Annika (3ª parte)
La ejecutiva creía controlar su vida, pero en la oscuridad de la habitación, su cuerpo traiciona su orgullo. Annika no es solo la empleada; es la dueña de sus impulsos más oscuros. Esta noche, la jerarquía se invierte y la humillación se vuelve adictiva.
Recomiendo leer las dos partes anteriores antes de seguir con la tercera:
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En la cama, de rodillas y apoyada sobre la palma de las manos, esperaba anhelante su siguiente paso. La oscuridad, sin llegar a ser total, solo permitía ver sombras y siluetas. Tenía mis sentidos agudizados al máximo. Mi ser interior de ejecutiva, no agresiva, pero sí de éxito había decidido rendirse. Mi cerebro se hallaba desconectado y solo mis impulsos básicos regían mis movimientos. No me importaba nada más que seguir adelante, abandonar toda resistencia y que mi ser más animal diera la respuesta.
Oí sus pasos acercarse, suaves sobre la alfombra, como si fuera un gato. Apoyo su mano en mi nalga desnuda y la estuvo acariciando.
- Ahora quiero que disfrutes de controlar tu miedo – dijo suavemente – Sé que deseas que siga adelante pero también sé que te jode ser humillada y usada por tu chacha – Noté surgir mi enfado de nuevo desde muy adentro. ¡Como podía ser que me leyera el pensamiento la punta Annika! – Aguanta y niégate a ti misma para descubrir lo que te gustaría ser.
Con esta última frase descargó una fuerte palmada en mi culo. Instintivamente me tiré hacia adelante, notando mi trasero arder. Lágrimas de dolor y vergüenza me caen por la cara ¿Qué estoy haciendo? Grita mi cerebro, pero mi cuerpo vuelve a ponerse en posición.
- Buena chica – dice Annika satisfecha.
Descarga sus palmadas alternativamente en cada una de mis nalgas. Cada golpe me provoca un respingo. No veo el placer de momento, solo duele, pero mi cuerpo me traiciona pidiendo más.
- Ahora, dame las gracias – Dice golpeando de nuevo.
- Gracias – digo apretando los dientes.
- ¿Gracias que?
- Gracias mi Ama
- Buena perrita – dice contenta – Parece que lo vas entendiendo.
Noto mis lagrimas rodando por la mejilla, mi trasero me arde en toda su extensión. Extramente me siento libre de cualquier tipo de presión, hacía tiempo que no me sentía tan relajada. Su mano se posa suavemente en mi culo y lo acaricia. Sus dos manos rozando la piel enrojecida son como un bálsamo de frescor y un premio a mi resistencia. Paso un par de minutos disfrutando de la sensación. Las manos se me agotan de aguantarme y doblo los codos ofreciendo todavía más mi trasero a su nueva dueña. Sus manos dejan de acariciar las nalgas para pasar suavemente, una y otra vez por el canalillo que las separa. Con cada pasada varios dedos me rozan el ojete provocando leves contracciones del esfínter. Es una tortura deliciosa.
- Tienes un culo precioso – me dice – desde la primera vez que lo vi me pregunté que gusto tendría. Vamos a verlo.
Noto que sus manos me separan las nalgas, al agacharse su pelo me acaricia la espalda. Noto su aliento en mi culo y luego su lengua en mi ano. Es como si me hubieran dado una descarga eléctrica, mi cuerpo se tensa, pero sus manos me mantienen en el sitio. La lengua recorre la entrada lentamente, se trata de unos lametazos densos, con la lengua totalmente apoyada en mi culo. Noto palpitaciones en mi vagina. Repasa una y otra vez el agujero negro, con los ojos cerrados me siento como acariciada por las alas de un ángel. Las manos hacen un poco más de fuerza para separar las nalgas, noto como pone la lengua más dura y empieza a empujar la entrada, Miro de relajarme para permitir que me la introduzca lo más adentro posible. Mi culo es extremadamente sensible y nuevo, así que no consigue introducir más que unos pocos milímetros de lengua pero los noto en lo más profundo de mi cerebro. Al rato se separa y me deja con una sensación de frio. Noto como posa un dedo en mi espalda y lo empieza a deslizar hacia abajo, pasa por mis lumbares y se mete entre lo cachetes del trasero. Sé lo que va a pasar y lo anticipo respirando agitadamente. La yema de su dedo índice acaricia las estrías de mi entrada posterior y luego, lenta pero firmemente, aprieta hacia adentro. Al principio, a pesar de que intento facilitar al máximo su trabajo, no consigue avanzar. Con un ligero movimiento de vaivén, el dedo se va abriendo camino. Noto su uña violándome por detrás, luego la primera articulación, la segunda y sigue hasta que su mano hace tope con mi culo. Tengo dentro de mí todo su dedo, lo deja allí unos segundos.
- Vamos a ver perrita ¿Quieres que siga? – me pregunta.
- Sí. Mi Ama, por favor – la súplica en mi voz me sorprende a mi misma.
- ¿Qué es lo que me pides, perrita? – pregunta burlona.
