Xtories
Orgíasdic 2023

La casa rural

Dani le propuso cruzar la línea de lo convencional: una orgía con desconocidos. Mónica dudó, pero la curiosidad y el deseo de ver hasta dónde podía llegar su cuerpo la empujaron a decir que sí. Ahora, bajo el disfraz de animadora, el juego ha comenzado y la primera penetración promete ser inolvidable.

Monica Leggins29K vistas8.6· 16 votos

Realmente, pensé que a Dani se le habia ido la olla. Definitivamente. ¿Una orgía? ¿Sexo entre cinco parejas? ¿Se había vuelto loco?

Lo que más recuerdo haberle dicho cuando me lo propuso, móvil en mano y con un bulto en el pantalón muy sospechoso es que las chicas y los chicos vemos este tipo de encuentros muy distintos. Mientras que los tíos van mas a saco, nosotras, que nos gusta disfrutar, eso que quede claro, necesitamos saber quien entra o deja de entrar en mi cuerpo. Una orgia, representaba subir el nivel demasiado. No sé si estaba o no estaba preparada.

Pero Dani, en su ideal de dejar las decisiones en manos del destino, me hizo una propuesta que terminó siendo determinante.

—Están proponiendo ir disfrazados. Hay quien ha dicho que las chicas de animadoras y los chicos de jugadores de futbol americano. Otro, ha dicho que de colegialas y profesores, o algo así. Yo voy a decir, que todos con leggins. Si votan mi idea, será una señal, ¿no?

—Sí, será una señal de que si te digo que sí, me dejarán el coño tan abierto que no me pondré sentar en una semana.

—Pues como te lo dejé ayer noche, ¿no?

Dani tenía respuestas para todo cuando se le metía una idea en la cabeza. Estaba tranquila, ya que si le decía que no y le decía que lo hablaba muy en serio, no insistiría ni volvería a sacar el tema. Otra cosa es que yo, al pensar en la fantasía de una orgía en un espacio protegido, me gustaba, y creo que por eso, me dejaba querer.

—Vale, a ver, si gana tu idea, me metes en el grupo y así les conozco. Pero no es un sí definitivo, es solo un sí, abierta a dialogar y decidirme -dije mientras me desnudaba para ir a la ducha y le daba un beso.

Al salir de la ducha, me estaba esperando móvil en mano. Me enseñaba una imagen, una fotografía de una pareja con ropa deportiva. Ella llevaba unos shortos cortitos y un top mientras que él no llevaba camiseta, pero sí un pantalón donde le marcaba bastante lo que escondía entre las piernas.

—¿Te parecen sexys?

—Sí, claro. Lo son.

—Vienen a la fiesta. Lo han confirmado.

—He de reconocer que están muy bien los dos.

—¿A que sí? Aquí hay nivel, Moni.

Se fue ilusionado al salón mientras chateaba en un grupo creado para el evento. Me miraba al espejo, mirando mi cuerpo. No era tan pechugona como la de la foto y estaba, quizás, más delgada. Nunca había destacado por la más guapa, pero sí había tenido un público muy amplio de pretendientes o ligues.

Desde que Dani y yo somos pareja, hemos experimentado muchas cosas en el sexo. Ya sé lo que es tener sexo en sitios públicos, como un parking, una playa en invierno, un lago o quedar con otras personas para hacer tríos con chicos, con chicas o intercambiando parejas. Siempre había ido bien y, siempre había disfrutado. La vida nos cambió cuando nos metimos en el mundo liberal. Recuerdo las dudas iniciales, los miedos, el pensamiento que, terminó siendo erróneo, de que todo esto acabaría con nuestra relación. Pero nada mas lejos de la realidad.

Al final, su idea ganó. Los chicos, irían con mallas de colorines, como los que hacían deporte en la televisión en los años noventa, con calentadores y cinta en el pelo. Las chicas, parecidas, exactamente igual, pero llevando el mono por encima de las mallas, que es como se solía llevar. Asi que, por probar, decidí meterme en el grupo y ver qué tal.

Una vez dentro, vi que éramos diez personas. Me explicaron que eran ocho parejas pero que también se había sumado una chica y un chico que eran solteros, pero que completaban el cupo de diez, que era el objetivo para que saliera rentable la estancia y la comida. Todo se pagaba a medias, así que no debía haber problema.

