijo el tal Arturo mostrándome el arma-.
Este no es de la época de cowboys, -dije mirando el hermoso Webley MK IV de cañón basculante-, es un revólver fabricado a finales del 1800 y fue el favorito de Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas del Reino Unido de Gran Bretaña, se usó hasta después de la Segunda Guerra Mundial, ¿usted es descendiente de ingleses o irlandeses?
No, nada que ver mi bisabuelo o mi abuelo, no sé bien, lo recibió como pago de una deuda que tenía el Jefe de Estación de dónde vivíamos, en ese entonces los ferrocarriles eran ingleses y los Jefes de Estación también lo eran, el caso es que estuvo en la casa siempre y pasó de mano en mano, pero nunca se usó.
El arma parece estar bien, incluso está el aro de acero fijado a la base de la culata, por allí pasaba una cuerda que lo mantenía unido al uniforme y les era difícil perderlo. Tiene algunas manchas de óxido y nunca debió haber sido limpiado y lubricado, pero es pesado y tiene un material muy duro que podría aguantar la fuerza y la presión de las municiones actuales, el problema es que las municiones calibre 455 ya no se fabrican más y si se pudieran conseguir algunas, le saldrían más caras que el revólver, ¿usted lo quiere vender?
¡A la pelotita, usted sí que la tiene clara con esto de las armas!, -expresó con admiración Alfredo-. ¿Cuánto puede salir un arma de estas?...
No tengo ni idea y ni siquiera está registrada, sólo serviría para ponerla en una vidriera o colgada en la pared, pero para eso hay que mandar el arma a desarmar pieza por pieza y limpiarlas, hay que sacarle las manchas de óxido y darle una cierta terminación, así como está parece deteriorada.
Y dígame señor, ¿a usted no le interesaría comprarla?
No lo pensé, pero ahora que lo dice, quedaría bien en una pared de mi casa, el tema es que yo no puedo pagarle más de trescientos por el arma, -Alfredo me miró como reprobando, pero no dijo nada-.
Para mí está bien, siempre es un Peso más y tenerla tirada no me genera nada, si los tiene se la puede llevar.
No lo pensé más, yo tenía quien la podría reacondicionar para dejarla como recién salida de fábrica y tampoco me costaría conseguir las municiones, aunque nunca pensaría en usar ese revólver. Saqué mi cartera y extraje tres billetes de cien dólares para darle al hombre que miró el dinero y lo miró a Alfredo que reaccionó rápido…
Arturo, guarde bien ese dinero, esos son dólares y al cambio son como cincuenta mil Pesos nuestros y aumentan todos los días, para darle una idea, con eso se puede comprar un autito chico o una linda moto, no sé si le conviene tenerlo guardado en este lugar.
¡Ahh, mierda!, no pensé que era tanto, me los va a tener que guardar usted patrón, después veré que hago con eso… Gracias señor, espero que le quede lindo en la pared.
Prometo que cuando quede terminado y colgado le mandaré una foto a Alfredo para que se la muestre.
Luego le alcanzo un recibo, esto queda en mi caja fuerte, cuando lo necesita me lo pide, -le dijo Alfredo y guardó el dinero-.
Estaba contento como perro con dos colas, me fui para la casa mientras Alfredo le enseñaba a Ángel a desensillar y a guardar al pony. Estaban todas en la zona de la pileta y apenas me asomé, además de quedarme maravillado por la exposición de carne femenina semi desnuda que era un banquete para los ojos y cualquiera de ellas lo sabía, la primera que me salió al cruce fue Flor. “Hoy no se cocina, vas a tener que recuperar fuerzas con comida fría, hicimos un rejunte, agregamos ensalada de papas y huevos y ¡voila!, no hay otra cosa, ¿qué hacés con esa arma vieja en la mano?”, -preguntó intrigada-. Le dije que por la comida no se hiciera problemas, que yo iba a devorar con gusto todo lo que la reina de la casa pusiera sobre la mesa. Le faltó poco a la “veterana” para comerme a besos en agradecimiento por lo de “reina” y cuando se acercaron Karina y Julia las abracé a Flor y a la “colo” y le pasé el arma a la “poli”…
Mirá “cazadora”, le acabo de comprar esta antigüedad a uno de los trabajadores de la Estancia, restaurada y puesta en madera va a quedar preciosa en el living de casa.
Este es un revólver que usaban los ingleses, los vi en las películas. Es un mamotreto, pesa más de un kilo, ¿cómo hacían para andar con este “fierro” encima?, no me imagino cargando ese trasto todo el día en la cintura, a todo esto, ¿por dónde anda mi hijo?
Fue a sacarle el recado y a dejar el pony acompañado del “abu” que no lo deja ni a sol ni a sombra, jajaja, lo maneja como si fuera una bicicleta, lo lleva para dónde él quiere.
¿A quién, al pony o al abu?, -preguntó Flor divertida-.
A los dos, jajaja, te aseguro que a los dos, este va a querer venir cada dos por tres a visitarlos.
Y más les vale que lo traigan o se les va a aparecer Alfredo por sus casas, jajaja.
Todo el sábado transcurrió del mismo tenor, aunque después del almuerzo sucedió algo que me alivianó bastante la última noche que pasaríamos en la Estancia. A Julia se le ocurrió e insistió con salir a dar un paseo a caballo por la propiedad y, salvo Flor y Alfredo, todos nos prendimos para acompañarla. Yo lo llevaba a Ángel y nos íbamos turnando para llevarlo entre Julia y yo pues el paseo, debido a la extensión de la propiedad y que ir al bosquecito o a la laguna y meternos entre el ganado vacuno en tales o cuales lotes en que se encontraban, nos llevó más de tres horas.
Eso sin contar el subir y bajar del caballo para descansar o para ponernos a la sombra o el trote corto o ligero cuando nos hacíamos bromas y apurábamos el paso. Todo estuvo sensacional y se salió de lo normal para los citadinos, nos divertimos a más no poder, el tema fue regresar cuando ya había bajado el sol. Costó bajar de los animales que nos habían aguantado sin mosquearse, el traqueteo que implicaba ese movimiento y que afectaba la parte renal y lumbar se hacía sentir, a eso había que sumarle la contractura provocada por los nervios y el miedo a caerse o por la apertura de piernas porque el recado ancho y el lomo del animal te obliga a viajar con las piernas abierta de modo totalmente desacostumbrado provocando dureza en los muslos y en los gemelos.
Yo la llevaba bastante bien porque el ejercicio casi diario me mantenía bastante elástico, Mercedes ni lo sentía porque estaba acostumbrada, pero, a Julia y a Karina le dolían hasta las pestañas, cenaron poco y casi obligadas por el hecho de acompañarnos, aunque pedían una cama a gritos. Tanto así que, un poco antes de las doce de la noche, ya estábamos recluidos en nuestras habitaciones y la “averiada” que tenía a mi lado se había quedado dormida como la mejor, eso sí dio varias vueltas hasta que logró acomodar el cuerpo. Ya cuando estaba por entrar en el primer sueño y la calma me iba ganando, se abrió despacio la puerta de la habitación, la luz de la luna que entraba por la ventana me permitió ver que era Mercedes y no llevaba mucha ropa encima, se acercó a la cama, se acuclilló a mi lado y me preguntó si estaba despierto, le contesté que sí sin levantar la voz y agregué:
No creo que Karina esté muy participativa.