Al principio no sé que responder, pero luego entiendo por donde va. Quiere humillarme todavía más haciéndome pedírselo.
- Por favor, mi Ama – digo avergonzada - Sigue acariciándome el culo con tus manos.
- Buena perrita – responde satisfecha – Porque me lo pides te voy a dar por culo, pero luego me lo cobraré
- Sí, mi Ama – respondo sin prestar atención. Solo quiero seguir notando esa sensación de placer y abandono.
Su dedo se retira lentamente, pero antes de llegar a salir, lo vuelve a introducir, suave y lentamente. Noto como deja caer su saliva en mi trasero para lubricar. Noto como va mojando el camino hasta encontrarse con su dedo. La entrada ya es mucho más fácil, y la velocidad se incrementa. Noto todo su dedo en mi recto, los escalofríos me recorren todo el cuerpo. Sigue lubricando más y manos, su saliva y mis jugos vaginales resbalan por mis piernas hasta las rodillas. No sé cuanto tiempo llevamos así, pero tengo la sensación de tener un extraño orgasmo. Retira su dedo hasta medio camino y empieza a hacer unos movimientos circulares. Antes de que pueda pensar en lo que está pasando, noto que su dedo sale del todo. Una presión fuerte en el ojete y un pequeño rayo de dolor. Ahora ya tengo dos dedos dentro de mí. Noto mi esfínter dilatándose, duele, pero un gemido de placer se escapa de mis labios. Cada movimiento de su mano me provoca oleadas de placer, acompaso mis caderas al ritma de su mano, cada vez que su mano choca contra mi culo gimo como una perra en celo. Cuando llego al orgasmo su mano me penetra analmente a toda velocidad. Siento el eco de su mano chocando contra el culo. Me corro de forma brutal, se me nubla la vista y las piernas me tiemblan. Ella no para alargando mi orgasmo al máximo. Respiro entrecortadamente. Finalmente, para y los desliza fuera de mí.
- Joder tía – se ríe – realmente lo necesitabas. Nunca había follado un culo tan prieto como el tuyo. Eres una auténtica guarrilla.
Mientras me habla se ha sentado en la cabecera de la cama. Me pasa una pierna por encima y me mira. Estoy atrapada entre sus piernas. El sudor me chorrea por la frente y veo la suyo brillar también. No me importa lo que venga, solo quiero ese chute de placer que me está proporcionando ser usada.
- Acércate – me ordena. Levanta los brazos hacia el techo y dice - Me has hecho sudar cabrona. Límpiame el sobaco con tu lengua.
No me lo puedo creer, pero estoy deseando hacerlo. Me acerco a cuatro patas sobre la cama, y acerco mi cara su axila. Tiene bastante pelo y lo veo brillar mojado. me parece asqueroso y eso me excita más. La degradación y la humillación me empujan. Saco la lengua y hundo mi cara en su sobaco. Noto sus pelos y el gusto de su sudar en mi lengua. Paso la lengua una y otra vez mientras oigo su risa. Me coge del pelo, suave pero fuertemente, y me empuja contra su otra axila. Repito la operación, tengo la cara empapada por su sudor y hago un esfuerzo por no empezar a masturbarme de lo mucho que me excita ser usada. Ahora sus dos manos me empujan hacia atrás y luego hacia abajo. Sigo de rodillas pero mi cabeza se apoya en el colchón.
- Suplícame comerme el coño, zorra – vuelve a ordenar.
Delante de mí tengo sus bragas, pero ya no tengo dudas. Quiero seguir.
- Por favor, mi Ama – suplico jadeante de expectación – Déjeme comerle el coño.
- ¿Quieres comerme el coño putita?
- Sí, mi Ama.
- ¿Quieres que me corra en tu boca?
- Sí, mi Ama, por favor.
- ¿Te tragarás toda mi corrida?
- Sí, mi Ama.
- Venga, para que veas que soy buena – dice. En su voz también noto la excitación de verme tan sumisa – Quítame las bragas y cómetelo bien comido. No separes tu boca de mi coño hasta que me allá corrido.
- Gracias, mi Ama – me cuesta creerme el agradecimiento que estoy sintiendo. Hace poco yo dominaba el mundo y ahora estoy suplicando por comerle el coño a la tía que me limpiaba las bragas sucias en casa.
Con manos temblorosas, cojo las braguitas y las deslizo piernas abajo hasta sacárselas. Mis ojos se esfuerzan al máximo en ver su coño. Todo mi cuerpo lo desea. Ella se estira separando las piernas, me queda poco espacio en la cama, así que doblo las piernas y noto que mis pies cuelgan al final de la misma. Ella separa los labios de su vagina:
- Adelante perrita – murmura – Haz un buen trabajo.
