Mi esposa y la Pandemia. Capítulo 9
Claudio pensaba que solo necesitaba descansar, pero la oficina se convirtió en su escenario de poder. Entre nalgadas disciplinarias y placer prohibido, descubre que el control es el mejor afrodisíaco, hasta que una noticia lo obliga a replantearse quién manda realmente en su vida.
Capítulo 9 Corrigiendo a Elcira
Por la noche después de nuestra conversación, cada uno se fue a su cuarto y nos dormimos sin ningún contacto físico o cualquier interacción de carácter sexual, la verdad es que estábamos reventados y necesitábamos descansar para ir a trabajar el día siguiente. Por primera vez en días mi descanso fue total, no recuerdo sueños o pesadillas y mi cama amaneció más que ordenada.
Cuando sonó la alarma de mi móvil, me levanté aún con algo de sueño y me fui a la ducha, vistiéndome de oficina, para luego desayunar, pero al pasar frente al cuarto de Anto, pensé que sería conveniente verificar si estaba despierta, por lo que llamé suavemente, pero si respuesta, ante lo cual abrí con cuidado y miré a la cama y no estaba, por lo que pensé que ya estaría en la ducha… ¡no sé por qué!, fui a mirar a su baño, sentí claramente que el agua corría… Por un deseo inexplicable, abrí la puerta silenciosamente y me dediqué a mirarla, la verdad es que Anto es preciosa, tiene la cara y las tetas de una modelo del Reino Unido llamada Michelle Marsh y el culo de una modelo erótica llamada Phoenix Marie, la verdad es que me quedé más que el tiempo prudente contemplando su perfección, hasta que ella al ver que alguien la miraba dio un gritito ahogado y me dijo
Anto:!Uy, que susto!
Yo: Perdón, es que me aseguraba que estabas despierta para ir a la oficina, dije algo avergonzado
Anto: Gracias, ya sabes que lo estoy, si me esperas podemos desayunar juntos y deja la puerta cerrada, jejeje
El desayuno que preparé, sirvió para desviar la conversación de mi indiscreción a temas relacionados con lo laboral, en ese momento le indiqué que sería una de las secretarias de gerencia, que Gaby era la otra y que dejaría elegir a la subgerente cual prefería, cosa que le extraño, momento en que le dije que Elcira tenía “Santos en la Corte” y si bien no tenía la obligación de cumplir con todos sus caprichos, prefería mantener mi complicada vida tranquila en esa parte.
Cuando salimos de casa miré su vestimenta la que no solo se veía muy profesional, si no que resaltaba lo bella que era, la verdad es que más que secretaria parecía modelo de revista, por lo que le hice un comentario ad hoc y ella me correspondió con una amplia sonrisa. Llegamos a la fábrica, y comencé el proceso de inducción desde la entrada, la presenté a la gente de seguridad, luego fuimos a mi oficina cruzándonos con varios trabajadores, los que pese a tratar de no ser muy descarados, no podían evitar mirar a la bella Anto.
Llegando a la oficina una alegre Gaby nos recibió y le avisó a Elcira que la nueva secretaria había llegado, por lo que curiosa salió de su gabinete a saludar, y pude ver su sonrisa de satisfacción al ver a Anto.
Luego de una larga conversación, Elcira pidió que Anto fuera su secretaria, a lo cual accedí para alegría de Gaby, la cual no pudo evitar dar un gritito de alegría, cosa que a Elcira no le pareció muy bien, así y todo, dejé a las chicas en lo suyo y yo me puse a entrevistarme con los jefes de cada área y ver cómo estaba todo.
Tras algunos diálogos e informes bastante alarmantes, llamé a todos los jefes de área y a Elcira a una reunión urgente, en adelanto a la usual reunión de coordinación de los lunes. La urgencia de la reunión a la que cité, fue que noté una baja notoria en la producción, cosa que me extrañó, pues la producción en el último tiempo tenía un resultado satisfactorio, estabilizándose prácticamente en el tope de la capacidad de la fábrica. Por lo que apenas estuvimos todos, le pregunté primero a Elcira que luego de muchos rodeos no supo explicar lo sucedido, por lo que traspasé mi pregunta al jefe de operaciones ¿qué había pasado?... En ese momento, me enteré que la citada baja en la productividad, fue ocasionada por una partida de piezas fundidas, estaban falladas son posibilidad de arreglo, por lo que debieron ser refundidas nuevamente.
No lo podía creer, nunca me había pasado, tanto que el Jefe de la Fundición era de mi total confianza, pero ante tal descalabro, lo mandé a buscar. Mientras lo esperábamos pues la fundición estaba a un par de kilómetros, Elcira trató de restar importancia a tal problema, indicando que con un par de turnos extra, podíamos ponernos al día… escucharla me hizo montar en cólera y le llamé la atención frente a todos los jefes de área.
Yo: Señorita Elcira los turnos extra de por sí son extra costes, el refundir el material si es posible usar el mismo es extra costes y si nos atrasamos en las entregas, son desprestigio, ¿aún cree que no es para tanto?
Elcira: Si lo sé, pero no debemos ser melodramáticos…
Yo: Los fallos a mí me pueden costar el pescuezo, como a varios aquí, y si el jefe de la fundición no da lo que necesitamos, también debemos cambiarlo, por eso es importante ver que sucedió, corregirlo y no dejarlo pasar.
