Mi aire 17
Las condiciones son claras: obediencia total, piel blanca y juguetes activados a distancia. Pero cuando la ceremonia de su aniversario se transforma en un ritual de fuego y piel, el Amo descubre que la verdadera prueba no es el castigo, sino la lealtad de sus esclavas ante el fantasma de su pasado.
Al principio del verano, Sara me pidió permiso para ir a la playa a pesar de que tenemos piscina.
-Podéis cuando queráis, conmigo no contéis, nunca me ha gustado. Pero hay tres condiciones, primero es que os embadurnéis de crema solar, me gustan las pieles blancas y el moreno de playa no me pone.-
-Uff Amo. Yo me pongo crema, pero quiero que me la ponga mi Amo. ¿No le apetece jugar con nosotras en la playa?- Protestó Sara.
-No Sara, ya damos demasiado el cante cuando salimos los tres y no me gustan esas situaciones. Así que crema para no estar morenitas, y os la ponéis vosotras.-
-Yo Amo entonces no voy.- Me dijo Carmen. Me sorprendió esa respuesta de ella.
-¿No vas sólo porque no te dejo ponerte morena o porque no voy yo?.-
-No Amo, no es por eso, es que yo aunque me embadurne de mucha crema, al final me pongo morena, es por mi piel.- Me dijo Carmen.
-Bueno, no os voy a quitar ese gusto, pero aún así poneros mucha crema. La segunda condición es que nada de bikinis ni bañadores que exciten, poneros algo modosito. No quiero que encontréis algún chulo de playa y me dejéis por él.-
-¡Amo!, como puede decir eso, sabe que somos sus esclavas y sólo tenemos ojos para su cosita.-Decía Sara traviesa, y continuó, -aunque si encontramos algo mejor...-
-Mira que eres zorra Sara, pues si encuentras algo mejor, haces la maleta y te vas.- Le dije haciéndome el ofendido.
-No mi Amo,- me dijo zalamera abrazándose y restregándose sobre mi, -sabe que soy suya y no le dejaré nunca, no haga bromas con la maleta que me duele.- Me daba besitos en el cuello.
-Pues no hagas bromas con encontrar alguien mejor.- Le correspondí con un largo beso en los labios.
-La tercera condición, antes de iros os pondré el huevo a cada una, y solo se lo podrá quitar quien conduzca mientras lo esté haciendo. Así me divierto yo también desde casa imaginando como estaréis.-
Sara, abrazada a mi y acariciándome me dijo: -Amo malo-.
Y en verdad que fui malo. Las veces que fueron a la playa con un discreto bañador, me pasaba el rato jugando con la aplicación de los huevos. Al cabo de seis o siete días dejaron de ir, les daba mucha vergüenza, sobre todo porque en esas fechas la playa estaba siempre llena. Intentaron ir a horas diferentes o alejarse más, pero era verano y todo el mundo estaba en la playa. Normalmente regresaban más acaloradas de lo que se fueron y acababan bañándose en la piscina.
Imaginé que para el verano vendría la hija de Carmen, quizás el hijo. Así que para hacer planes le pregunté. La hija sabía que la economía de su madre era justa, por eso por lo visto decidió quedarse en verano a trabajar de ayudante en una oficina de abogados, como le quedaba un año para terminar secretariado administrativo, después le valdría para el curriculum. Se había coordinado con su hijo, y ambos hermanos vendrían una semana en septiembre. Así que planeé pasar parte del verano en la Casona.
A mediados de julio, Carmen se asomó al despacho.
-Amo, tiene que subir a su dormitorio y ponerse la ropa que hay en la cama.-
Estos son los juegos de Sara, intrigado dejé lo que estaba haciendo y subí. Carmen había desaparecido, en la cama sólo había un chaleco muy elegante y la nota que decía que sólo llevara eso y que me esperaba en el salón. Me lo puse, estaba ridículo y más con la polla casi tiesa sobresaliendo entre el chaleco, pero el morbo me podía. Así que empecé a bajar las escaleras. Pero Sara me gritó desde abajo:
-No, no mi Amo, me he equivocado,- a ella no la veía, debía estar mirando a ver cuando bajaba pero escondida, -su cosita me va a despistar, mejor que se ponga un slip.-
Riendo, volví y me lo puse, aunque la polla sobresalía por el elástico, creo que ella también quería ver que se proponía Sara.
