Favor con favor... (20) - final
La fama y el dinero le abren puertas, pero su verdadera pasión es el placer inmediato. Entre el anuncio de un embarazo y la despedida de una carrera brillante, decide cobrar viejos favores y explorar nuevas fantasías con las mujeres que lo rodean, sin importar las consecuencias emocionales.
EMBARAZO - ALEMANIA - VIDA TRANQUILA. (20).
Terminamos el domingo hinchados de felicidad, claro que Belén me hizo entender que no estaba “enferma”, sólo embarazada y tuve que volver a cumplir como un señorito. El lunes a la mañana nos fuimos con Rodrigo de custodio a que Belén se hiciera los análisis pertinentes en la clínica privada, avisé antes para entrar directos y no tener que esperar en una Sala de Espera, son ventajas que te da la fama y el dinero y nos venía al pelo, no estaba para fotos o autógrafos, igual algo tuve que hacer, pero no fue nada que me molestara, el Director de la clínica, la Secretaria, el Médico que la atendió y la Enfermera no se pudieron contener. Esperamos en la oficina del Director tomando un rico cortado porque los resultados de los análisis los sabríamos antes de salir de allí.
Después de un rato, entró una Enfermera y le dejó un sobre al Director, lo abrió con parsimonia, luego habló mirando los papeles: “De salud está en un estado inmejorable, eso sí, con un embarazo machazo, pero eso no implica ninguna enfermedad, felicitaciones a ambos”, -nos dijo dándole los papeles a Belén-. Enseguida quiso averiguar si eran dos o uno sólo, pero el Médico la atajó riéndose, “espere un poco mamá, jajaja, todavía es muy prematuro para afirmar eso”. Sirvió para relajarnos, para que amainaran las lágrimas de Belén y para evitar que salieran las mías. Ya en el coche Rodrigo nos felicitó y le pedí que fuéramos al restaurant de Enrique y Gloria (los padres de Belén), “después iremos a verlos a mis padres, no quiero que se enteren por las noticias, seguro que mañana esto saldrá en todos lados”. Mi novia asintió con la cabeza sin decir palabras. Gloria se extrañó cuando llegamos al lugar y nos salió al paso…
Hola chicos, ¿qué hacen tan temprano por acá?, ¿qué sucede?, ¿por qué Belén tiene esa cara?, ¿estuviste llorando? Cristo, no me hagan asustar, ¿qué pasa?, ¿hubo problemas con Dani o en el viaje?
Venimos de la clínica, Belén fue a hacerse unos análisis, le dieron positivo, pero el Médico nos dijo que hay solución.
¡¡¡¿Cómo que hay solución?!!!, ¿qué le pasa a mi hija?
Yo mucho no entiendo, pero dijo que va a engordar, aunque, a lo sumo, en ocho meses, estará todo bien.
Pero, pero, ¿qué es lo que tie…?, ¡¡¡Ayyy, por Dios, no me digas!!!, ¡¡¡Enrique, Enrique!!!, ¡¡¡vení rápido!!!, -le gritó al marido y nos abrazó a los dos llorando a lágrima viva, ¡Mierda que era contagioso eso!
¿Qué pasó, qué pasó?, -preguntó Enrique saliendo de la cocina del lugar-.
Éste, éste, nos embarazó a la nena, jajaja, tendrá que hacerse responsables y van a tener que casarse, jajaja, -la risa se le mezclaba con el llanto y Enrique tuvo que apoyarse en el mostrador para no caer redondo-.
¿Qué pasó, cómo fue?, -preguntó sentándose en la primera silla que encontró-.
Déjese de joder suegro, no me voy a poner a explicarle como se llega a eso, jajaja.
No, no, sí, claro, dame un abrazo muchacho, ustedes me van a matar con las sorpresas.
No pudimos zafar de quedarnos a almorzar, comimos todos juntos y Rodrigo se reía por lo aturullado que estaba mi suegro con la novedad, las mujeres, si bien es cierto que metían algún bocadillo en las conversaciones, se dedicaron a sus “secretillos” y a decirse cosas al oído y con una doble intención que sólo ellas entendían. Le dijimos a Gloria que teníamos que ir a ver a mi madre y antes de que contestara fui claro con ella, “le queremos dar una sorpresa, igual que fue con ustedes, que no se te vaya a ocurrir llamarla por teléfono, ya les conozco las mañas a las dos”, nos lo prometieron ambos y nos fuimos al supermercado.
