Xtories

Mi fantasía con el mecánico

Regina lleva años soñando con este momento: cruzar la línea entre su vida ordenada y sus fantasías más oscuras. Esta vez, no hay fantasía, solo un taller abandonado y un hombre que sabe exactamente cómo hacerla temblar.

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Este es un relato a base de la fantasía que nos comparte una lectora, a la que llamaremos Regina. Muchas gracias por la confianza. Si a alguien le interesa leer su fantasía en algún relato, háganmelo saber a mi correo [email protected]

INICIO.

He tenido la suerte de integrar una familia con un nivel socioeconomico alto, eso significa que a mis padres les interesa que me relacione con personas de nuestro mismo alcance, como ellos dicen, pero lo que no saben es que su hija esconde fantasías que no van con nuestro estilo de vida, y eso hace que sea uno de mis más grandes secretos.

No recuerdo exactamente cuando fue, pero a mis 25 años estoy dispuesta a cumplir esa fantasía que por más de 5 años me ha acompañado todas las noches en la privacidad de mi cuarto, cuando me masturbo pensando en ello.

Llevé mi coche a que le hicieran su servicio y revisión de unos detalles que había estado presentando, pero esta vez decidí ir a otro taller donde no hayan conocidos de mis padres, y sabía perfectamente a cual ir.

Antes que todo, me vestí especialmente para ese día, colocandome una falda color rosa que llegaba a mitad de mis piernas, a escasos centímetros de permitir ver mi cachetero blanco, por lo que mis piernas blancas lucían muy bien, lo acompañé con un top color blanco, el cual apretaba levemente mis redondas tetas, que a pesar de que no son tan grandes, tienen lo suficiente para atraer las miradas, además dejaba ver muy bien mis pezones a través de la delgada tela, sumándole que no llevaba puesto algún bra. Me até el cabello en una cola, me coloqué mis tenis y un chaleco para cubrirme un poco por si alguien me veía, afortunadamente no fue el caso. De igual forma, el calor del medio día era una buena excusa del por qué salía vestida así.

Subí a mi carro y me puse en marcha rumbo al taller mecanico de aquel hombre gordo y de mal aspecto, el cual por azares del destino nos unió en una noche que mi carro se quedó tirado a las afueras de la ciudad, desde esa vez mi fantasía se elevó tanto que ya no pude quitármelo de la mente. Manejé rumbo a la ubicación que me había indicado ese hombre, ofreciéndome sus servicios por si en un futuro lo requería, lo que él no sabía es que eran otros servicios que iba a necesitar.

Después de varios minutos de búsqueda al fin pude dar con el taller, me detuve del otro lado de la calle, para poder inspeccionar bien el lugar y los al rededores, no había más que terrenos con construcciones a medias o abandonadas, literal era donde terminaba la ciudad, pero eso era lo que menos me interesaba, al parecer estaba cerrado y no había nadie. Comencé a desanimarme hasta que el portón se abrió, creo que mis ojos se iluminaron al ver a aquel hombre salir de ahí, con su ropa sucia reflejando su trabajo. Ese tipo de al menos unos 50 años, 1,70 moreno claro y con panza.

Bajé mi ventana y de inmediato me reconoció al cruzar nuestras miradas, se acercó a mí carro con su sonrisa de oreja a oreja mientras mi corazón comenzaba a acelerarse.

Mecanico: Hola señorita, ¿buscaba algo por acá?

Regina: Holaa, si justamente venía a buscarlo a usted para que le hechara un ojo a mi carro por unos temas que tiene.

Mecanico: Ah pues si gustas puedes regresar mañana, ahora voy a comer y dudo que regrese más tarde.

Regina: Ay no me diga eso, vengo desde la ciudad hasta acá por usted. ¿No puede hacer una excepción? Además creo que no le llevará mucho tiempo. - dije explicándole lo que le ocurría.

Mecanico: Pues es cosa de revisar si es algo que lleve tiempo o no, pero la verdad ya me hace falta una buena comidita y pues...

Regina: Ah pues no se preocupe, yo le doy algo para que coma muy bien.