Llegué al salón y me quedé de una piedra. Carmen llevaba una especie de picardías negro transparente, con mangas que terminaban en las muñecas, estas blancas con el símbolo de la cruz. El tanga que se apreciaba claramente, le tapaba todo el pubis, blanco también con la cruz, al igual que el cuello, blanco y con la cruz. Lo remataba una cofia con velo. Era una monja sexi, muy sexi, además no llevaba sujetador y se apreciaban sus pezones erectos. El collar y el anillo que llevaba era el de plata que le regalé al aceptarla como esclava.
Me volví a Sara, madre mía, un conjunto blanco entero todo transparente con encajes, con dos finas tiritas que se sujetaban en el hombro y con un escote de infarto, terminando en una escueta faldita al vuelo transparente donde se le veía el tanga también transparente. En la cabeza llevaba un velo y también su collar y anillo de plata.
Mi polla se asomó más para ver mejor el espectáculo.
-Mi Amo,- me dijo Sara, -hoy es nuestro aniversario de cuando me aceptó como esclava, y he pensado que deberíamos celebrarlo como una boda, ¿no?.-
-Ehhm y ohmm ennn esttdd.- Creo que fue lo que dije.
-Venga Amo, póngase a mi lado. Vaya, tenía que haber elegido un calzoncillo más grande.-
-Estamos aquí reunidos los tres,- decía Carmen, -para renovar los vínculos que os unen desde hace ya un año. Por esa razón os preguntaré a los dos si aún queréis continuar la relación. Pero antes si alguno desea decir algo más, sois libres de hacerlo, primero mi Dueño, ¿desea decir algo?.-
-Pues…, me pilla desprevenido.- Miré a la cara a Sara, -Ha sido el mejor año de mi vida, me he sentido realizado y pleno, donde sin quererlo además he encontrado el amor. No quiero separarme de Sara por nada del mundo.- Era un discurso improvisado muy cutre, pero no tuve tiempo de pensarlo, ahora sí, era sincero en todo lo que dije. A Sara los ojos le brillaban por esas simples palabras.
-¿Y tú esclava Sara, tienes algo que decirle a tu Amo?.- dijo Carmen.
-Es mi Amo, y esas palabras deberían bastar. Pero como se espera que diga más, nunca en mi vida pasada pensé que esto podría ocurrirme. No tengo familia, me encontraba sola totalmente y mi exmarido sólo acrecentaba esa soledad. Mi Amo me ha dado una familia, un amor que ya creía no aparecería nunca. Ha convertido esta casa en un paraíso donde me encuentro feliz y contenta todos los días, uno detrás de otro. Jamás se me ocurrirá dejar lo que me ha dado salvo que mi Amo me obligue, y tendrá que obligarme porque será una orden de él que no quiero cumplir. Mi corazón late en cuanto lo siento cerca y se para cuando se aleja de mi. Él es la razón de mi existencia para que pueda satisfacerle en todo lo que desee. Mi Amo ha convertido mi dolor en placer, y siempre estaré dispuesta para él.-
-Bien, dicho ya los votos,- decía Carmen, -Mi Dueño, ¿deseas a Sara como tú esclava, para vivir juntos como Amo y esclava, para amarla, consolarla, cuidarla, mandarla y ordenarla?.-
Se saltó lo de la salud y la enfermedad, y lo de la fidelidad, y mientras dure la vida. Pero quien era yo para corregir, la ceremonia la hacían ellas.
-Sí quiero.- dije.
-Sara,- continuó Carmen, -¿deseas a Daniel como tu Amo, para vivir juntos como esclava y Amo, para amarlo, consolarlo, cuidarlo, y obedecerlo en todo lo que te ordene, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte te separe?.-
-Sí quiero.- dijo Sara.
-Pues por el poder que me ha dado mi superior esclava Sara,- decía Carmen con algo de guasa, -yo os declaro Amo y esclava. El Amo puede hacer con su esclava lo que desee.-
Como en una boda real, la cogí por la cintura y la besé durante unos minutos.
Al separarnos, Sara dijo: -Mi Amo, soy muy feliz, y su cosita también, me da en la barriguita.- Dijo picarónamente.
La cogí en brazos, -Bueno, nos saltamos el convite y vamos a la noche de bodas directamente.- Y me dirigí al dormitorio. Allí la tiré en la cama, y directamente se abrió de piernas.
-¡Carmen!, ¿donde estas?.- grité.