¿En qué andan ustedes dos?, -preguntó mi madre que estaba terminando de almorzar con mi padre-.
Estamos de pasada, vinimos a saludar a dos futuros abuelos y nos vamos enseguida.
Mi padre pegó un salto y me dio un abrazo sentido, lo mismo hizo con Belén, tenía los ojos llenos de lágrimas y no hizo falta que nos dijera algo más, por el contrario, mi madre, se puso a gritar y a llorar de la alegría, tanto así que aparecieron la secretaria y Nadenka a ver qué es lo que sucedía. Los abrazos y las felicitaciones se sucedieron y no me privé de observar a la “rusa”, sus piernas largas apenas tapadas por la minifalda y sus tetas altivas daban ganas de hacerle todo un reconocimiento territorial, pero, no daba para estar “tirando canas al aire”.
Me pasé toda la semana haciendo “vida de hogar” y Belén no desaprovechó ninguna oportunidad, me dejó feliz, pero hecho una piltrafa, aunque, bien dicen que “sarna con gusto no pica”. Atendí algunos temas directamente desde casa y ya para el fin de semana hicimos la inauguración del piso en que funcionarían las oficinas de la Representación. Hubo Dirigentes de Clubs de la Primera División y del Ascenso, otros Representantes, Directores Técnicos, ex jugadores y alguna “estrellita” en ascenso, nuestra agenda quedó recargada. Alicia la Directora Técnica del fútbol femenino apareció con Marina, la Masajista, no me cabía ninguna duda de que ya eran pareja y me pareció bien, es más, en determinado momento en que hablé con ellas, me hicieron saber que me estaban esperando, nos reímos los tres, pero en ese momento, yo tenía los cañones apuntados a otro lado. Uno de los que había invitado fue al “pata”, apareció con su mujer, la rubia grandota mostraba escote a mansalva y una minifalda infartante, sabía que estaba muy bien y volvieron a asomar las miradas cómplices. Nos dejó solos y yo les daría algo para que el “favor con favor” se hiciera presente.
Hugo (así se llamaba el “pata”), tengo algo para proponerte, ¿cómo andás para jugar un partidito?
Todavía me prendo, ¿me necesitás para un fútbol 5?, ¿hay algún partido de beneficio?
No es precisamente a beneficio, es en el Allianz Arena, en Múnich, es mi partido de despedida y yo quiero llevar a un ex compañero de cuando comencé acá.
Me estás jodiendo, vos decís de ir a Alemania y jugar en tu partido de despedida, ¿cuándo es?, ¿quiénes van?, me estoy trepando a las paredes…
Es en veintidós días y van a venir… (le nombré a varios que ya me habían confirmado su presencia).
Tendré que sacar un crédito y la visa, pero eso no me lo pierdo.
Jajaja, no es tan así, ya está alquilado un avión chárter y de la visa se ocupan desde la Asociación, son como treinta personas y ya está pago el hotel, con las comidas incluidas, traductores y algunas excursiones, estaríamos una semana y del suvenir o los extras te tendrás que hacer cargo vos.
¿Va algún otro futbolista retirado?
No, vas a ser el único de nuestro país, va gente de la Asociación, mi socio y casi todos mis parientes, pero igual piensa darles poca bola, yo me voy a poner en modo “luna de miel”, jajaja.
¡Por Dios”, ando en una “nube de pedos”, ¿se lo puedo contar a los del club?
Sí, no hay problemas, pero no tengo más lugares en el avión. ¡Presi, presi!, -lo llamé al Presidente de la Asociación que andaba por allí-. Hay que hacerle la visa a Hugo, va a ser el único representante de los jugadores locales, los demás son los que juegan o jugaron en Europa y siguen allí.
No hay problemas Hugo, pasá por la Asociación el lunes y hacemos todo, traé los documentos de tu familia, si alguno no tiene pasaporte te los mandamos a hacer enseguida.
¿De todos, con los chicos incluidos?
A menos que los quieras dejar acá, allá hay gente que se hará cargo de los chicos, tenemos todo organizado.