Yo: Señorita Gabriela, llame al jefe de la fundición y que venga de inmediato, le dije a mi juvenil cuasi nueva secretaria, la que me dio la impresión de que se alegró de mi reto a Elcira
Continuamos avanzando en la reunión, viendo cómo salir del atolladero, la verdad es que necesitábamos solo un turno extra, que si bien era caro, los ahorros que había hecho en el acertado proceso de producción de pruebas lo permitía. El diálogo con los presentes fue bastante áspero, hasta que llegó el jefe de la fundición, al cual conocía desde el principio del proyecto y hasta ese minuto le tenía mucha fe, y me parecía extraño que tuviese tal tipo de fallo.
Yo: Adelante don Carlos, necesito que me expliqué por qué tuvimos una partida de fundición defectuosa
Carlos: Don Claudio, el problema se suscitó por no seguir adecuadamente el proceso de enfriado y templado de las piezas, cosa que advertí en su momento.
Yo: No entiendo, ¿por qué no siguió el procedimiento habitual?
Carlos: Tal como le dije a doña Elcira, no era conveniente apurar los pasos como ella quería, pues podían pasar este tipo de cosas, pero ella me ordenó que lo apurara todo, reduciendo los tiempos en seis horas, para así aumentar el ritmo de producción ya que la fundición era el cuello de botella para el resto.
Yo: ¿Elcira es cierto?
Elcira: Es cierto, la fundición es el cuello de botella y si reducíamos el tiempo indicado, podíamos aumentar la producción en casi un 30 por ciento.
Yo: Lo discutiremos luego, por lo pronto don Carlos siga con los procedimientos normales y no trate de apurar lo que no se debe apurar, buscaremos otras soluciones
Carlos: Podríamos comprar producción a la fundición de FAH, que queda a unos kilómetros de aquí y habitualmente tienen capacidad ociosa.
Yo: Indague junto con Martín el Jefe de Operaciones y cuando tenga una respuesta lo estudiaremos, gracias
Terminada la reunión, aún estaba enojado, pese a que la situación si bien era seria, no era trágica. Cuando todos salían de la habitación, le dije a Gaby que avisara a Elcira que viniese a conversar conmigo, ya que se escabulló antes de que yo mismo se lo dijera. Mi adorable secretaria me sonrió y me dijo que sería un verdadero placer.
Una impertérrita Elcira entró a mi oficina, nuevamente sin llamar, cosa que me molestó, la verdad es que ésta casi adolescente engreída, se comportaba como la princesa del reino, pese a que se había mandado un marrón de padre y señor mío y además de no informarme de la situación apenas la supo, ni siquiera se disculpó o algo, por lo que primero le hice tomar asiento antes de cantarle unas cuantas verdades.
Yo: Señorita Elcira ya que está adentro cierre la puerta y siéntese
Elcira: ¿Por qué debo cerrar la puerta?
Yo: Para que nuestras secretarias no vean y escuchen como le llamo la atención
Elcira: ¡Soy la sub Gerente!
Yo: Y yo el Gerente y usted cometió un gran error, por eso le estoy llamando la atención y aprenda de su mal proceder dije tratando de controlar mi enojo y no ser demasiado abusiva, dado los tiempos que vivimos
Elcira, malhumorada, cerró la puerta y se sentó frente a mí, su cara era desafiante y demostraba su molestia, por lo que traté de ser suave en mi llamada de atención y dejarle ver su error.
Yo: Elcira, cuando usted llegó, le advertí que antes de hacer cambios. hiciera un análisis detallado y escuchara a la gente que tenía más experiencia, cosa que al parecer no hizo…
Elcira: Lo hice, mi error fue que, ante un dubitativo jefe de la fundición, di una orden.
Yo: El Jefe de la Fundición es uno de los mejores Maestros de Fundición del país, tal vez no sea muy asertivo, pero lo elegí por su sapiencia, usted omitió su gran experiencia, además de que los cálculos de producción fueron muy precisos, no es necesario aumentar la producción sin un aumento de la demanda.
Elcira: Usted es un tipo de visión muy limitada, si aumentamos la producción mejoraremos nuestra posición en el mercado y ante los Directores.
Yo: Y usted es una niña mal educada, que no aprecia a los mayores y sus argumentos no me convencen, dije ya perdiendo el control de mi genio, pero aún en un marco de educación.
Elcira: Porque usted es un idiota, tan idiota que su mujer se debe haber dado cuenta de eso, por eso es un gran cornudo, dijo con furia.
Yo: Mira niñita engreída, no mezcles las cosas, deberías estar pidiendo perdón por todo y no tratar de insultarme.
Elcira: No pienso hacerlo, usted no es digno de eso.
Yo: Pendeja malcriada, debieron de darte unas cuantas nalgadas, antes de que fueras como eres, respondí con ira.
Elcira: ¿Y usted el cornudo me las va a dar?
Yo:!Sí!, dije perdiendo el control.
Me levanté de mi silla con mi furia desatada, ella por primera vez se dio cuenta del error que cometió por insultarme, por lo que trató de escapar, parándose para dirigirse a la puerta, pero era tarde para escapar, la tomé de la muñeca atrayéndola hacia mí, me senté en la silla que ella misma había desocupado y colocándola de bruces sobre mi regazo, le di el primer azote con mi mano abierta.
