Conociendo a mi nueva perra
Él creía conocer su lugar, pero ella tenía planes para humillarlo frente a quien fuera necesario. Desde la vergüenza pública en una tienda hasta la sumisión absoluta en la mazmorra, esta noche no se trata de placer, sino de demostrar quién manda.
Hola de nuevo, mucho tiempo sin publicar, pero he estado un poco ocupada, me he mudado a un nuevo país y todavía estoy en proceso de adaptación.
Entre otras cosas tuve que dejar al sumiso que tenía, la comunidad BDSM de mi país de origen no es muy grande y de manera online la verdad me da un poco de pereza una relación D-s. Y aunque sabía que la comunidad aquí es más grande no quise incursionar de una vez, esperé un tiempo hasta estar un poco más estable y poder probar. Y aunque sigo sin tener tanta experiencia, tuve una hace poco que me ha encantado. Que es la que procederé a contarles.
Me conecté al chat que solía usar, y empecé a hablar con algunos sumisos, pero la verdad ninguno llamaba especialmente mi atención, así estuve como por una semana aproximadamente hasta que conecté con Sebastián, mi puta actual, de 43 años, aunque es unos años mayor que yo, lo prefiero así, los sumisos maduros tienden a tener las ideas más clara, saben su posición y no dan mayor problema.
Él es de tez blanca, cabello negro, con barba de pocos días, 1.85 mts, cuerpo normal y un culazo hecho para los azotes. Empezamos hablando lo normal, los gustos, límites, lo que deseábamos en una relación D-s y nos dimos cuenta que congeniábamos mucho. En el chat intercambiamos Skype y empezamos con una videollamada de reconocimiento como le digo yo, hablamos un rato y todo fue bien.
Hicimos un par de sesiones online, ya que a pesar de vivir en la misma ciudad cada uno tiene asuntos que atender, empezando porque está casado y se complica un poco más, sin embargo, él sabe quién es su dueña y lo ha sabido demostrar. Además, ella (sin saberlo) ha participado en alguno que otro juego, que contaré en otra ocasión.
Hoy les hablaré de la primera vez que tuvimos una sesión en real. Todo se dio para que la tuviéramos a finales del noviembre pasado. Él tiene mucho más tiempo que yo en el BDSM, por lo tanto tiene más experiencia, y más juguetes, eso no impide que sepa su posición, más bien lo tiene más claro.
Reservó una mazmorra en Rosas Negras, pero antes nos encontramos en un bar, eran las 16.00 aproximadamente del último jueves de noviembre, nos pedimos dos gin tonic y hablamos un ratito para amenizar.
-Hola perra, ¿preparada para hoy?
- Sí señora por supuesto, me he hecho hasta el lavado que recomendó, quiero ser toda suya hoy.
- Te usaré como desee putita, ya veremos.
Luego de hablar un poco más salimos, dejé mi coche aparcado y me fui en el de él. Le ordené ir primero a una sexshop. Igual la reserva era a las 18.00 y nos quedaba de camino. La dependienta además era una amiga que conocí en el chat, mi perrita no lo sabía, y le dije a mi amiga que fingiera no conocerme.
-Buenas tardes ¿Los puedo ayudar en algo?
- Sí vengo por el collar de mi perra- dije señalándolo.
Él se puso rojo de vergüenza, no se lo esperaba, y bajó la cara.
-No bajes la cara putita, es lo que eres o no?
- Sí se… Señora- contestó titubeando.
Mi amiga rió y él se puso más rojo si cabe, en el fondo había un chico que no conocía que también rió. A pesar de su vergüenza, noté el bulto en sus pantalones.
- Pero m¡ra a mi perrita que puta es- dije señalando su paquete y riéndome.
Mi amiga nos llevó a donde se encontraban los collares y cogí uno de iniciado. Él no se atrevía a mirarme noté su nerviosismo en el temblor de las manos. Mi amiga se retiró a atender al chico del fondo que ya iba a pagar.
- ¿Qué pasa te arrepientes de estar aquí zorra?
- Para nada señora sólo no me lo esperaba.
- ¿El qué?
- Ser tratada como lo que soy frente a otra persona.
Sólo sonreí como respuesta.
Caminamos un poco más viendo algunos juguetes, mi amiga se acerca nuevamente.
- ¿Encontraron lo que buscaban?
- Sí, pero no sé, falta como algo
- ¿Algo como para educar a tu perra?- dijo mi amiga riéndose. Él se pone rojo de nuevo y baja la cabeza.
- Al lugar donde vamos hay bastantes de esos -contesté- Pero no eso.
Los tres miramos un arnés que exhibían con un dildo de tamaño considerable.
- Jajajaja ah pero es que tu perra se deja usar completa- dijo mi amiga con una carcajada.
- ¿Sí, verdad perrita?
- Sí señora- dijo mi puta con decisión, pero roja y tensa al imaginarse reventándola con un dildo de ese tamaño.
