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Dominaciónfeb 2024

Ceremonia Secreta

Julio le prometió una sorpresa que desafiaría toda imaginación. Cuando las vendas cubren sus ojos y el aroma a especias invade su piel, Victoria comprende que no es solo una amante, sino el plato principal de una cena prohibida. ¿Está lista para ser devorada?

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A la hora de la cena estábamos impecables, muy bellos diría yo. Julio es un hombre maduro, pero con una apostura que muchos jóvenes le envidiarían. Disfrutamos de volver a hablar de nuestros encuentros y deseos sexuales, los cumplidos y los por cumplir, y nuestra imaginación voló más allá de lo posible, aunque a esa altura yo no sabía qué era posible y qué no.

Aproveché la sobremesa de licores y dulce para preguntarle a Julio por su esposa. Se conmovió un poco y con su sonrisa de nostalgia y placer me contó.

—Rebeca era adorable, la amé y la amo profundamente. Tú me la recuerdas por tu alegría y tus placeres sin límites; así era ella también.

—Entonces el amor estaba sazonado por una gran cantidad de sexo

—Si, mucho y variado. Rebeca era insaciable; bueno no te voy a explicar eso a ti. Creó un mundo donde el sexo era el centro, el placer era el rey y el orgasmo un mandato. Tenía su recuerdo escondido casi dormido hasta que apareciste tú.

Me sonrojé y le sonreí con cariño. El me miró con una mirada de compresión mutua, como de una complicidad pactada sin palabras.

—A Rebeca le encantaban las fiestas donde ella era el centro. Bueno dicho así es nada. Lo cierto es que le gustaba ser el centro de una orgía en la que ella era la única mujer entre un grupo de hombres. No eran reuniones sexuales comunes tenían un ceremonial complejo, y eran divertidas. Para mi verla gozar era ya una fiesta.

Me moría de curiosidad y fantasías desbordadas. Yo en el centro de una orgía era un nuevo juego a que jugar. No sabía si pedírselo a Julio o no, pero cuando me decidí se levantó de la mesa y terminó la velada de pronto. De hecho, se fue a dormir solo a otro cuarto. Me preocupé pensando que estaba enojado conmigo, pero no acertaba a saber por qué.

A la mañana siguiente me levanté en alerta. No sabía lo que iba a ocurrir. Discretamente me dirigí a desayunar y me encontré a Julio muy entusiasmado con su teléfono.

—Buen día— Saludé discretamente

—Buen día mi niña. Tengo una sorpresa para ti. Bueno mejor tengo una sorpresa que proponerte.

—Dime qué es—contesté aliviada de que no hubiera enojo.

—Te conté ayer de las fiestas de Rebeca

—Si, me gustaron mucho

—Bueno había una en particular, una cena en realidad.

—Suena muy bien…

—Aguarda. En la cena habrá cinco hombres y tú serás el plato principal y el postre

—Me encanta. Hace volar la imaginación

—Bien. Entonces prepárate para esta noche. Unas chicas de servicio te ayudarán. Ahora ve y descansa todo lo que puedas te espera una recepción agitada…bellamente agitada.

Descansé hasta principios de la tarde cuando las chicas vinieron a prepararme.

—Señora dese un baño como es su costumbre y luego nosotras la asistiremos.

Me di un baño a conciencia, como siempre. Cuando salí de la ducha para secarme las chicas estaban esperándome con una toalla rosada muy suave y me fueron secando de parte a parte. Quise ponerme perfume, pero me lo impidieron diciendo que no correspondía al evento de la noche. Me envolvieron en una bata y me sacaron del cuarto.

Me llevaron a una sala azulejada, era una especie de spa con una gran bañera en el centro, me desnudaron y me condujeron a ella. Estaba llena de un líquido blanco que pensé era algún jabón o sales de baño, pero tremendo asombro me llevé al ver que era leche. Me indicaron que me sumergiera y allí me dejaron por una hora. Me sentía una pieza de carne siendo marinada, más cuando agregaron a la leche clavos de olor y paprika.

Me secaron con cuidado, pero sin frotar para que no se me irritara la piel y no perdiera el aroma de las especias. Me dejaron descansar desnuda sobre una hamaca de red, a la luz de lo que sucederá creo que en realidad me dejaron reposar.

Al acercarse la hora de preparar la cena se presentó un cocinero, desconocido para mí y tres ayudantes, que me pidieron que los acompañase. Entramos en una cocina muy grande con una enorme mesa en el centro, donde descansaba una también voluminosa bandeja oval. La bandeja ya estaba preparada con una base de salsa viscosa y de perfume de curry; estaba adornada además con hojas tiernas de endivias. En un extremo de la mesa había una escalera. El cocinero me invitó a subir, pero al ver mi cara de desconcierto me dijo.