Ya lo sé, Julia está igual, pero no paso otra noche sin estar contigo, vení, acompañame, -y me tomó de la mano para que saliera de la cama-.
Lo de Julia lo sabía porque dormían en la misma habitación junto con Ángel, el caso es que no me negué, yo también tenía ganas de estar con Mercedes y me levanté ignorando los pinchazos dolorosos que sentía en la cintura, aguantar, aguantaba un poco más, pero no salí indemne de la cabalgata. Me guió y caminamos por los pasillos en penumbras hasta llegar a la misma habitación que usaba la madre para estar conmigo. Allí adentro estaba más iluminado, el velador de la mesita de luz me dejaba apreciar a una morocha infartante vestida solamente con un muy corto camisón blanco transparente.
Pronto estuvimos abrazados, con ansias y ganas de mi parte para devorar la boca sensual que se me brindaba, ganas y ansias que chocaban con la desesperación evidente de Mecha que unía manos y caricias al entrechocar de lenguas. “No sabés las ganas que te tengo, anoche no pudo ser porque esa noche era de Karina, pero, gracias a los caballos, hoy te tengo para mí sola”. El pequeño empujón me depositó sobre la cama y mi bóxer desapareció como por arte de magia o, mejor dicho, de prestidigitación porque las manos de Mercedes se movieron rápido para que desapareciera. El cuerpo, la prestancia y la entrega de una de mis “favoritas” me calentó como el primer día y mi miembro saltó como ofreciéndose sumiso a su boca. Faltó poco para que lo “gastara”, la mamada estaba siendo magistral, pero la saqué de allí y le acomodé el cuerpo para quedar invertidos, nadie me iba a sacar el placer de comerle su entrepierna con ese portentoso culo incluido
Me llevaba y me traía con su mamada prodigiosa a la vez que emitía gemidos y se estremecía cuando mis labios atrapaban su clítoris erguido, ni hablar cuando perdía un par de dedos en ese asterisco que latía, esto también me servía a mi porque Mercedes dejaba la mamada para gemir cuando los dedos se introducían. Aguanté bastante bien a pesar de la succión para hacerme terminar, la que no pudo aguantar fue ella, absorber el clítoris fue su perdición y se desmadejó a la par que se contraía y la emulsión de sus jugos bañó parte de mi cara.
Cuando paró de temblar la hice poner de cuatro y se sonrió para decirme, “nunca puedo con vos, me dejaste temblando”, no pudo seguir hablando el estuche cálido y anegado de su vagina me tragó por entero y me moví entrando y saliendo para lograr que llegara al orgasmo que yo deseaba, Mercedes estaba pronta y el cambio de lugar no la sorprendió, lo espero tratando de relajarse, pero la sintió, vaya si la sintió, aunque tuvo la precaución de apagar su grito contra las sábanas, después fue un entrar y salir alternando huecos y la desesperación de la ex escort derivó en orgasmos múltiples que la dejaron como vencida. A mí también porque el fondo de sus tripas recibió la descarga que yo estaba aguantando, me quedé quieto y la sentí ronronear y después se movió pasando la nariz por las sábanas, no le di importancia y salí despacio de ella, en eso la escuché hablar…
Usamos la misma cama, así que espero que le hayas dado a mi mamá el mismo tratamiento que me diste a mí, la “vieja” se merece esas alegrías.
Perdón, ¿a qué viene esto?...
No lo negás, deduzco que es verdad, pero no es reproche, me pone bien que así haya sido.
¿Fumaste algo raro?
No tonto, mantenete en tus trece, pero en estas sábanas perdura tu perfume y el de mi madre, son inconfundibles.
¿Así que es por eso?, jajaja, tendré que cambiar de perfume cuando tu madre me hace feliz.
¡Viste, viste!, decime que la hiciste gozar más que a mí.
No sé si más, no soy un tipo de muchas variantes, tu madre es una mujer hermosa y tiene sus necesidades, pero no es de joderlo a tu “viejo”, yo soy su única excepción.
Te lo reitero, no es reproche, hoy me hiciste feliz por partida doble, en la cama y con la noticia, yo sé lo que significás para la mujer que te tiene, aunque sea de a ratos. Papá es sensacional, pero, ya no está para algunos “rollos” y mamá, bueno, mamá todavía es como yo, jajaja.
Me preguntó algunas cosas más y se quedó con las ganas de respuestas, “Mercedes, mi vida, las preguntas a tu madre, te acepté algo porque no pude eludir esa respuesta, pero no podrás sacarme más, aunque te aseguro que quedó muy satisfecha”… No daba para más y los dolorcillos en la cintura que nunca había dejado de sentir, se intensificaban y me quitaban las ganas de seguir, Mecha lo entendió también así, el baño alivió algunas dolencias y luego hizo punta para irse a su habitación caminando con el camisón en la mano.
Cuando iba a salir para dirigirme a mi habitación amparado en la semi penumbra del pasillo, fue Flor quien se ganó adentro del cuarto y me impidió la salida, estaba totalmente desnuda y me echó los brazos al cuello diciendo: “Los estuve mirando desde que Mercedes te trajo a la habitación y luego durante todo el acto, jajaja, me “maté” a dedos y estoy que no doy más, también escuché lo que decían y ya me tocará hablar con mi hija, pero ahora quiero un beso, sólo un beso y me iré a dormir más que feliz”. No se lo podía negar, no se lo quería negar y el beso lleno de pasión acompañado de ternura nos fundió además en un abrazo muy sentido.
Ya en mi cuarto observé que Karina dormía aún en la misma posición y me acosté a su lado, me levanté tarde pues había dormido como un niño y ella salía del baño caminando con un poco de dificultad, nos reímos por eso y me dijo: “O no me subo más a un caballo o practico más seguido, de todos modos, el día fue genial”, en el desayuno nos dimos cuenta que Julia estaba igual o peor y allí saltó Flor para darnos una pastilla de un medicamento analgésico y antiinflamatorio que, en una media hora nos dejó como nuevos.
“No me acordé que las tenía, sino se las podría haber dado anoche, tomen otra luego del almuerzo y quedaran como nuevos”, -lo dijo mirándome con una sonrisa pícara y entendí que lo había hecho ex profeso-. Mercedes no decía nada y untaba su tostada esbozando una sonrisa para sí misma. El día fue enteramente de relax y como a las cuatro de la tarde emprendimos la vuelta para poder llegar temprano a nuestras casas. Ángel estaba eufórico y demostró un poco de tristeza por dejar a sus “abus” y generó algunos ojos llorosos, pero viajó con la madre llevando a un conejo gris de mascota.