La verdad es que me impresionó el buen rollo de todo el mundo. Era como una segunda familia donde, con naturalidad, se hablaba de la quedada pero también del día a día. Enseguida me sentí cómoda, aunque de ahí a pensar que iba a tener sexo con todos ellos, me frenaba un poco. Aún así, ese freno, se convirtió en ganas casi sin darme cuenta.

Y, sin darme cuenta, llegó el día. Aquella tarde, mirándome al espejo desnuda, tras salirme de la ducha, intentaba apaciguar los nervios. Creía, que en el momento que comenzáramos a hacer cosas, me dejaría llevar y disfrutaría, pero esas horas previas, los nervios me podían.

Me vestí con unas mallas largas azul celeste, muy cantonas, y sin ropa interior. Por encima, me puse el body de tirantes de color granate, que parecía más un bañador y que me recogía por la entrepierna haciendo contraste de color. Tampoco me puse sujetador, por lo que me veía provocativa, disfrazada, pero sexy. En los pies, calcetines blancos y zapatillas. Muñequeras, cinta en el pelo y una sonrisa al ver a Dani, con mallas gris claro y marcando un buen paquete. Estaba impresionante.

Tras cuarenta minutos de coche, aparcamos en la puerta de aquella casa rura. Constaba de dos plantas, con bastantes metros cuadrados, techos altos, cobertizo, barbacoa, piscina y una zona techada para juegos, donde vi una mesa de ping pong al lado de una mesa de picinic con sillas de plástico. Desde luego, era la casa perfecta para un fin de semana perfecto.

Los primeros a los que saludamos, fue a Nacho y Sandra. Eran los organizadores, que ejercían de anfitriones y que se acercaron hasta el coche. Con mallas negras él y de color amarillo ella, nos saludaron de manera efusiva, tal y como habíamos hablado en el grupo que haríamos todos. Fue así como recibí el primer gran beso en la boca, mientras me rodeaban el culo con sus manos y notaba la cercania de cierto bulto en el pantalón. Dani, hizo lo mismo con Sandra, con un magreo de pecho extra a la que ella respondió con una sonrisa.

Al dejar la piscina a la izquierda y pasar por el camino empedrado, vimos en un banco hecho con troncos de madera a otra pareja. Ella, pelirroja, pelo rizado, ojos marrones, metro setenta y dos de altura, pechos enormes y culo redondo con unas mallas rojas era inconfundible: era Samanta. Él, su novio, se llamaba Miguel, aunque prefería que le llamáramos Mike y era un chico corpulento, con cuerpo curtido en muchas horas de gimnasio, guapo a rabiar y con una sonrisa que perdí rápido de vista a la que me besó en la boca, sacando su lengua a jugar con la mía. No llevaba ni diez minutos y ya me había enrollados dos veces.

—¿Quiénes son aquellos? —señalé hacia el otro lado de la piscina, donde un chico moreno follaba desnudo en el césped con una chica rubita, con el pelo muy cortito, que recibía placer con las piernas abiertas.

—Son Eva y Artur. Los únicos solteros —me indicó Mike, mientras me abrazaba, rozándose de manera descarada conmigo, aplastando su pene contra mi culo mientras yo me dejo hacer en silencio.

—Ya en el grupo se mandaron alguna indirecta, pero ha sido conocerse y han saltado chispas entre ellos. Se han gustado —dijo Samanta, recordándome que, a parte de las cuatro parejas, iban a venir un chico solo y una chica y que entre ellos, nunca se habían visto.

—Es el rey de la fiesta —añadió Mike, besándome en el cuello.

—¿El rey? ¿Y eso? —dije sin saber.

—Se hace llamar el potro. Cuando le veas la polla, lo entenderás —indicó Samanta, mientras se dejaba tocar las piernas por mi novio Dani.

Al entrar en casa, vimos a la última pareja que nos faltaba por saludar. Bajaban del piso de arriba, de dejar sus maletas y se acercaron a saludarnos, como todos, con un buen beso. Toni, moreno con barba y gafas, era sexy a su manera, con un porte interesante y buenos brazos. Eli, la más bajita de todas las que estábamos allí, tenía más curvas y, había llamado la atención de todos en el grupo por ser la mas lanzada y atrevida. Y, en realidad, era así, ya que me quedé de pie con su novio mientras secuestraba a Dani y se lo llevaba al sofá.