—Don Julio me advirtió que usted estaría confusa, por lo que me permitió decirle que usted será la base sobre la que se servirá la comida y de usted los comensales tomarán los alimentos. Puedo además decirle que ésta era la práctica de la señora Rebeca. Una cosa más debo ventarle los ojos.

Ahora entendí todo, se develó claramente qué era ser el plato principal de la cena. Había oído de algo semejante pero nunca pensé en ser la protagonista. Como siempre mi imaginación y mi libido me empujaron hacia adelante. Subí la escalinata y guiada por el cocinero me recosté en la bandeja salseada, en ese momento sucedió la crisis. Parece que yo era más culona que Rebeca de resultas que a esa altura las endivias caían de la bandeja. Desesperado el cocinero decidió untarme las caderas con salsa de morrones asados y pegar las hojitas caídas, rogando que no volvieran a rodar.

Cubrieron mis tetas con gran cantidad de salsa y lo mismo hicieron con mis genitales, esternón y ombligo. El resto de cuerpo recibió pinceladas de aceite de oliva con ajo y pimientos. En mis piernas acomodaron langostinos montados sobre mi como una larga pulsera de los tobillos hasta arriba. En mis brazos acomodaron lonjas de diversos pescados fritos junto con rabas. Por encima y debajo de mis tetas había abundante caviar y ostras a los lados de mi esternón. Sólo mi cara quedó libre. Para que me quedara quieta el cocinero me sobornaba con bocados de todo lo que preparaba.

Cuando terminaron de emplatarme era tiempo de llevarme al salón de ágape. Me sirvieron sobre una mesa baja cuya altura dejaba mi cuerpo ligeramente por debajo de lo miembros de los invitados. Me aplaudieron y felicitaron al cocinero.

Sirvieron champaña para todos y Julio me dio de beber mi copa en la boca

—Gracias Victoria me haces feliz y creo que tú también lo serás

Pude oir a los cuatro acompañantes de Julio prometiéndose disfrutes. Las había visto por la tarde, como él eran hombres que rondaban los cincuenta, hombres de campo que mantenían un cuerpo fuerte y cuidado.

Comenzaron a comer discretamente y con cuidado a principio. Pero al rato al mojar un langostino en la salsa de mis tetas o un trozo de pescado en la de mis huevos, los roces expusieron mi fogosidad, la que se reprodujo en los invitados. Sentir sin ver multiplica la excitación. Advirtieron que la salsa escurría de mis genitales por la raya de mi trasero, entonces separaron mis piernas y los langostinos siguieron esa ranura en pos de la salsa con sabor a mí.

—Que deliciosos langostinos con sabor a culo de puta—decían mientras trataban de meter la punta del marisco

Al reducirse las salsas cada roce era un manoseo excitante. Pronto sobaban mis tetas y mis genitales, lamían el caviar de mi cuerpo. Estaba agitada y caliente, había prometido no moverme hasta el final, pero mi pija se estaba levantando de tanto rozamiento.

—A la putita le gustó ser la comida principal— dijo uno y comenzó a pajearme

—Ahora vas a tragar— citó otro juntando caviar con su verga y haciéndomela lamer

La comida se agotó y quedé libre, mis manos recibieron penes para masturbar, mientras me amasaban las tetas. Uno de los comensales me empezó a chupar la verga y meter sus pringosos dedos en mi culo, uno de mis más grandes placeres que mis gemidos no podían ocultar.

—Mirá cómo goza la yegua…Disfrutá mientras te preparan el culo

Julio y otro frotaban sus vergas en mi cara y boca. Mi lengua las atrapaba como podía.

—Así lamelas…que cara suave para frotar pijas tenes por dios

Era como si limpiasen la bandeja de los restos de comida. Terminados los manjares quedé libre. Me arrodillé frente al círculo que los cinco formaron y les chupé las vergas a todos, de a una, de a dos, de a tres. Tomaban y empujaban mi cabeza para que las tragara más profundo.

—Trágalas todas, hija de puta

—Que chupa pijas experta resultó… puede con tres la perra

Me cogieron la boca por turnos, mi baba empapaba mis tetas y se mezclaba con los restos de comida. Chupe también sus huevos sudados que me encantan. Mientras todos me decían

— Que placer verte chupármela y babeala rico que te entre entera en tu boca… pónmela durísima turra

— Dios que rico verte así arrodillada entrando en tu boca… cómo nos pones de calientes y morbosos guacha

—-Si perra que placer sentir tu boca caliente, tu lengua en mi pija salivándola entera… que rico… chupa mis huevos… -

Empecé a tocarme mientras los chupaba

—Miren que puta…así pajéate zorra… que placer coger tu boca ansiosa entrar la pija entera y que babees tus tetas

Quisieron acabar en mi cara todos. Trague la leche que pude y dejé que el resto rodara por mi rostro. Me encanta el semen así en mi boca y cara, me deleita.