-Amo en mi habitación.-
-Pues ya estás viniendo, que esta ceremonia la celebramos los tres.-
Carmen apareció en unos segundos. Yo ya estaba sobre Sara besándola por todos lados.
-No te quedes parada y a la cama,- le dije a Carmen, -y no te quiero quieta, ya puedes intervenir sin que te diga nada.-
Manos, piernas, brazos, cabezas, lenguas, todo era uno, además del dichoso velo que en un momento se lo arranqué a Sara y lo tiré.
Acabé tumbado boca arriba con Sara empalándose, mientras Carmen me besaba en la boca sin parar.
-Deja un poco para la novia esclava.- Le dijo Sara a Carmen apartándola de mi boca para besarme ella. No viendo donde meterse Carmen, se fue entre mis piernas, donde se veía a Sara subir y bajar, y allí se puso a chuparme los huevos. A los diez minutos noté el orgasmo de Sara, apretando con su vagina mi polla. La descabalgué para su disgusto.
-Carmen, sube, te toca.- Dije a una ilusionada Carmen que se puso a horcajadas.
-Amo, por el coño no, que se nos desmaya y se perderá el resto de la boda, por el culo Amo.- dijo Sara.
Carmen sin esperar respuesta mía, se ensartó en el culo mi polla y como una experta vaquera domando a un semental se puso a casi saltar sobre mi polla. Mis manos se dirigían a exprimirle sus grandes y largos pezones, cuando apareció Sara a besarme en la boca, y sujetando mis manos las dirigió a sus tetas, que me dediqué a magrear sin compasión. Tras quince minutos, al notar cerrarse el esfínter de Carmen sobre mi polla, ya no pude o no quise aguantar y me derramé dentro de ella.
Los dos estábamos sin aliento, y quedamos tumbados en la cama. Sara no se había rendido, sólo se había llevado un orgasmo y lo normal son varios más. Así que de mi boca pasó a chuparme la polla para intentar levantarla otra vez. En un par de minutos lo consiguió y se dispuso a montarme.
-Para esto sirve aprender a mamarla, ¿verdad mi Amo?.- Me dijo agarrando mi polla para meterla en su sedoso coño, y lo hizo despacio, sin prisa y después de rozar mi glande por sus labios, hasta que estuvo dentro entera.
-Esta es la polla de mi Amo, guardada donde siempre debe estar.- Dijo con una cara de lujuria y mientras se tumbaba sobre mi pecho. Me acariciaba el pelo y me besaba por la cara, subía y bajaba lentamente rozándome todo mi pecho con sus pezones. Carmen nos abrazó a los dos y nos besaba indistintamente. Una de sus manos acariciaba el culo de Sara y la fue llevando hacia el agujero donde le metió un dedo, sacando un gemido de Sara.
Yo ya no podía aguantar más y la agarré de la cintura y apreté el ritmo hasta que me corrí. Sara sintió mi leche dentro y en unos segundos me siguió. Cayó extenuada y temblando sobre mí.
Nos dimos un tiempo de descanso, y a la hora continuamos la danza de la cama. Ese día el convite se celebró a las siete de la tarde que después de tanto follar y descansar tuvimos fuerzas para bajar a comer.
Mientras comíamos les dije:
-Carmen, tú nunca has hecho esto. Sara sí. Por eso sabe que por muy excitante que sea, os habéis vestido las dos en casa, eso es una falta a la norma dos, y conlleva un castigo.-
-Sí Amo.- dijo Carmen con cara de no gustarle.
-Mi Amo es muy malo, ¿no se pueden hacer excepciones en estos casos?.- Decía Sara, pero pensando en realidad en el castigo que deseaba.
-No, las normas son así. Pero pensaré en algo nuevo.-
Carmen no sabía si alegrarse o no, pero Sara se relamía pensando en un nuevo juego en la sala.
Casualidad o no, pero antes de acostarnos me llamó Laura para tomar una copa. Le dije que estaba agotado y que no podía con mi alma, quizás al día siguiente.
-Es que quiero hablar de tus esclavas.-
-Laura, siento lo que dije y siento haberte traído a casa, no estás preparada para esta situación, y yo me fui de la lengua.-
Al nombrar a Laura hablando por el teléfono, Sara se medio incorporó de como estaba tumbada a mis pies.