“Se va a volver loco el “pata”, esto no se lo hubiera esperado nunca”, -dijo el Presidente cuando Hugo fue a contarle a la mujer-. Seguí charlando con unos y otros hasta que me desocupé y fue cuando Emma aprovechó para “atacar”, la había observado después de que Hugo le había contado y me había mirado infinidad de veces esperando la ocasión en que estuviésemos apartados.
¿Es cierto lo que me dijo Hugo?
Eso depende, que tiene una mujer hermosa no se lo dije, si te referís a lo de Alemania, es cierto, salvo que vos no quieras ir.
¡Estás loco, no me puedo perder ese viaje!, jamás pude ir a Europa, ¿van muchos?
Va toda mi familia y gente de la Asociación, son como treinta y ya le dije a tu marido que no tienen que poner ni un Euro, salvo los que tengan que usar para suvenir, espero que te portes bien con los alemanes, jajaja.
Con los alemanes no sé, pero con el “Luigi” tengo ganas de portarme mal, ¿podrá ser?, Hugo tiene partido mañana, ¿querés venir por casa?
No, nunca corro ese tipo de riesgos, decime dónde te paso a buscar y nos vamos a un privado que te va a gustar.
Me gusta porque no sos un tipo de andar con vueltas, decime dónde querés que te espere.
Tal como me había parecido desde un primer momento, Emma resultaba ser más puta que las gallinas y para mí sería un placer enorme tratar de partirle el culo en cuatro, si se la aguantaba estaría bien y si no, pues que llorara y gritara, eso también sería un placer en el que no cabrían contemplaciones. Hice lo mismo que con varias de ellas, la pasé a buscar por un lugar y me la llevé a los privados, la rubia grandota no perdió tiempo mirando el lugar y me dedicó un excitante strip tease para demostrarme que sus tetas operadas estaban firmes y sus muslos y nalgas trabajados en gimnasio eran mucho mejores que lo que dejaban entrever sus ropas.
Toda su acostumbrada seguridad de mujer infiel le tambaleó un poco cuando tuvo mi verga en sus manos, “¡madre mía!, ¡qué verga que tenés!, no sé cómo haré para aguantarla, pero bien dicen que lo que cuesta vale”, -exclamó sorprendida-. Le comenté que no era para tanto, pero siguió con sus comentarios y fueron para el lado de su infidelidad. “Nunca tuve algo así y fueron varias porque Hugo, está más metido en su fútbol que en atenderme, aunque jamás pasó de ponerse arriba dar un par de bombeos y echarse a dormir, espero que no me decepciones”, -acotó-. Para comenzar, los dos orgasmos que tuvo cuando mi boca se zambulló en su entrepierna y se dedicó junto con mi lengua a su vagina y a su clítoris, le dieron muestras como para no sentirse decepcionada. Luego de recuperarse quiso devolverme la gentileza, pero le faltaban años luz de práctica para hacerme gozar con la boca y se dio cuenta de ello, por ello no esperó más y, sin yo pedírselo, se puso en cuatro, “montame”, -pidió-.
No la hice esperar y antes de colocarme detrás de ella tomé el gel que sabía que había en el cajón de la mesa de noche, -una pequeña ventaja de conocer los servicios del lugar- y luego de lubricarnos y de pincelar toda su zona empapada comencé a penetrarla despacio gozando de sus exclamaciones y quejidos por el tamaño de mi “aparato”, “me estás partiendo la concha, me siento llena, no sé si llorar por el dolor y reír por el placer, seguí Luigi, seguí”, -exclamaba sin cortarse y levantando la voz-. Mi grosor convertía su conducto en estrecho y no pude terminar de entrar por completo, pero con el glande afirmado en el fondo empujé un poco más y la hice gritar por el dolor repentino, igual no insistí mucho en esto porque comencé a sentir cierta molestia y me dediqué a entrar y salir con ritmo, Emma se desesperaba y sin poder acoplarse a mi ritmo trataba de empujar sus caderas hacia mí, a la vez que se contraía, temblaba y tenía un orgasmo que gritó con ganas.