Entró entonces el cocinero y sus ayudantes y me llevaron de nuevo a la cocina para preparar el postre. Esta vez fue diferente.

Lavaron mi cuerpo, nuevamente con leche para quitar todo rastros y perfume de comida, y me frotaron canela y chocolate en polvo muy suavemente sin dejar marcas. Me ataron de muñecas y tobillos a un marco de metal que giraba y basculaba por lo que podía quedar en cualquier posición. Así me llevaron al salón. En la mesa había dispuestos helados, cremas y salsas frías y calientes, que los invitados servirían y comerían en mi cuerpo.

Podía sentir helado en un pezón y gotas de caramelo caliente en el otro, me retorcía con esas sensaciones de ardor y frío acompañadas de los lengüetazos que sorbían los dulces.

—Mirá cómo gozan esos pezones…como se paran

Mer lamían, mordían me pellizcaban y apretaban, sólo me aguantaba por estar atada, aún así mi cuerpo se agitaba.

El helado en mis huevos me hizo estremecer al igual que la boca que me los chupo. Crema en mi pene para ser mamado prontamente por dos convidados.

Sentí derramarse salsa de chocolate caliente en la raya de mi culo y mi ano ardiendo, una lengua que prontamente la recogía.

Metían sus manos con helados en mi boca haciéndome chupar sus dedos que entraban y salían como en un coito.

—Chupa los dedos, babealos mami…

Sacaban sus manos babeadas y las frotaban en mi cara mientras me besaban con lenguas profundas y húmedas. Las manos babeadas también se metieron en mi ano dilatándolo para goce de todos.

Yo estaba excitada, pero ellos estaban ya sacados. Creo que querían más y más como yo misma.

Julio me agarró de los cabellos y tiró mi cabeza hacia atrás

—Querés más no?...Estas desesperada por sentir cosas

—Si, quiero más…vos lo sabés muy bien

—Entonces los juguetes

—Si… Por favor

Mientras se desnudaban, uno tomo un látigo de siete colas de terciopelo y azotó mi trasero. El dolor recorrió todo mi cuerpo y volvió hecho satisfacción en mi cara

—Dale más que a la guarra le gusta…lo goza la muy puta

Me dio otros azotes pausados para disfrutarlos mientras se sumaban juegos. Broches encadenados en los pezones que me hiceron gritar para placer de mis salvajes compañeros

—Si cerda empezá a gritar que recién comienza

Me sacaron del marco. Me pusieron una barra separadora para que no juntase las piernas -jamás se me hubiera ocurrido- y el infaltable bozal de bola en la boca. Fuimos a una sala más pequeña tapizada de espejos. Me llevaron a una mesa baja y me pusieron en cuatro atando mis extremidades para no moverme.

Los espejos me permitían ver todo, así noté y sentí que lubricaban mi ano. Me mostraron una vara de bolas anales que de inmediato introdujeron en mi culo. Las primeras fueron insípidas, pero pronto entraron las de gran tamaño, sentía dilatarse mi ano hasta el límite. Se me arqueaba la espalda de la sensación y de no poder moverme. La mordaza hacía que me babeara exageradamente.

—Se retuerce la perra porque le abren el orto

—Mirala ahora—dijo uno que tiró de la cadena abrochada a mis pezones. Lancé un grito ahogado—Bien, turra sufrí tus placeres

Seguían entrando las bolas mientras algunos frotaban sus vergas en mi cuerpo y recibía nalgadas fuertes.

Uno se me acercó por delante y me sacó la bola móvil de la mordaza—Babeame la verga cerda sucia— La empape de saliva y él froto sus huevos mojados en mi cara.

—Preparate perra que ahora salen—y arrancaron las bolas de un tirón…grite como la cerda que era mientras todos gozaban del espectáculo.

—Mirá que pedazo de agujero le quedó…me entra el puño…y a vos te gusta putita

Si, me gustaba que me usasen estos hombres morbosos; quería todo el látigo, las bolas, el puño. ¡Todo!

—No se preocupen mi Vicky dilata mucho, pero se le cierra en seguida—dijo Julio, seguramente recordando al caballo. —Quítenle la mordaza

Julio se arrastró por la mesa debajo de mi —Ahora tocan las vergas de carne mami— me dijo. Yo baje mis caderas para que me metiera la suya que entró con todo mi placer. Pronto sentí una segunda pija entrando por mi ano y más gozo tuve.