Además de la escopeta regalada, dejé en la Estancia el rifle, Alfredo lo cuidaría como a un hijo y era de más utilidad en esa zona, también me llevé, convenientemente envueltos en hielo seco, los dos cochinillos y un costillar de cerdo de los medianos, estaba cantado que en dos o tres días habría que cocinarlos en casa invitando a la “tana” y a Estela, fueron las dos grandes ausentes en la “fiesta de compromiso” de la Estancia y se extrañaron. Lo comenté con Karina en la vuelta y me hizo una sugerencia que me gustó más…
¿Por qué no dejás la carne para algún fin de semana?, el miércoles es la fiesta en el colegio, con los dos turnos en la mañana, ¿qué te parece si a la noche nos invitás a cenar a un lugar de categoría, nos producimos bien y presento el anillo y la novedad ante las dos.
Me parece bien, hay que mantener el secreto.
Eso seguro y me gustaría ir a cenar al restaurant del hotel Alvear Palace, el lugar se presta, es muy lujoso y de categoría, ¿qué te parece?...
Listo, encárgate de las reservaciones, el miércoles a las diez de la noche, me voy a poner el esmoquin y ustedes, bueno ustedes sabrán.
Dejá todo por mi cuenta, aunque no me gustaría dejar afuera a Julia, siento una afinidad especial con ella, además, creo que somos las únicas que conocemos tu “secreto”, jajaja.
No hubo más que hablar, Julia también sería de la partida. El lunes se presentó como normal, Karina se fue a la empresa y yo me fui a dejarle el revólver a un armero conocido que me lo dejaría como nuevo y luego pasé un rato por el colegio, quería ver como andaban los preparativos para la Fiesta de Egresados. Estaba todo ornamentado y el patio interno lucía deslumbrante, ingresé al interior sin anunciarme y saludé a las Docentes que estaban ayudando en la preparación, alguien le fue a avisar a Estela y vino corriendo, se controló al llegar cerca de mí, la cara y los gestos decían otra cosa, pero sólo me dio un beso en la mejilla, eso sí, el apretón en el brazo me lo dijo todo.
Me invitó a tomar un café en su despacho y le dije que no me quedaría, no se lo dije a ella, pero no tenía ganas de un “rapidito”, “posponemos el café y seguramente luego te va a llamar Karina, pensamos en una cena en el Alvear”… “¿Cuándo?, ¿por qué?”, -preguntó interesada-… “Porque no viene mal reunirnos de vez en cuando, si no hay novedades te veo el miércoles a la mañana en la Fiesta”. La saludé con un beso y juraría que se le notaban los colmillos, sin ninguna duda que el café en su despacho hubiera venido con “premio”. Cerca del mediodía me llamó Karina por teléfono para avisarme que Marta no había ido a trabajar, el ¿por qué? fue inmediato, la respuesta también…
Parece ser que el viernes se pudrió feo con el amante, me enteré que vino la esposa a la empresa y le armó un escándalo, casi se van a las manos y el tipo dijo delante de todos que él nunca dejaría a la esposa y los hijos. Es un hijo de puta, pero al margen de eso, no puedo permitir este tipo de situaciones en la empresa.
Es verdad, ¿qué tenés pensado hacer?...
El tipo no me importa, puedo despedirlo sin más, pero… tendría que hacer lo mismo con Marta para no sentar un precedente de “amiguismo”, la cagada fue conjunta. Lo puedo hacer quedar sin que me importe un cuerno la opinión de los demás, pero ella no trabajaría cómoda, todos la mirarían mal por tener ciertos privilegios.
Yo la pondría de “patitas en la calle” porque es adulta y sabía en lo que se metía, pero, te entiendo, además, está Julia y, en mayor o menor medida, Ángel. Es todo un problema, dejá pasar el día y lo hablamos luego, ¿sí?...
Si mi cielo, voy a ver como lo encaro y después lo charlamos.
Marta se había metido “con pata y todo” con el fulano, se había “comido” todas las ilusiones, lo peor del caso era que Karina me lo había anticipado y ahora había que ver lo que se hacía con ella teniendo en cuenta que estaba Julia de por medio, pues si ella se ponía en favor o en contra de la hermana, de alguna manera nuestra relación quedaría resentida. ¡La puta madre!, ¿serían estos algunos de los problemas que acontecían en las familias?... No tuve mucho tiempo para pensar pues dejé de hablar con Karina y me llamó Julia, dudé un instante en atenderla, pero con dilatarlo no solucionaba nada…
¿Cómo andas cielo?, ¿todo bien?
Más o menos vida, no quise llamarte anoche, pero cuando regresé a casa me encontré con la idiota de mi hermana hecha una piltrafa, rompió con el “noviecito” o el tipo la plantó, no sé muy bien, el caso es que se pasó todo el fin de semana metida en la casa, llorando, deprimida, abandonada a sí misma, mal dormida y casi sin comer, además, lamentándose de todas sus equivocaciones.
Algo me contó Karina, la mujer del tipo le fue a hacer un escándalo en la empresa, por poco salen en los diarios, parece que el tipo la cortó diciéndole frente a todos que jamás dejaría a la esposa o algo similar.
¡Qué hijo de puta!, pero, en realidad, no podía esperarse otra cosa, eso venía mal parido de entrada. ¿Qué dijo Karina?
Está que trina, ¿qué harías vos si sos la dueña de la empresa y la hermana de una de tus mejores amigas se manda una cagada que, sí o sí, le tiene que costar el puesto?...
La echaría a la mierda, pero esto jode a todo el entorno, sin contar que esta “historieta” de tenerla en casa y mantenerla, volver de mi trabajo con todos los quilombos que traigo en la cabeza, aguantar sus lamentaciones y que se esté “rascando” no me hace ninguna gracia.
Si la deja en la empresa sienta un precedente feo, habría que ubicarla en otro trabajo, en la escuela, por ejemplo.
Ni hablar, me jode porque es mi hermana, pero creo que ya le otorgaste demasiadas oportunidades y no actuó como correspondía.
No es tan así, sucede que es distinta a vos en su modo de pensar, de todas maneras, estamos buscando con Karina la posibilidad de no perjudicarla. Vos ocupate de levantarle el ánimo.
¡Cómo si fuera tan sencillo!, esta mañana me dieron dos Casos nuevos y estoy saturada de trabajo, no quiero parecer una desalmada, pero, si dejo el trabajo para atender las depresiones de mi hermana por problemas que ella misma se buscó, me quedo sin trabajo y sin trabajo, ¿quién mantiene a mi hijo y, en este caso, a ella también?
¿No está esa chica Silvia, tu vecina, para poder darte una mano?