Nacho, ejerciendo de anfitrión y organizador, quitó la música de fondo y nos pidió un poco de atención para recordarnos las normas y el juego. Todo había quedado claro, pero parece que, no sé si por morbo o qué, insistió en que los primeros 30 minutos era para hacer de todo, pero vestidos. Los siguientes 30, nos desnudábamos de cintura para arriba. La media hora posterior, estaríamos desnudos completamente, pero sin posibilidad de oral ni penetración y, otra treintena de minutos después, ya valía todo.

Vi como Nacho le daba un beso a su novia y que, en vez de tocarle el culo como había hecho con todas, pareció pasar su mano por su barriga. No sé si por eso o por ser el que más cerca estaba de mí, decidí comenzar el juego con él. Tras sentarse en el sofá, me puse encima de él y comenzamos a besarnos apasionadamente. En las pequeñas charlas que teníamos para respirar, le pregunté y me confirmó lo que ya imaginaba: iban a ser padres, estando Sandra de dos meses.

Coincidió que a la media hora, dejé a Nacho para ir a saludar de nuevo a Mike, que se alegró de ser él quien me quitara el body y contemplara mis pechos. Me reconoció que me tenía ganas por ser la única novata en no haber participado nunca en ninguna orgía y que eso, le daba morbo. Casi ni le contesté, dejando que me chupara los pezones y que me besara en la boca mientras me acariciaba el culo nuevamente. Me sentía muy, muy agusto de momento.

De nuevo, coincidió sin querer que hice el cambio de pareja justo cuando cumplía la media hora. Esta vez, Toni, sería el encargado de desnudarme del todo. Sus dedos deslizaron la licra y la retiraron dejando mi sexo al aire mientras yo le liberaba el pene, erecto y duro. Posiblemente, era la polla mas pequeña de todos los chicos que estaban allí, aunque luego terminaría siendo bastante relevante en mi fiesta particular. Tras un buen intercambio de besos y caricias, nos citamos para mas tarde, haciendo una pausa para ir al baño y dejando que llegara el gran momento. El momento en el que todo estaría permitido.

Artur, el único chico al que no había saludado todavía, se acercó a mi posición. A sus metro ochenta y cinco de altura, había que sumarle veintidós más de pene que, erguido, parecía estar buscando guerra.

—¡Mónica! Hola, me faltabas tú por saludar —dijo, desnudo, sonriéndome, mientras caminaba acompañado de Samanta y Sandra, una a cada lado, y a las que abrazaba pasando su brazo por detrás y con sus manos en sus cinturas.

—Hola. Te vi antes, pero estabas bastante ocupado —le sonreí, unos segundos antes de besarle y notar su enorme pene pegado a mi estómago.

—Pues ahora, te toca a ti. Si quieres, claro —miró mi cuerpo con un descaro y atrevimiento que me puso más cachonda de lo que ya estaba.

Me giré al oír unas risas a mi espalda. Nacho le había pedido ayuda a Dani para colocar unas luces de adorno. Ambos subieron mediante una escalera de tijera y eran la mofa por como, cada peldaño que subían, sus penes se chocaban con la escalera. Resultaba cómico ver a dos hombres desnudos, colaborando juntos y sin ningún reparo en hacer erótico lo que seguramente no sea.

Artur, el potro, se acercó más aún más, dándome un divertido golpe con su cadera que, exagerando mi caída, me hizo aterrizar a cuatro patas sobre el suelo. Entonces, él liberó sus manos, quedándose solo mientras que sus dos acompañantes me miraban con cierta envidia.

En esa postura, con el culo en pompa, iba a recibir mi primera penetración de la fiesta. Su enorme herramienta se acercó muchísimo a mi entrepierna, mientras su punta, calentita, me acariciaba el clítoris, como quien pica a la puerta de casa antes de entrar hacia adentro.

Pese a su tamaño, y la fama que tenía de follador espectacular, los primeros segundos fueron una penetración suave, lenta y maravillosa, abriéndome mucho más de lo que hubiera imaginado. Fue entrando dentro de mí hasta que noté como su prepucio hacia tope en el interior de mi vagina. Enseguida supe que, siendo delgada, y recibiendo un polvo de alguien tan dotado, iba a experimentar algo difícil de olvidar.

—¿Qué tal, Mónica? ¿Bien? ¿Sigo? —para mí, era extraño que mirara por mi, por mi comodidad, con un trozo de su carne tan grande dentro de mi cuerpo.

—Sí, sí, estupendamente.

—¿Puedo follarte?

—Sí, claro que sí. Hasta el final.

—¿Hasta el final? Entendido. Allá voy.