—Turra sentí las pijas rompiéndote el orto, movete abrilo más grande…asi putita asi

Una verga más llenó mi boca hasta la garganta y las demás se pajeaban en mi cara.

—Puta chupa verga trágate la mía!

Así repetimos las posiciones cambiando de personajes por un rato.

Viendo que las vergas eran grandes y uno la tenía más larga se me ocurrió que podíamos expandir el juego. Les dije

—Quiero más verga, hagan lo que les pido

Siguiendo yo en cuatro y Julio nuevamente debajo. Le pedí al segundo que se pusiera lo más arriba y todo lo delante de mi culo que su verga le permitiera sin sacármela, así lo hizo y volví a tener dos adentro. Ahora el de la verga larga se acomodó entre los dos y metió la suya la tercera en mi orto. No les puedo contar lo que se siente tener tres pijas vivas moviéndose dentro, dilatando, rozando.

—Que hija de puta!

—Que cerda tragona!

—Que pedazo de culo abierto que tiene, que aguante!

Uno me mostró un pene largo ensartado en un bastón y me hizo una seña como pidiendo permiso, a lo que accedí. Ahora una cuarta pija entraba en mi culo y yo estaba al borde de estallar de frenesí y delirio. Lo completó nuestro quinto invitado cogiéndome la boca.

No duramos mucho así, acabaron dentro y sobre mí. Los cinco quedaron tendidos en el suelo retomando el aire, no tanto por el esfuerzo sino por la excitación. Yo seguí atada a cuatro patas babeando, sudando y con mi pija lagrimeando.

A poco me desataron y me llevaron hacia un sillón

—Ahora el gran final. Todos necesitamos volver a acabar y…

—Y yo quiero tomarme sus leches

El sillón tenía un respaldo corto y dos orejas como los sillones franceses. Me acomodaron al revés, mi cabeza en el asiento mirando hacia arriba, mi cuerpo algo arqueado trepando por el respaldo y mis piernas abiertas sostenidas por las orejas; de ese modo mi pija apuntaba a mi cara y mis manos llegaban a mi trasero. Trajeron un puño grande de látex.

—Quermos verte pajear. El culo con el puño y tu verga con la mano.

Me proporcionaron suficiente lubricante y me ayudaron a encaminar el puño. Empecé a meterlo

—MMM ahh…si asi…eso… un poco más

—Así turra métetelo todo que lo gozas como puta

Cuando entró el puño y llegué a la muñeca lo podía mover con facilidad y empecé a masturbarme

—Ay! Así carajo…así… pajeense por mí que me recalientan…Haganlo por su puta cerda sucia

Todos se pajeaban alrededor mío cerca de mi cara o mis tetas

—Puta te vas a hogar en leche

—Metete mas el puño que me calentás guacha

—Te voy a bañar las tetas de leche

—Oleme la pija y las bolas cerda sucia

Estaba sacada. Mi culo sólo quería estar abierto y ese puño calzaba de lo mejor. Me pajeaba con ganas y era tanta la calentura que no lo graba acabar.

—Ya…ya…mi leche para todos…ahhhhh—Acabé como una yegua bañé mi cara y mi boca de leche

—Bien puta! Como debe ser…Abri la boca que viene la nuestra

—Tragala, es para vos

—Si sacá la lengua que ahí te acabo turra

—Que buena puta Julio, te felicito

Bañada entre tantas leches me ayudaron a sentarme normalmente y les limpié las vergas con mi boca. Todos me agradecieron la fiesta y los juegos. Pedí permiso para retirarme al tocador, en realidad a la cocina para un chapuzón de leche y volver. Ya todos calmados y agotados bebimos unas copas.

Uno de los invitados me miró y me dijo

—No tomes a mal lo que te pregunto, pues al fin y al cabo nos has hecho gozar mucho, pero ¿Por qué te gusta ser tan guarra, tan puta?

—Porque puedo, porque lo disfruto y lo hago bien. No siempre fui así, pero aprendí que refrenándome no conseguía nada…así que desencadené mi verdadera personalidad. Puta, morbosa, ilimitada y muy fogosa

—Me alegro por mí que seas así. Pero también eso me pone muy cerdo, quisiera someterte, humillarte…

—Eso me gusta, y creo que a todos ustedes también

Todos asintieron, pero era tarde y debían marcharse. Me saludaron con un beso y un apretón de nalgas.

Julio estaba orgulloso de mí, era su trofeo. Volví con Julio muchas veces y aprendí especialidades de su esposa que él me enseñó. Pero luego se las contaré a ustedes. Por ahora avancemos en el tiempo, siempre podremos volver.