Esa es otra historia que me cayó de regalo, parece hecho a propósito, hoy es el último día en que cuida a Ángel, se tiene que mudar al interior, es hija única, le avisaron que su madre está muy enferma y tendrá que atenderla y hacerse cargo de un pequeño negocio que tenía la mujer, te imaginarás que no quiero dejar a Ángel con una tía deprimida, hoy tengo un día fatal.
Bueno, ya está bien, bajate un poco de la moto, dedicate a full en tu trabajo y dejame el tema a mí, con Karina vamos a buscarle una solución y en el caso de Ángel, yo estoy al pedo en casa, mandalo para acá, seguro que le va a encantar.
Ves, vos tendrías que llamarte Ángel, es lo que sos, siempre tenés una solución a mano.
Porque sos Julia, hay muy pocas personas a las que me brindo así y pueden contar conmigo, además arreglá para estar libre el miércoles a la noche, cenamos en el Hotel Alvear, llamala a Karina y pónganse de acuerdo.
Corté la comunicación con Julia y me puse a pensar que no era tan sencillo el tema de la familia, cada uno de sus integrantes tiene sus problemas y cuando éstos aparecen siempre se buscan soluciones a través del que es el “Jefe de Familia”. No es lo mismo que estar solo, pero las compensaciones son mejores, además, los problemas y las soluciones siempre fueron mi “campo de acción”, pues cuando no los había yo me los buscaba o, simplemente, aparecían. Me quedaba llamarla a Carolina y es lo que hice enseguida.
¡Mamma mía e una bendita aparición!, jajaja… ¿Hola mi cielo, ¿cómo andás?, -expresó con altisonancia al atender el celular-.
Bien preciosa, estoy bien y ahora que te escucho, mejor que mejor.
Sos un “versero”, me tenés abandonada, mi familia te extraña, jajaja, yo ni te cuento.
Por eso te llamo, para que veas que no te olvido, ¿por dónde andás?
Recién salgo del criadero, esto está casi terminado, hasta animales hay y sólo faltan detalles, mi papá tiene que reunirse contigo para poner al día las cuentas y cerrar algunos agujeros y yo quiero reunirme para que vos me tapes algunos agujeros, jajaja, me imagino y estoy volando…
Te llamaba para avisarte que el miércoles a la noche hay reunión y cena en el hotel Alvear, llamala luego a Karina y pónganse de acuerdo, eso por un lado, por el otro, yo estoy llegando a casa y si te viene bien podrías darte una vuelta y terminamos la tarde junto a la pileta.
Querrás decir en pelotas junto a la pileta, voy para allá y no te asustes si se me ven los colmillos, jajaja, se me revolucionaron todas las neuronas.
Llegué primero me puse un short de lycra para impresionar a la “tana”, dejé el portón abierto y me tiré en una de las reposeras con un aperitivo al alcance de mi mano. Al escuchar que entraba el auto cerré el portón con el celular y me mostré para que viera mi físico vestido con un short minúsculo. Quedé como un ridículo o eso fue lo que me pareció a mí, Carolina bajó del auto y alcancé a ver que tenía puesto unos de esos vestidos de verano que se ajustan al cuerpo y marcan todas las curvas, las agradables y las desagradables, aunque en este caso, se marcaban las atractivas curvas de la Arquitecta, pero no pude disfrutar mucho de esa vista.
Dio dos pasos, me vio con el shorcito y en un pestañeo se sacó el vestido por la cabeza como si fuera una remera, se arregló los cabellos y noté que apenas “algo” de tela tapaba su vagina, después todo era un escultural cuerpo de mujer. Arrojó el vestido sobre el capot del auto y me extendió los brazos, no lo pude evitar, el bulto se expandió y ella, no sólo lo notó, sino que esbozó una sonrisa de satisfacción un tanto lasciva. “Caro mio”, me dijo antes de estampar su boca en la mía y, debo reconocerlo, los labios más gruesos de Carolina me provocaban una excitación especial, estaba prácticamente colgada de mi cuello pues se había sacado las sandalias y quedaba un poco más baja, pero no bien dejé de besarla me empujó suavemente para lograr que me sentara en la reposera, no sé ni dónde fue a parar mi short, lo único que me importaba era verle la cara y la mirada de hembra caliente que me mostraba mientras se introducía mi verga en la boca.
¡Madre mía!, era muy placentero y hasta un poco doloroso sentir el aspirar de mi miembro como para lograr arrancarlo, fueron cuatro o cinco veces de penetrarse la garganta provocándose ahogos que enseguida sorteaba dejando su rastro de abundante saliva que mojaba mis testículos. Gemía y chasqueaba la lengua como saboreando su “caramelo” y poco faltó para que dejara mis huevos como pasas de uvas. La contención fue momentánea pues se arrodilló al lado de mis caderas, literalmente, se arrancó la tanga tirando y rompiendo la tirita del costado y ella misma llevó el glande hasta su hueco que destilaba jugos a mansalva y se fue penetrando hasta que su útero marcó el tope. El gemido de satisfacción se extendió por todo el parque y el ritmo que imprimió a sus caderas terminó enseguida con mi resistencia. La “tana”, lanzada y caliente era una aplanadora y ella lo sabía.
Me encanta sentir que te calentás así por mí, no te imaginás como me pone que no puedas contenerte, ahora vamos por todo lo demás que es cuando me destruís a mí, jajaja. Te quiero, te quiero, te quiero…
Una mujer infernal sin medias tintas y eso me ponía a mil, para mejor no había salido de ella y sus masajes desde el interior de la vagina no dejaban que la erección se desvaneciera. Carolina se puso a tono enseguida y comenzó a rebotar sus nalgas en mis muslos, tampoco tardó en tener esa sucesión de orgasmos cortos y gemidos que parecían penetrarme los oídos como si fuera música, verla cerrar los ojos, tirar la cabeza hacia atrás y pellizcarse los pezones me tenía a mal traer, era hora de hacerme cargo.
Salí de ella pidiéndole que se detuviera, pero como sabía que yo aún no había terminado, sin decir palabra me dio la espalda, apoyó las manos en la reposera y dejó a mi disposición su hermoso culo latino. Su hoyito palpitaba como llamando a mi glande y allí lo apoyé, entró bastante cómodo, pero con el tronco no fue igual, un caderazo y la mitad estuvo adentro, allí sí habló: “La puta madre, al principio nunca la puedo aguantar, metela toda que quiero moverme”. Las nalgas estaban frías, el interior de su recto era un infierno y se la metí hasta los huevos sin importarme el grito que dio.
No hubo necesidad de esperar y claro que se movió, se acopló a mi ritmo y la cogida resultó sensacional, empujaba sus caderas hacia mí y, sin cortarse en absoluto gritaba pidiendo más. Por el interior de sus muslos corrían hilos de sus jugos, los expulsaba por medio de las contracciones y temblores que tenía y ya no pude aguantar más, no podía ni quería, ese culo merecía ser llenado y no sé si lo llené, pero no me quedó una gota por salir, tampoco podía salir de su interior sus músculos me apretaban provocando una tortura deliciosa hasta que poco a poco se fue aflojando y me “liberó”.