Yo no paré, seguí con el mismo ritmo y volqué lubricante en su culo que no parecía tan cerrado, “por la cola no, estás muy grande”, -pidió con un tono de ruego cuando se dio cuenta de mis intenciones-, lo solucioné enseguida con un par de chirlos y diciéndole al oído, “quería la verga de Luigi, pues va a tener la verga de Luigi por todos lados”. No pudo contestarme nada porque cambié de lugar y encaré su asterisco con el glande para avanzar sin detenerme, claro que lo de contestar es un decir porque no se puede hablar cuando el grito desarticulado es el que domina la escena y eso fue lo que hizo la infiel esposa de mi ex compañero.
Gritó, despotricó, me insultó, “sos un hijo de puta, me rompiste el culo, ya nada será igual, no importa, pasó lo peor, haceme gozar”, -dijo mezclando una actitud de enojo con la de una hembra dominada y dispuesta-. El caso es que pude encontrar un ritmo sostenido y mis entradas y salidas se intensificaron, ella aguantaba sin problemas el peso de mi cuerpo y me prendí a sus tetas con ambas manos luego de apoyar mi pecho en su espalda. Era evidente que no estaba acostumbrada a esa “marcha” y comenzó a decir en medio de sus orgasmos, “¡no puede ser, es increíble!, dame más, dame más, no salgas”. Por más que se cambie de “monta”, la historia tiende a repetirse, Emma se dejó caer vencida por sus sensaciones y porque las rodillas no aguantaron, al seguirla, entré hasta donde no había podido, su grito se intensificó y yo aproveché para llenarla. Luego de un rato en que nos recuperamos los dos y que me atosigó con el tema de estar siempre a disposición y si podíamos volver a vernos, le aclaré los tantos con esto y ya en el baño llevó el tema para el lado de lo que haríamos en Alemania.
Los dos primeros días tu marido y yo tendremos que cumplir con la Prensa y jugar el partido, quedarían cinco días para que se muevan en contingente, hay interpretes para la atención del grupo y están programadas salidas turísticas, estoy seguro que la van a pasar bien y no se van a aburrir.
¿Vos qué harás después del partido?
Luna de miel querida, luna de miel y pienso estar alejado de ustedes, además debo visitar a amigos y conocidos que hace mucho que no veo.
¿Habrá salidas nocturnas y diurnas?
De las dos y seguramente regresarán con un par de kilos de más y atestados de chucrut y cerveza, jajaja.
Lo de Emma no daba para más, no había sido para “tirar cohetes”, pero, me había sacado las ganas, por otro lado, ella quedó más que bien cogida y me habían agarrado los apuros para regresar a casa, nos cambiamos, la llevé hasta un lugar accesible para que se pudiera tomar un auto y volví a casa, era difícil que hubiera otra oportunidad con ella y creo que se dio perfecta cuenta de eso.
Los siguientes quince días los pasé con comunicaciones telefónicas con los posibles invitados al partido y con los organizadores, Peter ya había regresado de España, estaba más contento que unas pascuas porque había salido todo bien con los chicos con los que había viajado y me ayudó bastante con el tema. Finalmente se “alinearon los planetas” y nos tocó viajar a Alemania para el famoso partido de despedida, la gente de la Asociación se portó de maravillas y nadie de los que me interesaba quedó afuera. Como me encargué de que se enteraran, Belén y yo haríamos “rancho aparte”, pararíamos en el mismo hotel y compartiríamos muchos momentos con la delegación, pero, lo nuestro sería una especie de “luna de miel” y todos lo entendieron sin problemas. Eso me vino de perlas, el avión estaba lleno de tetas y culos conocidos, pero nadie, ninguna de las presentes sacó los pies del plato.
El recibimiento fue fantástico, ni punto de comparación con la hinchada argentina porque el alemán suele ser bastante parco, pero los tifosis italianos le dieron un marco más colorido a la llegada. Giorgio y la gente del club alemán nos atendieron a cuerpo de rey y nos ubicaron en un hermoso hotel de cinco estrellas en pleno centro de Múnich, en el mismo hotel, aunque en otro cuerpo del mismo, se encontraban todos los compañeros que compartirían el encuentro y con el “pata”, el Presidente de la Asociación y los Dirigentes locales, nos fuimos a saludarlos. Hubo risas, bromas, chanzas, me encontraba en mi salsa. Al regresar para el lado de las habitaciones que utilizaríamos todos nosotros, descubrí con agrado que estaban todos ubicados y algunos charlaban con la gente de RR.PP., mayormente las mujeres, muchas de las cuales andaban con todas las pilas puestas para poder conocer algo de la noche de Múnich y una de las más activas era Karla, la más chica de las rusas se había prendido en el viaje y era algo que no podía negarle a Peter y a Katerina, hacía rato que no la veía y se me antojó que estaba mejor que cuando la había conocido.