-No, no, si creo que ya lo comprendo. Es como una comuna hippie, donde todos se acuestan con todos.-
-No, no es eso. Pero tienes que pasar por ahí para comprender el sexo que tenemos, que en realidad sólo es una parte de nuestra relación.-
-Ya que no quieres quedar para salir, una pregunta directa, ¿si tuviéramos nosotros dos sexo, tendrían que estar ellas?.-
-Laura, de verdad que estoy agotado, no es que no quiera salir. Mañana podemos quedar y hablamos.-
-Sí, pero responde, ¿tendrían que estar ellas?.-
-Que pesada, estarían si me apetece. Pero ya te lo dije la otra vez, nosotros amigos, no liemos más las cosas.-
-¿Y yo podría ordenarles cosas?.-
-Mañana quedamos y hablamos.-
-No puedo mañana, me voy de vacaciones. Dime ¿podría ordenarles cosas?.-
-Podrías si yo les digo que lo hagan, pero no va a pasar. Cuando vuelvas me llamas y quedamos a comer.-
-Vale, te llamaré, un beso.- Y colgó. La quería mucho, pero era el pasado y no quedaba amor en esa relación. Y menos el día de mi aniversario ¿no?.
-Mi Amo,- me preguntó Sara alarmada, -¿va a venir?.-
-No pequeña, no va a venir, sólo que aún no entiende toda esta situación y tiene la cabeza hecha un lío.-
-Mi Amo,- volvió a preguntar Sara, -si volviera, no me haría tener sexo con ella, ¿verdad?.-
-Sara cariño, no va a volver. Pero hoy precisamente que has hecho una ceremonia donde renuevas tu declaración de esclavitud, sabes que si algún día vengo con una chica y quiero que estéis conmigo en la cama y esa chica, no tendréis más remedio que obedecerme, y satisfacerme. Además, ya aprovecho para adelantarte que más tarde o más temprano, iremos al cortijo de Javier, y allí las esclavas se comparten. Ya habéis estado las dos y sabéis como es. Las palabras que has dicho hoy son muy bonitas, pero si de verdad no las sientes no sirven de nada. Lo mismo que le digo a Laura, despójate de las capas sociales que te limitan la búsqueda del placer. Si te ordeno que vayas con otra persona, no solo lo haces por satisfacerme, sino que además debes buscar tu propio placer.-
Sara escuchó el discurso en silencio y volvió a tumbarse entre mis piernas, besándolas mientras bajaba la cabeza y diciendo: -Sí mi Amo.-
Al día siguiente las baje a la sala para darles el castigo por vestirse, si es que se puede llamar ropa a lo que llevaban. Carmen bajaba asustada, nunca le gustaron los azotes fuertes, podía llegar a disfrutar de algunas palmadas con la mano, pero la pala o los látigos no le gustaban nada.
El castigo que iba a darles llevaba tiempo pensándolo, y era muy simple, aunque tuve que comprar algunas cosas, pero era un castigo muy tonto, aún así quería ver como lo soportaban. Yo bajé con un libro en la mano, que ambas miraron preguntándose para qué.
En el suelo puse una rejilla metálica larga de unos tres metros, y no muy ancha, un par de cuartas, a cada extremo de la rejilla le conecté unos cables que llegaban a un transformador. Los castigos con electricidad nunca me han atraído. La electricidad me atrae para estimular, con descargas pequeñas, pero no fuertes, no me agradan. La rejilla tendría una carga eléctrica que si se pisaba era desagradable y algo dolorosa.
Las puse encima de la rejilla, las dos estaban ya temblando. Les até las manos delante. A cada una les metí en el culo un gancho, con una parte roma y acabada en bola, pero bien dentro. De la otra parte del gancho, en el ojal, até una cuerda al techo y las dejé muy tirantes. No estaban de puntillas pero poco les faltaba.
-Esclavas, esto es un castigo por vestiros ayer en casa. Voy a electrificar la rejilla que tenéis en vuestros pies, si no queréis sentir un calambrazo, tendréis que avanzar un pasito.-
Hicieron lo que les dije, pero al avanzar el gancho tiraba de ellas y se les metía más en el culo. Quería ver cuanto aguantaban, me senté frente a ellas, conecté la rejilla, y me puse a leer.
A los veinte minutos, ya les veía el sudor por la postura con el gancho en el culo. Y fue Sara la primera en recular un poco, lo justo para tocar la rejilla y gritar por el calambrazo, dio un saltito y al notar el gancho volvió a recular, se llevó dos calambrazos hasta que se quedó quieta con el gancho tirando.