Lo pedimos y fuimos a caja, antes de que tuviera ocasión de sacar su billetera, se la quité yo del bolsillo, cogí los billetes que tenía y pagué.
- Hasta pronto zorra- dijo mi amiga riéndose y dándole una nalgada.
Salimos de ahí, yo riendo y el avergonzado pero super duro.
Llegamos a tiempo a la mazmorra, luego de la entrega y quedarnos solos, le dije que se desnudara, lo hizo y se arrodilló sin tener que decirlo. Yo tenía lencería de latex y fui a cambiarme, dejándolo arrodillado por un rato. Cuando regresó no se había movido.
- Excelente zorra.
Besó mis botas, lo cogí del pelo y le dí una bofetada.
- No te he dicho que puedes asquerosa.
Bajó la mirada y me dio la razón. Le dije que separara un poco las piernas y miré su miembro duro. Sin pensarlo le di una patada, no muy fuerte, pero inesperada, gritó más de sorpresa que de dolor. Me reí, me gusta y calientan los gritos de mis perras.
Le puse el collar, la paseé un rato probándolo, lo llevé a la ducha, lo acosté y descargué mi miao, que tenía rato aguantando.
- Abre la boca perra.
- Sí señora- Respondió- En todo momento estuvo erecto. Bebió de mí y luego le pasé mi concha por toda la cara, me senté en él hasta que acabé, tuve una semana difícil y necesitaba descargar. Lo dejé lleno de todos mis jugos, tirada y usada como perra. Le ordené no levantarse y quedarse en el suelo como basura.
Al rato volví con la fusta y lo azoté primero en la pierna.
- ¡Párate perra y ponte en cuatro!
Lo hizo rápido y le dí unos cuantos azotes en el culo, hasta que estuviera rojo, me gustan los culos de perra rojos. Luego cogí la ducha y con el agua fría lo lavé, él gritó y empezó a temblar, pero no protestó, estaba demostrando ser una buena perra.
Lo saqué de la ducha le tiré una toalla y le ordené secarse. Lo hizo y se arrodilló, lo llevé a la cama y le ordené ponerse en cuatro, allí empecé a jugar con su culo, a dilatarlo, él había llevado varios plugs, con lo que empecé a dilatar. Paré me puse el arnés, noté cómo se tensaba y puse la punta del dildo en su año dilatado, aunque comparando el tamaño supe que no lo suficiente.
- Vamos a probar tu aguante perra. Y si tienes culo de puta o de señorita jajajaj
Empecé a presionar y vi cómo su ano se tensaba y empezaba abrirse. Yo paraba y empujaba un poco más, mi perra gemía, hasta que estuvo adentro y paré un rato para que se acostumbrara.
- Señora lo siento todo, soy su perra, es mi Señora y Dueña, úseme por favor.
Esas palabras no esperadas me gustaron por lo que azote el culo de mi puta y empecé a moverme, ella gritaba y gemía mientras yo aumentaba ritmo y fuerza. Estuve rompiéndole el culo un buen tiempo. Le ordené colocarse boca arriba, así podía ver la cara de mi perra roja, sudada y gimiendo.
Le agarré la polla y empecé a pajearla.
- Señora si sigue así me correré, dijo entre gemidos.
- Aguanta un poco más perra – dije mientras seguía.
Al ratito gritó
- SEÑORA NO PUEDO MÁS, PIDO SU PERMISO PARA CORRERME.
Yo le dije que tenía el permiso y aumenté en fuerza y ritmo, gritó al venirse
- SOY SUYA SEÑORA.
Botó gran cantidad de leche, de la cual cogí la que pude y se la di a beber, la bebió gustoso, incluso chupando mis dedos.
- A toda perra le gusta la leche.
Ya faltaba poco para irnos así que lo azoté para que moviera el culo, ya que se quedó unos minutos acostada, agotada de haber sido usada. Nos arreglamos y salimos ya ahora sin hablar casi.
Al llegar donde estaba el parking donde tenía mi coche, nos despedimos.
- Hasta luego perra
- Hasta luego Señora ha sido un verdadero placer servirla.
Se acercó como para darme un beso y lo abofeteé.
- Qué haces zorra? No olvides tu posición- le dije y le escupí.
- Por su puesto señora, perdóneme.
Me bajé del coche y al entrar en el mío noté que todavía llevaba su billetera, me regresé para devolvérsela.
- Me he olvidado de dártela zorrita.
- Gracias señora.
Sin embargo antes de dársela, la abrí y saqué una de sus tarjetas.
- Para mis gustos- dije riéndome
- Claro señora usted es mi Dueña, dijo bajando la mirada.
Me he saltado algunos detalles, pero en general fue lo que pasó. De momento sigue portándose bien. No hemos vuelto a quedar, pero si lo hacemos seguro lo cuento por aquí.
Saludos.
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