Sigo sin poder creerme lo que estoy haciendo, pero no dude ni una segundo en hundir mi boca en su entrepierna. Doy rápidos lametazos a toda su raja. Con la ayuda de sus manos que lo mantiene abierto puedo recorrer con mi lengua toda su extensión. Noto su clítoris duro e hinchado. Su vagina destila más jugos de los que puedo absorber. Lo recorro todo con avaricia, sé que ella me está mirando saboreando su triunfo. La jefe distante y desdeñosa ahora está entre sus piernas, comiendo el coño por el que ha tenido que suplicar. Este pensamiento manda aguijonazos a mi coño que se vuelve a inflar. Sigo lamiendo con un ritmo frenético. Noto que sus piernas se empiezan a tensar. Acelero mis movimientos, la lengua se me está agotando, pero necesito sentir su orgasmo en mis labios. De repente todo pasa muy deprisa, sus piernas tiemblan y se cierran atrapando con fuerza mi cabeza, noto los latidos de su orgasmo en mi cara, hace tanta fuerza que no puedo ni seguir chupando. Las contracciones de su vagina las puedo notar en todo mi cuerpo. Entonces noto unas manos en mis caderas y como de repente una polla me penetra con fuerza. Intento liberarme, me están violando, pero sus piernas se cierran sobre mí con más fuerza. Noto la polla me penetra una y otra vez con gran velocidad, todos los jugos que he destilado ayudan mucho. Mis manos tratan de abrir las piernas y liberarme, pero sé que es inútil. Ella es mucho más fuerte.
- Venga perrita – dice burlonamente – ¿No te gusta follar? ¿Hace unos minutos me has suplicado comerme el coño y ahora te haces la estrecha?
Siento mi cara enrojecer de nuevo cuando sin querer noto que mis caderas empiezan a acompasarse con las embestidas. No quiero, pero sentirme usada empieza a ser una fuente de excitación lamentable pero cierta.
- Muy bien putita. Sabía que te gustaría – ahora su voz ya es claramente humillante. Esta claro que la visión de mi cara entre sus piernas y mi cuerpo siendo follado delante suyo contra mi voluntad es un gran placer para ella – Vamos a por el segundo acto.
Tal y como pronuncia esta frase, la polla que tenía en mi coño se retira y antes de que entienda lo que va a pasar. Noto como la coge con la mano, la pone en la entrada de mi culo y empuja con fuerza. La mano le ayuda a que la dureza de mi esfínter le impida la entrada. Con un golpe decidido de caderas me viola analmente hasta el fondo. Siento mi cuerpo partirse en dos. Tengo fogonazos blancos en los ojos del dolor que estoy sintiendo. La polla se queda unos segundos quieta dentro de mi recto y luego empieza a entrar y a salir. Siento un dolor lacerante, cada entrada me provoca un grito de dolor. Entra y sale, y con cada entrada oigo un “plaf” de la barriga del tío contra mi culo. De fondo oigo la risa de Annika. Las embestidas se van acelerando hasta que paran y noto como una corriente de semen me inunda. Los espasmos de la polla son intensos y fuertes, los gemidos del hombre se mezclan con los míos. Los suyos de placer, los míos ya no tanto de dolor como de humillación. La polla se desliza fuera de mi y noto como se sienta junto a Annika.
- Te dije que tenía el culo virgen – oigo que dice Annika.
Cuando levanto la mirada, veo que es Raul, mi masajista.
- Joder tía – le responde - Muchas gracias por el regalo de cumple. Tiene un culo maravilloso.
Acaba la frase y su funden en un profundo beso. Oigo sus lenguas luchando. Entiendo que solo he sido un regalo. Annika le ha regalado a su amigo mi culo. Me siento perfectamente estúpida y usada y más cuando Annika me dice:
- Recoge tus cosas y ya te puedes ir – dice deslizándose hacia la entrepierna de su novio. Coge su polla con la mano y la empieza a masturbar. Antes de metérsela en la boca añade – Cierra la puerta al salir. Ya nos veremos – Cierra los ojos y se introduce el miembro que me ha desvirgado el culo en la boca.
Ya no existo para ellos. Como en un sueño, me pongo la ropa, he estado un rato buscando las bragas hasta que he recordado que no las llevaba. Salgo, cerrando la puerta de golpe. Mientras voy hacia el coche, noto mi culo escocido. Aprieto el culo cuando noto que el esperma me empieza a mojar la pierna. Me siento al volante con una sensación de pena y humillación. Aparco en el parking de mi edificio, son las dos de la mañana. Salgo del coche y cuando lo voy a cerrar veo una mancha en el asiento donde estaba sentada. Antes no estaba allí, así que vuelvo a abrir la puerta y me acerco a mirar. Hay un pequeño charquito de semen que ha salido de mi culo. Asqueada saco un pañuelo de la guantera y me dispongo a limpiarlo, pero cuando acerco la mano cambio de opinión, miro a mi alrededor para asegurarme de que no hay nadie, me agacho, saco la lengua y recojo toda esa asquerosidad con ella. El sabor es asqueroso y sabiendo de donde ha salido es todavía más nauseabundo, así que aplico los labios y absorbo hasta que no queda ni una gota. Me siento fatal por lo que acabo de hacer, pero ha sido imposible de evitar.
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