Elcira: ¡Ay bruto!, no puedes hacer eso
Procedí a darle la segunda nalgada, en esta oportunidad su falda se corrió para dejarme ver su culo enfundado en unas sexys pantimedias y bragas, la verdad que eso me distrajo por un momento y mi furia se calmó, pero necesitaba darle una nalgada más, ya que dos eran muy pocas según mi padre, y le di la tercera, dejando mi mano apoyada tres segundos en el sexy culito que se gastaba mi supuesta ayudante
Elcira: Me haces daño bruto cornudo, basta que te denunciaré a las autoridades
Yo: Te las doy para que te duela y las recuerdes, además debes aprender a ser respetuosa pendeja malcriada y si se lo dices a las autoridades yo se lo diré a tu familia y a todo el directorio
Elcira: ¡Pafff!, Ay, duele, está bien, perdón no me pegues más y saca tu mano de mi culo.
Yo: Muy bien puedes irte y cualquier cosa que decidas, me la informas antes a mí y si lo autorizo expresamente lo ordenas, además, mañana analizaremos lo que haremos para superar la “cagada” que hiciste.
Elcira: Como digas Claudio, dijo por fin sin ironía o sarcasmo.
¿No sé por qué?, mi reunión con Elcira fue el comidillo de la fábrica dentro de la siguiente hora, pero pienso que mi “inocente secretaria”, Gaby, tuvo mucho que ver, jajaja. Incluso Anto que solo llevaba horas en su nuevo puesto, apenas subimos al auto para regresar a casa me dijo:
Anto: ¿Por qué doña Elcira entró a su oficina sobándose el culo?
Yo: No debes meterte en eso, fue una reunión a puertas cerradas
Anto: Sí me interesa, tal vez le rompiste el culo como a mí y dudo que tuvieras protección para tu amiguito en la oficina.
Yo: Le di unas cuantas nalgadas por torpe y malcriada y si le dices eso a alguien, también te las daré a ti.
Anto: Ya tengo suficiente con descontar veces, jajaja
Iniciamos camino a casa conversando de su día y de cómo se sentía en esta “nueva aventura”, en otra ciudad, en otro trabajo y con sus nuevos jefes, más trivialidades que no viene al caso contar. En un momento guardé silencio, pues estaba algo estresado con la “cagada de Elcira” y rumiaba mi enojo, hasta que en la puerta de entrada Anto me dice:
Anto: Creo que necesitas relajarte
Yo: Sí, fue un día tortuoso.
Anto: Tal vez yo te pueda relajar, jejeje
Yo: ¿En serio?
Anto: ¡Sí!, incluso podemos hacer que valga por tres, jejeje
Yo: Me encantaría relajarme
Anto: Bien, primero nos relajamos, pero no quiero cocinar, ¿delivery?
Yo: Acepto, dije dichoso, la situación era como cuando nos poníamos de acuerdo con Maite
Entramos a la casa y dejamos nuestras cosas en los respectivos cuartos, pensando en lo que me esperaba tomé una pastilla de Cialis, de las que usaba cuando follaba con Maite y las otras chicas, para después encontrarme en la sala con Anto, y enfrentándonos a la altura del único sofá que teníamos la abracé dándole un tórrido beso, ambos nos mirábamos en silencio, cuando ella sonrió en forma picaresca, la verdad es que me abalancé sobre ella y comencé a mover mis manos por encima de su ropa, a los minutos nos quedamos totalmente desnudos.
Anto que estaba siendo asaltada por mí, me sacó de encima y colocándome de espalda en el sofá, luego se inclinó sobre mí para darle un besito a la punta de mi verga y luego con una delicadeza celestial se la metió en la boca… abarcó con su boca lo máximo que pudo, se la fue tragando centímetro a centímetro hasta llegar a topar en su campanilla, mi herramienta estaba dura como el acero por lo que hizo que se atorara y tuviera arcadas, afortunadamente no alcanzó a dañar a mi amiguito. Cuando controló su tos, fue moviéndose de atrás hacia delante, chupando mi candente verga.
No podía creer lo que había aprendido conmigo, aún se notaba inexperta ya que empezó con movimientos algo torpes… pero mejoró rápidamente, creo que fue agarrándole el truco, aunque le costaba y se atragantaba de vez en cuando. Dentro de la suavidad que quería imprimirle a su mamada, se notaba que su accionar era decidido, quería complacerme a como diera lugar, Anto me sorprendía… ¿Dónde está su espíritu de lesbiana?
Yo por mi parte me dediqué a disfrutar de la mamada de ¿mi amante?, sentir sus labios deslizándose por mi endurecida hombría me hacía sentir cerca del cielo. ¿Cómo decirlo?, el solo sentir sus labios apretando el tronco de mi verga subiendo y bajando sin cesar, me tenía loco y a punto de correrme. Afortunadamente para mí, le falló la respiración y le vino un acceso de tos, por lo que se la sacó de la boca, y los hilitos de baba le quedaron colgando de sus labios mientras recuperaba la calma y regresaba a su tarea, eso evitó que yo estallara en un orgasmo, pues quería seguir disfrutando de Anto.
Se la volvió a meter, chupando y lamiendo con mucha babita, ahora muy lento y calmado, evitando nuevas convulsiones por la tos, dándome mucho placer. Yo por mi parte quise corresponder a su cariño y comencé a acariciar sus dorados cabellos, cerrando los ojos pensando que estaba en su interior.
Estiré mi brazo y lo metí entre sus piernas acariciándole su coño y una de sus lindas y perfectas tetas, mi verga se endureció aún más si ello es posible, y sin alcanzar a nada más que dar un sonido gutural de alarma, me corrí en la boca de Anto… Ella aguantó estoicamente que toda mi leche le inundara su boca y pese a su asco inicial, en un esfuerzo heroico se la tragó toda. De pronto se incorporó y me dijo:
Anto: ¿Te gustó?, ahora solo me falta limpiarla...
Yo: ¿No te tragaste todo?