“Te lo dije, cuando te toca a vos quedo destruida, jajaja, quiero más”, -me pidió haciendo un mohín gracioso-. Por supuesto que no hubo más, creo que ella me hubiera recibido nuevamente con muchas ganas, pero “tiro loco” había agotado sus municiones. Me causó gracia recordar el sobrenombre que me había puesto Julia y me sonreí solo, “¿de qué te estarás riendo?, “el que solo se ríe, de sus picardías se acuerda”, jajaja”, -expresó Carolina mirándome-. Le conté del fin de semana mientras tomábamos un aperitivo y dijo que en la próxima no la dejara afuera, se lo prometí y cuando me preguntó por qué era la cena, le contesté que pensaba seriamente en casarme con Karina. “No me digas, me alegro por los dos, pero ¿y nosotras?, ¿seguiremos igual?”, -preguntó con un dejo de temor-. Le contesté que nada iba a cambiar, era algo determinado y aceptado por la que sería mi esposa… “Entonces no hay nada más que hablar, dejámela chupar un poquito más”, -pidió poniéndose a la tarea-. La “tana” era para ponerse a temblar…
SOLUCIÓN A MARTA - PROBLEMA LATENTE. (46).
El martes nos juntamos con Karina en la empresa, me había citado porque tenía una posible solución para el tema de Marta y quería consultarlo conmigo. La “colo” sabía separar bien los tantos, reconocía la capacidad laboral de Marta, pero jamás podría perdonarle que me hubiera fallado a mí, ella decía que personas con buena capacidad y conocimientos se podrían encontrar a montones, pero personas que fueran leales y consecuentes con lo que prometían no era cosa de todos los días.
La posible amistad que pudiera haber surgido entre ellas la había “volatilizado” la propia Marta, nunca se lo diría, más yo sabía que le guardaba cierta inquina por su actitud para con el grupo y no le hubiera temblado el pulso para despedirla, pero… El “pero” grande era la presencia de Julia y sabía que, al despedir a la hermana, aunque se entendieran los motivos, generaría problemas en la vida de Julia y, posiblemente, en la buena relación que todos habíamos logrado con ella y con Ángel. Una decisión que nos favoreciera a todos, según dijo, era sacarla definitivamente de circulación y de nuestro entorno. Se me frunció el upite cuando me lo expresó así, además la notaba decidida con esto y decidí ir con pies de plomo…
¿Me podés explicar que querés decir con “sacarla de circulación”?, eso se podría entender de muchas maneras, -mi pasado inmediato me puso en alerta-.
Hablé con ella por teléfono, se deshizo en disculpas y expresó que está muy arrepentida de haber actuado como una pendeja que no sabe lo que quiere. Le contesté que, en cierto modo la entendía, pero que no podría mantenerla en la empresa en el puesto que tenía.
Eso es algo lógico, ¿te lo entendió?...
Sí, lo entendió, además recalcó que se sentía tan avergonzada que no sabía si podría tolerar el trato diario con quienes conocían la relación y lo que resultó de ella.
Todo lo cual afectaría su rendimiento y vos necesitás a tu lado a quien no te traiga problemas y trabaje liberada de dramas externos.
Exactamente, pero… debido a que en la próxima semana o, a lo sumo diez días comienzan las exportaciones de Alemania a Portugal y de Portugal a Uruguay como primera escala para ingresar al puerto de Buenos Aires, como empresa necesitaríamos abrir una oficina representativa en Lisboa y otra en Montevideo, yo pensé en mandarla a alguna de esas oficinas como Representante de la empresa, capacidad tiene y hasta se vería beneficiada con un aumento de categoría y de ingresos.
Mejor alternativa no creo que tenga, es alguna de esas posibilidades o el despido, -le dije y los huevos que tenía en la garganta descendieron a su lugar natural, eso de “sacarla de circulación” me había llevado a pensar cualquier “verdura”-.
Creo que no tendrá alternativa y habrá que ver lo que opina Julia respecto a que la hermana se vaya lejos, pero otra posibilidad no puedo darle.
Yo hablé con Julia y creo que va a bailar en una pata, está muy atareada con el tema del trabajo y estaba mal porque tendría que bancar de nuevo a la hermana en la casa, sin ingresos y algo depresiva como para hacerse cargo de Ángel, esto al margen de que estuvo de acuerdo que debía ser despedida.
¿Querés hablarlo vos con ella?, después de todo sos el dueño de la empresa.
No, estas son tus decisiones y las respeto a rajatablas, además ya debés tener todo organizado y, si comienza a pedir disculpas o a decir que está arrepentida, lo más probable es que la despida yo y no le dé oportunidades. Otra cosa más, ya me estoy yendo porque Julia va a dejar a Ángel con nosotros en la casa por unos o varios días, parece ser que la vecina se muda o se mudó.
Sí, ya tenía esa novedad y me jugaba la cabeza a que el “diablito” si iba a quedar con nosotros, jajaja, me gusta ese “nosotros”. Por mi lado, ya hablé con Estela y Carolina, nos juntamos los cinco en el Alvear a las 21,45 horas, ¿está bien así?...
Perfecto mi vida y estate atenta para pasar por casa porque tengo que arreglar algunos números con el padre de Carolina y tendrás que venir conmigo hasta el criadero, de paso, además de mostrarte todo, te presento a las mujeres que llevarán ese negocio adelante.
Tratá de que, si es posible, sea hoy por la tarde, mañana el día será complicado, por eso de la peluquería, la manicura y el maquillaje, jajaja, no digas nada, te merecés la novia más linda del Mundo y voy a tratar de estar a la altura.
No podría ni querría decirle nada, después de todo, el más beneficiado de toda su “producción” sería yo. Estaba llegando a casa y vi el coche de Julia que circulaba unos cincuenta metros por delante, al llegar estacionó frente al portón y se lo abrí desde mi consola, ni siquiera bajó del auto y yo ingresé por detrás. No bien estacionó yo lo hice a su costado, Ángel bajó del auto y corrió para abrazarme y besarme al grito de “tíííooo”. Lo mantuve alzado mientras él tenía a su conejito entre las manos y cuando me acerqué le di un “piquito” a Julia, lo que generó un abrazo cariñoso de ésta. Ángel miró, estuvo a punto de decir algo, pero calló, me fue evidente que ya estábamos en su “radar”, en algún momento “saltaría la liebre” porque de tonto no tenía nada el “diablito”.
