Xtories

El sabor de lo nuevo VIII

Gala nunca imaginó que su amistad con Germán se transformaría en un ritual de carne y deseo compartido. Cada dos meses, Daniel llega para encender el fuego, y ella se entrega sin reservas, sabiendo que los ojos de su amigo están fijos en cada movimiento. No es solo sexo; es una promesa de placer que se repite, sin límites ni juicios.

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Se desearon en el salón. Gala despertó poco a poco en los besos de Daniel. Se encendió al fuego vivo entre la lengua y los brazos de un hombre que demostraba y deseaba saciarla y saciarse hasta la extenuación. Ambos la llevaron entre arrumacos al dormitorio. Hacía calor, el aire acondicionado disipaba la sofocante humedad y calor de principios de julio. En un abrir y cerrar de ojos él quedó completamente desnudo ante los ojos de una Gala que, tras desnudarse, prosiguió con su inagotable labor de endurecer las ganas de su (en ese momento) macho encelado.

Se llenaba la garganta una y otra vez de carne. Parecía imposible que le tremenda verga de Daniel creciera y endureciera más, pero lo hacía. Le cogió suavemente la cara y la besó mientras le preguntaba cómo deseaba ser tomada. Ella le hizo un gesto y a continuación le dijo "súbete sobre mí". Germán acercó el gel, él se embadurnó bien su endurecida carne y empezó un vaivén suave, delicado y juguetón sobre el encharcado coño de Gala. Ella estremecía al contacto del macho en su sexo. Ese ir y venir, ese sí pero no, ese querer entrar pero salirse nada más dilatar con suavidad la estaba matando. Sus quejidos y gemidos no hacían más que subir decibelios.

Por fin se inició la embestida. Con suma suavidad Daniel empezó a horadar el estrecho coñito de ella. Un cuarto de hora después él seguía con las maniobras de abordaje. Ella tiritaba de placer mientras le susurraba al oído que le diera más profundo. Se fue dejando caer sobre su pecho enterrando su pollón hasta el fondo. Gala inició su particular paroxismo explosivo de placer. Gimió tanto que le era imposible dejar de correrse. Sus grititos iniciales se convirtieron en gemidos, luego berreos y finalmente un continuo ir y venir en la forma en que Daniel la embestía.

Su flujo sonaba con el lubricante en esos característicos chasquidos del sexo. Ella jadeaba sin control sobre su cuerpo. Las piernas hacia rato que eran dominadas bajo los brazos de Daniel mientras la tomaba entre arreones de cadera. Se subió sobre él y desde los pies de la cama podía ver como se clavaba entera la polla en su enrojecido y algo más dilatado coño. El levantó su cadera e inició el golpeo de su coño de abajo a arriba. Sus huevos rebotaban en las nalgas de Gala como si fuesen a romperse. Le aguantaba como una bestia en celo. Ella se corría rítmicamente cada pocos minutos. Cuando parecía quedarse sin aliento tornaban más convulsiones.

Germán asistía impasible al espectáculo de su vida mientras Gala escenificaba el suyo. Un poco más de lubricante para ponerla ahora de perrito. Sus caderas chocaban mientras él entregaba sus ganas y todo su grosor en el interior del agitado cuerpo de ella. Casi dos horas después de asaltar su sexo Daniel le preguntó que dónde quería toda su lechada, una inagotable fuente de esperma que le tenía preparada. Ella dirigió su dedo a los labios. Salió, acomodó su verga a la altura de su boca y ella ayudó con su mano y lengua a la inflamación. Masturbaba y tragaba a la vez, suave y acompasando su cabeza al ritmo las nalgas de Daniel se tensaron, sujetó dulcemente el cabello y empezó a eyacular semen como si no hubiera otro día más. Gala dejó su polla dentro de la boca y se limitó a recibir su enorme dosis de leche. Empezó tragando, pero a la sexta o séptima andanada soltó los restos de cuajó por sus labios y vio bañado su pecho del semen de su potente macho.

Se limpiaron en la ducha con dulzura. Se saciaron a besos, se lamieron las heridas de su intimidad, ella limpió su verga con sus labios y el jugueteo de su lengua. Él la besaba para lamer sus labios y apretaba sus nalgas como si no deseara dejarlas ir nunca. Se marchó y nos explicó que volvería al día siguiente. Esa noche hicimos el amor de nuevo. Se entregaba con una sutilidad y deseo imposible de contener. En trance alcanzaba orgasmo tras orgasmo, con mi boca, mi sexo, de cualquier modo.

Descubrimos una ciudad muy bonita y ella un macho que disponía de todo para satisfacerla. La amistad sigue a día de hoy y el placer de todos es absoluto. Cada cierto tiempo, mes o mes y medio, vamos o Daniel viene para encontrarnos. Suelen ser un par de días sin salir de la casa o apartamento, depende de donde nos veamos. Ella nunca podría estar más agradecida.