Anto: Según Maite, después de tragar hay que limpiar…. además, apenas pude tragar jejeje… En todo caso ¿Te gustó corazón?, dijo tratándome por primera vez con palabras cariñosas
Yo: Me encantó, fue mi lacónica respuesta, aún sorprendido por sus palabras y dulce tono
Anto: Seguro que le encantó, jajaja, te hubieses visto la cara, jajaja
Yo: ¿Cómo fue mi cara?
Anto: De Puro Placer… Creo que, para continuar, necesito cariño y tú necesitas recuperarte, jejeje, dijo con picardía.
Yo: Tienes razón ahora tú recuéstate
Una vez con Anto sentada con las piernas abiertas sobre el sofá, me puse en posición y comencé a besarle el interior de sus piernas en dirección a su coñito, en esta oportunidad no dio ningún respingo, pero al minuto de iniciada la faena de comerle el coño, pasando mi lengua y labios por su abultada rajita ella me dijo:
Anto: ¡Estoy más que lubricada!
Yo: Lo sé, lo noto en tu sabor, jejeje. Estamos combinando lo útil con lo agradable
Anto: ¿Lo útil con lo agradable?
Yo: Sí, útil para ti, una menos a la cuenta y agradable para mí, ya que pronto te follaré.
Anto: Yo, solo quería que te relajaras y no deseo agradarte
Yo: Lo sé, pero no dejas de ser bella y agradable, y eso me gusta, jejeje
Anto: ¡Ahh, claro… bueno dale!
Volví a meter mi cara entre sus piernas, ella ahora las abría sin limitarse, la llené de besos y lamidas, luego con dos dedos de una mano le abrí los labios vaginales y comencé a comerle el interior del coño, en especial su botoncito de placer. Anto no emitió ningún comentario, solo comenzó a gemir y a acomodarse para que le comiera mejor el coñito, mi otra mano se aventuró a uno de sus cachetes del culo que sobresalían del sofá, por el que tampoco dijo nada, dada su “pasividad” metí mis dos manos en su culo y levantándole un poco la cadera me di un tremendo festín de coño y clítoris, nuevamente Anto comenzó a gemir y podría decir que casi gritar
Anto: ¡Ahhh.... mmm, sí… ahhh, dale…. ahhh… me matas…. sí… ahhh!
Le di con ganas mi tratamiento especial de lengua, no paré hasta que se corrió por primera vez, sin usar mi verga con ella, por fin había dejado de lado parte de su renuencia y limitaciones, para estar conmigo, osea un hombre… se estaba comportando como una chica normal.
Anto: ¡Ahhh.... mmee… coorroo, sí… ahhh, dale…. Ahhh… me corroo…. sí…ahhh!
Yo: Muy bien, ¿te gustó mi lengua?, prepárate que ahora te follo, jejeje
Anto: No seas malo, me has matado, deja que respire un minuto, jejeje
Yo: Muy bien, pero quiero descontar la segunda, jejeje.
La esperé un minuto cuando mucho, me puse entre sus piernas y tomándola de las caderas sin ser demasiado cuidadoso, se la metí hasta el tope de un solo golpe, pues Anto ya sabía cuánto calzaba y si no se había dado cuenta, ahora lo supo. Fuera de un profundo gemido inicial y la gran apertura de sus ojos azules ante mi acometida, ella no hizo o dijo nada, por lo que comencé con un más apasionado mete saca, sin darle descanso alguno, pronto Anto comenzó a agitarse y a seguir el ritmo de mis estocadas con sus caderas, en eso la tome de los cachetes del culo y le di una verdadera andanada de estocadas, casi demenciales, ella ahora nuevamente abrió los ojos para no cerrarlos, hasta que le derramé mi segunda carga en su interior, al tiempo que se corría.
Anto: ¡Uff! Me diste duro, nunca me había corrido tanto de una sola vez, ahora entiendo las recomendaciones de Maite… fue… no sé….
Yo: Bueno, ¿grandioso?
Anto: No eres para nada modesto, pero sí, fue grandioso, nunca lo había “sentido tanto”
Yo: ¿Más que con Maite?
Anto: Diferente, son cosas diferentes, con ella hay sentimientos de por medio, sin ofender
Yo: Ya no me ofendo Que bueno que logramos combinar lo útil con lo agradable, llevamos dos, jejeje
Anto: Yo tampoco me ofendo, jejeje
Yo: ¿Ya no te da repelús conmigo?
Anto: En un principio, pero Maite insistió que tú eras el indicado para probar un hombre… en un principio… pero ahora no…
Yo: Tengo hambre…
Anto: Yo también, ¿pedimos algo?
Yo: Sí, pero no te vistas, aún falta…
Anto: Pero ¿cómo recibiré el delivery?
Yo: Nos ponemos una bata
Anto: No tengo
Yo: Una de mis camisas
Anto: No sé, soy alta no sé si una camisa tapará mucho, pero si así lo quieres, lo haré, pero que conste me da vergüenza.
Uo: Yo estaré ahí
Pedimos unos sándwich y fuimos a por la bata y la camisa, ella muy coqueta se puso una camisa de leñador que uso para mis “manualidades”, se veía de comérsela y efectivamente como es alta, apenas le tapaba su coñito, cuando llamaron al timbre, ella se puso nerviosa y la tonalidad de su cara cambió del habitual pálido casi transparente a un rojo intenso, por lo que yo fui a buscar nuestra comida a la puerta.