Al final, lo de “luna de miel” sólo con Belén, fue una especie de utopía porque en los dos días de preparación me dediqué a ir al estadio y ella, junto con otras mujeres se dedicaron a recorrer distintos lugares de turismo, únicamente nos encontrábamos por la tarde y no estábamos para muchos “chiches”. Finalmente se llevó a cabo el partido, fue una verdadera fiesta a estadio casi lleno, pero ese día con fiesta-reunión al final de todo, terminé como si me hubieran pasado una aplanadora por encima. Nos quedaban cinco días para disfrutar y ya bastante distendido comencé a mirar con otros ojos a las mujeres de la delegación, no me fue tan imperioso andar haciendo turismo con Belén, además ella, junto con mi suegra, mi madre y otras mujeres se prendían a las salidas turísticas y me quedaba mucho tiempo para que los colmillos me volvieran a surgir. Varios de los que habían llegado desde otros lugares de Europa ya se habían ido después del partido y en el hotel quedaban algunas habitaciones vacías, entonces se me dio con que podía aprovechar a alguna de ellas.
Un par de billetes de Euros con uno de los Encargados de la recepción y tuve una habitación discreta para usarla cuando creyera conveniente. La oportunidad se dio en una de las mañanas, el comedor en el horario del desayuno estaba bullicioso porque las mujeres y varios hombres se aprestaban a salir en un tour que les llevaría hasta la noche, Belén me preguntó si podía sumarse a la salida y como ya le había avisado que visitaría a conocidos de la ciudad, no tuve inconvenientes en que lo hiciera, ella no hablaba el idioma y se encontraría un tanto desubicada con mis amigos. Luego de que salieron el silencio en el lugar se tornó un tanto sepulcral, los alemanes no estaban acostumbrados al bullicio de los latinos y de eso mismo estaba conversando con uno de los Encargados de la recepción cuando apareció Nadenka para tratar de desayunar. Había salido la noche anterior con otras mujeres y sus parejas a bailar a un boliche nocturno, se notaba que se había excedido en las copas y le costaba recuperarse.
Parece que anoche estuvo movida la cosa, ¿no?, -le pregunté con una risita cómplice-.
Ni me hables, acá la cerveza es mucho más fuerte y mezclada con no sé qué otra bebida nos “pegó” fuerte, mi hermana está destruida y no puede levantarse, creo que iré al spa y a darme unos masajes.
Tengo una habitación con jacuzzi y creo poder conseguir unos aceites para masajearte la espalda, si te animás…
Dale, aprovechemos, siempre, por una cosa o por otra, nos quedamos con las ganas y, “lo que pasa en Alemania, se queda en Alemania”, jajaja, -contestó totalmente decidida-.
La hija mayor de Peter no estaba para “mimos” raros y nos fuimos directos a la habitación, me comió la boca con ganas cuando cerré la puerta del cuarto y se tiró en la cama extendiéndome los brazos a la par que me pedía que la desnudara. Fue una delicia ver como aparecían sus tramos de piel y como se retorcía cuando la acariciaba, no paré hasta que su cuerpo se me ofreció completamente desnudo y recién allí me saqué la ropa. Su mirada me incitaba, pero “la rusa” me sorprendió para mal. Se quedó así, desnuda y con los brazos en cruz, apenas con las piernas un poco entreabiertas y entrecerró los ojos esperando a que yo subiera sobre su cuerpo en la posición del “misionero”. Me quedé mirándola y verdaderamente pensé que me estaba haciendo una broma, pero no, no fue tal, la “rusita” estaba dispuesta a ser cogida y se me dio que a eso estaba acostumbrada, a esperar y dejarse coger.