Lo interrumpí antes de que terminara, pero eso no fue todo, de manera involuntaria hice a un lado mi chaleco dejando a la vista mi top, o más bien mis pezones que se veían a través de la tela, fue más que evidente que sus ojos se clavaron al interior del carro, apreciando mi abdomen descubierto y sobre todo, mis tetas. Ni siquiera yo supe si fue una gesto de cortesía o simplemente una insinuación, sea lo que haya sido él aceptó con una sonrisa morbosa.

Mecanico: De acuerdo señorita, permíteme unos segundos, ahora te abro. - dijo con un tono morboso.

Abrió el portón del taller para así poder entrar, lo dejé donde él me indicó y salí para darle espacio, estuve unos minutos ahí de pie, mientras el hombre revisaba unas cosas, podía sentir claramente sus miradas en mi, ya de pie fuera del carro mis piernas lucían mucho mejor, además de que la vista de mi faldita era muy buena, aunque podía ser mejor. Tomé la parte de mi cintura y la subí, dejándola aún más corta de lo que ya era, me di la media vuelta y comencé a caminar "inspeccionando" el lugar, una buena excusa para darle una vista de atrás a ese hombre, sabía perfectamente que el tipo me miraba las nalgas y las piernas con esa faldita.

Después de unos minutos me llamó para que me acercara, me explico unas cosas acerca del carro hasta que de un momento a otro se quedó callado, no entendí el por qué, hasta que nuevamente habló.

Mecanico: ¿Te gusta hacer esto?

Regina: ¿A qué se refiere?

Mecanico: Vestirte así de puta para provocar a los hombres.

Eso me tomó de sorpresa, me quedé completamente muda mientras ese hombre se acercaba a mí, el corazón me latía con más fuerza cada vez que se acercaba más, pero después de todo esto era lo que quería, ese tipo hacía valer su hombría tomando la iniciativa.

Mecanico: No te hagas, que las putitas fresitas como tu andan buscando esto, porque sus güeritos ni las satisfacen, buscan a un hombre de verdad.

Se colocó detrás de mi y sentí sus manos en mi cintura, se acercó a mi oído para seguir diciéndome.

Mecanico: ¿O me lo vas a negar? Que te hace falta probar una buena verga, por eso veniste hasta acá, vestida como la putita que eres.

Su voz tan cerca de mi oído y sus palabras comenzaron a excitarme tanto, mucho más que las veces en las que me imaginaba todo esto, era mucho mejor. Sus manos me tomaron de la cintura y tomándome con fuerza, me empujó hacia la parte trasera del carro, arrinconandome fuertemente sobre allí.

Mecanico: Pero descuida, yo te daré lo que tanto estás buscando, hoy veniste bien rica.

Sentí sus manos alzar mi falda, dejando al descubierto mis nalgas en mi prenda de color blanco, sus manos comenzaron a manosearme, apretando fuertemente mis nalgas y dándole algunos azotes muy fuertes, eso hacía que emitiera ligeros gemidos demostrándole que me gustaba.

Ahora era la humedad de su boca lo que devoraba mis nalgas, bajando por mis muslos y llegando más abajo, esa sensación me hacía temblar, mi piel se erizaba mientras sentía mi vagina humedecerse cada vez más. Su boca nuevamente regresaba a mis nalgas, dejando rastro de su saliva en el trayecto, tomó mi ropa interior y la deslizó hacia abajo, dejándome las nalgas desnudas. Sentía cada cosa que hacía detrás de mi, tomaba mis nalgas y las abría para introducir su lengua, sintiendo lo mojada que estaba en ese entonces, esa sensación hizo que mis piernas siguieran temblando y mi vagina siguiera expulsando mis fluidos, su lengua rondaba mi vagina y subía hasta mi culo haciendo que me estremeciera cada vez más.

Mecanico: Eres una puta ricura, pero así también tendrás que complacerme, puta güera.

Me jaló del cabello reincoporandome de mi, me dio la vuelta para quedar de frente y de un solo empujón me hizo ponerme de rodillas ante él, pude ver como se desabrochaba su mugroso pantalón para dejarlo caer junto a su ropa interior, ante mi salió lo que tanto anhelaba y lo que él ya había mencionado, su verga completamente morena y gruesa, con la punta de su verga mojada por el líquido preseminal, quedé muda ante ese trozo de carne que para nada era a lo que ya había comido con mis antiguas parejas.