El chico que entregaba la comida actuó en forma normal, hasta que de pronto se puso nervioso. En eso me di cuenta que Anto se asomó por detrás, tapándose parcialmente con mi cuerpo.
Apenas cerramos la puerta nos reímos por la reacción del repartidor, mientras nos dirigíamos a la cocina con la idea de preparar unas bandejas con nuestra comida, lamentablemente descubrimos que no teníamos, miré a la bella Antonia por detrás y mi visión fue de lo más erótica, su culo apenas se asomaba bajo mi camisa, pero lo poco que se veía me calentaba y solo pensaba como le rompería el culo más tarde.
Nos sentamos en la mesa de la cocina y mientras comíamos Anto sacó el tema de su jefe Elcira, preguntándome de qué se trataba el problema, a lo cual le hice un resumen sucinto y comenté que si bien teníamos algunos fondos de contingencia y ahorros por eficiencia de las partidas anteriores el marrón era grande, por lo que necesitábamos recursos que no teníamos. De pronto Anto me dijo
Anto: Ella vive en un hotel cinco estrellas que debe costar un dineral
Yo: Sí, pero es la sobrina del gran jefe e hija de uno de ellos.
Anto: Pero el marrón lo hizo
Yo: Sí
Podría pagar parte de su marrón saliendo del hotel y destinando esos recursos a la deuda
Yo: Sí pero dónde viviría
Anto: Aquí, o sea en la casa de huéspedes, es linda, cómoda e independiente, además podemos ahorrar en traslados, dejando su coche aquí y yendo a trabajar con nosotros.
Yo: La verdad no es mala idea, pero no sé si aceptará
Anto: Ya la castigó con unas palmadas en el culo, si se pone difícil, le da otras más y aceptará, jajaja
Yo: Sí, claro, aceptaré con tal que no le duela el culo y pueda sentarse, jajaja
Bueno, cenamos y descansamos un poco, pero pronto Anto, de forma muy entusiasta, se puso de pie y acercándose a mí me tomó de la mano, llevándome a mi cuarto y de la cajonera de mi velador, sacó un condón, entonces me miró diciéndome.
Anto: Ya quiero que me partas el culo igual que a Maite
Yo: A ti ya te he partido el culo, porque igual que a Maite
Anto: Porque es una furcia que me tiene aquí
Si bien me extrañó su último comentario, ante esa invitación, ni lo pensé, simplemente me acerqué para que ella me pusiera el condón delicadamente y me puse tras ella, comenzando a puntear su hermosos culo, ella se subió a la cama, se puso en cuatro… luego le abrí sus duros cachetes revelándose su orto perfecto... puse mi hinchada verga en su agujerito metiéndosela lentamente, luego, me afirmé de sus caderas e inicié un suave mete y saca… A su vez Anto recostó su cabeza en la cama y comenzó a dedear su coño, soltando los primeros gemidos.
Anto: ¡Ay!... duele un poco. más suave
Yo: Sí, pero después lo disfrutarás, tranquila, te voy a tratar bien para que te acostumbres.
Anto: Recuerda que vale por una completa
Yo: Sí hoy descontaras tres, dije con seriedad
El culo de Anto aún no estaba totalmente a la medida de mi verga, pero se abría sin mayores problemas, creo que su candente deseo ayudó en el tema. Es así que me afirmé lo mejor posible de sus caderas y la follaba cada vez más rápido, profundizando las estocadas hasta que chocaba con mi pubis los cachetes de su duro culo, mientras Anto se dedeaba con pasión. El ambiente se estaba caldeando, más con el ruido de nuestros cuerpos chocando, que resonaban en la habitación, era morbosamente excitante.
Follaba a Anto por el culo cada vez más fuerte, algo que nunca soñé que sería tan voluntario y me tenía con la libido muy alta y con mi corazón desbocado, al tiempo que su coño aún chorreaba de su calentura y de mi leche… No sé en qué momento mi perversión se disparó y le saqué la verga de su culo, y derramé lo que quedaba de mi leche en sus cachetes.
Yo: Ufff, fue lo máximo
Anto: ¿Ay, podré caminar después de eso?
Yo: Espero que sí, jajaja, no sé si te pueda llevar en brazos a la oficina
Dado el “milagro del Cialis”, me endurecí nuevamente y sacándome el condón, volví a metérsela por el coño, mientras ella se afirmaba del respaldo y se dejaba hacer, sin dejar de gemir y boquear, por la calentura que la tenía al borde del orgasmo nuevamente
Anto: ¡Me corro, Clau me estás matando!
Yo: Córrete, córrete….
Ella se derrumbó en la cama totalmente ida… Sin correrme aún, saqué mi verga de su coño y me puse al lado de su cabeza pajeándome con frenesí. Anto abrió la boca metiéndose mi verga… me la chupó unos instantes, lo que hizo que me corriera como burro, ya eran demasiadas sensaciones, el follar a mi total placer a Anto, era demasiado.
Agotados de tanto sexo, los dos decidimos acostarnos a dormir en mi cama, por lo que así desnudos como estábamos y pringados de fluidos nuestros cuerpos nos dormimos hasta el otro día. No supe cuando amaneció y menos cuando Anto despertó, ¡la busqué!, al ver que no estaban a mi lado, grande fue mi sorpresa cuando las descubrí en la ducha de mi cuarto, por lo que entré sin ser llamado y comenzamos un morreo espectacular, cosa que hizo entusiasmar a mi amiguito, por lo que ni corto ni perezoso, se lo puse entre las piernas y el coño mientras la ducha bajaba por nuestros cuerpos.