La comparación con lo “caliente” y decidida que era la madre surgió como por descarte y se me dio por pensar que, por algo no tenía pareja, ¿quién cargaría con ese lindo paquete, pero paquete al fin? Demostraba una soltura que, en la práctica, no era tal, no obstante, traté de intentar con un oral brindado con lengua y ganas, sin dudas que estaba excitada, sus pezones chiquitos, pero totalmente endurecidos lo demostraban, aunque al llegar a su entrepierna no existía la lubricación que esperaba, algo mejoré en base a lengüetazos y a las chupadas a su clítoris diminuto, aunque no fue para “tirar manteca al techo”. La completó cuando me decidí a penetrarla, allí hubo lloriqueos, pedidos de lentitud y cuidados, todo muy alejado de lo que se denomina disfrutar, ¿podía haberla forzado o ponerla en cuatro y romperle el culito?, claro que hubiera podido, pero la desilusión con Nadenka fue tremenda.
Ni siquiera llegué a terminar, ella sabía perfectamente el “paquete” que era y trató de disculparse, alegando que le faltaba experiencia, que tenía temores porque yo era muy grande, en definitiva, todo un caso de “mal cogida” o utilizada desde siempre como “figurita decorativa”. Como fuere, le dije que no se hiciera problemas, aunque en mi interior sabía que con la hermanita esto no hubiera pasado, alguna de las dos tendría que haber salido una “fiera” como era la madre en la cama y yo había elegido mal, todo quedó en Alemania, pero la Contadora no me agarraba más.
Esa tarde-noche la recibí a Belén con todas mis ganas y derivó en que nos quedamos dormidos, salimos a pasear los dos juntos después del almorzar y la pasamos genial. Un día antes de regresar se me juntaron mi suegra y mi madre, las dos se escaparon de sus maridos que se habían atiborrado de cerveza la noche anterior y les vino de perlas saber que yo tenía una habitación disponible. Se sacaron chispas las veteranas y con sus culitos parados y apuntándome desde la cama me decían que tenía que ponerlos en condiciones porque ellos se ocuparían de atenderme cuando Belén comenzara a engordar. Risas más, risas menos, se atoraron de verga, mordieron las almohadas y algún que otro grito de dolor-placer se les escapó, pero, finalmente, lograron que les pidiera una tregua que no las hizo detenerse para seguir un rato más prodigándose entre ellas dos y, a fe cierta que fue agradable ver a las dos “veteranas” haciendo “tijeras” y enfrascadas en un “69” casi violento.
El día anterior al regreso fue un maremágnum de corridas, de salidas de compras y de cierta tranquilidad que Peter y yo aprovechamos para hacer reuniones y llenar nuestras agendas con Dirigentes de distintos clubes. El viaje de regreso fue completamente distinto, los ánimos se atemperaron y dormimos casi todo el viaje, ya en nuestra casa Analía pareció multiplicarse para poner todo en orden, no permitió que Belén metiera mano en nada y nos vino bien para descansar y recuperarnos de todo el trajín. Belén se me “pegó” como lapa y me acompañaba a todos lados, en realidad no era algo que me molestara, yo mismo lo incentivaba porque me agradada lucir a semejante mujer del brazo. Dani andaba en el aire por la posibilidad de tener hermanos y se mostraba más que cariñoso conmigo y con la madre, algo que me hacía sentir muy bien, la familia, “mi familia” estaba muy bien encaminada y se me dio por comenzar a pensar en el casamiento.
Tenía que buscar el momento para decírselo a Belén, se me daba por pensar que la impresión sería tremenda, aunque ella me demostraba que estaba bien así pues sabía que era “mi mujer” y yo se lo hacía saber en cuanta oportunidad se presentara. Un buen día me levanté a la mañana y lo llamé a Mario para decirle que preparara bien los autos porque haríamos un viaje, se me había dado por pasar unos días en el campo, hacía años que no iba por allí y tenía ganas de ver cómo andaban las cosas por ese lugar. Se venía encima un fin de semana de cuatro días y no quise dejar pasar la oportunidad, me trasladé con Mario a las oficinas de la Administración, el recibimiento fue similar a los que estaba acostumbrado, con él no tanto, pero si con las empleadas que no perdieron la oportunidad de pedirme las consabidas fotos. La administración se ocupaba de todo lo referente al movimiento del personal, las maquinarias, las ventas de granos y ganado vacuno, el mantenimiento en general y todos los etcéteras que yo no sabía ni podía manejar.