Me dijo que se tenía que ir apurada y que me dejaba el bolso con la ropa para que el nene se cambiara para ir a la fiesta de egresados del día siguiente, entonces le comenté rápido lo que había decidido Karina y le pareció fantástico, “no va a estar muy cerca nuestro, pero es su porvenir, sería tonto que lo rechazara, nunca podría tener una oportunidad igual”, -acotó-. No bien Julia se despidió con los abrazos y las recomendaciones para Ángel, me dijo por lo bajo, “gracias, por esto y por lo de Marta”, no le contesté a eso que decía, pero cuando me dijo que a las cuatro de la tarde estaría libre y vendría para la casa le expresé que me venía al pelo porque íbamos a ir con Karina y Ángel al criadero y, si quería, podría acompañarnos, “contá conmigo, si surge algún inconveniente yo te llamo”, -respondió y se fue apurada-.
El nene se fue a jugar al parque con su conejo, allí no corría ningún tipo de peligro y me quedé tranquilo con eso. El día se pasó volando, Ángel no fue nada complicado con la comida y la parte graciosa se dio cuando acudió compungido diciendo que no podía atrapar al conejo, el animalito se vio, en cierta forma, liberado al tener tanto parque para moverse que enseguida se le perdió de vista, luego de recorrer toda la propiedad ayudándolo a buscar al dichoso conejo tuve que desistir y explicarle, hasta que lo entendió que el conejo aparecería cuando menos se lo esperara.
Para las cuatro y media ya estaban en casa Karina y Julia y nos fuimos los cuatro para el criadero, allí nos esperaba Carmelo, ya había hablado por teléfono con él y llevaba el dinero para arreglar las cuentas, además, como no pensaba cortar la relación con él ni con parte de su familia porque la tana-madre y la cuñada de Carolina, en ocasiones, me “caminaban” por la cabeza, pensaba en decirle a Carmelo que se ocupara de las posibles refacciones, modificaciones o mantenimiento de las instalaciones del colegio.
Al llegar al lugar, además de Carmelo y su hijo, fuimos recibidos por Adela, Yolanda, Josefina y Jorge, todos vestidos de “sencillo”, pero muy bien puestos, a Jorge, que me saludó con un abrazo, se lo veía muy bien, sin dudas que ya no era el chico enclenque y asustadizo que conocí. Todos me saludaron efusivamente y lo mismo sucedió cuando presenté a Karina como mi novia y a Julia como una amiga muy cercana, Ángel de parabienes porque se juntó enseguida con los hijos de Josefina y Yolanda quienes lo llevaron a ver los pollos y las gallinas.
Adela me deslizó que tenía que hablar conmigo y entendí que no era algo para ventilar entre todos, pero, como primero quería arreglar las cuentas con Carmelo, nos fuimos con él y su hijo para el interior de la casa mientras las mujeres, comandadas por una Yolanda muy dispuesta, recorrían las instalaciones, que, dicho sea de paso, se veían espectaculares y con plena accesibilidad con asfaltos desde la entrada al establecimiento, frente de la casa, acceso a las casas más alejadas, a cada uno de los galpones y hasta al criadero de chanchos.
Le comenté a ambos que no había visto las casas que estaban más alejadas, pero que viendo todo lo que había visto daba por descontado que habrían quedado espectaculares. El hijo de Carmelo me explicó rápido las mejoras efectuadas en las casas que antes eran una especie de ranchitos, pero que ahora tenían el agregado de baños más completos, cocinas más amplias, nuevas instalaciones eléctricas, todos los servicios, incluso cable e Internet y mejor acceso, me explicó que habían quedado con una sola habitación, aunque comodidad no faltaba porque se había aprovechado el lugar para habilitar un pequeño comedor diario aparte de la cocina y el baño refaccionado.
Sólo una de ellas estaba habitada por Jorge y quedaba la otra para que Adela decidiera si usarla con algún empleado o no. Conforme con esto le pagué a Carmelo todo lo adeudado y nos citamos una semana después para recorrer las instalaciones del colegio a fin de que viera las posibles reparaciones, lógicamente con Carolina al frente decidiendo las mejoras puesto que había que ver la posibilidad de agregar un par de aulas a la edificación existente. Luego de esto se retiraron y me fui caminando para tratar de ubicar a las mujeres.
Las encontré viendo los diferentes galpones para ponedoras, Adela aprovechó a presentarme a seis de las empleadas que ya había contratado, una de ellas de gran contextura física me dio la mano trasuntando buena disposición, sencillez y sinceridad, “encantado de conocerlo señor, le aseguro que pondremos todo lo mejor de nosotras para que esta empresa rinda sus buenos frutos”, -me dijo dándome un fuerte apretón de manos-. Adela me explicó que Rosalía sería la encargada del criadero de cerdos y le contesté: “Estoy seguro que así será señora y mi política será de respeto y gratificación al trabajador, en tanto y en cuanto rindan en la medida de lo esperado y de todas ustedes se espera lo mejor”. No hizo falta más, entendió enseguida que era la misma temática que les había planteado Adela, buena remuneración con todos los beneficios, pero exigencia plena, quien no rendía no le servía a la empresa. Seguido de esto Adela me tomó del brazo y me apartó porque quería hablar conmigo.
José María, tu amiga la rubia es policía, estoy segura de haberla visto en el Departamento Central cuando fui a realizar unos trámites, esa no es mujer que pueda pasar desapercibida, -me expresó un tanto temerosa-.
Tranquila preciosa, ya lo sé, es una de las jefas de la División de Homicidios de “la Federal”, aunque ella no conoce ni conocerá de mi vida anterior, esto es sólo para vos y espero que seas una tumba, para ella soy un empresario exitoso y un “agente de la CIA” con contactos en altos niveles del Gobierno.
¡Será de Dios!, ya me lo decía Raúl, “jamás menosprecies la inteligencia de José María”, sos algo así como un superior de ella y lo tuyo no se toca ni se investiga.
Algo así, lo entendiste claro, además de eso es una “mina de fierro” y leal al 100%, lo más probable es que el que hable mal de mí se llevé un balazo en la frente antes de que ella dude de mi persona. Karina es mi novia y mi futura mujer, ella esta apenas un escalón por debajo, creo que esto te lo dice todo.
No se hable más, será muy bien tratada, salvado eso y hablando de balazo en la frente, me apareció un problema más grave y, duela o no, hay que darle una solución definitiva.
Vení, vamos a tu privado, tomaré un whisquicito del que tenés para mí y me contás, por tu cara no creo que sea nada para dejar pasar.
Adela se había criado en un barrio humilde y se desarrolló en el sub mundo de la prostitución hasta que Raúl la arrancó de allí y aun teniéndola como amante, la convirtió en una mujer de “armas tomar” y le dio la posibilidad de una vida nueva, pero nunca la dejó de lado y siempre contó con su protección, por esto y por todo lo vivido, manejaba códigos de lealtad, discreción y conducta que no son comunes para toda la gente. Podríamos decir que su código era mafioso, al uso de la “cosa nostra”, tenía su vida, pero respondía ciegamente a su “capo” y, en su defecto a su sucesor. Su “capo” había sido Raúl, su sucesor, indudablemente para ella era yo y me debía la misma lealtad, discreción y casi sumisión que antaño le había dedicado a Raúl, por contrapartida, esperaba la protección y ayuda ante cualquier problema que necesitara la solución que sólo el “capo” le podría dar y, se caía de maduro que, cualquiera fuera su inquietud, no quedaría de lado. El “duela o no” que me había deslizado me hacía pensar en su marido o en cualquiera de sus hijos.