Anto: Despertó mi Jefecito…
Yo: Y muy entusiasmado
Lamentablemente la ducha debió terminar antes de “profundizarla”, pues debíamos desayunar, ordenar el cuarto, y alistarnos para la oficina y todo lo que eso implica… sin lugar a dudas creo que los dos hubiésemos deseado seguir en ella.
Estuvimos puntualmente preparados para irnos a la oficina, es más, el personal de aseo llegó un poco antes y entró a la casa… Fue muy bueno de nuestra parte haber estado listos antes, pues no sería bueno que las señoras del aseo nos hubiesen descubierto follando.
Cuando llegamos a la oficina, le dije que le avisara a su jefa que nos reuniremos con los jefes de finanzas y operaciones, para definir las medidas que necesitaríamos adoptar para superar el fallo productivo.
Elcira llegó veinte minutos antes de la hora de la citación, y como esperaba, su actitud seguía desafiante… después de saludarme con algo de desdén, me dijo que la reunión no era necesaria, pues hablaría con su padre y tío para que le perdonaran su fallo.
Yo: Por ningún motivo, si lo haces será no solo un desprestigio, si no que la pérdida de confianza en mí, en ti y toda la plana mayor de la fábrica
Elcira: Pero es la única solución que veo…
Yo: Yo tengo una solución diferente, claro que requiere un pequeño sacrificio de la causante.
Elcira: ¿Te refieres a mí?
Yo: Sí, me refiero a ti
Elcira: ¿Qué pretendes?
Le conté las ideas que me dio Antonia, como si fueran propias, y después de un incipiente intento de reacción por su parte, tuve que interrumpir su oposición, pues llegaron el resto de los citados y se inició la reunión, vistas los costos del fallo, luego vimos los recursos que podíamos usar para cerrar la brecha y que nos faltaba para superar todo. Cuando plantee el uso de los recursos destinados a pagar el alojamiento de Elcira y el ahorro de combustible de su coche, prácticamente podríamos cubrir todo, quedando un déficit menor que era menos del 2% de déficit.
Terminada la reunión tanto el líder de finanzas como el de operaciones, Elcira se puso de pie y cerró la puerta.
Elcira: Veo que todo estaba definido, sin preocuparte de mi opinión.
Yo: Si tienes una mejor solución dámela.
Elcira: Eres un bastardo engreído que cree que soy su secretaria…
Yo: Elcira por favor, más respeto, no quiero tener que volver a castigarte
Elcira: Pedazo de mierda degenerada, solo quieres tocarme el culo, dijo tratando de abofetearme.
Nuevamente la detuve, y sentándome la puse en mi regazo y le di sus tres nalgadas, dejando en cada oportunidad mi mano por tres o más segundos en sus nalgas firmes y redondas, esa posición dominante me excitaba.
Después de las nalgadas, la dejé pararse y me fui a mi oficina, ella trató de decirme algo pero no la dejé y le dije:
Yo: Haz el check-out del hotel, Anto te ayudará y te llevará a tu nueva morada.
Elcira: ¡Eh!…
Yo: Vamos, vete a solucionar el problema.
Mas tarde me dirigí a casa, pues Anto debiese estar con Elcira en la casa de huéspedes y yo quería salir a correr y pensar en lo que tenía que hacer y llamar a mis hijos por videollamada, los extrañaba… y también extrañaba a Maite, pese a que ella era la culpable de todas mis tribulaciones, ya que había estremecido todo en mi vida… Así y todo no podía dejar de amarla.
Al llegar me di cuenta que Anto y Elcira estaban en la casa de huéspedes, así que me vestí con mi ropa deportiva pensando en pasar por allá antes de salir a mi ya necesario trote. Estaba casi listo con mi cambio de ropas, cuando una furiosa Elcira entra a mi cuarto diciéndome:
Elcira: ¡Quieres que viva en esa pocilga!
Yo: Si te refieres a la casa de huéspedes no es una pocilga y sí quiero que vivas ahí y en cuanto a tu impertinencia, que coño te crees niñata, ¿no sabes llamar a la puerta? ¡qué tal si estoy calato?
Elcira: No creo que haya mucho que ver, por otra parte, no hay nada de comodidades y ¿quién se encargará de todo?
Yo: Jajaja, de lo primero no sabes mocosa, jajaja, de lo segundo yo la encuentro mejor que un cuartucho de hotel por muy elegante que sea y finalmente, no te cuesta nada hacer tu cama, que del aseo se encarga una empresa.
Elcira: De lo primero, creo que no hay nada que ver, pues por algo te cornamentaron y no estoy acostumbrada a vivir como pobre.
Yo: Te falta mucho por aprender y como decía mi abuela la letra con sangre entra.
Luego de esa falta de respeto, me levanté de la cama donde aún trataba de calzarme las zapatillas, la tomé de la muñeca y como ya era una costumbre, la atraje hacia mí y tomándola de la cintura le di las tres nalgadas que se merecía con creces.
Elcira: ¡Pafff! sonó mi palmazo en su culo… ¡So bestia!, eres un bruto me dijo con la primera nalgada.
Yo: Tal vez pero debes aprender, dije manteniendo mi mano sobre su redondo culo.
Elcira: No eres mi padre ni mi madre… ¡paff!…!Ay!, eso duele, dijo mientras mantenía mi mano en su culo y por primera vez le apreté uno de los cachete con mi mano
De pronto de reojo vi como Anto tapándose la boca con la mano para aguantar la risa nos miraba desde la entrada a mi cierto, le sonreí y guiñé un ojo, lo que hizo que tuviese que salir de ahí para no morirse de la risa y ser descubierta por su nueva jefa.