-Mi Amo,- decía extenuada Sara, -no quiero enmendarle, pero no es justo, yo soy más bajita que la otra esclava.-
-Eso no tiene nada que ver, cada una lleva una cuerda ajustada a su altura. Pero os voy a hacer un propuesta, os dejo así media hora más o la que quiera la suelto pero se queda sin sexo tres días.-
-Eso no es una propuesta mi Amo, eso es trampa.- decía Sara.
-Yo sigo Amo.- dijo Carmen, que también estaba muy cansada.
-¿Sara?, sigues o prefieres que te quite el gancho.-
-De eso nada Amo, yo no me quedo sin sexo, por muy cruel que el Amo sea conmigo, y encima el día después del aniversario.-
Le reí la gracia, pero seguí leyendo. Aguantaron las pobres, de vez en cuando intentaban cambiar de posición y pisaban la rejilla saltando con un grito. Cuando pasó el tiempo desconecté la rejilla y les quité los ganchos, las pobres tenían el culo muy dilatado y rojo. Quien más lo sintió fue Carmen, ya que normalmente a ella la usaba por el culo y no quería tenerlo en esas condiciones, ya que cada vez que me la follaba por el coño se me desmayaba de placer, aunque ya lograba controlar lo suficiente para esperar a sentir mi leche, siempre y cuando no tardara mucho.
-Me ha gustado este castigo, es muy tranquilo, y no estoy nada cansado.- Dije socarronamente. En realidad era un castigo muy soso, tendría que pensar en algo más.
-Este castigo,- me decía Sara mientras me daba palmetadas con la mano en la espalda al subir, -es muy cruel, pensado por un Amo malo.-
En cuanto a Thor, aprendió muy rápido, nada más Carmen salía a ponerle la comida ya le estaba esperando para montarla, así que Carmen se llevaba al menos una follada perruna diaria. Aquellos días que decidía “convertirla” en perrita, Thor la follaba hasta no poder más. Y cada vez que salían a la piscina, Thor la buscaba, a Sara no le hacía caso, pero a Carmen no le dejaba en paz, incluso una vez llegó a tirarse a la piscina y empujarla para que saliese y follársela.
Pero después de las primeras veces, ya dejó de excitarme. Como descubrí, lo que me ponía era la humillación de la esclava y no el acto en si. En el momento que se hizo rutinario y que Carmen lo disfrutaba sin avergonzarse, a mi dejó de interesarme. Y lo que es peor, me encontré con una mascota que realmente no deseaba.
En agosto, decidí ir a la Casona, pero no me apetecía llevar a Thor. Así que hablé con un centro de adiestramiento para llevarlo y que nos sirviera también de guardián. Nos pidieron ropa usada nuestra, por eso del olor, y se lo llevaron para tenerlo un mes. Carmen se apenó, pero lo entendió.
El día que nos íbamos, puse las maletas en el asiento de atrás, y a las dos esclavas en el maletero y salimos a la sierra.
Esperaba estar en la sierra tranquilo y sin pensar en que hacer, solo disfrutar y relajarme.
Allí la rutina era muy sencilla, por las mañanas dábamos un paseo, algunas veces en medio del bosque me las follaba. Una siesta después de comer, y bajaba un rato con Sara, y a veces con Carmen a la sala. Por la noche las iba alternando en mi cama. El resto del tiempo a leer que es mi pasión y de la que siempre me falta tiempo.
Un día, estando a un par de kilómetros de la casa ya de vuelta, me paré. Cogí un par de ramas de igual grosor, pero una un poco más corta que la otra, ambas de aproximadamente metro y medio. Con el cuchillo de monte las limpié. Mientras hacía esto, las dos me miraban extrañadas, pero Sara intuyendo algo se iba asustando, contagiando a Carmen que pensaba que las iría a azotar.
-Bueno esclavas, he decidido hacer un juego.-
-No, no, no, Amo por favor.- Decía Sara.
-Pero si todavía no he dicho nada, ¿a que vienen esos lamentos?.- Le dije mirándola cruelmente.
-Mi Amo, el juego del palo no, por favor.- Imploraba Sara, Carmen no sabía que era pero estaba asustada.
