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Dominaciónmar 2024

La degradación de Muñeca

No es solo sexo, es una lección de humildad. Cada chincheta clavada en su piel y cada bofetada son recordatorios de quién manda. Ella no tiene voz, solo tiene que obedecer y sentir. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para ser su juguete perfecto?

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—Otra vez: ¿Qué eres?

—Tu Muñeca

Bofetada. Tiene los labios hinchados, la cara roja, babea incontroladamente entre densos y espesos hilos de babas que se estrellan en el suelo, cuando no cubren sus bonitas tetas redondas, cuyos pezones están coronados por pinzas unidas entre sí por una cadenita rosa, poniendolos muy tirantes, pues la cadena es corta.

—¿Cuántos agujeros tienes?

Jadea.

Su coño está goteando, sus flujos manchan el suelo bajo ella, arrodillada.

—¿Tres?

Bofetada. Las coletas se le mueven. Recojo babas que le caen de su boca y se las restriego por la cara, arruinándole más lo que le queda de maquillaje. Ella jadea un poco más fuerte ante la humillación.

—¿Cuántos agujeros tienes?

Gime, de nuevo.

—Yy... Yyyyiii... --respira trabajosamente. Si mente busca lo más humillante que se le puede ocurrir para complacerme y degradarse—. Yyyo... Uoooo soy un agujero... Toda...

La cojo de la barbilla, fuerzo que me mire a los ojos.

—Sigue. Desarrolla eso.

—Yyyy... Uffff... Papi... Yo...

—Mal. Habrá que reforzarte. A la silla.

—Noooo... Ayyyy... A la siiiilla nooouuuu...

La ignoro. Tiro de su pelo y avanzo sin clemencia. El tirón es fuerte, firme. Más le vale seguirme. Y lo hace. A cuatro patas avanza tras de mí.

Una de las sillas del comedor ha sido convertido en elemento de tortura. He buscado una especialmente plana, de madera y la he cubierto de chinchetas boca arriba.

—Sentada —le ordeno.

Se incorpora.

—Aaaamo... Yooo...

Babea. Moquea. Su cara, como su integridad humana, son una ruina.

—Sen-ta-da.

Lo hace. Gime de dolor. Se apoya en las manos, para hacerlo gradualmente.

—Manos a la mesa.

—Yyyy... —obedece.

Ahora todo su culo y muslos, así como los labios de su coño, reciben los pinchazos.

—Vamos, culo de acerico. Responde y desarrolla lo que has dicho antes.

Sus manos se crispan. Sus ojos están muy abiertos mientras su cuerpo así ila el dolor de los pinchazos.

Me pongo tras ella, le elevo la cara con las dos manos, haciendo que mire hacia arriba. Le escupo. Dos veces.

Boquea. Saca la lengua para lamer uno de los regueros de saliva.

Pero sigue sin contestar. Tan solo jadea.

—Me estás haciendo esperar.

—Es que du... Du... Duele... amo...

—Irrelevante. A ver si esto te centra.

Cojo un pesado tomo de una enciclopedia y se lo pongo sobre los muslos.

—Aaaaah... Pinnnchaaaa...

—Y tú eres una zorra masoquista. Más lo estarás disfrutando —sentencio.

—Zorra... Masoquista...

—Responde a lo que te pedí antes. No me hagas esperar.

—Aaaah... Yoooo... Nooo... Acuerdo...

Cojo un bote de la mesa. Más chinchetas. Las esparzo ante ella. Empujo la silla.

—Pon tus tetas de princesa zorra encima.

Tiene los pechos grandes, pesados y redondos, pezón pequeño y rosado, muy castigado. Tirantes, como os he dicho antes por la corta cadena que los une entre sí.

—Aaamo... Yo...

La empujo más. La mesa se le clava en el vientre, que tiene que meter a la fuerza. Le elevo un poco los pechos y los dejo caer. La silla es más baja que la estándar de la mesa con este propósito. Y aplasto sus turgentes tetas contra las chinchetas.

El babeo ya es desastroso, la inteligencia, totalmente huida de su mirada. No es suficiente. Aún no ha respondido lo que quiero. Lo evidente.

Poso otro libro sobre sus tetas, aplastándolas más.

El chillido que sigue es agudo, placer y dolor, humillación y degradación total.

Noto un sonido líquido. Se ha meado encima.

—Eres un animal incapaz de controlar sus esfínteres. Qué asco...

—Aaanimal... Doy asco... Soy asquerosa... Me meo... Agh... Agh... No pienso...

—Responde.

Casi escucho cómo sus neuronas hacen "clic" en su turbio cerebro.

—Soooy... Aaaay... Soy un agujero... Tuuu culo para que lo rompas...

—Sigue... Vas bien...

Babea más.

—El coño para que lo fuerces hasta su limite y más...

Mmm... Su coño joven y prieto. Me encanta metérsela sin avisar y sentir cómo palpita de golpe. Reprimo las ganas de meterle la polla hasta la garganta, para que pueda seguir respondiendo. Pero me acerco lo suficiente para que perciba mi erección. La pongo bajo su nariz.

—Huele. Y sigue respondiendo, descerebrada...

—La boca... —prosigue. Ya no usa posesivos en las frases. Podría haber dicho "mi culo, mi coño, mi boca", pero sabe que no tiene derechos, ni posesión alguna. Todo es mío --. La boca y la garganta... Para que la inundes. Las irrumes. Para que te corras o te mees en mi garganta si lo deseas.

Se lo haría ahora mismo, la verdad. La noto oler, traer hasta lo más profundo y primitivo de su mente el —olor de mi polla.

—Mi... No... apoyo la mano sobre el libro que tiene aplastando sus pechos, para castigar ese posesivo—. Aaaaah... Soy una zorra estúpidaaaaa... No...no tengo nada... No merezco nada...