Elcira: ¡Ay que haces no me aprietes el culo, eso duele
Yo: Te lo mereces, debes aprender quién manda aquí…. ¡Pafff! sonó el tercer palmazo y sin más le apreté el otro cachete de su exquisito culo, el que sin ser muy grande era más que apetitoso
Elcira: Está bien dijo, soltando algunas lágrimas, sniff, sniff… perdón
Yo: Muy bien, dije, sobándole el culo con total descaro, eso está mejor.
Elcira: Déjame no seas salido y no hagas guarradas
Yo: Elcira, debes aprender quién manda, ¡Paff! le di otro palmazo
Elcira está bien, dijo ella perdón.
Yo: Muy bien, dije sobándole el culo nuevamente… Ahora vete que quiero trotar… cenaremos a las siete treinta
Elcira se liberó de mi abrazo y salió con los ojos llorosos de mi cuarto, por lo que volví al menester de calzarme las zapatillas, cuando en eso se asomó Anto llamando a la puerta pese a estar abierta.
Anto: Jajaja, ¿puedo pasar?
Yo: Sí, ¿también quieres que te dé palmadas en el culo?
Anto: No, esas no descuentan veces, jajaja
Yo: ¿Qué quieres?
Anto: Solo venía a solazarme de lo que le hiciste a la brujita perversa, jajaja
Yo: Veo que eres una loca pervertida, jajaja… acompáñala para que no esté triste a la cena.
Anto: Sí, jajaja, ¿después de la cena hacemos un descuento?
Yo: Sí claro.
Salí a trotar un par de kilómetros para despejar la mente, pero poco pude hacer al respecto, pues el recuerdo de Maite volvía a cada momento, así y todo me sirvió para meditar en el tema del divorcio, del cual si en un principio para mí era una realidad, por momentos se volvía incierto, es más, cuando ya estaba más que cansado y sudado en mi regreso a casa, pensé que tal vez podía divorciarme, pero continuar viviendo con la traidora, pues ella no solo era parte de mi vida, si no que era prácticamente parte de mí.
Me duché a mis anchas, solo, por lo que gasté poca agua, pese a estar aún inmerso en mis pensamientos. Terminada mi ducha, me vestí de pijama, luego tomé mi móvil y llamé a Maite coordinando mi videollamada con los niños, necesitaba verlos y debo confesar que a su madre también. Para estar más cómodo, fui a la sala.
Durante la video con los niños, me sentí bien con ellos, pues estaban felices de estar hablando conmigo y ya deseaban venir a vivir conmigo y mamá a la nueva ciudad… Al término de mi video con ellos, mi linda suegra los llamó para ir a la cama, casi cuando iba a cortar la llamada, Maite me dijo:
Maite: Claudio, espera te tengo que decir algo
Yo: Dime Maite
Maite: Pronto voy a viajar para que estemos juntos
Yo: Pero aún no terminamos las veces con tu hermana y Anto
Maite; Si no voy luego, después no podré viajar en avión, la aerolínea acepta solo hasta 32 semanas de embarazo
Yo: ¡Tanto ha pasado!
Maite: Sí, tengo 29 semanas de embarazo
Yo: Muy bien, pero los niños aún no terminan las clases
Maite: Viajaré yo con Sofía de acompañante, la que desea terminar sus veces, luego mamá con los niños y tal vez papá.
Yo: Muy bien dime el vuelo exacto para recogerlas en el aeropuerto
Me llené de dudas si era conveniente que Maite llegara físicamente a mi vida, la verdad es que no puedo perdonar su traición, pero no puedo vivir sin ella. Cansado de mi día me volví a mi cuarto, pues como dice el dicho, a cada día su afán y mañana debíamos componer el marrón de Elcira, pues las cosas no se hacen solas.
Estaba ya en mi cama con la luz apagada cuando sentí que un cuerpo se metía bajo mis sábanas… la verdad no me lo esperaba, pues no había obligado u ordenado a Anto que viniese a cumplir con las veces… a propósito, yo había dejado de contarlas y sinceramente no me importaba si ella llevaba la cuenta, era su problema.
Todo se volvió más raro aun cuando Anto se pegó a mí y rodeándome con un brazo me besó en la mejilla y me dijo buenas noches, a lo que yo casi en los brazos de Morfeo, atiné a contestar, buenas noches.
Al día siguiente desperté con una Anto desparramada en mi cama, solo en ese instante me percaté que estaba vestida para matar más que dormir, pues lucía unas picardías que me hacían desearla con solo mirarla, por un momento lamenté haber estado tan cansado anoche.
Después de mirarla por un rato no sé por qué, pasé de ella y me fui a la ducha, no quería follarla ¿raro no? Al regresar del baño aún húmedo por mi prolongada ducha, me encontré con una Anto que se estiraba remolona me saludaba casi afectuosamente y sin decir más se desnudó frente a mí y se metió al baño… a mí baño… ¿qué pasa con su cuarto y su baño?... ¿qué pasa con ella?
Una vez vestido fui a la cocina y puse a calentar el agua y me dirigí a la casa de huéspedes para ver si Elcira estaba despierta, llamé a su puerta y una Elcira envuelta en una gran toalla, abrió la puerta saludándome de no muy buen humor, diciéndome que ya iba, que no la molestara, su actitud era lo único normal de la mañana.