Mecanico: Esto es lo que querías, ¿no putita?

Con una mano me tomó del cabello y con la otra tomó su verga y comenzó a restregarmela por toda mi cara, sentía el olor a sudor que a pesar de eso era tolerable, después de varios segundos la dirigió a mi boca y simplemente la abrí para darle paso, sentí como ese trozo de carne invadió toda mi boca llegando hasta la garganta.

Mecanico: Mamale, putita, hasta el fondo.

Regina: Mmmgghh agghh aggghh agghh.

Mecanico: Eso es, güerita, tragala toda.

Regina: Aggh agghhh agghh mmgghhh.

Me tomaba del cabello y empujaba en repetidas ocasiones para hacerme tragar su verga, en ciertos momentos me soltaba para poder tomar aire, sin embargo repetía la acción nuevamente, sentía mi cara ponerse roja, veía su cara de satisfacción y eso me calentaba aún más, sabía que ese tipo lo estaba disfrutando y eso me hacía disfrutar a mi. Quizás mis padres me veían como una mujer de altos estándares, pero muy en el fondo deseaba más ser una puta complaciendo a un verdadero hombre.

Regina: Agggh agghh aggghh agghh

Mecanico: Que rica boquita tienes, pinche güera, ven acá, ya me la humectaste bien rico.

Me tomó de los brazos y me puso de pie para regresarme a la posición de inicio, de espaldas y arrinconada contra el carro. Levantó mi faldita para dejarme las nalgas descubiertas, las cuales abrí con mis propias manos, tal y como me lo ordenaba ese hombre.

Mecanico: Ahora vas a sentir una verga de verdad, putita.

Sentí como colocó su verga en la entrada de mi vagina, y sin soltar mis nalgas comenzó a empujar dentro de mi, ese trozo de carne abría pasa más que las otras que había tenido anteriormente, esa si era una buena verga. Sentí como empujó todo lo que pudo y permaneció quiero durante unos segundos, mientras apretaba fuertemente mis labios para no hacer mucho ruido.

Regina: Mmmmmm.

Mecanico: Jaja y esperate que te comience a dar muy bien, veremos que tan rico gimes, pinche güerita.

Me tomó de la cintura y comenzó a sacar lentamente para después meter nuevamente, poco a poco comenzó a embestirme con más fuerzas, mientras mis intentos de ahogar mis gemidos eran inútiles.

Mecanico: Ah, ¿no vas a gemir? Veremos si en verdad no lo harás.

Dicho eso, me tomó fuertemente y comenzó a embestirme con fuerza, sentía toda su verga entrar en mi, dolía y a la vez se sentía tan rico, que simplemente me dejé llevar y comencé a disfrutar lo que tanto había esperado.

Mecanico: ¿Ahora si vas a gemir, pinche puta?

Regina: aaah aah aaay sii aaaay sii, si lo haré aaay si eso quieres aah aaah.

Sentía sus huevos chocar con mis nalgas en cada embestida, mi vagina estaba más que empapada, mis piernas temblaban anunciando un increíble órgasmo erizando por completo mi piel. Así por algunos minutos, mientras me tomaba de la cintura, del cabello, de los hombros, me sujetaba de donde él pudiera para seguir embistiendo con fuerza.

Después de varios minutos me tomó de la cintura y me llevó hacia unos sillones que tenía ahí cerca, me sentó boca arriba y abrió mis piernas para tener fácil acceso a mi.

Mecanico: A ver esas ricas tetas que se te ven. - dijo bajandome el top para descubrir mis tetas. - No mames, putita, que ricas tetas tienes.

Comenzó a manosearme las tetas mientras guiaba su verga hacia mi vagina, sus manos apretaban fuertemente mis pezones, haciendo que se pusieran más duros. Con su mano nuevamente colocó su verga en la vagina y reanudó con sus embestidas, esta vez veía bien sus gestos de placer, su mirada que se clavaba en mis tetas y bajaba a mi vagina, la cual sacaba su verga completamente empapada de mi, de mis fluidos.