-El juego consiste en meteros el palo por el culo hasta una marca que haré en él, sin sujetarlo con las manos. Y tendréis que ir así hasta casa, dejando una marca en el suelo. Si el palo se sale, os paráis y os lo volvéis a meter. Si no dejáis marca en el suelo, tendréis que regresar hasta la última marca hecha. La que llegue última a la Casona pierde y eso significa un día en la jaula de la sala. Y el tiempo empieza ¡ya!.-
Las dos rápidamente cogieron un palo, se quitaron los leggins que solo se los permito en estas ocasiones, y se los metieron en el culo y empezaron cómicamente a andar hacia la casa, dejando un surquito en el suelo. Yo cogí una vara y las seguía.
-Amo,- me decía Sara, -la otra vez pude sujetarlo con la mano, es que se va a salir.-
-Esta vez no, tenéis que hacer fuerza con el culo, así entrenáis los esfínteres.-
Cada vez que se le salía el palo a alguna, les daba con la vara, sin mucha fuerza, más para humillarlas, hasta que lo volvían a meter y continuaran. Yo mientras no paraba de reírme.
Finalmente fue Sara la que llegó antes a la casa, se sacó el palo y daba saltitos levantando los brazos en señal de victoria.
-¡He ganado Amo, soy la mejor!.- Gritaba Sara, mientras Carmen abatida se resignaba.
Baje a Carmen a la jaula, le di un beso en la boca y la dejé encerrada. A la tarde, cuando bajé a Sara a “jugar” en la sala, me apiadé de ella y le deje un vibrador que usó mientras nosotros estábamos allí.
A final del mes de agosto, volvió a llamarme Laura. Le dije que estábamos en la Casona, e insistió que la invitara para el fin de semana. Era insistente, pero como después del verano tenía intención de llevar a las chicas al cortijo de Javier, me dije que sería como una prueba invitarla. Quedamos en que vendría el sábado por la mañana y se iría después de comer del domingo.
-Esclavas, el sábado por la mañana viene mi amiga Laura, y se queda hasta el domingo después de comer.- Carmen simplemente asintió.
-Mi Amo, ¿follará con ella?.- me preguntó Sara afligida.
-No lo sé, le preparáis una habitación pero me imagino que se acostará conmigo, si no no vendría para pasar una noche.-
-Mi Amo,- dijo Sara un poco altiva, -yo creo que ella todavía está enganchada, y no creo que sea bueno, después le hará más daño, por que... ¿no saldrán otra vez?.- Ahora ya no era altiva sino triste.
-Sara, te prometo,- le dije mientras la abrazaba, -que no hay ya amor con Laura, ese lugar sabes que es tuyo.- Y la besé.
-Ya… pero mi Amo se acostará con ella, y eso le dará esperanzas a ella, eso es cruel Amo.-
-A ti las esperanzas te dan igual, lo que tienes es celos,- le dije sin dejarla de abrazar y sonriendo, -pero recuerda que eres mi esclava y que no debes tener celos. Tengo ganas de que un día puedas superar eso, entonces serás mi esclava perfecta, cosa que aún no eres.-
-¿Esclava perfecta Amo?, ¿no lo soy ya?, estoy siempre a su disposición.-
-Lo sé, pero me coartas mi libertad de estar con otras mujeres, y el Amo soy yo, tú eres la esclava.-
La dejé pensativa.
-Además con Carmen no te molesta que folle, ¿no?.-
-Pero Carmen es nuestra esclava, eso no cuenta.- De reojo vi una sonrisa orgullosa de Carmen.
-¿Como que nuestra?¿Desde cuando eres Ama?.-
-Bueno Amo, ya sabe, me dijo que yo estaba por encima de ella y que podía ordenarle cosas.-
-Pero eso es en el caso de que yo no esté. ¿Acaso deseas ser su Ama?.-
-No mi Amo, no me lie que al final acaba torciendo mis palabras y cambiando de tema, Carmen y yo somos sus esclavas y es normal que tenga sexo con nosotras, pero con alguien de fuera no está bien. Además no lo necesita, estamos siempre dispuestas las dos.-
-Sara, lo pintes como lo pintes no dejan de ser celos, y no deja de restringir mi derecho como Amo a hacer lo que quiera. Piénsalo, si eres una esclava con entrega a tu Amo, en esa cuestión fallas.-
Se quedó absorta pero nada convencida.
Continúa en
- Relato #216094— title-regex: contiguous parts (16 -> 17)
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