Terminado un silencioso desayuno, donde comentamos el clima y un poco más, salimos de casa para ir rumbo a la oficina, abrí el coche con el comando a distancia y una vivaz Elcira se encaramó al asiento del copiloto, dejando a una perpleja Anto sólo la opción de ir atrás. No quise decir nada al respecto, ya le llamaría la atención a Elcira en la oficina.
Apenas llegamos cada uno se fue a sus labores, donde Gaby me informó de la agenda del día y yo después de una rápida inspección de lo más urgente, le pedí que llamara a Elcira a mi oficina.
Después de bastante rato de esperar a la engreída de Elcira, nuevamente entró sin llamar a la puerta y se sentó frente a mí con cara de desafío, diciéndome:
Elcira: ¿Qué necesitas?
Yo: Primero que llames a la puerta si está cerrada, segundo que me trates con más respeto, pues soy tu jefe, luego que cierres la puerta si no quieres que Gaby vea cómo te llamo la atención…
Elcira: Si es solo por eso, me voy a hacer algo más productivo.
Yo: No, te llamaba para aclararte, que soy yo el que decide quien va en mi coche y como va, en la mañana dejaste a Anto de un palmo de narices al subirte adelante.
Elcira: ¿Te molestó porque es tu amante?
Yo: Pequeña niña engreída, es porque yo soy el mando en mis cosas y si fuera mi amante es mi problema, ¿por qué me sacas de quicio?.
Elcira: Con esa actitud no me quedo a escucharte…
Una vez más me levanté para corregir su actitud, ella al darse cuenta de mis intenciones se levantó para ir a la puerta, pero fui más rápido y tomándola de una muñeca le di un palmazo en el culo que me dolió hasta a mí.
Elcira: ¡Ay bruto!
Yo: Silencio, que te voy a castigar
Elcira: No puedes castigarme, cornudo pichafloja, no eres mi padre
Yo: Como él no lo hizo, yo te enseñaré niñata malcriada.
La tironeé hasta el sofá donde casi sin oposición la tendí en mi regazo y le di otra palmada en su perfecto culo. Elcira soltó un leve gemido, tratando de controlarse… El verla tan entregada y sin reaccionar, me calentó de sobremanera y para el siguiente palmazo, le levanté la ajustada falda y le di un poco más suave en su culo casi desnudo al vestir una delgada tanga.
Elcira: ¿Qué haces degenerado?
Yo: Silencio, no quiero escucharte
Ella calló de inmediato. Pasé mi mano por el precioso orto por unos segundos y le volví a dar un fuerte palmazo… Ella junto con dar un gritito, se contorsionó un poco y me miró con una expresión rara, algo así como entre incrédula de lo que estaba pasando, mezclada con lujuria. ¡Es más!, noté cuando comenzó con una mano a afirmar sus tetas por sobre la blusa de “alta ejecutiva”.
Volví a palmearla, sin dejar de mirarla a los ojos bien abiertos, que se me figuraban como los de un ciervo ante unos focos potentes…. Estaba pasando descaradamente mi mano por su culo, ahora sin miramientos, luego deslicé mis dedos a su coño y orto amasándolo… ella trato de decir algo, pero simplemente la silencié:
Yo: ¡Shito!, no quiero escucharte
Elcira me dejaba masturbar su coñito, sin perder ni un detalle… permanecía muda, solo escuchaba su agitada respiración… Con la mano libre le tomé una de sus tetas, haciendo a un lado su mano y sin consideración alguna rompí su sujetador para acariciar el pezón a mi entero arbitrio.
Tirando del “filo dental” de su tanga, el cual se cortó del tirón que le di, dejé expuesto su hinchado coño. Acto seguido, le metí dos dedos a su vagina y comencé a masturbarla, de pronto ella me dijo:
Elcira: Fóllame, dame duro…
Yo: ¡Shito!, ya dije que no quiero escucharte
Dada su petición la hice levantarse y apoyarse en mi escritorio. Luego sacando mi enhiesta verga la envergué de un tirón. Así empecé a darle duro, tal como ella pidió, apenas mantenía el silencio, de vez en cuando le daba una nalgada para que aprendiera a ser una buena niña. Con cada azote, ella aumentaba sus gemidos, aparentemente eso la encendía.
Su pasividad ante los hechos que le narro, solo cambió al final, cuando después de darle duro en su estrecho coñito sentí que me corría en su interior… No sé si ella lo sentía o estaba como yo, pero a los segundos, caía derrengada frente a mí… aparentemente se había corrido.
En ese instante, con mi verga libre y dando estertor, la apunté para bañarle la cara y las tetas con mi leche (mucha, jejeje). ¡No sé si lo hice con mala leche u otra cosa!, pero de pronto la tenía toda embadurnada…. Elcira sorpresivamente juntó lo que le cayó en su cara y lo saboreo
Elcira: ¡Me mataste cabrón!
Yo: Silencio, no te autoricé a hablar…
Elcira: Pero no quiero callar
Yo: Se que te gustó, pero por puta no mereces hablar y además yo doy las órdenes ¿o no putita?
Elcira: Pero, ¡Paff!, resonó mi palmazo… ¡Ahmm!... sí jefecito, pero ¿le gustó tanto como a mí?
Yo: Sí y no hables, si te portas bien te partiré el culo y puede que te dé un poco más de palmazos en tu culo… claro que después de que le dé a Anto…
Elcira: Esperaré ansiosa que Anto te folle, apenas entres a tu casa, jajaja. Vas a ver como entre las dos te mataremos en la cama, ya que creo que es tan puta como yo, jajaja.
Yo: Silencio, además soy tu jefe, o me llamas jefe o don Claudio
Elcira: Sí jefecito….
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