La abofeteo. Tiene las mejillas ardiendo. Saliva, incontenible y jadea con cada golpe.

—No te vayas por las ramas. Acaba.

—Mente... La mente de tu esclava... Es otro agujero... Para que te la folles... Por... Por favor... Llena el cerebro... De tu zorra idiota... De semen... Córrete en sus ojos para que... Aaaaah... No ves nada... En los oídos... Amooo... Métela en el cráneo de tu putita y llénalo de semen... No necesita cerebro... Aaaah... La... La... La putita se va a correr...

Está tan excitada, tan ida, que apenas controla su cuerpo. Tiembla.

—No. Aún no.

Gime de frustración. No aguantará mucho más, el cuerpo tiene sus límites.

Le agarro fuerte el pelo y por fin le inundo la garganta con mi polla, forzándola a girar la cabeza en una posición incomoda. Traga. Se agita. Arcada. Abre más la boca hasta que mi pubis se estrella contra sus dientes y mis huevos contra su barbilla. Me mira con sus grandes ojos marrones.

—Mmmmffgglglgl...

La aguanto ahí, varios segundos.

Estoy sentado en el sofá. Ella no deja de chupármela. Aún tiene chinchetas en tetas y culo que van cayendo poco a poco. He movido la pesada silla y mueve su coño en el vértice de una pata. Es la única manera en que le he dejado masturbarse. Como un animal. Frotándose.

Con un brusco jadeo le dejo sacar la polla de su garganta.

—Ammmmooooiii... Me.. —bofetón—. Gracias... Tú... Perrita chupapollas... Necesita... Correrse...

—En cuclillas. Ante mi.

Se coloca al momento. Su coño es toda una inundación. La silla ha quedado impregnada de jugos que luego le haré limpiar con la lengua. Me retrepo y adelanto un pie descalzo.

Me mira, agradecida.

—Graciassss Amo...

Lo besa, lo lame rápidamente y se coloca a horcajadas.

—¿Puedo tocarlo?

—Puedes.

Acto seguido me sujeta el pie delicadamente del tobillo y noto su empapado coño sobre el empeine, y empieza a mover las caderas. No aguanta apenas.

—Per... Per... Permiso...

Tengo la mala tentación de negárselo, pero hoy ha trabajado.

—Adelante.

—Gra... Cías... Por.. el... Orgssmooooooo...

Se corre. Es un desastre. Se le escapa todo el squirt sobre el pie. Se estremece, su respiración va a mil por hora. Sus caderas tienen espasmos, uno, dos, tres orgasmos se suceden y el liquido caliente cubre mi pie y mi pantorrilla

—Joder... Eres un animal que no sabe controlarse. Mira qué desastre.

Se apoya en las manos, jadeando, babeando. Debe tener los pezones al rojo vivo.

—Tendrás que limpiarlo todo con la lengua y beber tus fluidos, animal.

—Tu animalito lo hará, Amo.

—Ahora ven. Aún tengo que llenarte la garganta de semen.

Se acerca despacio. Le tiro sin piedad de la cadena de los pezones y grita. Sigo tirando. El grito se hace más agudo, los pezones están al límite de su piel, las tetas totalmente levantadas. Las pinzas japonesas son crueles y muy dolorosas, su agarre es firme. Pero nada comparable con... "Snap", "snap". Cuando se sueltan de golpe, arrancadas.

—AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHJOOOODERRRRRR..

El bofetón le cruza la cara, ida o vuelta, y mientras grita de dolor le inundo la boca con la polla. Se corre de nuevo. Es lo que tiene el masoquismo. El orgasmo es tan fuerte y descontrolado que su culo "caga" el plug que tiene insertado. Si no hubiera tenido las tripas limpias con la lavativa de por la mañana, se habría cagado encima. De hecho es orina lo que le sale ahora.

Su garganta intenta seguir gritando, pero está muy ocupada, aplastada por mi polla.

Sus propias babas le salen por la nariz, tiene fuertes arcadas y cuando cedo y retira la cara, jadea, su rostro encarnado, los labios hinchados.

Me pongo en pie.

—Voy a follarte la garganta.

—Tu sierva esclava degradada es tu agujero.

Se tira de las comisuras de la boca para ampliarla grotescamente.

—Usshalaaaaag...

Meto la polla de nuevo, le agarro la cabeza, una mano en la barbilla y la otra en el pelo, en un puño. Y empiezo a usar su boca como el agujero que es.

El sonido del gorgoteo, de la respiración sofocada, sus manos crispadas en mi culo aplastándose y agarrando para que no la saqué de ahí.

Y me corro. La polla clavada hasta el fondo, el semen, directo a su esófago mientras la recorre otra serie de arcadas.

Me retiro finalmente, jadeando.

—Graaaciash por el semen… Gracias por alimentar a tu bolsa de semen sin voluntad…

Me mira, con sus ojos de cervatillo, le cae saliva por las narices, babea tanto que todo su cuerpo brilla. Las tetas están rojas, tiene marcas de púas de las chinchetas, los pezones le arden. El suelo es otro desastre, lleno de charcos de orina y de squirt que luego tendrá que limpiar con la lengua, degradada a ser un objeto de limpieza. Pone los ojos en blanco y se desmaya.

La cojo en brazos y la dejado en su cama de perro, de color gris y rosa, le pongo la cadena unida a su cullar, que ha llevado puesto todo el día, y mientras descansa, saco los aperos del aftercare. A fin de cuentas, hay que cuidar de los juguetes de uno para que no se rompan. Del todo. Con que su mente se haya roto y sea reducida a un ser babeante, masoquista y dispuesto a complacerme, es suficiente. Por ahora.