Mecanico: aaah sii que rico, que rico se siente pinche güerita.

Regina: Mmmm aaaaah aaah aah sii aaay siii.

El espacio era muy pequeño, por lo que la posición resultaba muy incomoda, así que optó por sentarse en el sillón y hacerme subir a él, obedecía cada orden que me daba, así que me senté de frente a él, abriendo mis piernas y dirigiendo su verga a mi vagina.

Regina: aaaay siiii, mmmmm que rica se siente tu verga.

Mecanico: ¿Te gusta, pinche putita?

Regina: Aay sii, me encanta tanto.

Me sentía en la gloria, deseaba tanto eso, mientras otras mujeres sueñan y fantasean con otras cosas, mi deseo era ser la puta de un tipo, de ese sucio mecanico y me encantaba ser su puta. Comencé a moverme encima de él, brincando sobre su verga para deleitarlo con mis sentones, mis nalgas subían y bajaban clavandome yo misma esa verga, mientras el hombre no sabía dónde tocar, pasaba sus manos a mis tetas, a mi cintura y a mis nalgas, como niño pequeño con juguete nuevo.

Regina: Mmm aaah aah aah mmmm

Mecanico: Eso es, mueve esas ricas nalgas, así así.

Sentí sus manos pasar hacia mis nalgas, las apretaba y movía él mismo, las abría y con sus dedos buscaba mi culo, sentía sus dedos en mi ano, acariciandolo e intentando entrar, eso no estaba en mis planes, pero me hacía sentir sucia, el ser una puta para ese tipo, me encantaba. Sin embargo sus jadeos anunciaban que estaba por terminar, de un movimiento se levantó tirándome al piso, me tomó del cabello y me acercó a él mientras permanecía de rodillas.

Mecanico: Aah ya ya ya, ven acá.

Metió su verga nuevamente a mi boca para chuparsela, la sacó y comenzó a masturbarse sobre mi cara, en cuestión de segundos su semen brotaba de su verga, cayendo sobre mi cara, sentía su caliente semen en mis mejillas, mis labios, frente y más, parecía que llevaba un buen rato sin eyacular, haciendo que su carga sea una muy buena cantidad.

Mecanico: Uff aaah siii, toda en tu cara de puta, güerita.

Regina: Mmm aaah que rico, me encanta.

Después de dejar caer hasta la última gota de semen, tomé la iniciativa al meterme su verga a mi boca para limpiar lo que quedaba ahí. Quería sentir ese aroma que desprendía su verga, ese sabor y esa sensación, para después quedarme ahí mientras el tipo se sentaba en el sillón.

Regina: Mmm eso me ha encantado.

Intenté pasar mi mano para limpiar el semen que había en mis labios, sin embargo una fuerte cachetada del tipo me interrumpió.

Mecanico: ¡Déjate ahí! Te vas a largar así tal y como estás, con toda mi leche en tu cara, ¿entendiste?

Regina: Ah, si, si está bien.

Me levanté y antes de querer ponerme mi ropa interior, el tipo me la quitó.

Mecanico: Esto me quedará a mi, para recordarte y respecto a tu carro aun no queda, regresa mañana para darle una checada y a ti, otra buena cogida.

Me compuse la falda y mi top, el cual estaba manchado por la suciedad del lugar y de las manos del mecánico, subí al carro para salir, no sin antes dejarme manosear nuevamente las tetas por ese hombre. Salí y comencé a manejar procesando todo lo que había sucedido, sentía todo el semen derramarse por toda mi cara, con mis dedos recogí un poco y lo llevé a mi boca, una mezcla de salado y amargo fue lo suficiente para calentarme nuevamente, con dos de mis dedos tomé más semen que caía por mi pecho, pero esta vez lo introduje en mi vagina, me masturbé brevemente para después poner toda mi atención en el camino. Manejé hasta mi casa, a la cual entré rápido para que nadie me viera, en mi mente llegaron los recuerdos de hace apenas unos minutos, ahora que probé dicha fantasía estoy segura que deseo más.

Gracias por leer.