En realidad, a mí me venía cómodo, ellos sólo me presentaban los balances y los saldos de mi cuenta bancaria crecían, así y todo, el Administrador tenía claro que, si a mí algo o alguna persona no me gustaba, no le pediría permiso a nadie para sacármelo de encima. Eso me lo había dicho el veterano Hacendado que me vendió la Estancia, “aunque usted no esté siempre presente, todos tienen que saber que con el patrón no se jode, la gente de campo tiene sus “picardías”, pero sabe bien donde le aprieta el zapato”. Yo no tenía que darle explicaciones a nadie si me aparecía de sorpresa en el campo, pero, para no encontrarme con nada que no me gustara, le avisé al Administrador que estaría unos días en el lugar, él se ocuparía de avisar para que la casa estuviera limpia y en condiciones. De regreso en casa la llamé a Belén y le avisé que nos iríamos unos días al campo, Dani me volvió loco preguntando por caballos, vacas y otros animales, pero Belén estuvo más preocupada por el sitio en que nos quedaríamos.
Le dije que no se preocupara de eso, ella no sabía que el casco de la Estancia estaba compuesto de una casa enorme con galería cubierta en derredor de toda la casa, tenía comedor, un living enorme con ventanales que daban a un parque en que destacaba una pileta de natación adosada a posteriori, una cocina magnífica, ocho habitaciones, cuatro de ella con baño en suite y a los fondos, al costado de la propiedad principal, las casas del personal que prestaba servicios en el lugar, el capataz, el ama de llaves, ambos matrimonios y tres mujeres más, también había casas de puesteros, pero éstas estaban más alejadas de la casa principal, aunque había caminos para llegar a ellas. No era aún época veraniega para usar la pileta, pero el clima de fines de primavera estaba genial y especial para pasar unos días oxigenándose en base a aire puro de campo. Los chicos lo pasarían de parabienes allí y nos serviría a todos. Nadie de la familia conocía el lugar, apenas si algunos sabían que tenía esos campos ubicados entre Bolívar y Henderson, a unos trescientos cincuenta kilómetros de la capital y en plena zona Agrícola-Ganadera.
Mario preguntó si se podía cazar y ante mi afirmativa se consiguió un par de escopetas grandes, Belén se entusiasmó con la idea y lo comentó con la madre, de allí a que se enterara mi madre fue como un chasquido de dedos y pronto tuve a mis suegros y a mis padres prestos para la aventura. La tranquilidad se me fue un poco al cuerno, pero, un par de días en familia y gozando de las oportunidades que te daba el dinero no estarían mal. Finalmente salimos en cuatro autos, la camioneta que llevaba Mario, mi auto y el auto de mi padre en que viajaban los cuatro “veteranos”. No nos apuramos y el recorrido nos llevó unas cinco horas, llegamos a la ciudad de San Carlos de Bolívar, más conocida como Bolívar,recorrimos un poco la zona admirando la tranquilidad de su gente, las calles anchas y la limpieza del lugar, comimos algo en un paradero y continuamos viaje hasta unos veinte kilómetros más.
El GPS no ayudaba en nada, tenía un pequeño plano que me había dado el Administrador, pero el cartel al costado de la ruta que señalaba “Estancia El Fulbito”, me hizo saber que no estábamos mal encaminados. Teníamos como mil metros de un mejorado precario, aunque bien conservado y sin baches, hasta la casa principal, las filas de tres cipreses a ambos márgenes y a lo largo de todo el camino, más los campos sembrados que se notaban a lo lejos, junto a los enormes vacunos negros propios de la raza Aberdeen Angus provocaban el asombro de Belén y de Dani, imaginé que algo similar sucedía en los otros autos. Yo mismo estaba asombrado, había estado sólo un par de veces por allí y cada vez que iba me asombraba algún cambio. Eran las tres de la tarde cuando nos detuvimos frente a la casa principal y bajamos de los coches admirados de las plantas y flores en macetas y canteros, más las reposeras y sillones de mimbre o caños que adornaban las galerías cubiertas.
