Xtories

Y entonces...

Llegó con el olor del cansancio y el frío, pero en cuanto cerraron la puerta, la rutina se desmoronó. No fue solo sexo; fue una reclamación de cuerpos, una tormenta de placer que borró el mundo exterior.

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-Llegaste!

-Ya he llegado, joder, vaya día!

Como de costumbre, mientras la saludaba y besaba sus labios muy levemente, dejó que la descalzase. Hoy sabía a humo. Pero no al humo que se disfruta sino al que se soporta.

Qué hermosa es. Qué bien huele siempre. Aunque sea a humo. Yo la disfruto siempre.

Así pues, le quité sus botas de piel vuelta, que tantas veces son su única ropa en nuestra cama. Pero hoy había sido un día duro, frío, ventoso, desapacible. Así que fuera botas!

-Tendría que haberte visto a la hora del café. -ronroneó como quien habla del tiempo-.

-Y eso? - pregunté como si no supiera por dónde iba -.

-Te hubiera dejado seco, pedazo de cabrón

-Pero has terminado esos Excel que te pedí o qué?

-Bien terminados están, pero que sepas que me los voy a cobrar. A precio de sudor.

Como ya la había descalzado, y el siguiente paso de cualquier mujer cuando llega de trabajar es quitarse el sujetador (benditas seáis), le dije al oído:

-Bésame la boca y tócame despacio, y verás lo rápido que tengo tus preciosas tetas en mis labios -está muy orgullosa de sus tetas, dice que son lo más bonito que tiene y se pone muy cachonda cuando se las beso. Son de exposición, vale? Normal que esté orgullosa-.

-A qué tanta prisa con los Excel macho? Si tú lo sabes hacer también.

Y ahí cometió su primer error.

Porque su voz tembló. Cierto es que yo estaba explorando el interior de sus bragas. Algo tendría que ver.

Más pronto que tarde estábamos desnudos, sobándonos con el descaro de los adolescentes, húmedos, pero calientes tras un día de perros.

Qué ganas tenía de penetrarla, de metérsela despacio, de agarrar ese pelo y follarla, como a ella le gusta ("hazme coletas"), de pase usted hasta el fondo. Pero sabía que lo mejor estaba por llegar.

Entonces ocurrió. Sus manos se aferraron a mis nalgas mientras me devoraba la polla sin piedad, jugando con su lengua en el borde del glande, por todo el capullo, morado de retención de sangre, violeta de retención de amor. Chupando, resoplando, salivando...

Jadeando...

Y aún quedaba que sus dedos empezasen a masajearme la próstata y a aproximarse descaradamente a mi ano.

-Así no voy a durar nada, cariño

-No quiero que dures. Quiero que te corras. Que te corras en mi boca...

-Deseo... Prácticamente... Conseguido...

-Dame toda tu leche, amor mío

-Te voy a llenar de mí

-Lléname, fóllame la boca

Y nos besamos muy profundo, y quedaba parte de mí. Y me probé, por primera vez.

(...)

-Qué a gustito que estoy contigo, corazón

-Me muero de ganas de comerte el coño

(...)

-Mira a ver si queda algo

(...)

-De qué vas? No te apetece?

-Te digo lo mismo que con los Excel, tú sabes hacerlos, capullón

Le abrí sus hermosas y fuertes piernas, besé el interior de sus muslos durante una eternidad. Ella era un mar de excitación, una borrasca de placer que no quería esperar a nada ni a nadie, que exigía su placer supremo, que mi lengua la barriese, quería perder el sentido del decoro, quería perder el sentido del tiempo.

Y así ocurrió, que mi lengua y mis labios aterrizaron en su delicioso coño. Y yo lamía, lamía a la mía, a mi hembra, a mi mujer, orgasmo tras orgasmo hasta nuestra victoria final.

Tras un rato de risas, y de para siempres, le propuse ducharnos, limpiarnos y luego más.

Nos duchamos, nos limpiamos, y estamos ahora mismo en la de después. Love