Le pedí que me contara y cuando lo hizo me di cuenta de que, por no conocer en profundidad el modo de pensar y actuar de Adela o la profundidad de su relación con Raúl y lo que él representaba para ella, había actuado con cierta ligereza al asustar o amenazar al marido y a los hijos. No quise en su momento actuar de acuerdo a mis conceptos aprendidos y arraigados que tenían que ver con la temática del “muerto el perro, se acabó la rabia”, entendiendo que esa situación podía afectar toda la idea de la relación y de la empresa a crear. Me había equivocado feo, los perros y la rabia seguían existiendo y ponían en peligro, no sólo la tranquilidad de las tres mujeres sino también la buena marcha del emprendimiento. Adela no me lo dijo abiertamente, pero lo dio a entender cuando me dijo:
Tenía dudas respecto a que solamente con una amenaza diera resultado, Luis y “sus” hijos, o por lo menos uno de ellos, son muy estúpidos y creídos, más cuando se ven con el agua al cuello y creen que pueden sacar fácilmente algún rédito a futuro.
¿Vos me decís que se unió a dos tipos más y quieren apropiarse del negocio una vez que esté montado y generando beneficios?
Es lo que me dijo alguien relacionada a uno de los tipos que se les unió, te lo explico mejor, para evitar que las aspirantes a trabajar aquí vinieran hasta el lugar, con Yolanda aprovechamos y las citamos a varias de ellas en un local chico alquilado en el pueblo, se presentaron diez de ellas y a todas les explicamos el trabajo a realizar y las posibilidades que tenían.
Eso estuvo bien, pero, ¿qué tiene que ver con tu marido?...
Una de las mujeres en particular, me hizo varias preguntas que iban más allá del trabajo en sí o cuanto ganarían y/o sobre los horarios, indagó sobre quién era el dueño y si él viviría en la casa grande o si habría Seguridad en el lugar, además se mostraba nerviosa y un tanto insegura. Vamos, que yo puedo estar un poco oxidada, pero nunca hablé con ellas de la casa grande y conozco la mirada y el proceder de una mujer asustada u obligada.
Dale seguí, creo que esto no me va a gustar.
Lo hablé con Yolanda, a ella tampoco le gustó y decidimos citarla por mensajes telefónicos para ver la posibilidad de reunirnos porque nos había interesado para un puesto de Encargada de los ingresos, le ofrecimos muchas otras posibilidades y bueno, le endulzamos la píldora, el tema era interesarla, picó y nos contestó que tenía que ser en un horario en que no estaba su pareja porque él no quería que trabajara por su cuenta y ella veía el modo de tener lo suyo y todo ese piripipi.
¿Y, qué resultó?
Estuvimos como una hora con ella y le fui sacando de a poco, tal como imaginé, era una mujer golpeada y ella quería saber todo lo que preguntó porque la pareja se lo había pedido, debido a que se juntaba con otro que decía ser dueño del lugar y lo pensaba recuperar. El otro de nombre Luis, venía a la casa con uno de sus hijos y le pedían que tratara de ingresar como empleada para tenerlos al tanto de todo, luego ella pasaría a ser Encargada general y viviría en la casa grande.
¿Tan fácil resultó que les contara?
Bueno, este, en realidad, bueno, resulta que a la chica la hacían trabajar en la calle y bueno, unos buenos Pesos para ella sola y Yolanda se encargó de ablandarla del todo, pero, fue por una buena causa y yo estuve de acuerdo. Ahora está preocupada por lo que puedas decir, pero la responsable soy yo.
¡Ahh, claro y ahora me vas a decir que no participaste!, no me escondas la leche…
Bueno, sí, yo también participé, pero sólo con Yolanda, acepto cualquier castigo, ya sabés que esa pendeja me puede, además conseguimos la dirección del otro tipo que se les uniría, son cuatro, según parece mi hijo menor si se fue a Paraguay y no se quedó acá con el padre y el hermano.
Reverendas putitas las dos, ahora no puedo, pero ya me voy a encargar de sus culos y no será sólo para placer.
Son tuyos, ya sabés que son tuyos, pero recordá que fue por una buena causa.
Ya veré, a todo esto, ¿no se tardaron un poco para contarme?...
No, esto fue antes de ayer a la tardecita, ya te estaba por llamar y en la mañana me dijo este hombre Carmelo que ibas a venir, por eso preferí esperar, te ibas a hacer problemas antes de tiempo.
Está bien, me voy a hacer cargo del problema, pero, ya sabés lo que puede pasar, ya tuvieron su oportunidad.
Sí, lo sé, que se jodan, no pueden tratar de hacer lo que se les canta y jodernos la vida o tratar de perjudicarte a vos, con eso no hay parentesco que valga, si eligieron nadar en mierda, que se aguanten lo que venga.
Te felicito por lo que hiciste y hacele extensivo mi agradecimiento a Yolanda, pero, esos culos no se van a salvar, ahora dame un beso de los que me gustan.
Se aflojó toda en mis brazos cuando se entregó al beso, su lengua era una delicia torturante, su mano no se quedó quieta, se hizo dueña de mi “paquete” y el pedido surgió acompañado de una mirada con un tinte de culpa y cercana a la súplica, “aquí no va a entrar nadie, dejame chupártela un ratito”. Karina y Mercedes sabían lo que hacer con mi verga en su boca, pero lo de Adela era superlativo y fue lo primero que me pasó por la mente cuando me bajé el cierre del pantalón. Tenerla con la nariz aplastada en mi pelvis y sentir que movía la lengua a la par que aspiraba como si me la quisiera arrancar venció cualquier resistencia y me dejé ir en su garganta. Fue de antología, una mamada espectacular, luego fue saliva hasta dejarla brillante y con un pañuelo pequeño me secó, después se arregló el cabello, me dio un piquito y salió conmigo llevando un puñado de facturas en la mano. Estábamos en la puerta de la casa cuando vimos que venían los dos coches, el mío y la camioneta, desde la zona del criadero de chanchos.
Al bajar de los coches se notó el entusiasmo de Karina y de Julia unido a la alegría de Ángel porque seguía descubriendo cosas nuevas, la “colo” y la “poli” estaban más que contentas por la limpieza y el orden del lugar y la que se adelantó a felicitarla a Adela fue Karina y ésta le contestó: “Se logró hacer lo que José María quería y lo mantendremos así”. Yolanda me eludía la mirada y la llamé a mi lado, le di el puñado de facturas diciéndole que me hiciera un informe de gastos y pregunté cómo al pasar:
¿Vieron a las chanchas?, ¿se portaban bien?, de lo contrario tendré que comprar una buena fusta o un rebenque para ablandarles el culo y que no hagan lo que quieran con el chancho semental, ¿vos que opinás Adela?...