Jorge, el Capataz, Adela, su esposa y Ama de Llaves, María y Josefina, cuarentonas de buen ver que se ocupaban del servicio y dos chicas que oscilarían en los veinticinco años de nombres Alicia y Elena que cumplían funciones administrativas, nos salieron a saludar. Presenté a todos y no me gustó la actitud de “mandamás” del Capataz, él era el Encargado de todo el personal del campo, de los que se ocupaban de los sembrados, de las maquinarias y del ganado, pero no debería tener injerencia en el personal de la casa en sí, sin embargo, les ordenó a la esposa y a las otras dos cuarentonas para que nos acomodaran en las distintas habitaciones, Mario se mordió para no decir nada y Belén otro tanto.
Yo la hice más fácil, “Adela, nos muestra por favor las habitaciones, yo voy a decidir con cual se queda cada uno”, -le dije ignorando las indicaciones del tal Jorge, además agregué-: “Jorge, según sé, su lugar de trabajo no debería estar en la casa”, el fulano no tuvo más remedio que despedirse e irse para el lado de los galpones, algo que causó satisfacciones en las mujeres del servicio. Recién llegaba y ya tenía que poner determinado orden, pero eso era algo que no me movía un pelo, trataría de pasarla bien y de lo demás se tendría que encargar el Administrador pues allí me parecía que los tantos estaban mal repartidos.
Nos acomodamos todos tal como se había dispuesto y le dije a Adela que queríamos cenar más o menos temprano, quería asado y achuras y comeríamos todos en el comedor principal, “¿todos?”, -preguntó asombrada-, “si, todos, ustedes incluidos, yo no hago diferencias, es más, avísele a Jorge que disponga asado y achuras para el resto del personal, hoy estamos de festejos”. En lo que tardamos en acomodarnos vi por la ventana que traían un par de novillos llevándolos a los galpones e imaginé que habría carne al pie del cañón.
Antes de ponernos a cenar me fui con Belén a saludar al personal, ninguno de ellos me conocía personalmente y hubo agasajos, videos, fotos y una algarabía inusitada en todos ellos. Entre ellos vi a mujeres y chicos y Jorge me puso en conocimiento que era el personal de los puestos, les habían avisado de mi presencia y quisieron acercarse a saludarnos, de paso se quedaron para el asado. Dani y Matías se sintieron de parabienes con los amiguitos que conocieron y quedaron en pasar por sus casas para jugar con ellos, claro que había que llevarlos en las camionetas, pero me venía bien para conocer los lugares donde vivían.
Luego de un rato nos volvimos para cenar y nos comimos hasta los platos, la carne de novillo estaba tierna y era de lo más sabrosa, después del café y de las bromas de mi suegro que decía a quien quisiera escucharlo que nunca había comido un asado similar, “ni yo lo hago mejor en mi propio restaurant”, -decía bromeando con los asadores-. Me paré y golpeando el vaso con un tenedor para llamar la atención, les dije que tenía que darles una noticia importante. “Como sé que Belén no me va a decir que no, además de que ella tendrá que encargarse de la fecha y los preparativos, quiero avisarles que cuando mi mujer quiera nos casaremos y pienso darle mi apellido a Dani”. Tal como lo esperaba, el revuelo fue tremendo, hubo felicitaciones y las consabidas lágrimas de Belén que no pudo controlar el llanto emanado de una genuina alegría, “no te dije abuela, siempre que le dice una cosa linda se pone a llorar”, -acotó Dani y eso provocó la risa de todos-.
Un rato después, se fueron levantando, ordenaron la mesa y llevaron las cosas para lavar, se despidieron los asadores y en un momento dado me encontré solo, me fui caminando despacio hacia el lado de los corrales. Mugidos de animales, oscuridad, tranquilidad, un cielo oscuro poblado de puntos blancos, sonidos de campo acompañados de bocanadas de aire puro y me sentí feliz. Muchas cosas habían cambiado desde que regresé a mis orígenes, otras seguirían cambiando y otras permanecerían, el dinero no me faltaría, tenía a mi familia cerca y creaba una nueva y propia familia, hasta el campo me ofrecía una nueva y buena posibilidad en mi vida, no sería inmediato, pero ya me había atrapado y sabía que tenía a mi lado a la mejor ladera. Ya no existirían los pagos con “favores” (puede que algunos), más no podía pedir, tenía que dedicarme a ser y hacer feliz y me tenía mucha fe para eso.
FIN.
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