Creo que no va a hacer falta el semental sabe que las tiene dominadas, -Karina y Julia no opinaban porque no sabían nada del apareamiento de los porcinos, pero Yolanda estaba un tanto pálida-.
¿Por qué lo decís tío?, ¿las chanchas se suelen portar mal?, -preguntó Ángel inocentemente, lo cual generó las risas de todos-.
A veces sí Ángel, a veces sí, pero la señora Encargada sabe cómo hacer para que se porten bien, cuando tengan un montón de chanchitos te voy a traer para que los veas.
A mí los chicos me mostraron una que tenía como seis chanchitos chiquitos, -expresó el nene-.
Eso es porque compramos una chancha joven preñada que parió hace tres días, a esa la tenemos apartada, -dijo Adela aclarando-.
Nos invitaron a cenar, pero teníamos que ir temprano al colegio y luego les tocaba la peluquería por lo de la cena de la noche siguiente y preferimos irnos para casa. Ya en el coche me preguntaron varias cosas del negocio y como se me había ocurrido poner algo así, les conté que surgió por darle una mano a las mujeres y después me había entusiasmado con la idea, partiendo de la base que si se hacía algo había que hacerlo bien y que ahora quedaba en ellas llevarlo adelante.
¿La conocías de antes a Adela?, -preguntó Karina-.
Sí, fue por mucho tiempo la amante de la persona que me crio, mi mentor, digamos, luego se casó y él les dio este lugar para vivir, cuando vine a visitar el lugar que también había heredado me la encontré. Lo eché del lugar al marido y los hijos porque eran unos vagos delincuentes y ella quedó a cargo, le ofrecí la posibilidad y aceptó encantada. La mujer maneja códigos de fidelidad y lealtad como los de antes y los vuelca en mí.
Ninguna de las dos preguntó más nada y las conversaciones derivaron a los preparativos para la cena. Contando estas cosas a Karina y a Julia me puse a pensar en el marido y el hijo mayor de Adela, los dos idiotas estaban viendo la posibilidad de quedarse por el negocio y eso había sido un error mío, al dejarlos irse tranquilos. Ahora se me presentaba un problema que tenía que resolver, pero, a pesar de ser un problema que se multiplicaba en cuatro, internamente sentía una satisfacción personal, en definitiva, eso era “lo mío” y me gustaba más que pensar en fiestas, compromisos o futura boda.
El llamado de Julia me hizo reaccionar… “¡Hey, José María, ¿por dónde andabas?”, -indagó-… “Recordando algunas cosas, ¿qué sucede?”, -contesté-. Me contó que ya había hablado con Marta, a la vez, ésta sabía de todo el tema por haber hablado con Karina y me dijo que la hermana había decidido optar por irse a Lisboa y ya estaba armando todo lo que iba a llevar. Expresé que me parecía una muy buena idea, yo estaba seguro que rendiría en lo laboral y se cuidaría de meter la pata. La inquietud era por Ángel, en la mañana saldría de casa vestido para ir a la fiesta del colegio, el problema se presentaba en la tarde-noche.
Eso no es tanto problema, después del colegio puede irse a tu casa y que se ocupe Marta de cuidarlo, no creo que le dé por salir de joda, pero, si no puede cuidarlo lo llevamos con nosotros, el jueves vuelve a casa y que cada cual se ocupe de lo que tiene que ocuparse…
Tenés razón, dalo por hecho, yo lo hablo con mi hermana.
Otra cosa más Julia, yo te quiero a mi lado y sé que Karina también, pero, en el colegio sos una mamá más, no por vos, por Ángel, por eso de disimular con los privilegios.
Lo entiendo, quedate tranquilo, es más, esta noche lo llevo a casa y llego con él al colegio, -me pareció una decisión correcta-.
¿Qué es eso de los privilegios?, -preguntó el “diablito”.
Nada campeón una idiotez que suelen usar los adultos al pensar, -contesté-.
Menos mal que había tenido el escarceo con Adela y su mamada porque no bien llegamos a casa, se despidieron con besos y abrazos y quedé más solo que Adán el Día de la Madre. No quisieron ni cenar y me tuve que preparar algo rápido, pero, por otro lado, me vino bien porque me metí en el cuarto y me puse a indagar sobre los nombres que me había dado Adela. Los dos tipos eran unas ratas de cuarta con antecedentes de robos a mano armada y habían cumplido un par de condenas cortas. Los idiotas ni sabían lo que se les venía encima y vieron la posibilidad incentivados por los “vuelos” de Luis quien, creo que en algún momento lo aclaré, era un pequeño eslabón en el entramado que había conformado Raúl, al que mantuvo económicamente por mucho tiempo, no por él, sino por el bienestar de Adela. El tarado tenía claro y sabía lo que le podía costar, pero, se juntan cuatro o cinco y terminan creyendo que se pueden llevar el mundo por delante.
Me ponía bien la actitud de Adela, ella tenía por cierto que yo les había dado una oportunidad que, no sé si se las habría dado Raúl, es más, entiendo que ella y yo sabíamos que no se la habría dado y que aparecieran nuevamente trastocaba enormemente sus nuevos planes de vida. Yo entendía que la lealtad a Raúl, extensiva ahora a mi persona, el conocimiento de las necesidades pasadas desde la muerte de su “protector” y las posibilidades de resurgir con proyectos de vida nuevos, la decidieron rápido, a mí me daba lo mismo, el exterminio de unas ratas más o menos no me hacían mella, pero, mi nuevo rol “familiero” me hizo pensar que, rata o no, uno de los “apuntados” era su hijo.
Ya vería lo que decidía, seguramente no sería en esa semana o sí, tenía por cierto que primero estaba la fiesta del colegio, luego la cena con “mis” chicas y luego decidiría con lo de Adela. Me reí para mí mismo pensando que hasta hacía poco tiempo hubiese finiquitado rápidamente el problema, era indudable que muchas cosas habían cambiado en mi proceder, aunque, indudablemente, la “llamita” seguía prendida y se me antojaba como la del piloto de un termotanque, en cualquier momento encendía todo lo demás. Dejé todo, apagué las computadoras, me dispuse a ir a dormir y me di cuenta que estaba un tanto excitado, pensar un tanto en lo adrenalítico me ponía así, no daba para “pajas”, hacía mucho tiempo que esa “descarga fisiológica” no me pasaba por la cabeza, pero, extrañamente, en ese momento hubiera necesitado a una buena “veterana” a mi lado, pensé en Flor, la madre de Mercedes, en Estela, mi ex maestra de primario, en la tana-madre, la mamá de Carolina o en Alviria, la dueña del restaurant, cualquiera de ellas me hubiera hecho pasar una noche deseada. Como fuere, me dormí rápido y solo.
GUILLEOSC - Continuará… Se agradecen comentarios y valoraciones.
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